archivo del enero, 2009

viernes, enero 30, 2009 categorizado bajo 1

31

Un recuerdo de mis lecturas de los 18 años:

‘A los treinta y un años Rimbaud estaba muerto. Desde la madrugada de sus treinta y un años Escobar contempló la revelación, parada en el alféizar como un pájaro: a los treinta y un años Rimbaud estaba muerto. Increíble.


Fina seguía durmiendo junto a él, como si no se diera cuenta de la gravedad de la cosa. Le tapó las narices con dos dedos. Fina gimió, se revolvió en las sábanas; y después, con un ronquido, empezó a respirar tranquilamente por la boca. Las mujeres no entienden.

Afuera cantaron los primeros pájaros, se oyó el ruido del primer motor, que es siempre el de una motocicleta. Es la hora de morir. Sentado sobre el coxis, con la nuca apoyada en el filo del espaldar de la cama y los ojos mirando el techo sin molduras, Escobar se esforzó por no pensar en nada. Que el universo lo absorbiera dulcemente, sin ruido. Que cuando Fina al fin se despertara hallara apenas un charquito de humedad entre las sábanas revueltas. Pensó que ya nunca más sería el mismo que se esforzaba ahora por no pensar en nada; pensó que nunca más sería el mismo que ahora pensaba que nunca más sería el mismo. Pero afuera crecían los ruidos de la vida. Sintió en su bajo vientre una punzada de advertencia: las ganas de orinar. La vida. Ah, levantarse. Tampoco esta vez moriremos.

Vio asomar una raja delgada de sol por sobre el filo hirsuto de los cerros, como un ascua. El sol entero se alzó de un solo golpe, globuloso, rosado oscuro en la neblina, y más arriba el cielo era ya azul, azul añil, tal vez: ¿cual es el azul añil? Y más arriba todavía, de un azul más profundo, tal vez azul cobalto. Como todos los días, probablemente. Aunque esas no eran horas de despertarse a ver todos los días. Nada garantizaba que el sol saliera así todos los días. No era posible. Decidió brindarle un poema, como un acto de fe.

Sol puntual, sol igual,

sol fatal

lento sol caracol

sol de Colombia.


Y era un lánguido sol lleno de eles, de día que promete lluvia. Quiso despertar a Fina para recitarle su poema. Pero ya había pasado el entusiasmo.


Quieto en la cama vio el lento ensombrecerse del día, las agrias nubes grises crecer sobre los cerros, el trazado plomizo de las primeras gotas de la lluvia, pesadas como piedras. Tal vez hubiera sido preferible estar muerto. No soportar el mismo día una vez y otra vez, el mismo sol, la misma lluvia, el tedio hasta los mismos bordes: la vida que va pasando y va volviendo en redondo. Y si se acaba la vida, faltan las reencarnaciones. El previsible despertar de Fina, el jugo naranja, el desayuno.



Cada día pasaban menos cosas, y cosas más iguales, como si sólo sucedieran recuerdos. Al despertarse cada día tenía siempre la boca llena de un sabor áspero de hierro, la garganta atascada como un caño oxidado de sulfatos. ¿Se oxidan los sulfatos? ¿Se sulfatan los óxidos? Pasaba días enteros durmiendo, soñando vagos sueños, sueños de sorda angustia, persecuciones lentas y repetidas por patios de cemento encharcados de lluvia. Fina lo despertaba, le daba de comer, lo dejaba dormir, lo olvidaba en su sueño: a veces insistía en darle vitaminas, como si fuera eso. Había dejado de sentir, de esperar, de hacer planes, de pensar cosas complicadas, con incógnitas. A veces todavía -pero era por inercia- se le seguía viniendo a la cabeza algún poema: un poema bobísimo, como la bobería misma de componer un poema. La forma debe reflejar el contenido. Sí, pero para qué. Sí, pero ah… Como si su organismo por costumbre, fuera poniendo huevos sin querer: un breve esfuerzo, un hipo, y una cosa redonda queda ahí abandonada -asonante, consonante, infecunda. A los treinta y un años Rimbaud estaba muerto, por lo menos. Se sentía resecado, reblandecido, enfriado, moribundo, y rodeado de cosas terriblemente muertas. Y así, días. Semanas. Algo en él le decía que aquello iba a durar toda la vida. Y nada le decía cuánto iba a durar la vida’.


Sin remedio, de Antonio Caballero

Editorial Oveja negra

Bogotá, 1984


Ahora que tengo 31, como Rimbaud y Escobar, y que estoy lejos de Bogotá lo veo todo tan diferente.

entrevista a manuel ortuño, editor de trama y coeditor de texturas / “abrimos espacios de reflexión y de debate en el sector del libro”

En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) tuvimos la ocasión de entrevistar a Manuel Ortuño, quien además de ser el editor de Trama editorial es el coeditor de la revista Texturas —junto con Txetxu Barandiarán— y el presidente de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE). Durante la entrevista Manuel nos habló acerca de Trama editorial, de la colección “Tipos móviles” que lanzó ésta durante el otoño pasado y de Texturas. Estos dos proyectos en particular surgieron ante la necesidad de abrir en nuestro medio un espacio de reflexión sobre el mundo del libro y de la edición con el propósito de suscitar un diálogo alrededor suyo.



Manuel define Trama como una editorial independiente que lleva ya cerca de una década ‘editando pocos títulos al año y que ha sido capaz de aglutinar alrededor suyo a muchos amigos y cómplices’. Según nos cuenta Manuel, de algunos de los miembros de esa red de personas que colaboran con Trama surgió hace dos años la idea de ‘sacar una publicación que pudiera suponer un espacio de encuentro para todos aquellos que sentimos una pasión por el universo del libro y de la lectura no sólo en España, sino también teniendo la mirada puesta en lo que se hace en América Latina’. En cierta medida Texturas es una respuesta a la falta de ‘espacios de reflexión, de debate y de crítica’ en el universo del libro en español, que ‘tiene tanta importancia y proyección pública’. Así pues, la revista —cuyo séptimo número acaba de salir y que ha tenido una muy buena acogida no sólo en el sector editorial sino también entre la prensa cultural— surge como ‘un instrumento a través del cual debatir, discutir, intercambiar, dialogar o criticar’.


Debido a la buena acogida que ha tenido Texturas en América Latina, durante la FIL se ha llegado a un acuerdo para ofrecer la revista en soporte digital de manera que se pueda consultar y adquirir en formato electrónico fuera de España. Manuel destaca las implicaciones que tiene este acuerdo para los lectores latinoamericanos, quienes de ahora en adelante podrán descargar los contenidos de la revista y superar las limitaciones geográficas, temporales y económicas que presupone el envío desde España de los ejemplares en soporte papel.

Por otro lado, Manuel nos presentó una colección que busca cubrir ‘un hueco importante en torno al universo de la edición’: se trata de “Tipos móviles”. Manuel destaca que a diferencia de los libros de vocación más bien técnica y formativa que está editando Tomás Granados en la colección “Libros sobre libros”, los títulos de “Tipos móviles” buscan abordar temas como la historia del libro, de la lectura, de la edición y de los editores.

Cada una de las dos primeras novedades de la colección “Tipos móviles” define claramente una línea editorial: mientras que El nuevo paradigma del sector del libro —de Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez—, pertenece a la de ensayo crítico sobre el mundo editorial, La sabiduría del editor —de Hubert Nyssen— se inscribe en la de reflexiones, memorias y recuerdos de los grandes editores ‘que han sido nuestros grandes maestros y el espejo en el que siempre nos hemos mirado’.


Entre las novedades de “Tipos móviles” para 2009 se encuentran las memorias de Tom Maschler —editor de Jonathan Cape— que salieron el año pasado en inglés, un título sobre el oficio del “negro” en el sector editorial y la recuperación de las memorias de Einaudi que se editaron en España a principios de los noventa y que actualmente están descatalogadas.

Además de rendirle un tributo a la imprenta de Gutenberg, el nombre de la colección evoca el espíritu de quienes conforman el entorno que colabora con Trama y el carácter descentralizado de este proyecto que funciona en red desde distintos lugares del mundo —diferentes ciudades de España, México o Argentina, por ejemplo—.

dos miradas al negocio digital de carmen balcells: josé antonio millán y el país

En una nota publicada hoy bajo el título “Los grandes de las letras hispanas se digitalizan” la sección de Cultura del diario El País informa sobre Palabras mayores, el proyecto a través del cual la agencia literaria Carmen Balcells comercializará en formato digital —mediante una alianza con la empresa navarra Leer-e— las obras de algunos de los grandes autores que representa: Camilo José Cela, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Miguel Delibes, Julio Cortázar, Juan Marsé y Juan Goytisolo.

Además de informarnos sobre esta iniciativa de Carmen Balcells y Leer-e, el pasado 8 de enero José Antonio Millán nos presentó en Libros y bitios un minucioso análisis acerca de sus implicaciones sobre ‘la parte del importe de la compra percibirá el autor’, los anticipos que se le deben pagar a éste por la edición de un libro electrónico, el Digital Rights Management (DRM) o la sostenibilidad de la política del precio fijo del libro en el mercado de los contenidos digitales.

Mientras que la nota publicada por El País parece ser la reproducción de un cable de la agencia EFE y sólo contiene un par de links hacia información relacionada con la agente literaria y algunos de los escritores que ésta representa, la entrada de José Antonio incluye referencias a una entrevista a Carmen Balcells publicada en el Magazine de La Vanguardia en enero de 2006, reflexiones sobre la posición de los editores frente a los libros electrónicos, opiniones de Ignacio Latasa —responsable de Leer-e— con respecto a los temas mencionados al final del párrafo anterior y material gráfico complementario para ilustrar todo esto.

El enorme contraste existente entre la calidad de la información publicada por el diario más importante del mundo hispanohablante y la ofrecida por José Antonio pone en evidencia la escasa capacidad que tienen los grandes medios de comunicación de ocuparse oportunamente de todo aquello que se escape de la vorágine de la actualidad más inmediata, así como de hacerlo desde una perspectiva que intente ir más allá de la órbita de lo estrictamente general, descriptivo y obvio.

El carácter general, descriptivo y obvio de la nota de El País no tiene nada de reprochable justamente porque el que la publica es un medio generalista. Sin embargo, este hecho deja al descubierto la debilidad e incluso la obsolescencia de un modelo de producción de contenidos arcaico en un momento en el que los medios tradicionales deben asumir el reto de reinventarse para sobrevivir y llama particularmente la atención justo cuando se habla cada vez con más insistencia de la profunda crisis financiera por la que atraviesa actualmente el Grupo Prisa.


Leyendo este artículo vuelvo a sentir el sinsabor que me produjeron en la FIL los eventos “¿Hacia dónde y para qué el periodismo del siglo XXI?” —que organizó justamente el diario El País— y “El futuro del libro. Debate sobre la integración del mundo editorial y nuevas tecnologías (POD, Internet, Ebooks, etc)” —organizado por Google—.

Yo no creo que de momento la blogosfera pueda siquiera hacerle cosquillas al imperio de los medios tradicionales ni que baste con abrir un blog y escribir tres chorradas ingeniosas para convertirse en una celebridad. Pero estoy convencido de que en un contexto en el que las audiencias tienden hacia la fragmentación y en el que eso que se conoce como “la economía de la atención” depende de la capacidad de encontrar información con valor agregado en medio del ruido, la blogosfera está generando circuitos donde se están produciendo, difundiendo y discutiendo ideas realmente interesantes que muchas veces los medios tradicionales sólo asimilan cuando ya son periódico de ayer.

lunes, enero 26, 2009 categorizado bajo feria internacional del libro de guadalajara (fil)

los tigres del norte, roger chartier, john boyne y otros actos de la fil en tökland

A quienes les interese conocer más de cerca el trabajo que hicimos durante nuestra expedición a la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), les recomiendo estar pendientes del material que Pablo está publicando en Tökland sobre los actos más importantes que se celebraron allí. Gracias a este material que se ha ido y se seguirá colgando en el canal de YouTube de la FIL, quienes no tuvieron la oportunidad de asistir a ciertos eventos puntuales podrán ver los momentos más relevantes de algunos de ellos.

En primer lugar, los amantes de la movida norteña pueden ver la charla que sostuvieron Los tigres del norte con los escritores Arturo Pérez-Reverte y Élmer Mendoza —seguro que les encantará—. De ella se da cuenta en el texto “Los tigres del norte, notarios de la realidad mexicana”, que termina destacando que ‘la emotiva reacción del público frente a la presencia de Los tigres del norte en la FIL confirma la capacidad que tiene esta agrupación de sintetizar mediante historias de tres minutos una realidad que trasciende las fronteras de un país al mismo tiempo que demuestra que la cultura va mucho más allá de los libros’.

En segundo lugar, el texto “Hamlet en dos horas” presenta los vídeos en los que quedó registrado el acto del mismo nombre —al que me referí cuando presenté la entrevista al profesor Roger Chartier—. Durante este evento tres actores del Grupo S Teatro hicieron una lectura dramática de siete fragmentos de Hamlet que el profesor Chartier fue comentando detalladamente al final de cada uno de ellos. Como ya se dijo en su momento, ‘a partir del trabajo que durante los últimos años ha hecho Chartier sobre las obras más canónicas de Shakespeare y Cervantes, “Hamlet en dos horas” presupuso un arriesgado e interesante experimento que pretendía llamar la atención sobre la universalidad de la obra y sobre la importancia de ponerla en su contexto abordándola desde una perspectiva histórica al mismo tiempo que proponía liberarse de la forma tradicional de la conferencia’.

Y, en tercer lugar, el texto “John Boyne, el rostro humano de un best seller sirve para introducir los vídeos que dan cuenta del emotivo diálogo que sostuvo el autor El niño del pijama de rayas con un público predominantemente infantil y juvenil. Lo más importante de este acto es que Boyne revela la historia que hay detrás de uno de los best sellers más importantes de los últimos años y su percepción con respecto a la manera como El niño del pijama de rayas ha sido acogida por sus lectores.


Durante las próximas semanas Pablo seguirá publicando en Tökland los contenidos que produjimos durante nuestro viaje a Guadalajara, así que todavía hay FIL para rato.

viernes, enero 23, 2009 categorizado bajo e-book

el sony reader en acción: primeras impresiones


Después de cinco días trabajando con él, algunas anotaciones con respecto al funcionamiento del Sony Reader PRS – 505 del que hablé en una entrada anterior:

Aciertos:


– sus dimensiones —aproximadamente 175 milímetros de largo x 124 milímetros de ancho x 7 milímetros de grosor—favorecen la portabilidad: ocupa el espacio de un libro de bolsillo de no más de 150 páginas.


– la pantalla mide 6 pulgadas, lo cual es más que suficiente para una lectura cómoda.


– en la medida en que el aparato sólo gasta batería mientras carga los contenidos —al abrir un documento o cuando se cambia de página—, tiene bastante autonomía de funcionamiento: tras unas ocho horas de lectura sólo he consumido un cuarto de la batería.


– en las dimensiones de un libro de bolsillo de 150 páginas llevo once manuscritos que suman alrededor de 5000 páginas —no sé a cuántos gigas equivalen ni el porcentaje de memoria del aparato que ocupan pero con seguridad éste no excede la décima parte—: ¿no es seductor el hecho de poder moverse de un lugar al otro llevando en el bolsillo la obra completa de Pio Baroja o de Balzac, toda la documentación para hacer una tesis doctoral o las obras cumbres del boom latinoamericano?


– tiene las funcionalidades fundamentales para que la experiencia de lectura sea agradable, éstas están bastante bien desarrolladas y es muy fácil de usar.


– la interfaz y la navegación son bastante sencillas.


– los cambios de luz del ambiente no afectan la visibilidad de la pantalla.


Desaciertos:


– la carga de datos es muy lenta.


– es engorroso ir a una página cualquiera del documento —a la 157, por ejemplo— cuando éste no tiene una tabla de contenidos debidamente indexada para que el aparato la reconozca.


– no es posible tomar notas sobre el texto.


– no se pueden hacer búsquedas en el texto —por palabra clave, por ejemplo—.


– no permite conectarse a Internet para descargar contenidos o para leer blogs y diarios.


– en ocasiones —supongo que cuando los archivos vienen en algún formato de procesador de texto— no se conserva la maquetación del documento cuando se hace zoom.


Creo que la tecnología básica para que el lector digital sea una herramienta eficiente, cómoda y fácil de usar ya está desarrollada y que el mejoramiento de ciertos aspectos que todavía fallan no debe tener mayores complicaciones. En esencia los lectores digitales están tendiendo a superar los inconvenientes tecnológicos que solían utilizarse como argumento en su contra.


En lo que se refiere a la oferta de obras que se comercializan en soporte digital todavía queda por resolver el tema de la interoperabilidad entre los distintos lectores porque cada uno de ellos tiene contenidos y formatos exclusivos. De momento en nuestro medio este tema no preocupa porque aún no hay un comercio de contenidos exclusivos para este tipo de aparatos —hace un par de semanas José Antonio Millán se refirió a la comercialización de obras en formato digital por parte de Carmen Balcells y Mobipocket y luego hizo alusión al rumor sobre el pronto desembarco del Sony Reader en España—.


Bueno, ¿y qué pasa con el placer de tener el libro entre las manos, de manosear el papel y de sentir su olor? Claramente se pierde pero pienso que aunque le aportan una cierta mística a la experiencia de la lectura, estos aspectos no forman parte de su esencia sino del fetiche que hemos construido alrededor suyo —que no me parece irrelevante—.


Luego hay otros temas más complicados como la incidencia de la migración hacia las pantallas sobre nuestros hábitos y prácticas de lectura, así como sobre nuestra capacidad de comprender lo que leemos. En una conversación que tuve hace poco con el librero Damià Gallardo, de la librería Laie del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), éste me planteó algunas inquietudes bastante interesantes al respecto.


Hasta ahora sólo he utilizado el Sony Reader en un contexto puramente laboral pero seguramente pronto empezaré a echar mano de él para hacer mis lecturas de entretenimiento. A propósito de este tema, hace un par de días tuve por Internet la siguiente conversación con mi amigo Miquel:

Miquel: He leído sus cosas sobre gadgets… vi a un tío en el metro con ese juguete… no sé, no me acaba de convencer…


Yo: No sea usted tan reaccionario con el tema del gadget que me está haciendo la vida tan fácil.


Miquel: Vale que le hace la vida más fácil. ¡Saludo su utilidad! ¿Pero usted se lee libros (por placer) con ese trasto? Sí, con este tema estoy chapado a la antigua…


Yo: Hasta el momento sólo he leído cosas de trabajo pero creo que si llegara a ser necesario podría leerme sin ningún problema El retrato de Dorian Gray, Música para camaleones o La literatura nazi en América.


Miquel: ¡¡¡Sacrilegioooooo!!! Bueno, ya me hará una demostración práctica…


A quienes quieran familiarizarse más con los lectores digitales más populares —Kindle, iLiad y Sony Reader— les recomiendo echarle un ojo a esta infografía referenciada recientemente por José Antonio. En ella se explican muy bien las características de cada uno de ellos.