Llevo mucho tiempo sin recibir cartas y también sin escribirlas. Cuando estaba en la universidad algunos de mis amigos más cercanos empezaron a irse a estudiar o a trabajar al extranjero mientras yo seguía viviendo en Bogotá. Hasta alrededor del año 2000 mantuve por correo postal una correspondencia más o menos frecuente con varios de mis amigos que estaban lejos pero ésta fue extinguiéndose poco a poco hasta ser completamente sustituida por la comunicación vía correo electrónico o mensajería instantánea, que es mucho más inmediata.
Recibir libros por correo dos o tres veces a la semana ha hecho no sólo que en mi buzón deje de haber sólo documentación burocrática y recibos de cuentas por pagar, sino también que la llegada del cartero sea uno de los momentos más esperados y emocionantes del día. De lunes a viernes hacia las 12.00 suena el timbre y por reflejo yo me paro como un resorte, doy los tres pasos que separan mi escritorio del interfono y cuando levanto el auricular oigo la misma voz ronca de todos los días que dice ’buenos días, soy el cartero’.
En ese momento sé que lo más probable es que cuando salga de mi casa encuentre algunos libros en mi buzón. Y, en efecto, muchas veces es así. Cuando esto pasa cojo los paquetes al salir, los abro, saco los libros que acabo de recibir, les echo un ojo mientras camino y luego los guardo en mi morral reservándome el placer de hojearlos más detenidamente para cuando regrese más tarde a mi casa.
A finales de la semana pasada al llegar a mi casa encontré en el buzón dos libros de Periférica y de Libros del Asteroide que me llaman enormemente la atención, que tengo muchas ganas de leer y que me acompañarán durante mi viaje a Guadalajara. Recibirlos me emocionó tanto que me pareció que valía la pena documentar su llegada.
El buzón cerrado, por cuya ranura inferior se ven los sobres en lo que vienen los libros
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Dos sobres con libros esperando en el buzón
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Los dos sobres en lo que vienen los libros sobre la mesa, justo antes de abrirlos
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- Perú, de Gordon Lish
Cáceres, 2009
- Retratos de Will, de Ann Beattie
Barcelona, 2009
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Raúl Says:
Yo también quiero recibir libros!! Eso cómo se hace, jeje?
Publicado en Noviembre 23rd, 2009 at 23:27
Cin Says:
Yo me uno al club de los envidiosos. Y también al de los que les gustan todavía las cartas por medios “tradicionales” -que no sean de bancos ni de oficinas de gobierno, ja.
Publicado en Noviembre 24th, 2009 at 00:11
martín gómez Says:
No lo sé Raúl, simplemente empezó a pasar un buen día.
Publicado en Noviembre 24th, 2009 at 12:55
martín gómez Says:
A mí también me encantaría volver a recibir cartas. Y no sólo sacar el tiempo para escribirlas, sino también volver a tener la capacidad de hacerlo.
Publicado en Noviembre 24th, 2009 at 12:57