Francis Pisani y Dominique Piotet hacen en su libro Comment le web change le monde una afirmación que podría explicar por qué sectores como el editorial son tan conservadores, reacios al cambio y poco innovadores. Refiriéndose a la manera como las estructuras empresariales se enfrentan a las corrientes de cambio y se montan en ellas Pisani y Piotet dicen:
‘Las instituciones, por su parte, no son insensibles a las oleadas. Pero sólo avanzan muy lentamente, como lo veremos en varios de los casos abordados en este libro. Detrás de las múltiples razones invocadas, se encuentra casi siempre una indecisión comprensible: en ausencia de modelos económicos competentes los riesgos son evidentes mientras que las perspectivas de ganancia siguen siendo aleatorias, sobre todo en los mercados de tamaño modesto’.

A partir de lo que he podido ver tengo la impresión de que durante el último año se ha venido registrando en nuestro medio un cambio de actitud gracias al cual cada vez son más los que —bien sea con pequeños gestos o bien a través de la formulación de proyectos que implican giros radicales— están buscando la manera de adaptarse a las transformaciones que estamos viviendo como consecuencia de la emergencia de los contenidos digitales en lugar de seguir asumiendo una actitud fatalista o de continuar sumidos en el inmovilismo.