archivo del marzo, 2007

viernes, marzo 30, 2007 categorizado bajo literatura contemporánea

sobre el ranking de las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años

La revista colombiana Semana publicó en su último número un especial titulado ‘Las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años’. A propósito del IV Congreso internacional de la lengua española y de los homenajes rendidos a García Márquez debido tanto a la celebración de su cumpleaños número 80 como a la conmemoración de los 40 de haberse publicado Cien años de soledad y de los 25 de haber obtenido el premio Nobel de Literatura, “esta revista, que en 2007 celebra 25 años de vida, decidió rendirle un homenaje muy especial al castellano. Escoger, mediante una encuesta con expertos del continente americano y de España, las 100 mejores novelas escritas en lengua castellana a partir de 1982”. Entre otras razones expuestas por Semana para justificar su artículo está la importancia de la novela como punto de encuentro entre los hispanoparlantes y como “vehículo trascendental para crear una conciencia latinoamericana, más allá de las singularidades de lo local, las fronteras y las banderas”.

Semana encuestó a 81 expertos —escritores, editores, críticos literarios, entre otros—, cuyas opiniones se ven reflejadas en un ranking que aunque no pretende ser definitivo sí sugiere algunas tendencias en el estado de la opinión tanto del sector editorial como de los círculos literarios en relación con la narrativa contemporánea en lengua española.

El primer lugar lo ocupa una novela que durante el último año ha dado mucho de que hablar en Colombia y que empezará a hacerlo en todo el mundo, una vez salga la adaptación cinematográfica que actualmente está en proceso de postproducción: El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez. Dejando de lado la belleza y la excelente calidad literaria de esta novela, no cabe duda de que en adelante los colombianos tendremos un nuevo motivo de orgullo patrio de esos que tanto nos gustan.


Consagración confirmada

Por otro lado, tres novelas de Roberto Bolaño están entre las 25 primeras de la lista: Los detectives salvajes —tercer puesto—, 2666 —cuarto lugar— y Estrella distante —puesto catorce—. Probablemente la inesperada muerte de Bolaño en 2003 contribuyó no sólo a incrementar la visibilidad que había venido alcanzando su obra debido a los reconocimientos que había recibido estando él en vida, sino también a mirarla con mucho más cuidado para valorarla como se lo merece.

De igual manera, en el ranking de las 25 mejores novelas hay un par de dos autores españoles y de un colombiano —todos ellos fundamentales: en primer lugar, Bartleby y compañía y Doctor Pasavento —lugares 7 y 24—, de Enrique Vila-Matas; en segundo lugar, Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí —sexto y noveno puesto—, de Javier Marías; y, finalmente, El desbarrancadero y La virgen de los sicarios —lugares 10 y 11—, de Fernando Vallejo.

La presencia de dos novelas de Vila-Matas, Marías y Vallejo en los primero lugares de este ranking es muy diciente en la medida en que confirma la consagración de estos tres autores mucho más jóvenes que otros más que consagrados como Mario Vargas Llosa, Tomás Eloy Martínez y Juan Goytisolo, cuyas obras también figuran en el ranking. Seguramente a partir de la publicación de este listado el público empezará a fijarse de nuevo o de una vez por todas— en algunas de estas novelas que el afán de la novedad no le ha dado tiempo de mirar.

Curiosamente, y a propósito de mi entrada de ayer sobre los premios literarios, obras de García Márquez, Vargas Llosa, Vila-Matas, Marías y Bolaño en su momento han recibido el premio Rómulo Gallegos.

¡cuidado que vienen los premios!

Un premio literario es a la vez un reconocimiento a la calidad de una obra, un paso importante en el proceso de consolidación de un escritor en formación, un posible trampolín a la fama para un autor desconocido y un argumento de venta. Mientras que algunos premios como el Nobel o el Príncipe de Asturias son el reconocimiento a la trayectoria de un autor —es decir, al conjunto de su obra—, otros como el Rómulo Gallegos, el Alfaguara, el Herralde o el Biblioteca Breve se le otorgan a una obra en particular. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre el Rómulo Gallegos y todos los premios mencionados después suyo: mientras que el Rómulo Gallegos se le otorga a una novela ya publicada, los demás premian obras inéditas —algo inconcebible en el mundo anglosajón o en el francófono, que ofrecen mejores garantías con respecto al valor literario de las obras que reciben premios como el Pulitzer, el Booker, el Goncourt o el Médicis—.

Los premios literarios que se conceden a obras inéditas resultan bastante sospechosos, sobre todo cuando son organizados por las propias editoriales, porque son susceptibles de convertirse en un simple argumento para vender tanto el libro premiado como los demás trabajos de su autor. Al fin y al cabo el jurado es la única fuente de legitimación de la obra premiada y muy poca gente conoce los criterios con los que éste fue elegido y los parámetros bajo los cuáles son evaluados los manuscritos recibidos. Por otro lado, muchas editoriales caen en su propia trampa porque al terminar premiando con jugosas sumas de dinero obras de una calidad lamentable parecen olvidar que el prestigio de un premio literario es algo que se construye. Un caso interesante es el del premio Biblioteca Breve de Seix Barral, que debido a sus fallos de los últimos años ha perdido el prestigio que había alcanzado en su momento al premiar obras como La ciudad y los perros, Tres tristes tigres y Cambio de piel. No es casualidad que el premio haya perdido su prestigio en su segunda etapa que empezó en 1999 con la premiación de En busca de Klingsor —que sí que es una excelente novela—, cuando la editorial Seix Barral ya había sido comprada por el Grupo Planeta.

La sed de premios y la mala reputación

De hecho, el Biblioteca Breve no es el único premio de ese grupo editorial cuyo prestigio se ha visto afectado tanto por las intrigas del proceso de selección de los finalistas como por la calidad de las obras premiadas: en 2005 el escritor Juan Marsé, cuya novela Últimas tardes con Teresa recibió en 1965 el Biblioteca Breve, se retiró del jurado del premio Planeta debido al bajo nivel de los originales finalistas. Marsé caracterizó la novela premiada —Pasiones Romanas, de Maria de la Pau Janer— destacando tanto su ritmo narrativo pormenorizado y meticuloso en exceso como su decantación hacia lo sentimental que “deja al descubierto la carpintería, las tuberías y las ínfulas literarias”.

El suplemento El Cultural, del diario El Mundo, publicó ayer una entrevista a los autores de las obras ganadoras en tres premios de narrativa que acaban de ser concedidos: Juan Manuel de Prada en el Biblioteca Breve, Nativel Preciado en el Primavera y Luis Leante en el Alfaguara. Los tres escritores respondieron a las suspicaces preguntas de El Cultural, que parten de la afirmación de que “en España no se escriben libros sino premios” y de dos supuestos: por un lado, que el mercado editorial español ha venido generando una dependencia con respecto a éstos; y, por el otro, que actualmente un libro que no se haya ganado un premio difícilmente aguanta más de tres meses en librerías.

Queda claro que para algunas editoriales los premios no son más que una fórmula para aumentar la posibilidad de que un libro se convierta en un best seller, para relanzar libros anteriores de un autor y allanar el camino hacia el éxito comercial de los que éste escriba en el futuro, para sonsacarles autores a sus competidores y para fortalecer las tendencias literarias que consideran estratégicas. Sin lugar a dudas, la actitud de algunas editoriales provoca el desprestigio de los premios literarios en España y, por lo tanto, suscita un ambiente de incomodidad que se manifiesta a través de situaciones concretas como la decisión de Marsé de retirarse del jurado del premio Planeta o el artículo de El Cultural.

Ventas a cambio de prestigio y credibilidad


Personalmente no tengo ningún problema con la mala literatura ni mucho menos con los premios literarios —que, entre otras cosas, dicen mucho sobre las tendencias del mercado editorial y de la opinión pública—. Como ya he dicho en ocasiones anteriores, gracias a la tendencia hacia la fragmentación del mercado en este momento hay libros, autores, editores y lectores para todo. Y si algunas editoriales quieren concederles sus premios a obras de pésima calidad, allá ellas porque al fin y al cabo el eventual éxito en ventas de una mala obra premiada no compensa lo que pierden en términos de prestigio y credibilidad —que constituyen la riqueza más valiosa de una editorial o de un medio de comunicación—.

miércoles, marzo 28, 2007 categorizado bajo literatura estadounidense

notas sobre ‘vinieron como golondrinas’, de william maxwell

Hace unas semanas escribí una entrada titulada Vinieron como golondrinas, un libro que tienta, en la que hablaba sobre la curiosidad que me había despertado la novela de William Maxwell que la editorial barcelonesa Libros del Asteroide publicó en septiembre de 2006. Como me parecía una novela tan atractiva, en ese momento dije que seguramente Vinieron como golondrinas sería uno de los siguientes libros que leería. Y dicho y hecho: hace dos semanas decidí sacar de mi biblioteca el ejemplar de la novela que había comprado a principio de año y dedicarme a leerla en mis ratos libres.

Vinieron como golondrinas aborda desde el punto de vista de dos niños y de su padre la manera como durante el invierno de 1918, cuando acaba de anunciarse el fin de la Primera Guerra Mundial, en un pequeño pueblo de Illinois una familia de la clase media vive el azote de una epidemia de gripe. La escritura de Maxwell se caracteriza por un estilo escueto y certero que siempre está haciendo énfasis en el detalle, como lo evidencia el hecho de que para articular su relato sin dejar ningún cabo suelto y sin que sobre nada recurra solamente a los elementos estrictamente necesarios. Considero que el mayor logro del autor en Vinieron como golondrinas consiste en lograr dotar a cada personaje de una sensibilidad, de una visión del mundo y de una voz propias porque al explorar lo más profundo de la interioridad de cada uno de ellos el lector tiene la oportunidad de ver una misma realidad desde tres perspectivas diferentes y, por lo tanto, de percibirla de maneras completamente distintas.

lunes, marzo 26, 2007 categorizado bajo español

notas sobre el español a propósito del iv congreso internacional de la lengua española

Los preparativos y la realización del IV Congreso Internacional de la Lengua Española que está teniendo lugar en este momento en Cartagena (Colombia) han venido dando mucho de qué hablar desde hace un tiempo —sobre todo durante los últimos días—. Se dice que el español es un idioma cada vez más global y con un peso cada día mayor debido al ritmo de crecimiento del número de personas que lo tienen como lengua materna o que están adoptándolo como segunda lengua: según las últimas estadísticas, actualmente el español es la lengua materna de entre 444.861.546 y 455.570.238 personas.

Un caso que ilustra esta situación de manera interesante es el crecimiento de la comunidad hispana en los Estados Unidos, que allí constituye hoy en día la minoría más grande. Las estadísticas oficiales del gobierno norteamericano, que seguramente no tienen en cuenta a los millones de indocumentados que viven en su país, hablan de 35,3 millones de hispanos que representan el 13% de la población de Estados Unidos.

Este dato es importante desde un punto de vista no sólo demográfico y social, sino también político y económico: por un lado, entre los hispanos que viven en Estados Unidos cada vez son más los que tienen tanto derecho al voto como la oportunidad de acceder a cargos públicos —recordemos que en las elecciones presidenciales de 2000 el empate entre el hoy presidente Bush y Al Gore se rompió en la Florida y que desde hace mucho tiempo los hispanos en ese país empezaron a ocupar puestos de elección popular en las Alcaldías, las Cortes y las corporaciones públicas como el Congreso—; y, por el otro lado, el mercado hispano en ese país es cada vez mayor debido al crecimiento no sólo de la comunidad hispana sino también del poder adquisitivo de ésta. De hecho, en Estados Unidos cada vez son más las agencias de publicidad, las empresas de comunicaciones, las publicaciones periódicas y las editoriales que se orientan exclusivamente al mercado hispano.

El especial sobre la lengua española que publicó este fin de semana Babelia, el suplemento cultural del diario El País, reúne una serie de artículos bastante interesantes acerca del estado actual del español. Los autores de una parte importante de estos artículos son escritores, en su mayoría colombianos, que publican en Alfaguara —una editorial que, como El País, pertenece al grupo PRISA—. Entre ellos se encuentran los experimentados Piedad Bonnett, William Ospina y Laura Restrepo, cuyos textos están al lado de otros autores de la casa como Carlos Fuentes y Juan Luis Cebrián.

La escritora y profesora Piedad Bonnett escribió un artículo bastante curioso acerca del imaginario que se ha construido alrededor del español que se habla en Colombia. Bonnett descarta cualquier posible polémica ridícula sobre la superioridad de la manera como se habla en un lugar o en otro afirmando de manera contundente que “la verdad es que, como escribió alguna vez Manuel Alvar, ‘no hay un español mejor, sino un español de cada sitio para las exigencias de cada sitio’. Esa verdad puede llegar a ser perturbadora. Me he enterado de que algunas editoriales españolas no quieren traducciones americanas, aduciendo que sus lectores no las entienden. Los lectores hispanoamericanos, por su parte, maldicen cada vez que se les atraviesa un ‘gilipollas’ o un ‘a por agua’. Y es que nada puede detener el curso de la lengua viva. Ni aun los heroicos esfuerzos de las academias por propiciar un español culto, que lime las incontables diferencias”.

lunes, marzo 26, 2007 categorizado bajo 1

los blogs de carácter personal

Hace unos días hablé acerca del valor y la utilidad los blogs temáticos pero no hice ninguna tipo de consideración en relación con aquellos blogs cuyos autores los crean con el propósito de expresar de una manera informal y poco sistemática las inquietudes, los sentimientos y las ideas que les suscita su experiencia. Este tipo de blog, que quizás es el que más contribuye al crecimiento de lo que se conoce como ‘la blogósfera’ y a la vez el más susceptible de ser abandonado, se caracteriza por tener un tono intimista, por no necesitar una unidad temática en la medida en que el contenido puede tener como único hilo conductor tanto las inquietudes del autor como la necesidad que éste siente de escribir sobre ellas y por no pretender alcanzar a un público amplio —de hecho, para algunas personas abrir un blog significa tener la posibilidad de tener un diario íntimo y, por lo tanto, no lo hacen con el propósito de ser leídos—.

Considero que por ser quienes tienen vínculos y afinidades más fuertes con el autor, por lo menos al principio las personas cercanas a éste son quienes tienden a interesarse por un blog de carácter personal. Al fin y al cabo es gracias a la existencia de afinidades y experiencias compartidas que construimos vínculos con los demás. Debido a lo anterior creo que los blogs de este tipo sólo pueden llegar a despertar el interés de un grupo más amplio de lectores en la medida en que otras personas sientan que la sensibilidad de su autor está en sintonía con la suya porque sus textos expresan de una manera certera inquietudes, sentimientos e ideas que su propia experiencia ya les había suscitado a ellas mismas.

Un blog de carácter personal es un espacio en el que el autor puede decir lo que se le antoje sin dar mayores explicaciones o justificaciones y sin esperar que nadie valide sus ideas. A partir de mi experiencia con un blog que abrí hace dos años podría decir que con este tipo de blogs se corre el riesgo no sólo de caer en una escritura autorreferenciada y hermética, sino también de que tanta introspección se convierta en autismo. En síntesis, la intención del autor no sólo define la naturaleza de un blog sino que también determina quiénes, cómo y aproximadamente cuántos serán sus lectores.