el editor como cómplice en el encuentro entre la obra y sus lectores
Muy estimulantes y sugestivos los planteamientos que hace el editor alemán Kurt Wolff en los textos recogidos en el libro Autores, libros, aventuras, que recientemente publicó Acantilado.
Hay varios aspectos de estos textos de Wolff que me han parecido particularmente llamativos: en primer lugar, que entre líneas puede encontrarse una declaración de los valores que le sirven a Wolff como principio para el ejercicio del oficio editorial; en segundo lugar, la existencia de una concepción eminentemente humanista del oficio del editor; en tercer lugar, que en sus palabras se adivina a un editor sumamente cuidadoso con el tratamiento de las distintas fases del proceso editorial; y, por último, la vigencia de sus inquietudes y opiniones en un momento en el que casi cincuenta años después de la muerte de Wolff toda nuestra atención parece centrarse obsesivamente en vender libros, archivos y cacharros a como dé lugar y en nada más.
A continuación reproduzco un fragmento de Autores, libros, aventuras en el que Wolff se refiere a las condiciones que en un momento dado pueden favorecer o dificultar la llegada de autores a una editorial:
‘El Golem es una buena ocasión para comentar que, cuando una editorial tiene la suerte de alcanzar un éxito con un libro, y además con un libro que no es malo, esto tiene una grata consecuencia: atrae a los autores. En los años de poco éxito, la afluencia de nuevos autores era escasa; en los años exitosos, excesiva. Así lo vivimos entonces con el Golem, poco más adelante con Heinrich Mann y Tagore. (No, Tagore no debe valorarse como ustedes piensan: André Gide, William Buttler Yeats, Rilke, Ezra Pound y algunos otros autores de categoría lo sabían mejor que los literatos alemanes, para quienes el éxito y la ausencia de valor eran sinónimos; este tradicional esnobismo en el mundo literario alemán es un tema del que se podría hablar largo y tendido…).
Aunque, por supuesto, es evidente que no puede demostrarse en cada caso concreto, no cabe duda de que los extraordinarios éxitos que obtuvo la editorial Kurt Wolff con Meyrink, Heinrich Mann, Tagore o también con los primeros tomos de la poesía de Werfel y su drama Die Troerinnen (Las troyanas) trajeron consigo un aluvión de manuscritos y propuestas editoriales que, de otro modo, no nos habrían llegado. El hecho de que entonces existiera una nueva editorial abierta a la joven generación y en la que se publicaba a Kafka, Werfel y Hasenclever instó a innumerables jóvenes escritores, con talento y sin él, a enviarnos sus manuscritos’.
En este caso más que el ir y venir de autores como consecuencia del poder de seducción que tiene el éxito de una editorial, lo que más me llama la atención de las palabras de Wolff es el énfasis que ponen en el rol que juega el editor como mediador y dinamizador cultural bien sea al propiciar el encuentro entre los lectores y los creadores de su tiempo o bien al poner a sus contemporáneos en contacto con las obras literarias que se han producido en otras épocas.
De ahí el rol que en un momento dado pueden jugar ciertos editores, que gracias a la manera como asumen y hacen su trabajo llegan a ocupar un lugar central en la vida cultural de su época.
Seguro que de éstas y muchas otras cosas más se hablará mañana y el viernes en Madrid, durante el seminario “La edición cultural: sentido y oportunidades” que organiza la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE).











@martingomez78