contenidos, dispositivos y entornos digitales: un asunto de interés público en 2009
Finalmente en 2009 los e-books y los e-readers se convirtieron en nuestro medio en un asunto de interés público y dejaron de ser un tema que sólo les interesaba a unos pocos expertos. Además de que de repente el tema empezó a aparecer en la prensa generalista tal y como lo señalé en una entrada del 9 de marzo, en España este año comenzó a tomar forma una verdadera —aunque todavía incipiente— oferta tanto de contenidos digitales como de servicios asociados a éstos —que es una condición indispensable para que el mercado madure—. Este año dio de qué hablar la aparición de 36L, del Quiosco cultural de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE), de Edit.cat, de leqtor.com, de Palabras mayores o de Enclave, así como el anuncio de la alianza entre Santillana, Random House Mondadori y Planeta para desarrollar de manera conjunta una plataforma de distribución de contenidos digitales.
Desde septiembre han empezado a comercializarse de manera más amplia los e-readers. Si antes del verano el Papyre era una de las pocas alternativas disponibles en España, en agosto El Corte Inglés anunció el lanzamiento de su propio dispositivo y en septiembre en el VIPS de la calle Velázquez de Madrid ofrecían e-readers junto a la mesa de novedades de libros. Desde octubre se vende el Kindle en España y ahora hay e-readers en todas las grandes superficies que venden artículos de electrónica. Incluso La Caixa anuncia en esta temporada navideña el sorteo de cincuenta libros electrónicos (sic) entre quienes contraten sus planes de pensiones.
Pero como bien lo anotó Margarita Valencia en la entrevista que le hicimos a Luis Collado en Liber, ‘el e-book no es el tema’. Es cierto que en nuestro medio los e-books y los e-readers se han convertido en un asunto de interés público pero también lo es que en torno a esta cuestión hay mucho ruido que termina provocando toneladas de desinformación, creando confusión y desviando la atención de los temas verdaderamente importantes —de los que, una vez más, sólo se están ocupando los expertos—: la emergencia de una oferta amplia de contenidos digitales y por lo tanto de un mercado para éstos, los escenarios en los que debe darse su comercialización y si las librerías ocuparán algún lugar en ellos, los tipos de contenidos que mejor se adaptan a los soportes digitales, las posibilidades que ofrece lo digital para el desarrollo de contenidos multimedia, el uso de los entornos digitales para construir públicos y establecer una relación constante y fluida con éstos, las ventajas que tienen los distintos dispositivos de lectura según las necesidades particulares del usuario, el impacto de la lectura en pantalla sobre nuestros hábitos lectores y sobre nuestra comprensión de lo que leemos, el replanteamiento de las condiciones de negociación de los derechos de autor para soporte digital, el precio de venta al público de los e-books y los impuestos que deben pagarse por ellos, los distintos modelos de acceso a éstos y el momento más adecuado para empezar a comercializar la versión digital de las novedades editoriales.
A quien le interese mantenerse al día en el estado de la cuestión con respecto a estos temas le recomiendo seguir Comunicación cultural, el blog de dosdoce.com en el que Javier Celaya viene ocupándose de ellos de manera sistemática desde hace un tiempo.
En este tema en particular el ruido y la desinformación pueden llevar no sólo a crear falsas expectativas con respecto al potencial de lo digital sino también a emprender procesos de digitalización o de publicación en formato electrónico sin antes llevar a cabo una reflexión estratégica que permita establecer por qué, para qué, con qué criterios, usando qué tecnologías y bajo cuáles especificaciones técnicas hacerlo. Y claro, lo peligroso del ruido y la desinformación es que sus nefastos efectos podrían terminar reforzando los prejuicios de quienes siguen viendo lo digital como una amenaza y no como una oportunidad.
Yo no creo que las editoriales tengan que tener una estrategia digital. Creo más bien que lo digital tiene que ser un componente fundamental de su estrategia editorial y comercial.



@martingomez78
Totalmente de acuerdo con los dos últimos párrafos, Martín, yo no lo habría dicho mejor. Pero me temo que las editoriales andan un poco “perdidas”, están empezando a oir campanas y se están metiendo en el asunto como elefante en cacharrería; sin tomarse la molestia de realizar un pequeño análisis previo en los términos que indicas. Y eso les va a suponer una inversión despilfarrada, un trabajo mal encaminado y cierta sensación de frustración; y alentarán la intención natural de las editoriales a no meterse en este campo. Es mejor gastar tiempo e inversión en un análisis previo, que clarifique tu posición respecto al tema y la necesidad de invertir en el mismo, que no entrar sin saber tan sólo porque “alguien” dice que ese es el no va más e imprescindible.
Eso sí, en el camino seguro que hay gente que se “forra” vendiendo motos.
Abrazos
Completamente de acuerdo, Jorge: seducidos por vendedores de motos y alarmados por el ruido mediático, muchos editores están montándose en el tren de lo digital de manera irreflexiva por temor a quedarse. No sería raro que el resultado de estas iniciativas fuera un desperdicio de dinero y una frustración enormes.
Quienes hagan chapuzas tendrán que pagar el precio que les corresponde como suele pasarles a menudo a quienes en tiempos de cambio proceden sin haber diseñado antes un plan estratégico que les permita fijar objetivos, definir acciones para alcanzarlos e identificar riesgos.
Seguimos…
[...] Como dice nuestro buen amigo Martín en El Ojo Fisgón, en su post “contenidos, dispositivos y entornos digitales: un asunto de interés público en 2009“: [...]