archivo del febrero, 2009

jueves, febrero 26, 2009 categorizado bajo librerías

libros descatalogados y librerías especializadas

El lunes pasado recibí un mensaje de la lista de difusión de la excelente librería barcelonesa Negra y Criminal cuyo título era “Descatalogados”. El mensaje en cuestión empieza diciendo lo siguiente:

Byblos era una colección de Ediciones B, que ha pasado a la historia. Aún quedan algunos ejemplares, pero cuando estos desaparezcan de las librerías, sus títulos, la mayoría de ellos, pasarán al limbo o al infierno de los descatalogados. Alguno de ellos ha sido reeditado en la colección Zeta de la misma editorial, pero otros como Eco Negro y Hielo negro, los dos primeros títulos de Michael Connelly y su protagonista Harry Bosch están descatalogados desde Junio. A nosotros nos parece inexplicable, en un momento en que la visita a Barcelona del autor y el recibir el Premio Pepe Carvalho ha hecho que sus ventas aumenten. Habrá que esperar a que Roca Editorial lo reedite’.



El destino de los libros de Michael Connelly en un momento en el que la popularidad de éste entre los amantes del género negro está alcanzando su máximo punto da cuenta no sólo de la crisis por la que atraviesa actualmente el Grupo Zeta, sino también del sentido de la oportunidad y de la capacidad de reacción de una editorial mediana como Roca. Por otro lado, no cabe duda de que librerías especializadas como Negra y Criminal permiten seguirles el rastro a estos libros descatalogados e incluso acceder a ellos al mismo tiempo que nos orientan a los lectores a la hora de explorar el universo de los géneros de los que se ocupan.

miércoles, febrero 25, 2009 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 64 ]


Lecturas en curso


Gomorra, de Roberto Saviano

Debate

Madrid, 2007


Mi recomendado de la semana


No comas renacuajos, de Francisco Montaña

Babel libros

Bogotá, 2008


Mis libros favoritos


El capote, de Nikolái Gógol

Nórdica libros

Madrid, 2008


Me llama la atención


Los relatos del padre Brown, de G.K. Chesterton

Acantilado

Barcelona, 2009

martes, febrero 24, 2009 categorizado bajo librerías, ventas de libros

¿que en colombia los libros no son caros?

A través del blog de Roger Michelena llego a un texto de Felipe Ossa, gerente de la Librería Nacional del centro comercial Unicentro de Bogotá, en el que éste arremete contra la idea de que en Colombia los libros son caros. Así empieza Ossa su texto, publicado el pasado 21 de febrero en la sección de cartas de los lectores del periódico El Espectador:

‘Decía alguna vez el Conde de Siruela, fundador de la magnífica y singular editorial Siruela, que aquello de los libros caros era simplemente una actitud cultural. ¿Caros con respecto a qué? ¿A una corbata de marca? ¿A una cartera Vuitton? ¿A una atractiva y diminuta ropa interior femenina de Victoria Secret? ¿Cuándo nos quejamos del whisky caro o de la discoteca cara? Sin embargo, estamos gustosos de pagar por todas estas cosas sin chistar. No conozco el primer artículo que se haya publicado protestando por el precio de las zapatillas deportivas o de los laptops para ejecutivos’.



Los argumentos de Ossa merecen ser leídos y comentados con cuidado, así que vamos por partes:

En primer lugar, es cierto que Siruela es una editorial exquisita pero hay que decir que no a cualquiera le está permitido solventar los gastos de producción que en su momento implicaba hacer esos libros editados con tanto cuidado. Sin lugar a dudas una fortuna y un título nobiliarios ayudan a mantener a flote un proyecto de esta naturaleza y, por lo tanto, la opinión de Jacobo Siruela no sorprende por venir de quien viene.

En segundo lugar, yo diría que en Colombia los libros son caros en relación con el poder adquisitivo de la población: este año el salario mínimo es de 496900 pesos —es decir, 193 dólares o 151 euros a precio de hoy (ver en las notas el precio de cada una de estas monedas en pesos)—. En síntesis, un libro de una de esas ‘ediciones de bolsillo que no pasan de veinte mil pesos’ a las que se refiere Ossa más adelante representaría cerca del 4 % del ingreso de alguien que se gane el salario mínimo. Para contextualizar un poco la situación estuve averiguando a través de amigos que viven en Bogotá aproximadamente cuánto cuestan allí algunas cosas:

– un menú ejecutivo: +/- 4500 pesos

– un trayecto en un bus de transporte público: 1200 pesos

– un café americano: +/- 800 pesos

– una cerveza en una cafetería de barrio: +/- 1200 pesos

– un menú de McDonald’s: +/- 11000 pesos


En tercer lugar, hay que tener en cuenta que tanto una corbata de marca como una cartera Vuitton podrían ser consideradas bienes de consumo suntuario y que un laptop para ejecutivos es una herramienta de trabajo que se amortiza rápidamente mediante el uso —los franceses y algunos seguidores de los estudios culturales añadirían que a diferencia de estas mercancías el libro es un bien simbólico—. Además de una fuente de entretenimiento, el libro es un vehículo al servicio de la transmisión del conocimiento. Debido a lo anterior juega un rol central y fundamental en la educación y, por lo tanto, en ciertos momentos en los que haya que reducir gastos seguramente la necesidad de acceder a los libros será más urgente que la de poder comprar unas zapatillas deportivas o ‘la atractiva y diminuta ropa interior femenina de Victoria Secret’ que menciona Ossa.



Hasta cierto punto estoy de acuerdo con la manera como Ossa concibe el libro y con las consideraciones que hace con respecto a la mano de obra involucrada en la cadena de producción:

‘El libro es un objeto industrial que utiliza materiales que cuestan: papel, tinta, encuadernaciones, pegamento, máquinas donde se imprime, películas. Por supuesto, obreros y operarios que cobran por su trabajo. El autor, el editor, el impresor, el distribuidor y el librero, también —aunque parezca raro— son humanos y de algo tienen que vivir’.


De hecho, para fortalecer el argumento de Ossa iré más lejos: en su clásico Imagined Communities el profesor Benedict Anderson afirma lo siguiente con respecto al libro:

‘En un sentido más bien especial el libro fue la primera mercancía producida al estilo moderno de producción masiva. El sentido que tengo en mente puede exponerse si comparamos el libro con otros de los primeros productos industriales como los textiles, el ladrillo o el azúcar. Estas mercancías son medidas en cantidades matemáticas (libras o cargas o trozos). Una libra de azúcar es simplemente una cantidad, una carga conveniente, y no un objeto en sí mismo. El libro, sin embargo —y aquí prefigura los bienes de consumo duraderos de nuestro tiempo— es un objeto distinto y autocontenido que es reproducido exactamente a gran escala’*.



De acuerdo, es necesario que aquellos a los que Ossa llama “los románticos del libro” entiendan que éste no surge de la nada y que como cualquier otra empresa una editorial o una librería exigen que haya una gestión inteligente que garantice su viabilidad, por lo cual eso de que el libro ‘debería estar manejado por artistas e intelectuales’ quizás no sea del todo recomendable. Yo diría que para el funcionamiento del sector del libro es fundamental tener en cuenta la perspectiva tanto comercial como estrictamente editorial pero también diría que éstas son complementarias y que, por lo tanto, un proyecto que sólo juegue con una de ellas o que descuide la otra cojea seriamente.

En síntesis, el hecho de que entendamos que quienes hacen o venden libros no son hermanitas de la caridad o que su actividad es una forma de ganarse la vida no necesariamente significa que no podamos poner sobre la mesa una discusión alrededor del precio de los libros. Por otro lado, hay quienes dicen que el precio no es un factor determinante en la compra de libros. Además, recientemente también he oído quejas con respecto a lo caras que están la fiesta o la ropa en Bogotá.

Ossa afirma con entusiasmo que ‘el universo del libro está al alcance de todos’ pero yo no se lo creo porque hay evidencias que demuestran que no es así: el precio de venta de los libros, la falta de librerías no sólo en las zonas periféricas de las grandes ciudades sino también en las ciudades intermedias o en los pueblos y la cobertura limitada de las redes de bibliotecas públicas —que en Bogotá y Medellín no está nada mal—. Es más, es poco probable que Ossa mismo se crea lo que dice porque por experiencia propia él debe conocer muy bien las prácticas especulativas a través de las cuales los grandes grupos editoriales, las grandes superficies y las cadenas de librerías negocian el precio de los libros.


* Imagined Communities, de Benedict Anderson. pág. 34

Verso

Londres, 1991

Notas:

1. un dólar (a precio de hoy) = 2596 pesos

2. un euro (a precio de hoy) = 3310 pesos

lunes, febrero 23, 2009 categorizado bajo edición, editores, editores colombianos, editores independientes

entrevista a gustavo garcía arenas, editor de icono editorial / “hoy en colombia es difícil encontrar autores para hacer libros de actualidad”

Tras desarrollar una larga trayectoria en algunos grandes grupos editoriales, hace poco más de cuatro años el editor colombiano Gustavo Mauricio García Arenas decidió abrir Icono editorial con el propósito de publicar libros de actualidad. Debido a algunas de las dificultades con las que se ha encontrado al montar su propia editorial independiente en Colombia, durante este tiempo García ha tenido que replantear su plan de trabajo aunque el espíritu y el objetivo de su proyecto se conservan intactos.


Martín Gómez: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Icono editorial?


Gustavo Mauricio García Arenas: Antes de abrir mi propia editorial yo trabajé con Círculo de Lectores, con el Grupo Santillana y con otras editoriales grandes. ¿Y por qué me salgo yo de estar manejando Aguilar en Santillana? Por dos motivos principales: en primer lugar, porque ellos empezaron a interesarse, para mi gusto más de la cuenta, en libros de autoayuda y a mí eso no me interesaba. Yo hice libros de autoayuda en una época pero ya no me interesaba seguir haciéndolos al menos que fuera para mí mismo y no para otro; y, en segundo lugar, porque el Grupo Santillana empezó a meterse mucho en Colombia. Mucho. Inicialmente sólo hacía textos escolares y después entró en el segmento de los libros de interés general a través de Alfaguara, Aguilar, Taurus y Altea. Después el Grupo Prisa compró Caracol Radio y empezó a tener intereses políticos y a cuidarse de lo que estaba publicando —es decir, de lo que se podía publicar o no— en Colombia. Y ahí empezó a no interesarme porque Aguilar era un sello de actualidad. Con ese compromiso de actualidad entré yo a hacer los libros y luego me tocó empezar a considerar otro tipo de intereses que no me gustaba tener en cuenta. Ahí yo dije ‘bueno, esto ya se está poniendo como aburrido’.

Cuando yo arranqué con Aguilar el sello estaba en cero. La imagen de Aguilar era la de los clásicos de literatura de hace años, esos libros de pasta en cuero. Pero el reto era volverlo más como El País – Aguilar y Colombia fue el país de ensayo. En Santillana dijeron ‘empecemos con Colombia a ver qué pasa’. Yo venía de Intermedio editores, que se había caracterizado un poco por hacer libros de actualidad. A mí me llamaron de Santillana, yo me fui para allá y estaba muy contento haciendo los libros que hacía hasta cuando la línea editorial empezó a dar ese giro hacia la autoayuda y comenzaron a entrar intereses políticos en juego. Yo dije, ‘bueno, ¿y qué voy a hacer?’ Yo también hago fotografía, así que una opción era retomarla o ponerme a escribir. La sensación que tenía era que si en cuestión de tres años yo ya había podido montar Aguilar de cero y posicionarla también podía montar una editorial sólo, ¿no?

Yo me lancé a montar mi propia editorial pero empecé a encontrarme con la cruda realidad. Cuando trabajas en una organización como Santillana está claro que la gente no es simpática contigo solamente porque eres tú sino porque hay un gran grupo detrás. Y te das cuenta de eso cuando empiezas a estrellarte con varias cosas.

M.G.: Entonces digamos que las motivaciones de crear la editorial están relacionadas con una experiencia muy positiva que termina produciendo una especie de desencanto…


G.M.G.A.: Mi idea inicial, y que en el fondo sigue siendo la misma aunque la realidad haya sido distinta, fue realmente seguir haciendo el tipo de libros que yo estaba haciendo en Aguilar. Estaba montando una colección de libros Aguilar “x” y estaba muy contento con ella. Yo dije ‘bueno aquí quieren empezar a meter autoayuda y otros temas, así que yo voy a seguir haciendo mi Aguilar con mi empresa’. Y salí pero ahí fue el primer choque con la realidad. A autores que querían decirlo todo yo les decía ‘vengan que estoy montando este nuevo proyecto y podemos hacer cosas interesantes’ pero resulta que todo el mundo se quedaba callado, mudo, nadie decía nada. Su interés era no sólo decir ciertas cosas, sino también con quién las decían.

M.G.: ¿Sólo querían publicar con los grandes?


G.M.G.A: Exactamente. Yo suponía que si un editor se sale a montar una editorial independiente y a abrir las puertas para que se publiquen ciertas cosas, va a encontrar gente con quien trabajar. Y resulta que no. Uno lanza propuestas y los posibles autores le dicen cosas como ‘es que estoy en conversaciones con no sé quién’ o ‘es que tengo un libro y voy a escribirlo para tal’. Todos los supuestos autores independientes también están casados con las grandes editoriales. Por eso mismo fue que surgió el tema de la colección de frases: El mundo según…, Tanta tinta tonta, etc. Yo decía ‘tengo que salir de Santillana y montar la editorial apenas salga porque no puedo perder el contacto con el medio’. Sobre todo porque en ese momento el medio estaba de amigo mío. En la medida que yo estaba en un cargo importante dentro de un gran grupo todos eran amigos. Tenía que aprovechar estos contactos para abrir las puertas a Icono y tal cual fue.

Apenas salí de Santillana monté la editorial en veinte días y empecé a llamar a los autores que me decían ‘no es que estoy muy comprometido’, ‘ando muy ocupado’ o ‘necesito que me mantenga un año escribiendo un libro’. ¿Y cómo? Además, también empieza uno a estrellarse con el hecho de que los grupos cada vez están más cerrados. Por ejemplo, El Tiempo no deja publicar a sus periodistas si no es con su editorial que es Intermedio. Ahora el panorama es así: Planeta, Intermedio y Círculo de Lectores. Bajo estas circunstancias queda cerrada la posibilidad de trabajar con los periodistas de El Tiempo.

Luego se puede intentar ir a El Espectador. A raíz de que el Grupo Prisa no pudo comprar El Tiempo, ahora está muchísimo más cerca de El Espectador y está haciendo convenios con Santillana. Los libros de los periodistas de El Espectador los publican Aguilar o Alfaguara. A quien intente meter la mano le dicen ‘quieto, que aquí esto también está vendido’. Pensando siempre en libros de actualidad que era la línea que a mí me interesaba seguir manejando, la única opción era Semana que estaba mucho más abierta. Yo había hecho contactos con ellos estando en Aguilar pero Planeta también, de manera que ambos publicaban libros con Semana.

Ese trabajo en conjunto lo empecé yo y por desgracia para mí ha quedado muy bien articulado. Yo incluso hice el contacto con Gatopardo y el primer libro de crónicas de ellos se hizo con Aguilar aunque ya el segundo lo sacó Random House. Ese contacto sí se perdió. Pero como Gatopardo se disolvió un poco acá en Colombia y se fue a México, el manejo que se le puede dar aquí es muy difícil porque las decisiones se toman allí. Eso también ha hecho más difícil la forma de conseguir autores porque éstos están muy comprometidos. Y ahora que los medios pertenecen a un solo grupo: Planeta, El Tiempo, ADN, Cambio… Los otros son la revista Semana, que está muy casada con Aguilar, y El Espectador que lo está con Santillana.

Quedan muy poquitos periodistas disponibles. Sólo los de televisión. Y de hecho lo único que he podido sacar de actualidad fue el libro sobre el jefe paramilitar “Rasguño”, que además significó para Icono una venta importantísima y radicalmente distinta de todas las demás. Se disparó. Hemos vendido 6000 ejemplares y ese éxito ya está muy lejano, así que toca sacar otro. El autor de ese libro, que es un periodista de RCN, me proponía hace poco que viéramos qué otros proyectos se podían hacer. RCN ya se metió en RCN Cine y parece que también están interesados en montar una editorial. Se está dando el mismo proceso que en los otros medios y seguramente no demorará en darse también en Caracol Televisión.

¿Qué le queda a uno ante este panorama? Está el diario El Espacio, que no me interesa. Y no hay más periódicos.

M.G.: Pero a nivel de prensa regional está la red de Colprensa, que también es importante…


G.M.G.A.: Aunque a nivel regional sí lo son, ellos en Bogotá no son fuertes. Cuando tú analizas las estadísticas de la venta de libros, el 70 % se hacen en Bogotá. Tú puedes contratar al mejor periodista de Barranquilla y aquí no lo conoce nadie al menos que se haya hecho acá. Y uno dice ‘en Barranquilla lo van a comprar un montón’ y allá no lo compran. Eso no se da.

M.G.: ¿Cuáles son las líneas de trabajo de Icono editorial y cómo se definieron éstas?

G.M.G.A.: Las líneas de trabajo han ido surgiendo más por supervivencia que por cualquier otra cosa. Inicialmente queríamos hacer libros pero en vista de que la cosa cada vez se complica más uno se pregunta cómo hacer para lograr que la editorial se mantenga y que sea económicamente viable. En algún momento tuvimos que decir ‘bueno, metámonos a hacer revistas’. Y vuelve y juega: me metí a hacer una revista, nos la inventamos con un amigo, le hicimos la propuesta a productos Roche y les pareció buenísima. Empezamos a hacer la revista, hicimos cinco números y al sexto se atravesó otro animal grande, que es Legis, y les dijo ‘nosotros les hacemos ese trabajo a costo de impresión’.

Como ellos también son impresores, con tener esa cuenta ya tienen una ganancia. Y lo demás es decirle al editor que tienen trabajando ahí que haga una revista más y que no se queje porque si no se queda sin puesto. Claro, no van a cobrar lo que nosotros estábamos cobrando porque les pagábamos a los autores y al editor. No, éstos simplemente le ponen más trabajo al empleado que ya tienen y se ganan la cuenta de impresión. De hecho supe que a Roche no le había gustado mucho el trabajo pero Legis dice ‘se lo hacemos como quieran, se lo repetimos hasta que queden satisfechos’. Y listo.

Había entonces una línea de revistas. Estaban los libros de venta de librerías, los libros corporativos, la revista de Roche y otra que se llama Shopping Pleasure —para el centro comercial Santafé—. Éste era un proyecto triangulado porque la revista la tenía D`Vinni por el negocio de la impresión. D`Vinni habló con los del centro comercial Santafé, les dijo que les hacían una revista, les vendieron la idea y el centro comercial dijo que sí. Pero como los de D`Vinni no son editores me llamaron a mí como editor porque alguien de allí había trabajado conmigo en Carvajal y me dijeron que en cuestión de quince días teníamos que tener el machote de la revista. Armamos la revista, la presentamos, aceptaron el proyecto y arrancamos a hacer algo muy distinto de lo que hacíamos para Roche, que me pagaba a mí directamente.

Ahora por cosas del destino Publicaciones Semana compró parte de D`Vinni —que es una imprenta muy grande que hace la mayoría de las agendas que hay y que también se metió a hacer cuadernos para hacerle competencia a Norma—. Publicaciones Semana compró cerca del 30 % de D`Vinni, que ahora es el impresor de sus revistas y, obviamente, ahora ellos van a empezar a hacer directamente Shopping Pleasure. La competencia es muy difícil porque cuando uno está chiquito nadie le pone atención porque no hace nada que pellizque el mercado. Y cuando está logrando crecer y pellizcar el mercado, lo muerden. Cuando uno sigue chiquito no lo muerden porque le está yendo mal. Si le empieza a ir bien se vuelve interesante para los demás, que empiezan a echarle el ojo porque les está quitando mercado.

M.G.: Esta necesidad de supervivencia lo ha llevado a hacer cosas distintas de las que había previsto inicialmente. ¿Qué tipos de cosas ha hecho Icono en este sentido?

G.M.G.A.: La primera fue empezar a hacer revistas, que es algo que no me había planteado al principio. Cada cambio cuesta un año de trabajo. Salgo y voy a montar una editorial de libros de no ficción, de temas de actualidad —es decir, algo tipo Aguilar pero bajo el sello de Icono—. Primer golpe: no hay autores. Sin embargo, hay que montar la editorial rápido porque si no se pasa el cuarto de hora. Luego empiezo a sacar libros de frases, que era lo que tenía a mano inmediatamente. Tanta tinta tonta tuvo mucho éxito y después se volvió una colección de distintas cosas: El tango en sus propias palabras o El mundo según ‘tal’. Y me parece interesante. Pero inicialmente lo que me ha interesado desde el comienzo hasta ahora es publicar libros de no ficción, de actualidad. El problema sigue siendo el mismo: ¿dónde están los autores? Hay proyectos pero son lentos, demorados y costosos. En algunos casos hay que pagar cantidades de dinero grandes por concepto de anticipos.

M.G.: ¿Normalmente usted encarga los libros o son los autores quienes llegan a ofrecérselos?

G.M.G.A.: De momento yo los encargo.

M.G.: ¿Cómo define el tema y el enfoque de los libros que encarga?

G.M.G.A.: Por temas de actualidad que puedan ser polémicos. Empiezo a pensar en el tema y en el autor. Eso siempre lo he hecho en todas las editoriales.

M.G.: ¿Cuál es el tipo de temas que hasta el momento ha tocado el catálogo de Icono y cuáles cree que pueden ser filones interesantes?

G.M.G.A.: Los que en principio pueden estar vetados por otras editoriales. Eso es lo único que me está quedando y ahí puede haber un filón interesante. El problema seguirá siendo el de los autores porque a mí se me puede ocurrir un tema que buenísimo, ¿pero quién escribe el libro? Empiezo a buscar un periodista bueno pero cuando lo encuentro y voy a llamarlo resulta que trabaja en El Tiempo o en El Espectador y, por lo tanto, está con las manos atadas.

M.G.: ¿Esto pasa sólo con los periodistas o los columnistas, de cuyas opiniones no se responsabilizan los periódicos, también tienen esta atadura?

G.M.G.A.: Si les pagan por el artículo quedan atados y no pueden reproducir sus columnas en otros medios, por lo cual muchos columnistas escriben ad honorem. Esta dinámica genera un matrimonio con el medio. Los columnistas también me interesan pero lo que pasa con muchos de ellos es que como trabajan en ONGs y fundaciones andan metidos a fondo en eso y tienen muchas cosas que hacer. Si uno le propone un libro a un periodista o a un columnista y tiene que pagarle el tiempo que va a gastarse haciéndolo, la situación se vuelve inmanejable porque ningún libro se vende por adelantado. Es necesario que coincidan varios intereses: que ese posible autor tenga un trabajo fijo en la organización donde está, que el libro sea casi un resultado natural de lo que está haciendo allí y que le interese publicar ese material.

M.G.: ¿Cree usted que Icono editorial está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?

G.M.G.A.: Hay un pequeño vacío que yo esperaba llenar. Mi idea inicial era sacar libros que yo pensaba que en principio no eran publicables por las grandes editoriales y que sí lo fueran en una editorial seria y buena. Hay editoriales que a veces publican ese tipo de libros por puro morbo y amarillismo, muy mal editados, con unas carátulas horribles y que cuando uno empieza a leerlos dan vergüenza de lo mal escritos que están porque detrás suyo no hay profesionales sino un simple espíritu mercantilista. Son unos libros horribles que parecen hechos con los pies.

M.G.: La idea entonces consiste en hacer libros bien hechos e interesantes, de aquellos que no caben en el catálogo de los sellos de los grandes grupos y que éstos no se atreven a publicar.

G.M.G.A.: Eso era la idea pero resulta que a veces uno se lleva sorpresas porque grupos que uno piensa que no publicarían ciertos libros al final sí que lo hacen. Y por otro lado los autores están muy casados con las grandes editoriales. Uno piensa que un tipo como Alfredo Molano seguramente va a querer publicar con una editorial independiente y uno habla con él y resulta que finalmente lo que quiere es plata. Su pregunta es: ‘¿cuánto me va a pagar?’ Incluso cuando se trata de libros que a él no se le habían ocurrido. Y lo digo por un caso concreto en el que le dije ‘saquemos este libro súper interesante de sus columnas’ y él dijo ‘perfecto, súper bien’ y se demoró meses en escribirlo hasta que me dijo ‘no, ¿sabes qué? Hay una puja de tanto y tanto por el libro que tú me habías dicho. ¿Tú cuánto me ofreces?’ Y yo tuve que decirle que no le hacía ninguna oferta porque si la puja era entre Norma y Random House no tenía nada que proponerle. Lo único que me hubiera encantado decirle es que lo mejor habría sido que cuando le hice la propuesta inicial me hubiera dicho que no desde el principio porque me hizo perder mucho tiempo. Finalmente ese libro no salió. A ese libro que yo le propuse se le pasó el cuarto de hora y no lo publicó ni Random House ni Norma.

M.G.: ¿Su vigencia caducó?

G.M.G.A.: Totalmente.

M.G.: ¿Era un tema coyuntural?


G.M.G.A.: Era específicamente sobre el Che Guevara cuando estaba cumpliendo años de muerto y Molano sacó unos artículos del viaje del Che que me parecieron súper interesantes. Eso debió sacarse en 2007 y cuando yo le hice la propuesta habríamos alcanzado a hacerlo. Si uno saca hoy en día un libro sobre el Che todo el mundo pensará que el año pasado ya hubo suficiente Che y que para qué publicar un libro más sobre el tema. En ese momento el libro era bien interesante pero ahora mismo quedaría fuera de lugar.

M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Icono para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?

G.M.G.A.: La estrategia editorial siempre ha consistido en lo mismo: tratar de publicar libros de actualidad. Esos libros tienen un mayor mercado que los otros y a mí me gustan mucho más los libros de actualidad que los de literatura porque me parece que en ellos el editor interviene mucho más que en los literarios en la medida en que éstos son muy de autor. Si a ti te entregan una novela no puedes meterle mucho la mano porque el autor te dice ‘bueno, ¿quién escribió esto, usted o yo?’ En los libros de actualidad el editor puede proponer el tema, buscar al autor, intervenir en la creación del contenido y decir ‘oiga, haga esto o esto otro’. Conceptualmente el editor es mucho más coautor y eso me gusta más.

M.G.: Le gusta ser un editor de esos que trabajan de la mano con el autor.

G.M.G.A.: Sí, por lo menos en la idea y también en el desarrollo del estilo. El ideal no es reescribir textos pero sí escoger un tema y un autor y saber más o menos qué es lo que éste va a hacer. Con los temas de actualidad no pasa muchas veces que el autor llegue con el libro debajo del brazo porque corre el riesgo de que no se lo publiquen. Una persona no se sienta a escribir un libro de actualidad y sale a publicarlo. Normalmente estos libros se hacen por encargo.



M.G.: ¿Y en términos comerciales cuál es la estrategia?

G.M.G.A.: La estrategia consiste en buscar libros que tengan mucho mercado. Un libro como De Rasguño y otros secretos del bajo mundo tiene mucho más mercado que cualquiera de los de temas literarios que hemos sacado. El mundo según Marguerite Yourcenar tiene un nicho de mercado interesante y fue un riesgo sacarlo porque decíamos ‘¿será que Yourcenar sí tiene mercado? ¿Quién la conoce?’ Y finalmente fue una buena sorpresa porque es un libro que ya casi va a agotar la edición, que no es grande, pero que si se venden los 1000 o 1200 ejemplares podemos decir que ya se hizo el negocio. Los temas de actualidad en general tienen mucho más mercado. El propósito es conseguir definitivamente lo que he querido pero no he podido lograr desde el comienzo. Eso por el lado de los libros.

Por el otro lado quiero tratar de desarrollar más la línea de libros y revistas institucionales como las que veníamos haciendo. Una revista como la de Roche era regalada, por lo cual en casos como ése la única preocupación es hacerle un buen trabajo al cliente y ya. Ellos recibían la revista y no salían a venderla porque ya tenían su mecanismo de distribución gratuita. Lo mismo pasaba con el centro comercial Santafé: yo les entregaba la revista y ellos se encargaban de distribuirla donde ellos querían. Pero también nos interesa publicar revistas que inclusive puedan salir a la venta y que ésta sea responsabilidad nuestra. Durante nueve años yo hice revistas en Carvajal, que es algo que también me gusta mucho. Una de las posibles estrategias que tenemos es hacer una revista que pueda ir al mercado abierto o de circulación cerrada pero para eso hay que tener un cliente que tenga ese mercado a su disposición. Algo así como la revista de Avianca.

M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


G.M.G.A.: Tengo que decir que es mucho tiempo sobreviviendo. Éste no ha sido el ideal. Yo pensaba que esto iba a ser mucho más sencillo porque así lo fue cuando monté el proyecto de Aguilar. La estrategia de mercado también ha consistido en cambiar de producto, tratando de insistir en trabajar mucho más el libro de actualidad. De los libros que hemos hecho sólo uno es de actualidad contra diecisiete que no lo son a pesar de que inicialmente la idea era hacer este tipo de libros.


Sería interesante poder entrar al mercado de adquisiciones de las bibliotecas públicas, que está muy ganado por las editoriales grandes que establecen allí relaciones de alto nivel y apoyan muchas campañas. Inclusive empieza a haber experiencias como la siguiente: yo en una época le vendía libros a una librería que me decía ‘mándeme rápido ocho ejemplares de este título que los necesito ya’ y resulta que ellos luego se los vendían a una biblioteca ‘x’. En ese momento me pregunté qué sentido tenía esa dinámica y dije ‘pues mejor le vendo yo los libros directamente a la biblioteca’. Y cuando yo entré a venderle directamente a la biblioteca ‘x’ resulta que sólo me compraron un ejemplar. ¿Por qué cuando les vendo yo los libros compran uno y cuando lo hace esta librería son ocho? Uno empieza a ver que ahí hay muchas cosas torcidas. Aparentemente para un gran grupo las compras de bibliotecas corresponden a cerca del 40 % de sus ventas.


M.G.: ¿Cómo percibe usted el estado actual del segmento de la edición independiente en Colombia?


G.M.G.A.: Ahí hay un dilema muy grande. En la edición independiente hay mucha gente que monta una editorial porque está enamorada de los libros y resulta que uno puede estar muy enamorado de éstos pero también puede quebrarse. Lo más importante de una editorial independiente es sobrevivir porque si no es así no cumple ninguna función. Y todas las editoriales independientes que no dependemos de ningún grupo económico estamos siempre al borde o vivimos de otras cosas. Por ejemplo, en Medellín hay una editorial que ha sacado muchos libros porque el dueño es un abogado que trabaja en lo suyo, tiene la editorial ahí y más o menos sobrevive. Pero ha durado años, en algún momento se desaparece del mapa y luego vuelve a aparecer pero no cumple con la función de ser una editorial permanente, con presencia y que viva de lo que publica.


Hay otras editoriales que sacan la plata de lo que les pueda pagar un autor por publicar sus libros. Eso también es complicado. También hay casos de autores que se reúnen para montar una editorial. Son maneras de sobrevivir. Hay muchos poetas, por ejemplo, que funcionan bajo ese esquema debido a que ninguna editorial de las independientes publica poesía si no es pagada porque si lo hace se quiebra. Yo publiqué un libro de poesía, sacamos 300 ejemplares y hemos vendido quince. Con todo y que el libro está en todas las librerías.

M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros y a otras publicaciones que está preparando en este momento Icono editorial?

G.M.G.A.: Hay unos que podrían estar por salir pero sobre los que no puedo decirte nada porque son temas calientes y de actualidad. Con estos títulos llevo varios meses en los que me he reunido con un autor y con otro. Son libros sobre temas de actualidad política nacional pero producirlos es un proceso demasiado lento.

Transcripción: Margarita María Pérez Barón

jueves, febrero 19, 2009 categorizado bajo editores, industria editorial

una anotación de txetxu barandiarán sobre los cambios en el sector editorial

Txetxu Barandiarán anuncia en una entrada de hoy de convalor que ha sido invitado por la gente de Booktailors ‘a colaborar de manera estable en su blog’ y reproduce su primera colaboración, cuyo título es “2009 ¿Año de cambios?”.


Del texto de Txetxu me llama particularmente la atención el siguiente fragmento:


‘El cambio, en este sector que parece que nunca muta, es constante y silencioso. Entre otras cosas, es así motivado ya por el pequeño tamaño de sus empresas, que hacen del mismo un pequeño hervidero donde hay de manera continua gente y proyectos entrando y saliendo, ya por el propio dinamismo de la creación, que es capaz de vencer las propias inercias de la industria’.


Con este texto constato una vez más que las ideas de personas cuya experiencia en el sector les ha permitido conocerlo bastante bien me sirven no sólo para entenderlo mejor, sino también para eliminar ciertos prejuicios que tengo con respecto a él. Este párrafo en particular me hace preguntarme si en realidad el sector editorial es tan conservador y reacio al cambio como lo percibo o si lo que pasa es que el hecho de repetir una y otra vez que su capacidad de adaptación es baja me impide ver las transformaciones que se están gestando en él.


Un aspecto de este párrafo que me parece clave es el que se refiere al pequeño tamaño de algunas empresas del sector, que según creo les da una enorme flexibilidad a la hora de enfrentarse a los tiempos de crisis y de transformaciones provocadas por la evolución tecnológica.


A propósito de cambios en el sector editorial, recomiendo echarle un ojo al blog Paradigma Libro. Detrás de él están justamente Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez, los autores de El nuevo paradigma del sector del libro —perteneciente a la colección Tipos móviles, de Trama editorial, que editan Manuel Ortuño y Txetxu—.