Jueves, abril 8, 2010 categorizados en 1, contenidos digitales, e-book, e-readers, entorno digital

¿cacharrería o chatarrería?

La cantidad de ruido que produce la avalancha de información que desde hace unos meses viene publicándose a diario con respecto a los nuevos modelos de e-readers y tabletas empieza a tornarse insoportable. Si a principios de 2009 sólo había en el mercado un puñado de e-readers, no es exagerado decir que desde la segunda mitad de ese mismo año casi cada mes nos llegan noticias de la aparición de por lo menos un nuevo dispositivo de lectura dedicado. Y claro, luego están las tabletas cuyo carácter multifuncional las hace mucho más versátiles y atractivas que los e-readers de tinta electrónica.

Ya estábamos acostumbrados a que el volumen de la avalancha de información se multiplicara cada vez que Amazon hacía una de sus movidas en el ámbito del libro y lo digital: el lanzamiento tanto de las distintas versiones del Kindle como de la Kindle Store, la compra de CreateSpace, de AbeBooks, de Shelfari, de LibraryThing y de Stanza, el desarrollo de la Digital Text Platform (DTP), el retiro de 1984 de la biblioteca de los usuarios de Kindle que habían comprado esta novela o la eliminación en su plataforma de venta del botón de compra de los libros de algunos editores que en su momento se atrevieron a desafiar sus condiciones de negociación.

Pero bueno, esas cosas pasan cuando en el mercado hay un líder único y indiscutible que no desperdicia la oportunidad de sacarle provecho a su posición dominante.

Quien hasta finales de enero de 2010 se hubiera sentido abrumado por la avalancha de información sobre los e-readers y las tabletas no sabía que lo que le esperaba sería aún peor una vez Apple entrara oficialmente al terreno del libro y lo digital. Y es que desde la salida del iPod hace ya unos cuantos años todo lo que hacen Steve Jobs y sus muchachos tiene una repercusión mediática enorme y produce una euforia bestial entre los usuarios de gadgets, independientemente de que sean geeks o no.

Me parece importante que le haya aparecido un competidor fuerte a Amazon, que llevaba más dos años consolidándose como el  líder del mercado en solitario gracias a una ventaja comparativa fundamental: contar con una oferta compuesta por un gran repositorio de contenidos asociados a un dispositivo de lectura con conexión a Internet que permite el acceso a la Kindle Store.

A través de los acuerdos que viene firmando con importantes editores para comercializar sus contenidos en su tienda en línea, Apple parece estar en capacidad de lograr lo que cada vez parecía más difícil de conseguir: empezar a quitarle a Amazon porciones significativas de su participación en el mercado de los e-books.

Sin lugar a dudas que la aparición de un competidor fuerte le dificultará a Amazon seguir abusando tan fácil y cómodamente de su posición dominante en las negociaciones con los editores.

***

Dicho lo anterior, sólo quisiera añadir que la tecnología no es el elemento central de la reflexión y de la discusión alrededor de la comercialización de contenidos en formato digital. Al fin y al cabo muchas de las tecnologías que se están utilizando en el ámbito del libro y lo digital habían sido desarrolladas para otros fines y simplemente se adaptaron a las necesidades de éste.

En lugar de la cacharrería, lo que debe preocupar a los actores de la cadena de valor del libro en el contexto de lo digital es el replanteamiento de la negociación de derechos y de los contratos con sus autores, la manera de generar ingresos, la creación de contenidos digitales que ofrezcan un valor agregado que resulte complementario al del libro en papel, el precio de esos contenidos, el modelo de comercialización, la participación porcentual de cada actor en las ganancias producidas por el negocio o la redefinición de su rol en este nuevo entorno.

Creo que para tomar las decisiones acertadas a la hora de dar el salto hacia lo digital es fundamental monitorear la evolución de estas tecnologías para entender al máximo hacia dónde van así como el funcionamiento, las ventajas, las desventajas y las implicaciones que tiene el uso de cada una de ellas. Ante la avalancha de información a la que estamos expuestos la clave para hacerlo y no dejarse abrumar está en saber eliminar el ruido que producen tantas fuentes que se limitan a reproducir textualmente lo que han dicho un par de especialistas o, en el peor de los casos, a hacer un refrito de las palabras de éstos.

Ya veremos qué nos queda de aquí a un año de toda esta cacharrería cuya capacidad de satisfacer las necesidades de sus usuarios suele ser insuficiente y que la demanda no está en capacidad de absorber. No sería raro que al cabo de este período una buena parte de ella se convirtiera en chatarra de ésa que va a parar a los basureros tecnológicos.

un comentario para “¿cacharrería o chatarrería?”

  1. [...] ¿Cacharrería o chatarrería? Fuente: El ojo fisgón. [...]

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