Viernes, septiembre 5, 2014 entrada categorizada en: literatura, mis libros favoritos

el tiempo es escaso y hay mucho que leer

La primera vez que fui consciente de que no tenía todo el tiempo del mundo para ocuparme de todos los libros que quería leer fue en 2001, cuando tuve mi primer trabajo. Tras pasar una parte del día trabajando y la otra asistiendo a mis clases de la universidad, al final de la jornada no tenía ni fuerzas ni capacidad de concentración para leer. Durante el primer semestre de ese año pasé la mayor parte de los fines de semana estudiando y debía repartir el poco tiempo libre que tenía entre mi novia de la época, mis amigos y mi familia. Y la verdad es que no siempre era fácil repartir ese tiempo de una manera más o menos equilibrada. Vivía con una sensación permanente de que no tenía suficiente tiempo y me angustiaba constatar varias veces al día que aunque hiciera todo el esfuerzo del que era capaz, nunca llegaría a terminar en los plazos establecidos todo lo que tenía que hacer.

 

 

 

CALENDARIO

 

 

 

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La evolución de mi comportamiento como lector ha hecho que mis criterios para escoger mis lecturas hayan variado en diferentes momentos. En las distintas etapas de mi historia como lector he escogido mis lecturas siguiendo algunas pautas básicas:

 

- leer los libros que mencionaban y comentaban los pocos lectores que me rodeaban —básicamente mis profesores y compañeros del colegio—.

- leer los clásicos de la literatura latinoamericana.

- leer todo lo que me caía en las manos.

- leer obras de autores representativos de la literatura colombiana de la segunda mitad del siglo XX.

- leer el canon occidental para mis cursos de la universidad y obras de autores no canónicos durante mi tiempo libre.

- leer de todo un poco durante mi tiempo libre de acuerdo con lo que me apetecía, con las recomendaciones que me hacían unas cuantas personas de confianza y con las referencias que encontraba en mis lecturas —los clásicos griegos, el teatro del Siglo de Oro, Shakespeare, el boom latinoamericano, los narradores estadounidenses de la primera mitad del siglo XX, el Nadaísmo, las novelas contemporáneas, etc.—.

- leer literatura contemporánea.

- leer lo que me gusta y explorar nuevos territorios de vez en cuando.

 

Al verla en retrospectiva creo que esta evolución ha sido muy importante para mí porque en su momento me permitió establecer los referentes básicos de mi universo lector, amoblarlo a mi medida y construir un criterio y un gusto propios.

 

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En 2002 estaba empezando a hacer mi proyecto de grado de la carrera de Literatura. Mientras lo desarrollaba mi proyecto tenía un nombre de trabajo que para mí era una especie de declaración de intenciones: “Nuevas voces de la narrativa”. Al final el título de mi trabajo de grado fue “Narrativa contemporánea: ¿quién y en qué condiciones la está leyendo?”. Un día tuve una conversación sobre mi proyecto con mi profesora M.—gracias a la cual leí la Biblia como un texto literario, descubrí la novela inglesa del siglo XVIII y me aficioné a la narrativa francesa del siglo XIX—. En algún momento de nuestra conversación que yo mencioné a Santiago Gamboa mi profesora M. dijo algo que me marcó: ‘Gamboa no tiene nada que decirle a alguien que no haya crecido en Bogotá en la calle tal con tal’. Más adelante en respuesta a algo que dije sobre Jorge Franco mi profesora M. dejó caer otro comentario que iba en la misma dirección del anterior: ‘Yo creo que puedo morirme sin leer a Jorge Franco’.

 

Los comentarios de mi profesora M. confirmaban una vez más mi idea de que el Departamento de Literatura de mi universidad vivía anclado en el pasado y de que allí no existía el más mínimo interés por lo que pasaba en el ámbito de la producción literaria de nuestros días. Y en cierta medida mi proyecto era una respuesta contra esa postura reaccionaria que predominaba entre mis profesores según la cual en la literatura aparte del canon occidental había pocas cosas que valieran la pena. En síntesis, para mí esa conversación con mi profesora M. validó una vez más el sentido de mi proyecto y me dio una señal de que éste iba por un buen camino.

 

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Con algunos de los libros que he empezado a leer este año he tenido una relación conflictiva. Me refiero particularmente a las siguientes novelas: La plaça del Diamant, de Mercè Rodoreda; Crematorio, de Rafael Chirbes; El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson; Delirio, de Laura Restrepo; y El enredo de la bolsa y la vida, de Eduardo Mendoza. Se trata de novelas con las que por razones diferentes en cada caso no conseguí conectar y a las que les di todas las oportunidades que pude. En los casos de La plaça del DiamantEl abuelo que saltó por la ventana y se largó y Delirio decidí dejar de leerlas poco antes de llegar a la mitad porque su lectura se fue tornando cada vez más insoportable pero en los de CrematorioEl enredo de la bolsa y la vida opté por terminarlas —muchas veces estuve tentado a abandonar estas dos novelas, por lo que todavía no tengo claro por qué llegué hasta el final—.

 

 

 

LECTURAS_TEDIOSAS

 

 

 

Soy ante todo un lector de ficción pero en este campo hay ciertos géneros y subgéneros que no me gustan: la épica, la ciencia ficción, la literatura fantástica y de aventuras o la novela juvenil. Es por eso que no he leído y que lo más probable es que nunca lea el Cantar de los nibelungosFharenheit 451, El señor de los anillos, Harry Potter o Juego de tronos. Estamos frente a una cuestión de intereses, afinidades y gustos de la que ni me avergüenzo ni me enorgullezco. Aunque también es verdad que me produce una satisfacción enorme tener claro lo que me gusta y ser capaz de identificar con facilidad el tipo de lectura que me resulta más apropiado para cada ocasión o circunstancia de acuerdo con mis necesidades, mis intereses, mi estado de ánimo y mi disposición del momento.

 

En el ámbito estrictamente personal que asocio a mi tiempo libre desde hace años me niego a leer hasta el final aquellos libros con los que no conecto y cuya lectura no me resulta estimulante. Considero que hacerlo para mí hoy en día supone robarles tiempo a obras que todavía no he leído y quiero leer —pienso en Gargantúa y Pantagruel, Moll Falnders, Orgullo y prejuicio, Guerra y paz, Los hermanos KaramázovBouvard y PécuchetLa señora Dalloway, La región más transparente, El siglo de las luces o Los versos satánicos, por ejemplo— a la relectura de mis libros favoritos, a Ana o a mis amigos. Ahora entiendo que el tiempo es valioso porque es escaso y por eso no soporto desperdiciarlo en lecturas que me resultan insatisfactorias o tediosas e incluso tiendo a apostar por leer libros que al menos potencialmente representan valores seguros para mí. A menudo cuestiono el pragmatismo excesivo y lo poco arriesgado de mi actitud pero estoy convencido de que cuando uno va haciéndose mayor y cuenta con ratos libres muy limitados más vale que escoja cuidadosamente lo que lee porque no dispone de mucho tiempo y en cambio sigue habiendo mucho por leer. Cito un comentario que José Antonio Muñoz hizo en Twitter hace unas semanas durante una conversación que sostuvimos a propósito del volumen de novedades de esta rentrée: ‘uno ya tiene una edad y hay que empezar a dedicarse a lo imprescindible, antes de que llegue la parca’.

 

Hace tiempo decidí que nunca más leería un libro ‘porque hay que leerlo’ y concluir que para mí este argumento carece de validez significó quitarme un peso de encima. Al fin y al cabo como dice Daniel Pennac en la primera frase de Como una novela, ‘el verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…’

 

Entre los derechos imprescindibles del lector que nos sugiere Pennac al final de su libro quisiera destacar los siguientes cuatro que para mí son fundamentales:

 

1. El derecho a no leer.

3. El derecho a no terminar un libro.

4. El derecho a releer.

5. El derecho a leer cualquier cosa.

 

 

 

COMO_UNA_NOVELA

 

 

 

Considero que es fundamental que cada uno construya su criterio como lector basándose en sus intereses, afinidades, gustos y necesidades personales. Esta entrada es una invitación a leer sólo aquello que se nos antoje sin aceptar imposiciones externas de ninguna clase, a estar abiertos a acoger sugerencias de lectura de personas que nos conozcan bien y que sepan lo que nos gusta o cuyo criterio nos resulte confiable, a explorar todos los territorios que queramos, a dejarnos llevar por nuestra intuición, a estar dispuestos a equivocarnos en nuestras elecciones, a corregir el rumbo cuando tomemos decisiones deacertadas y a no creernos nunca eso de que ‘hay que leer tal o cual libro’ porque seguramente perderemos el tiempo leyendo cosas con las que no conectamos o que no nos interesan.

 

Me gustan y valoro particularmente aquellos libros que hacen que me sienta feliz de no morirme sin haberlos leído, que me dejan un vacío cuando los termino, que me cambian la vida y que marcan un antes y un después en mi experiencia vital.

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la crisis, el libro y la industria editorial

En 2011 Manuel Gil y Joaquín Rodríguez hicieron los siguientes planteamientos en la introducción de El paradigma digital y sostenible del libro:

 

‘Quizá las únicas aseveraciones de las que estamos absolutamente seguros son, en primer lugar, la de considerar que no hay una sola empresa del sector del libro que tenga claro cómo va a sobrevivir a Internet; en segundo lugar, que Internet se llevará por delante dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos, básicamente por la imposibilidad generacional de comprender el nuevo “metamedio” y por la dificultad intrínseca de ganar dinero con la generación de contenidos. Esta afirmación debería venir acompañada, eso sí, por su aparente contraria: surgirán muchas otras editoriales, pequeñas y especializadas, cercanas a un grupo de lectores no necesariamente masivo, unidos por afinidades temáticas, convicciones sociopolíticas o estéticas, que hagan viable un nuevo modelo de editorial en red con presencia e inventarios virtuales’.

 

 

 

EL_PARADIGMA_DIGITAL_Y_SOSTENIBLE_DEL_LIBRO

 

 

 

Cuando leí por primera vez El paradigma digital y sostenible del libro justo después de su publicación pensé que Manuel y Joaquín exageraban en las estimaciones que hacen en su segunda aseveración, que me parecieron excesivamente pesimistas a pesar de la necesaria afirmación contraria que formulan a continuación en el párrafo citado. Sin embargo, con el paso del tiempo he empezado a creer que un escenario en el que ‘dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos’ podrían desaparecer no es descabellado debido a la coincidencia entre la crisis económica y el cambio de paradigma que supone la emergencia de lo digital. Teniendo en cuenta la manera como han evolucionado las cosas en España sobre todo durante los tres últimos años, yo iría más lejos e incluiría en el planteamiento de este escenario a otras empresas del sector o relacionadas con él: agencias literarias, distribuidoras, librerías, proveedoras de servicios editoriales y tecnológicos, desarrolladoras de tecnología, estudios de diseño, consultoras, centros de formación, etc.

 

Las siguientes son algunas de las razones por las que este escenario catastrófico que hace tres años encontraba exagerado empieza a parecerme cada vez más posible:

 

- la contracción del consumo como consecuencia de la crisis económica.

- los recortes en los presupuestos destinados a las subvenciones y a las adquisiciones públicas.

- los cambios en los hábitos de consumo de contenidos.

- la degradación del valor del libro.

 

Con respecto a los dos primeros puntos no hay mayor cosa que decir pero en relación con los dos últimos vale la pena hacer algunas observaciones —que ya planteé o al menos esbocé hace unos meses en la entrada “lectura y candy crush”—: por un lado, gracias en gran parte a la omnipresencia tanto de los dispositivos móviles como de la conexión a Internet hoy en día estamos expuestos a una amplia variedad de tipos de contenidos fácilmente accesibles que compiten por captar y acaparar nuestra atención; y, por otro lado, el libro como fuente de acceso al conocimiento, de entretenimiento y de ocio se ha devaluado debido al atractivo, a la rapidez, a la ligereza o a la gratificación inmediata y efímera que otras opciones de bajo coste o gratuitas como los videojuegos, la música, los vídeos o las redes sociales pueden ofrecernos más fácilmente.

 

Para poner esta reflexión en contexto veamos algunos datos del informe “Hábitos de lectura y compra de libros 2012″, que fue publicado en enero de 2013:

 

 

1_PORCENTAJE_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

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2_PERFIL_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

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3_FRECUENCIA_LECTURA_ESPAÑA

 

 

 

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4_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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5_LECTURA_DE_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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6_FRECUENCIA_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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7_RAZONES_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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8_ACCESO_A_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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9_ACCESO_A_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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1O_ACCESO_A_LIBROS_EVOLUCIÓN_ESPAÑA

 

 

 

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11_LECTURA_POR_SOPORTES_ESPAÑA

 

 

 

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12_LECTURA_POR_SOPORTES_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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Estas diapositivas del informe en cuestión nos ofrecen una amplia variedad de información con respecto tanto al tamaño como al perfil de la población lectora, a los soportes en los que lee, a sus lecturas y a la forma como accede a ellas. Hay aspectos de este informe que son particularmente interesantes: los tipos de publicaciones que se leen; las preferencias en los tipos de publicaciones por edades; la frecuencia con la que se lee cada tipo de publicación; la segmentación por franjas de edad de los índices de lectura tanto por trabajo y estudios como en el tiempo libre; las motivaciones para leer libros; la forma como se accede a los libros y la evolución de la lectura en soporte digital de los distintos tipos de publicaciones. Con respecto al modo de acceso a los libros el informe indica un comprensible descenso de la compra que viene acompañado por un aumento tanto del préstamo en bibliotecas como de las descargas de Internet —no se especifica si éstas son de pago o gratuitas—.

 

Hay quienes dicen que contrario a lo que se cree, hoy en día se lee más que nunca. Quizás en estos tiempos de hiperconexión se lean menos libros que antes y la lectura inmersiva sea una práctica cada vez menos frecuente que puede incluso tender a caer en desuso. Es probable que el libro esté en proceso de perder al menos parcialmente esa condición de vehículo privilegiado de acceso al conocimiento y a la cultura escrita que ha ostentado durante tantos años. Esta tendencia ya está más que consolidada en ciertos tipos de contenidos técnicos, especializados y de referencia para los que está claro que el libro como contenedor se ha vuelto insuficiente —manuales, diccionarios, enciclopedias y guías de viaje, por ejemplo—. En el caso de algunos tipos de contenidos la convivencia entre el formato libro y lo digital ya está en vías de consolidación mientras que en otros está emergiendo y empieza a extenderse cada vez más.

 

Lo anterior supone un desafío para la industria editorial en su conjunto, cuya facturación viene disminuyendo significativamente como consecuencia de la caída de las ventas de libros. Esta situación es particularmente crítica en ciertos segmentos específicos de la edición. El avance del informe de “Comercio interior del libro 2013″ que se presentó en junio de 2014 da cuenta de la caída de la facturación del sector durante los últimos cinco años. Mientras que en 2013 la facturación del sector cayó un 11,7% con respecto al año anterior, su caída desde 2009 asciende a un 29,8%.

 

 

 

FACTURACIÓN_INDUSTRIA_EDITORIAL_ESPAÑOLA_2009_2013

 

 

 

En el “Análisis del Mercado Editorial en España” publicado en julio de 2014 por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) se afirma que ‘el libro sigue siendo la primera industria cultural, pese a la crisis’. Si en el mercado interno las ventas de la primera industria cultural española continúan disminuyendo y en 2013 registraron una caída del 9,7% con respecto al año anterior, es altamente probable que las demás industrias culturales se encuentren en un estado mucho más crítico. Se trata de un panorama poco alentador para la que según el informe “El sector del libro en España 2012-2014″ del Observatorio de la Lectura y el Libro es ‘una de las principales potencias editoriales del mundo’ —en la edición de hace dos años de este documento se afirmaba que era la cuarta—. El avance del informe de “Comercio exterior del libro 2013″ indica que durante los últimos años también han venido cayendo las exportaciones hacia América, que para la industria editorial española es un mercado natural y una posible carta de salvación.

 

Esta situación pone en aprietos no sólo a la pequeña edición que cuenta con una capacidad de inversión muy limitada y que puede ser más vulnerable frente a los efectos de ciertas complicaciones económicas, sino también a los grandes grupos que tienen un músculo financiero, unas estructuras operativas, unos costes fijos y unas deudas cuya envergadura es significativamente mayor. Si sus ventas y su facturación están cayendo sin parar debido tanto a la crisis económica como a los cambios en los hábitos de consumo de contenidos por parte de las personas, ¿qué puede hacer la industria editorial para desacelerar, detener o revertir esta tendencia?

 

Entre las posibles líneas de acción que la industria editorial podría adoptar para evitar que sus ventas y su facturación sigan cayendo, destaco las siguientes —aclaro que casi todas ya han sido expuestas por otras personas en diferentes ocasiones—:

 

- achicar y aligerar su estructura —particularmente en el caso de los grandes grupos e incluso de ciertas editoriales medianas—.

- mejorar el conocimiento de sus públicos tanto reales como potenciales y entablar una relación directa, fluida y estrecha con éstos.

- fortalecer su apuesta por lo digital y acelerar su reconversión.

- diseñar, explorar y poner a prueba nuevos modelos de negocio.

- optimizar sus procesos de producción.

- reducir su volumen de producción para ajustarlo más y mejor a la demanda.

- bajar el precio de los libros.

- buscar fuentes de ingresos alternativas a la venta de libros.

 

 

Los hábitos de consumo de contenidos de las nuevas generaciones y los cambios que estamos adoptando en este campo los mayores de treinta años le plantean a la industria editorial grandes retos con respecto a las posibilidades de supervivencia de su negocio. Si no invierte recursos en áreas como el fomento de la lectura, la construcción de públicos y la puesta en valor de lo que aportan sus productos y servicios, es difícil que en el futuro la industria editorial consiga seguir contando con una clientela que esté dispuesta a pagar por acceder a éstos —sobre todo si tenemos en cuenta que la idea de que el acceso a los contenidos debería ser gratuito o muy barato cada vez está más expandida—. Más que de hacer que los libros vuelvan a ser cool como afirma la popular frase de John Waters, se trata de resaltar tanto el trabajo que hay detrás suyo como su valor intrínseco, social, cultural y económico.

 

 

 

WE_NEED_TO_MAKE_BOOKS_COOL_AGAIN_LECTURA_Y_CANDY_CRUSH

 

 

Hay quienes dicen que cuando los e-books representen la mayor parte de la facturación de la industria editorial el libro en papel tendrá un alto valor gracias a su status de rareza o de ícono vintage. Sin embargo, mientras los e-books no constituyan el grueso del negocio de la industria editorial esta idea seguirá siendo solamente una remota ilusión futurista.

 

Para terminar les recomiendo echarle un ojo al artículo “Paying for Digital Content Still Not the Norm in the UK”, que fue publicado recientemente en eMarketer y cuya lectura podría ayudar a desmontar el mito de que no querer pagar por el acceso a los contenidos es una costumbre típicamente española o que la crisis de la industria editorial en España se debe a que éste es un país líder en piratería.

 

 

DIGITAL_CONTENTS_FREE_VS_PAYING_UK

 

 

Sé lo que están pensando y tienen razón: mal de muchos, consuelo de tontos. Pero aquí no se trata de consolarse señalando que los otros también tienen graves problemas ni de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el ojo propio. El quid de la cuestión está en buscar pistas que permitan entender una serie de fenómenos para encontrarles soluciones a los problemas que se derivan de éstos.

1 Comentario en “la crisis, el libro y la industria editorial”
Miércoles, julio 30, 2014 entrada categorizada en: lecturas de verano

lecturas para el verano

Las vacaciones de verano ya empezaron para muchos mientras que para otros lo harán durante el mes de agosto, que está a punto de comenzar. Para mí las vacaciones siempre son un buen momento para ponerme al día en lecturas. Seguramente muchos de ustedes tienen un listado de lecturas pendientes que ha ido creciendo a lo largo del año. Mi listado personal de lecturas pendientes crece a pasos acelerados y no creo que vaya a dejar de hacerlo.

 

Hoy quiero dejarles algunas recomendaciones a quienes no sepan qué leer durante sus vacaciones de verano y les gusten las obras que hablan sobre los libros, la edición, la lectura y sus alrededores. Si aún no han leído los siguientes libros, tómense el mes de agosto para leerlos y evitar que entren a formar parte de su listado personal de lecturas pendientes:

 

– No leer, de Alejandro Zambra

Ediciones UDP

Santiago de Chile, 2010

 

– Llamémosla Random House, de Bennett Cerf

Trama editorial

Madrid, 2013

 

– Plano americano, de Leila Guerriero

Ediciones UDP

Santiago de Chile, 2013

 

– Jaime Salinas. El oficio de editor. Una conversación con Juan Cruz

Alfaguara

Madrid, 2013

 

– Librerías, de Jorge Carrión

Anagrama

Barcelona, 2013

 

– A dos tintas, de Josep Mengual Català

Debate

Barcelona, 2013

 

– Aquellos años del boom, de Xavi Ayén

RBA

Barcelona, 2014

 

 

 

LECTURAS_VERANO_2014

 

 

 

Y a manera de bono regalo, les recomiendo un libro cuya lectura me parece imprescindible en estos tiempos de crisis:

 

– La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine

Acantilado

Barcelona, 2013

 

 

 

LA_UTILIDAD_DE_LO_INÚTIL

 

 

¡Qué tengan todos unas felices lecturas de verano!

 

[ el ojo fisgón ] estará de regreso en septiembre, de manera que nos vemos pronto.

Comentar en “lecturas para el verano”

el boom visto por xavi ayén

Durante las últimas semanas he dedicado una parte importante de mi tiempo libre a la lectura de Aquellos años del boom, de Xavi Ayén (RBA, 2014). Aquellos años del boom ofrece a partir de diversos documentos y testimonios una visión de un fenómeno extraordinario de la literatura latinoamericana que se gestó en los años 1960. Este libro que ganó el Premio Gaziel de Biografías y Memorias 2013 es el resultado del riguroso trabajo de investigación de Ayén, que desde una perspectiva que según las necesidades de cada momento se mueve con fluidez entre la panorámica global y el detalle minucioso demuestra un conocimiento extenso y profundo del boom como fenómeno literario, cultural y político. Cuando veo en mi mesa de noche mi ejemplar de Aquellos años del boom imagino con una fascinación tremenda el conocimiento, el mapa mental, la red de relaciones tanto personales como de datos y hechos, el modo de trabajo y las notas de Ayén —lo que inicialmente fue una intuición lo he confirmado en medio de algunas conversaciones que durante el último año he tenido con Marcel Ventura, nuestro amigo en común que conoce de cerca el making-of de este libro—. Recomiendo leer el artículo “El método Ayén” que Llàtzer Moix escribió hace unas semanas para el especial “Cuando Barcelona hizo boom” del suplemento cultura/s, del diario La Vanguardia.

 

Como autor, la mayor parte del tiempo Ayén parece una figura invisible que de repente se implica personalmente y se expone en su relato cuando éste lo exige. Con respecto al boom dice Ayén en el último párrafo de la introducción de su libro:

 

‘A mí me gusta verlo, sencillamente, como una bonita historia que sucedió en mi ciudad y que acabó, aquel 12 de febrero de 1976, de un modo tan novelesco: con un filete ensangrentado en el ojo de Gabo’.

 

También vemos a Ayén implicado personalmente en su relato cuando dice que ‘el día que el boom llegó a mi ciudad yo todavía no había nacido’, que ‘cuando vine al mundo y, sobre todo, un poco después, la ciudad se convirtió en un parque temático del boom‘ o que ‘a lo mejor me crucé con alguno de aquellos escritores cuando mis padres me llevaban al pediatra, que tenía consulta en el barrio donde todos ellos vivían’. Si quieren conocer el origen de la relación de Ayén con Carmen Balcells o la manera como la agente literaria urdió su encuentro con García Márquez a finales de diciembre de 2005 en México, tendrán que leer Aquellos años del boom.

 

 

 

 

AQUELLOS_AÑOS_DEL_BOOM

 

 

 

Ayén destaca desde el principio la importancia que el libro ha tenido históricamente en Barcelona. Y en los anteriores fragmentos de las primeras páginas de su libro es evidente que para Ayén la ciudad juega un rol protagónico en el desarrollo del boom. A continuación veremos algunos ejemplos en los que se abordan estos dos temas que están estrechamente relacionados.

 

– Sobre la relación entre Barcelona y los libros:

 

‘Junto a la arquitectura de Gaudí y los triunfos deportivos del Barça, hay algo relacionado con el libro que forma parte del complejo ADN de los barceloneses. Los primeros impresores de la ciudad se remontan al siglo XV, poco después de que el invento de Gutenberg fuera introducido en la península Ibérica. La industria editorial es uno de los pilares que permiten a la segunda urbe española disputar la supremacía a Madrid. Barcelona, mediana población mediterránea, es, también, el origen del Día Mundial del Libro, fiesta que se ha expandido por diversos países y que la Unesco universalizó en 1995′.

 

– Sobre la manera como Barcelona atrajo a escritores latinoamericanos anteriores al boom como Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, Rómulo Gallegos y José María Vargas Villa:

 

‘Los autores del boom no fueron los primeros latinoamericanos en llegar a la ciudad’.

 

– Sobre el rol de Barcelona como capital cultural latinoamericana:

 

‘Algo sucedió para que en poco más de diez años la ciudad pareciera otra, para que entrados los setenta se convirtiera en la capital de la cultura latinoamericana.

Vargas Llosa recuerda que “autores de toda América Latina llegaban a Barcelona con el sueño de triunfar. Aquí estaban las editoriales que permitían llegar a públicos más amplios que los pequeños sellos que existían en nuestros países de origen. El clima era muy exultante, se vivía la literatura por todos lados, yo mismo fui jurado de diversos premios. Barcelona se convirtió en la nueva capital cultural de América Latina, como lo había sido París para mi generación. Llegaban jóvenes escritores de todos los países, Argentina, Colombia, Perú, Nicaragua… atraídos por el prestigio y la mitología de la ciudad, con fama de abierta, internacional y capaz de lanzar a un escritor al mundo”. El peruano no tiene duda: “El boom nació en Barcelona” porque “solo hubiera podido nacer en una ciudad donde el libro era el rey y en una circunstancia donde la literatura era la reina”‘.

 

– Sobre Barcelona como punto de encuentro para las figuras relacionadas con el boom:

 

‘Sucedieron cosas muy importantes en Buenos Aires, La Habana y México D. F., pero, en la etapa decisiva que va de finales de los años sesenta a finales de los setenta, Barcelona es, en palabras de Carlos Fuentes, “el meollo del asunto”, el lugar de cita de aquella constelación. Además de los escritores, aquí vivían dos elementos clave para que cuajara el boom: Carlos Barral y Carmen Balcells. “Todos lo sabíamos: había que pasar por Barcelona”, a decir de Fuentes’.

 

– Sobre la expansión y el crecimiento de la cuota de mercado de la edición barcelonesa en Latinoamérica:

 

‘El mundo semiclandestino de las editoriales en lengua catalana, por ejemplo, sale entonces a la luz: no solo Edicions 62, también la nueva Proa en 1964, Curial en 1972, Llibres del Mall en 1973 o Quaderns Crema en 1979. Su fuerza coincide con la de sellos en castellano que van a liderar la edición de todo el mundo hispanohablante. Desde aquí se editarán para toda Sudamérica diccionarios, enciclopedias, novelas, y los libros de Seix Barral, de la colección Biblioteca Básica RTVE (Salvat) o los de Bruguera, entre muchos otros, que llegarán a 300 millones de latinoamericanos. En 1967, la más importante editorial argentina se queja de que la competencia editorial que tradicionalmente han mantenido México, Argentina y España se está desequilibrando en favor de los españoles, que producen 13.000 títulos al año, frente a los 5.000 de Argentina y los 4.000 de México’.

 

– Sobre la influencia de Barcelona en los países latinoamericanos:

 

‘La brasileña Piñón asiente y cree que “quizás los propios catalanes no se dan cuenta de la importancia que Barcelona tiene en Latinoamérica’.

 

Es indudable que hoy en día Barcelona sigue siendo un importante centro de toma de decisiones en el mundo del libro en español debido a la presencia en la ciudad de un buen número de agencias literarias, editoriales y librerías que tienen mucho peso en el sector. Y las recientes fusiones y adquisiciones que dan cuenta del proceso de consolidación de la industria editorial que está en marcha actualmente —con protagonistas como Anagrama, Círculo de Lectores, Feltrinelli, Planeta, Penguin Random House, Prisa ediciones, Tusquets, la cadena de librerías La Central o las agencias literarias Carmen Balcells y Wylie— fortalecen la condición de hub de Barcelona en la edición en el ámbito hispanohablante.

 

Si al peso simbólico de la tradición que es fuente de una gran cantidad de mitos le añadimos su condición de punto de encuentro, es fácil entender la capacidad que tiene Barcelona de atraer a personas vinculadas al mundo del libro y a los distintos oficios de la edición. A menudo estas personas trabajan bien sea de manera sucesiva o bien simultáneamente como escritores, lectores, correctores, redactores, traductores, editores, encargados de prensa o periodistas —es bien sabido que en la edición abundan la rotación en los puestos y las colaboraciones externas—. Quizás durante los últimos cinco años Barcelona haya perdido una parte de su capacidad de atraer y retener a estos profesionales tanto locales como extranjeros, muchos de los cuales han optado por irse a buscar oportunidades laborales en otros países como consecuencia de la crisis económica española.

 

Ya veremos si de aquí a unos años Barcelona sigue conservando su posición dominante en la edición en español o si con el tiempo ésta se desplaza hacia otro centro más potente que tenga una influencia a nivel global no sólo en diferentes mercados, sino también en distintos ámbitos lingüísticos. Me pregunto si es posible que en algún momento la influencia histórica y actual de Barcelona se distribuya entre distintos centros de poder ubicados tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica.

 

 

 

 

BCN&BOOM

 

 

 

Como puede verse a continuación, Ayén también aborda en Aquellos años del boom cuestiones como el estado de la industria editorial latinoamericana, la relación de fuerzas entre ésta y la española y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en países diferentes del suyo —sería interesante ponerse a la tarea de comparar qué ha cambiado desde entonces en relación con estos tres aspectos—. Estos temas son abordados bien sea mediante observaciones de Ayén o bien a través de diversos testimonios que éste recoge al respecto.

 

– Sobre el boom como un fenómeno global de la literatura escrita en español:

 

‘Que un colombiano residente en México [García Márquez] publicara en Argentina era un indicio premonitorio del nuevo mercado global en español que iba a abrir el boom. Porrúa ya lo veía así, unos meses antes de publicar la novela [Cien años de soledad]:

“Será el primer caso de un narrador que ha comenzado su carrera literaria fuera del país y que va a convertirse en un escritor extranjero editado en la Argentina. Eso yo creo que sucede porque su temática es latinoamericana”‘.

 

– Sobre el estado de la industria editorial argentina a mediados del siglo XX —años antes de que la española se lanzara a la conquista de Latinoamérica mediante ese proceso de expansión al que hace referencia uno de los fragmentos citados anteriormente—:

 

‘”Nos creíamos, sin duda, la capital del boom —certifica Gloria López, nieta del fundador [de Sudamericana]—, nuestra industria editorial era entonces fuerte, la española no tanto, y toda América Latina leía nuestras traducciones, las argentinas, realizadas por nombres como Borges, Cortázar, Aurora Bernárdez, Bianco, Pessoni…”. Se habla del boom editorial argentino no solo porque los grandes autores internacionales se traducen allí sino por su capacidad de influencia en otros países y porque hay un incremento de ventas notable, que Porrúa asocia a “un crecimiento de la clase media a raíz del proceso de industrialización del país, nacen nuevos lectores, sobre todo jóvenes, universitarios”‘.

 

– Sobre la falta de editoriales en ciertas zonas de la región y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en los diferentes países del ámbito hispanohablante:

 

‘Hay también motivos prácticos para que alguien que quiere emprender la carrera de escritor emigre. La América Latina de la época contaba con editoriales en Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile y México. Y existían enormes trabas para que los libros circularan de unos países a otros, como denunció el mismo Nicanor Parra. El resto era un páramo. Como apuntaba el poeta venezolano Juan Liscano en 1966:

“En la zona que va desde Panamá a Bolivia prácticamente no hay casas editoras, de tal manera que los escritores de esta zona [...] hallan enormes dificultades para salir a la superficie porque tienen que encontrar la manera de ser tomados por casas ya sea mexicanas, ya sea del sur del continente”‘.

 

 

 

FIGURAS_DEL_BOOM

 

 

 

Como muchos libros periodísticos y de no ficción en general, Aquellos años del boom puede leerse básicamente de tres formas diferentes —ojo, no estoy haciendo un planteamiento como el hecho por Cortázar en Rayuela ni mucho menos—: linealmente de principio a fin, de manera salteada tras abrir cualquier página al azar y siguiéndoles el rastro a personajes específicos a través del índice onomástico. Durante las dos últimas semanas yo he pasado largas horas leyendo Aquellos años del boom de estas tres maneras y podría pasar muchas más haciéndolo.

 

Ayén construye en Aquellos años del boom un relato ameno, sólidamente articulado y rigurosamente documentado que debería convertirse en una lectura de referencia en cualquier lugar donde se enseñe periodismo cultural e historia de la literatura latinoamericana. Aquellos años del boom es un libro que todo aquel que esté interesado en el periodismo cultural y en la literatura latinoamericana debería leer.

 

Espero que Aquellos años del boom llegue muy pronto a las librerías latinoamericanas para que los lectores de los distintos países de Latinoamérica puedan acceder a él porque se trata de un libro que explora a profundidad y desde perspectivas múltiples un capítulo clave de los últimos cincuenta años de nuestra historia. Para mí que a mediados de los años 1990 me inicié como lector con el boom este libro de Ayén será de ahora en adelante una referencia fundamental. Recomiendo leer Aquellos años del boom lápiz en mano —si alguien está buscando una lectura amena para estas vacaciones, ésta es una buena apuesta—. A quienes compren Aquellos años del boom les aseguro que difícilmente encontrarán una mejor manera de gastarse los 26 euros que cuesta el libro.

 

Quienes quieran leer un fragmento de Aquellos años del boom pueden acceder a través de este enlace a sus primeras páginas gracias a la edición en línea del suplemento Babelia, del diario El País.

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librerías y proximidad

Para nadie es un secreto que los actuales son tiempos difíciles para las librerías. De hecho, el discurso sobre la crisis de las librerías —y sobre todas las crisis en general— ya empieza a sonar a lugar común. El origen de la crisis de las librerías se le achaca en distinta medida a diversos factores: la concentración de las ventas en las grandes superficies —El Corte Inglés, Casa del Libro, Fnac, Carrefour, etc.—, el crecimiento del e-commerce, la posición dominante y las malas prácticas de Amazon, la llegada de los e-books y la irrupción de diversos actores provenientes del mundo tecnológico en la venta de éstos —Kindle StoreiBookstoreGoogle PlayKobo, etc.—, los bajos índices de lectura, la creciente importancia tanto de los contenidos no escritos como de los dispositivos conectados a Internet en el uso del tiempo libre o la caída del consumo como consecuencia del mal estado de la economía.

 

A pesar de las dificultades existentes, en ciudades como Barcelona y Madrid mientras algunas librerías cierran otras han abierto. En Barcelona, por ejemplo, recientemente han cerrado Áncora y Delfín, Canuda, Catalonia, Excellence, Espai Proa, Platón y Roquer pero también han abierto Calders, La impossible, La memòria, Nollegiu y varios locales de Re-Read —la cadena low cost, que además ya se implantó en Madrid y Málaga—. A quienes les interese saber lo que viene pasando en este mismo campo en Madrid les recomiendo leer el artículo “El fenómeno de las nuevas librerías madrileñas”, de Paula Corroto. Desconozco en una gran medida lo que está pasando en otras ciudades españolas, así que si alguien tiene información al respecto puede compartirla en la zona de comentarios.

 

 

 

Nuevas librerías barcelonesas

 

 

 

Debido a la lógica y a la evolución del sector retail, en las ventas de libros hay unos pocos gigantes que al acaparar una cuota de mercado enorme vienen quedándose con la mayor parte del pastel. Sin embargo, al mismo tiempo cada vez son más las pequeñas librerías que están construyendo su propia clientela y fidelizándola mediante una oferta de productos y servicios que obedece a sus necesidades e intereses —de la misma manera como la creciente concentración de la propiedad de la industria editorial viene desarrollándose paralelamente al boom de la edición independiente—. Se trata de librerías que están trabajando de una manera que las diferencia de las grandes cadenas o de las tiendas de e-commerce y que están atendiendo públicos a los que éstas no están en capacidad de llegar o que quizás ni siquiera les interesan. En fin, aunque el mercado parezca estrecharse estas librerías están abriéndose un lugar en él.

 

Es verdad que debido en parte a las razones mencionadas en el primer párrafo de esta entrada hoy en día en España las librerías están teniendo serias dificultades para sobrevivir. Pero también es cierto que los habitantes de muchas grandes y medianas ciudades españolas y europeas pueden presumir de tener al alcance de la mano un puñado de librerías de un cierto nivel —algunas excelentes, unas muy buenas y otras menos buenas—. A diferencia de lo que sucede en muchas urbes latinoamericanas y estadounidenses, los habitantes de estas ciudades españolas no sólo viven en un entorno poblado de librerías sino que además normalmente no tienen que recorrer grandes distancias para llegar a ellas. Hace unos meses un amigo mexicano me contó que la librería más cercana a su casa en México D. F. está a unos seis kilómetros de distancia de allí. En la Esquerra de l’Eixample que es el barrio de Barcelona donde vivo, por ejemplo, hay unas cuantas buenas librerías de distintos tipos —varias de ellas especializadas— y no me sorprendería que próximamente abrieran algunas más. Y luego el barrio también cuenta con un buen número de librerías papelerías, cuya oferta se centra sobre todo en best sellers y libros de actualidad que normalmente tienen una rotación bastante alta.

 

Aparte de la calidad de su selección de libros —que en algunos casos supone una cierta especialización—, del ejercicio de un rol prescriptor, de las actividades y espacios que ofrecen o de su singularidad, quizás la proximidad sea una de las cartas que más réditos puede darles a las pequeñas librerías para diferenciarse y posicionarse de cara al resto del sector, a su entorno y a su clientela. Está claro que en el ámbito de las librerías también pueden calar la actitud, las prácticas y el discurso con respecto al comercio de proximidad y pequeño que a menudo se ve en el caso de los productos alimentarios, en el que además el reclamo con respecto al consumo de lo local viene adquiriendo una creciente importancia —que en algún punto quizás llegue a ser equiparable a la adquirida por lo orgánico, lo ecológico o lo biológico, cuyos productores y comercializadores a menudo también apelan a la proximidad del origen de los alimentos, a la ausencia de intermediarios y al uso de prácticas de comercio justo—. Al fin y al cabo por distintas razones de carácter económico, social y cultural no es lo mismo comprar en una pequeña librería de barrio que en un local de una cadena mediana como La Central o Laie, en una gran superficie como Casa del Libro o Fnac o en una plataforma de e-commerce como Amazon.

 

 

 

Productos locales

 

 

 

Su condición de comercio de proximidad puede ser una de las mayores fuentes de ventaja competitiva para las pequeñas librerías que a menudo están en barrios residenciales y no en zonas estrictamente comerciales porque les permite convertirse en un actor fundamental de la vida de sus comunidades. Como lo hacen las verdulerías, los bares, las panaderías, las mercerías, las charcuterías, las peluquerías o las carnicerías, las pequeñas librerías pueden asumir un papel protagónico en la construcción de eso que se conoce como “la vida de barrio”. El colectivo Llibreters de Gràcia es un caso interesante no sólo del papel que desempeñan las librerías en la construcción de la vida de barrio, sino también de la importancia que tiene la puesta en marcha de iniciativas colectivas por parte de actores de un mismo gremio y/o sector.

 

Las librerías están frente a la oportunidad de jugar un rol clave en la dinamización cultural tanto de las ciudades como de su entorno más inmediato. Una librería puede ser el escenario de toda una serie de actividades relacionadas con el libro, la lectura o los temas asociados a la oferta que hay en sus estanterías —lo cual es muy claro cuando hay una especialización determinada como en el caso de Abracadabra o de Le Nuvole en Barcelona—. Por otro lado, el caso de una librería como Pequod Llibres es la demostración de que un espacio minúsculo puede albergar una intensa actividad cultural y convertirse en un dinamizador de su entorno próximo.

 

 

 

I didn't buy it on Amazon

 

 

 

El establecimiento de un contacto estrecho y de una relación fluida con su clientela es una de las claves para el buen ejercicio de un rol prescriptor por parte del librero. Quizás las pequeñas librerías de barrio tengan una mayor facilidad para entablar un contacto y una relación de estas características que permitan acceder a un conocimiento profundo de las necesidades y los intereses de los clientes y distinguir aquellos finos matices que seguramente los algoritmos más complejos no están en capacidad de captar. En estos tiempos en los que las grandes superficies, la dependencia de los dispositivos móviles a la hora de relacionanos con el entorno tanto social como físico y de usar nuestro tiempo libre, el e-commerce, las comidas rápidas, los productos y servicios low cost o el turismo masivo tienden a imponerse, también ganan cada vez más terreno el consumo de productos y el comercio locales o el movimiento slow —que no debe gustarles nada a los inventores de Spritz, la aplicación que permite leer mil palabras por minuto—.

 

Así como a la industria editorial se le acusa de sobreproducir, vale la pena preguntarse si en España actualmente hay demasiadas librerías y qué tan óptima es la distribución geográfica de éstas —porque no es lo mismo vivir en una ciudad grande o mediana que en un pequeño pueblo—. La búsqueda de posibles respuestas a estas preguntas debería no sólo tener en cuenta los índices de lectura y de compra de libros, sino también examinar estos datos en el actual contexto de crisis económica y de cambio de paradigma en la edición.

 

Antes de terminar aprovecho para destacar la iniciativa Yo amo mi librería promovida por Txetxu Barandiarán, que invita a construir de manera colaborativa un mapa de librerías.

 

 

 

Llibreters de Gràcia

 

 

 

Finalmente, para complementar la reflexión recomiendo la lectura de los siguientes artículos:

 

“¿Defender a todas las librerías?”, de Txetxu Barandiarán.

- “Mapa de librerías independientes en España (1): las demasiadas librerías” y “Mapa de librerías independientes en España (2): líderes del absurdo”, de Bernat Ruiz Domènech.

“Que no nos expropien el concepto de librería”, de Lucía Lijtmaer.

- La serie “Librerías con encanto”, de la revista Jot Down —cuya autora es Raquel Blanco—.

3 Comentarios en “librerías y proximidad”
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