comentarios a los planteamientos de jason epstein sobre el futuro digital [ 1 ]
Hoy quisiera hacer una primera ronda de comentarios con respecto a los planteamientos hechos por Jason Epstein en su artículo “Publishing: The Revolutionary Future”, al cual me referí en mi entrada de ayer.
Para empezar quisiera destacar que la actitud de Epstein frente a lo digital me parece positiva y esperanzadora para el sector editorial. Creo que tomando como punto de partida su conocimiento de primera mano sobre la manera como lo digital ha evolucionado hasta ahora así como una postura optimista y entusiasta con respecto a su futuro, Epstein prevé un escenario realista en oposición tanto a la utopía que algunos venden como al apocalipsis que muchos otros ven venir. Pese a su confianza en el carácter positivo del futuro digital, Epstein es consciente de que aquellos actores que no se preparen para adaptar tanto sus modelos de producción y de negocio como sus estructuras operativas a las condiciones que resulten de las transformaciones que el sector está sufriendo seguramente la pasarán mal.
Un aspecto importante de la reflexión planteada por Epstein es el rol que ocupa en ella el fondo editorial. Con la digitalización de los fondos la circulación de los títulos que los conforman se amplía desde una perspectiva tanto temporal como geográfica: además de que los fondos pueden mantenerse vivos durante más tiempo porque el problema del costoso almacenamiento de mercancías desaparece, a través de plataformas en línea pueden comercializarse en un mercado descentralizado de alcance mundial. En este sentido lo importante es que si un lector mexicano que vive en Alemania necesita un título publicado hace cuatro años por una editorial peruana pueda acceder a él rápidamente y a un precio razonable sin tener que sortear mayores obstáculos. Es decir, que a quien manifieste una necesidad el mercado tenga con qué responder para satisfacerla. Y claro, para que esto sea posible es fundamental, por un lado, que existan los sistemas de información necesarios para que aquel que esté interesado en un tema pueda acceder al listado de títulos disponibles con respecto a éste; y, por el otro lado, que la oferta sea accesible a través de distintas plataformas.
Sin lugar a dudas quienes mejor podrán disfrutar de la magnitud de ese mercado descentralizado de alcance mundial serán aquellos que además de dominar una o varias lenguas mayoritarias tengan solucionado el acceso a todas las tecnologías asociadas a la Web que se requieren para participar de dicho mercado. Hay que insistir en que lo importante está en el terreno de los contenidos y en que en este contexto en particular la tecnología en realidad es una herramienta y un canal al servicio del proceso de producción y de puesta en circulación de éstos.
Ahora que como dice Epstein ‘cualquiera puede reivindicar ser un editor y cualquiera puede llamarse autor’ porque la barrera de entrada a la actividad editorial es cada vez más baja, los filtros y las instancias de prescripción son más necesarios que nunca. Es por esto que hoy en día la capacidad tanto de identificar las fuentes de información pertinentes y relevantes en los campos que nos interesan como de eliminar el ruido es un factor crítico. Por lo tanto, lo clave es ser capaz de establecer los criterios necesarios para navegar en medio de la avalancha de información a la que estamos sometidos con el propósito de dar con ese bien escaso que al parecer siempre han sido los contenidos de buena calidad.

@martingomez78
Licenciado, al hilo de sus comentarios sobre el artículo de Epstein:
Sin duda la visión de Epstein del escenario futuro de la industria editorial empujado por las nuevas tecnologías=digitalización de la mayor parte de los contenidos hoy out-of-stock de los catálogos editoriales, así como de las consecuencias de este proceso, más largo o más corto pero inevitable, en las estructuras editoriales, es un aporte importantísimo y un llamado a la atención a sus colegas editores. Nadie podrá decir que no ha sido advertido. Esta visión, viniendo de una persona como él, comprometida con el desarrollo de la “edición” de los últimos 50 años — un editor con pedigrí— adquiere mucho más valor. Habla directamente a sus pares.
Especialmente sensibles a estas reflexiones han de ser, precisamente, aquellos editores no adictos “…al riesgo de los éxitos de temporada, muchos de los cuales no recuperan sus costes.” ¿Editores independientes?
Este escenario futuro está estrechamente ligado a la conectividad y las comunicaciones, lo que significa que aquellos que no tengan acceso a la red, o no accedan a la misma como usuarios, quedaran fuera de este ámbito. Sin duda seguirán habiendo libros para ellos tal cual los conocemos hoy en día.
Pero hecha la afirmación, vienen las matizaciones. Una cosa es que el nivel de desarrollo tecnológico geste las condiciones para que esos cambios se concreten, y otra es que se apliquen efectivamente. En mi opinión pues, esto significa un largo período de convivencia de modelos de explotación editorial en el que se irán definiendo poco a poco los espacios de acuerdo a tipos y usos de los libros.
Es remarcable que este proceso no involucra sólo a los escritores, sino también a los “prescriptores”: distribuidores? libreros? integrantes de ese “ecosistema editorial” del que nos habla Tim O’Reilly.
Suscribo plenamente, por tanto, su conclusión:
“…la capacidad tanto de identificar las fuentes de información pertinentes y relevantes en los campos que nos interesan como de eliminar el ruido es un factor crítico. Por lo tanto, lo clave es ser capaz de establecer los criterios necesarios para navegar en medio de la avalancha de información a la que estamos sometidos con el propósito de dar con ese bien escaso que al parecer siempre han sido los contenidos de buena calidad.”
Es una etapa en la que avanzar significa informarse, pensar, conversar y experimentar… y seguir editando en consecuencia, claro.
Henry, es cierto que la posición de Epstein es de avanzada para el sector y que no es típica en alguien que tras llevar cincuenta años en la industria en teoría estaría más cómodo pensando en retirarse: para sobrevivir adopta una postura que consiste en entender los cambios, asimilarlos, adaptarse a ellos e influir sobre su desarrollo y su rumbo.
Lo que sorprende es que nuevos editores que tienen proyectos interesantísimos, un potencial de innovación enorme y estructuras livianas sigan aferrados a un modelo caduco no porque el papel esté condenado a desaparecer sino porque ahora hay un panorama que involucra toda una serie de elementos nuevos que ellos podían poner en relación con los del mundo que ellos han conocido hasta ahora para hacer, promocionar y distribuir mejor sus libros.
Sí, seguirá habiendo libros para quienes no están en el mundo digital pero si siguen insistiendo en mantenerse al margen de él estas personas se perderán de una oferta de contenidos cada vez más amplia y rica. En cualquier caso quienes estamos montados en el rollo digital seguiremos disfrutando del placer de los libros en papel hasta que la experiencia deje de resultarnos satisfactoria. Y afortunadamente no creo que ese momento esté cerca.
En un ecosistema nadie puede sobrevivir solo, por lo cual desarrollar líneas de reflexión y acción conjuntas es fundamental para autores, editores, distribuidores, libreros y lectores.
Podemos no informarnos, no pensar, no conversar, no experimentar e incluso no leer. La pregunta es si nuestra experiencia vital no será más rica e intensa si decidimos hacerlo.
Sigamos…
[...] a los planteamientos de Jason Epstein sobre el futuro digital 1 y 2. Fuente: El ojo [...]