archivo del abril, 2007

Miércoles, abril 25, 2007 categorizado bajo edición, editores, tendencias del mercado editorial

‘publishing trends’, noticias y opinión sobre el cambiante mundo de la edición de libros


Gracias a los datos sobre la industria editorial que aparecieron en el suplemento de libros de The New York Times del 15 de abril, la semana pasada descubrí una publicación bastante interesante llamada Publishing Trends. Aunque la mayoría de sus contenidos son puramente descriptivos y por lo tanto sólo sirven como información de referencia, pueden ayudar a hacerse una idea de la evolución del mercado editorial mundial —el archivo de la publicación es una herramienta de consulta valiosísima para buscar información específica e incluso puede llegar a ser un punto de partida para distintos tipos de proyectos de investigación—. De hecho, el slogan de Publishing Trends es “noticias y opinión sobre el cambiante mundo de la edición de libros”.


A partir de mis primeras consultas yo ya he logrado encontrar datos que además de orientarme, me han dado nuevas pistas para entender desde perspectivas que no se me habían ocurrido antes algunos temas a los que les vengo haciendo seguimiento desde hace un tiempo.

Martes, abril 24, 2007 categorizado bajo best sellers

los libros más vendidos en 2006 en españa

El elemento que más me llamó la atención del cubrimiento que hizo ayer el diario El País de la celebración del Día del Libro es la publicación de un listado de los libros más vendidos en 2006 en España. Además de hacer una breve presentación de las ventas de cada una de las obras del listado, El País les pide a sus lectores que hagan una valoración de éstas mediante un sistema binario que funciona de la siguiente manera: ‘clic en la flecha que apunta hacia arriba’ = valoración positiva; ‘clic en la flecha que apunta hacia abajo’ = valoración negativa.

El sistema de valoración propuesto por El País en cierta medida es una forma de participación casi ilusoria y carente de peso que aunque tiene la virtud de la sencillez porque se basa en un simple clic, no dice mayor cosa con respecto a las opiniones del público y contribuye a darle más arraigo a la idea de que lo que no es blanco es negro.


Los aspectos que más me parecen destacables tanto del listado de los libros más vendidos en 2006 como de la valoración que hacen de ellos los lectores de El País son los siguientes:

- la presencia de cuatro novelas de Dan Brown: El código Da Vinci, Ángeles y demonios, La conspiración y La fortaleza digital
- la pésima valoración de las cuatro novelas de Dan Brown
- el predominio de novelas cuya argumento gira en torno a conspiraciones o a misterios asociados a la religión
- la presencia de varios libros de los cuales se han hecho adaptaciones cinematográficas recientemente —en el caso particular de Memorias de una geisha, que había sido un best seller hace unos años, las ventas se dispararon a raíz de la aparición de la película a principios de 2006—
- la larga permanencia de algunos de estos libros en la lista de los más vendidos
- la ausencia de libros pertenecientes a géneros literarios distintos de la novela

Lunes, abril 23, 2007 categorizado bajo sant jordi

sant jordi

Hoy 23 de abril Cataluña celebra el Día de Sant Jordi, que es su patrón. Mientras que todo el mundo de habla hispana celebra el Día del idioma conmemorando la muerte de Cervantes —que casualmente coincide con la de Shakespeare—, los catalanes celebran Sant Jordi de una manera bastante curiosa: los hombres les regalan flores a las mujeres y éstas a cambio les regalan libros —una tradición que muchos consideran inequitativa y que con los años ha venido siendo revaluada—.

El Día de Sant Jordi tiene un valor simbólico enorme debido tanto al peso de la tradición como al despliegue comercial promovido por las librerías y por las editoriales. De hecho, el 23 de abril es el día de todo el año que más libros se venden en Cataluña.

El viernes pasado decidí hacerme por adelantado mi propio regalo de Sant Jordi. Como en este momento no tengo el tiempo para embarcarme en lecturas de largo aliento —no me gusta durar más de diez días leyendo un libro no sólo porque tengo la impresión de que si lo hago la intensidad del vínculo que establezco con él tenderá a ser menor, sino también porque con el paso del tiempo empiezo a perder la capacidad de recordar lo que he leído y de relacionarlo con otras cosas—, cuando fui a comprar mi regalo después de salir de la oficina opté por buscar libros que recojan textos cortos e independientes entre sí y que pueda leer antes de irme a dormir, mientras me tomo el café de los domingos en la mañana o en un paseo.

Estuve casi una hora en La Central de Mallorca antojándome de libros que ahora mismo no puedo leer por falta de tiempo pero como en el fondo sabía qué era lo que necesitaba, al cabo de un rato escogí los tres libros que me acompañarán durante las próximas semanas en mis ratos libres: América, de Norman Mailer; El Imperio, de Ryszard Kapuściński; y En Patagonia, de Bruce Chatwin. Sin buscarlo, escogí tres libros compuestos por textos que se encuentran en la frontera entre distintos géneros como la crónica periodística, el reportaje, el diario de viaje el periodismo literario.

Entre los muchos libros que me habría gustado comprar pero que no puedo leer en este momento, se encuentran los siguientes:

- La gran marcha, de E. L. Doctorow

- Primera nieve en el monte Fuji, de Yasunari Kawabata

- Pájaros a punto de volar, de Patricia Highsmith

- El maestro Juan Martínez que estaba allí, de Manuel Chaves Nogales

- Un relato policiaco, de Imre Kertész

- México, de Emilio Cecchi

- El quinto en discordia, de Robertson Davies

- Arthur & George, de Julian Barnes

- Siete cuentos fronterizos, de Georges Moustaki

lecturas de fin de semana [ 8 ] / polémica en torno a los best sellers

En su artículo ‘El miedo al mercado’, el escritor Sergio Álvarez asume una polémica posición en la discusión que hace unos meses tuvo lugar en algunos medios colombianos con respecto al éxito en ventas de un par de best sellers escritos por periodistas locales cuyas aptitudes literarias han sido seriamente cuestionadas: la novela Sin tetas no hay paraíso, de Gustavo Bolívar, cuya adaptación en televisión escandalizó y fascinó al país; y el libro humorístico Los caballeros las prefieren brutas, de Isabella Santo Domingo —una más de esas caras bonitas que recurren a esa práctica tan frecuente en Colombia de hacer un par de tallercitos para acceder al título de ‘periodista’ y ‘actriz’, quitándole todo profesionalismo a ambas actividades—.

Al salir en defensa de los autores de best sellers, Álvarez —de cuya novela La lectora se hizo una adaptación en televisión después de que en su momento también fuera un best seller— termina poniendo su dedo en la llaga en la medida en que cuestiona esa rancia idea que está tan arraigada de que la literatura es un monopolio exclusivo de los intelectuales amantes de la alta cultura.

A continuación reproduzco el artículo publicado por Sergio Álvarez en la revista Semana.

El miedo al mercado

Durante todo el año pasado hubo un cruce de críticas entre varios intelectuales y los escritores de best sellers Gustavo Bolívar e Isabella Santo Domingo. ¿Vale la pena ensañarse con autores que hacen parte del mercado?

Por Sergio Álvarez

En Cultura, el patrimonio común de los europeos, un extenso y documentado libro publicado en español por la editorial Crítica, el año pasado, el historiador inglés Donald Sassoon afirma que “la cultura no es la sabiduría tradicional, ni la popular, ni una ciencia antropológica; es el conjunto de conocimientos, expresiones, productos de mercado, negocios, actividades profesionales que reúne a autores, editores, espectadores, artistas del entretenimiento y virtuosos de la vida pública”. Esta definición pone la dinámica del mercado capitalista dentro de los elementos necesarios para explicar lo que solemos entender por cultura y puede ser un buen referente para analizar las opiniones que han ido apareciendo en los medios colombianos sobre la sorpresiva dinámica que se está dando en el mundo editorial del país.

Hasta hace unos años, el libro en Colombia era un artículo de lujo, un objeto al que tenía acceso apenas una elite. Salvo la excepción de García Márquez y de los reportajes periodísticos de Germán Castro Caicedo, se publicaba para difundir un poco el trabajo o, simplemente, por prestigio. Sin embargo, con la masificación de la educación media y superior, con la mejora de los niveles de ingresos y con la entrada de las editoriales a un mercado global que se retroalimenta de la avasalladora capacidad de promoción de medios como el cine, la radio, el Internet, etc., el libro se ha convertido en un producto más dentro del mercado del consumo cultural del país.

Hoy día, habría que hacer una larga lista para nombrar a todos aquellos escritores y periodistas que han escrito libros relativamente exitosos y con volúmenes de ventas altos para el nivel de lectura del país e, incluso, han aparecido también en las librerías best sellers nacionales como Sin tetas no hay paraíso y Los caballeros las prefieren brutas. Estos dos textos han vendido decenas de miles de ejemplares y han salido de las fronteras nacionales para aventurarse en el mercado internacional. Los cambios parecen haber cogido mal parados a muchos intelectuales y escritores colombianos y la reacción ante un fenómeno tan natural e incluso tan tardío en lugar de ser positiva, o como mínimo ecuánime, ha sido una ofensiva brutal contra aquellos que consideran algo así como “escritores de segunda”.

En una polémica columna que tituló “Hampones literarios”, Héctor Abad se quejó de las grandes ventas de Sin tetas no hay paraíso y no sólo lo descalificó literariamente sino que se atrevió a llamarlo “libro lumpen”. Aunque la columna tenía la intención de alertar sobre las numerosas mentiras y omisiones que hay en algunos de los libros que se publican sobre la guerra colombiana, había también en ella frases que dejaban ver muchas de las confusiones que se presentan cuando se habla o se escribe sobre el tema del libro, el mercado y la literatura en Colombia.


Basura editorial


En una de las líneas de la columna, Abad distingue entre autores serios y basura editorial y se queja de que “la basura editorial” se compre “con voracidad”. Estaría muy bien saber qué es “basura editorial” y qué no lo es y, sobre todo, aclarar si un escritor como Abad debe ser el encargado de decidirlo. Porque tanto derecho tiene Abad a decir que hay libros que le parecen basura como tienen los editores de esos mismos libros a ponerlos en el mercado y los lectores a comprarlos y a emocionarse o decepcionarse con ellos. Así como está claro, supongo, que Abad sería feliz transformando la historia de la literatura y optando a un premio Nobel, también es cierto que la mayoría de editores tan sólo intentan mantener a flote sus empresas y que cada libro que venden para ellos no es “basura” sino una mercancía que como tal tiene un “valor”. Juzgar como basura a Coelho es desconocer la realidad del mundo editorial como industria y muestra una ingenuidad que uno no espera en las ideas y la actitud de un escritor “serio”.


El carácter sagrado del libro


En otro aparte de la columna Abad se queja de “esa vieja confianza ingenua en que aquello que se publica bajo forma de libro tiene que ser verdad”. Pero es de esa misma confianza ingenua de la que nace la idea de Abad de que sólo se deben publicar, vender o leer libros “serios”. Al fin de cuentas el libro es tan sólo un medio de difusión y es lógico que se use incluso para mentir, así como para ello se usan la radio, los periódicos y los demás medios de comunicación. Tratar de mantener vivo el carácter sagrado del libro nos retraería a los tiempos medievales en que los libros se hacían a mano y sólo los podían leer los monjes autorizados en los monasterios. Si algo necesita el mundo del libro y la cultura en Colombia es todo lo contrario: desmitificar los libros, popularizarlos, entender que no todo lo que se dice en ellos es cierto y convertirlos en objetos de uso y no en objetos de culto.


Los lectores incultos


En otra línea de la columna, Abad llama incultos a los lectores y los descalifica por no entender de ortografía, redacción o gramática. ¿Es descalificable un lector porque en lugar de juzgar la redacción de un texto se deja llevar por la historia que le están contando y se divierte al leerla? ¿Está bien que un autor “serio” se dedique a descalificar a quienes leen lo que les llama la atención? ¿No sería preferible que los autores “serios” en lugar de vivir amargados por las ventas ajenas se preguntaran por qué a veces los libros que escriben son tan aburridos y alejan a los lectores de las librerías? ¿No es una actitud feudal y retrógrada atribuirse el papel de censor y dedicarse a decir qué se debe leer y qué no e, incluso, atreverse a pasar de disertar sobre un tema a creer que se tiene la verdad sobre el mismo?

Este carácter feudal también hace una terrible aparición en una columna que Óscar Collazos publicó en el periódico El Tiempo para comentar el intento del ministro de Hacienda de retirar exenciones al cobro de los derechos de autor. “El único que hoy debería pagar retención en la fuente por la venta de setenta mil ejemplares de su obra, a razón de veinte mil pesos copia, sería el autor de Sin tetas no hay paraíso, el ‘novelista’ colombiano más exitoso después de García Márquez”. Las comillas de Collazos dejan claro que no considera a Bolívar un escritor e imagino que por eso se atreve a sugerir que sea crucificado por la Dirección Nacional de Impuestos por cometer el crimen de vender libros. Me gustaría saber si, en un país tan complicado como Colombia, Collazos se atrevería a publicar las ganancias millonarias de García Márquez o de Jorge Franco, autores que venden tanto o más que Bolívar, o si tendría el arrojo de sugerir que estos dos autores deberían también ser discriminados por sus ventas y pagar impuestos por haber conseguido cautivar a los lectores.


Los escritores las prefieren brutas


Pero si a Bolívar lo arrinconaron, a Isabella Santo Domingo no la trataron mejor y eso que Los caballeros las prefieren brutas es un texto bien escrito que además tiene un elemento que la mayoría de autores nacionales ni siquiera logra rozar: sentido del humor. En lugar de alegrarse de que el libro genere tantos lectores y ayude con sus ventas a editores, distribuidores y libreros, a Isabella la han descalificado porque además de ser periodista ejerce como actriz y presentadora de televisión. ¿Ser polifacético descalifica a un escritor? Estoy seguro de que no, pero aquí la industria cultural parece estar llena de perros guardianes que no quieren que entren extraños a la “elegante” casa. Como ejemplo de esta actitud transcribo apartes de una amarga columna que escribió Santiago Gamboa en la revista Cambio: “Y mi próximo libro será de una tía que esté muy/buena/presentadora de tv o actriz de pacotilla/me da igual/ lo importante es que esté buena y que narre/con gran poesía/como se la follaron sus compañeros de liceo en un/sillón reclinable, o su primer ‘oral’ en el/retrete de un bar”. Los versos no merecen comentario, pero dejan claro que en Colombia muchos escritores de tanto pastar cerca al Vaticano creen tener la infalibilidad del Papa y gustan de usar las maneras de los Borgia.


Libros, literatura y mercado


Y aunque todo el debate, o más bien las quejas, se presenta como una preocupación de carácter cultural, lo que en realidad hay es una enorme preocupación por las cifras de ventas y por el dinero que estas cifras representan. No conozco con exactitud las cifras de ventas de Collazos ni las de Abad ni las de Gamboa, pero estoy completamente seguro de que si se acercaran al menos un poco a las de Bolívar y Santo Domingo, sus “preocupaciones culturales” cesarían. Y es aquí donde aparece de nuevo otra contradicción que nuestros intelectuales no logran esclarecer. Durante muchos años y en medio de nuestro aislamiento y nuestro atraso cultural, en Colombia ha hecho carrera la idea de que el dinero ensucia el arte. Por eso, García Márquez, que es un genio del marketing, en lugar de decir: “escribo para vender millones de ejemplares” dice: “escribo para que mis amigos me quieran más”. Con el bien pensado eslogan vende más y al tiempo se cuida de aparecer como un escritor al que le preocupa el dinero.

El dinero no es malo ni es sucio ni complica la vida. Al contrario, la facilita, ayuda a que uno pueda hacer las investigaciones previas a los libros con medios suficientes y a que pueda escribir con tranquilidad el texto cuando llega el momento de convertir las ideas en palabras sobre el papel. Y, aunque suene demasiado evidente, es bueno decir que no son lo mismo el libro, la literatura y el mercado. El libro es tan sólo un medio de difusión que igual sirve para difundir a un gran poeta como para hacer el manual de manejo de un teléfono celular, la literatura es un trabajo artístico y el mercado, aunque interactúa con los libros y la literatura, es ajeno a ellos y se guía por leyes ligadas a la vida práctica y a la economía. Cien años de soledad es al mismo tiempo una gran obra literaria y un magnífico producto de consumo, pero es la excepción, no la norma. Mezclar libros, literatura y mercado en un solo mortero y empezar a machacar sin control sólo puede conducir a la confusión y a escribir columnas que se contradicen línea tras línea o que se sobrecargan de amargura.

La cultura se transforma, se democratiza…


Para cerrar es bueno decir que ya es hora de que Colombia se modernice un poco y que con ello tenga tanto las virtudes como los vicios del sistema al cual decidimos someternos. Ya que ninguno de los escritores que tanto se quejan del mercado se atreve siquiera a cuestionarlo bien harían en aceptar las reglas, respetarlas y jugar con grandeza dentro de ellas. En otras palabras, perderle el miedo al mercado. Para terminar, los dejo con una interesante frase del libro se Sassoon: “La cultura se transforma, se democratiza, se internacionaliza, pierde su perfil áulico y se vuelve plebeya. Lo que inicialmente era predio de una elite ahora lo es de una multitud; una multitud que por la gracia de la modernización ha accedido a un conocimiento y a una información que jamás nadie habría podido considerar. Ahora cada uno puede hacer una apropiación personal e íntima de la cultura y transformarla según su gusto y su juicio. La fidelidad a uno mismo se impone a la fidelidad de la tradición”.

Sábado, abril 21, 2007 categorizado bajo concentración, edición, editores, lecturas de fin de semana

lecturas de fin de semana [ 7 ] / ‘la industria editorial, en punto muerto’

Hace poco encontré en Sobre edición, el blog del editor venezolano Leroy Gutiérrez, un documento de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) —que reproduzco a continuación— acerca del estado actual del mercado editorial español, cuyo crecimiento parece haber disminuido durante los últimos años. El documento titulado ‘La industria editorial, en punto muerto’ describe brevemente el panorama actual de la estructura de la propiedad en el mercado editorial español, haciendo un énfasis particular en la participación de los grandes grupos multimedia en distintos sectores como la edición de libros y de diarios, la radio y la televisión.

La industria editorial, en punto muerto

La industria editorial en España, pese a ser el nuestro un mercado maduro, está por ‘explotari. En el quinto lugar del ‘ranking’ del sector de las editoriales en todo el mundo, después de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y China, las españolas, terceras en Europa por delante de Francia, son líderes en casi todos los países de Iberoamérica, su vía natural de expansión, por lo que, según los expertos, apremia salir a la conquista de nuevos mercados.
El reto es entrar en Estados Unidos. “El sector editorial español ha estado tradicionalmente muy internacionalizado. Primero, por el vínculo con América Latina y, luego, desde la integración en la Unión Europea con los países que la componen. La penetración en el mercado de EE.UU. ha sido siempre minoritaria y dificultosa”, explica José María Álvarez de Lara, profesor de Esade.Por ello, el motivo de mayor preocupación entre los empresarios del mundo editorial español en los últimos años ha sido, y sigue siendo, la falta de crecimiento continuado. La industria, dicen, está ampliamente consolidada, pero falta una clara y definitiva expansión. De hecho, el sector lleva estancado diez años, con un crecimiento anual del entorno del 1%, según los datos aportados por el último Estudio sobre Comercio Interior del Libro en España realizado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE). Durante el ejercicio pasado, facturó 2.933 millones de euros, un 1,8% más que en 2004. Rozó los 70.000 títulos editados (un 2,6% más que un año antes) y de los 321 millones de ejemplares editados se vendieron algo más de 230 millones, casi un 3% menos que en 2004.

Cosas por hacer

El presidente de la FGEE y del Grupo Santillana, Emiliano Martínez, explica que la causa del escaso crecimiento se debe a que el sector librero es ya un ‘mercado maduro’, y, si bien está ‘relativamente satisfecho’ con su evolución, faltan cosas por hacer. Por ejemplo, los expertos coinciden en que la reducción del canal de distribución más tradicional, el de las librerías, empobrece el servicio al ciudadano. “Es causa de preocupación la pérdida de presencia de las librerías tradicionales, que siguen cediendo terreno en su desigual batalla con las grandes cadenas y los hipermercados. Con todo, las librerías cuentan aún con un 48,8% de la cuota de mercado, si bien han cedido dos puntos”, apostilla el presidente de la FEGG.

”Una de las carencias más importantes de esta industria española es, sin duda, la falta de limitación de títulos editados, uno de los más altos en Europa con cerca de 70.000 anuales. Ahora bien, la disponibilidad de los productos en el mercado debido a una distribución muy fragmentada es la asignatura pendiente de esta industria”, añade el profesor de Esade.En la actualidad, existen en España más de 3.000 editoriales, de las que la gran mayoría son empresas medianas e independientes, y que dan empleo a un total de 3.746 personas. Cada año se abren en España una media de 200 editoriales, pero algunas no sobreviven ni un ejercicio desde su apertura, y ni tan siquiera llegan a publicar. Además, debido a la concentración editorial llevada a cabo en las últimas décadas, la distancia entre las consideradas grandes editoriales y el resto se ha incrementado. Del total, unas 400 empresas figuran como pequeñas editoriales, con siete empleados como media y una facturación de hasta 600.000 euros al año.

Entre el 2 y 2,5% del PIB

El peso económico del sector varía mucho dependiendo de qué tipo de empresas se mida. Por ejemplo, las 770 empresas —más de 400 de ellas pymes— agrupadas en la Federación Española de Gremios Editores de España (FGEE), movieron en 2005 —últimas cifras disponibles— un total de 4.000 millones de euros, lo que supone un 0,7% del PIB español. “Si bien se puede calcular que el conjunto de las industrias culturales representa entre un 7 y un 8% del PIB, el sector editorial de libros supone entre el 2 y el 2,5%. La participación en el PIB de las industrias culturales está creciendo tanto en España como en el resto de los países avanzados”, añade Álvarez de Lara.

Pero la base de la industria editorial española, al igual que en el resto del mundo, se sustenta en grandes grupos empresariales o ‘holding’. “Esta industria está básicamente estructurada alrededor de un 4% de empresas que representan el 65% de las ventas. Además, el 25% de las empresas pertenecen a un grupo o a un ‘holding’”, apunta el profesor Álvarez de Lara.El grupo Planeta encabeza la relación de grupos editoriales por cifra de ventas con empresas tales como Planeta, su socia italiana Planeta de Agostini, y Espasa Calpe, propiedad también de la primera. En esta relación se encuentra el grupo Bertelsmann con las empresa Círculo de Lectores y Random House Mondadori, y luego los grupos Santillana, Anaya y Océano.

Diversificar y especializarse

Los expertos opinan que si bien no se puede generalizar diciendo que el futuro de la industria editorial pasa por la diversificación del negocio —algunas, las no tan grandes, contemplan su futuro con éxito especializándose como por ejemplo el sector de la literatura, el de la edición científica y técnica o la edición jurídica—, a nadie se le escapa que los grandes grupos, tanto nacionales como internacionales, se han diversificado y continúan haciéndolo en sectores afines al de las industrias culturales, tales como la prensa, las revistas y el mercado audiovisual (cine y televisión).

El Grupo Planeta apostó desde sus inicios (se fundó en 1949) por la difusión internacional del libro. Hoy cuenta con una sólida red de editoriales en Iberoamérica y Portugal. Ejemplo de ello son la propia Editorial Planeta en Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela, Ecuador, México y USA; Emecé Editores en Argentina; Joaquín Mortiz en México y Dom Quixote en Portugal.

Además, dentro de la estrategia de erigirse como Grupo de Comunicación proveedor de contenidos a través de múltiples canales y soportes, el Grupo Planeta ha tomado participaciones en diversos medios de comunicación. Desde junio de 2003, junto a De Agostini, es el accionista de referencia del Grupo Antena 3, que incluye Antena 3 TV y la cadena de radio Onda Cero. Es accionista de referencia del diario La Razón y, junto al Grupo Godó, también del periódico catalán Avui, además del gratuito ADN.

El socio italiano de Planeta, Editorial Planeta DeAgostini, se constituyó en el año 1985 para centrarse en tres grandes áreas: los coleccionables, los productos interactivos —enciclopedias, cursos y obras infantiles en soporte electrónico—, y los cómics. Opera en España, Portugal, Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Portugal, Uruguay y Venezuela.Pero el gran cambio le llegó con la llegada a su presidencia de Marco Drago, en 1997. El grupo De Agostini es propiedad de 30 familiares, incluido Drago, que posee en torno al 5,7% el capital. El año pasado logró la mitad de sus ingresos de la aseguradora Toro, que compró a Fiat en 2003 y que vendió en junio a Generali por unos 3.900 millones de euros. De Agostini también posee inversiones en medios de comunicación como Antena 3, y empresas de distribución de cine y DVD.

Su última ‘diversificación’ de negocio ha sido reciente: en octubre, adquiría Gtech Holdings, el primer fabricante de equipos de lotería del mundo, realizada a través de su filial Lottomatica.El grupo Bertelsmann se fundó en Alemania en 1835, a partir de una editorial familiar, pero muy pronto empezó a diversificarse hacia los medios de comunicación, la línea que siguen ahora las grandes del sector editorial. Sus propiedades engloban edición de prensa escrita, productoras de música y películas, servicios on-line y firmas editoriales. Es el gigante europeo de la comunicación y uno de los más grandes del mundo. En estos momentos, el grupo, con presencia en 50 países y más de 300 centros de negocio, opera en la Unión Europea (UE), Iberoamérica, Estados Unidos, África y Asia.

En España el grupo centra su actividad en el campo editorial, donde cuenta con Círculo de Lectores y el Grupo Editorial Bertelsmann (Plaza & Janés, Lumen, Mondadori, Debate, Grijalbo, etc). En el año 2000 Bertelsmann y el grupo Planeta fundaron DeBolsillo, quedándose Berstelmann con el control de la empresa un año más tarde. DeBolsillo fue lanzada en Santiago de Chile a través de la Editorial Sudamericana, propiedad del conglomerado alemán.

En cuanto al sector audiovisual controla RTL, la cadena de TV con base en Luxemburgo (22 cadenas de televisión y 18 de radio en toda Europa). A través de RTL el grupo participa en la cadena española de televisión Antena 3. Posee, además, una parte del canal de pago alemán Premiere; los también alemanes Club RTL, RTL2, Super RTL y Vox, el Canal 5 británico y los franceses M6 y TMC, entre otros.

Otra línea a seguir es la del Grupo Editorial Santillana, integrado por un conjunto de empresas que desarrollan su actividad en el área lingüística del español y del portugués. A lo largo de su existencia, el Grupo Santillana ha ido consolidando su especialización en la edición educativa, extendiéndola más allá de las fronteras españolas, con especial atención a Iberoamérica, donde el grupo es líder en el sector de libros para la enseñanza. Aunque en su origen el Grupo Santillana es netamente español, en la actualidad está presente con empresas propias en la práctica totalidad de los países de habla hispana, además de Portugal, Reino Unido, Brasil y Estados Unidos.

Desde marzo de 2000, el Grupo Santillana forma parte del Grupo Prisa, al que pertenecen, entre otros medios de comunicación, el diario El País. As, Cinco Días; la Cadena Ser; la entidad de televisión Sogecable, que incluye la televisión en abierto Cuatro y la plataforma de televisión digital vía satélite Digital+.

Diferente caso es el de los grupos Anaya y Océano, comprometidos al 100% con el mundo del libro. El Grupo Anaya, está integrado en el Grupo Lagardère desde enero de 2004. Entonces, tras la autorización de la Comisión Europea para la compra del 40% de Editis, antigua Vivendi Universal Publishing, por el Grupo Lagardère, Grupo Anaya, con José Manuel Gómez como presidente, queda integrado en la división Hachette Livre del mismo grupo.

Apoyo gubernamental

Y mientras los grandes grupos crecen y crecen, y se posicionan en el mercado exterior, las ‘otras’ esperan mayor apoyo gubernamental y de las diversas instituciones que afectan al sector.
En este sentido, ¿qué está haciendo el actual Gobierno para reforzar esta industria? Por su importancia y su influencia en el mundo cultural, todos los gobiernos, en mayor o menor medida, y con mayor o menor suerte, se han preocupado de la industria editorial. Para el profesor Álvarez de Lara “en cierta época fueron los incentivos a la exportación así como las subvenciones al consumo de papel las medidas tomadas para fomentar la actividad de esta industria, que si bien no tiene la importancia económica de otras, tiene más ‘glamour’”.

Con la recuperación de la democracia, los sucesivos gobiernos lanzaron diferentes planes de fomento a la lectura que conocieron éxitos diversos. Pero el debate permanente en el sector es el ‘precio fijo’, con argumentos convincentes tanto en un sentido como otro y con experiencias ajenas que dan elementos para la controversia. “Es cierto que, si bien el índice de lectura es bajo comparado con los países del norte de Europa, el número de lectores ha aumentado como consecuencia del incremento del nivel cultural del país”, analiza el profesor de Esade.

Para fomentar la presencia editorial española en el exterior, la FGEE y el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) han destinado este año un presupuesto de 1,8 millones de euros, que ha servido para participar en ferias en el extranjero, organizar misiones comerciales inversas de compradores de otros países y poner en marcha los planes del Libro en Español en Estados Unidos y de derechos en el Reino Unidos.

Tomado del boletín de noticias de CEGAL.

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