archivo del mayo, 2010

martes, mayo 25, 2010 categorizado bajo destacados

cerrado temporalmente hasta el próximo lunes 7 de junio

[ el ojo fisgón ] estará cerrado por mudanza hasta el próximo lunes 7 de junio.

Nos vemos en dos semanas.

jueves, mayo 20, 2010 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 102 ]

Lecturas en curso

Fiesta en la madriguera, de Juan Pablo Villalobos

Anagrama

Barcelona, 2010

Mi recomendado de la semana

Retratos y encuentros, de Gay Talese

Alfaguara

Madrid, 2010

Me llama la atención

Pierre y Jean, de Guy de Maupassant

Veintisiete letras

Madrid, 2010

miércoles, mayo 19, 2010 categorizado bajo 1

un inconveniente del papel: la imposibilidad de la biblioteca portátil

Hasta hace poco, cada vez que recibía un paquete de libros que me enviaba una editorial o que salía de una librería con una bolsa en la que llevaba las compras que había hecho allí sentía una leve inquietud al pensar en el problema que tendría en un futuro cuando llegara el momento de dejar mi piso del Poble Sec. Desde hace unos meses que decidí mudarme esa inquietud dejó de ser hipotética y se convirtió en una realidad inminente.

Aquellos que tengan un par de estanterías con libros, que se hayan cambiado de casa o de ciudad y que corran el riesgo de volver a hacerlo deben saber de qué estoy hablando. Sobre todo si, como yo, viven en un cuarto piso sin ascensor.

Cuando vivía en Bogotá siempre que se me pasaba por la cabeza la idea de que quizás algún día me fuera de la ciudad me daba pavor pensar qué haría con mi biblioteca. Teniendo en cuenta que en principio sólo me iría como máximo por un par de años, de momento quedaba descartaba la idea de llevármela toda conmigo. Así las cosas, me quedaban sin resolver algunas preguntas: ¿qué libros me llevaría conmigo cuando me llegara la hora de irme? ¿cómo los escogería? ¿cuántos libros me llevaría? ¿dónde dejaría el resto de mi biblioteca para que los libros estuvieran a salvo? ¿quién cuidaría de ella?

Luego, al irme a vivir a Lille, decidí hacer un acto de desapego con respecto a mi biblioteca y llevarme conmigo sólo unos cuantos libros que no significaban nada para mí y que en ese momento tenía ganas de leer: La conjura de los necios, de John Kennedy Toole; The Buenos Aires Affair, de Manuel Puig; Experimentos con la verdad, de Paul Auster; American Psycho, de Bret Easton Ellis; y, por último, Bogotá imaginada, de Armando Silva.

De los libros con los que salí de Bogotá en septiembre de 2004 sólo sobrevive La conjura de los necios porque los demás se echaron a perder en julio del año siguiente cuando el sótano en el que los dejé al venirme a vivir a Barcelona se inundó durante una tormenta de verano.

Como en principio lo más probable era que volviera pronto a Bogotá, durante un par de años apenas compré unos pocos libros para evitar que el viaje de regreso fuera engorroso debido al peso de éstos. Sin embargo, en cuanto me di cuenta de que no tenía nada de ganas de regresar a Bogotá por lo menos en un futuro inmediato volví a empezar a comprar libros con una cierta regularidad. Fue así como comencé la construcción de una biblioteca en Barcelona cuyo crecimiento se aceleró con los libros que luego empezaron a enviarme algunas editoriales.

Después de pasar varios días de angustia pensando en el esfuerzo que supondría mover mis libros, el sábado pasado decidí empezar a desmontar mi biblioteca y a meter mis libros en cajas y maletas para ir llevándolos poco a poco al piso de Ana, que está cerca del Hospital de Sant Pau y que dentro de poco también será mi casa. En el primer viaje que hice recorrí tres líneas de metro con dos maletas llenas de libros que representan la tercera parte de una de las secciones de mi biblioteca y aproximadamente el 5 % de ésta.

A ratos me entra el agobio porque me pongo a pensar en el esfuerzo que aún me queda por hacer para llevar los libros que faltan a mi nueva casa y por un momento desearía tener toda mi biblioteca en digital. Insisto, este deseo dura sólo un momento porque luego me viene el recuerdo de algún libro de ensayos de Raymond Carver, de una novela de Rubem Fonseca, de los cuentos completos de Juan Carlos Onetti, de las Crónicas berlinesas de Joseph Roth o de las Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro que tengo en mi biblioteca y entonces siento que mi seguridad y mi estabilidad emocional dependen en gran parte de que esos libros sigan estando ahí.

martes, mayo 18, 2010 categorizado bajo feria del libro de sevilla, jornadas los futuros del libro

¡ah, sí, el lector!

Hace unos días comentaba que en las distintas mesas de las Jornadas “Los Futuros del Libro” que tuvieron lugar la semana pasada en la Feria del Libro de Sevilla 2010 hablamos de editores, de distribuidores, de libreros, de asociaciones gremiales del sector, de proveedores de soluciones y servicios tecnológicos que empiezan a incursionar en el suministro de contenidos digitales, de fabricantes de cacharrería y hasta de administraciones públicas. Hablamos también de formatos, de digitalización, de DRM (Digital rights management), de bases de datos, de repositorios digitales, de proyectos oficiales y privados, de plataformas de distribución, de fórmulas de acceso, de modelos de negocio, de estrategias de comunicación y marketing, de instancias de prescripción, de todo lo relacionado con la Web 2.0 —redes sociales, blogs, community managers, etc.—, de piratería y derechos de autor, de cifras de ventas y pérdidas y, por supuesto, de cacharrería —dispositivos dedicados, tabletas, teléfonos móviles de última generación, netbooks, etc.—.

En sínstesis, hablamos de lo divino y lo humano con respecto a eso que llamamos “la cadena de valor” pero nos olvidamos del lector. Y lo hicimos no una sino varias veces. Sí, fuimos reincidentes en nuestro olvido.

Con respecto al lector dice Hubert Nyssen en La sabiduría del editor:

‘Sería bueno recordar que el lector es un ser humano, un ser de carne hueso, con sangre, con pasiones. El lector posee ojos, cerebro, neuronas, inteligencia y sensibilidad. Vive, llora, ríe, sufre, hace el amor. Un lector da a luz, educa, se pierde, se angustia, tiene miedo a la muerte y, si es posible, a la vida. Un lector ama o no ama, desaparece en ocasiones en las arenas movedizas del aburrimiento, o se zambulle en las cataratas del aborrecimiento. Un lector puede arañar, morder, matar, puede incluso arder en llamas. Lo sorprendemos, depende de cada caso, acariciando el libro, aspirándolo, descuartizándolo, dándole la vuelta, metiéndolo en el bolsillo de su chaqueta o en un pliegue de su falda, poniéndolo bajo su brazo, apretándolo contra su mejilla, llevándoselo a los labios, estrechándolo entre sus rodillas, poniéndolo bajo sus nalgas, extraviándolo en su cama, escondiéndolo, dándolo, prestándolo, llevándoselo a la ciudad y al campo, y para resumirlo en una palabra: leyéndolo. Sí, un lector lee… Asombroso, ¿no?, hubiera dicho el jocoso señor Cyclopède del difunto Pierre Desprogues. El lector es un excéntrico que lee. ¡Qué me va a decir usted!

¿Por qué exponer esta evidencia? Porque a muchos editores would be y personas de su tripulación les trae sin cuidado, ¡a ellos!, para quienes el lector no existe sino porque compra y… solamente si compra (…)

Al igual que todos nosotros, el lector es, sin duda alguna, un personaje moldeado a base de prejuicios, sensible a las tendencias, a las modas, a los signos, y no es un deber menor para el editor el disponerlo a emprender la lectura de un libro desde el enfoque correcto y sin que estemos cargados de prejuicios’.

¿Por qué nuestra insistencia en olvidarnos sistemáticamente del lector? ¿No es acaso el lector quien justifica la existencia de todos y cada uno de los actores de la cadena de valor así como la de ésta en su conjunto? ¿Al fin y al cabo no es nuestra condición de lectores lo único que con toda seguridad compartimos quienes tenemos la fortuna de vivir de hacer libros y de hablar de ellos?

En la mesa de conclusiones de las jornadas —cuyo contenido divulgaremos y comentaremos más adelante— rectificamos nuestro error y recogiendo algunos comentarios que hicieron algunos asistentes a las distintas mesas así como un par de participantes hablamos del lector en su triple dimensión de ciudadano, cliente/consumidor y usuario.

nota: ilustración de Paul Blow (vía Librosfera).

mesa redonda nous embalatges literaris / nuevos embalajes literarios, en casa amèrica catalunya

El próximo jueves 27 de mayo a las 20.00 tendrá lugar en Casa Amèrica Catalunya la mesa redonda Nous embalatges literaris / Nuevos embalajes literarios, en la que participaremos Jordi Carrión, Jorge Ferrer y yo. Esta mesa forma parte del ciclo E-Literatura, cuyas actividades vienen desarrollándose cada mes desde principios de este año.

La mesa redonda Nous embalatges literaris /Nuevos embalajes literarios es presentada de una manera bastante sintética y sugestiva en la agenda del mes de mayo de Casa Amèrica Catalunya:

‘Las publicaciones académicas especializadas, los suplementos literarios y las secciones de cultura de los medios impresos han dejado de ser las únicas vías de prescripción por lo que respecta a la opinión literaria.

En la quinta entrega del ciclo E-literatura, Jordi Carrión, Martín Gómez y Jorge Ferrer, abordan las nuevas formas de difusión de la literatura: book-crossing, blogs, jam, redes sociales, así como a la ampliación de los espacios dedicados tanto al ejercicio de la crítica literaria como a reseñar y comentar libros gracias a la emergencia de los entornos de generación web 2.0′.

Si están en Barcelona y les interesa el tema de la literatura y la lectura frente a lo digital, aquí van las coordenadas de la mesa redonda:

Mesa redonda Embalatges literaris: noves difusions de la literatura (ciclo E-Literatura)

Jueves 27 de mayo, 20.00

Casa Amèrica Catalunya

C/ Còrsega, 299

Allí los esperamos para conversar con nosotros acerca de la manera como la emergencia de los entornos de generación Web 2.0 ha ampliado más que nunca la dimensión de la lectura como ejercicio de diálogo y como experiencia compartida.