archivo del enero, 2009

Martes, enero 13, 2009 categorizado bajo best sellers, concentración, grupos multimedia

comentarios del editor nicolás morales sobre los libros más vendidos en colombia

En dos de sus columnas más recientes en la revista Arcadia el editor colombiano Nicolás Morales hace algunas anotaciones con respecto al tipo de libros que más se venden actualmente en Colombia. Se trata de “El modelo Disney” y de “Los libros más vendidos del 2008”.


“El modelo Disney” se refiere a la reciente decisión del grupo Carvajal de ‘botar por la borda la colección más prestigiosa de no ficción en Colombia’: Vitral.

Esta colección que durante años le ha dado una mayor difusión al conocimiento que produce la academia en el ámbito de las ciencias sociales —eso que los franceses llaman con dignidad “vulgarisation de la connaissance”— y que durante años ha construido un fondo constituido por trabajos serios y rigurosos escritos en un lenguaje accesible para un público amplio entra en crisis en un momento en el que, en palabras de Morales, ‘las editoriales han inundado todo el mercado con las pantanosas aguas de la no ficción-basura, dejando reseco el suelo en que podría sembrarse algo distinto a mala hierba’.

Según Morales, ‘puede que Vitral fuera simplemente un lugar para que los académicos de prestigio intentaran trascender los 1.000 ejemplares de la edición universitaria, pero para mí era mucho más que eso: se trataba de la cuota de responsabilidad social de una industria editorial enferma e idiotizada por los megacontratos y los “beast” sellers. El pequeño ejercicio ético en un negocio que, con muy pocas excepciones, no logra trascender, tomar riesgos y ser generoso con el público. El intento de reivindicación de una industria que ha invadido los quioscos de los aeropuertos y los estantes de las librerías con tristes páginas de vedettes, narcos y bajeza sexual’.

En el Grupo Editorial Norma ya habían acabado con colecciones poco rentables como la de poesía, La pequeña biblioteca y alguna otra. El cierre de Vitral representaría la desaparición de una fórmula para divulgar el pensamiento humanista mucho más eficaz que la de la mayor parte de las editoriales universitarias —con las que ha hecho varias coediciones importantes—.

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En “Los libros más vendidos del 2008” Morales hace un recuento no sólo de los títulos que mejor se vendieron el año pasado según el listado que publica el periódico El Tiempo, sino también de las editoriales que los publicaron. Morales hace las siguientes anotaciones:

El secreto, de Rhonda Byrne, es el libro más vendido en Colombia según la lista. Estuvo 26 semanas en diversas posiciones del conteo superando a El olvido que seremos (24 semanas), El cartel de los sapos (22) y Mi fuga hacia la libertad (18).

En la quinta posición encontramos, curiosamente, la novela del afgano Khaled Hosseini Cometas del cielo, que no solo fue la novela más vendida en Colombia, sino también uno de los cuatro o cinco libros decentes de ficción que se colaron en la lista, en la que alcanzó 14 semanas. El triunfo de los renacuajos. El best seller que logró más semanas en el primer lugar fue El cartel de los sapos, de Andrés López (Editorial Planeta). Mi fuga hacia la libertad (Planeta) y Siete años secuestrado por las Farc (Aguilar) ostentaron la camiseta amarilla durante cinco semanas cada uno. Germán Castro Caycedo se tomó el listado durante cuatro semanas con su Palacio sin máscara (Planeta) y algo similar le sucedió a nuestro ex canciller con El trapecista (Planeta). Por editoriales, no quedó duda del triunfo de Planeta (20 semanas) y su rival más cercano, Alfaguara, tuvo que conformarse con siete. Editorial Planeta masacra’.

Por otro lado, Morales hace dos observaciones que me parecen bastante dicientes:

1. ‘no hay libros de Anagrama, Pretextos, Acantilado, Crítica, Gedisa, Paidós ni Editorial Panamericana. No hay un solo libro de edición universitaria ni de sellos independientes nacionales tan prestantes como La Carreta, Icono o La Silueta. Escasean los libros intempestivos. El club de libros que aparecen en alguna posición del listado y mueren rápidamente es pequeño’.

2. ‘si quitamos el libro de los chicos afganos, nos quedamos con apenas algunos libros de ficción durante todo el año: Harry Potter y las reliquias, Justos por pecadores, Líbranos del bien, El País de la Canela y Lara y un par más. Ausencia total de novelistas extranjeros salvo por la chillona Isabel Allende. ¿Nadie compra en Colombia libros de Sandor Marai, Philip Roth, Zambra ni Murakami?’


En cuanto a la ausencia de títulos editados por los sellos españoles mencionados por Morales, supongo que en ésta deben incidir el tamaño del público al que van dirigidos y, salvo en el caso de Panamericana, el precio. Con respecto a las editoriales universitarias e independientes supongo que aparte de no interpelar a un público muy amplio, muchas de ellas deben tener problemas de distribución y de acceso a los espacios de comentarios de libros que hay en los medios de comunicación.

¿Por qué la ficción y, particularmente la escrita por autores extranjeros, no se vende tan bien en este momento? Me imagino que la crispación y los sentimientos encontrados provocados por la convulsionada vida cotidiana del país, el oportunismo de ciertas figuras públicas que han atraído la atención de los medios tras haber vuelto a libertad después de haber estado secuestradas o por haber protagonizado algún escándalo con impacto mediático, la tensión entre polarización y unanimismo o el fervor patriotero que ha despertado el estilo populista del presidente Uribe deben haber contribuido de alguna manera al éxito de la no ficción-basura a la que se refiere Morales.

Morales es categórico cuando afirma que ‘si el listado conserva algo de verosimilitud, lo más preocupante de todo es que sea eso lo que los colombianos están leyendo, pues en un 80% se trata de mediocres libros de autosuperación y consejos y de no-ficción basura’.

A mí no me parece preocupante que la gente lea libros mediocres y aprovecho para insistir en que cada quien debe leer aquello que responda a sus gustos, intereses, expectativas y necesidades en un momento dado. El análisis del listado de los títulos más vendidos que propone Morales podría darnos algunas pistas con respecto a los temas que ocupan la atención de quienes compran libros en Colombia.

Antes de terminar quisiera llamar la atención sobre la alerta que emite Morales con respecto a las fuentes de la lista y a los criterios bajo los cuales se elabora ésta:

‘Hace algunos años propuse en El Malpensante una arqueología de este listado, al que llamé La culpa es de la vaca en honor a un libro dudosamente laureado y a los practicantes que hacían los listados del periódico nacional. Mostré los errores, las pasiones y las falsedades de un ejercicio torpe que por aquel entonces intentaba ser un indicador cultural con cierta credibilidad. Pues bien, debo confesar que, después de tres años, el listado se afinó. Se ordenó, es más coherente, tiene muchos menos títulos y es menos aleatoria la selección.


Sin embargo, se mantienen algunos problemas de credibilidad que provienen del hecho de que es bien probable que una sola librería lo esté dictando casi al pie de la letra y de que Planeta esté exagerando su presencia. Una sola librería, por más grande que sea el centro comercial donde se encuentra, no puede dictar lo que se lee en Colombia y Planeta, por su parte, no debería borrar de forma tan visible a sus competidores. Ediciones B, Santillana o Norma tendrían mucha mejor suerte si los dados no estuvieran cargados’.


No es la primera vez que las publicaciones de la Casa Editorial El Tiempo le dan una visibilidad sospechosamente excesiva a los autores y libros que editan los sellos pertenecientes al Grupo Planeta, que desde el verano de 2007 tiene una participación accionaria cercana al 50 % en esa empresa. Pero bueno, en estos tiempos de concentración de la propiedad de los medios de comunicación y de la industria editorial eso es lo normal y, por lo tanto, no debemos sorprendernos con estas curiosidades ni esperar nada distinto porque es lo que hay.

la contraseña de anagrama y la nueva edición independiente en españa

Anagrama jugó un papel fundamental en un momento importante de mi formación como lector. Tenía 23 años, estaba terminando la universidad y empezando a trabajar, a través de Anagrama estaba descubriendo a Capote, a Carver, a Marías, a Baricco, a Tabucchi, a Bolaño y a Auster y en ese momento sentía una gratitud profunda y enorme hacia esa especie de gurú de las letras contemporáneas que es Jorge Herralde.

Hace un par de días recibí el boletín de novedades de enero – febrero de 2009, en el que Herralde recuerda que ‘en abril de 2009 se cumplen 40 años de Anagrama, una editorial recalcitrantemente independiente’ y hace un anuncio:

‘Aparte de una leve remodelación de nuestras portadas, aggiornamiento ya efectuado en algunas ocasiones a lo largo de nuestro trayecto, con motivo de dicho aniversario ponemos en marcha un proyecto ambicioso y confiamos en que será bien recibido: una Biblioteca Anagrama de 100 títulos, de periodicidad semanal, que recogerá nuestros mejores títulos en narrativa, ensayo y reportajes, destinada a quioscos y canalizada por RBA, los mejores especialistas en dicho canal.

Y además de la selección de «clásicos» ya muy reconocidos en esta Biblioteca Anagrama, en mayo de este año emprenderemos una nueva colección, con ocho o diez títulos al año muy escogidos, «otra vuelta de tuerca» en nuestro catálogo, relanzando obras excelentes pero desaparecidas en librerías, o bien agrupando en un tomo varios títulos, con afinidades obvias, de un autor. Su característica común es que, en su día, nos parecieron de edición inevitable, y que ahora lo siguen siendo’.

Aunque Herralde es el editor español independiente por excelencia, quien hoy en día dice “edición literaria independiente en España” necesariamente alude también a editoriales fundamentales como las de los veteranos Beatriz de Moura, Manuel Borrás, Jaume Vallcorba y Jacobo Siruela o a las de la siguiente generación que ya cuentan con una cierta trayectoria y que están en proceso de consolidación: minúscula, Libros del Asteroide, Marbot, Artemisa, Impedimenta, Veintisiete Letras, Melusina, Global Rhythm Press, Ediciones del viento, Nórdica libros, Cabaret Voltaire, Barataria, Gadir, Sexto Piso, Bartleby o Periférica —por mencionar solamente algunas—.

Aprovecho para citar algunos apartes de “La marca editorial como contraseña”, un artículo en el que Herralde explica algunos de los principios en los que se fundamenta su concepción de su trabajo como editor:

‘Mi creencia, quizá ilusa, es que, incluso en una época tan acelerada como la actual, sigue siendo importante el largo aliento, la longue durée en la creación, eficacia e influencia de una marca. Para crear una marca editorial —y que se convierta en una contraseña— es imprescindible la persistencia y la coherencia, para fijarla en el imaginario colectivo.

Ahondar en un surco hondo y ancho, sin dispersiones ni despistes. Una imagen nítida, a la vez previsible y sorprendente. La creación de un “aura” que “proteja” a escritores desconocidos, que inspire credibilidad. En lengua española hay ejemplos legendarios de editoriales con aura. Así, para nosotros en las décadas de la posguerra española, con su estricta censura que intentó bloquear culturalmente al país (y en buena parte lo logró), lo fueron las argentinas Sudamericana y Losada, así como, desde mediados de los sesenta, la mexicana Siglo XXI. En España, durante la década de los sesenta, la Seix Barral capitaneada por Carlos Barral marcó un hito importantísimo en la edición española, recogiendo la antorcha del prematuramente desaparecido José Janés. Y por descontado, la estupenda Alianza, que revolucionó la edición de bolsillo.

Las editoriales más idóneas para lograr tal aura son precisamente las independientes, cuya trayectoria la marca el editor a lo largo de los años, en contraste con el consabido trasiego de directivos en los grandes grupos.

Las más idóneas, aunque no las únicas, claro está. Así, por ejemplo, en Italia, las dos editoriales más relevantes culturalmente son Feltrinelli, que es rigurosamente independiente, familiar, y la otra es Adelphi, que tiene como accionista importante (un cuarenta y tantos por ciento) a un gran grupo, pero que opera con gran libertad (…)

La marca editorial no puede fallar ni dejarse tentar por oportunismos facilones, aunque tenga temporadas más opacas, de menos estrellato; como dijo un editor francés, Olivier Cohen, “un editor no debe ser juzgado por los buenos libros no editados sino por los malos que publicó”. Su poder, siempre en precario, estriba en no publicar libros malos, al menos a sabiendas, sino intentar en lo posible editar aquellos “libros necesarios” a los que aludió Italo Calvino (…)

Podría decirse que, tras ese vertiginoso recorrido, en sólo diez años, por esa brutal mutación del paisaje, el editor deberá basarse en el conocimiento de su entorno, en su olfato y en su capacidad de reunir marcas armoniosamente, en convertirse en una marca de marcas. Pero quizá esto no represente nada esencialmente nuevo para nuestro oficio, sino sólo retos considerables a los que enfrentarnos, como siempre lo han sido los retos de un editor. Unos retos que se resumen en la capacidad de adaptación sin perder la brújula. Y en el caso de la editorial independiente vocacional por definición, la brújula indica que en el binomio cultura y negocio, que conforma la edición, el norte será siempre la cultura. Y deberá luchar para que su marca sea una contraseña tan visible en el mundo real como el virtual, y que su catálogo, su novela-río, sea frondoso y sorprendente, pero también estructurado y “legible”, por así decir, con un argumento en el que las tramas y las subtramas se enlacen en armonía o contrapunto.

Y así, enfrentándose a estos nuevos retos, conseguir que las “estrategias de la virtud” —las estrategias que persiguen publicar las nuevas voces más significativas de su tiempo, y dar cuenta de los más importantes debates culturales y políticos— sigan siendo eficaces para poder seguir perseverando en este oficio inigualable’.


Entre tanto, muchos seguimos preguntándonos cuál y cómo será el futuro de Anagrama una vez Herralde se retire —un tema sobre el que corre uno que otro rumor y que el editor elude insistentemente—.

entrevista a roger chartier / "hay que recordar que la cultura escrita no empieza con la computadora"


Durante nuestra expedición de finales de 2008 a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) tuvimos la oportunidad de charlar un rato con Roger Chartier, el historiador cultural francés cuyo trabajo ha sentado las bases para el desarrollo de una importante corriente de estudios contemporáneos sobre la cultura escrita y la lectura.



Durante la charla que sostuvimos con el profesor Chartier éste nos dio algunas pistas fundamentales para pensar el estado actual y la posible evolución a futuro de varios temas críticos relacionados con los contenidos, la lectura y los usos de las nuevas tecnologías que desde hace un tiempo están presentes en la agenda de quienes trabajamos en campos como la edición, la educación, la documentación o el desarrollo de productos y servicios tecnológicos. Chartier tomó como punto de partida una serie de reflexiones en torno a temas puntuales como la función de las bibliotecas en la organización, la conservación y la difusión del pensamiento impreso, la historia de la cultura escrita a través de los formatos y soportes anteriores a lo digital, los desafíos que presupone la emergencia de las bibliotecas digitales y los riesgos implícitos en todo proceso de digitalización, la manera como las bibliotecas pueden facilitar el acceso a los contenidos digitales allí donde las desigualdades económicas dificultan la adquisición masiva de dispositivos electrónicos de lectura, los tipos de contenidos que mejor se ajustan al formato digital, el impacto de la digitalización sobre las prácticas de lectura y editoriales o sobre el aprendizaje de la escritura, las tensiones a las que deben enfrentarse los bibliotecarios cuando lo digital cuestiona la necesidad de la biblioteca como espacio físico, los aciertos de proyectos como Google Book Search o el repositorio Europeana, los problemas que éstos plantean y los criterios a tener en cuenta para desarrollar los programas de digitalización de colecciones y fondos documentales.

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Como toda buena charla, ésta con Roger Chartier nos ha suscitado algunas preguntas alrededor de todos estos temas al mismo tiempo que nos ha dejado muchas buenas pistas para encontrarles posibles respuestas a éstas.

Antes de terminar vale la pena destacar que el profesor Chartier es una persona no sólo lúcida, aguda y clara, sino también cálida, abierta y generosísima —lo cual se le agradece inmensamente—. Todo un Maestro.

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Además de dictar en el XV Coloquio Internacional de Bibliotecarios la conferencia magistral “El futuro de la biblioteca. Herencias del pasado, desafío del presente”, Chartier les propuso a los asistentes de la FIL un acto llamado “Hamlet en dos horas” durante el cual tres actores del Grupo S Teatro hicieron una lectura dramática de siete fragmentos de Hamlet que él fue comentando detalladamente al final de cada uno de ellos. A partir del trabajo que durante los últimos años ha hecho Chartier sobre las obras más canónicas de Shakespeare y Cervantes, “Hamlet en dos horas” presupuso un arriesgado e interesante experimento que pretendía llamar la atención sobre la universalidad de la obra y sobre la importancia de ponerla en su contexto abordándola desde una perspectiva histórica al mismo tiempo que proponía ‘liberarse de la forma tradicional de la conferencia porque si podemos inventar otras formas más atractivas, ¿por qué no?’.

En breve el Canal Web & Audiovisual de la FIL en You Tube ofrecerá el visionado del acto “Hamlet en dos horas”.

Jueves, enero 8, 2009 categorizado bajo web 2.0

no, señor, aquí no se intercambian links

Ayer me llegó a mi correo electrónico el siguiente mensaje:

Hola buenas tardes, soy XXX uno de los autores de un blog de novela historica http:/yyy.blogspot.com/ (tengo tambien otros blogs de bolsa como http://www.zzz.com/) querria saber si estarias interesado en intercambiar enlaces con nosotros.


Si estas interesado yo podria ponerte un enlace desde nuestro blog http://yyy.blogspot.com/ o si prefieres que el enlace sea no reciproco desde el blog http://zzz.blogspot.com/ que esta bastante bien posicionado (PageRank 3), el nombre de nuestro blog al poner el enlace seria YYY.


Muchas gracias anticipadas, por supuesto si tienes mas blogs con los que quieras intercambiar enlaces no dudes en comentarnoslo.


Un saludo,

XXX

xyz@gmail.com

YYY



Aunque no es la primera vez que recibo un mensaje de este tipo, nunca antes había sentido la necesidad de escribir al respecto. Sin embargo, hoy quisiera hacer un par de anotaciones sobre el tema.


[ el ojo fisgón ] no es un negocio, ni una red mafiosa, ni un club de amiguetes ni mucho menos un lobbying. Tampoco es un espacio de propaganda al servicio de nada ni de nadie, ni de intercambio de favores, ni de elogios mutuos ni de autoaplausos. Aunque no niego que me gustaría tener un tráfico y un pagerank más altos, no me interesa recurrir a estrategias de search engine optimization (SEO) para aumentarlos, ni dejar comentarios en blogs ajenos sólo para que sus dueños se enteren de que existo y visiten mi blog y me enlacen para mejorar el posicionamiento y la pertinencia de éste, ni citar injustificadamente a quien no me parezca pertinente solamente por hacerle un guiño y ganarme su simpatía o sus favores.


No me interesa tener en las estadísticas de visitas miles de hits de personas que llegan por una indexación engañosa acomodada a la lógica del algoritmo de un motor de búsqueda. Prefiero quedarme con los pocos lectores que cumplidamente se pasan por aquí porque tenemos intereses afines y con aquellos que tras llegar por accidente deciden venir de visita de vez en cuando.


Con la agudeza y la contundencia que lo caracterizan, en una entrada que hice hace unas semanas sobre el sentido que para mí tiene bloguear Alejandro Peláez hizo un comentario que se me vino a la cabeza en cuanto leí este mail porque me di cuenta de que define lo que espero de un blog y lo que me gustaría que fuera [ el ojo fisgón ]:


‘Digamos que a mí me gustan los blogs en los que se puede charlar chévere y que han logrado “fidelizar” una clientela interesante y tienen un dueño generoso que también comenta. Lo mismo que puede hacer que un Café o un Bar sea un sitio agradable para ir a charlar’.


Todo esto para decir que en [ el ojo fisgón ] no se intercambian links y que aquí sólo pongo enlaces hacia aquellos espacios donde encuentro aportes interesantes en relación con los temas que me llaman la atención o hacia los que me gustan por una razón cualquiera, así que si a alguien se le llega a volver a ocurrir pedirme un intercambio de links le pido el favor de abstenerse de hacerlo.

Miércoles, enero 7, 2009 categorizado bajo crítica, reseña

el lugar y el status de la crítica

Así empieza Margarita Valencia el bonito texto que escribió para el especial Las lecturas de 2008, de la revista HermanoCerdo:

‘Se me acusó hace poco de andar escondida entre los clásicos, de escudarme en ellos para no asumir la responsabilidad debida a mis coetáneos. No es cierto. De lo que ando huyendo es de la noria del mercado editorial, que nos obliga a dar vueltas alrededor de sus propios estados contables en vez de coger el camino azaroso que nos dicte el gusto y el amor por los libros. La crítica de libros se ha convertido en una de las estaciones en el camino del éxito editorial, entre el coctel y la firma; en esa medida, cuando el desempeño de la crítica no está a la altura de las expectativas de los escritores o de los dueños de las editoriales, parece natural que se quejen.


Pero ese no debe ser el orden de las cosas. Los críticos no escriben para los escritores ni para los editores: sus interlocutores son los demás lectores y solo a ellos debe explicaciones sobre sus propias maneras de leer: el oficio de la crítica es el establecimiento de un diálogo íntimo con ellos, el ejercicio constante de la seducción a través de la develación. La relación resultante debe ser “de confianza recíproca y de amor”, en un proceso de interacción y de ósmosis. En esos términos define Steiner la relación entre discípulo y maestro, pero ello no convierte al crítico en un profesor en el sentido estricto de la palabra: de hecho su discurso nace y crece en el limbo deliciosamente indeterminado que se esconde entre la academia —empeñada en clasificaciones y etiologías— y el reporte insustancial de la actualidad. Allí puede ir y volver a su antojo, crear a diario cosmologías que expliquen el mundo, y establecer las filiaciones necesarias para que ningún libro se quede huérfano de padres, o carezca de amigos que lo acompañen, de campeones que lo defiendan de la imbecilidad de los contemporáneos y de las vicisitudes de la posteridad’.



Releer varias veces este texto me ha hecho preguntarme por el lugar que debe ocupar la crítica y por el status de ésta. Supongo que Margarita está refiriéndose a lo que sucede actualmente en Colombia cuando dice que ‘la crítica de libros se ha convertido en una de las estaciones en el camino del éxito editorial, entre el coctel y la firma’. Supongo también que en otros lugares la situación debe ser parecida. E insisto en que lo supongo en la medida en que rara vez leo reseñas de libros y mucho menos críticas porque ambas suelen parecerme aburridísimas. Prefiero leer directamente los libros y ya. Lo máximo que llego a leer aparte de la obra en sí es algún comentario personal que no pretende dar la última palabra sobre nada.


En una época en la que la concentración de la propiedad de los medios de comunicación y la naturaleza eminentemente comercial de la mayor parte de éstos imponen restricciones a la diversidad de puntos de vista representados allí —¿recuerdan “el caso Echevarría”, provocado por una crítica desfavorable que escribió Ignacio Echevarría para el suplemento cultural de El País acerca de una novela de Bernardo Atxaga publicada por Alfaguara?—, la reducción de los costes de producción de las publicaciones impresas y el acceso a los contenidos en formatos digitales son una alternativa para la creación de nuevos espacios de reflexión y de exposición de ideas donde no haya cabida para que las grandes empresas ejerzan presión a favor de sus intereses corporativos.


Si para los públicos masivos mirar los comentarios de libros de la prensa generalista es suficiente, para satisfacer a los pequeños públicos especializados o con intereses muy específicos esperemos que sobrevivan al menos unos pocos espacios como las revistas académicas, las publicaciones de reseñas como la Revista de Libros de la Fundación Caja Madrid o el Boletín Cultural y Bibliográfico —que no sé si sigue editando la Biblioteca Luis Ángel Arango en Colombia— y, claro, algún suplemento cultural confiable. En el ámbito hispanohablante personalmente me gustan el cultura/s —de La Vanguardia—, el Dominical —de El Heraldo—, Radar y Radar Libros —de Página/12— y adncultura —de La Nación—. Por otro lado, recientemente dos buenos editores me han dicho que el ABCD —de ABC— también está muy bien.

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Una última cosa: no dejen de echarle un ojo ni al blog de Margarita ni a su columna en la revista Arcadia.

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