sobre las ventajas de los pequeños editores
La entrada “La plaga”, en la que El Llibreter se refiere a la gran cantidad de pequeñas editoriales que vienen apareciendo en nuestro medio, me ha hecho pensar en las condiciones que han propiciado este fenómeno teniendo en cuenta el entusiasmo que me suscitan editoriales que han salido al ruedo durante el último año y medio como Fórcola, Nevsky Prospects, Capitan Swing y Errata Naturae —que es similar al que así mismo me suscitan no sólo otras que conozco desde que salieron sus primeros títulos como Impedimenta o Veintisieteletras, sino también algunas cuya trayectoria es un poco más larga y que he tenido la oportunidad de conocer sobre la marcha como minúscula, Barataria, Melusina, Periférica o Nórdica—.
A pesar de que la economía española está en crisis, sigue habiendo personas dispuestas a apostar por invertir sus recursos —y no me refiero únicamente al dinero— en una actividad tan exigente y poco rentable como la edición. Hace poco encontré en La sabiduría del editor una reflexión de Hubert Nyssen que resuelve en parte la inquietud que me genera esta tendencia. Dice Nyssen que ‘ahora sé, y lo digo a aquellos que quieran lanzarse a la aventura, y a los que nunca desanimo: entrar en la edición es como entrar en la crisis. Y está muy bien así. La crisis aviva la edición’.
Como bien señala El Llibreter, ‘seguramente uno de los factores ambientales que han favorecido el aumento incontrolable sea el acceso a las innovaciones tecnológicas que facilitan el proceso de edición: desde la selección de los títulos hasta el diseño final del libro’. Sin lugar a dudas, en términos económicos y técnicos hoy en día es mucho más fácil acceder a las nuevas tecnologías que hace unos años. Lo anterior quiere decir que la barrera de entrada a la actividad editorial es más baja en la medida en que las herramientas necesarias para la producción y las competencias que se requieren para gestionarlas son cada vez más accesibles.
Aunque hoy en día la posibilidad de acceder fácilmente a las herramientas es fundamental para montar y poner a funcionar una editorial, éstas no son más que un medio de producción que nada tienen que ver con si se es un buen editor o no porque los factores necesarios para conseguir serlo pertenecen al ámbito humano y no al tecnológico. Al fin y al cabo la producción de contenidos de calidad exige el cumplimiento previo de unos requisitos que no se adquieren a punta de herramientas tecnológicas: la formación y la definición de un criterio sólido, la voluntad de trabajar concienzudamente para alcanzar los objetivos que se buscan y mucho profesionalismo a la hora de abordar las distintas fases del proceso de producción editorial. En síntesis, montar, poner en marcha, hacer viable una editorial y lograr que ésta encuentre su público no es una cuestión sólo de disponibilidad de recursos porque como dice Margarita Valencia ‘hacer libros mal hechos vale lo mismo que hacerlos bien’.
Las pequeñas editoriales pueden apostar por el descubrimiento de nuevos valores, tienen estructuras ligeras y son flexibles y altamente adaptables, por lo cual tienen un potencial de innovación enorme en la medida en que pueden desarrollar proyectos no convencionales que para las grandes estructuras representan un despliegue operativo muy grande y un riesgo bastante alto que no siempre están dispuestas a asumir. Ahora bien, si se le saca provecho a esta condición o no es otra cosa.
Editoriales como las que mencioné al principio de esta entrada han sabido aprovechar las ventajas de su tamaño para encontrar su lugar en un mercado hipersegmentado. Y quizás una de las claves para conseguirlo está en una observación que hace El Llibreter con respecto al éxito de “la plaga”, que ‘en determinados ambientes se explica también por una táctica infalible a la hora de minar las defensas del librero: la ilusión (…) En el momento en que entiendes la importancia de su proyecto [del editor], las razones que los han llevado a escoger unos determinados títulos, las aventuras que han vivido hasta que el preciado objeto ha visto la luz del día, en ese preciso instante estás perdido: la plaga gana un poco más de visibilidad’.


@martingomez78
Como es habitual, buen post Licenciado.
Mi único comentario está relacioando con e hecho de que “Las pequeñas editoriales… tienen estructuras ligeras y son flexibles y altamente adaptables, por lo cual tienen un potencial de innovación enorme en la medida en que pueden desarrollar proyectos no convencionales… si se le saca provecho a esta condición o no es otra cosa.”
Es decir, ¿estarán dispuestas algunas de ellas a pensar en “edición” de una manera nueva, en un modelo de negocio diferente? O sencillamente aprovecharán los “resquicios” entre los grandes para colar su producción, excelente sí, pero con el criterio analógico de siempre.
Ojalá algunas decidan a hacer pruebas nuevas o experimentar nuevas formas, al menos… Habrá que seguir su trayectoria.
Yo creo que ésa es una pregunta que habría que hacerle a cada editor y que cada uno de ellos tendría que responder a la luz tanto de sus inquietudes como de su experiencia y sus perspectivas particulares. Quizás las respuestas más interesantes vengan de aquellos editores que por distintas razones hayan tenido la oportunidad de entrar en contacto con realidades distintas de las de la edición tradicional.
Ya veremos con el paso del tiempo cómo responden estos pequeños editores a las transformaciones que estamos viviendo. Si reaccionan pronto y se adaptan con una cierta facilidad o si se duermen y en caso de sobrevivir se reinventan forzados por las exigencias de las nuevas circunstancias.
Seguimos, querido Licenciado.
Como decía no recuerdo quién: “¡Sólo se cambia cuando te va la vida en ello!”
Una pequeña dosis de audacia no vendría mal. A ver si podemos contribuir a ello.
Seguimos, como siempre.
Para cambiar hacen falta interés, voluntad, entusiasmo y en ocasiones coyunturas críticas que ejerzan presión.
Esperemos contribuir en lo que se pueda…
Por alusiones, como su responsable, sí os puedo decir que Fórcola, inevitablemente, será bifronte. Por mis propias convicciones, no renuncio a ser editorial analógica, porque mis orígenes y mi sensibilidad están muy arraigados a la edición tradicional independiente, defensora del trabajo artesano, que cuida con mimo cada libro como un prototipo, que vive su quehacer como oficio. Por otro lado, Fórcola 2.0 está a punto de nacer, en una necesidad de reinventarse que obliga a todo editor independiente a dar lo mejor de sí mismo, esta vez en la Red. Eso significará un pequeño paso más para hacer visible ese oficio de taller a los posibles lectores de la editorial, llegando a personalizar la relación con el editor, y e invitando a participar en una conversación, al más puro estilo 2.0, que uno y otro podrán entablar. Lo digital será otra dimensaión de la editorial, poco a poco, sin e-precipitaciones ni fascinaciones “artefácticas”. Una editorial en la frontera, en tiempos de transición. El futuro no anula el pasado, lo reactiva. Claro que el pequeño independiente rastrea los nichos que abandona el grande; es su obligación, es su vocación, es su virtud, es su disidencia. Gracias por la entrada.
Un abrazo
Desde nuestra pequeña editorial, nacida en estos tiempos revueltos, estamos intentando aprovechar todas las posibilidades que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance. Sin esta oportunidad que nos ofrecen de competir con las grandes editoriales ya implantadas, nuestro proyecto sería una utopía.
Un saludo
Javi, tu planteamiento es pertinente y necesario: en un momento en el que el valor simbólico y el arraigo del papel en la cultura son tan importantes la cuestión
no debe ser “o el papel o lo digital” sino más bien “el papel y lo digital”.
Una mentalidad que incorpore lo digital en los procesos de producción, de distribución, de comercialización, de promoción y de relación con los públicos no tiene por qué excluir lo analógico. De hecho, si no se quiere optar por “lo analógico o lo digital” sino por “lo analógico y lo digital” se trata justamente de poner en marcha una estrategia que combine ambas cosas para moverse en los dos ámbitos con el propósito de llegar a los públicos que se mueven en cada uno de ellos. Se trata de una misma estrategia con dos componentes, cada uno de los cuales debe plantearse y desarrollarse en función del ritmo propio del ámbito al que pertenece.
Como editor 2.0 no es que tengas un pie en el papel y otro en lo digital. En lugar de eso diría que te mueves en un terreno compuesto por papel y píxels.
Ya conozco la faceta analógica de Fórcola y creo que puedo imaginar al menos en parte como será su lado 2.0. ¡Espero poder verlo pronto, así que adelante!
Un abrazo de vuelta.
Martín.
Llorenç, tienes toda la razón. Con recursos mínimos, pensamiento estratégico y mucha voluntad un pequeño editor como tú puede bien sea competir con los grandes o bien abrirse su propio espacio y sobrevivir a pesar de ellos.
En un momento de transición como éste, las oportunidades son de quienes las ven y las aprovechan. Y las estructuras pequeñas son mucho más ligeras y flexibles para reaccionar y adaptarse.
Mucha suerte en tu aventura y no dejes de mantenernos al tanto de tu experiencia.
Un saludo.
Martín.