archivo del Septiembre, 2007

Sábado, Septiembre 8, 2007 categorizado bajo lecturas de fin de semana, literatura colombiana, literatura contemporánea

lecturas de fin de semana [ 45 ] / ‘más best seller que gran literatura’

Tal vez la investigadora y escritora Luz Mary Giraldo sea la persona que ha hecho los estudios más rigurosos y sistemáticos sobre la evolución de la narrativa colombiana contemporánea y el estado de ésta en distintos momentos. Entre sus trabajos sobre este tema se destacan los estudios Narrativa colombiana: búsqueda de un nuevo canon y Fin de siglo. Narrativa colombiana, así como las antologías de relatos Nuevo cuento colombiano. 1975-1995, Cuentos de fin de siglo, Cuentos caníbales, Ellas cuentan y Cuentos y relatos de la literatura colombiana.


A continuación reproduzco un interesante artículo bastante crítico a propósito de los rasgos que caracterizan la escritura de los autores jóvenes colombianos que escribió Luz Mary a propósito de Bogotá 39 y que fue publicado en la edición de esta semana de la revista Cambio.


Más best seller que gran literatura

Por Luz Mary Giraldo

Es frecuente oír, sobre todo a través de los medios, que la literatura colombiana “goza de buena salud” porque es exitosa en publicidad y ventas. La reciente convocatoria al encuentro internacional de escritores llamado Bogotá 39, realizada por la Secretaría Distrital de Cultura y Hay Festival, obedeciendo al reconocimiento de la UNESCO a Bogotá como Capital Mundial del Libro, de manera particular propuso, quizá caprichosamente, reunir autores menores de 39 años de diversos países de Latinoamérica, para tomarle el pulso a la literatura. Fue evidente la ausencia de poetas, dramaturgos o ensayistas, confirmando así la hegemonía de un género que muchos aprovechan para hacer de su biografía materia literaria, antes que asumir el carácter reflexivo, crítico o meditativo que exigirían los otros géneros o autores.


Sin duda el encuentro fue interesante: escritores con mayor o menor número de publicaciones no solo tuvieron la oportunidad de conocerse entre sí sino la de presentarse en diversos escenarios y ante distintos públicos, dejando ver inquietudes comunes y manifestando algunos claridad sobre cómo, por qué, para qué y sobre qué escriben. Si se hiciera un balance más amplio de lo que está pasando en la literatura colombiana, es necesario reconocer la existencia de los otros géneros e ir más allá de las edades de unos autores.


Si tomamos como paradigma el boom narrativo latinoamericano que en la década de los 60 definió la literatura a partir de unos autores claramente comprometidos con las ideas revolucionarias de entonces, es claro percibir en ellos conciencia de la historia, necesidad de buscar y experimentar nuevos lenguajes, de construir ficciones a partir de realidades concernientes a todos, y de reconocerse en sus propios países y ante el mundo. Estimulados por lectores universitarios, traductores y críticos y, según señalaron autorizados escritores y estudiosos, fueron inicialmente convocados por una destacada editora y un notable escritor, a partir del deseo de internacionalizar la novela latinoamericana, agregando también que era necesario aprovechar el vacío literario que había en Europa y Norteamérica. Como a las fiestas, encuentros o congresos no fueron invitados todos los autores, algunos de los “desconocidos” no sólo vivieron la injusticia poética, sino hicieron un silencioso camino, mientras otros contando con más fortuna han logrado, especialmente en los espacios académicos o gracias a lectores rigurosos, ser rescatados del olvido.


En el caso colombiano, Gabriel García Márquez (autor del boom) y Álvaro Mutis son definidos como figuras tutelares de la narrativa colombiana. La crítica o sus lectores no vacilan en aceptar de manera reverencial sus escritos. Dolorosamente algunos de sus contemporáneos no han logrado o no lograron merecido reconocimiento nacional o internacional. Mirando las últimas décadas, es necesario subrayar que en Colombia existen, como en Latinoamérica, autores que deslindados del boom o del macondismo, se dieron a la tarea de explorar en la vida y la experiencia de la ciudad y sus individuos, en la historia y sus procesos, en las diversas formas de pensamiento y escritura, llegando a ser, como lo dijera a mediados de los 70 y vaticinadoramente el crítico uruguayo Ángel Rama, “contestatarios del poder”. Críticas e irreverentes, sus ficciones no siempre apelan a un lector corriente ni hacen concesiones: participan de la crisis de la modernidad y les corresponde vivir el desencanto de las utopías, lo que claramente se percibe en esas obras que indagantes reflejan nexos con la tradición, experimentan e ironizan, expresan la interioridad y juegan con diversos recursos que les permitan la creación de entes de lenguaje y seres de ficción.


Con el paso del tiempo a algunos interesa menos lo experimental y acuden a relatos que reflejan la tensión y el estado alarmante de nuestra realidad y cultura, haciendo señalamientos a la crisis de valores y del lenguaje. Si el cine europeo neorrealista y existencialista incidía en las visiones de mundo de los anteriores, el periodismo, la literatura negra, el llamado realismo sucio, el vértigo del cine contemporáneo, la música en sus variantes del rock o del pop, la cibernética, la velocidad, entre muchas de las formas actuales de expresión, rigen su cotidianía y sus expresiones literarias.


Con pocas excepciones, los menores de 39 y otros “mayorcitos”, llamados “hijos de los hippies” por uno de los invitados al último encuentro, responden en general al espíritu del presente: renuncian a los grandes pensamientos y a las exploraciones estilísticas. Escépticos antes que desencantados, exponen la realidad desde su experiencia o biografía, al apelar a temas destacados por el periodismo rojo o amarillista, contribuyendo así al interés de la cultura masiva que las editoriales y los medios facilitan en búsqueda de un mercado en el que lo que importa es lo que se vende.



Todo autor quisiera ser best seller. Pero no a todos los autores les interesa hoy escribir la obra literaria. En la perversa ley del mercado es más importante lo que más venda, situación problemática si define políticas culturales cuando no se cuestiona si todo lo que brilla es oro. Me viene a la memoria un comentario que le oí hace varios años a una reconocida escritora, cuando afirmó que quería hacer una literatura no para la posteridad sino para vivir más que decorosamente, así fuera escribiendo guiones para telenovelas o seriados, o relatos sobre temas que llamaran la atención de un público amplio. Optó por lo último y le va muy bien. Recuerdo, también, lo que en alguna mesa redonda de escritores de diversa trayectoria, afirmara hace un tiempo uno de los autores que asistió a Bogotá 39: “a mí me gusta escribir y si eso da billete, mejor todavía”. Juzguen los lectores. Esto sucede hoy cuando otros autores nuestros y de otros contextos conservan una actitud contestataria radical y no hacen pactos con la sociedad de consumo

pronto en españa las benévolas [les bienveillantes], de jonathan littell

Tras haber publicado una novela de ciencia ficción en 1989, un escritor dedica cinco años a una investigación para terminar escribiendo en sólo 112 días una novela de 904 páginas publicada en 2006 en la célebre colección blanca de Gallimard que no sólo se convierte en el fenómeno editorial del año en Francia, sino que también gana el Prix Goncourt y el Grand Prix du roman de l’Académie française —Gran premio de novela de la Academia francesa—. Se trata de una novela titulada Les Bienveillantes, cuyo autor es un desconocido escritor norteamericano llamado Jonathan Littell.

Sí. Una novela escrita en francés por un autor norteamericano ha recibido los dos premios más importantes de “la república de las letras”.


Al parecer el argumento de la novela gira en torno a los recuerdos de Maximilien Aue con respecto a su participación como oficial de la SS en las masacres perpetradas por ésta años atrás. Se dice que el éxito del libro tiene que ver, entre otras cosas, con el creciente interés que suscitan desde hace un tiempo las obras relacionadas con los criminales nazis. Supongo que además la novela debe ser sobresaliente en términos de calidad literaria —la historia, el manejo del lenguaje, la organización de los hechos y el ritmo narrativo del relato—.


Como recientemente distintos medios han anunciado que en octubre la editorial RBA lanzará en España la traducción de Les Bienveillantes bajo el título de Las benévolas, me pregunto una vez más si el revuelo que se produjo en los medios, la buena acogida de la crítica, los premios recibidos y el excelente desempeño en ventas de la novela de Littell sean suficientes para que el éxito que ésta tuvo en Francia se reproduzca en España.

Jueves, Septiembre 6, 2007 categorizado bajo best sellers, librerías, novedades editoriales

de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 6 ]

Ayer en la tarde decidí aprovechar que estamos en la época de los nuevos lanzamientos editoriales para retomar el ejercicio de visitar algunas librerías para echarle un ojo a lo que hay sobre las mesas de novedades. Como queda justo al lado de mi oficina, me pareció que lo más fácil era empezar por La Central de Mallorca.


Librería: La Central de Mallorca

Fecha: miércoles 5 de septiembre de 2007 (5.44 p.m.)

Algunos libros de la mesa de novedades:


- Así que Usted comprenderá, de Claudio Magris


- Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas


- Cuentos contados dos veces, de Nathaniel Hawthorne


- La carretera, de Cormac McCarthy


- Salir a robar caballos, de Per Peterson


- ¿Quién me defenderá de la belleza?, de Stendhal


- El cor és un caçador solitari, de Carson McCullers


- Cuentos, de Ernest Hemingway


- Lo puro y lo impuro, de Colette


- La desaparición de Majorana, de Leonardo Sciacia


- Lo que ya no recuerdo y otros cuentos, de Valeria Parrella


- El corazón es un cazador solitario y Reflejos en un ojo dorado, de Carson McCullers


- Una educación incompleta, de Evelyn Waugh


- Tarabas, de Jospeh Roth


- Diarios y Exégesis de los lugares comunes, de Léon Bloy


- La camisa, de Yevgueni Grishkovets


- Ahora es el momento, de Tom Spanbauer


- Ravel, de Jean Echenoz


- Flores azules, de Raymond Queneau


- M/T y la historia de las maravillas del bosque, de Kenzaburo Oé


- Diarios de la calle, de Erin Gruwell y Freedom Writters


- Amor en clima frío y A la caza del amor, de Nancy Mitford


- Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie


- El quinto en discordia, de Robertson Davies


- Goodbye, Columbus, de Philip Roth


- Todavía tú, de María Tena


- Corazón mestizo, de Pedro Juan Gutiérrez


- La pesca del salmón, de Paul Tordey


- Ronda nocturna, de Mijaíl Kuráyev


- Ningún dios a la vista, de Altaf Tyrewala


- Vida de motel, de Willy Vlautin


- El hombre del salto, de Don DeLillo


- El quinto en discordia, de Robertson Davies


- Ayer no te vi en Babilonia, de António Lobo Antunes


- El príncipe negro, de Iris Murdoch


- Pura anarquía, de Woody Allen


Hay dos aspectos que me llaman la atención de esta selección: por un lado, la presencia de muchos libros que dejaron de ser novedades hace un tiempo —lo cual sugiere una visión a mediano y largo plazo en las recomendaciones de la librería—; y, por el otro lado, que los autores españoles brillan por su ausencia una diferencia fundamental con Francia, donde sería inadmisible una mesa de novedades con una escasa presencia de autores franceses.


Debo decir que me emociona muchísimo que La Central destaque las reediciones de El corazón es un cazador solitario y Reflejos en un ojo dorado, de Carson McCullers.

Miércoles, Septiembre 5, 2007 categorizado bajo literatura contemporánea, ventas de libros

¿cómo elegimos lo que leemos?

Planteo en otros términos una pregunta que había hecho en una entrada anterior titulada titulada “decision making: leer tal o cual cosa“: ¿cuáles son las múltiples razones que nos llevan a elegir los libros que leemos? Para mí en un principio las que más pesan son el nombre del autor, el género, el tema y la editorial del libro. Por otro lado, de manera subordinada en ciertos momentos pueden llegar a tener cierta importancia otras variables como el diseño de la carátula o el nombre del traductor.


Me aventuro a sugerir algunas razones que —según el momento y en muchas ocasiones combinadas entre sí— pueden incidir en mayor o en menor medida sobre nuestra decisión de leer un libro:


- que esté en la mesa de novedades de las librerías


- que esté en la lista de los libros más vendidos


- que por todas partes todo el mundo hable de él —es decir, que forme parte de la conversación en un
momento dado—


- que oigamos hablar de él en los medios de comunicación —que son una instancia prescriptora de opinión—


- que alguien cercano en cuyo criterio confiamos nos lo recomiende


- que sea un requisito en el ámbito académico o laboral


- el nombre del autor


- el tema


- el género


- la editorial que lo publica


- el precio


- el título


- la existencia de una presión externa para leerlo —particularmente cuando es un regalo o cuando es el autor mismo quien ha recomendado leerlo—


- la necesidad de entretenimiento


- el diseño de la carátula


- la realización de una película basada en él


- el nombre del traductor


- la falta de otra cosa que hacer


- un capricho


- un impulso inexplicable


- … y otras miles razones que se les ocurran a ustedes


En la universidad cuando iba en la mitad de la carrera de Literatura se me ocurrió que si me aventuraba a leer libros de los que no tuviera ninguna referencia era probable que terminara descubriendo autores y libros que me gustaran. El dinero que siempre me regalaba mi papá para que me fuera de compras a la Feria del Libro ese año me lo gasté en varios libritos que me llamaron la atención pero con respecto a los que no sabía absolutamente nada.


Los libros que compré y las razones por las que lo hice son las siguientes:


- La mujer que se estrellaba contra las puertas, de Roddy Doyle —el título y la carátula me gustaron—.


- Qui pro quo, de Gesualdo Bufalino —el nombre del autor me sonó atractivo—.


- Triste, solitario y final, de Osvaldo Soriano —había visto el nombre del autor en un artículo Mempo
Giardinelli, cuyos libros me gustaban mucho en ese momento—.


- ¿Cric? – ¡crac!, de Edwidge Danticat —debido a la discriminación positiva me llamaba la atención leer a una mujer negra e inmigrante en Estados Unidos—.


- Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina —estaba en promoción—.


Una motivación adicional en todos los casos salvo en el de Plenilunio era que los libros formaban parte del catálogo de la colección La otra orilla, de Norma, que desde hacía un tiempo venía haciendo una apuesta interesantísima al editar autores y libros que ninguna otra editorial se atrevía a publicar en ese momento en Colombia y en la que, además, se estaban haciendo muchas traducciones —lo cual marcaba y sigue marcando una diferencia fundamental con las filiales colombianas de Planeta y Alfaguara—. Además de los autores mencionados, en su momento Norma publicó a Rubem Fonseca, a Raymond Carver, a Ben Okri, a T. C. Boyle, a Alessandro Baricco, a Michael Cunnigham, a Bruce Chatwin, a Guillermo Arriaga, a Mempo Giardinelli, a Joseph Brodsky, a Daniel Pennac, a Nicholas Shakespeare y a algunos escritores colombianos muy buenos como Tomás González y Antonio Ungar.


El balance de este experimento es el siguiente:


- La mujer que se estrellaba contra las puertas me fascinó y actualmente es uno de mis libros favoritos. Luego leí dos novelas más de Doyle —El renacuajo y Paddy Clarke ja ja— que también me gustaron aunque mucho menos.


- Qui pro quo me pareció pesadísimo.


- Triste, solitario y final me divirtió un montón e hizo que me dieran ganas de leer a Raymond Chandler y otra novela de Soriano llamada Una sombra ya pronto serás.


- ¿Cric? – ¡crac! me aburrió e hizo que me diera pereza volver a leer a Danticat.


- Plenilunio me tuvo enganchado durante tres días y me motivó a seguir leyendo a Muñoz Molina —pero creo que actualmente no me gustaría mucho—.


Hoy en día me gustaría hacer un experimento similar al que hice cuando tenía 22 años pero en vista de que el tiempo es escaso y de que mi trabajo como lector de manuscritos me obliga a invertir bastante tiempo leyendo cosas que no valen la pena, aplico la máxima de Henry David Thoreau: ‘lee los mejores libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos’.

Martes, Septiembre 4, 2007 categorizado bajo edición, editores, editores independientes, novedades editoriales

novedades editoriales en españa [ 3 ] / libros del asteroide

Libros del Asteroidea cuyo editor entrevisté hace unos meses— es una editorial que cumple con creces su objetivo de publicar libros fundamentales de la literatura del siglo XX no disponibles en castellano. El trabajo de Libros del Asteroide se caracteriza tanto por la configuración de un catálogo compuesto por textos de muy buena calidad como por el cuidado puesto en las traducciones, en los prólogos y en la producción editorial —que es impecable—. El Premi Llibreter concedido a El quinto en discordia, de Robertson Davis es un justo reconocimiento a la labor de esta editorial, así como el hecho de que ya se hayan hecho varias ediciones de la mayor parte de sus libros.


Durante lo que queda del año Libros del Asteroide publicará los siguientes títulos —que espero que resulten ser descubrimientos tan gratos como los otros libros de su catálogo que he leído hasta ahora:


- La hierba amarga, de Marga Minco (septiembre 3)


- La hoja plegada, de William Maxwell —el mismo de Vinieron como golondrinas, que tanto me gustó— (septiembre 17)


- El hombre perro, de Yoram Kaniuk (octubre 8)


- Lluvia negra, de Masuji Ibuse (octubre 29)


- El delator, Liam O’Flaherty (noviembre 19)

*

Actualización [ 14 de septiembre de 2007 ]

Acabo de recibir información sobre otra novedad interesante de Libros del Asteroide para este otoño:

- Van venir com orenetes (traducción al catalán de Vinieron como golondrinas), de William Maxwell

sarko y la espectacularización del ámbito de lo literario en "la república de las letras"

¿Quién habría dicho que el fenómeno de la espectacularización del ámbito de lo literario se tomaría “la República de las letras”? En la rentrée littéraire de este año el fenómeno tiene nombre de mujer: Yasmina Reza.

Resulta que esta reputada dramaturga pasó toda la pasada campaña electoral al lado del entonces candidato y hoy presidente Nicolas Sarkozy para luego escribir un relato titulado L’aube, le soir ou la nuit (El alba, la tarde o la noche) que la directora de Flammarion —el sello que lo publica—tildó de “muy literario”. La polémica no podría ser mayor: en un momento en el que la sociedad francesa tiende cada vez más a la división política, una escritora decide meterse en el showbiz en el que se ha convertido la política ensalzando mediante un conmovedor relato a la figura que recientemente ha contribuido de manera más significativa a profundizar dicha división.

Al respecto Pierre Assouline escribió el pasado 19 de agosto en su blog La république des livres en una entrada titulada “Crónica de un éxito anunciado” que ‘pasa que ciertos libros nos llegan precedidos no del ruido que hacen sino del que harán y uno no ve entonces salvo lo que será juzgado por los implicados como una catástrofe natural (tsunami, huelga general prolongada, Jonathan Littell…), lo cual podría sustraerlos de un éxito buscado, prometido, anunciado’.

La intriga en torno a L’aube, le soir ou la nuit ha sido total. Flammarion no ha cedido adelantos del manuscrito ni a periodistas ni a medios de comunicación. François Busnel se refiere en el editorial de la edición de septiembre de la revista Lire a aquel libro del que ‘ninguna “prueba” (esas versiones encuadernadas rústicamente de los manuscritos sobre los cuales trabajamos antes de su publicación) ha circulado durante el verano. Aquel del que, incluso en Lire (porque la autora nos parecía una verdadera escritora), queríamos dar cuenta pero del que nos decían en su editorial que no estaría listo antes del último minuto’.

Dice Busnel en el editorial de La guía de la rentrée littéraire que ‘nadie ha leído nada del libro pero todo el mundo habla de él. Recordemos el desastroso lanzamiento de La posibilidad de una isla, de Houellebecq (desastroso porque no obtuvo el premio deseado a pesar de una campaña sobre la que escribimos aquí que era digna de un paquete de jabón de ropa en un súper mercado’.

En una entrada anterior ya me había referido a todo el ruido que se generó alrededor del lanzamiento de La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq. En este caso todo es muy distinto porque la espectacularización de los ámbitos de lo literario y de lo político se han fusionado en torno a la siniestra figura de Sarko.

Aunque en un principio pueda sonar a broma, no es descabellada la pregunta que plantea Busnel en el editorial de La guía de la rentrée littéraire: ‘¿conseguirá Nicolas Sarkozy el Goncourt?’

lecturas de fin de semana [ 45 ] / editorial de la guía de la rentrée littéraire, de la revista lire

Por fin tengo en mis manos La guía de la rentrée littéraire, publicada en asociación por la revista Lire y las tiendas Virgin Megastore y Furet du Nord. Reproduzco el principio del editorial que escribió para este especial François Busnel, director de la redacción de la revista.

Editorial

A partir de ahora es un ritual: cada año, al llegar la rentrée littéraire, Lire se asocia con las tiendas Virgin Megastore y Furet du Nord para guiar al público en la jungla de las nuevas publicaciones. Para empezar, unas palabras sobre esta famosa “jungla”: ¡dejemos de lamentarnos! La abundancia —más de 700 nuevas novelas en dos meses— nunca perjudica y hay que estar bien hastiado para quejarse de que se publica demasiado en Francia en un momento en el que lo escrito tiene dificultades para ocupar el lugar que debería ser el suyo. Por supuesto muchos de estos libros no encontrarán su público en este lapso de tiempo reducido que llamamos la rentrée littéraire, esa excepción francesa de la que fingimos no admitir que está en el origen de no pocos males. Porque, ¿qué es una rentrée littéraire? Una gigantesca feria en la que los editores publican todo y cualquier cosa —quiero decir: obras maestras y estofados grotescos—, en la que se han hecho correr los rumores más locos, en la que todos los golpes están permitidos, en la que todo el mundo se lanza en una temible bronca cuya apuesta sólo tiene un nombre: Goncourt.

Sábado, Septiembre 1, 2007 categorizado bajo ficción breve, lecturas de fin de semana

lecturas de fin de semana [ 44 ] / "el microrrelato es la quintaesencia narrativa"

Reproduzco la siguiente entrevista a José María Merino, publicada en la edición de hoy de Babelia, a propósito de la publicación de su antología de microrrelatos La glorieta de los fugitivos.

“El microrrelato es la quintaesencia narrativa”

Winston Manrique Sabogal 01/09/2007


Los minicuentos brotan en todo el mundo. Son un redescubrimiento que ensancha la literatura a través de la experimentación. José María Merino es uno de los mejores exponentes de este arte que promete la máxima intensidad en la mínima extensión. Piezas escurridizas que basan su éxito en el movimiento. La Patagonia se prepara para el V Congreso Internacional de Minificción 2008.


Entre las estanterías de libros asoma un hombre vestido de marinero que enciende un cigarrillo, escoltado por un sol rojizo y perfecto. Es la herencia más disputada en casa de José María Merino (León, 1941). Un póster de Corto Maltés que compró el escritor en los años cincuenta cuando leía cómics como éste, y que lo acompaña en su despacho.


De azul marino, como Corto Maltés, está vestido este poeta, novelista y cuentista que abre la temporada literaria con La glorieta de los fugitivos (Páginas de Espuma), una antología y varios inéditos de un género que ahora germina por todos lados: el microrrelato. Un universo que Merino muestra en esta entrevista en la que recuerda cómo estas piezas han pasado de puntillas por la historia de la literatura y para la mayoría de los lectores. Pero practicada por muchos de los grandes escritores como vía de experimentación y ampliación de los territorios literarios. De fronteras movedizas, lo que sí rodea a este género es una comparsa de alegres nombres que encabezan microrrelato, minicuento y minificciones, mientras le siguen minihistorias, cuentines, cuentos cuánticos, nanocuentos, cuentos bonsái… Y por la vida que llevan dentro bien podrían ser pigmeocuentos.


PREGUNTA. ¿Por dónde llegó a los predios del microrrelato?


RESPUESTA. Por el camino del experimento. El microrrelato abre nuevas posibilidades expresivas. Posee una relación inversamente proporcional entre extensión e intensidad. Yo, que escribo novela y cuento, sé que este género lleva esa regla a sus últimos términos. Mucha intensidad en poquísima extensión. Los primeros microrrelatos que hice fueron de encargo. Hubo un libro estupendo de Alfonso Fernández Ferrer, La mano de la hormiga, de hace unos 15 años, y me invitó a que le escribiera tres. Y descubrí ese mundo.


P. ¿Les dio muchas vueltas?


R. Pues sí. Aquello no es el esquema cortito de un cuento más largo. Tiene que ser en sí mismo el cuento exacto. Luego colaboré en la radio con cuentos de dos minutos sobre una noticia. Es un género que ofrece oportunidades de expresión que no están en otro sitio. Es una tradición antigua y de todas las culturas.


P. Pero es en el siglo XX cuando empieza a salir del anonimato.


R. Es a partir del simbolismo y el modernismo. En lengua española el papel de Rubén Darío y Julio Torri es fundamental, son los primeros experimentadores, por herencia del simbolismo francés. Con sus pequeños poemas en prosa descubrieron que en breve espacio se podía hacer algo inhabitual.


P. ¿Cómo descubrir el néctar de la narración?


R. Si aciertas. Hay gente que piensa que en el microrrelato vale cualquier cosa. Pero el hecho de que un texto de ficción sea breve no quiere decir que sea un microrrelato. Tiene que tener sustancia, movimiento, por poquito que sea. Por supuesto que está muy cercano al aforismo, a la poesía, pero con movimiento. Es una quintaesencia narrativa, capaz de moverse y cambiar desde el principio hasta el fin. Ofrece una mudanza.


P. ¿Dónde estaría la frontera con la greguería, el aforismo o las frases lapidarias?


R. El movimiento es lo que lo distingue, y una cierta voluntad metaliteraria. Hay un libro de Marco Denevi de relatos eróticos (El jardín de las delicias. Mitos eróticos) que son juegos y juegos, y vueltas y revueltas sobre temas clásicos. Lo que significa que necesita a veces un lector refinado, enterado.


P. Fuera del ámbito hispánico ¿de dónde proviene este renacer?


R. Tiene mucha relación con Kafka porque, dentro de la cultura del siglo XX, él descubre unos textos breves, intensos y misteriosos. Microcuentos antiguos que tienen que ver con la anécdota tradicional. Luego da una pequeña vuelta para ser más sintético. Otra característica es que el microrrelato deja al lector una parte importantísima del trabajo.


P. Lo involucra para que termine la historia.


R. ¡Claro! Eso también es un tema del cuento. Quizá tal vez tenga menos lectores que la novela porque obliga a colaborar mucho. Eso es lo gozoso de un buen cuento, lo que tú pones de tu parte. Pero eso al lector común no le hace mucha gracia. Él pide que le expliquen todo.


P. Aunque corre el riesgo de ser demasiado especializado.


R. Está llegando a ser muy intraliterario. Me hace gracia cuando a veces escucho en algún congreso -que está habiendo muchos- que hay relatos sobre relatos sobre relatos. Es para gente lectora. Por eso muchas veces se hacen concursos de microrrelatos y aparecen textos que indican que ese autor nunca ha escrito un microrrelato en su vida. No sabe lo que es. Muchos piensan que la brevedad lleva implícito este género. Y que el valor está en lo breve.


P. Son como primos del haiku o la greguería.


R. Hay haikus y greguerías que son microrrelatos, pero no todos. El año pasado en el congreso de Neuchátel (Suiza) hubo severas discusiones para identificarlo y describirlo. Pero es el lector quien lo identifica. Tú lo lees y dices: “¡Qué bonito!, aquí hay narración e historia en poquísimo espacio. Tiene gracia, es original”. Pero la originalidad no quiere decir que sea un microrrelato. Uno de los problemas de la denominación viene en la dificultad ontológica, del propio ser. La verdad es que no sabemos. Podemos decir que son pequeñas piezas escurridizas.


P. España empezó a vivir a finales del siglo pasado un auge del cuento y en este siglo del microrrelato. ¿A qué atribuye este renacer?


R. Aquí existe el cuento porque hay unos cuantos que nos empeñamos. Al fin y al cabo llevamos 800 años escribiendo. Esa tradición está ahí. Los editores apuestan por el cuento pero no con la franqueza que con la novela, al tiempo que los lectores la prefieren. Tal vez a partir de mi generación, porque la gran generación del cuento español fue la de los cincuenta, la de Jesús Fernández Santos, Ignacio Aldecoa, Medardo Fraile o Carmen Martín Gaite; y luego hubo más pero no tan acendradamente dedicados al cuento. Lo de mi generación es sorprendente porque Luis Mateo Díez o Juan José Millás y yo, le dedicamos al cuento mucho interés. Es a partir de la transición que parece haber una vuelta al cuento.


P. ¿Y del microrrelato?


R. Se puso de moda por El dinosaurio, de Augusto Monterroso. La gente empezó a mirar esto de la brevedad
de otra manera. Produjo una cantidad de textos absurdos, como en todo, pero bienvenido. En España ha habido gente explorando en ese territorio de tiempo atrás como Gonzalo Suárez, Javier Tomeo o Millás. Donde hay un gran interés es en Latinoamérica. Hay un renacer en todas partes, hasta en Nueva Zelanda.


P. ¿Es verdad que el cuento es apropiado para estos tiempos de prisas? ¿Y el minicuento?


R. Es un tópico. Para disfrutar de la literatura hay que tener una formación. Y el lector común no es formado en el cuento, porque por las cosas que no enseña, que no descubre, requiere un lector con gusto que descubra y aprecie en pocas páginas algo que le encanta. Un buen microrrelato es imborrable.


P. Como la pintura o la escultura, el placer de mirar y volver para observar y contemplar.


R. Algo así. Porque aunque se requiera poco tiempo para leer, lo que sí necesita detrás es un lector formado. Es como el poema, porque si fuera por tiempo todo el mundo tendría que leer poesía, pero no es así. Yo defiendo que en el sistema educativo la formación literaria debería jugar con el cuento. Ése es un gran camino para formar el gusto literario.


P. Además la minificción suele tocar temas atractivos como ese espacio fronterizo del sueño.


R. El juego fantástico es propicio para este género. Y el sueño es un universo que me interesa especialmente. Esa adscripción a lo onírico, esa sospecha de lo lírico, es otro de sus elementos, como el ingenio, la gracia y la precisión de las palabras. Y el humor, claro. Recuerdo una historia de Cronopios y de Famas, de Cortázar, que está lleno de microrrelatos, donde se juega con lo burlesco. La perspectiva irónica es otra arma, la que permite al lector completar eso que el autor no hace explícito.


P. En su microrrelato Ecosistema, que gira alrededor de un bonsái, narra la historia del mundo.


R. El microrrelato tenía algo de bonsái. Como un pequeño espécimen de jardinería literaria, que hay que hacerlo crecer en su dimensión en un espacio pequeñito. Siempre utilizo el cuento La esfinge, de Poe, para explicar la escritura. En él un hombre cree ver en una mariposa nocturna un dragón horrible subiendo por una montaña. Pues la mirada del escritor consiste en ver lo que no es ordinario. Eso es lo que hay que ver.


P. Uno dedicado a Mateo Díez es como una premonición, al narrar una invasión de minicuentos.


R. Ja, ja… Al final, es peligroso. En el Hay Festival de Cartagena de Indias, en enero pasado, leímos minicuentos y a la gente le gustó. El microrrelato, si comunicas, gusta. Establece cierta complicidad.


P. Sus microrrelatos conectan con la realidad desde la ficción con crítica y humor.


R. En mi estética, aunque generalmente son cuentos fantásticos, siempre parto de problemas de la realidad, cotidianos. No puedo remediarlo. Sobre el cambio climático o las guerras en Palestina… Me encanta esa posibilidad del microrrelato de que en muy poco espacio puedas decir mucho. Aunque es difícil, esa intensidad es lo que me gusta. La brevedad en sí no es un valor. Lo es el dar expresividad narrativa a un texto breve que ensancha la literatura.