archivo del Junio, 2010

Miércoles, Junio 30, 2010 categorizado bajo 1, edición, editores, editores independientes

el editor como cómplice en el encuentro entre la obra y sus lectores

Muy estimulantes y sugestivos los planteamientos que hace el editor alemán Kurt Wolff en los textos recogidos en el libro Autores, libros, aventuras, que recientemente publicó Acantilado.

Hay varios aspectos de estos textos de Wolff que me han parecido particularmente llamativos: en primer lugar, que entre líneas puede encontrarse una declaración de los valores que le sirven a Wolff como principio para el ejercicio del oficio editorial; en segundo lugar, la existencia de una concepción eminentemente humanista del oficio del editor; en tercer lugar, que en sus palabras se adivina a un editor sumamente cuidadoso con el tratamiento de las distintas fases del proceso editorial; y, por último, la vigencia de sus inquietudes y opiniones en un momento en el que casi cincuenta años después de la muerte de Wolff toda nuestra atención parece centrarse obsesivamente en vender libros, archivos y cacharros a como dé lugar y en nada más.

A continuación reproduzco un fragmento de Autores, libros, aventuras en el que Wolff se refiere a las condiciones que en un momento dado pueden favorecer o dificultar la llegada de autores a una editorial:

‘El Golem es una buena ocasión para comentar que, cuando una editorial tiene la suerte de alcanzar un éxito con un libro, y además con un libro que no es malo, esto tiene una grata consecuencia: atrae a los autores. En los años de poco éxito, la afluencia de nuevos autores era escasa; en los años exitosos, excesiva. Así lo vivimos entonces con el Golem, poco más adelante con Heinrich Mann y Tagore. (No, Tagore no debe valorarse como ustedes piensan: André Gide, William Buttler Yeats, Rilke, Ezra Pound y algunos otros autores de categoría lo sabían mejor que los literatos alemanes, para quienes el éxito y la ausencia de valor eran sinónimos; este tradicional esnobismo en el mundo literario alemán es un tema del que se podría hablar largo y tendido…).

Aunque, por supuesto, es evidente que no puede demostrarse en cada caso concreto, no cabe duda de que los extraordinarios éxitos que obtuvo la editorial Kurt Wolff  con Meyrink, Heinrich Mann, Tagore o también con los primeros tomos de la poesía de Werfel y su drama Die Troerinnen (Las troyanas) trajeron consigo un aluvión de manuscritos y propuestas editoriales que, de otro modo, no nos habrían llegado. El hecho de que entonces existiera una nueva editorial abierta a la joven generación y en la que se publicaba a Kafka, Werfel y Hasenclever instó a innumerables jóvenes escritores, con talento y sin él, a enviarnos sus manuscritos’.

En este caso más que el ir y venir de autores como consecuencia del poder de seducción que tiene el éxito de una editorial, lo que más me llama la atención de las palabras de Wolff es el énfasis que ponen en el rol que juega el editor como mediador y dinamizador cultural bien sea al propiciar el encuentro entre los lectores y los creadores de su tiempo o bien al poner a sus contemporáneos en contacto con las obras literarias que se han producido en otras épocas.

De ahí el rol que en un momento dado pueden jugar ciertos editores, que gracias a la manera como asumen y hacen su trabajo llegan a ocupar un lugar central en la vida cultural de su época.

Seguro que de éstas y muchas otras cosas más se hablará mañana y el viernes en Madrid, durante el seminario “La edición cultural: sentido y oportunidades” que organiza la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE).

Lunes, Junio 28, 2010 categorizado bajo 1

el contenido y el orden de la biblioteca personal

A propósito de la presentación de Tocar los libros, el libro de Jesús Marchamalo que hace poco reeditó Fórcola ediciones, el pasado 3 de junio Joaquín Rodríguez reprodujo en una entrada de Los futuros del libro un bonito fragmento de este ensayo que leeré próximamente.

El fragmento que en estos días de estrenar casa no deja de darme vueltas en la cabeza dice lo siguiente:

‘Hay quien dice que las bibliotecas definen a sus dueños, y estoy seguro de que es cierto. “El hogar es donde tienes los libros”, escribió Richard F. Burton, escritor, militar, explorador, diplomático, agente secreto y viajero infatigable a quien, por cierto, no debió resultarle fácil ubicar sus estanterías. Margarite Yourcenar dijo en una ocasión que reconstruir la biblioteca de una persona era una de las formas más idóneas de informarnos cómo es. Por supuesto que los libros hablan de nosotros. De nuestras pasiones e intereses. Los libros delimitan nuestro mundo, señalan las fronteras difusas, intangibles, del territorio que habitamos’.

¿Qué dirá de mí mi biblioteca barcelonesa, en la que la narrativa estadounidense y la latinoamericana son las que mejor están atendidas a pesar de la existencia de grandes, evidentes e inexcusables vacíos y ausencias; en la que no debe haber más de siete libros de poesía ni más de uno de teatro; en la que literaturas como la alemana, la japonesa, la árabe o la africana brillan por su ausencia salvo por contadas excepciones; en la que la novela gráfica, el álbum ilustrado infantil y la crónica periodística vienen ganando terreno rápidamente; en la que a la novela francesa contemporánea se le ha vetado el acceso hasta nueva orden; y en la que los libros sobre edición y editores ocupan un lugar cada vez más importante?

Hace dos fines de semana cuando le conté que ya había montado mi biblioteca en la casa nueva mi amiga M. me preguntó cómo ordenaba mis libros y yo con toda la naturalidad del mundo le expliqué que primero los clasificaba por zonas geográficas, que luego organizaba por género los libros provenientes de una misma zona y que a continuación ponía en orden cronológico aquellos de un mismo género que también comparten origen geográfico.

Normal, ¿no?

Pues parece que no.

– ¿El orden cronológico es el del nacimiento de los autores? —me preguntó M.

– ¡Obvio! —le contesté sin pensarlo y con chulería.

– Pues es que con esa lógica tan absurda no me parecería raro que organizaras tus libros en orden cronológico de compra —me contestó M. riéndose de mí—  ¿Porque entonces dónde pondrías un libro publicado en México cuyo autor es un historiador chileno que escribe sobre España?

– ¡En Chile, claramente!

– ¡Ay, no, Martín!

Y ya no sigo dando cuenta de la discusión porque todo lo que durante tanto tiempo había tenido una lógica absolutamente coherente y sólida de repente me pareció totalmente caprichoso, ridículo y carente de sentido —aunque sólo por un rato—.

¿La forma como uno organiza su biblioteca dirá tanto de uno como el contenido de ésta?

Viernes, Junio 25, 2010 categorizado bajo 1, donde pongo el ojo, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 105 ]

Lecturas en curso

Chroniques Birmaines, de Guy Delisle

Delcourt

París, 2007

Mi recomendado de la semana

Harry, revisado, de Mark Sarvas

Libros del silencio

Barcelona, 2010

Me llama la atención

Maletas perdidas, de Jordi Puntí

Salamandra

Barcelona, 2010

Miércoles, Junio 23, 2010 categorizado bajo 1, destacados, e-book, e-readers

cacharro derrota a lector

Hace unas semanas comentaba en una entrada la escasa atención que le prestamos al lector quienes participamos en las segundas Jornadas “Los Futuros del Libro” que organizó la Feria del Libro de Sevilla en mayo pasado. El artículo “The ‘Big Money’ Speaks: Publishing’s CEOs More Worried About E-Readers than Readers” que Publishing Perspectives publicó ayer sugiere que esta falta de interés por el lector no es exclusiva de nuestro medio.

Con respecto a la actitud de los altos ejecutivos del mundo editorial que participaron en los paneles “Will the iPad Kill Off eReaders and Other Tablets?” y “The Future of Book Publishing”, que tuvieron lugar en la conferencia Untethered 2010: Profitable Media in the Tablet Era organizada por The Big Money, dice el artículo:

‘Los oradores estaban más que dispuestos a hablar acerca de las cosas interesantes que sus dispositivos y aplicaciones están en capacidad de hacer o de qué tan ampliamente se puede esperar que éstos se propaguen en un futuro próximo. Y hubo incluso algo de conversación sobre cómo dar respuesta a la retroalimentación de los consumidores. Pero nadie explicó lo que los lectores estaban experimentando ahora mismo o lo que realmente quieren de los futuros dispositivos’.

El título del artículo ya es bastante elocuente: para los grandes de la industria —se menciona la presencia de ejecutivos de empresas como HarperCollins, Simon & Schuster, Perseus Books Group, McGraw-Hill Education y Google— parecen ser más importantes los lectores electrónicos que los de carne y hueso.

La confirmación de esta sospecha haría que la idea implícita en un comentario irónico de Rado Molina terminara por convertirse en una realidad inminente. Cuando publiqué en Facebook el link de mi entrada “¡ah, sí, el lector!” Rado hizo el siguiente comentario:

‘Martín, de qué lector está hablando el último modelo de Kindle?

compañero, olvídese de los lectores de carne y hueso (esos se pudren)

los buenos son los de tinta electrónica’

Rado puede tener razón. O al menos eso me hace pensar la siguiente imagen, que muestra los primeros resultados de búsqueda que me presenta el módulo de imágenes de Google cuando introduzco la palabra “reader”.

Entre los posibles futuros de la industria de los contenidos, ¿puede ser viable alguno que no tenga en cuenta a sus públicos?

Si es cierto que la industria de los contenidos ha entrado en crisis debido no sólo a la recesión económica sino también a su incapacidad de adaptarse a las transformaciones que viene sufriendo su entorno, cualquier posible salida de esta crisis debe pasar necesariamente por conocer los intereses, las necesidades y las expectativas de sus públicos y no sólo por el replanteamiento de sus modelos de producción y de negocio.

Hacia el final del artículo su autor cita unas palabras de Sarah Wendell de Smart Bitches, Trashy Book, que me parecen muy sugestivas y que deberían encender algunas alarmas:

‘Los consumidores están tan ansiosos por contestarles a las empresas… Estoy eternamente perpleja por la idea de que [los editores] no saben lo que quieren los consumidores’.

Cada vez estoy más convencido del rol estratégico que debe ocupar la construcción de públicos.

2010, un buen año para la narrativa en español

En medio de tanta crisis 2010 parece perfilarse como un año particularmente interesante para la narrativa en español. Así lo demuestran tres iniciativas en las que están implicadas distintas organizaciones tanto del sector editorial como relacionadas con la actividad cultural en un sentido amplio.

El número especial de “Los mejores narradores jóvenes en español” de Granta

La revista Granta en español publicará en octubre de 2010 un número especial en el que aparecerán textos inéditos de los mejores narradores jóvenes en español, que serán escogidos por un jurado conformado por Edgardo Cozarinsky, Francisco Goldman, Mercedes Monmany, Valerie Miles y Aurelio Major.

A la convocatoria para este número especial, que estuvo abierta entre el 15 de septiembre de 2009 y el 30 de abril de 2010, podían ‘presentarse todos los narradores menores de 35 años que escriban en lengua española y hayan publicado al menos una novela o recopilación de cuentos en una editorial constituida antes de octubre de 2010’.

Este especial Granta en español replicará en el mundo hispanohablante el ejercicio que las ediciones británica y estadounidense de la revista vienen haciendo cada década en los especiales “Best of Young British Novelists” y “Best of Young American Novelists”.

El III Congreso de Nuevos Narradores Iberoamericanos

Tras los dos primeros encuentros de este tipo que tuvieron lugar en 1999 y en 2001, durante toda esta semana —del 21 al 25 de junio— se realiza en Casa de América el III Congreso de Nuevos Narradores Iberoamericanos al cual ha sido convocado ‘un grupo de notables creadores, nacidos a partir del año 75 para debatir en torno a temas de gran actualidad, entre ellos: literatura política; géneros nuevos o argumentos nuevos; transnacionalidad y extraterritorialidad; nuevas tecnologías de la comunicación y formas de circulación’.

Durante el III Congreso de Nuevos Narradores Iberoamericanos se llevarán a cabo cinco mesas redondas:

1. ¿Hay una nueva literatura política iberoamericana?

2. Transnacionalidad y extraterritorialidad

3. ¿Géneros nuevos o argumentos nuevos?

4. La dictadura del bloguetariado

5. Formas nacionales e internacionales de circulación. ¿Mito o realidad?

El festival Fet a Amèrica

Este festival que dirigen Lolita Bosch y Fernanda Álvarez y que girará en torno a la novela en lengua castellana escrita en América se celebrará entre el 18 y el 24 de octubre de 2010 en Barcelona, otras ciudades de Catalunya y Menorca. A Fet a Amèrica han sido invitados a participar algunos autores vivos en español que se caracterizan por ser sólidos y por tener una propuesta definida e individual.

Un antecedente importante de Fet a Amèrica es el festival Fet a Mèxic, que se llevó a cabo en 2007 y en el que con la complicidad de amigos y de instituciones, editoriales, librerías, universidades y centros culturales sus organizadores montaron en Barcelona una celebración alrededor de la literatura mexicana.

Un componente central de Fet a Amèrica es la edición de un libro que recopilará una serie de conversaciones previas entre los escritores que participarán en el festival. En España la editorial Barataria editará el libro, cuyo manuscrito se ofrecerá mediante una convocatoria abierta a diversas editoriales independientes de América Latina que recibirán los derechos de sus propias ediciones.

Esta convocatoria se realizará con la colaboración del Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI).

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El número especial de “Los mejores narradores jóvenes en español” de la revista Granta en español, el III Congreso de Nuevos Narradores Iberoamericanos y el festival Fet a Amèrica son tres iniciativas interesantes no sólo porque desde distintas perspectivas plantean una reflexión abierta con respecto a las voces de la narrativa hispanohablante de nuestra época, sino también porque tienden puentes entre esas dos orillas del Atlántico que por momentos parecen ignorarse mutuamente y no ser conscientes del provecho que pueden sacarle a ese patrimonio compartido que son la lengua y tantas otras prácticas culturales relacionadas con ésta.