archivo del junio, 2009

martes, junio 30, 2009 categorizado bajo concentración, editores independientes, grupos multimedia, obiei

¿por qué el interés por las editoriales independientes?

Desde que abrí [ el ojo fisgón ] en febrero de 2007 la edición independiente es uno de los temas que más me ha interesado y de los que me he ocupado de una manera más o menos reiterativa y sistemática. A menudo me he preguntado por qué este tema me interesa tanto y ahora que el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) es una realidad vuelvo a hacerlo una vez más.


La respuesta es simple: en primer lugar, porque de los grandes grupos editoriales ya se ha hablado demasiado bien sea porque pertenecen a estructuras que poseen sus propios medios de comunicación que actúan como órganos de difusión “de la casa” o bien porque tienen algún tipo de influencia sobre grandes medios ajenos a ellos. Como bien lo dice la “Declaración internacional de los editores independientes por la protección y la promoción de la bibliodiversidad”, estos grupos ‘poseen los recursos económicos, los medios de comunicación y mecanismos de difusión’. En fin, se trata de empresas que cuentan con todo un aparato de producción, distribución, difusión y promoción propio y que, por lo tanto, tienen como medio natural un circuito distinto de aquel en el que a mí me interesa posicionarme.




Y, en segundo lugar, porque las editoriales independientes parecen ser el espacio donde tiende a ser mayor la apuesta por sacar a la luz nuevos valores y por publicar títulos cuya alta calidad literaria no necesariamente garantiza su rentabilidad comercial. Creo que catálogos como el de Impedimenta, Marbot, Melusina, minúscula, Nórdica y otras jóvenes editoriales independientes que están haciendo propuestas muy interesante y arriesgadas serían impensables en el seno de un gran grupo.


Aunque claro, hay sellos literarios como Seix Barral, Lumen o Alfaguara que pertenecen a grandes grupos y que publican cosas de muy buena calidad. El problema es que desde hace varios años estos sellos vienen desdibujándose y lo hacen cada vez más porque en ellos conviven obras y autores de una calidad literaria muy dispar. En un sello mítico como Seix Barral, por ejemplo, hoy en día encontramos obras excelentes de figuras como Philip Roth, Carson McCullers, Julio Ramón Ribeyro, Octavio Paz o Don DeLillo al lado de saris rojos, pasiones indias, satanases,  estrategias de yo no sé qué y gárgolas. Es más clara la línea de sellos bastante buenos como Mondadori y Caballo de Troya, de Random House Mondadori.


Tampoco se trata de sugerir que los editores independientes necesariamente son los garantes de una cultura del todo ajena a los intereses comerciales o que una editorial independiente debe ser una asociación dedicada a hacer obras de caridad a favor de la preservación de los bienes culturales. Como dicen Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez en El nuevo paradigma del sector del libro, ‘independencia no debería asociarse directamente a creatividad: “algunos editores económicamente independientes no son sólo tontos redomados sino también incompetentes notorios, que publican obras lamentables”’.


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Nota: la parte del fragmento citado de El nuevo paradigma del sector del libro que viene entrecomillada es a su vez una cita del libro La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad, de Gilles Colleu, hecha por Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez. El fragmento de El nuevo paradigma del sector del libro está en la página 41 y la cita de Colleu incluida en él está en la página 105 de La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad (ver el comentario de Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez a esta entrada).

lunes, junio 29, 2009 categorizado bajo notas sueltas, obiei

notas sueltas [ 9 ] / dificultades para leer, la colección alpha mini y el obiei

Hace poco Raúl citó en una entrada de Viajero a Ítaca algo que había escrito un año atrás y que empezaba así:

‘Es deprimente no poder leer. Me ocurre de cuando en cuando, alguna vez ya lo he contado aquí. Empiezo un libro y lo tiro a las pocas páginas. Normalmente son libros en los que había puesto grandes expectativas’.


Según explica Raúl más adelante, no puede leer porque entre los libros que recomiendan los suplementos culturales ‘la mayoría fallan. No cumplen lo que prometen. Crean falsas expectativas. Me hacen perder el tiempo y el dinero. Cuando cierro con más ira que tristeza (antes sí me entristecía, ahora me pongo furioso) una novela, me entran ganas de abandonar la lectura y pasarme al audiovisual (HBO es grande, muy grande). Realmente, no pueden existir tantos buenos libros como las editoriales y los suplementos literarios quieren hacernos creer. Es imposible. Hay mucha morralla. Y no me refiero a los bestsellers de una temporada: hablo del apartado “literatura”’.


Luego añade:


‘Ya he perdido mucho tiempo. Si me levanto dos horas y media antes de entrar a trabajar para poder leer un rato, no es para aguantar basurillas con pretensiones literarias.


Estoy muy enfadado. Quiero leer. Necesito leer.


He revisado mi biblioteca. Nada me atrae. Quizá relea alguna buena novela. A veces ayuda’.


A mí me pasa algo parecido aunque por razones distintas.


Últimamente leo poquísimo. O mejor dicho: leo mucho por trabajo pero el tiempo que dedico en mis ratos libres a mis lecturas de entretenimiento puro cada vez es menor y tiende a cero. Después de estar ocho o diez horas entre libros, archivos, blogs, teclados y pantallas me cuesta mucho trabajo ponerme a leer. De los diez o doce libros que he empezado a leer este año para entretenerme en mi tiempo libre, sólo he terminado uno y hacerlo me tomó casi tres meses.


Desde hace un tiempo tiendo a descartar la lectura de novelas porque soy consciente de que es bastante probable que las deje empezadas. Es por esto que últimamente me inclino a leer libros de textos breves, de esos en los que en dos o tres páginas el autor plantea una idea, esboza un desarrollo y al final llega a alguna conclusión parcial o deja un par de preguntas abiertas.


Como Raúl, ‘estoy muy enfadado. Quiero leer. Necesito leer’.


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La semana pasada recibí los dos primeros títulos de la colección Alpha Mini, de la editorial Alpha Decay: La mascarada de la muerte roja, de Edgar Allan Poe, y El cuento, de Joseph Conrad. Próximamente saldrán los siguientes títulos: Santa Cecilia o el poder de la música, de Heinrich von Kleist; Alicia en Westminster, de Saki; y El Ballet de las Naciones, de Vernon Lee.


La editorial define esta nueva colección como ‘cápsulas literarias portátiles de lectura instantánea’. Los títulos están muy bien seleccionados y las ediciones están hechas con mucho cuidado.

Alpha Decay es una editorial que no solía interesarme mucho y que ha empezado a llamarme la atención a raíz de la aparición de las colecciones Héroes Modernos y Alpha Mini.

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El Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) sigue cogiendo forma. Poco a poco empezamos a familiarizarnos con el estado actual de la edición independiente en Iberoamérica y estamos preparando las charlas que daremos durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá.


Gracias a quienes nos han ofrecido su apoyo, a quienes han manifestado su entusiasmo frente al proyecto y a quienes han contribuido a difundir la información con respecto a éste.


Estén pendientes porque seguiremos no sólo informando sobre los planes y las actividades del OBIEI, sino también comentando las inquietudes a las que vayamos enfrentándonos durante el desarrollo del proyecto y los resultados de nuestro trabajo.

viernes, junio 26, 2009 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 76 ]


Lecturas en curso


Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas

Anagrama

Barcelona, 1991


Mi recomendado de la semana


Un paseante en Nueva York, de Alfred Kazin

Ediciones Barataria

Sevilla, 2009


Mis libros favoritos


Las olas, de Virginia Woolf

Tusquets

Barcelona, 1998


Me llama la atención


Zoetrope: All-Story. The Latin American Issue (Daniel Alarcón y Diego Trelles Paz, editores)

Zoetrope: All-Story

San Francisco, 2009

observatorio iberoamericano de la edición independiente (obiei)

El Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) es una iniciativa que surge con el propósito de abrir un espacio de reflexión en torno a la edición independiente en Iberoamérica a través de las siguientes acciones:


1. realización de un estudio sobre el estado actual de la edición independiente en Iberoamérica.


2. seguimiento a la evolución de la edición independiente en Iberoamérica.


3. identificación de los retos que se le plantean a la edición independiente en Iberoamérica tanto en este momento como en el mediano y en el largo plazo.


4. exploración de posibles formas de enfrentar dichos retos.


5. presentación de los resultados del estudio sobre el estado actual de la edición independiente en Iberoamérica en la 22ª Feria Internacional del Libro de Bogotá.


6. realización de entrevistas a editores independientes colombianos durante la 22ª Feria Internacional del Libro de Bogotá.


7. divulgación del estudio y de las entrevistas a través de la red del OBIEI.


Para alcanzar su objetivo el OBIEI indagará en la experiencia de distintas iniciativas de carácter tanto nacional como transnacional que se han desarrollado alrededor de la edición independiente en distintos países. Entre estas iniciativas se encuentran las siguientes:


Alliance des éditeurs indépendants (AEI)


Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos (RIEPA)


Alianza de editores mexicanos independientes (AEMI)


Alianza peruana de editores (ALPE)


Editores Independientes de la Argentina (EDINAR)


Editores de Chile


Red de editores independientes de Colombia (REIC)


Liga Brasileira de Editoras (LIBRE)


Bibliodiversidad


Contexto


Red de editoriales independientes (REI)






La primera fase del OBIEI se desarrollará gracias al apoyo del Ministerio de Cultura de Colombia y en ella se pretende involucrar a organizaciones como la Cámara Colombiana del Libro, la Red de editores independientes de Colombia (REIC), el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), el Banco de la República y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá.







El equipo de trabajo del OBIEI está conformado por Margarita Valencia, Pablo Odell y Martín Gómez.


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En este momento estamos montando la plataforma de difusión de contenidos del OBIEI. Ya les iremos dando más detalles sobre éste y otros temas relacionados con el desarrollo del proyecto.


Dos cosas antes de terminar:


1. Quien quiera enviar algún comentario o aporte al OBIEI puede contactarnos escribiendo a las siguientes direcciones:


margarita.valencia[arroba]obiei.org

pablo.odell[arroba]obiei.org

martin.gomez[arroba]obiei.org


2. Agradecemos su colaboración en la difusión de esta información.

martes, junio 23, 2009 categorizado bajo contenidos digitales, e-readers, librerías

el mundo digital y el contacto personal

Hace poco Javier Moreno estuvo en Colombia y cuando regresó a Lyon le pregunté cómo le había ido. De la respuesta de Javier me quedó dando vueltas en la cabeza un fragmento que reproduzco a continuación:

‘Aunque me agobia la ciudad disfruto mucho viendo a mi familia y encontrándome con amigos. Es una lástima que esto de las distancias sea tan radical. No importa lo que avance la tecnología, la sensación nunca cambia: Las redes digitales no sustituyen el contacto’.


Pensando justamente en el comentario de Javier, hace poco me di cuenta de que desde que una de las editoriales con las que trabajo me dio un e-reader para leer manuscritos apenas tengo contacto personal con las editoras porque Gloria me envía los textos por correo electrónico para que yo los descargue. Una de las cosas que me gustaba de ir a recoger manuscritos a la editorial era charlar tres minutos con Patricia, Ivonne y Bea. Durante esa conversación breve intercambiábamos impresiones sobre el clima, nos contábamos qué habíamos hecho el fin de semana anterior, nos quejábamos de la cantidad de trabajo que teníamos, registrábamos cambios en el corte de pelo o subidas y bajadas de peso, alguien botaba algún comentario sobre su próximo viaje y todos los demás nos moríamos de la envidia o simplemente quedábamos para salir a tomar un café o a cenar.

Supongo que el sacrificio del contacto personal y de la charla es el precio que tengo que pagar por no tener que desplazarme para recoger los manuscritos, por no volver a verme obligado a ir a la editorial con el carrito de la compra para traerlos o por no subir cada dos semanas los seis pisos de mi edificio cargando veinte kilos de papel a cuestas.



Lo cierto es que mi e-reader me ha solucionado la vida por cuestiones tanto de portabilidad de mi trabajo como de disponibilidad de espacio físico en mi casa: por un lado, para mí es maravilloso poder ir a cualquier parte con una novela histórica de 587 páginas sin que sea necesario llevar una mochila enorme y sin lesionarme la espalda o no tener que llevar una bolsa llena de papeles cuando salgo de viaje —las dos últimas veces que he ido a Colombia la mitad de mi equipaje ha estado compuesto por manuscritos y desde que tengo mi e-reader he podido hacer todos mis viajes llevando sólo un backpack pequeño—; por otro lado, ya no tengo que utilizar una parte significativa de una de las estanterías de mi cuarto para poner pilas de manuscritos que además de dejarme sin espacio para poner mis libros acumulaban toneladas de polvo.

***


Yo nunca he comprado un libro por Internet pero sé que el sistema de recomendaciones de Amazon está bastante afinado y suele funcionar muy bien porque cuando busco alguna referencia de algún libro los títulos incluidos en el apartado “Customers Who Bought This Item Also Bought” normalmente tienen una relación bastante puntual con mi búsqueda. Compraré mi primer libro por Internet cuando no pueda acceder a él de otra manera.



Sin embargo, el contacto con el librero es un detalle en el que la compra por Internet dejaría un vacío en mi experiencia personal. En Bogotá me encantaban la amabilidad de los dependientes de la librería Lerner de la Avenida Jiménez que estaban ahí desde que yo entré a la universidad o las recomendaciones de Álvaro Castillo, que como había detectado mi gusto por la narrativa estadounidense cada vez que yo iba a San Librario me sacaba del cajón de su escritorio alguna joyita que llevaba semanas o meses guardando para mí.

Y en Barcelona Jesús Casals y Damià Gallardo me han fidelizado aún más a La Central del Raval y a la Laie del CCCB respectivamente. Es cierto que tanto la variedad de la oferta de La Central y de Laie como lo acogedor que resulta el espacio de estas dos sucursales en particular son dos de las razones por las que me gusta ir allí. Pero también lo es que la charla, las recomendaciones y la complicidad de Jesús y Damià pesan mucho incluso para que algunas veces pase por allí sólo para saludarlos a ellos.

A pesar de que por estar afiliado a Abacus allí me ofrecen un descuento superior que en La Central, la mala leche de sus dependientes, el olor a humedad del local de Balmes y la escasa variedad de la oferta en ciertas áreas específicas hacen que a la hora de comprar un libro la mayoría de las veces prefiera ir a otra librería.

No sé, supongo que esa necesidad del contacto personal y la importancia que le doy a éste es un síndrome que también padecen muchos otros “inmigrantes digitales”.