archivo del marzo, 2009

una visión pintoresca de la situación actual del sector editorial español en le monde

Todo parece indicar que ni siquiera la sección de libros de un periódico serio como Le Monde es ajena a la frivolidad de la prensa escrita generalista. El pasado jueves 26 de marzo el diario parisino publicó un artículo sobre la salud del sector editorial español titulado “C’est la crise : les restaurants ferment, les librairies ouvrent” “Ésta es la crisis: los restaurantes cierran, las librerías abren”—.


El artículo escrito por el periodista Jean-Jacques Bozonnet parte del supuesto de que la salud del sector editorial español es magnífica porque mientras que un emblemático restaurante madrileño cuyo dueño era un intelectual —y que contaba con clientes habituales como los escritores Dario Fo, Gabriel García Márquez, Orhan Pamuk y Mario Vargas Llosa— cerró las puertas, el grupo Bertelsmann abrió en Barcelona una librería de 1500 metros cuadrados.


No creo que Bertrand sea precisamente un elemento representativo del gremio librero español y, por lo tanto, tomar la apertura de una tienda de esta cadena como un indicio de que la crisis no está afectando al sector del libro es tan falaz como afirmar que México es un país del primer mundo porque Carlos Slim es el tercer hombre más rico del planeta.


A mí no me interesa contribuir a reproducir el pánico que están creando los medios de comunicación alrededor de la situación económica ni alimentar injustificadamente el discurso de la crisis. No me atrevería a decir que el sector editorial español está en crisis pero tampoco que no lo está porque no he podido hacerme una idea del todo clara al respecto debido, en parte, a que no tengo suficiente información para afirmar una u otra cosa. Lo que sí puedo decir es que me alegraría que la crisis no lo afectara o que por lo menos no lo golpeara tan fuerte.


Con o sin crisis, artículos como éste no hacen más que despistar porque deducen falsas conclusiones a partir de datos y hechos reales puestos fuera de contexto. Para Jean-Jacques Bozonnet todo es color de rosa porque a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre producción editorial de libros en 2008 en España se refiere al aumento de los títulos publicados y de los ejemplares editados o al crecimiento del número de afiliados a las bibliotecas y del número de préstamos solicitados en ellas. Sin embargo, en ningún momento toca temas fundamentales para conocer la salud real del sector como el volumen de las devoluciones, la sobreoferta, la rotación de los libros en mesas de novedades, las cifras de negocios de los distintos actores de la cadena de producción editorial o los beneficios y las pérdidas de éstos.

lunes, marzo 30, 2009 categorizado bajo contenidos digitales

[ el ojo fisgón ] en literalia.tv

Hace cerca de un mes estuve hablando en Madrid con la gente de Literalia.tv, un canal de contenidos audiovisuales en Internet sobre temas literarios y afines. El resultado de esta charla es el capítulo de la semana pasada del programa Anaqueles ocultos, un vídeo de seis minutos en el que hablo de mis motivaciones para hacer [ el ojo fisgón ], del trabajo que vengo realizando en él desde febrero de 2007, de los blogs como espacios alternativos a los medios convencionales y de la manera como los contenidos digitales conviven hoy en día con el libro.

El vídeo puede verse en este link de la página de Literalia.tv.


Actualización: por casualidad ayer encontré el canal de Literalia.tv en YouTube, así que aquí adjunto el vídeo del programa para verlo directamente desde [ el ojo fisgón ].


jueves, marzo 26, 2009 categorizado bajo notas sueltas, periodismo

notas sueltas [ 3 ] / la crisis de la prensa escrita y reseña de un beso de dick en el ojo en la paja

Hace unos días durante una cena Cinthya nos contaba con tristeza que recientemente la redacción de Público, el diario en el que Matiana y ella trabajaban hace unos años en Guadalajara, había quedado reducida a ocho personas. Muy lejos parecen estar aquellos tiempos en los que el equipo de la sección de Cultura al que ellas pertenecían contaba con siete personas y en los que la redacción del periódico tenía una plantilla de alrededor de cien periodistas.

‘No hay día más triste que el del cierre de un periódico’, se lamentaba Cinthya. ‘A mí ya me tocó una vez y ese día juré que nunca más volvería a trabajar en uno. Y miren, de ahí salí directo para Público’.


Como yo no compartía la nostalgia de Cinthya, mi intervención en la conversación se redujo a comentar esta foto que había visto justo el día anterior en Boing Boing.


Las noticias que nos llegan del mundo de la prensa escrita no son nada alentadoras: desaparición de diarios centenarios, disminución del número de páginas, congelamiento de los salarios, precarización de las condiciones laborales, despidos, eliminación de suplementos culturales de la edición impresa, etc. Después de que The New York Times tuvo que vender su sede cualquier cosa puede pasar.


Los periódicos perdieron hace un tiempo el monopolio de lo que André Schiffrin llama “el control de la palabra” y parecen haber sido los últimos en enterarse.


Me gusta lo que Alejando Peláez dice en su blog sobre el estado actual de la prensa escrita.


***


El pasado martes 17 de marzo Camilo Jiménez publicó en el ojo en la paja una reseña buenísima de una de las novela más lindas que yo he leído: Un beso de Dick, de Fernando Molano.

Al final de su reseña Camilo anota que Un beso de Dick ganó la segunda edición del premio de novela de la Cámara de Comercio de Medellín. En 2000, cuando Molano ya había muerto, la novela fue reeditada en Bogotá por Proyecto editorial —llamada luego Editorial Babilonia—. Todo parece indicar que buscando con cuidado todavía se puede encontrar por ahí algún ejemplar de Un beso de Dick.


Yo le doy las gracias a Camilo porque con su reseña saca del olvido esta novela en la que un muchachito de 16 años llamado Felipe narra el inicio y el desarrollo de su romance con su amigo Leonardo.

En el último párrafo de su reseña dice Camilo:

‘Se pregunta uno: y si [la novela] estuviera enfocada con la misma intensidad en un cataclismo de amor semejante, pero heterosexual, ¿nos mantendría tan pegados a sus páginas? ¿Nos conmovería igual? ¿Habrá que hablar, entonces y contra la voluntad, de una “literatura homosexual” u “homoerótica”?’

Este comentario desató en “el club de conversación” de el ojo en la paja una discusión en la que algunos lectores habituales sentaron sus posiciones, en ocasiones polémicas pero siempre respetuosas, con respecto a este tema y al valor literario de Opio en las nubes —que, al igual que Un beso de Dick, es una novela de culto para ciertos lectores colombianos—.

miércoles, marzo 25, 2009 categorizado bajo diseño, diseño editorial

entrevista al diseñador pablo arrieta [ 1 / 2 ] / "no me gusta tanto lo más nuevo ni lo que más rompe sino las cosas que están bien hechas"


Gracias no sólo a su formación y a su experiencia sino también a su forma de ver las cosas, Pablo Arrieta tiene una concepción amplia del diseño y se mueve de manera transversal en el ejercicio de éste pensando siempre los soportes, las ideas y las soluciones en función del público al que se dirige el proyecto en el que está trabajando. En la primera parte de esta entrevista el diseñador colombiano habla de su formación, de las figuras que han influenciado su trabajo y de los proyectos que más lo han marcado.


En la segunda y última entrega Pablo se refiere al reto que le plantea la adopción de las nuevas tecnologías al sector editorial, a la penetración de los dispositivos móviles de lectura y de los contenidos digitales en Colombia, a las oportunidades que hay detrás de éstos, al impacto que tiene su emergencia sobre la manera como consumimos la información, a algunos rasgos que podría llegar a tener un libro en un futuro no muy lejano y a las lecciones que puede sacar la industria editorial de la cinematográfica o de la discográfica.


Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted el diseño editorial y los objetivos de éste?

Pablo Arrieta: Específicamente hoy en día, y después de todos los cambios tecnológicos que ha habido, para mí el diseño editorial no tiene nada que ver solamente con pensar en papel. Pienso que se trata del diseño visual o de la comunicación gráfica que se le va a dar a algún contenido. De hecho puede ser imagen estática o imagen en movimiento y podría ser incluso sonido. Podría ser cualquier cosa. Estamos en un momento de cambio en el que el trabajo del diseñador está siendo modificado pero no disminuido. Todo lo contrario: está ampliándose a unos niveles casi renacentistas en donde tú ves que cuando te traen un libro o un texto no puedes estar pensando solamente en tipos de letras, tamaños, colores o papel, sino que tienes que saber un poco sobre el público al que le va a llegar o cuál es el soporte en el que lo va a recibir y de acuerdo con esto debes concebir una respuesta distinta.

Yo pensaría que hoy en día el diseño editorial se refiere al manejo integral de un contenido para que le llegue a su audiencia de la mejor manera posible.

M.G.: ¿Podría hacernos un recuento de su proceso de formación y del desarrollo de su trayectoria como diseñador?

P.A.: Yo soy arquitecto de formación. Estudié Arquitectura porque cuando le comenté a un tío mío que quería estudiar algo que tuviera que ver con Diseño Gráfico, quizás Publicidad o algo así, él me dijo ‘mira, estudia Arquitectura porque es el centro de todas las artes. Si uno sale de ahí para hacer pintura o diseño gráfico lo puede hacer muy bien’. Y su consejo fue bastante útil para mí porque me fijó un muy buen punto de partida. Yo empecé a trabajar en diseño de impresos y de museografía tan pronto como salí de la facultad. Me gradué en 1996 y en ese momento ya estaba trabajando en esto. Además, en 1996 se abrió la veta de Internet.

Yo he estado trabajando siempre en todos estos medios porque empecé diseñando paralelamente un impreso para el Ministerio de Cultura —que era la revista Gaceta—, un museo para el Banco de la República —la Casa de Moneda— y el sitio Web de la Universidad de los Andes. Y luego también el del Ministerio de Cultura.



Yo empecé a meterme en todo esto utilizando herramientas digitales y nunca he tenido escuela de diseño como tal ni he estado trabajando solamente de forma manual en cosas impresas o quien sabe qué. Siempre he estado trabajando con lo digital pero pensando que el soporte o el respaldo en el que va a terminar saliendo un proyecto cualquiera podría ser un medio tradicional impreso o un medio distinto, que es lo que estamos viendo ahora con lo digital.

M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Monitor?

P.A.: Bueno, yo empecé diseñando más o menos como estos chicos japoneses que no quieren salir de la casa porque dicen que la sociedad no los necesita y que se la pasan todo el tiempo metidos dentro de su espacio. En los primeros años de trabajo, cuando hice la Casa de Moneda, yo me quedaba en mi casa y trabajaba todo el tiempo. Salía los viernes pero toda la semana estaba en mi casa. Y de alguna manera eso va desconectándolo a uno de la realidad pero al mismo tiempo le da la oportunidad de trabajar bastante. Yo hacía muchas cosas gracias al computador. En ese momento tenía un socio, una persona con la que estábamos trabajando, a quien le gustaba lo que yo hacía y me dijo ‘¿por qué no montamos unas clases y le enseñamos a la gente cómo hacer diseño digital?’ Y por ahí empezó todo en 1998. Yo empecé en 1996, en 1997 me relacioné un poco con Macromedia porque ellos sacaron una versión beta de Fireworks y Dreamweaver y en 1997 empecé a trabajar con estas herramientas.

En 1998 ya sale Monitor como tal, montamos la academia que operaba solamente los sábados, domingos y festivos y después ya terminó siendo un trabajo de todos los días. Lo que inicialmente era diseño todo el tiempo y unas clases a ratos se convirtió en clases todo el tiempo y diseño a ratos porque yo empecé a diseñar para el Ministerio de Cultura pero además tenía que dictar mis clases en Monitor y en la Universidad Javeriana, que es una de las cosas más bonitas que me han pasado. Allí estoy en el área de editorial y multimedia de la facultad de Comunicación. Y esa clase ha ido cambiando con la tecnología: hace ocho años cuando yo empecé dictaba Dreamweaver y Fireworks y le tenía que decir a la gente ‘mire, esto es algo que se llama Internet’. Evidentemente desde hace unos cinco o seis años el énfasis está en meterse a montar cosas como blogs o galerías en Flickr.


En síntesis, la idea es que los estudiantes salgan con la capacidad de entender que ellos pueden controlar los medios sin necesidad de entrar a usar herramientas muy complicadas. Es más, lo que va a ser importante aquí son las ganas y el tipo de cosas que ellos tengan que decir y que puedan decir. Muy rápidamente las clases absorbieron gran parte de mi tiempo. Gracias a la aparición de dos socios con los que podía trabajar permanentemente Monitor CD, que era capacitación digital, pudo extenderse luego a creación digital y ahora estamos trabajando en los dos frentes: damos clases pero también estamos creando contenido y diseñando cosas para clientes particulares.


M.G.: ¿Cuáles son las líneas de trabajo de Monitor y cómo se definieron éstas?

P.A.: Digamos que más que el tipo de proyecto que aceptamos, si son impresos o no, lo que nos gusta es hacer proyectos en los que el diseño sea importante y en los que aquello que nosotros estemos haciendo le llegue a un público sin mentiras. Usualmente preferimos no trabajar para clientes corporativos tradicionales como agencias de publicidad. Siempre preferimos trabajar para proyectos culturales y ése es un fuerte que tenemos. Cuando tú trabajas para personas que están moviendo cosas académicas, proyectos culturales o iniciativas artísticas estás involucrado con un cliente más cercano al objeto y al público al que se quiere llegar. En cambio cuando lo haces para una agencia el trabajo se vuelve muy angustiante y muchas veces no estamos de acuerdo con lo que se está diciendo. Es por eso que sencillamente no hacemos ese tipo de trabajo.

Hemos ido convirtiendo Monitor en un lugar al que la gente puede traer sus proyectos y tener una respuesta distinta y atractiva dentro de toda la gama de soportes existentes. Podemos hacer desde un impreso hasta una imagen en movimiento en caso de que sea necesario porque lo que verdaderamente nos importa es que la pieza realmente diga algo.

M.G.: ¿Cuáles son las figuras que han ejercido una influencia sobre su trabajo como diseñador?

P.A.: Yo tengo como varios ídolos que van apareciendo y asentándose porque con el tiempo ellos van trabajando y haciendo unas cosas cada vez más interesantes. El primero que me encantó fue Neville Brody, que es un diseñador tipográfico inglés. Él simplemente decía ‘bueno, así como mis amigos están haciendo música punk y están cambiando unas cosas yo quiero hacer algo similar en la gráfica’. En ese momento él empezó a trabajar con discos, hizo las carátulas de Cabaret Voltaire y diseño la revista inglesa The Face. Su trabajo tanto tipográfico como gráfico en general es muy interesante.

Otra figura que me encanta es David Carson, quien en un momento dice ‘el impreso está muerto y vamos a diseñar para la generación de MTV, que es la generación visual’. Él utiliza el computador como soporte o como acelerador de sus ideas pero no como el único medio, lo cual es bastante interesante. Luego de Carson hay un tipo que me fascina que se llama Stefan Sagmeister, un diseñador austriaco que vive en los Estados Unidos desde hace mucho tiempo y que además de ser supremamente creativo en los productos que desarrolla es muy variado en su estilo. Mientras que Carson y Brody generaron un estilo que es muy reconocible —Brody rescatando cosas de los constructivistas y Carson volviéndose caótico, sucio y roto—, Sagmeister ante todo es un juguetón que afronta cada proyecto con una cara diferente y con unas posibilidades distintas de solución.

Más hacia atrás, de los clásicos me encanta Saul Bass que aparte de diseñador gráfico era diseñador de títulos. Bass hacía títulos en movimiento para las películas de Hitchcock y, de hecho, fue el inventor de los títulos de cine. Cuando uno ve la película y dice ‘quiero ver los títulos’ puede hacerlo gracias a Saul Bass, que le propuso a Hitchcock que cambiaran un poquito la idea de que los títulos no eran una parte importante de la película sino que podían formar parte de ésta. De ahí que la escena famosa de Psicosis del cuchillo sea de Saul Bass. Fue él y no tanto Hitchcock quien hizo la edición. Bass es un tipo que es bien interesante porque hizo el salto entre la imagen estática y la imagen en movimiento.

En cuanto a la imagen en movimiento un tipo que me gusta mucho es Hillman Curtis. En fin, van apareciendo figuras y se van quedando porque normalmente quienes en algún momento trabajan muy bien siguen haciéndolo a lo largo del tiempo. Y eso ha pasado con estos diseñadores de los que te he hablado.

También me encanta Chip Kidd, que es una figura fundamental. A él llegué porque cuando compro los libros o cuando llego a una librería miro los créditos para saber quién diseña cada cosa. Cuando empecé a viajar, en librerías norteamericanas miraba los créditos y Chip Kidd aparecía por todas partes. De él me encanta la rapidez con la que puede transmitir un concepto con las carátulas. De su trabajo son las carátulas y no la parte interior lo que más me llama la atención. En ese maremágnum gráfico que puede ser una librería en Estados Unidos las carátulas de Chip Kidd siempre se reconocen. Además, él transmite muy bien al público la idea que tiene el escritor. Es magistral en eso.

M.G.: ¿Dónde cree usted que se están haciendo las propuestas más interesantes en el campo del diseño editorial?

P.A.: No sé, a mí no me gusta tanto lo más nuevo ni lo que más rompe sino las cosas que están bien hechas. Me he dado cuenta con el tiempo de que a mí me gustan las cosas bien producidas, que no necesariamente tienen que ser innovadoras. Hacer cosas bien producidas normalmente toma un tiempo. Me encanta el diseño editorial norteamericano de esta línea y también me gusta mucho lo que hacen los ingleses. La diferencia es notable e interesantísima. En los libros me fascina ese contraste entre la carátula norteamericana y la inglesa porque permite ver cómo se venden éstos en ambos mercados. Yo pienso que es de esos contrastes de donde salen las cosas realmente atractivas e interesantes.

No creo que haya ahora —y sobre todo con esta explosión de medios, de posibilidades y de acceso cada vez mayor— una escuela o un grupo de personas que esté haciendo las cosas mejor que los demás. Yo pienso que hay personas que en determinado día o periodo transmiten mejor ciertas cosas pero no te podría decir ‘si tú miras hacia Brasil ahí vas a encontrar no sé qué’. No, son personas dentro de cada ámbito. Yo creo en la long tail porque pienso que el buen diseño lo están haciendo cada vez más personas desperdigadas por distintos países. Antes era la escuela Suiza y todos los suizos mandaban la parada.

En este momento yo pienso que hay uno en Colombia, uno en Brasil, otro en cualquier otro lugar y de repente tú armas tu grupito y te das cuenta de que son tipos que hacen las cosas de acuerdo con lo que te gusta. Repito, lo que me gusta es lo que está bien producido, limpio y muy elegante. No tiene que ser tan rompedor.

M.G.: ¿Cuál es su percepción con respecto al estado actual del diseño editorial en Colombia?

P.A.: Comparado con el momento en el que yo empecé a hacer esto —en el cual debo confesar que yo trabajaba diciendo ‘no hay nadie que haga lo que yo quisiera hacer’, que es como casi siempre empiezan muchas personas a hacer música, pintura o diseño en mi caso— ha cambiado mucho en el sentido de que cada vez hay más personas que son capaces de hacer las cosas muy bien y de que hay una mejor industria. Pero si tú miras hacia arriba y te fijas en las personas que toman las decisiones y que controlan los medios masivos te das cuenta de que siguen teniendo visiones muy tradicionales tanto en lo clásico como en lo básico de las propuestas que se presentan. Y cuando van a hacer algo llamativo entonces normalmente se van por las ideas loquísimas sin que eso realmente signifique escoger las mejores.

A diferencia de lo que te acabo de decir con respecto al resto del mundo, acá en Colombia yo sí veo que hay algunas personas que pueden estar haciendo las cosas muy llamativamente. Me atrae bastante lo que se hace en Medellín. Tú miras y en la parte visual hay una empresa que se llama Cuarto Piso, que hace tanto gráfica digital como algunas cosas impresas. También hay editoriales pequeñas que hacen cosas muy buenas y que cuando las miras dices ‘wow, qué cosa tan chévere’ porque son libros de pequeño formato y muy cuidados. Pienso que en un mercado ésa es una salida muy elegante para cualquier crisis. Es decir, si uno hace algo que la gente diga ‘bueno, es que yo estoy pagando tanto por esto porque realmente es distinto de lo que me pueden ofrecer en otro medio’ me parece que es una apuesta muy buena. Y curiosamente las mejores cosas de ese estilo están viniendo de Medellín.

Yo pienso que tenemos más herramientas y más conocimientos pero eso no indica que haya una mayor democracia de diseño o de calidad de las cosas. Pienso que sigue habiendo una gran masa de cosas muy mediocres y que lo que destella brilla más. Hay personas de éstas que se van a trabajar afuera del país y están al nivel de cualquier buen diseñador del extranjero. Me parece que en el diseño en Colombia eso actualmente es muy interesante.

M.G.: ¿De los trabajos que usted ha hecho hasta el momento cuáles son los que más satisfacciones le han generado?

P.A.: Debido a la magnitud, al tamaño que tiene la obra y a lo que significó me encanta el museo Casa de Moneda. Es brutal que recién salido de la universidad te cojan y te digan ‘bueno, tu primer proyecto va a ser montar un museo de numismática, son diez salas y en ellas vas a tener que contarle a la gente cómo es la historia económica del país’. Fue un proyecto muy bonito en el que tuve la oportunidad de hacer muchas cosas: desde ilustraciones hasta el diseño de cada una de las vitrinas, pasando por la distribución de toda la información disponible. Ese proyecto me encanta.

El rediseño de la revista Gaceta, que en su formato anterior ya tenía bastante arraigo, también me encanta. Es curioso porque cuando hice este rediseño vi la revista vieja y dije ‘hay mucho que se puede cambiar. Muchos elementos podrían mejorarse’. Y ahí está esa irresponsabilidad que da la juventud y el hecho de no conocer lo que podría significar algo. Lo que me gusta de ese trabajo es que fue hecho todo individualmente: yo hacía las gráficas, el diseño tipográfico y el proyecto ya completo.



De los proyectos digitales, el de la página Web de la Universidad de los Andes por motivos obvios: meterle cinco años de mi vida a un proyecto, que éste significara tanto y que fuera el primer sitio Web que hice. Era un proyecto enorme que digamos que se ha llevado bastante de lo que tengo.

Finalmente, diría que mis clases son otro gran proyecto muy satisfactorio.


M.G.: ¿Cuáles son los clientes con los que más le ha dado gusto trabajar?



P.A.: Yo he tenido la buena fortuna de trabajar con clientes que son muy abiertos a las sugerencias y a los comentarios. Me encantó trabajar durante los primeros mandatos del Ministerio de Cultura. Creo que los tres primeros ministros fueron tipos muy abiertos y que dejaron hacer cosas. Pienso que un buen cliente se destaca porque cree en ti y porque te deja hacer. Creo que los clientes complicados son los que no te dejan proponer y que terminan coartando las posibilidades expresivas que podrías aportarle a lo que ellos están desarrollando.


Y un caso curioso ha sido la experiencia de trabajar para gente de California porque no hay diseño de por medio pero me parece que allí hay una cultura muy interesante. Empresas de tecnología como Macromedia y Adobe son muy abiertas y confían en ti. Y en nuestro país eso es muy raro. La gente no confía mucho, lo cual es bastante triste.


Transcripción: Natalia Gómez

martes, marzo 24, 2009 categorizado bajo e-readers

se busca termino para referirse a los dispositivos móviles de lectura

Si según la ley del libro española llamamos “libro” a una ‘obra científica, literaria o de cualquier otra índole que constituye una publicación unitaria en uno o varios volúmenes y que puede aparecer impresa o en cualquier otro soporte susceptible de lectura’ y ‘se entienden incluidos en la definición de libro a los efectos de esta ley los libros electrónicos y los libros que se publiquen o se difundan por Internet o en otro soporte que pueda aparecer en el futuro, los materiales complementarios de carácter impreso, visual, audiovisual o sonoro que sean editados conjuntamente con el libro y que participen del carácter unitario del mismo, así como cualquier otra manifestación editorial’, ¿cuál es el término que debemos utilizar para referirnos a los dispositivos móviles de lectura?



El portal Ediciona lanzó el jueves pasado en su blog una encuesta en la que les pide a los lectores de éste que escojan el nombre que consideran más apropiado para llamar estos dispositivos.

Quienes quieran participar en la encuesta pueden hacerlo visitando el blog de Ediciona y votar en el formulario titulado “Y tú ¿qué nombre quieres darle?”, que está ubicado en la franja derecha de la pantalla. Los resultados de la encuesta serán publicados el próximo 27 de abril.

Yo ya participé y entre los términos propuestos en la encuesta la opción con la que me siento más a gusto es “eReader”. Recomiendo echarles un ojo a los comentarios de los lectores, en los que además de explicar su elección algunos de éstos sugieren otras denominaciones.