archivo del abril, 2008

la posición dominante de amazon y su próxima jugada: atacar con la impresión bajo demanda

Amazon está en el ojo del huracán debido a lo que se ha sabido hace unos días con respecto a su próxima jugada en el campo de la impresión bajo demanda: vender sólo aquellos libros que sean impresos en BookSurge, la empresa de print on demand —POD— que le pertenece desde hace unos meses.

Con esta medida Amazon estaría aprovechando su posición dominante en el mercado de la distribución en línea para consolidar un monopolio mediante la imposición de unas reglas que al poner a los editores contra la pared, le permitirían extender su control al mercado de la impresión bajo demanda.


El asunto es delicado y me hace pensar en una entrada de Eduardo Arcos que leí la semana pasada en el blog ALT1040, cuyo título es “Algún día odiaremos a Apple y Google”. Con respecto a dos de las empresas del sector tecnológico que cuentan con una mejor reputación entre los usuarios, Arcos dice lo siguiente:

Microsoft es la empresa favorita para odiar estos días, en los 70’s no existían y esa posición la tenía IBM. Hoy me encuentro con un interesantísimo artículo escrito por Don Reisinger, donde hace un repaso a la historia y llega a la obvia conclusión: algún día odiaremos a Apple y a Google.


Ya sea por las cuestionables prácticas que estas dos empresas últimamente tienen, aún cuando digan que “son buenos”. Al final las empresas son empresas y aunque nuestros deseos consumistas nos impulsen a convertirnos en fanboys llegará el momento en que muchos nos preguntemos qué pensábamos cuando defendíamos con pasión a Google’.


El tema es interesante y seguramente va a dar mucho de qué hablar durante los próximos días, así que a quienes estén interesados en profundizar en él les recomiendo leer las entradas que desde distintas perspectivas han escrito recientemente en sus blogs tres expertos españoles en todo lo relacionado con la actividad editorial en un sentido amplio, la evolución de la economía de Internet y la manera como ésta afecta al sector de la edición:

- Enrique Dans: “Amazon, BookSurge y la tentación del monopolio”


- José Antonio Millán: “Amazon aprieta en su POD”


- Joaquín Rodríguez: “Monopolio amazónico”


Vale la pena estar pendiente de lo que digan en su momento estos tres analistas sobre la evolución de esta situación. Por ahora aprovecho la ocasión para citar algunos extractos de sus reflexiones.

Dice Enrique Dans:

‘Ante la importancia de los movimientos en el sector, Amazon parece haber sentido la necesidad de utilizar su posición liderazgo online para apalancar su negocio de POD, basado en su adquisición de BookSurge, y ha decidido, según informan algunos escritores, amenazar a quienes utilizaban otros servicios de POD con la eliminación del botón “Buy” de sus libros en Amazon si no aceptan utilizar los servicios de BookSurge (Slashdot, VBW Publishing, WritersWeekly). Esto significaría un grave perjuicio para la distribución de sus libros, dado que únicamente podrían estar disponibles para su venta en Amazon a través de canales indirectos (resellers), y les haría no cualificar, en la mayor parte de los casos, para ofertas de gran éxito de Amazon como el envío gratuito. El movimiento, obviamente, no está exento de polémica: no sólo exige a las editoriales trabajar con varios formatos diferentes y reemplazar los ficheros de los libros que están ya a la venta en Amazon, sino que choca además con la polémica sobre la inferior calidad de las ediciones producidas por BookSurge’.


Dice José Antonio Millán:


‘Muchas pequeñas editoriales en Estados Unidos usan Amazon para vender sus libros, que se imprimen sobre pedido. Sus títulos los publicitan en su propio sitio web, con un botón que indica “Comprar en Amazon”: Amazon obtiene de esta venta su correspondiente comisión, y todos contentos.


La actual medida, que intenta reforzar su BookSurge, puede que resulte lógica para Amazon, pero está creando irritación sin límites entre los editores y autores que vendían sus libros impresos por otras compañías (como Lulu.com) en la librería online’.


Dice Joaquín Rodríguez:

‘Amazon pretende afianzar su posición de fuerza en el mercado digital no solamente mediante el Kindle, que reproduce el modelo de negocio de ITunes al distribuir a través de un solo soporte propietario todos los contenidos que su almacén virtual contiene, sino, también, mediante la prescripción a todos los editores del uso obligatorio de BookSurge, una imprenta digital o bajo demanda que producirá todos los libros de los editores que quieran acogerse a los beneficios que la comercialización a través de Amazon pueda ofrecer

Ni los editores ni los escritores norteamericanos parecen excesivamente contentos con un mandato que pretende que todos los contenidos que se adquieran en formato analógico y que requieran, por tanto, de impresión, sean producidos, en exclusividad, por una empresa propiedad de Amazon, evitando de esa manera cualquier clase de competencia (como la que podía ejercer hasta ahora, por ejemplo, Lightning Source) y robusteciendo un modelo de negocio monopolístico y clausurado sobre sí mismo, al convertirse, de hecho, en el único distribuidor de los contenidos que vende, digitalmente, sea en un soporte estrictamente digital, como el Kindle, sea mediante la impresión digital en papel’.

Martes, abril 1, 2008 categorizado bajo Sin categoría

inventario de lecturas [ 1 ]

Mi papá, que no desaprovecha ninguna oportunidad para machacarnos con su cantaleta de premisas y consejos prácticos y que no se lee un libro por nada del mundo, siempre que me veía perdiendo el tiempo me decía ‘mijo, lea que eso le va a servir en el mañana. ¡Leeea, leeea, leeea!’ pero la verdad es que yo nunca le hice mucho caso. Prefería pasarme el tiempo viendo tele, jugando videojuegos, montando bicicleta o no haciendo nada.


Durante mi niñez y mi adolescencia siempre me dio pereza coger un libro hasta que un día cuando estaba en cuarto de bachillerato Ignacio Muñoz —un profesor de Literatura que era idéntico a Bud Spencer— nos sorprendió haciendo guerra de tiza en el salón de clases. Nuestra profesora de Ciencias sociales estaba enferma y cuando Ignacio —que nunca fue profesor mío— entró al salón asumió la situación con esa serenidad tan habitual en él, que contrastaba muchísimo con la histeria característica de la mayoría de las profesoras solteronas en cuyas manos nos habían puesto los jesuitas.

—Le voy a dar un consejo, maestro —nos dijo Ignacio con su voz gutural—. Échese un libro en la mochila y cuando tenga un tiempito libre dedíquese a leer en vez de andar haciendo pendejadas. No hay mejor forma de matar el tiempo en el bus o en la sala de espera del médico que leyendo un buen libro. Por eso yo siempre tengo uno a la mano.

Unos días después fui al cuarto de mi hermano Antonio, que era el único de mi familia que leía, a buscar un libro en la biblioteca que había allí. Como no encontré nada más que me resultara familiar terminé cogiendo de una colección de literatura universal de la editorial Oveja Negra una novela llamada Tiempos difíciles, de Charles Dickens, porque en mi clase de inglés del año anterior habíamos leído una versión abreviada de David Copperfield.

Hasta ese momento no había leído gran cosa ni por obligación ni por cuenta propia. Terminé muy pocos de los libros que me pusieron a leer en el colegio y la verdad es que muchos de ellos ni siquiera los empecé, de manera que la mayor parte de las comprobaciones de lectura las pasé haciendo copia o gracias a los célebres “análisis literarios” de la Panamericana —una papelería, librería y editorial de la mano de la cual nos “formamos” muchos colegiales bogotanos de mi generación—. Haciendo una revisión rápida, sólo recuerdo haber leído completos La campana del arrecife —quinto de primaria—, El hombre que calculaba —primero de bachillerato—, El coronel no tiene quien le escriba —segundo de bachillerato—, The Importance of Being Ernest y la citada versión abreviada de David Copperfield —tercero de bachillerato—, Crónica de una muerte anunciada y La ciudad y los perros —cuarto de bachillerato—.

En fin, mi paso por el colegio estuvo lleno de libros que debía leer y no leí: Por todos los dioses —quinto de primaria—, Doña Bárbara y Un tal Bernabé Bernal —cuarto de bachillerato—, La familia de Pascual Duarte —quinto de bachillerato—, La divina comedia —sexto de bachillerato— y otros tantos que no recuerdo pero que sin lugar a dudas conforman un largo listado.

Todo este preámbulo para llamar la atención sobre los curiosos secretos que esconde la historia de cada lector, que está llena de recovecos. Después de haber hecho copia muchas veces para dar cuenta de libros que no había leído y de haber recurrido en tantas ocasiones a los “análisis literarios” de la Panamericana, terminé matriculándome en la carrera de Letras porque mis estudios de Ciencia Política no me dejaban el tiempo necesario para leer literatura. Por culpa de una guerra de tiza empecé a leer Tiempos difíciles cuando tenía quince años y desde entonces no he podido parar.

No sé por qué de un momento a otro me empezó a gustar leer pero tengo claro que cuando estaba terminando el colegio hubo tres factores que contribuyeron a desencadenar este cambio que fue decisivo para mí: la llegada a Colombia de la colección Alianza cien —esos libros muy bien escogidos, austeros pero bien presentados, que cabían en el bolsillo de un pantalón y que en 1994 costaban mil pesos—; las charlas con mi amigo Roberto, un tipo inquietísimo al que le gusta abordarlo todo a profundidad y que en ese momento estaba enganchado a The Beatles, al beat británico y al existencialismo; y, finalmente, la salida de la colección Narrativa actual de RBA.

En esta serie de entradas titulada “inventario de lecturas” que empiezo hoy intentaré dar cuenta de la manera como he ido saltando de una lectura a otra, lo cual ha ido formando mi gusto y mis intereses literarios al permitirme descubrir y descartar autores, géneros, obras, épocas, movimientos y registros. Sin lugar a dudas este ejercicio pondrá en evidencia mis gustos e intereses, mis fobias, lo que me gustaría leer algún día y los vacíos existentes en mi formación como lector.

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