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Jueves
Marzo , 2010

[ el ojo fisgón ]

análisis de las tendencias del mercado editorial

Archive del Abril, 2007

comentarios sobre ‘los venenos de la crítica’

Publicado por admin el Abril - 30 - 2007 1 Comentario

Por su agudeza quisiera destacar algunas de las observaciones hechas por los comentaristas de libros cuyos puntos de vista recoge Germán Gullón en el artículo ‘Los venenos de la crítica’, publicado por El Cultural y reproducido aquí en la entrada de ayer.


Con respecto a las fuentes de la credibilidad del crítico:


- “Lo que el lector espera del crítico son orientaciones razonadas, no elogios vacíos ni rechazos injustificados. El lector necesita saber si vale la pena leer esa obra y por qué, y eso hay que dejarlo claro”. Ricardo Senabre.


- “Esa “capacidad de tener razón” obedece a una mezcla variable de talentos, algunos innatos y otros adquiridos, entre los cuales cabe mencionar el buen gusto, la posesión de un criterio articulado, la confianza en ese criterio, la voluntad de compartirlo y la capacidad de persuasión”. Ignacio Echavarría.


Considero que lo más interesante de la forma como Senabre y Echavarría abordan el origen de la credibilidad es que ambos hacen énfasis en la construcción de un criterio propio y en la manera como se presentan los argumentos antes que en la acumulación previa de unos vastos conocimientos en el campo de la historia de la literatura y de la crítica literaria.

Sobre la función del crítico:


- “Orientar a los otros lectores en la tarea de responderse responsablemente a la pregunta que justifica la existencia misma de la moderna crítica periodística: ¿qué leer? Importa mucho insistir en esto último, dado que la mayor parte de los suplementos literarios parecen haberse desentendido de esa pregunta, conformándose con incentivar la lectura. Por eso no existe apenas crítica en la actualidad: porque la consigna de leer (y de leer siempre los mismos libros, de la misma manera) ha desplazado a la pregunta de qué leer”. Ignacio Echavarría.


Como lo dije ayer, en muchos casos los comentaristas de libros juegan un papel fundamental para orientar a los lectores porque son los ojos a través de los cuales éstos ven la oferta que hay en el mercado editorial. Este aspecto es clave sobre todo teniendo en cuenta que si el medio en el que el comentarista escribe define según sus propios intereses —comerciales, políticos o económicos— cuáles son los libros que se deben reseñar y que si muchos de los medios que acaparan una buena parte de la audiencia pertenecen a un mismo grupo, hay un sesgo en la fuente de la información que reduce significativamente el espectro que logra captar el lector de lo que hay alrededor suyo.


Acerca de los problemas de la crítica española:


- “Perdemos en independencia: hay demasiada consideración con editoriales poderosas, por una parte, y, por otra, excesivo temor a reseñar negativamente obras de autores prestigiados —a veces producto de la mercadotecnia—, algunos de los cuales pueden reaccionar como si cada reparo puesto a su obra fuese una ofensa a su persona. En realidad, la lucha del crítico que no renuncia a su honradez se plantea contra el complejo mecanismo publicitario que desde hace medio siglo se ha ido apoderando de la creación literaria y artística, gracias al cual lo que se vende es lo que vale. ¡Qué aberración!”. Ricardo Senabre.


- “Carentes de todo proyecto cultural, como ya he dicho, los grupos de comunicación y los periódicos españoles no emiten consignas propiamente dichas a los críticos: se limitan a establecer un embrollado sistema de listas blancas y negras conforme a las cuales se hinchan o se omiten las novedades de colaboradores afines y no afines. En este punto, no vale la pena extremar la paranoia conspirativa: se trata de la más vulgar y mecánica miseria humana, con frecuencia incrementada hasta la caricatura por los intereses comerciales.

En estas dos observaciones que describen muy bien lo que está pasando en España una vez más se ponen en evidencia tanto las nefastas consecuencias de la creciente concentración de la propiedad que ejercen los grandes grupos multimedia como algunas de las prácticas a las que éstos recurren para cada vez más grandes del mercado.

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lecturas de fin de semana [ 10 ] / ‘los venenos de la crítica’

Publicado por admin el Abril - 29 - 2007 Comenta

El suplemento El Cultural, del diario El Mundo, les ha pedido a cinco reconocidos críticos literarios españoles que respondan a cuatro preguntas acerca de la naturaleza, de la razón de ser y de la ética de su oficio y ha reunido sus testimonios en un artículo titulado ‘Los venenos de la crítica’. Los cinco críticos —a quienes prefiero llamar comentaristas de libros— tocan una serie de cuestiones polémicas con respecto a esa institución conocida como ‘la crítica’, alrededor de las cuales en ciertos momentos se han abierto acalorados debates que aún están lejos de llegar a cerrarse: la independencia del crítico frente al medio para el que escribe, a las editoriales y a los autores; las competencias necesarias para ejercer la crítica; los criterios del crítico y la importancia de la capacidad de persuasión en el ejercicio del oficio.

Este artículo me parece interesante porque en muchos casos los comentaristas de libros son los ojos a través de los cuales los lectores ven la oferta que hay en el mercado editorial. En la medida en que al orientar a los lectores los comentaristas de libros ejercen un rol de prescriptores de opinión, basta con la aparición de un comentario sobre un libro para que los ojos del público se fijen en éste y para que a la primera oportunidad que tengan los lectores vayan a buscarlo a las librerías.


Los venenos de la crítica
Ricardo Senabre, Ignacio Echevarría, Jaime Siles, Darío Villanueva y Vicente Luis Mora denuncian, explican, defienden y cuestionan


Sainte-Beuve, el célebre crítico francés del XIX, dejó inédito Mis venenos, un diario secreto con sus más íntimos pensamientos sobre libros y autores que no se atrevió a publicar en vida, y que comenta hoy en nuestras páginas Germán Gullón. Pero además, El Cultural ha reunido a cinco de los críticos más solventes de nuestro panorama literario —Ricardo Senabre, Ignacio Echevarría, Jaime Siles, Darío Villanueva y Vicente Luis Mora—, para que nos descubran:


1. ¿Qué es lo que da credibilidad a un crítico?

2. ¿Cualquiera puede ser crítico? ¿Qué mínimos deben exigirse?

3. Si comparan la situación de la crítica española con la del resto del mundo, ¿en qué salimos ganando, y en qué perdiendo?

4. ¿Qué pasa con las acusaciones de excesivo academicismo; falta de conocimientos académicos, dependencia del mercado; amiguismo y compromisos; obediencia a consignas, falta de referencias para comprender la creación más joven?


Ricardo Senabre


1. La independencia —frente a editoriales y autores— y la sinceridad. También una competencia profesional sin la cual lo demás no serviría en absoluto, porque nadie apreciaría la independencia de un botarate. Lo que el lector espera del crítico son orientaciones razonadas, no elogios vacíos ni rechazos injustificados. El lector necesita saber si vale la pena leer esa obra y por qué, y eso hay que dejarlo claro.

2. En la práctica, y a juzgar por muchos ejemplos reales, se diría que cualquiera puede ser crítico. Pero lo cierto es que habría que exigir unos mínimos: un amplísimo caudal de lecturas —algo muy raro, por lo que se ve—, un buen conocimiento de la historia literaria y una estrecha familiaridad con los fundamentos teóricos y los métodos críticos. La verdad es que, en el amplísimo elenco de críticos españoles en ejercicio, muchos —demasiados— no llegan al aprobado en estas cuestiones.

3. Frente a otros países, ganamos en la atención a obras estrictamente literarias y de diversas literaturas. Perdemos en independencia: hay demasiada consideración con editoriales poderosas, por una parte, y, por otra, excesivo temor a reseñar negativamente obras de autores prestigiados —a veces producto de la mercadotecnia—, algunos de los cuales pueden reaccionar como si cada reparo puesto a su obra fuese una ofensa a su persona. En realidad, la lucha del crítico que no renuncia a su honradez se plantea contra el complejo mecanismo publicitario que desde hace medio siglo se ha ido apoderando de la creación literaria y artística, gracias al cual lo que se vende es lo que vale. ¡Qué aberración!

4. Creo que la falta de conocimientos del crítico y el amiguismo son acusaciones fundadísimas en múltiples casos. Hace años, en un suplemento literario de cuyo nombre no quiero acordarme, un crítico comenzaba su reseña confesando ser amigo del autor de quien se disponía a escribir. Naturalmente, la reseña era elogiosísima. ¿Qué crédito pueden merecer una crítica y un suplemento así?


Ignacio Echevarría


1. Una primera puntualización: hace ya tiempo que la crítica ha dejado de ser la piedra angular de los suplementos literarios, por las razones que más adelante doy. Así pues, hace ya tiempo, también, que ha dejado de hacerse cuestión de la independencia de la crítica, menos todavía de su credibilidad, no nos hagamos demasiadas ilusiones con eso. En un pasaje que suelo citar en ocasiones como ésta, Robert Musil, preguntándose en qué consiste el gran talento para la crítica, se responde a sí mismo: “¡La capacidad de tener razón!”. No es fácil dar una respuesta mucho más satisfactoria a la cuestión, sin duda peliaguda. Esa “capacidad de tener razón” obedece a una mezcla variable de talentos, algunos innatos y otros adquiridos, entre los cuales cabe mencionar el buen gusto, la posesión de un criterio articulado, la confianza en ese criterio, la voluntad de compartirlo y la capacidad de persuasión.

2. No cualquiera puede ser crítico, desde luego, ni falta que hace. La ausencia de alguno de esos talentos que acabo de mencionar basta para inhabilitar incluso al más voluntarioso y bienintencionado aspirante al oficio. El crítico genuino es un tipo muy particular de lector que al placer natural de la lectura añade el de indagar en los mecanismos que intervienen en ella. De esa especie de perversión deriva el crítico una función social: la de orientar a los otros lectores en la tarea de responderse responsablemente a la pregunta que justifica la existencia misma de la moderna crítica periodística: ¿qué leer? Importa mucho insistir en esto último, dado que la mayor parte de los suplementos literarios parecen haberse desentendido de esa pregunta, conformándose con incentivar la lectura. Por eso no existe apenas crítica en la actualidad: porque la consigna de leer (y de leer siempre los mismos libros, de la misma manera) ha desplazado a la pregunta de qué leer, que comporta siempre, para ser respondida cabalmente, un cierto compromiso ético y político, no sólo estético, y que presupone además, sin la obsesión de fomentarla, la afición a la lectura. En cuanto a los mínimos exigibles para un crítico, obedecen antes a cuestiones de temperamento que a grados de cultura. El crítico hace siempre un uso estratégico de su cultura. En su caso, mucho más que los conocimientos acumulados, a menudo inservibles, importa el punto de vista que los ordena. Lo que caracteriza al crítico (y me estoy refiriendo exclusivamente al crítico reseñista) es una determinada escala de preferencias y una decidida voluntad de intervención. De otro modo, estaríamos hablando de simples comentaristas, o directamente de publicistas, que es lo que más abunda. En cuanto al estilo, es la única herramienta de que dispone el crítico para persuadir. Si resulta mediocre o incompetente en este aspecto, su eficacia será nula.

3. Me cuesta responder a esta pregunta, ya que apenas alcanzo a imaginarme qué pueda entenderse por crítica española, toda vez que —hechas las excepciones de rigor— sus más conspicuos representantes gastan sus menguados recursos en mantener un esforzado equilibrio entre la mansedumbre y la inanidad. Comparada con la del resto del mundo, la situación de la crítica española es, por decirlo buenamente, poco comprometedora: sencillamente, pasa desapercibida. Lo cual no acaba de constituir una ventaja, o no exactamente, dado que en casi todo el mundo la crítica ha sido condenada a la inexistencia. Sus espacios, si algunos le quedan, son residuales, marginales, periféricos a lo sumo, cuando no puramente simbólicos. Exageraciones y dramatismos aparte, la crítica española es, en cualquier caso, fiel reflejo de la prensa que la ampara: una prensa degradada, hipócrita, inepta, carente de todo proyecto cultural y por lo tanto de toda iniciativa en este campo, como no sean aquéllas a que le impulsan sus intereses particulares.

4. –Excesivo academicismo. De este reproche deberán responder los críticos de procedencia académica, abundantes en un oficio que, es verdad, suelen ejercer con cierta predisposición al eclecticismo y la taxonomía, y grandes dosis de aburrimiento.

–Falta de conocimientos académicos. De este reproche deberán defenderse los críticos de varia especie, periodistas y escritores en su mayoría, que lo reciben insistentemente de parte de sus colegas los críticos academicistas.

–Dependencia del mercado. ¿Y cómo soslayarla? El mercado es el medio en el que la crítica interviene, contra el que actúa. Es la corriente que tiende a arrastrarla y a la que ella debe resistirse. El problema, entonces, no es tanto la dependencia como el sometimiento al mercado, es decir, la sumisión, la interiorización de sus consignas.

–Amiguismo y compromisos. Ésta es una lacra endémica en el oficio. Por lo demás, hay una sola vacuna para curarse de ella: tomar partido. Buena parte de la mejor crítica moderna está impulsada por la complicidad de grupo, de tendencia: es crítica amistosa y comprometida, en el mejor sentido. Pero es cierto que, por estos lares, a menudo se queda sólo en crítica amigable y convenida.

–Obediencia a las consignas de la Casa (periódico, grupo). Carentes de todo proyecto cultural, como ya he dicho, los grupos de comunicación y los periódicos españoles no emiten consignas propiamente dichas a los críticos: se limitan a establecer un embrollado sistema de listas blancas y negras conforme a las cuales se hinchan o se omiten las novedades de colaboradores afines y no afines. En este punto, no vale la pena extremar la paranoia conspirativa: se trata de la más vulgar y mecánica miseria humana, con frecuencia incrementada hasta la caricatura por los intereses comerciales.

–Falta de referencias para comprender la creación más joven. Es éste un reproche grave, respecto al que todo crítico deberá mantener se alerta, y que plantea la conveniencia de buscar mecanismos de regeneración por parte de quienes regentan los espacios en que la crítica opera. La mayor virtud que puede adornar a un crítico es el olfato para lo nuevo, y no sólo para “lo bueno”; su mayor hazaña será la construcción de un lenguaje de acogida para la recepción de aquello que, por dilatar el campo de la sensibilidad establecida, carece todavía de un registro público. Con todo —y como no he dejado de decir en más de una ocasión—, una de las funciones menores de la crítica, puestos en lo peor, sería la de actuar como obstáculo, como frontón mediante el cual la sociedad y la época se defienden de las transgresoras innovaciones del joven artista. Éste se forjará, para bien y para mal, en la perseverancia y en la entereza que emplee ya en imponerse, ya en adaptarse a las convenciones con que la crítica de su tiempo lo juzga.


Jaime Siles


1. A un crítico la credibilidad se la da sobre todo su práctica, es decir, lo que ha hecho, el modo en que viene desempeñando su oficio. Otra cosa son los mandamientos que cada crítico tenga como suyos y para sí, porque eso no constituye un método sino una doctrina. Mi doctrina personal como crítico se ha regido por los siguientes principios: en primer lugar, intentar entender la obra tanto si me gusta como si no, tanto si satisface mis intereses como si se encuentra en los puntos opuestos de mi poética. Creo que el crítico es un mediador, alguien que conoce las propiedades, los elementos constitutivos de un producto, y que intenta hacerlo trasmisible desde su propio juicio a los demás. Un crítico debe ponerse en la piel del autor al que juzga y preguntarse si ha conseguido o no los objetivos que en esa obra se propone, y si los medios han sido los adecuados para ello. El juicio de valor no me interesa. Creo que la crítica además de estar bien escrita y digo esto porque soy un crítico sui generis, porque también soy creador, no un crítico estricto, sino un poeta y ensayista que hace crítica literaria, pero la crítica literaria es un género muy específico, como la poesía y dentro de ella, de la poesía que nos llega en traducción, lo que obliga no sólo a juzgar el texto del poeta traducido, sino también la textualidad de la traducción.

2. Sí, cualquiera que tenga formación adecuada para ello y los criterios de gusto suficientes y que fuese capaz de trasmitirlo podría ser crítico literario. De hecho, cualquier lector a su modo lo es. Ahora bien, como en todo hay unas exigencias mínimas: creo que un crítico literario debería tener una amplia formación intelectual y un profundo conocimiento de la historia y de la teoría literaria que le permitiera situar una obra en el horizonte no sólo de su género y de su propia lengua sino de su propia tradición. Es decir, debería dar su latitud y longitud.

3. A veces nos juzgamos en exceso, porque tenemos una serie de periódicos importantes que cuentan con su propio suplemento cultural, donde funciona el juzgado de primera instancia, porque aquí se da noticia de la existencia de libros mucho antes de que lleguen a las universidades y Academias. Si comparamos la situación de España con la de otros países, hay que destacar, a favor, que los suplementos culturales españoles dedican una especial atención a la crítica de la poesía, que está abandonada a su suerte en muchos países. La novela es el género al que más atendemos aunque hay otros dos géneros importantes, el teatro y el ensayo, que sufren una especial desatención. En cambio, esos dos géneros tienen mucha más importancia en países como Alemania, especialmente el teatro.

4. En general, creo que las acusaciones contra la crítica que aquí se mencionan lo que denuncian son todos los riesgos, pero la respuesta más clara la da Cicerón cuando, animado por su amigo Ático a dedicarse a la historiografía, le expone las dificultades y problemas que encontrará. El problema no es la independencia literaria o no, o la falta de referencias, o los compromisos o los academicismos, sino que lo único que debería importar en la crítica literaria es la independencia de criterio, de manera que la forma de luchar contra estos vicios sería acuñar un método y un modo para defender y mantener dicha independencia de criterio.


Darío Villanueva


1. La credibilidad de un crítico radica en la autoridad que posea por sí mismo. La crítica se compadece mal con cualquier ejercicio de ventriloquia. En última instancia se trata de un arreglo entre lectores: entre ellos se le reconoce a uno en concreto voz propia, autorizada, para hablar de literatura. Es una obviedad: el fundamento de la crítica es la lectura y la impresión que deja en el que la lee. En esto, todos los lectores, críticos o no, somos iguales. Más aún: el crítico que no reacciona ante la obra como un lector genuino se parecerá más a un burócrata. Tampoco veo su papel como el de un dómine con palmeta. La crítica en cuanto juicio y valoración no debe tener un fundamento normativo y doctrinal, sino rigurosamente fenomenológico. El mejor crítico sería el que transmitiera su enjuiciamiento como la consecuencia implícita en el análisis de los porqués de su impresión. Y para ello, es inexcusable la forma de la obra. Si todavía existe el arte de la literatura, no consiste en otra cosa que en lo que Coleridge definía como las mejores palabras en el orden mejor.

2. Cualquier lector puede, efectivamente, ser crítico. Y de hecho, por lo general, lo es: si lee atentamente y es capaz de desgranar los entresijos de su propia lectura e investigar en las causas de sus impresiones como lector. Claro que luego, si quiere ejercer, no podría ser ágrafo: deberá comunicar su experiencia mediante la escritura. De todos modos, la lectura atenta, que se puede ejercitar y perfeccionarse, debe ir amparada por ciertos saberes. Me resulta difícil concebir un ejercicio crítico cabal sin el apoyo de la historia literaria, de los fundamentos generales de una poética y sin el comparatismo, que permite trascender las fronteras lingüísticas de una sola literatura.

3. No dispongo de suficiente información como para tanto. Admiro la crítica anglosajona a través del “Times Literary Supplement”, pero me resulta muy difícil extender mis apreciaciones a la de otras lenguas. De todos modos, leyendo los libros de los críticos extranjeros que se expresan también en la prensa, los suplementos y las revistas literarias, no acabo ni con complejo de superioridad ni con baja autoestima.

4.–Excesivo academicismo: Admito que a la crítica académica (donde milito) se le vea debajo de la puerta la patita del academicismo, pero no a la crítica profesional o “militante” (“crítica pública” la llamaba N. Frye), o la crítica, con frecuencia tan interesante, ejercida por los propios escritores sobre las creaciones de sus pares.

–Falta de conocimientos académicos: Admito que a la crítica no académica se le pueda achacar semejante cosa, pero a lo mejor maldita la falta que les hacen tantos conocimientos académicos si sus lecturas son atinadas y competentes.

–Dependencia del mercado: Ése es el gran problema, probablemente sin solución, al menos por el momento. Raymond Federman, hace ya un cuarto de siglo, advertía que la responsabilidad de la crítica era entonces “hacer la distinción, marcar la diferencia entre libros y no-libros”. Pero para cumplir semejante compromiso hay que estar pendiente del mercado: para desenmascarar a los segundos, por muy best sellers que sean, y para que no pasen desapercibidos los primeros.

–Amiguismo y compromisos: Es verdad que a veces, ante determinadas críticas de obras previamente leídas por mí cuya euforia no atino a comprender, acabo reparando en que le coeur a des raisons que la raison ne connait pas.

–Obediencia a las consignas de la Casa (periódico, grupo): Hice mis pinitos en la crítica hacia 1973, recién licenciado, de la mano de Pepe Batlló, director de Camp de l’arpa. Desde entonces hasta hoy, en que ya peino canas, nunca jamás nadie me transmitió ninguna consigna, ni en Barcelona, ni en Madrid, ni en la American Book Review, ¡qué quieren que les diga!. Como decía aquel personaje de Billy Wilder en Some like it hot, “nadie es perfecto”.

–Falta de referencias para comprender la creación más joven: En todo caso, irá por parroquias. Habrá críticos con las tupidas anteojeras del establishment y otros con mayor curiosidad; de hecho, los hay. A título de ejemplo, puede valer el que en 2006 un título como Nocilla Dream de Agustín Fernández Mallo haya obtenido el eco que sin duda merecía.


Vicente Luis Mora


1. En mi blog, hace unos meses, pregunté por “la crítica que queremos”, y multitud de escritores y críticos llegamos a unas conclusiones que intento respetar a rajatabla. Resumidas: lectura completa, comprensiva y sistemática del libro, conocimientos culturales amplios y profundos de literatura (española y de otras tradiciones), estudio complementario sobre el autor cuya obra puntualmente se analiza, ver el libro como un todo, dedicarle tiempo de reflexión, obviar sus valores de mercado, tener conciencia de la crítica como ejercicio artístico, valoración no descriptiva, reducir al mínimo la inevitable parte subjetiva, y constituirse en una crítica democrática e independiente, que no repita los errores de la institucional, mediática u oficialista.

2. En un ensayo que saco ahora, y fijándome en los ejemplos mejores, como Conolly, el Dr. Johnson, Bloom, Sainte-Beuve o Eliot, entre otros (¿qué otros modelos imitar, sino los mejores?), propongo un mínimo algo radical, disculpen: el crítico debería ser tanto o más culto que el escritor más culto de su tiempo. Si el libro plantea epistemes que uno desconoce (medicina en Martín Santos, tecnología en Gibson o Pynchon, filosofía en Musil, estética oriental en Valente, Maillard o Aguado), el crítico tiene dos opciones: callarse o adquirir un mínimo saber antes de emitir juicio al respecto. Añádale un mínimo conocimiento de teoría de la literatura. Además, hay que saber leer. Eso es lo más difícil: no puede estudiarse.

3. Sería insincero si dijera que conozco la del resto del mundo; leo crítica literaria occidental, y eso en sí mismo es una reducción drástica. Desde luego le digo: casi cualquier profesor universitario norteamericano tiene, no sé si más conocimientos, pero desde luego menos prejuicios y un modo más global de entender el hecho estético que sus homólogos españoles. Salvo excepciones, los mejores críticos patrios —véanse los ejemplos de Masoliver, J.J. Heffernan, M. Casado, Fernández Porta, Cuesta Abad, entre otros—, tienen una importante formación en el extranjero, por lo común anglosajona.

4. Excesivo academicismo. Y tanto. Dentro de la universidad española hay joyas, que nunca son las que vemos. La crítica que más me interesa hoy suele estar extramuros de la universidad.
–Falta de conocimientos académicos. Interesante denuncia: sugiere que en España la crítica académica puede desconocer o usar mal hasta los rudimentos filológicos.

–Dependencia del mercado. Inapelable. Hasta una mala crítica con foto puede volverse comercial. Vénganse a Internet, es casi gratis.

–Amiguismo y compromisos. La buena crítica debería superar la amistad y la animadversión. Eso sí: los compromisos son pútridos en todo caso.

–Obediencia a las consignas. Si pudiera contar la mitad de lo que sé… Vénganse a Internet, no hay casas, el grupo es uno mismo.

–Falta de referencias para comprender la creación más joven. Cierto también. Un crítico de un suplemento, en un gesto que le honra, se hizo la autocrítica recientemente en este sentido.

Germán GULLÓN

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lecturas de fin de semana [ 9 ] / ‘bogotá 39′

Publicado por admin el Abril - 28 - 2007 Comenta

Hace dos días en la Feria del Libro de Bogotá el jurado de la convocatoria Bogotá 39 —compuesto por los autores colombianos Piedad Bonnet, Oscar Collazos y Héctor Abad Faciolince— dio a conocer los nombres de los 39 escritores menores de 39 años más importantes del momento en América Latina. Esta convocatoria fue realizada por la organización tanto del Hay Festival que tuvo lugar en Cartagena hace un par de meses como de Bogotá Capital Mundial del Libro 2007. El listado es, según sus organizadores, “el resultado de una amplia convocatoria a nivel latinoamericano en la que los lectores, las editoriales, los agentes literarios y los escritores mismos postulen a sus escritores candidatos menores de 39 años y, por supuesto, una ocasión para leer y dialogar con la narrativa latinomericana actual”.

Sin lugar a dudas, al prescribir un catálogo de autores una iniciativa de este tipo contribuye a la configuración de un canon de la narrativa contemporánea, a orientar a los lectores y a redefinir los intereses de la industria editorial. De igual manera, les da una mayor visibilidad a los 39 autores elegidos —de quienes se empezará a hablar mucho en los medios, lo cual hará que sus nombres empiecen a ser cada vez más familiares para los lectores y, por lo tanto, muy seguramente repercutirá sobre las ventas de sus libros— y puede terminar por ir condenando lentamente al olvido a los que se han quedado por fuera del listado.



A continuación reproduzco la información —bastante incompleta y no pocas veces imprecisa, por cierto— que publicó el periódico El Tiempo con respecto a cada uno de los 39 seleccionados:

- Andrés Neuman, de Argentina
30 años. Sus novelas Bariloche (1999) y Una vez Argentina (2003) fueron finalistas del Premio Herralde de Novela.

- Pedro Mairal, de Argentina
37 años. Publicó obras como Tigres como los pájaros (Mención Premio Fortabat), Una noche son Sabrina Love (Premio Clarín de Novela). Su última publicación, Consumidor final.


- Gonzalo Garcés, de Argentina
33 años. Dos novelas publicadas: Diciembre y Los impacientes, con la cual ganó el Premio Biblioteca Breve.


- Rodrigo Hasbún, de Bolivia
27 años. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Santa Cruz de la Sierra en 2002 y en 2006 publicó el libro titulado Cinco.


- Veronica Stigger, de Brasil
34 años. Su obra más exitosa es O trágico e otras comédias


- Santiago Nazarian, de Brasil
30 años. Ganador del Premio Fundación Conrado Wessel de Literatura en 2003 con su obra Olivio.


- Adriana Lisboa, de Brasil
37 años. Recibió el Premio José Saramago (2003, Portugal). Sus obras más importantes son: Os fios da memoria, Sinfonía en Bronco y Caligrafías.


- João Paulo Cuenca, de Brasil
29 años. Ha publicado novelas como Cuerpo presente (2003) y ha participado en antologías como Paralelos y Prosas cariocas, entre otras.


- Alejandro Zambra, de Chile
32 años. Poeta también, es autor de una primera novela titulada Bonsái publicada por Anagrama.


- Alvaro Visama, de Chile
32 años. Ha escrito Postales urbanas y Zona cero, ejerce como crítico literario para varios medios de comunicación de su país.


- Juan Gabriel Vásquez, de Colombia
34 años. Ha publicado tres novelas, entre ellas Los informantes, que ha comenzado a ser traducida en varios países.


- Antonio Ungar, de Colombia
30 años. Ha publicado un libro de relatos cortos, titulado Trece circos comunes, De ciertos animales tristes, Zanahorias voladoras y Las orejas del lobo.


- Ricardo Silva, de Colombia
32 años. Poeta, autor de teatro, ha publicado en narrativa: Relato de Navidad en la Gran Vía y Parece que va a llover.


- Pilar Quintana, de Colombia
35 años. Cosquillas de lengua fue su primera novela. Acaba de publicar Coleccionista de polvos raros.


- John Junieles, de Colombia
37 años. Ha publicado Papeles para iniciar el fuego, Temeré por mí al terminar estas líneas y Con la luz que me queda basta.


- Antonio García, de Colombia
35 años. Ganador del Premio Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos en el que trabajó un año con el escritor Mario Vargas Llosa. Ganador del Premio Rolex de Novela, ha escrito Su casa es mi casa y Recursos humanos.


- Karla Suárez, de Cuba
38 años. Su primera novela, Silencios, fue galardonada con el Quinto Premio de Lengua de Trapo.


- Ena Lucía Portela, de Cuba
35 años. Ha escrito El pájaro: pincel y tinta china; El viejo, el asesino y yo, Premio Juan Rulfo, entre otras obras.


- Rolando Menéndez, de Cuba
37 años. Ha escrito tres libros de relatos, Alguien se va lamiendo todo, premio David (de Cuba), El derecho al pataleo de los ahorcados, Premio Casa de las Américas y La piel de Inesa, Premio Lengua de Trapo Narrativa, entre otros premios.


- Wendy Guerra, de Cuba
37 años. También es poeta, ha publicado la novela Todos se van y ha participado en compilaciones de literatura dentro y fuera de Cuba.


- Leonardo Valencia, de Ecuador
38 años. Entre sus obras principales se cuentan El desterrado y La luna nómada.


- Gabriela Alemán, de Ecuador
39 años. Ha escrito En el país rosado, Maldito corazón, Zoom y el guión para teatro, Acróbata del hambre, entre otras obras


- Claudia Hernández, de El Salvador
32 años. Ha escrito Otras ciudades, Mediodía de frontera, Olvida uno. Es ganadora de los premios Juan Rulfo y Anne Seghers, este último en Alemania.


- Eduardo Halfon, de Guatemala
36 años. Algunas de sus obras son: El ángel literario, Esto no es una pipa y Saturno.


- Jorge Volpi, de México
39 años. Autor de A pesar del oscuro silencio, La paz de los sepulcros, El temperamento melancólico y ha sido ganador de los premios Biblioteca Breve, Deux Oceàns y Grizane Cavour.


- Guadalupe Nettel, de México
35 años. Ha escrito: Juegos de artificio y El huésped, entre otras obras. Ha sido galardonada con varios premios en México y Francia.


- Fabrizio Mejía Madrid, de México
39 años. Ha publicado obras como Viaje alrededor de mi padre, Pequeños actos de desobediencia y Entre las sábanas.


- Álvaro Enrigue, de México
38 años. Ha escrito: La muerte de un instalador, Hipotermia y Virtudes capitales, entre otras. Recibió el premio Joaquín Mortiz.


- Carlos Wynter Melo, de Panamá
36 años. Ganador del Premio Nacional de Cuento José María Sánchez, entre sus obras se encuentran: El escapista, Desnudo y otros cuentos.


- José Pérez Reyes, de Paraguay
34 años. Su obra más conocida, Ladrillos del tiempo, representa a la generación del 90, narradores surgidos después de la caída de la dictadura.

- Ivan Thays, de Perú
39 años. Ganó el Premio Príncipe Klauss de Holanda y fue finalista del Premio Rómulo Gallegos, de Venezuela, por la novela La disciplina de la vanidad.

- Santiago Roncagliolo, de Perú
32 años. Ha publicado la novela El Príncipe de los caimanes y, en el 2003 fue elegido como nuevo talento por la cadena de librerías FNAC. Con la novela Abril rojo recibió el premio Alfaguara en el 2006.

- Daniel Alarcón, de Perú
30 años. Su primer libro, Guerra a luz de las velas, fue finalista del premio Pen/Hemingway 2006. Su primera novela, Radio ausencia, será publicada en español en julio de 2007.

- Yolanda Arroyo, de Puerto Rico
37 años. Es autor de un libro de cuentos Origami de cuentos y de la novela Los documentados.


- Junot Díaz, de República Dominicana

39 años. Ha escrito Israel Drown, una colección de cuentos escritos en inglés y está escribiendo su primera novela, The Cheaters Guide to Love. Participó en el Encuentro Internacional de Escritores, Otras Literaturas, en el marco de Bogotá, Capital Mundial del Libro.


- Pablo Casacuberta, de Uruguay
38 años. Ha escrito Aquí y ahora, Ahora le toca al elefante, La parte de abajo de las cosas y Esta máquina roja, entre otras.

- Claudia Amengual, de Uruguay
38 años. Es autora de las novelas La Rosa de Jericó y Vendedor de escobas.


- Slavko Zupcic, de Venezuela
37 años. Ha recibido numerosos galardones, varios de ellos por ser también escritor para niños. Ha publicado Dragi sol, Vinko Spolovtiva ¿quién te mató? y 5831204: pizzas, pizzas, pizzas.

- Rodrigo Blanco Calderón, de Venezuela
26 años. Ganador del Concurso de autores inéditos de la editorial Monteavila, mención narrativa 2005, con el libro Una larga fila de nombres.

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fórmulas / la novelita romanticona

Publicado por admin el Abril - 27 - 2007 Comenta

Las historias pertenecientes a lo que llamo ‘la novelita romanticona’ se caracterizan por apelar a convenciones como la entrada del protagonista en una fase de crisis, la ruptura de éste con algunas de las personas más cercanas a él, el paso por un periodo de retiro en el que tomará decisiones determinantes y el encuentro con una persona cuya presencia le dará un nuevo sentido a su vida. Tal vez el rasgo más curioso de este tipo de novelas es que los amantes consuman su amor en París, contribuyendo a perpetuar el estereotipo que las novelitas y películas romanticonas han creado en el imaginario colectivo de que ésta es la ciudad de los enamorados—algo interesantísimo porque París es una ciudad con un aire melancólico, deprimente y desesperanzador—.

Hace un par de meses hice una entrada sobre titulada ‘París y la literatura‘ en la que escribí lo siguiente: “sólo en las novelitas cursis hay parejas de enamorados que se despiertan una mañana soleada en una suite de hotel cuyo balcón da hacia la Place Vendôme, desayunan pain au chocolat con café en una panadería atendida por su anciano y jovial propietario, luego salen a caminar cogidos de la mano por el Sena en dirección hacia la Torre Eiffel y después almuerzan une soupe à l’oignon y une crêpe sucrée en una terraza bajo las arcadas de la Place des Vosges, donde los atiende un camarero de silueta esbelta y una mirada de esas que atraviesa la ropa”.


Advierto una vez más que el modelo que propongo, al igual que cualquier otro, no es más que una simplificación a través de la cual intento identificar elementos comunes a un grupo de obras. En esta medida es apenas lógico que en el momento de examinar cualquier obra que intuyamos que podríamos clasificar dentro de la categoría de la novela romanticona, nos encontremos con que a ésta le faltan algunos de los elementos propuestos o bien con la necesidad de añadir algunos elementos que no están en el modelo.

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en españa los editores, las ventas y la crítica premian tres novelas

Publicado por admin el Abril - 26 - 2007 Comenta

Este anuncio aparecido en la edición del miércoles 18 del suplemento Culturas, del diario La Vanguardia, exhibe tres novelas que recientemente han recibido premios que suponen tres tipos de reconocimiento bastante distintos: en primer lugar, el VI Premio de novela de la Fundación José Manuel Lara Hernández —perteneciente al Grupo Planeta, al igual que el sello que edita la obra premiada en 2007— en el cual las doce principales editoriales españolas participan en la elección del ganador; en segundo lugar, el premio a la novela más vendida en 2006; y, por último, el premio a la novela con mejor acogida en la prensa especializada en ese mismo año.


En cada premio está claro cuál es el mérito que se está reconociendo y se asume que tanto en el de la Fundación José Manuel Lara Hernández como en el de la prensa especializada no hay presiones externas sobre los jurados y que éstos no han hecho pactos por debajo de la mesa. Debido a que premian obras publicadas, a que no los otorga ninguna editorial en particular y a que enuncian claramente cuál es el criterio para concederlos, al menos en principio estos tres premios parecen ser más transparentes que algunos otros —como el Biblioteca Breve— que por la calidad de las obras premiadas suscitan no pocas suspicacias.

A propósito de este tema, quisiera recomendar un blog que descubrí hace unos días. Se trata de Critical Mass, del comité de directores del National Book Critics Circle —una organización que desde hace varios años viene llamando la atención sobre la importancia de la transparencia en los criterios para otorgar los premios literarios—.

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‘publishing trends’, noticias y opinión sobre el cambiante mundo de la edición de libros

Publicado por admin el Abril - 25 - 2007 Comenta


Gracias a los datos sobre la industria editorial que aparecieron en el suplemento de libros de The New York Times del 15 de abril, la semana pasada descubrí una publicación bastante interesante llamada Publishing Trends. Aunque la mayoría de sus contenidos son puramente descriptivos y por lo tanto sólo sirven como información de referencia, pueden ayudar a hacerse una idea de la evolución del mercado editorial mundial —el archivo de la publicación es una herramienta de consulta valiosísima para buscar información específica e incluso puede llegar a ser un punto de partida para distintos tipos de proyectos de investigación—. De hecho, el slogan de Publishing Trends es “noticias y opinión sobre el cambiante mundo de la edición de libros”.


A partir de mis primeras consultas yo ya he logrado encontrar datos que además de orientarme, me han dado nuevas pistas para entender desde perspectivas que no se me habían ocurrido antes algunos temas a los que les vengo haciendo seguimiento desde hace un tiempo.

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los libros más vendidos en 2006 en españa

Publicado por admin el Abril - 24 - 2007 Comenta

El elemento que más me llamó la atención del cubrimiento que hizo ayer el diario El País de la celebración del Día del Libro es la publicación de un listado de los libros más vendidos en 2006 en España. Además de hacer una breve presentación de las ventas de cada una de las obras del listado, El País les pide a sus lectores que hagan una valoración de éstas mediante un sistema binario que funciona de la siguiente manera: ‘clic en la flecha que apunta hacia arriba’ = valoración positiva; ‘clic en la flecha que apunta hacia abajo’ = valoración negativa.

El sistema de valoración propuesto por El País en cierta medida es una forma de participación casi ilusoria y carente de peso que aunque tiene la virtud de la sencillez porque se basa en un simple clic, no dice mayor cosa con respecto a las opiniones del público y contribuye a darle más arraigo a la idea de que lo que no es blanco es negro.


Los aspectos que más me parecen destacables tanto del listado de los libros más vendidos en 2006 como de la valoración que hacen de ellos los lectores de El País son los siguientes:

- la presencia de cuatro novelas de Dan Brown: El código Da Vinci, Ángeles y demonios, La conspiración y La fortaleza digital
- la pésima valoración de las cuatro novelas de Dan Brown
- el predominio de novelas cuya argumento gira en torno a conspiraciones o a misterios asociados a la religión
- la presencia de varios libros de los cuales se han hecho adaptaciones cinematográficas recientemente —en el caso particular de Memorias de una geisha, que había sido un best seller hace unos años, las ventas se dispararon a raíz de la aparición de la película a principios de 2006—
- la larga permanencia de algunos de estos libros en la lista de los más vendidos
- la ausencia de libros pertenecientes a géneros literarios distintos de la novela

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sant jordi

Publicado por admin el Abril - 23 - 2007 1 Comentario

Hoy 23 de abril Cataluña celebra el Día de Sant Jordi, que es su patrón. Mientras que todo el mundo de habla hispana celebra el Día del idioma conmemorando la muerte de Cervantes —que casualmente coincide con la de Shakespeare—, los catalanes celebran Sant Jordi de una manera bastante curiosa: los hombres les regalan flores a las mujeres y éstas a cambio les regalan libros —una tradición que muchos consideran inequitativa y que con los años ha venido siendo revaluada—.

El Día de Sant Jordi tiene un valor simbólico enorme debido tanto al peso de la tradición como al despliegue comercial promovido por las librerías y por las editoriales. De hecho, el 23 de abril es el día de todo el año que más libros se venden en Cataluña.

El viernes pasado decidí hacerme por adelantado mi propio regalo de Sant Jordi. Como en este momento no tengo el tiempo para embarcarme en lecturas de largo aliento —no me gusta durar más de diez días leyendo un libro no sólo porque tengo la impresión de que si lo hago la intensidad del vínculo que establezco con él tenderá a ser menor, sino también porque con el paso del tiempo empiezo a perder la capacidad de recordar lo que he leído y de relacionarlo con otras cosas—, cuando fui a comprar mi regalo después de salir de la oficina opté por buscar libros que recojan textos cortos e independientes entre sí y que pueda leer antes de irme a dormir, mientras me tomo el café de los domingos en la mañana o en un paseo.

Estuve casi una hora en La Central de Mallorca antojándome de libros que ahora mismo no puedo leer por falta de tiempo pero como en el fondo sabía qué era lo que necesitaba, al cabo de un rato escogí los tres libros que me acompañarán durante las próximas semanas en mis ratos libres: América, de Norman Mailer; El Imperio, de Ryszard Kapuściński; y En Patagonia, de Bruce Chatwin. Sin buscarlo, escogí tres libros compuestos por textos que se encuentran en la frontera entre distintos géneros como la crónica periodística, el reportaje, el diario de viaje el periodismo literario.

Entre los muchos libros que me habría gustado comprar pero que no puedo leer en este momento, se encuentran los siguientes:

- La gran marcha, de E. L. Doctorow

- Primera nieve en el monte Fuji, de Yasunari Kawabata

- Pájaros a punto de volar, de Patricia Highsmith

- El maestro Juan Martínez que estaba allí, de Manuel Chaves Nogales

- Un relato policiaco, de Imre Kertész

- México, de Emilio Cecchi

- El quinto en discordia, de Robertson Davies

- Arthur & George, de Julian Barnes

- Siete cuentos fronterizos, de Georges Moustaki

Categorías: sant jordi
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lecturas de fin de semana [ 8 ] / polémica en torno a los best sellers

Publicado por admin el Abril - 22 - 2007 Comenta

En su artículo ‘El miedo al mercado’, el escritor Sergio Álvarez asume una polémica posición en la discusión que hace unos meses tuvo lugar en algunos medios colombianos con respecto al éxito en ventas de un par de best sellers escritos por periodistas locales cuyas aptitudes literarias han sido seriamente cuestionadas: la novela Sin tetas no hay paraíso, de Gustavo Bolívar, cuya adaptación en televisión escandalizó y fascinó al país; y el libro humorístico Los caballeros las prefieren brutas, de Isabella Santo Domingo —una más de esas caras bonitas que recurren a esa práctica tan frecuente en Colombia de hacer un par de tallercitos para acceder al título de ‘periodista’ y ‘actriz’, quitándole todo profesionalismo a ambas actividades—.

Al salir en defensa de los autores de best sellers, Álvarez —de cuya novela La lectora se hizo una adaptación en televisión después de que en su momento también fuera un best seller— termina poniendo su dedo en la llaga en la medida en que cuestiona esa rancia idea que está tan arraigada de que la literatura es un monopolio exclusivo de los intelectuales amantes de la alta cultura.

A continuación reproduzco el artículo publicado por Sergio Álvarez en la revista Semana.

El miedo al mercado

Durante todo el año pasado hubo un cruce de críticas entre varios intelectuales y los escritores de best sellers Gustavo Bolívar e Isabella Santo Domingo. ¿Vale la pena ensañarse con autores que hacen parte del mercado?

Por Sergio Álvarez

En Cultura, el patrimonio común de los europeos, un extenso y documentado libro publicado en español por la editorial Crítica, el año pasado, el historiador inglés Donald Sassoon afirma que “la cultura no es la sabiduría tradicional, ni la popular, ni una ciencia antropológica; es el conjunto de conocimientos, expresiones, productos de mercado, negocios, actividades profesionales que reúne a autores, editores, espectadores, artistas del entretenimiento y virtuosos de la vida pública”. Esta definición pone la dinámica del mercado capitalista dentro de los elementos necesarios para explicar lo que solemos entender por cultura y puede ser un buen referente para analizar las opiniones que han ido apareciendo en los medios colombianos sobre la sorpresiva dinámica que se está dando en el mundo editorial del país.

Hasta hace unos años, el libro en Colombia era un artículo de lujo, un objeto al que tenía acceso apenas una elite. Salvo la excepción de García Márquez y de los reportajes periodísticos de Germán Castro Caicedo, se publicaba para difundir un poco el trabajo o, simplemente, por prestigio. Sin embargo, con la masificación de la educación media y superior, con la mejora de los niveles de ingresos y con la entrada de las editoriales a un mercado global que se retroalimenta de la avasalladora capacidad de promoción de medios como el cine, la radio, el Internet, etc., el libro se ha convertido en un producto más dentro del mercado del consumo cultural del país.

Hoy día, habría que hacer una larga lista para nombrar a todos aquellos escritores y periodistas que han escrito libros relativamente exitosos y con volúmenes de ventas altos para el nivel de lectura del país e, incluso, han aparecido también en las librerías best sellers nacionales como Sin tetas no hay paraíso y Los caballeros las prefieren brutas. Estos dos textos han vendido decenas de miles de ejemplares y han salido de las fronteras nacionales para aventurarse en el mercado internacional. Los cambios parecen haber cogido mal parados a muchos intelectuales y escritores colombianos y la reacción ante un fenómeno tan natural e incluso tan tardío en lugar de ser positiva, o como mínimo ecuánime, ha sido una ofensiva brutal contra aquellos que consideran algo así como “escritores de segunda”.

En una polémica columna que tituló “Hampones literarios”, Héctor Abad se quejó de las grandes ventas de Sin tetas no hay paraíso y no sólo lo descalificó literariamente sino que se atrevió a llamarlo “libro lumpen”. Aunque la columna tenía la intención de alertar sobre las numerosas mentiras y omisiones que hay en algunos de los libros que se publican sobre la guerra colombiana, había también en ella frases que dejaban ver muchas de las confusiones que se presentan cuando se habla o se escribe sobre el tema del libro, el mercado y la literatura en Colombia.


Basura editorial


En una de las líneas de la columna, Abad distingue entre autores serios y basura editorial y se queja de que “la basura editorial” se compre “con voracidad”. Estaría muy bien saber qué es “basura editorial” y qué no lo es y, sobre todo, aclarar si un escritor como Abad debe ser el encargado de decidirlo. Porque tanto derecho tiene Abad a decir que hay libros que le parecen basura como tienen los editores de esos mismos libros a ponerlos en el mercado y los lectores a comprarlos y a emocionarse o decepcionarse con ellos. Así como está claro, supongo, que Abad sería feliz transformando la historia de la literatura y optando a un premio Nobel, también es cierto que la mayoría de editores tan sólo intentan mantener a flote sus empresas y que cada libro que venden para ellos no es “basura” sino una mercancía que como tal tiene un “valor”. Juzgar como basura a Coelho es desconocer la realidad del mundo editorial como industria y muestra una ingenuidad que uno no espera en las ideas y la actitud de un escritor “serio”.


El carácter sagrado del libro


En otro aparte de la columna Abad se queja de “esa vieja confianza ingenua en que aquello que se publica bajo forma de libro tiene que ser verdad”. Pero es de esa misma confianza ingenua de la que nace la idea de Abad de que sólo se deben publicar, vender o leer libros “serios”. Al fin de cuentas el libro es tan sólo un medio de difusión y es lógico que se use incluso para mentir, así como para ello se usan la radio, los periódicos y los demás medios de comunicación. Tratar de mantener vivo el carácter sagrado del libro nos retraería a los tiempos medievales en que los libros se hacían a mano y sólo los podían leer los monjes autorizados en los monasterios. Si algo necesita el mundo del libro y la cultura en Colombia es todo lo contrario: desmitificar los libros, popularizarlos, entender que no todo lo que se dice en ellos es cierto y convertirlos en objetos de uso y no en objetos de culto.


Los lectores incultos


En otra línea de la columna, Abad llama incultos a los lectores y los descalifica por no entender de ortografía, redacción o gramática. ¿Es descalificable un lector porque en lugar de juzgar la redacción de un texto se deja llevar por la historia que le están contando y se divierte al leerla? ¿Está bien que un autor “serio” se dedique a descalificar a quienes leen lo que les llama la atención? ¿No sería preferible que los autores “serios” en lugar de vivir amargados por las ventas ajenas se preguntaran por qué a veces los libros que escriben son tan aburridos y alejan a los lectores de las librerías? ¿No es una actitud feudal y retrógrada atribuirse el papel de censor y dedicarse a decir qué se debe leer y qué no e, incluso, atreverse a pasar de disertar sobre un tema a creer que se tiene la verdad sobre el mismo?

Este carácter feudal también hace una terrible aparición en una columna que Óscar Collazos publicó en el periódico El Tiempo para comentar el intento del ministro de Hacienda de retirar exenciones al cobro de los derechos de autor. “El único que hoy debería pagar retención en la fuente por la venta de setenta mil ejemplares de su obra, a razón de veinte mil pesos copia, sería el autor de Sin tetas no hay paraíso, el ‘novelista’ colombiano más exitoso después de García Márquez”. Las comillas de Collazos dejan claro que no considera a Bolívar un escritor e imagino que por eso se atreve a sugerir que sea crucificado por la Dirección Nacional de Impuestos por cometer el crimen de vender libros. Me gustaría saber si, en un país tan complicado como Colombia, Collazos se atrevería a publicar las ganancias millonarias de García Márquez o de Jorge Franco, autores que venden tanto o más que Bolívar, o si tendría el arrojo de sugerir que estos dos autores deberían también ser discriminados por sus ventas y pagar impuestos por haber conseguido cautivar a los lectores.


Los escritores las prefieren brutas


Pero si a Bolívar lo arrinconaron, a Isabella Santo Domingo no la trataron mejor y eso que Los caballeros las prefieren brutas es un texto bien escrito que además tiene un elemento que la mayoría de autores nacionales ni siquiera logra rozar: sentido del humor. En lugar de alegrarse de que el libro genere tantos lectores y ayude con sus ventas a editores, distribuidores y libreros, a Isabella la han descalificado porque además de ser periodista ejerce como actriz y presentadora de televisión. ¿Ser polifacético descalifica a un escritor? Estoy seguro de que no, pero aquí la industria cultural parece estar llena de perros guardianes que no quieren que entren extraños a la “elegante” casa. Como ejemplo de esta actitud transcribo apartes de una amarga columna que escribió Santiago Gamboa en la revista Cambio: “Y mi próximo libro será de una tía que esté muy/buena/presentadora de tv o actriz de pacotilla/me da igual/ lo importante es que esté buena y que narre/con gran poesía/como se la follaron sus compañeros de liceo en un/sillón reclinable, o su primer ‘oral’ en el/retrete de un bar”. Los versos no merecen comentario, pero dejan claro que en Colombia muchos escritores de tanto pastar cerca al Vaticano creen tener la infalibilidad del Papa y gustan de usar las maneras de los Borgia.


Libros, literatura y mercado


Y aunque todo el debate, o más bien las quejas, se presenta como una preocupación de carácter cultural, lo que en realidad hay es una enorme preocupación por las cifras de ventas y por el dinero que estas cifras representan. No conozco con exactitud las cifras de ventas de Collazos ni las de Abad ni las de Gamboa, pero estoy completamente seguro de que si se acercaran al menos un poco a las de Bolívar y Santo Domingo, sus “preocupaciones culturales” cesarían. Y es aquí donde aparece de nuevo otra contradicción que nuestros intelectuales no logran esclarecer. Durante muchos años y en medio de nuestro aislamiento y nuestro atraso cultural, en Colombia ha hecho carrera la idea de que el dinero ensucia el arte. Por eso, García Márquez, que es un genio del marketing, en lugar de decir: “escribo para vender millones de ejemplares” dice: “escribo para que mis amigos me quieran más”. Con el bien pensado eslogan vende más y al tiempo se cuida de aparecer como un escritor al que le preocupa el dinero.

El dinero no es malo ni es sucio ni complica la vida. Al contrario, la facilita, ayuda a que uno pueda hacer las investigaciones previas a los libros con medios suficientes y a que pueda escribir con tranquilidad el texto cuando llega el momento de convertir las ideas en palabras sobre el papel. Y, aunque suene demasiado evidente, es bueno decir que no son lo mismo el libro, la literatura y el mercado. El libro es tan sólo un medio de difusión que igual sirve para difundir a un gran poeta como para hacer el manual de manejo de un teléfono celular, la literatura es un trabajo artístico y el mercado, aunque interactúa con los libros y la literatura, es ajeno a ellos y se guía por leyes ligadas a la vida práctica y a la economía. Cien años de soledad es al mismo tiempo una gran obra literaria y un magnífico producto de consumo, pero es la excepción, no la norma. Mezclar libros, literatura y mercado en un solo mortero y empezar a machacar sin control sólo puede conducir a la confusión y a escribir columnas que se contradicen línea tras línea o que se sobrecargan de amargura.

La cultura se transforma, se democratiza…


Para cerrar es bueno decir que ya es hora de que Colombia se modernice un poco y que con ello tenga tanto las virtudes como los vicios del sistema al cual decidimos someternos. Ya que ninguno de los escritores que tanto se quejan del mercado se atreve siquiera a cuestionarlo bien harían en aceptar las reglas, respetarlas y jugar con grandeza dentro de ellas. En otras palabras, perderle el miedo al mercado. Para terminar, los dejo con una interesante frase del libro se Sassoon: “La cultura se transforma, se democratiza, se internacionaliza, pierde su perfil áulico y se vuelve plebeya. Lo que inicialmente era predio de una elite ahora lo es de una multitud; una multitud que por la gracia de la modernización ha accedido a un conocimiento y a una información que jamás nadie habría podido considerar. Ahora cada uno puede hacer una apropiación personal e íntima de la cultura y transformarla según su gusto y su juicio. La fidelidad a uno mismo se impone a la fidelidad de la tradición”.

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lecturas de fin de semana [ 7 ] / ‘la industria editorial, en punto muerto’

Publicado por admin el Abril - 21 - 2007 1 Comentario

Hace poco encontré en Sobre edición, el blog del editor venezolano Leroy Gutiérrez, un documento de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) —que reproduzco a continuación— acerca del estado actual del mercado editorial español, cuyo crecimiento parece haber disminuido durante los últimos años. El documento titulado ‘La industria editorial, en punto muerto’ describe brevemente el panorama actual de la estructura de la propiedad en el mercado editorial español, haciendo un énfasis particular en la participación de los grandes grupos multimedia en distintos sectores como la edición de libros y de diarios, la radio y la televisión.

La industria editorial, en punto muerto

La industria editorial en España, pese a ser el nuestro un mercado maduro, está por ‘explotari. En el quinto lugar del ‘ranking’ del sector de las editoriales en todo el mundo, después de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y China, las españolas, terceras en Europa por delante de Francia, son líderes en casi todos los países de Iberoamérica, su vía natural de expansión, por lo que, según los expertos, apremia salir a la conquista de nuevos mercados.
El reto es entrar en Estados Unidos. “El sector editorial español ha estado tradicionalmente muy internacionalizado. Primero, por el vínculo con América Latina y, luego, desde la integración en la Unión Europea con los países que la componen. La penetración en el mercado de EE.UU. ha sido siempre minoritaria y dificultosa”, explica José María Álvarez de Lara, profesor de Esade.Por ello, el motivo de mayor preocupación entre los empresarios del mundo editorial español en los últimos años ha sido, y sigue siendo, la falta de crecimiento continuado. La industria, dicen, está ampliamente consolidada, pero falta una clara y definitiva expansión. De hecho, el sector lleva estancado diez años, con un crecimiento anual del entorno del 1%, según los datos aportados por el último Estudio sobre Comercio Interior del Libro en España realizado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Durante el ejercicio pasado, facturó 2.933 millones de euros, un 1,8% más que en 2004. Rozó los 70.000 títulos editados (un 2,6% más que un año antes) y de los 321 millones de ejemplares editados se vendieron algo más de 230 millones, casi un 3% menos que en 2004.

Cosas por hacer

El presidente de la FGEE y del Grupo Santillana, Emiliano Martínez, explica que la causa del escaso crecimiento se debe a que el sector librero es ya un ‘mercado maduro’, y, si bien está ‘relativamente satisfecho’ con su evolución, faltan cosas por hacer. Por ejemplo, los expertos coinciden en que la reducción del canal de distribución más tradicional, el de las librerías, empobrece el servicio al ciudadano. “Es causa de preocupación la pérdida de presencia de las librerías tradicionales, que siguen cediendo terreno en su desigual batalla con las grandes cadenas y los hipermercados. Con todo, las librerías cuentan aún con un 48,8% de la cuota de mercado, si bien han cedido dos puntos”, apostilla el presidente de la FEGG.

”Una de las carencias más importantes de esta industria española es, sin duda, la falta de limitación de títulos editados, uno de los más altos en Europa con cerca de 70.000 anuales. Ahora bien, la disponibilidad de los productos en el mercado debido a una distribución muy fragmentada es la asignatura pendiente de esta industria”, añade el profesor de Esade.En la actualidad, existen en España más de 3.000 editoriales, de las que la gran mayoría son empresas medianas e independientes, y que dan empleo a un total de 3.746 personas. Cada año se abren en España una media de 200 editoriales, pero algunas no sobreviven ni un ejercicio desde su apertura, y ni tan siquiera llegan a publicar. Además, debido a la concentración editorial llevada a cabo en las últimas décadas, la distancia entre las consideradas grandes editoriales y el resto se ha incrementado. Del total, unas 400 empresas figuran como pequeñas editoriales, con siete empleados como media y una facturación de hasta 600.000 euros al año.

Entre el 2 y 2,5% del PIB

El peso económico del sector varía mucho dependiendo de qué tipo de empresas se mida. Por ejemplo, las 770 empresas —más de 400 de ellas pymes— agrupadas en la Federación Española de Gremios Editores de España (FGEE), movieron en 2005 —últimas cifras disponibles— un total de 4.000 millones de euros, lo que supone un 0,7% del PIB español. “Si bien se puede calcular que el conjunto de las industrias culturales representa entre un 7 y un 8% del PIB, el sector editorial de libros supone entre el 2 y el 2,5%. La participación en el PIB de las industrias culturales está creciendo tanto en España como en el resto de los países avanzados”, añade Álvarez de Lara.

Pero la base de la industria editorial española, al igual que en el resto del mundo, se sustenta en grandes grupos empresariales o ‘holding’. “Esta industria está básicamente estructurada alrededor de un 4% de empresas que representan el 65% de las ventas. Además, el 25% de las empresas pertenecen a un grupo o a un ‘holding’”, apunta el profesor Álvarez de Lara.El grupo Planeta encabeza la relación de grupos editoriales por cifra de ventas con empresas tales como Planeta, su socia italiana Planeta de Agostini, y Espasa Calpe, propiedad también de la primera. En esta relación se encuentra el grupo Bertelsmann con las empresa Círculo de Lectores y Random House Mondadori, y luego los grupos Santillana, Anaya y Océano.

Diversificar y especializarse

Los expertos opinan que si bien no se puede generalizar diciendo que el futuro de la industria editorial pasa por la diversificación del negocio —algunas, las no tan grandes, contemplan su futuro con éxito especializándose como por ejemplo el sector de la literatura, el de la edición científica y técnica o la edición jurídica—, a nadie se le escapa que los grandes grupos, tanto nacionales como internacionales, se han diversificado y continúan haciéndolo en sectores afines al de las industrias culturales, tales como la prensa, las revistas y el mercado audiovisual (cine y televisión).

El Grupo Planeta apostó desde sus inicios (se fundó en 1949) por la difusión internacional del libro. Hoy cuenta con una sólida red de editoriales en Iberoamérica y Portugal. Ejemplo de ello son la propia Editorial Planeta en Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela, Ecuador, México y USA; Emecé Editores en Argentina; Joaquín Mortiz en México y Dom Quixote en Portugal.

Además, dentro de la estrategia de erigirse como Grupo de Comunicación proveedor de contenidos a través de múltiples canales y soportes, el Grupo Planeta ha tomado participaciones en diversos medios de comunicación. Desde junio de 2003, junto a De Agostini, es el accionista de referencia del Grupo Antena 3, que incluye Antena 3 TV y la cadena de radio Onda Cero. Es accionista de referencia del diario La Razón y, junto al Grupo Godó, también del periódico catalán Avui, además del gratuito ADN.

El socio italiano de Planeta, Editorial Planeta DeAgostini, se constituyó en el año 1985 para centrarse en tres grandes áreas: los coleccionables, los productos interactivos —enciclopedias, cursos y obras infantiles en soporte electrónico—, y los cómics. Opera en España, Portugal, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Portugal, Uruguay y Venezuela.Pero el gran cambio le llegó con la llegada a su presidencia de Marco Drago, en 1997. El grupo De Agostini es propiedad de 30 familiares, incluido Drago, que posee en torno al 5,7% el capital. El año pasado logró la mitad de sus ingresos de la aseguradora Toro, que compró a Fiat en 2003 y que vendió en junio a Generali por unos 3.900 millones de euros. De Agostini también posee inversiones en medios de comunicación como Antena 3, y empresas de distribución de cine y DVD.

Su última ‘diversificación’ de negocio ha sido reciente: en octubre, adquiría Gtech Holdings, el primer fabricante de equipos de lotería del mundo, realizada a través de su filial Lottomatica.El grupo Bertelsmann se fundó en Alemania en 1835, a partir de una editorial familiar, pero muy pronto empezó a diversificarse hacia los medios de comunicación, la línea que siguen ahora las grandes del sector editorial. Sus propiedades engloban edición de prensa escrita, productoras de música y películas, servicios on-line y firmas editoriales. Es el gigante europeo de la comunicación y uno de los más grandes del mundo. En estos momentos, el grupo, con presencia en 50 países y más de 300 centros de negocio, opera en la Unión Europea (UE), Iberoamérica, Estados Unidos, África y Asia.

En España el grupo centra su actividad en el campo editorial, donde cuenta con Círculo de Lectores y el Grupo Editorial Bertelsmann (Plaza & Janés, Lumen, Mondadori, Debate, Grijalbo, etc). En el año 2000 Bertelsmann y el grupo Planeta fundaron DeBolsillo, quedándose Berstelmann con el control de la empresa un año más tarde. DeBolsillo fue lanzada en Santiago de Chile a través de la Editorial Sudamericana, propiedad del conglomerado alemán.

En cuanto al sector audiovisual controla RTL, la cadena de TV con base en Luxemburgo (22 cadenas de televisión y 18 de radio en toda Europa). A través de RTL el grupo participa en la cadena española de televisión Antena 3. Posee, además, una parte del canal de pago alemán Premiere; los también alemanes Club RTL, RTL2, Super RTL y Vox, el Canal 5 británico y los franceses M6 y TMC, entre otros.

Otra línea a seguir es la del Grupo Editorial Santillana, integrado por un conjunto de empresas que desarrollan su actividad en el área lingüística del español y del portugués. A lo largo de su existencia, el Grupo Santillana ha ido consolidando su especialización en la edición educativa, extendiéndola más allá de las fronteras españolas, con especial atención a Iberoamérica, donde el grupo es líder en el sector de libros para la enseñanza. Aunque en su origen el Grupo Santillana es netamente español, en la actualidad está presente con empresas propias en la práctica totalidad de los países de habla hispana, además de Portugal, Reino Unido, Brasil y Estados Unidos.

Desde marzo de 2000, el Grupo Santillana forma parte del Grupo Prisa, al que pertenecen, entre otros medios de comunicación, el diario El País. As, Cinco Días; la Cadena Ser; la entidad de televisión Sogecable, que incluye la televisión en abierto Cuatro y la plataforma de televisión digital vía satélite Digital+.

Diferente caso es el de los grupos Anaya y Océano, comprometidos al 100% con el mundo del libro. El Grupo Anaya, está integrado en el Grupo Lagardère desde enero de 2004. Entonces, tras la autorización de la Comisión Europea para la compra del 40% de Editis, antigua Vivendi Universal Publishing, por el Grupo Lagardère, Grupo Anaya, con José Manuel Gómez como presidente, queda integrado en la división Hachette Livre del mismo grupo.

Apoyo gubernamental

Y mientras los grandes grupos crecen y crecen, y se posicionan en el mercado exterior, las ‘otras’ esperan mayor apoyo gubernamental y de las diversas instituciones que afectan al sector.
En este sentido, ¿qué está haciendo el actual Gobierno para reforzar esta industria? Por su importancia y su influencia en el mundo cultural, todos los gobiernos, en mayor o menor medida, y con mayor o menor suerte, se han preocupado de la industria editorial. Para el profesor Álvarez de Lara “en cierta época fueron los incentivos a la exportación así como las subvenciones al consumo de papel las medidas tomadas para fomentar la actividad de esta industria, que si bien no tiene la importancia económica de otras, tiene más ‘glamour’”.

Con la recuperación de la democracia, los sucesivos gobiernos lanzaron diferentes planes de fomento a la lectura que conocieron éxitos diversos. Pero el debate permanente en el sector es el ‘precio fijo’, con argumentos convincentes tanto en un sentido como otro y con experiencias ajenas que dan elementos para la controversia. “Es cierto que, si bien el índice de lectura es bajo comparado con los países del norte de Europa, el número de lectores ha aumentado como consecuencia del incremento del nivel cultural del país”, analiza el profesor de Esade.

Para fomentar la presencia editorial española en el exterior, la FGEE y el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) han destinado este año un presupuesto de 1,8 millones de euros, que ha servido para participar en ferias en el extranjero, organizar misiones comerciales inversas de compradores de otros países y poner en marcha los planes del Libro en Español en Estados Unidos y de derechos en el Reino Unidos.

Tomado del boletín de noticias de CEGAL.

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