el sistema de distribución y el tejido de librerías: una dificultad para los editores colombianos
Uno de los hallazgos más interesantes del trabajo de campo que estuvimos haciendo durante la 22ª Feria Internacional del Libro de Bogotá para el estudio sobre el estado actual de la edición independiente en Iberoamérica que la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura de Colombia le encargó al Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) tiene que ver con lo difícil que es la circulación de los libros en el país. A la hora de poner a circular sus libros dos de las principales dificultades a las que deben enfrentarse en Colombia los editores en general son la falta de una estructura de distribución de cobertura nacional y la fragilidad del tejido de librerías no sólo en las ciudades pequeñas e intermedias sino también en las grandes.
Nicolás Morales, de la editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, se refiere a este problema de una manera clara y contundente:
‘No es posible distribuir nuestros libros académicos nacionalmente. Si las editoriales independientes están sufriendo, las librerías independientes son un caos. No puedo poner libros en Popayán, Valledupar o Santa Marta porque no hay una estructura de distribución ni un canal que acoja esos libros. Para un editor universitario ésa es una de las grandes frustraciones: cuando un profesor de la Universidad de Cartagena me llama y me dice que quiere comprar un libro de los más vendidos y que tengo en las librerías de Bogotá pero no puedo ofrecérselo. Es un drama. Claro, yo tengo mi página web y vendo libros en línea con tarjeta pero ése es un mecanismo distinto. Para un profesor en Sincelejo no siempre es fácil tener una tarjeta de crédito válida, comprar vía página web, que le llegue el libro y que Servientrega se lo entregue. Es complicado y ése es el gran drama de la edición universitaria: estar en los canales de distribución. Sabiendo que nuestros libros son minoritarios. Nuestros tirajes son de 300 a 500 ejemplares y hay libros que hacemos a 1.000. Los textos universitarios podemos hacerlos a 2.000 pero nunca más allá. Ése es nuestro horizonte. No somos ambiciosos. No queremos vender lo que venden Santillana, Norma o Planeta pero sí queremos buenas estructuras de distribución’.
Sería interesante saber si este problema existe en otros países de la región y en caso de ser así cuáles son sus particularidades y las formas que adopta en cada uno de ellos. El Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) publica estudios y estadísticas sobre canales de distribución y comercialización que sería bueno cruzar con testimonios de actores del sector como el de Nicolás Morales para tener una idea más rica del estado actual del aparato de distribución y del tejido de librerías en los distintos países de la región.

Hay ahí un gran reto para las editoriales universitarias (y para los libreros). Hay que sumar la gran estrechez de la demanda “exógena” a las universidades que los publican parasus libros; además, la alta concentración y la precariedad de la red de librerías en Colombia; el panorama es dramático, claro, tiene razón Nicolás. Mi percepción es que con todo y eso, la red de distribución ha sabido cubrir, al menos, las más importantes librerías del país. Nada sobrará en la búsqueda de estimular la creatividad de los editores, distribuidores y los libreros para lograr que los libros del sistema Universitario estén presentes en las librerías, por supuesto. El problema comienza con el trabajo de llamar la atención del librero, de proporcionarle herramientas para la promoción adecuada de los libros, para su conocimiento, con argumentos válidos. Convencerlo de que vale la pena destinar un especio importante para aquellos libros universitarios de lentísima rotación, que merecen una oportunidad en sus anaqueles y vitrinas. Que aquello será acompañado por campañas de promoción o difusión en los nichos de mercado correspondientes de su ciudad, por ejemplo. Si no, así como en su trasegar en las librerías comerciales y algunas de cadena, será casi invisible (con contadas excepciones, para algunos títulos coyunturales o que trasciendan lo académico puro).
Es en las librerías universitarias o en las independientes, en las que hay que hacer el mismo trabajo de “seducción” del librero, en las que están sus mayores posibilidades. Así que no es tan fundamental que haya libros de las universidades en todas las librerías. Bastaría con que uno o dos libreros de las ciudades intermedias cobren interés y así se garantizaría su presencia o al menos su oferta en cada ciudad, pues ellos podrían buscar que a través de los académicos o lectores locales se corra la voz en cada ciudad, de que en tal o cual librería pueden conseguirse o encargarse. Alguna vez hablábamos de la necesidad de impulsar la creación de una red de librerías universitarias sólida, que sea vehiculo de circulación y promoción de la producción universitaria impresa (y digital también, porqué no). Las universidades son el nicho ecológico por excelencia de las librerías. Un librería en la universidad es tan necesaria como la farmacia, la enfermería o la cafetería. Una red de librerías universitarias atenta a difundir entre sus estudiantes y profesionales la producción académica impresa correspondiente a sus áreas de interés, librerías activas con sus comunidades docentes o académicas. Que contribuyan a hacer de la edición universitaria una empresa sostenible y visible.
Completamente de acuerdo, Pablo. La situación es compleja y son muchos los factores que entran en juego. Aunque hubiera un sistema de distribución y un tejido de librerías fuertes, el trabajo de promoción que hay que hacer con los libreros es fundamental.
Y claro, en lugar de apuntarles a todos los puntos de venta más bien hay que identificar aquellos donde los libros encuentren su lugar y sus lectores. El tema de los nichos es particularmente crítico para la edición universitaria.
Gracias por tu aporte. Qué bueno contar con visiones frescas de gente que tiene una experticia derivada de una experiencia de años en el sector.
Espero seguir viéndote por acá.
Un abrazo de Barcelona a Bogotá.