el ciclo de las nuevas tecnologías en el ámbito de los contenidos digitales
La semana pasada volví a empezar a leer el libro Comment le web change le monde —La alquimia de las multitudes, publicado por Paidós a principios de 2009—, de Francis Pisani y Dominique Piotet, que había comenzado hace cerca de un año pero que abandoné por falta de tiempo. En la introducción los autores traen a colación un modelo para explicar la dinámica de los procesos de emergencia de nuevas tecnologías. Al respecto dicen Pisani y Piotet:
‘El siglo XIX habrá conocido sus entusiasmos desenfrenados seguidos de crisis de “ludismo” (del nombre del movimiento obrero de rebelión contra los oficios de tejer). Con menos violencia, el siglo XX también habrá sido sacudido por fases de esperanza exagerada en ciertas tecnologías, seguidas de decepción y luego de aceptación y de difusión. Estas diferentes fases —generalmente acompañadas por fuertes especulaciones bursátiles— son características de las “expectativas desmesuradas” (expectativas infladas, según la expresión del Gartner Group) que hoy tendemos a ubicar en las tecnologías de la información y la comunicación.
El concepto de hype cycle (“ciclo de frenesí”, en una traducción literal) ha sido desarrollado por el Gartner Group para representar de manera gráfica el ciclo de madurez, de adopción y de aplicación comercial de diferentes tecnologías.
El análisis subyacente retoma la hipótesis de un entusiasmo exagerado, aumentado por un efecto de moda. Esta desmesura de expectativas —algunas veces sabiamente orquestada por los actores mismos para valorizar sus descubrimientos— es generalmente seguida por una fase de decepción proporcional. Las innovaciones tecnológicas que pasan esta fase con éxito pueden a continuación aspirar a la madurez, asociada a los beneficios y al desarrollo de nuevas generaciones.
El hype cycle más célebre es el consagrado al e-business en 1999′.
¿Podríamos aplicar este modelo al ámbito de los contenidos y los lectores digitales? ¿A partir de la aparición cada vez más frecuente de este tema en la prensa generalista, de lo que hemos visto en la Feria del Libro de Frankfurt o del protagonismo que tuvo Publidisa en la última edición de Liber podríamos decir que el mercado de los contenidos y lectores digitales ha llegado o está llegando a su madurez? ¿O será que estamos pasando por una de esas fases de entusiasmo exagerado?
Recordemos que los intentos por crear una oferta de contenidos y lectores digitales no empiezan con Google libros, Amazon, Tools of Change for Publishing (TOC), el Sony Reader y la enorme cantidad de dispositivos y plataformas que vienen apareciendo últimamente: en 1993 Digital Book, Inc. ofrecía cincuenta libros digitales en Floppy disk con Digital Book Format (DBF), en 1998 la editorial Éditions 00h00 vendía libros digitales y en ese mismo año aparecieron e-readers como Rocket ebook y Softbook al mismo tiempo que se abrían las plataformas de venta de libros digitales eReader.com y eReads.com.
La historia parece demostrar que los pioneros no necesariamente se convierten en los líderes del mercado e incluso que no siempre sobreviven. Lo importante es lo que aporta su experiencia al desarrollo del mercado por los proyectos que su aprendizaje les puede ayudar a desarrollar tanto a ellos mismos como a quienes forman parte de su entorno.

@martingomez78
Interesante y sugerente Martín
¡Gracias, Txetxu!
Qué bueno volver a verte por aquí. Te sigo siguiendo…
Yo me anoto a la tesis de que pasamos por el inicio de la subida al acolina, pero aún no hemos llegado al pico de interés. Y creo que esa gráfica es un modelo válido para la digitalización del sector. Personalmente, apuesto por una combinación de revisión tecnológica y conservadurismo (en lo referente al papel secular del editor).
Completamente de acuerdo en lo concerniente al estado en el que nos encontramos actualmente, Silvia. Creo que el mercado de los contenidos digitales en el sector editorial español está empezando a arrancar y que le tomará su tiempo levantar vuelo, así que no hay razones ni para adoptar un entusiasmo ni para un fatalismo desmedidos.
Saludos y gracias por tu comentario.
Martín.