archivo del febrero, 2009

una cuestión de derechos

Como dije en mi entrada de ayer, Sergio Vila-Sanjuán explica en Pasando página los cambios que produjo la agente literaria Carmen Balcells en el campo de la negociación de los derechos en la edición española.

Dice Vila-Sanjuán:

‘¿Cuáles son los cambios que Balcells ha propiciado? Principalmente son dos: acabar con los contratos indefinidos e introducir en el mercado del libro español los adelantos’. (Pasando página, pág. 130)



Pero el aspecto al que me refería ayer al hablar sobre las dificultades a las que deben enfrentarse los autores que escriben en castellano para ser publicados en otros países donde se habla su misma lengua es distinto y tiene que ver con la posibilidad de que editores diferentes publiquen una misma obra en distintos países hispanohablantes en lugar de que lo haga uno solo para América y España. Así explica Vila-Sanjuán esta práctica:

‘Es lo que se llama “partición de derechos”, que implica que un mismo libro, en castellano, puede ser vendido a varias editoriales diferentes de España y América creando una división territorial. La razón principal, argumenta Balcells, es que así se asegura una distribución efectiva, mientras que cuando los libros se vendían únicamente a una editorial española resultaban mal distribuidos al otro lado del Atlántico. Desde el punto de vista de Balcells, resulta absurdo desperdiciar el potencial de mercados en alza como el mexicano; hay que aprovecharlo al máximo. Ni que decir tiene que todas estas iniciativas representan auténticas revoluciones para el mercado del libro español y contribuirán decisivamente a configurarlo tal como es hoy’. (Pasando página, pág. 132)


El tema derechos universales para lengua castellana vs. derechos por partición geográfica me suscita varias preguntas:


¿Qué es más favorable para los autores hispanoamericanos que aspiran a que su obra sea conocida en países distintos del suyo donde también se habla castellano: que una editorial tenga los derechos para todo el ámbito hispanohablante o fragmentar los derechos por países? ¿Venderle los derechos universales en castellano de un libro a una sola editorial garantiza su circulación en todos los países? ¿Qué lleva a una editorial que ha comprado los derechos universales en castellano de un libro a moverlo sólo en unos países y a dejarlo quieto en otros? ¿Qué puede hacer un autor que le ha vendido los derechos universales en castellano de un libro suyo a una sola editorial si ésta no lo mueve en ciertos países? ¿Ganan más los agentes y los autores recurriendo al mecanismo de partición de derechos? ¿En qué medida la escogencia de uno u otro mecanismo de gestión de derechos afecta tanto a una editorial independiente como a los sellos pertenecientes a un gran grupo? ¿Qué diferencia existe entre las editoriales españolas y las hispanoamericanas en términos de poder de negociación a la hora de defender de cara a una agencia literaria su posición a favor de uno u otro mecanismo?


Sería bueno saber qué opinan al respecto los autores, agentes y editores a partir de su experiencia.


No es fácil entender por qué, como dice Javier Moreno en HermanoCerdo, conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible. Claramente la cosa no es tan sencilla como hablar de un mercado unificado o como decir que se está desperdiciando el potencial que en términos comerciales y culturales encierra el hecho de tener una masa crítica de cerca de quinientos millones de lectores cuya lengua materna es el castellano.

Miércoles, febrero 4, 2009 categorizado bajo agentes literarios, literatura latinoamericana, premios literarios, reseña

¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?

‘Me sentía tentado a asomarme al otro lado, a ver qué había allí. Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera. ¿Qué sentía uno? ¿En qué pensaba? Debía tratarse de un momento de gran emoción, de turbación, de tensión. ¿Cómo era ese otro lado? Seguro que diferente. Pero ¿qué significaba “diferente”? ¿Qué aspecto tenía? ¿A qué se parecía? ¿Y si no se parecía a nada de lo que yo conocía y, por lo tanto, era algo incomprensible e inimaginable? Pero, en el fondo, mi más ardiente deseo, mi anhelo tentador y torturador que no me dejaba tranquilo, era de lo más modesto, pues lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión cruzar la frontera. Cruzarla y volver enseguida, con eso —pensaba— me bastaría, saciaría esa inexplicable y, sin embargo, muy acuciante sed psicológica’.

Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuściński. pp. 16 – 17

Anagrama

Barcelona, 2006


***



Hace poco Javier Moreno escribió en HermanoCerdo una nota llamada “El nuevo rostro de las letras dominicanas” en la que hablaba acerca de lo difícil que es encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región debido a que las editoriales que los publican no hacen el esfuerzo de llevarlos ni siquiera a los territorios vecinos —muchas veces apenas los mueven en los suyos propios—. Javier dice lo siguiente:


‘Es una lástima que buena parte de estos autores jamás trasciendan las fronteras de su país. Ojalá que encontráramos maneras de mover sus trabajos. Lo más triste es que este no es ni siquiera un fenómeno aislado: conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible, y lo mismo ocurre de, digamos, Caracas a Chile. ¿Cómo conseguir literatura joven ecuatoriana en el DF? Son poquísimos los autores latinoamericanos que logran liberarse de sus fronteras políticas y casi siempre ocurre mediante publicaciones en España (detalle que hace todo esto más absurdo, si posible.) Considerando que todos hablamos más o menos el mismo idioma, la falta de distribución no es sólo insultante sino terriblemente torpe: el mercado de todas esas editoriales en español podría multiplicarse varias veces si se aliaran y montaran esquemas efectivos de distribución y promoción internacional’.




Aunque parezca ridículo, cuando un autor latinoamericano quiere atravesar la frontera hacia su país vecino o darse a conocer en cualquier otro lugar de la región lo normal es que sólo lo consiga una vez haya saltado el charco. En una entrada del 25 de octubre de 2007 titulada “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?” hice la siguiente afirmación:


‘En síntesis, premios como el Herralde, el Alfaguara o el Biblioteca Breve ponen en evidencia que tal vez la obtención de algún tipo de reconocimiento en España sea la mejor forma que tienen los escritores hispanoamericanos de darse a conocer en los países vecinos. Aunque en apariencia es una paradoja que estos escritores tengan que pasar por España para poder atravesar la frontera que los separa del país de al lado, a la larga esta lógica tiene mucho sentido debido tanto al tamaño de la industria editorial española como a la influencia que ésta ejerce en Hispanoamérica’.


Releyendo esta entrada me doy cuenta de que hay dos elementos que en ese momento no tuve en cuenta:


- en primer lugar, los mecanismos que utilizan los agentes literarios para la gestión de los derechos en el ámbito hispanohablante: universal para lengua castellana o por partición geográfica.


A quienes estén interesados en este tema al que espero referirme en una próxima entrada, les recomiendo leer el apartado “El reinado de Carmen Balcells” de Pasando página. Allí Sergio Vila-Sanjuán explica los cambios que ha propiciado en la gestión de derechos en castellano esta agente literaria que, según el autor, marca un antes y un después en la edición española —y de la que tanto se ha vuelto a hablar debido a su negocio en el ámbito de los contenidos digitales—.





- en segundo lugar, el papel que han jugado ciertas revistas como Etiqueta negra, El malpensante, Letras libres, Quimera, Gatopardo e incluso SoHo —y ahora HermanoCerdo, eso está claro— a la hora de dar a conocer a autores de otros países latinoamericanos allí donde se publican y, en ocasiones, en un ámbito más amplio gracias a sus Websites.


En su nota Javier llega a una conclusión que me gusta mucho porque se deriva de su actitud de no limitarse a quejarse y de hacer el esfuerzo de plantear soluciones o por lo menos de prever posibles escenarios futuros:


‘Hay un mundo mejor, no muy lejos de acá, con una tienda Amazon (o similar) especializada en Latinoamérica. Eso ya sería un buen paso hacia una posible unificación. La impresión bajo demanda y el uso inteligente de la red por parte de las editoriales también pondrán su granito de arena en este proceso’.

Martes, febrero 3, 2009 categorizado bajo agentes literarios, contenidos digitales, e-book, edición digital

los lectores digitales según joaquín rodríguez

Quienes en estos tiempos tan convulsionados pueden darse el lujo de desarrollar reflexiones de largo aliento parecen tener la capacidad de no perder la perspectiva en medio de la avalancha de transformaciones que pueden llegar a producirse en períodos tan breves en campos como el desarrollo de las nuevas tecnologías. Éste es el caso de Joaquín Rodríguez, quien en una entrada reciente de Los futuros del libro nos ofrece algunas consideraciones con respecto tanto a las ventajas de los libros digitales como a las dudas que éstos suscitan a propósito del proyecto Palabras mayores de la agencia literaria Carmen Balcells —del que tanto se habla últimamente y que hace poco José Antonio Millán analizó en detalle en Libros y bitios—.


El valor de la reflexión que plantea Joaquín es que en lugar de quedarse en el terreno de lo obvio y de los hechos ya conocidos por todos los que estamos interesados en este tema, hace algunas consideraciones interesantes acerca de ciertos aspectos mucho más complejos e inciertos de la cuestión que tienen que ver con el valor simbólico de cada soporte debido al vínculo emocional que como personas y como cultura establecemos con él, con su ergonomía o con su impacto sobre la forma como leemos y sobre nuestra comprensión de lectura. Y está claro que, por lo menos en nuestro medio, sólo unos pocos están en capacidad de hacer un aporte de este tipo —aparte de Joaquín y José Antonio pienso en Enrique Dans y en Javier Celaya, por ejemplo.

Dice Joaquín en su entrada “Grandes cambios (digitales) a la vista”:

Puede, sin embargo, que el tiempo de sostener mi tesis [según la cual “el futuro del libro es plural y que esa multiplicidad depende de dos factores fundamentales: la naturaleza del contenido digitalizable y la manera en que se consume o utiliza”] haya pasado o esté en trance de hacerlo. No pasaría nada, porque un blog no es otra cosa que un laboratorio de ideas a medio cocinar que valida o refuta sus hipótesis a medida que la realidad va imponiendo los hechos, pero aunque eso pudiera suceder, sigo pensando que existen dudas razonables que nos pueden seguir haciendo pensar que la explotación estrictamente digital de contenidos literarios es de una naturaleza distinta a la del resto de los contenidos. Me atreveré a enunciar, por eso, argumentos a favor y en contra de mi propia suposición. Comenzaré por las ventajas obvias:


1. Cualquier clase de contenido se produce ya digitalmente;


2. Su distribución digital es inmediata, no produce gastos adicionales de ninguna índole, y el concepto de agotado o descatalogado desaparece;


3. En todo caso, es un canal complementario o alternativo, no necesariamente exclusivo;


4. Los costes generales para los editores se abaratan, al poder prescindir de todos los gastos asociados a la producción, comercialización y distribución, al menos en gran medida;


5. Los precios para los compradores se reducen y la oferta, potencialmente, es ilimitada;


6. Los autores reciben, en concepto de derechos, una cantidad muy superior a la que obtienen por la venta de sus libros en papel;


7. Los nativos digitales, las generaciones nacidas en contacto permanente con los medios de producción y comunicación digital, encuentran en esta clase de intercambio y circulación de contenidos algo complemente natural, porque es su soporte connatural.


Y, sin embargo, ¿qué dudas razonables seguirían persistiendo? ¿Por qué ese cambio, más allá de las resistencias gremiales y las inercias empresariales, no cristaliza?:

1. Los libros electrónicos han demostrado su evanescencia, su mortalidad. La primera generación de libros electrónicos desapareció en muy pocos años y buena parte de los actuales también lo hará;


2. Algunos de los libros electrónicos que luchan por perdurar son de tecnología propietaria, en contra del principio que el libro sentó hace cinco siglos: formatos y códigos abiertos, interfaz consistente y duradero, dispositivos textuales adecuados a los procesos de racionalización humanos;


3. El significado de un texto depende de su expresión formal, de su encarnación material, de su representación espacial. El hecho de que un libro electrónico no sea todavía capaz de manejar esas “sutilezas” formales hace que todos los textos sean el mismo texto y que, por tanto, los significados se entremezclen, se confundan;


4. Un libro electrónico no tiene más remedio que forzar el formato original de un texto, uniformizarlo, deformarlo, desfigurarlo, y en esa operación inevitable algo intangible se pierde por el camino. La cuestión no es tanto la de su potencialidad (pueden acoger textos en diversos formatos), como la de su idoneidad para hacerlo;


5. Los jóvenes de la generación digital conviven con absoluta naturalidad con esos nuevos soportes, pero no sabemos todavía a qué clase de cerebro lector abocan las operaciones que están realizando. Puede que mejores, o quizás no;


6. Desde luego, a los que manejamos ejemplares en papel de determinadas obras, nos sigue pareciendo (me permito generalizar) que el papel encuadernado entre cartones preserva la identidad e individualidad de la obra completa, y mientras ese concepto de obra integral siga teniendo sentido, seguiremos acopiando ejemplares en papel;


7. El libro en papel está construido de tal forma que respeta el orden del discurso, el orden sucesivo de su racionalización, y está diseñado para amparar un tipo de relación que el libro electrónico todavía no puede propiciar: un tipo de relación íntima, introspectiva, silenciosa, entre el lector y el contenido, de manera que tanto nuestra disposición corporal, física, como intelectual y anímica, está determinada por esa relación casi fraternal entre el soporte y el lector.


Creo que estas consideraciones de Joaquín contribuyen a darle nuevos aires y rumbos a la discusión sobre los lectores digitales que armaron Roberto Angulo, Jorge, el editor Enrique Redel, de Impedimenta, y Martín Franco —y sobre la cual también se pronunciaron por otras vías Carola Moreno, de Barataria, Neus Arqués y María Moreno, de Veintisiete letras— a raíz de mis entradas “el sony reader en acción: primeras impresiones” y “dos miradas al negocio digital de carmen balcells: josé antonio millán y el país.

Lunes, febrero 2, 2009 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 61 ]



Lecturas en curso


La tentación del fracaso, de Julio Ramón Ribeyro

Seix-Barral

Barcelona, 2003


Mi recomendado de la semana


Emiliano, de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng

Babel libros

Bogotá, 2008


Mis libros favoritos


Hojas de hierba, de Walt Whitman

Alianza editorial

Madrid, 2006


Me llama la atención


Editorial Capitán Swing Libros

Madrid

Page 3 of 3123