los caminos hacia la publicación

Con frecuencia me pasa que algún amigo, familiar o conocido que sabe que trabajo en edición de libros me dice que le gustaría publicar algo que ha escrito o que tiene un amigo, un familiar o un conocido que se encuentra en esta situación. Generalmente se trata de novelas, de colecciones de relatos, de poemarios, de memorias, de autobiografías, de historias familiares o de textos inclasificables. Mucha gente no sólo está convencida de que tiene cosas que decir, sino que además necesita decirlas. Y quienes no cuentan con esta mezcla de convicción y necesidad seguramente tienen en su entorno cercano al menos a un par de personas que han pasado decenas de horas de su vida escribiendo. No importa si escriben a mano o si lo hacen en una máquina de escribir o en un ordenador. En los cajones de los muebles de las casas, en los discos duros de los ordenadores y en la nube se almacenan millones de manuscritos inéditos que esperan ver la luz algún día —o mejor dicho: que a sus autores les gustaría publicar—.

 

En esta entrada me ocuparé de situaciones a las que con frecuencia tienen que enfrentarse los autores primerizos, desconocidos o poco conocidos, de manera que quizás muy poco o casi nada de lo que diga a continuación sea aplicable a figuras reconocidas o consagradas. Aunque es probable que en los inicios de su carrera Ken Follet, Javier Marías, Paulo Coelho, Milan Kundera, Javier Sierra y otros autores cuyos libros hoy en día venden decenas de miles de ejemplares —y cuya última novedad actualmente se encuentra en la lista de los más vendidos en España— hayan tenido que enfrentarse a algunas de las circunstancias que describiré a continuación.

 

 

 

RAYMOND_CARVER_ESCRIBIENDO

 

 

 

Cuando un autor primerizo, desconocido o poco conocido que quiere publicar algo me aborda para hacerme una consulta normalmente le pregunto si sabe cómo funciona el proceso de publicación y comercialización de un libro, en caso de que su respuesta sea negativa se lo explico brevemente y finalmente le pido que me describa a grandes rasgos su manuscrito para saber de qué tipo de texto estamos hablando. En ocasiones los autores simplemente han escrito algo y quieren averiguar qué tienen que hacer para publicarlo. Otras veces los autores ya han enviado sus manuscritos tanto a editoriales como a concursos, obteniendo una amplia gama de posibles resultados: premios, menciones y otros reconocimientos, elogios y muestras de interés, declaraciones de intenciones de publicarlos, mensajes de rechazo —personalizados o genéricos— y silencio administrativo. Cuando los dos últimos casos se han repetido sistemáticamente, la mayor parte de las veces tengo la impresión de que los autores sienten que ya han agotado todas las opciones posibles y que creen que contar con la orientación de alguien que está metido en el mundo editorial podría suponer el renacer de la esperanza de publicar su manuscrito.

 

Ante este panorama es comprensible que las actitudes de estos autores vayan desde el entusiasmo, la confianza en sí mismos y en su trabajo, la expectación o la arrogancia hasta la frustración, la baja autoestima, la desesperanza y las ganas de tirar la toalla. A menudo estos autores quieren recibir un feedback o una valoración con respecto a su manuscrito aunque tampoco falta el que afirma que éste es la última maravilla, que quienes lo han leído hasta ahora pueden dar fe de ello y que no entiende por qué los editores no le hacen caso.

 

Los autores que aspiren a publicar su primer libro deberían saber que no existe un único camino hacia la publicación y que cada vez tienen más alternativas a su disposición para darle salida a su trabajo. Los principales caminos que hoy en día puede tomar un autor para publicar son los siguientes:

 

- la edición tradicional: una editorial compra los derechos para publicar y comercializar las obras de los autores y les paga a éstos unas regalías sobre las ventas.

- la edición a cuenta del autor: una editorial perteneciente al circuito del vanity publishing les cobra a los autores por publicar sus obras bajo su sello así como por la prestación de servicios editoriales. Algunas editoriales que se dedican al negocio de la edición a cuenta del autor prefieren llamarla “coedición”.

- la autopublicación en plataformas en línea: los autores pueden transformar sus manuscritos en e-books para publicarlos y venderlos u ofrecerlos para descarga gratuita en las plataformas de autopublicación en línea —que cobran un porcentaje sobre las ventas—. Algunas de estas plataformas también les permiten a los autores ofrecer sus libros en papel a través de un sistema de impresión bajo demanda.

la publicación vía micromecenazgo —o crowdfunding: los autores montan campañas para recoger pequeñas aportaciones económicas del mayor número posible de donantes con el propósito de financiar la publicación de su manuscrito. Estas campañas normalmente se desarrollan en plataformas de crowdfunding que funcionan en línea.

 

 

 

MANUSCRITO_2

 

 

 

Como el mercado está dividido en una gran variedad de circuitos, segmentos y nichos, es importante que cada manuscrito encuentre su lugar en él de acuerdo con aspectos como el género y el subgénero a los que pertenece, su temática, el perfil del autor e incluso el estilo de su escritura. Debido a lo anterior es importante que los autores se familiaricen con el entorno editorial y que identifiquen los espacios donde su manuscrito podría tener posibilidades de ser publicado de manera que una vez hayan hecho estas dos tareas examinen minuciosa y detenidamente las distintas alternativas existentes para su publicación, valoren los pros y los contras de cada una de ellas, tomen una decisión con respecto al camino a seguir para alcanzar su objetivo y se pongan manos a la obra.

 

La planificación y la puesta en marcha de estas gestiones es justamente uno de los servicios que les prestan las agencias literarias a los autores. Optar por gestionar personalmente todas estas acciones o verse obligado a hacerlo puede suponer grandes dificultades para los autores que no tienen un agente literario. Y si nos ponemos a hablar de todo lo relacionado con la negociación de las cláusulas de los contratos, con la venta de derechos subsidiarios y con las liquidaciones, es evidente que para los autores que por la razón que sea no son representados por un agente literario las dificultades prácticas son todavía mayores.

 

Hay otro detalle importante que los autores poco o nada experimentados en el campo de la publicación deberían saber: cuando se termina y se publica un libro todavía queda mucho por hacer. Es decir, que para los autores acabar y publicar un libro marca la exitosa superación de las dos primeras fases de una carrera de largo aliento en la que hay una serie de acciones de distribución, comercialización, comunicación, promoción, marketing, relaciones públicas y seguimiento cuya puesta en marcha es fundamental para llegar a la meta en una buena posición. En fin, la escritura y la publicación de un libro son el principio y no el final de un proceso.

 

A quienes les interese este tema les recomiendo los siguientes libros que tocan muchos de los aspectos a los que he hecho referencia en esta entrada:

 

Marketing para escritores, de Neus Arqués

- Éxito, de Íñigo García Ureta

- ¡Quiero publicar mi libro!, de Juan Triviño Guirado

 

 

 

RECURSOS_PARA_ESCRITORES

 

 

 

Próximamente publicaré algunas entradas en las que analizaré las posibilidades y las limitaciones de los diferentes caminos que los autores pueden tomar para publicar sus manuscritos.

Comentar en “los caminos hacia la publicación”

rigor, control de calidad y veracidad en la edición de no ficción

El pasado 3 de septiembre apareció en The Atlantic el interesante artículo “Book Publishing, Not Fact-Checking”, de Kate Newman. En su artículo Newman aborda el problema de la verificación de datos en la edición de libros de no ficción. Newman cita a Craig Silverman, quien mientras escribía su libro Regret the Error hizo un sondeo con respecto al nivel de verificación de datos que la gente creía que se aplicaba en tres tipos diferentes de publicaciones: libros, revistas y periódicos. Según Silverman, la mayor parte de la gente con la que habló creía que el nivel de verificación de datos era más alto en los libros que en las revistas y en los periódicos.

 

 

 

BOOK_PUBLISHING_NOT_FACT_CHECKING

 

 

Tras presentar en la parte inicial de su artículo el caso de dos libros que se basan en la historia de la activista por los derechos humanos Somaly Mam —que desde que salió a la luz fue dada por verdadera pero que presuntamente es falsa, según se denunció hace un tiempo— sobre la manera como fue prostituida durante su niñez en Camboya y mencionar algunos ejemplos más, Newman hace dos afirmaciones que desvirtúan la creencia popular según la cual en los libros hay un alto nivel de verificación de datos:

 

1. la mayoría de los libros no son sometidos a verificación de datos.

2. muchos lectores no se dan cuenta de que la verificación de datos nunca ha sido una práctica habitual en el mundo de la edición de libros.

 

Newman destaca el hecho de que ante un fraude como el de Mam las críticas hayan recaído más sobre los autores que en sus libros han dado cuenta de su “heroica” historia y sobre ella misma que sobre las editoriales que han publicado dichos libros. En su artículo Newman comenta que ‘las casas editoriales carecen de los fondos para realizar operaciones de verificación de datos pero este argumento cada vez es más difícil de aceptar, particularmente cuando se trata de grandes sellos’.

 

Para mí está claro que en el caso de la no ficción tanto los autores como las editoriales tienen una responsabilidad con respecto a la veracidad, a la exactitud y a la fiabilidad de los contenidos que se publican. Más vale que durante el proceso de edición los contenidos sean sometidos a los controles de calidad más estrictos para que en caso de enfrentarse a cuestionamientos o polémicas los autores y las editoriales puedan defender el valor y la solidez de su trabajo, evitando así poner en peligro la credibilidad y el prestigio que han construido. Lo que no tengo tan claro es hasta dónde llega la responsabilidad de los autores y dónde empiezan las editoriales a ser responsables. En mi opinión, estamos ante una frontera bastante difusa pero quisiera hacer algunas consideraciones con respecto a la importancia de que las editoriales asuman una parte importante de esta responsabilidad. Como soy plenamente consciente de que se trata de una responsabilidad compartida, no pretendo liberar a los autores de ésta y atribuírsela totalmente a las editoriales. Quiero más bien llamar la atención sobre las diferencias existentes entre la naturaleza y el estatus de las editoriales y los autores.

 

 

 

TRUTHOMETER

 

 

 

Hay algunos factores de carácter estructural en los que las editoriales se diferencian significativamente de los autores:

 

- tienen una capacidad operativa y una disponibilidad de recursos mayores.

- cuentan con una experticia y un know-how bastante amplios y profundos en relación con los procesos de edición de contenidos.

- son marcas corporativas que tienen un entorno, un abanico de productos y servicios, una proyección y un ciclo de vida muchos más amplios que los autores, que son marcas personales.

 

Estos tres factores de carácter estructural son la fuente de un factor diferencial necesario para explicar por qué en términos de veracidad, credibilidad y fiabilidad los contenidos de no ficción que las editoriales publican podrían ser más confiables que aquellos que sean publicados directamente por sus autores sin someterlos a ningún filtro previo. Si ahora que las barreras de entrada para producir y publicar contenidos se han venido abajo hasta prácticamente desaparecer se necesitan argumentos en defensa del valor que aportan las editoriales, creo que en factores como éstos podríamos encontrarlos. Ahora bien, en este contexto las editoriales tendrían que demostrarnos que efectivamente están aportando un valor que los autores que se autopublican no están en capacidad de ofrecer. Para bien o para mal las editoriales ya no son los guardianes exclusivos del acceso a la publicación, por lo que su autoridad no puede seguir dándose por sentado así como hoy en día la naturaleza física del libro en papel tampoco es garantía de nada.

 

 

 

FACTCHECK

 

 

 

En el vasto campo de la no ficción hoy en día las editoriales pueden aportar el valor necesario para ganar autoridad y reforzarla de cara tanto a sus competidores como a los autores que se autopublican no sólo mediante la verificación de datos, sino también a través de la inclusión en sus libros de piezas complementarias de diversos tipos que enriquezcan el contenido y que al ampliar la perspectiva permitan profundizar en los temas de los que éste se ocupa: índices onomásticos, aparatos críticos, elementos contextuales, glosarios, listados exhaustivos de fuentes documentales de diferentes naturalezas, tablas y gráficos, infografías, ilustraciones, líneas de tiempo, recursos multimedia, etc.

 

Aunque es verdad que los autores que se autopublican también están en capacidad de producir estas piezas complementarias para enriquecer los contenidos de sus libros, las editoriales pueden hacerlo más cómodamente porque su capacidad operativa y los recursos que tienen a su disposición son mucho mayores. La inclusión de este tipo de piezas complementarias en el contenido de una obra de no ficción aporta un valor que marca una diferencia entre los libros que las tienen y aquellos que no. Como lector valoro particularmente los libros que me suministran un conjunto de contenidos de esta naturaleza.

 

Quizás la amenaza que las editoriales ven en los autores que se autopublican se convierta en un incentivo para que muchas de las que trabajan en el ámbito de la no ficción no sólo apuesten por tratar la información con más rigor con el propósito de reforzar su credibilidad de cara a sus públicos, sino que además aprovechen los recursos que tienen a su disposición para producir contenidos más ricos y mejores.

 

A quien le interese profundizar en este tema le recomiendo echarle un ojo a la entrada “la verificación de datos y la credibilidad en la producción de contenidos”, que publiqué en febrero de 2013.

2 Comentarios en “rigor, control de calidad y veracidad en la edición de no ficción”

talento editorial: un punto de encuentro para el sector del libro

En enero pasado estuve siguiendo a través de mi timeline de Twitter el I Encuentro Talento Editorial, que se realizó en el marco de la novena edición del Hay Festival Cartagena. En este I Encuentro Talento Editorial participaron diversas figuras relevantes del mundo del libro —fundamentalmente editores y libreros— provenientes de unos cuantos países del ámbito hispanohablante: Jessica Aliaga Lavrijsen, Ana María Aragón, Valeria Bergalli, Diego Bianki, Ana Cañellas, Juan Casamayor, Juan David Correa, Daniel Divinsky, Felipe González, Paco Goyanes, Déborah Holtz, Daniel Jiménez, Alejandro Katz, Claudio López de Lamadrid, Nubia Macías, Nicolás Morales, María Osorio, Andrea Palet, David Roa, Pablo Rojas, Jacobo Siruela, Fernando Tarancón y Margarita Valencia. En el I Encuentro Talento Editorial también participaron algunos profesionales de Holanda y del Reino Unido.

 

El II Encuentro Talento Editorial se realizará durante la cuarta edición del Hay Festival Xalapa, que se celebrará del 2 al 5 de octubre próximos.

 

 

 

TALENTO_EDITORIAL

 

 

 

Desde hace un tiempo está en línea el portal Talento Editorial, que ‘recopila toda la documentación de los Encuentros Talento Editorial así como entrevistas, reseñas, y noticias de actualidad del sector’. Así se presentan los Encuentros Talento Editorial y su portal:

 

Talento Editorial es un proyecto del Hay Festival coorganizado con Librería Cálamo (Zaragoza, España). Son encuentros profesionales abiertos al público general que pretenden dar a conocer experiencias novedosas y exitosas en la industria editorial. El portal Talento Editorial reúne documentación de todos los eventos así como noticias de interés sobre el sector editorial’.

 

En este texto de presentación están las dos piezas clave que permiten entender el valor, el potencial y la proyección de los Encuentros Talento Editorial y de su portal: el Hay Festival y la librería Cálamo.

 

El Hay Festival y la librería Cálamo se han consolidado como dos referentes fundamentales de la dinamización cultural en el sector del libro en el ámbito hispanohablante. Tanto el Hay Festival como la librería Cálamo llevan ya unos buenos años no sólo abriendo diversos espacios que les sirven como punto de encuentro a los actores del mundo de las letras en lengua española, sino también tendiendo puentes entre las dos orillas del Atlántico. Mientras que en el ámbito hispanohablante el Hay Festival se celebra en CartagenaSegovia y Xalapa, la librería Cálamo entrega desde 2001 los Premios Cálamo y en los últimos años ha organizado con la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) dos ediciones del Encuentro de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas “Otra Mirada”.

 

 

 

 

HAY&CÁLAMO

 

 

 

Hace más de un año y medio me referí a la importancia y al valor estratégico que en mi opinión tienen estos eventos que ‘constituyen puntos de encuentro para personas y organizaciones que se encuentran dispersas y que coinciden en las redes’. A quien le interese el tema le recomiendo echarle un ojo a la entrada “centros, periferias, redes y hubs. Eventos como los Encuentros Talento Editorial son muy enriquecedores para quienes trabajan en el mundo de la edición debido a que por su naturaleza les permiten darse a conocer y proyectarse más ampliamente, establecer nuevos contactos y fortalecer los que ya tienen, presentar y compartir sus testimonios, intercambiar experiencias, recibir feedback, aprender de aquello que los demás han hecho, encontrar ideas inspiradoras y sentar las bases para la puesta en marcha de alianzas.

 

No dejen de visitar el portal Talento Editorial, que está lleno de contenidos interesantes y muy bien producidos.

Comentar en “talento editorial: un punto de encuentro para el sector del libro”
Viernes, septiembre 5, 2014 entrada categorizada en: literatura, mis libros favoritos

el tiempo es escaso y hay mucho que leer

La primera vez que fui consciente de que no tenía todo el tiempo del mundo para ocuparme de todos los libros que quería leer fue en 2001, cuando tuve mi primer trabajo. Tras pasar una parte del día trabajando y la otra asistiendo a mis clases de la universidad, al final de la jornada no tenía ni fuerzas ni capacidad de concentración para leer. Durante el primer semestre de ese año pasé la mayor parte de los fines de semana estudiando y debía repartir el poco tiempo libre que tenía entre mi novia de la época, mis amigos y mi familia. Y la verdad es que no siempre era fácil repartir ese tiempo de una manera más o menos equilibrada. Vivía con una sensación permanente de que no tenía suficiente tiempo y me angustiaba constatar varias veces al día que aunque hiciera todo el esfuerzo del que era capaz, nunca llegaría a terminar en los plazos establecidos todo lo que tenía que hacer.

 

 

 

CALENDARIO

 

 

 

***

 

La evolución de mi comportamiento como lector ha hecho que mis criterios para escoger mis lecturas hayan variado en diferentes momentos. En las distintas etapas de mi historia como lector he escogido mis lecturas siguiendo algunas pautas básicas:

 

- leer los libros que mencionaban y comentaban los pocos lectores que me rodeaban —básicamente mis profesores y compañeros del colegio—.

- leer los clásicos de la literatura latinoamericana.

- leer todo lo que me caía en las manos.

- leer obras de autores representativos de la literatura colombiana de la segunda mitad del siglo XX.

- leer el canon occidental para mis cursos de la universidad y obras de autores no canónicos durante mi tiempo libre.

- leer de todo un poco durante mi tiempo libre de acuerdo con lo que me apetecía, con las recomendaciones que me hacían unas cuantas personas de confianza y con las referencias que encontraba en mis lecturas —los clásicos griegos, el teatro del Siglo de Oro, Shakespeare, el boom latinoamericano, los narradores estadounidenses de la primera mitad del siglo XX, el Nadaísmo, las novelas contemporáneas, etc.—.

- leer literatura contemporánea.

- leer lo que me gusta y explorar nuevos territorios de vez en cuando.

 

Al verla en retrospectiva creo que esta evolución ha sido muy importante para mí porque en su momento me permitió establecer los referentes básicos de mi universo lector, amoblarlo a mi medida y construir un criterio y un gusto propios.

 

***

 

En 2002 estaba empezando a hacer mi proyecto de grado de la carrera de Literatura. Mientras lo desarrollaba mi proyecto tenía un nombre de trabajo que para mí era una especie de declaración de intenciones: “Nuevas voces de la narrativa”. Al final el título de mi trabajo de grado fue “Narrativa contemporánea: ¿quién y en qué condiciones la está leyendo?”. Un día tuve una conversación sobre mi proyecto con mi profesora M.—gracias a la cual leí la Biblia como un texto literario, descubrí la novela inglesa del siglo XVIII y me aficioné a la narrativa francesa del siglo XIX—. En algún momento de nuestra conversación que yo mencioné a Santiago Gamboa mi profesora M. dijo algo que me marcó: ‘Gamboa no tiene nada que decirle a alguien que no haya crecido en Bogotá en la calle tal con tal’. Más adelante en respuesta a algo que dije sobre Jorge Franco mi profesora M. dejó caer otro comentario que iba en la misma dirección del anterior: ‘Yo creo que puedo morirme sin leer a Jorge Franco’.

 

Los comentarios de mi profesora M. confirmaban una vez más mi idea de que el Departamento de Literatura de mi universidad vivía anclado en el pasado y de que allí no existía el más mínimo interés por lo que pasaba en el ámbito de la producción literaria de nuestros días. Y en cierta medida mi proyecto era una respuesta contra esa postura reaccionaria que predominaba entre mis profesores según la cual en la literatura aparte del canon occidental había pocas cosas que valieran la pena. En síntesis, para mí esa conversación con mi profesora M. validó una vez más el sentido de mi proyecto y me dio una señal de que éste iba por un buen camino.

 

***

 

Con algunos de los libros que he empezado a leer este año he tenido una relación conflictiva. Me refiero particularmente a las siguientes novelas: La plaça del Diamant, de Mercè Rodoreda; Crematorio, de Rafael Chirbes; El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson; Delirio, de Laura Restrepo; y El enredo de la bolsa y la vida, de Eduardo Mendoza. Se trata de novelas con las que por razones diferentes en cada caso no conseguí conectar y a las que les di todas las oportunidades que pude. En los casos de La plaça del DiamantEl abuelo que saltó por la ventana y se largó y Delirio decidí dejar de leerlas poco antes de llegar a la mitad porque su lectura se fue tornando cada vez más insoportable pero en los de CrematorioEl enredo de la bolsa y la vida opté por terminarlas —muchas veces estuve tentado a abandonar estas dos novelas, por lo que todavía no tengo claro por qué llegué hasta el final—.

 

 

 

LECTURAS_TEDIOSAS

 

 

 

Soy ante todo un lector de ficción pero en este campo hay ciertos géneros y subgéneros que no me gustan: la épica, la ciencia ficción, la literatura fantástica y de aventuras o la novela juvenil. Es por eso que no he leído y que lo más probable es que nunca lea el Cantar de los nibelungosFharenheit 451, El señor de los anillos, Harry Potter o Juego de tronos. Estamos frente a una cuestión de intereses, afinidades y gustos de la que ni me avergüenzo ni me enorgullezco. Aunque también es verdad que me produce una satisfacción enorme tener claro lo que me gusta y ser capaz de identificar con facilidad el tipo de lectura que me resulta más apropiado para cada ocasión o circunstancia de acuerdo con mis necesidades, mis intereses, mi estado de ánimo y mi disposición del momento.

 

En el ámbito estrictamente personal que asocio a mi tiempo libre desde hace años me niego a leer hasta el final aquellos libros con los que no conecto y cuya lectura no me resulta estimulante. Considero que hacerlo para mí hoy en día supone robarles tiempo a obras que todavía no he leído y quiero leer —pienso en Gargantúa y Pantagruel, Moll Falnders, Orgullo y prejuicio, Guerra y paz, Los hermanos KaramázovBouvard y PécuchetLa señora Dalloway, La región más transparente, El siglo de las luces o Los versos satánicos, por ejemplo— a la relectura de mis libros favoritos, a Ana o a mis amigos. Ahora entiendo que el tiempo es valioso porque es escaso y por eso no soporto desperdiciarlo en lecturas que me resultan insatisfactorias o tediosas e incluso tiendo a apostar por leer libros que al menos potencialmente representan valores seguros para mí. A menudo cuestiono el pragmatismo excesivo y lo poco arriesgado de mi actitud pero estoy convencido de que cuando uno va haciéndose mayor y cuenta con ratos libres muy limitados más vale que escoja cuidadosamente lo que lee porque no dispone de mucho tiempo y en cambio sigue habiendo mucho por leer. Cito un comentario que José Antonio Muñoz hizo en Twitter hace unas semanas durante una conversación que sostuvimos a propósito del volumen de novedades de esta rentrée: ‘uno ya tiene una edad y hay que empezar a dedicarse a lo imprescindible, antes de que llegue la parca’.

 

Hace tiempo decidí que nunca más leería un libro ‘porque hay que leerlo’ y concluir que para mí este argumento carece de validez significó quitarme un peso de encima. Al fin y al cabo como dice Daniel Pennac en la primera frase de Como una novela, ‘el verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…’

 

Entre los derechos imprescindibles del lector que nos sugiere Pennac al final de su libro quisiera destacar los siguientes cuatro que para mí son fundamentales:

 

1. El derecho a no leer.

3. El derecho a no terminar un libro.

4. El derecho a releer.

5. El derecho a leer cualquier cosa.

 

 

 

COMO_UNA_NOVELA

 

 

 

Considero que es fundamental que cada uno construya su criterio como lector basándose en sus intereses, afinidades, gustos y necesidades personales. Esta entrada es una invitación a leer sólo aquello que se nos antoje sin aceptar imposiciones externas de ninguna clase, a estar abiertos a acoger sugerencias de lectura de personas que nos conozcan bien y que sepan lo que nos gusta o cuyo criterio nos resulte confiable, a explorar todos los territorios que queramos, a dejarnos llevar por nuestra intuición, a estar dispuestos a equivocarnos en nuestras elecciones, a corregir el rumbo cuando tomemos decisiones deacertadas y a no creernos nunca eso de que ‘hay que leer tal o cual libro’ porque seguramente perderemos el tiempo leyendo cosas con las que no conectamos o que no nos interesan.

 

Me gustan y valoro particularmente aquellos libros que hacen que me sienta feliz de no morirme sin haberlos leído, que me dejan un vacío cuando los termino, que me cambian la vida y que marcan un antes y un después en mi experiencia vital.

4 Comentarios en “el tiempo es escaso y hay mucho que leer”

la crisis, el libro y la industria editorial

En 2011 Manuel Gil y Joaquín Rodríguez hicieron los siguientes planteamientos en la introducción de El paradigma digital y sostenible del libro:

 

‘Quizá las únicas aseveraciones de las que estamos absolutamente seguros son, en primer lugar, la de considerar que no hay una sola empresa del sector del libro que tenga claro cómo va a sobrevivir a Internet; en segundo lugar, que Internet se llevará por delante dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos, básicamente por la imposibilidad generacional de comprender el nuevo “metamedio” y por la dificultad intrínseca de ganar dinero con la generación de contenidos. Esta afirmación debería venir acompañada, eso sí, por su aparente contraria: surgirán muchas otras editoriales, pequeñas y especializadas, cercanas a un grupo de lectores no necesariamente masivo, unidos por afinidades temáticas, convicciones sociopolíticas o estéticas, que hagan viable un nuevo modelo de editorial en red con presencia e inventarios virtuales’.

 

 

 

EL_PARADIGMA_DIGITAL_Y_SOSTENIBLE_DEL_LIBRO

 

 

 

Cuando leí por primera vez El paradigma digital y sostenible del libro justo después de su publicación pensé que Manuel y Joaquín exageraban en las estimaciones que hacen en su segunda aseveración, que me parecieron excesivamente pesimistas a pesar de la necesaria afirmación contraria que formulan a continuación en el párrafo citado. Sin embargo, con el paso del tiempo he empezado a creer que un escenario en el que ‘dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos’ podrían desaparecer no es descabellado debido a la coincidencia entre la crisis económica y el cambio de paradigma que supone la emergencia de lo digital. Teniendo en cuenta la manera como han evolucionado las cosas en España sobre todo durante los tres últimos años, yo iría más lejos e incluiría en el planteamiento de este escenario a otras empresas del sector o relacionadas con él: agencias literarias, distribuidoras, librerías, proveedoras de servicios editoriales y tecnológicos, desarrolladoras de tecnología, estudios de diseño, consultoras, centros de formación, etc.

 

Las siguientes son algunas de las razones por las que este escenario catastrófico que hace tres años encontraba exagerado empieza a parecerme cada vez más posible:

 

- la contracción del consumo como consecuencia de la crisis económica.

- los recortes en los presupuestos destinados a las subvenciones y a las adquisiciones públicas.

- los cambios en los hábitos de consumo de contenidos.

- la degradación del valor del libro.

 

Con respecto a los dos primeros puntos no hay mayor cosa que decir pero en relación con los dos últimos vale la pena hacer algunas observaciones —que ya planteé o al menos esbocé hace unos meses en la entrada “lectura y candy crush”—: por un lado, gracias en gran parte a la omnipresencia tanto de los dispositivos móviles como de la conexión a Internet hoy en día estamos expuestos a una amplia variedad de tipos de contenidos fácilmente accesibles que compiten por captar y acaparar nuestra atención; y, por otro lado, el libro como fuente de acceso al conocimiento, de entretenimiento y de ocio se ha devaluado debido al atractivo, a la rapidez, a la ligereza o a la gratificación inmediata y efímera que otras opciones de bajo coste o gratuitas como los videojuegos, la música, los vídeos o las redes sociales pueden ofrecernos más fácilmente.

 

Para poner esta reflexión en contexto veamos algunos datos del informe “Hábitos de lectura y compra de libros 2012″, que fue publicado en enero de 2013:

 

 

1_PORCENTAJE_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

2_PERFIL_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

3_FRECUENCIA_LECTURA_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

4_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

5_LECTURA_DE_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

6_FRECUENCIA_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

7_RAZONES_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

8_ACCESO_A_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

9_ACCESO_A_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

1O_ACCESO_A_LIBROS_EVOLUCIÓN_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

11_LECTURA_POR_SOPORTES_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

 

12_LECTURA_POR_SOPORTES_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

***

 

 

Estas diapositivas del informe en cuestión nos ofrecen una amplia variedad de información con respecto tanto al tamaño como al perfil de la población lectora, a los soportes en los que lee, a sus lecturas y a la forma como accede a ellas. Hay aspectos de este informe que son particularmente interesantes: los tipos de publicaciones que se leen; las preferencias en los tipos de publicaciones por edades; la frecuencia con la que se lee cada tipo de publicación; la segmentación por franjas de edad de los índices de lectura tanto por trabajo y estudios como en el tiempo libre; las motivaciones para leer libros; la forma como se accede a los libros y la evolución de la lectura en soporte digital de los distintos tipos de publicaciones. Con respecto al modo de acceso a los libros el informe indica un comprensible descenso de la compra que viene acompañado por un aumento tanto del préstamo en bibliotecas como de las descargas de Internet —no se especifica si éstas son de pago o gratuitas—.

 

Hay quienes dicen que contrario a lo que se cree, hoy en día se lee más que nunca. Quizás en estos tiempos de hiperconexión se lean menos libros que antes y la lectura inmersiva sea una práctica cada vez menos frecuente que puede incluso tender a caer en desuso. Es probable que el libro esté en proceso de perder al menos parcialmente esa condición de vehículo privilegiado de acceso al conocimiento y a la cultura escrita que ha ostentado durante tantos años. Esta tendencia ya está más que consolidada en ciertos tipos de contenidos técnicos, especializados y de referencia para los que está claro que el libro como contenedor se ha vuelto insuficiente —manuales, diccionarios, enciclopedias y guías de viaje, por ejemplo—. En el caso de algunos tipos de contenidos la convivencia entre el formato libro y lo digital ya está en vías de consolidación mientras que en otros está emergiendo y empieza a extenderse cada vez más.

 

Lo anterior supone un desafío para la industria editorial en su conjunto, cuya facturación viene disminuyendo significativamente como consecuencia de la caída de las ventas de libros. Esta situación es particularmente crítica en ciertos segmentos específicos de la edición. El avance del informe de “Comercio interior del libro 2013″ que se presentó en junio de 2014 da cuenta de la caída de la facturación del sector durante los últimos cinco años. Mientras que en 2013 la facturación del sector cayó un 11,7% con respecto al año anterior, su caída desde 2009 asciende a un 29,8%.

 

 

 

FACTURACIÓN_INDUSTRIA_EDITORIAL_ESPAÑOLA_2009_2013

 

 

 

En el “Análisis del Mercado Editorial en España” publicado en julio de 2014 por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) se afirma que ‘el libro sigue siendo la primera industria cultural, pese a la crisis’. Si en el mercado interno las ventas de la primera industria cultural española continúan disminuyendo y en 2013 registraron una caída del 9,7% con respecto al año anterior, es altamente probable que las demás industrias culturales se encuentren en un estado mucho más crítico. Se trata de un panorama poco alentador para la que según el informe “El sector del libro en España 2012-2014″ del Observatorio de la Lectura y el Libro es ‘una de las principales potencias editoriales del mundo’ —en la edición de hace dos años de este documento se afirmaba que era la cuarta—. El avance del informe de “Comercio exterior del libro 2013″ indica que durante los últimos años también han venido cayendo las exportaciones hacia América, que para la industria editorial española es un mercado natural y una posible carta de salvación.

 

Esta situación pone en aprietos no sólo a la pequeña edición que cuenta con una capacidad de inversión muy limitada y que puede ser más vulnerable frente a los efectos de ciertas complicaciones económicas, sino también a los grandes grupos que tienen un músculo financiero, unas estructuras operativas, unos costes fijos y unas deudas cuya envergadura es significativamente mayor. Si sus ventas y su facturación están cayendo sin parar debido tanto a la crisis económica como a los cambios en los hábitos de consumo de contenidos por parte de las personas, ¿qué puede hacer la industria editorial para desacelerar, detener o revertir esta tendencia?

 

Entre las posibles líneas de acción que la industria editorial podría adoptar para evitar que sus ventas y su facturación sigan cayendo, destaco las siguientes —aclaro que casi todas ya han sido expuestas por otras personas en diferentes ocasiones—:

 

- achicar y aligerar su estructura —particularmente en el caso de los grandes grupos e incluso de ciertas editoriales medianas—.

- mejorar el conocimiento de sus públicos tanto reales como potenciales y entablar una relación directa, fluida y estrecha con éstos.

- fortalecer su apuesta por lo digital y acelerar su reconversión.

- diseñar, explorar y poner a prueba nuevos modelos de negocio.

- optimizar sus procesos de producción.

- reducir su volumen de producción para ajustarlo más y mejor a la demanda.

- bajar el precio de los libros.

- buscar fuentes de ingresos alternativas a la venta de libros.

 

 

Los hábitos de consumo de contenidos de las nuevas generaciones y los cambios que estamos adoptando en este campo los mayores de treinta años le plantean a la industria editorial grandes retos con respecto a las posibilidades de supervivencia de su negocio. Si no invierte recursos en áreas como el fomento de la lectura, la construcción de públicos y la puesta en valor de lo que aportan sus productos y servicios, es difícil que en el futuro la industria editorial consiga seguir contando con una clientela que esté dispuesta a pagar por acceder a éstos —sobre todo si tenemos en cuenta que la idea de que el acceso a los contenidos debería ser gratuito o muy barato cada vez está más expandida—. Más que de hacer que los libros vuelvan a ser cool como afirma la popular frase de John Waters, se trata de resaltar tanto el trabajo que hay detrás suyo como su valor intrínseco, social, cultural y económico.

 

 

 

WE_NEED_TO_MAKE_BOOKS_COOL_AGAIN_LECTURA_Y_CANDY_CRUSH

 

 

Hay quienes dicen que cuando los e-books representen la mayor parte de la facturación de la industria editorial el libro en papel tendrá un alto valor gracias a su status de rareza o de ícono vintage. Sin embargo, mientras los e-books no constituyan el grueso del negocio de la industria editorial esta idea seguirá siendo solamente una remota ilusión futurista.

 

Para terminar les recomiendo echarle un ojo al artículo “Paying for Digital Content Still Not the Norm in the UK”, que fue publicado recientemente en eMarketer y cuya lectura podría ayudar a desmontar el mito de que no querer pagar por el acceso a los contenidos es una costumbre típicamente española o que la crisis de la industria editorial en España se debe a que éste es un país líder en piratería.

 

 

DIGITAL_CONTENTS_FREE_VS_PAYING_UK

 

 

Sé lo que están pensando y tienen razón: mal de muchos, consuelo de tontos. Pero aquí no se trata de consolarse señalando que los otros también tienen graves problemas ni de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el ojo propio. El quid de la cuestión está en buscar pistas que permitan entender una serie de fenómenos para encontrarles soluciones a los problemas que se derivan de éstos.

1 Comentario en “la crisis, el libro y la industria editorial”
Page 1 of 18812345...102030...Last »