archivo del julio, 2008

martes, julio 22, 2008 categorizado bajo edición, editores

what we talk about when we talk about love, de raymond carver: versión original vs. texto editado *

Parece que la vida de Raymond Carver sufrió dos transformaciones fundamentales poco antes de que éste le entregara a Gordon Lish, su amigo y editor en Alfred A. Knopf, el manuscrito de la colección de relatos que más adelante se publicaría bajo el título What We Talk About When We Talk About Love [De qué hablamos cuando hablamos de amor]: conoció a Tess Gallagher y dejó de beber.

Parece también que desde entonces Carver estuvo sobrio y con Gallagher hasta el día de su muerte —que tuvo lugar el 2 de agosto de 1988—.

Parece, además, que la de Carver y Lish era mucho más que una simple relación de trabajo entre un autor y su editor.

Parece incluso que Lish era para Carver una fuente de inspiración, un apoyo y su lector ideal.

Parece, por otro lado, que una vez recibió What We Talk About When We Talk About Love Lish intervino muchos de los relatos que conforman el volumen, haciéndoles modificaciones sustanciales —dicen que a algunos les cambió el título o el final y que dos los redujo en cerca de un setenta por ciento—.

Parece, finalmente, que Carver consideraba que muchos de los relatos de What We Talk About When We Talk About Love habían mejorado sustancialmente tras haber pasado por las manos de Lish.

***


En la edición de la última semana de 2007 The New Yorker publicó algunas de las cartas que entre 1969 y 1983 le envió Raymond Carver al editor Gordon Lish agradeciéndole por haber apostado por él, por su generosa amistad y por haber sido su apoyo, pero también pidiéndole que detuviera la edición de What We Talk About When We Talk About Love.

Desde que leí sus cuentos o sus textos de no ficción reunidos en Fires y en No Heroics, Please —que Bartleby editores publicó no hace mucho tiempo por primera vez en castellano— siempre creí que el carácter de Carver tendría que ser tan fuerte y contundente como su escritura. Sin embargo, en algunas de las palabras que el mismo Carver le escribe a Lish el autor confiesa no sólo la fragilidad de su estado de ánimo sino también los defectos de su prosa.

Tras leer esas cartas que ponen en evidencia la inseguridad, la angustia y la desesperación que parecía sentir Carver incluso después de haber dejado de beber, no quise seguir queriendo encontrar la respuesta a una pregunta que venía haciéndome cada vez que pensaba en el escritor estadounidense desde que The New Yorker publicó los fragmentos de su correspondencia con Lish a raíz de la polémica que desató la intención de Tess Gallagher de publicar los textos originales de los relatos de What We Talk About When We Talk About Love: ¿qué pensaríamos hoy en día de la obra de Carver si sus relatos hubieran sido publicados tal y como él se los pasó a Lish o si por lo menos éstos no hubieran sufrido modificaciones tan sustanciales?

A propósito de la polémica que ha generado el caso Carver – Lish quisiera llamar la atención sobre dos aspectos que vale la pena tener en cuenta en todo momento:

1. en cierto sentido una obra como producto final puede ser el resultado de una negociación entre el autor y su editor en la medida en que en ocasiones éste sugiere modificar algunos aspectos puntuales del manuscrito que ha recibido inicialmente.

2. a muchos autores les cuesta trabajo dar por terminada una obra, por lo cual algunas veces hasta último momento —e incluso después de su publicación— siguen considerando que ésta aún podría mejorarse.

Para terminar, a continuación reproduzco algunos fragmentos de las cartas en cuestión que me han parecido bastante conmovedores:

‘You know, old bean, just what an influence you’ve exercised on my life. Just knowing you were there, at your desk, was an inspiration for me to write, and you know I mean that. You, my friend, are my idea of an ideal reader, always have been, always, that is, forever, will be’. (Septiembre 27 de 1977).

‘You’re my hero —don’t you know? (…) Your friendship and your concern have enriched my life. There’s no question of your importance to me. You’re my mainstay. Man, I love you. I don’t make that declaration lightly either…’. (Mayo 10 de 1980).

‘You’ve given me some degree of immortality already. You’ve made so many of the stories in this collection better, far better than they were before. And maybe if I were alone, by myself, and no one had ever seen these stories, maybe then, knowing that your versions are better than some of the ones I had sent, maybe I could get into this and go with it’. (Julio 8 de 1980).

‘Now much of this has to do with my sobriety and with my new-found (and fragile, I see) mental health and well-being. I’ll tell you the truth, my very sanity is on the line here’. (Julio 8 de 1980).

‘I’m afraid, mortally afraid, I feel it, that if the book were to be published as it is in its present edited form, I may never write another story, that’s how closely, God Forbid, some of those stories are to my sense of regaining my health and mental well-being…’. (Julio 8 de 1980).

‘If the book comes out and I can’t feel the kind of pride and pleasure in it that I want, if I feel I’ve somehow too far stepped out of bounds, crossed that line a little too far, why then I can’t feel good about myself, or maybe even write again; right now I feel it’s that serious, and if I can’t feel absolutely good about it, I feel I’d be done for’. (Julio 8 de 1980).

‘Can you put the book off until Winter or Spring of 1982 (…)? (…) No, I don’t think it shd. be put off. I think it had best be stopped’. (Julio 8 de 1980).

‘I may as well say it out now, I can’t undergo the kind of surgical amputation and transplant that might make them someway fit into the carton so the lid will close’. (Agosto 11 de 1982).


* De alguna manera en esta entrada matizo algunas de las cosas que dije en otra anterior titulada “de qué hablamos cuando hablamos de las intervenciones abusivas de un editor”.

lunes, julio 21, 2008 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 44 ]


Lecturas en curso


Elogiemos ahora a hombres famosos, de James Agee y Walker Evans

Backlist

Barcelona, 2008


Mi recomendado de la semana


Sexografías, de Gabriela Wiener

Melusina

Barcelona, 2008


Mis libros favoritos


Cuentos completos, de Juan Carlos Onetti

Alfaguara

Madrid, 1994


Me llama la atención

La noche era joven y nosotros tan hermosos, de Manuel Reguera

Barataria

Barcelona, 2007

viernes, julio 18, 2008 categorizado bajo ilustración

el impacto de la imagen

Es impresionante la repercusión que puede llegar a tener una ilustración —claro, ésta toca un tema sensible en un momento particularmente crítico y está en la cubierta de la edición de esta semana de The New Yorker—.

¿Qué pensará Barry Blitt, el autor de la ilustración, sobre el impacto que ha tenido esta pieza?


Recomiendo echarle un ojo a la entrada The New Yorker tropieza’, de León Krauze, en el blog de la redacción de la revista Letras libres.

jueves, julio 17, 2008 categorizado bajo 1

recuerdos de la barcelona preolímpica: ramblas, quioscos y libros

En el número de julio – agosto de la edición española de Esquire he encontrado un bonito texto titulado ‘Del pan y vino al sushi de diseño’ en el que el escritor Javier Pérez Andújar habla sobre el contraste entre la Barcelona preolímpica y la actual. Cuentan quienes crecieron en la ciudad y quienes llegaron aquí antes de los Juegos Olímpicos de 1992 que esa Barcelona cosmética y de diseño que conocimos los que llegamos hace poco, que tanto fascina al visitante y de la que hablé en una entrada anterior es algo reciente.

En su texto Pérez Andújar define en una frase contundente la transformación que ha sufrido esta ciudad: ‘En Barcelona el cambio más notable a raíz de los Juegos Olímpicos ha sido el desplazamiento de lo popular por lo masivo’.


Pérez Andújar destaca un detalle que desconocía sobre esa Rambla donde viví allí durante un año y medio y que me llamó la atención:


‘Las Ramblas eran el libre, el constante ejercicio de la lectura, pues sus quioscos estaban abiertos todos los días del año, las veinticuatro horas, y en ellos se vendían periódicos y… libros. Las Ramblas han sido uno de esos extraños sitios del mundo en que una persona puede comprarse un libro a las cuatro de la mañana, en los que un muchacho que andaba de vuelta a casa podía encontrar, en medio de la calle, una pléyade de libros económicos, de libros de bolsillo, y el caso es que resultaba muy difícil pasar junto a esos quioscos sin comprarse ningún libro.


Pero en los años ochenta los libros fueron remplazados por revistas y películas pornográficas, quizá porque la impudicia del sexo es más llevadera. Por supuesto, ya hace tiempo que no se venden libros en los quioscos de las Ramblas. Pero, además, desde hace unos meses estos quioscos han determinado cerrar a la noche, pues se ve que a esas horas no les colocan un periódico, una revista erótica, y tal vez tampoco una postal de la Torre de las Aguas, una foto de la Sagrada Familia, un retrato de Copito de Nieve, ni a la riada de turistas que baja por las Ramblas, ni a los lateros paquistaníes que los abordan con sus bolsas de plástico llenas de bebidas, y que son los dos principales grupos sociales que componen la infranqueable densidad humana de las Ramblas. A las Ramblas ya no les gusta ir a los barceloneses. Las Ramblas están más cerca hoy de Lloret de Mar, que de Barcelona. Barcelona, ciudad de Ramblas sin barceloneses, y de Ramblas sin libros, y de Ramblas sin quioscos nocturnos’.

miércoles, julio 16, 2008 categorizado bajo edición, industria editorial, industria editorial italiana

interrogante sobre la producción editorial en italia

Siempre he creído que en Italia la producción editorial es enorme y que allí los libros son baratísimos. No sé si esto es el producto de la imagen idílica que tenía de Italia una ex alumna del colegio italiano de Bogotá con la que salí cuando estaba en la universidad o de una simple idea preconcebida carente de fundamento. Si tenemos en cuenta que Italia tiene alrededor de sesenta millones de habitantes y que por fuera de su territorio sólo se habla italiano en unos cuantos pequeños puntos de Europa del Este y África —y, claro, en el seno de las comunidades italianas que hay regadas por todo el mundo—, ¿en el caso hipotético de que la producción editorial de ese país sea enorme quién compra y lee todos esos libros que se publican?

Este fin de semana mientras conversaba con Paolo Vignolo —un economista milanés que cuando estaba terminando la universidad se fue de intercambio a Bogotá y que, para no alargar el rollo, nunca regresó del todo a Italia, ahora es profesor de Historia de la Universidad Nacional de Colombia y tiene un acento bogotano encantador— aproveché para pedirle que me diera sus impresiones con respecto al mercado editorial italiano.


La respuesta de Paolo va por partes:

En primer lugar, esa cosa que llamamos “la lengua italiana” no existe. Cada zona de Italia tiene su dialecto y en ocasiones la gente tiene dificultades para entenderse con los del pueblo vecino. El italiano oficial sería el de los telediarios, que es absolutamente soso.

En segundo lugar, la tradición conformada por Dante, Petrarca y Boccaccio dio origen tanto a una lengua literaria sobre la que se funda la cultura escrita italiana como al status literario del italiano.

Y, por último, un alto porcentaje de los libros que salen en Italia no se venden simplemente porque su publicación es el resultado de intercambios de favores, chanchullos y jugadas políticas.

¿Y entonces? No quiero quedarme con la curiosidad, así que seguiré intentando encontrar respuestas a mi pregunta inicial. Si alguien tiene pistas al respecto, le agradecería que las compartiera.