archivo del marzo, 2010

Lunes, marzo 8, 2010 categorizado bajo 1, edición, edición digital, industria editorial

comentarios a los planteamientos de jason epstein sobre el futuro digital [ 2 ]

El control sobre el uso y la conservación de los contenidos digitales, su vulnerabilidad y el modelo de acceso a éstos son tres aspectos que también vale la pena comentar en relación con los planteamientos que hace Jason Epstein en su artículo“Publishing: The Revolutionary Future”.

A partir de la referencia a lo sucedido el verano de 2009 cuando a petición del editor de 1984 Amazon borró esta novela de los Kindle de aquellos usuarios que la habían comprado, Epstein señala dos de las inquietudes que tienen muchos usuarios con respecto a la propiedad y a la seguridad de los contenidos digitales: en primer lugar, quién puede decidir qué puede hacerse y qué no con una obra en formato digital comprada en una tienda en línea para ser leída en un dispositivo electrónico; y, en segundo lugar, el riesgo de que los contenidos dejen de ser accesibles de un momento a otro.

1984_AMAZON_KINDLE

En el primer caso es el proveedor de los contenidos quien con su política de gestión digital de derechos —es decir, Digital Rights Management (DRM)— define los usos que el usuario puede hacer de éstos: los dispositivos en los cuales pueden utilizarlos, la autorización para copiarlos parcial o totalmente, la posibilidad de convertirlos a otros formatos y soportes e incluso el número de veces que puede acceder a ellos o la duración del período de acceso. Sin embargo, lo que en un principio parece absolutamente correcto y transparente puede terminar dando pie para que se vulneren los derechos del usuario cuando el proveedor de los contenidos aprovecha su capacidad de ejercer un control sobre éstos para hacerle pagar por un error suyo o cometer algún otro tipo de abuso. Por ejemplo, en casos como el retiro de 1984 de los Kindle por parte de Amazon el proveedor está ejerciendo controles indebidos que se salen de los límites de su política de gestión digital de derechos para resolver el problema causado por el hecho de que anteriormente él mismo parece no haber respetado alguna cláusula de su contrato con el editor de la novela que está comercializando. Amazon sabe por experiencia propia que en Internet la capacidad del consumidor para defender sus intereses es cada vez mayor porque a través del efecto de red que se produce en la Web es posible organizar movilizaciones en las que participen la cantidad suficiente de personas necesarias para hacer respetar su posición como colectivo.

El segundo caso contempla no sólo una eventual intrusión indebida en la propiedad del usuario por parte del proveedor de los contenidos o de un tercero, sino también el riesgo de que el archivo, el espacio donde éste está almacenado o el dispositivo a través del cual se accede a él se estropeen. Aquí se pone en evidencia la vulnerabilidad de lo digital que muchos temen.

BIBILOTECA_DIGITAL

En cuanto al modelo de acceso la idea del alquiler renovable me parece interesante, sobre todo para las obras de referencia, científicas, profesionales y técnicas así como en el caso de organizaciones como bibliotecas y centros de documentación. Epstein pone el ejemplo del Oxford English Dictionary y a mí se me vienen a la cabeza algunos otros tipos de contenidos como los journals de las distintas disciplinas científicas, las ediciones anotadas de obras literarias que han sido hechas para uso académico o los tratados jurídicos —es decir, obras cuyo uso es ante todo instrumental—. Por otro lado, en el caso de títulos cuyo ciclo de vida es corto porque sus contenidos caducan rápidamente está claro que no vale la pena conservarlos en papel al menos que se tenga un interés específicamente arqueológico para dar cuenta de la evolución de una disciplina o de un tema particulares.

Y es justamente cuando surge el interés arqueológico que el modelo de acceso por alquiler podría volverse problemático para bibliotecas y centros de documentación porque, como bien lo plantea el profesor Roger Chartier, una de las funciones de éstos consiste en conservar y hacer accesibles los textos en sus formatos anteriores cuando un nuevo soporte se impone. En este sentido el modelo de acceso por alquiler sólo sería una solución parcial para bibliotecas y centros de documentación porque en tanto que repositorios de contenidos este tipo de organizaciones también son los depositarios de una buena parte del componente documental de nuestro patrimonio cultural, cuya disponibilidad no debería estar supeditada a los vaivenes de un contrato de alquiler establecido con un tercero.

Jueves, marzo 4, 2010 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 94 ]

DONDE_PONGO_EL_OJO_94

Lecturas en curso

Un día más con vida, de Ryszard Kapuściński

Anagrama

Barcelona, 2003

Mi recomendado de la semana

Los suicidas del fin del mundo, de Leila Guerriero

Tusquets

Buenos Aires, 2005

Mis libros favoritos

Les particules élémentaires, de Michel Houellebecq

Flammarion

París, 1998

Me llama la atención

Up in the Old Hotel, de Joseph Mitchell

Vintage

Nueva York, 2008

Miércoles, marzo 3, 2010 categorizado bajo 1, edición, edición digital, industria editorial

comentarios a los planteamientos de jason epstein sobre el futuro digital [ 1 ]

Hoy quisiera hacer una primera ronda de comentarios con respecto a los planteamientos hechos por Jason Epstein en su artículo “Publishing: The Revolutionary Future”, al cual me referí en mi entrada de ayer.

Para empezar quisiera destacar que la actitud de Epstein frente a lo digital me parece positiva y esperanzadora para el sector editorial. Creo que tomando como punto de partida su conocimiento de primera mano sobre la manera como lo digital ha evolucionado hasta ahora así como una postura optimista y entusiasta con respecto a su futuro, Epstein prevé un escenario realista en oposición tanto a la utopía que algunos venden como al apocalipsis que muchos otros ven venir. Pese a su confianza en el carácter positivo del futuro digital, Epstein es consciente de que aquellos actores que no se preparen para adaptar tanto sus modelos de producción y de negocio como sus estructuras operativas a las condiciones que resulten de las transformaciones que el sector está sufriendo seguramente la pasarán mal.

Un aspecto importante de la reflexión planteada por Epstein es el rol que ocupa en ella el fondo editorial. Con la digitalización de los fondos la circulación de los títulos que los conforman se amplía desde una perspectiva tanto temporal como geográfica: además de que los fondos pueden mantenerse vivos durante más tiempo porque el problema del costoso almacenamiento de mercancías desaparece, a través de plataformas en línea pueden comercializarse en un mercado descentralizado de alcance mundial. En este sentido lo importante es que si un lector mexicano que vive en Alemania necesita un título publicado hace cuatro años por una editorial peruana pueda acceder a él rápidamente y a un precio razonable sin tener que sortear mayores obstáculos. Es decir, que a quien manifieste una necesidad el mercado tenga con qué responder para satisfacerla. Y claro, para que esto sea posible es fundamental, por un lado, que existan los sistemas de información necesarios para que aquel que esté interesado en un tema pueda acceder al listado de títulos disponibles con respecto a éste; y, por el otro lado, que la oferta sea accesible a través de distintas plataformas.

HOME_AMAZON

Sin lugar a dudas quienes mejor podrán disfrutar de la magnitud de ese mercado descentralizado de alcance mundial serán aquellos que además de dominar una o varias lenguas mayoritarias tengan solucionado el acceso a todas las tecnologías asociadas a la Web que se requieren para participar de dicho mercado. Hay que insistir en que lo importante está en el terreno de los contenidos y en que en este contexto en particular la tecnología en realidad es una herramienta y un canal al servicio del proceso de producción y de puesta en circulación de éstos.

Ahora que como dice Epstein ‘cualquiera puede reivindicar ser un editor y cualquiera puede llamarse autor’ porque la barrera de entrada a la actividad editorial es cada vez más baja, los filtros y las instancias de prescripción son más necesarios que nunca. Es por esto que hoy en día la capacidad tanto de identificar las fuentes de información pertinentes y relevantes en los campos que nos interesan como de eliminar el ruido es un factor crítico. Por lo tanto, lo clave es ser capaz de establecer los criterios necesarios para navegar en medio de la avalancha de información a la que estamos sometidos con el propósito de dar con ese bien escaso que al parecer siempre han sido los contenidos de buena calidad.

Martes, marzo 2, 2010 categorizado bajo edición, edición digital, industria editorial

el futuro digital, según jason epstein


En su presente edición The New York Review of Books publicó un artículo de Jason Epstein titulado “Publishing: The Revolutionary Future” en el que su autor plantea una serie de interesantes reflexiones en relación con la manera como la emergencia de lo digital —entornos, contenidos, formatos, soportes, etc.— está repercutiendo y seguirá haciéndolo en la edición, la circulación y la lectura de lo que se publica. Los planteamientos de Epstein me parecen optimistas y entusiastas sin ser ingenuos —aunque quizás estén condicionados por los intereses relacionados con su posición de presidente de On Demand Books, la compañía que desarrolló la Espresso Book Machine—.

A continuación voy a citar algunos de los planteamientos del artículo, así que veamos ahora qué dice Epstein*. De momento los enuncio y los iré comentando durante los próximos días, de manera que se vayan sentando las bases para sostener una discusión que puede llegar a ser muy rica.

- Sobre la situación actual del sector editorial:

‘Mientras tanto, y por razones muy diferentes, el modelo de negocio editorial al que me uní hace más de medio siglo ya está próximo a su fin, sufriendo una inquebrantable adicción al riesgo de los éxitos de temporada, muchos de los cuales no recuperan sus costes, y el deterioro simultáneo del fondo editorial, el recurso vital sobre el que los editores han sustentado su estabilidad, tanto en las buenas como en las malas épocas’.

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- Sobre la actitud del sector editorial frente a lo digital:

‘Con la tierra temblando bajo sus pies, no es de extrañar que los editores, con un pie en un pasado que se desmorona y con el otro buscando tierra firme en un futuro incierto, duden en aprovechar la oportunidad que les ofrece la digitalización para restaurar, ampliar y promover sus fondos editoriales en un mercado mundial y descentralizado. Las nuevas tecnologías, sin embargo, no esperan el permiso de nadie. Son, para usar el término de Schumpeter, disruptivas, no negociables, como los terremotos’.

‘La resistencia actual de los editores al futuro digital que se avecina no surge del temor a una alfabetización disruptiva, sino del comprensible temor a su propia obsolescencia y a la complejidad de la transformación digital que les espera, en la que gran parte de su infraestructura tradicional —y tal vez ellos mismos— será superflua’.

- Sobre los filtros en un mundo en el que cualquiera puede ser reconocido como editor y autor:

‘La digitalización hace posible un mundo en el que cualquiera puede decir que es un editor y cualquiera puede llamarse a sí mismo autor. En este mundo, los filtros tradicionales se habrán desvanecido en el aire y sólo el filtro final —la incapacidad humana para leer lo que es ilegible— permitirá discernir lo que vale la pena tener en un mercado virtual donde la poesía de Keats compartirá espacio electrónico con los haikus de la tía María’.

- Sobre las instancias de publicación y prescripción en un mundo en el que lo digital se ha expandido:

‘En medio del caos literario del futuro digital, los lectores se guiarán por las huellas de los editores de renombre, distinguibles dentro de un directorio mundial y plurilingüe —una función que Google parece dispuesta a dominar—.

‘Los títulos también se colocarán en las webs de autores y editores y en webs de intereses específicos en las que las biografías de Napoleón y los manuales para entrenamiento de perros serán evaluados por críticos competentes, y descargados directamente desde el autor o el editor al usuario final mientras el software distribuye de forma adecuada el precio de la compra, trascendiendo las fórmulas tradicionales. Eliminados los gastos de inventario, envíos y devoluciones, los lectores pagarán menos, los autores ganarán más, y los editores, libres ya de sus estructuras obsoletas, podrán sobrevivir y prosperar’.

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- Sobre la calidad tanto de lo que se ha escrito como de lo que se escribirá:

‘La buena crítica sobre temas generales será tan excepcional y necesaria como siempre y sobrevivirá, como siempre ha ocurrido, en versión impresa y en línea según la preferencia de los lectores’.

- Sobre las transformaciones que sufre la estructura de las empresas editoriales en un mundo en el que lo digital se ha expandido:

‘El coste del acceso para los futuros editores será mínimo, requiriendo solamente el mantenimiento del equipo editorial y sus servicios de apoyo inmediato pero sin el gasto de las instalaciones tradicionales de distribución y de las distintas jerarquías de gestión’.

- Sobre la vulnerabilidad de los contenidos digitales y el uso de un modelo de acceso a éstos por suscripción a término fijo:

‘El contenido digital es frágil. Por lo tanto mantener a salvo los libros de depredadores y entrometidos electrónicos, así como de los azares del almacenamiento electrónico es esencial. La reciente eliminación por parte de Amazon de 1984 de Orwell —a petición de su editor— de los Kindle de aquellos usuarios que habían descargado la novela, sugiere la facilidad con la que los archivos pueden borrarse sin advertencia o permiso, un azar inestable de la distribución electrónica. En Dinamarca la música descargada por suscripción se autodestruye cuando la suscripción expira. Lo mismo ocurre con mi suscripción anual al Oxford English Dictionary, a menos que yo la renueve. Muchos otros materiales de referencia que suelen ser sensibles al tiempo y por esa razón nunca se han impreso y encuadernado se están vendiendo por suscripción renovable. Si yo fuera editor hoy, consideraría un modelo de alquiler renovable para todas las descargas de e-books —la “biblioteca de préstamo” de la época de la Depresión— que refleja más coherentemente la relación condicional, reforzada por los derechos digitales de gestión, existente entre el proveedor de los contenidos y el usuario final’.

Sobre el rol del patrimonio escrito en la preservación de nuestra cultura:

‘Me gustaría añadir algunas palabras con respecto a la evolución de mi propio interés por la digitalización. Desde el principio de mi carrera he estado obsesionado con la preservación y la distribución del fondo editorial —libros publicados anteriormente y aún en circulación que son un componente indispensable para la estabilidad de un editor. En este sentido, es justo decir que la edición de libros es más que un negocio. Sin los contenidos de nuestras bibliotecas —nuestro fondo editorial colectivo, nuestra memoria cultural— nuestra civilización se colapsaría’.

Sobre la manera como ha cambiado el negocio del libro (debido en gran parte a la transformación demográfica que han sufrido las ciudades durante las últimas décadas):

‘Este cambio demográfico provocó un vuelco en el negocio del libro ya que los distribuidores minoristas, incapaces de almacenar grandes fondos editoriales, exigieron una alta rotación, con frecuencia de títulos efímeros. Los autores más vendidos cuya lealtad a sus editores había sido la norma, eran ahora fichas en un casino de alto riesgo: una gran ayuda para autores y agentes con sus irrecuperables anticipos y una pesadilla para los editores que soportan todo el riesgo y tienen suerte si salen sin ganar ni perder. Mientras tanto los fondos editoriales continuaron disminuyendo. Las casas más pequeñas, incapaces de tomar riesgos, se fusionaron con otras más grandes y éstas eventualmente cayeron en brazos de los grandes grupos de hoy’.

Interesante, ¿no?

Creo que el tema da para montar una buena discusión.

* nota: a quien encuentre gazapos en esta “traducción libre”, le agradeceré si me hace el favor de señalármelos.

Lunes, marzo 1, 2010 categorizado bajo 1, best sellers, generadores de opinión, tendencias, ventas de libros

trabajo de campo en el sector editorial

Hace unos meses mientras preparaba un curso sobre tendencias literarias y del mercado editorial que di en enero pasado en el Postgrado en Coolhunting, Diseño y Tendencias Globales de la Escuela Elisava estuve haciendo el ejercicio de reflexionar con respecto a la naturaleza de mi trabajo y a algunos de los aspectos de éste con el propósito de presentárselo a manera de introducción a los estudiantes del curso.

Uno de los resultados de esta reflexión es que me di cuenta de que durante los últimos meses había descuidado en la práctica de mi trabajo uno de los que considero sus fundamentos principales: para no perder en ningún momento la conexión con eso que podríamos llamar “la vida social de los libros”, identificar las tendencias del mercado y comprender su evolución es fundamental no sólo estar en contacto permanente con la gente del sector en el contexto tanto de actividades profesionales como de conversaciones informales, sino también salir a la calle con el propósito de observar las vitrinas, las mesas de novedades y las estanterías de las librerías, de fijarse en lo que lee la gente o de participar activamente en las conversaciones que son susceptibles de entablarse en un café, durante una cena o en la fila del banco.

LECTORAS_EN_EL_METRO

Este trabajo de campo es clave para complementar lo que hacemos durante las largas horas que pasamos sentados en el escritorio frente al ordenador. La lectura de textos literarios, profesionales y técnicos, la búsqueda de nuevos manuscritos, la puesta en marcha de proyectos editoriales y el seguimiento de éstos, la concepción de nuevos proyectos o el monitoreo de fuentes especializadas de información de actualidad constituyen la actividad central de muchos de quienes trabajamos en el sector del libro. Y estoy convencido de que levantarnos del escritorio y alejarnos de nuestro espacio de trabajo durante un rato para tomar un poco de aire y salir al encuentro de lo que está sucediendo en la calle es un estímulo que nos ayudará a contrastar lo que tenemos en la cabeza con lo que pasa allí afuera, a llenarnos de ideas nuevas a las que quizás nunca llegaríamos por nosotros mismos  y a tomar decisiones teniendo en cuenta criterios que vayan más allá de nuestros puntos de vista, creencias, actitudes y prejuicios de siempre.

Se trata de incorporar a la rutina de trabajo una serie de acciones que normalmente llevamos a cabo de manera intuitiva y en ocasiones automática, haciéndolas más o menos sistemática y conscientemente: salir, caminar, observar, tomar nota, reflexionar, confrontar, replantear, decidir, ejecutar y evaluar.

Vale la pena volver sobre uno de los “consejos de buena fe” de Andrea Palet que comenté la semana pasada:

‘La única herramienta indispensable del editor es su cabeza, pero debe estar bien amueblada, y eso no se consigue únicamente con literatura sino con una curiosidad interminable’.

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