el origen de the new press

En su libro Una educación política el editor estadounidense André Schiffrin cuenta la historia del origen de The New Press, la editorial sin ánimo de lucro que fundó tras su salida forzosa de Pantheon Books —un sello que hizo una contribución enorme a la difusión del pensamiento europeo y de izquierdas en los Estados Unidos—. La historia, según Schiffrin, es más o menos así:
Schiffrin llevaba varios años trabajando en Pantheon Books, la editorial que además de haber fundado en Nueva York junto con Kurt Wolff, Helen Wolff y Kyrill S. Schabert, su padre Jacques había dirigido hasta su muerte. En 1962 Pantheon Books fue comprada por Random House, grupo que a su vez había sido comprado primero por RCA y luego por Condé Nast Publications. En un momento en el que la tendencia hacia la concentración de la propiedad de la industria editorial iba a toda marcha, en el que muchas de las decisiones editoriales estaban quedando en manos de ejecutivos comerciales o de marketing y en el que el aumento continuo de los beneficios y de la rentabilidad empezaba a ser la exigencia fundamental que se les hacía a los sellos para permitirles seguir existiendo, los directivos de Random House se empecinaron en demostrar no sólo que Pantheon daba pérdidas, sino también que su existencia resultaba carísima para el grupo.
En ese momento se produjo una renuncia masiva de los directivos de Pantheon, que no querían seguir estando sometidos a la presión que Random House ejercía sobre ellos. Aparentemente el grupo movía sus influencias para que otras editoriales no le dieran trabajo a Schiffrin y a las editoriales universitarias que habrían podido llenar el vacío que dejaba Pantheon debido a los cambios que había sufrido su línea editorial también se les empezaba a exigir que produjeran beneficios.

Dibujado el contexto sobre las razones que motivaron su salida de Pantheon, dice Schiffrin con respecto al origen de The New Press:
‘No parecía haber ninguna solución visible dentro del sistema existente. Yo me habría preguntado durante muchos años si no podría haber el equivalente a una editorial universitaria sin el respaldo de una universidad, y sin el efecto relativamente conservador de la toma de decisiones sobre cada libro por parte del cuerpo docente. Sabía que muchos de los libros más sugestivos intelectualmente que habíamos publicado a lo largo de los años habían sido rechazados por las universidades, que se habían convertido demasiado a menudo en bastiones del status quo. Examiné de nuevo una propuesta que había redactado para el puesto de Harvard, en la que detallaba mis ideas sobre la dirección futura del mundo editorial, y empecé a pensar que podría ser un esquema para una editorial independiente y no orientada al beneficio, una editorial que estuviera libre de las presiones de los accionistas’.
Schiffrin ya se había referido en La edición sin editores y en El control de la palabra a la experiencia de la compra de Random House por parte del grupo Condé Nast y a la manera como la concentración de la propiedad de la industria, el hecho de que en los grandes grupos la toma de decisiones con respecto a lo que se publica pase a manos de los ejecutivos comerciales o la gestión de las editoriales desde una perspectiva basada únicamente en la rentabilidad y los beneficios económicos no sólo repercuten sobre el desarrollo de las líneas de las editoriales de nicho, sino que también amenazan su supervivencia.
Estas historias deben ser familiares para quienes han trabajado en grandes grupos o en editoriales que han sido compradas por éstos.
Más comentarios sobre las ideas de Schiffrin en las siguientes entradas:
@martingomez78