el contenido y el orden de la biblioteca personal
A propósito de la presentación de Tocar los libros, el libro de Jesús Marchamalo que hace poco reeditó Fórcola ediciones, el pasado 3 de junio Joaquín Rodríguez reprodujo en una entrada de Los futuros del libro un bonito fragmento de este ensayo que leeré próximamente.
El fragmento que en estos días de estrenar casa no deja de darme vueltas en la cabeza dice lo siguiente:
‘Hay quien dice que las bibliotecas definen a sus dueños, y estoy seguro de que es cierto. “El hogar es donde tienes los libros”, escribió Richard F. Burton, escritor, militar, explorador, diplomático, agente secreto y viajero infatigable a quien, por cierto, no debió resultarle fácil ubicar sus estanterías. Margarite Yourcenar dijo en una ocasión que reconstruir la biblioteca de una persona era una de las formas más idóneas de informarnos cómo es. Por supuesto que los libros hablan de nosotros. De nuestras pasiones e intereses. Los libros delimitan nuestro mundo, señalan las fronteras difusas, intangibles, del territorio que habitamos’.
¿Qué dirá de mí mi biblioteca barcelonesa, en la que la narrativa estadounidense y la latinoamericana son las que mejor están atendidas a pesar de la existencia de grandes, evidentes e inexcusables vacíos y ausencias; en la que no debe haber más de siete libros de poesía ni más de uno de teatro; en la que literaturas como la alemana, la japonesa, la árabe o la africana brillan por su ausencia salvo por contadas excepciones; en la que la novela gráfica, el álbum ilustrado infantil y la crónica periodística vienen ganando terreno rápidamente; en la que a la novela francesa contemporánea se le ha vetado el acceso hasta nueva orden; y en la que los libros sobre edición y editores ocupan un lugar cada vez más importante?
Hace dos fines de semana cuando le conté que ya había montado mi biblioteca en la casa nueva mi amiga M. me preguntó cómo ordenaba mis libros y yo con toda la naturalidad del mundo le expliqué que primero los clasificaba por zonas geográficas, que luego organizaba por género los libros provenientes de una misma zona y que a continuación ponía en orden cronológico aquellos de un mismo género que también comparten origen geográfico.
Normal, ¿no?
Pues parece que no.
- ¿El orden cronológico es el del nacimiento de los autores? —me preguntó M.
- ¡Obvio! —le contesté sin pensarlo y con chulería.
- Pues es que con esa lógica tan absurda no me parecería raro que organizaras tus libros en orden cronológico de compra —me contestó M. riéndose de mí— ¿Porque entonces dónde pondrías un libro publicado en México cuyo autor es un historiador chileno que escribe sobre España?
- ¡En Chile, claramente!
- ¡Ay, no, Martín!
Y ya no sigo dando cuenta de la discusión porque todo lo que durante tanto tiempo había tenido una lógica absolutamente coherente y sólida de repente me pareció totalmente caprichoso, ridículo y carente de sentido —aunque sólo por un rato—.
¿La forma como uno organiza su biblioteca dirá tanto de uno como el contenido de ésta?






Que bueno el post Martín, me ha encantado. Yo antes organizaba mi biblioteca de manera muy similar (¿cosa de estudiantes de literatura?¿De uniandinos?) pero mi derroteros profesionales me han llevado a organizar mi biblioteca de una manera espantosa: por editoriales. La verdad es que mi biblioteca ya no parece una biblioteca sino un escaparate de una librería… encima de una librería mala, donde, por razones obvias, priman los libros de Alfaguara y en general de Santillana. En todo caso, debo confesar que es la organización más útil que he tenido pues no sólo es muy compatible con el trabajo que vengo realizando sino que además, por una extraña razón, me permite localizar fácilmente cualquier libro pues por alguna perversa razón, recuerdo la editorial que ha publicado cada libro que he leído… nací para dedicarme a esto de la edición.
Ayer organicé mi biblioteca. Yo la organizo por disciplinas, dentro de lo posible. Literatura, Ensayo, Cómics, Catálogos, Revistas, Crítica, Filosofía, y dentro de cada una en grupos temáticos (Leibniz, Pessoa, Barthes, etc.). Me di cuenta que en mi biblioteca están vidas que he proyectado para mí (matemático, filósofo, editor, cinéfilo, crítico, leibniziano, …). Y que en algunas de esas vidas me he quedado corto y no he alcanzado a leer y a escribir lo que pensé escribir cuando compré esos libros. Hay anaqueles que me recuerdan proyectos sin hacer. Habiendo pensado toda la vida que soy principalmente un cinéfilo, mi casa habla de mí sobre todo como un bibliófilo, y en particular del gusto por los libros singulares. Cada vez con más gusto por los libros editados con placer especial. Y por eso los cómics llenan un lugar muy especial. Y las revistas, si bien uno no sabe bien qué hacer con ellas. Por ahora la sensación por encima de todo es de deuda con la biblioteca, de que me toca ponerme a leer. Y, también, a escribir sobre esos temas que pensé pensar cuando compré esos libros.
Martín, tu post me parece que destila cierta economía cortaziana, con un tinte de ironía foucaultiana. ¿Cuántas bibliotecas hay en mi biblioteca? En primer lugar, no puedo hablar estrictamente de biblioteca, porque está repartida en varias habitaciones de la casa y a distintos niveles. La parte más importante está arriba, en el despacho de la editorial, donde ocupan lugar preferente los libros sobre libros y edición/librerías/historia del libro (sección en crecimiento constante gracias, entre otros, a Trama Editorial). El grueso se lo lleva una sección híbrido entre historia, filosofía, diarios, narrativa y biografía dedicada a la Europa de entreguerras, con especial protagonismo a todo lo relacionado con la Shoa. Las otras tres secciones bien alimentadas son filosofía, sociología y religión. Finalmente, las pequeñas bibliotecas de autor: Javier Marías, José Saramago, Elias Canetti, Thomas Bernhard, Robert Walser, Walter Benjamin, Thomas Mann… Compruebo una vez más que la literatura alemana está muy presente en esta biblioteca, aunque en sus orígenes, dos casa más atrás, primaba la literatura francesa, la rusa y la latinoamericana.
Enhorabuena, Martín, por tu nuevo hogar, y por tu post. Estás sacando los instintos bibliópatas de estos blogueros que te admiran.
Silvano, lo importante de cualquier forma de organizar una biblioteca es que le permita a su dueño ubicar un libro fácilmente incluso sin tenerla en frente. Si la forma como uno organiza su biblioteca personal tiene una coherencia interna consistente, lo más seguro es que uno nunca tenga mayor problema para dar con el libro que necesita en un momento dado.
Creo que su organización por editorial tiene mucho sentido en gran parte porque para personas como usted o como yo la editorial es un referente fundamental cuya relevancia radica en todo lo que dice sobre los libros que llevan su marca. Sobre todo si la editorial tiene unas líneas más o menos claramente definidas.
En fin, no creo que el hecho de que nos divirtamos hablando de estas cosas sea ajeno a esa condición de lectores que subyace tanto a nuestra formación literaria como a nuestra vocación editorial.
Sigamos…
Javi, quizás la cosa cortaziana tenga que ver con el divertimento que encuentro en construir y organizar mi biblioteca y el tinte foucaultiano esté relacionado con algún trauma que me dejaron los once años que pasé en un colegio de jesuitas.
Claro, son muchas las bibliotecas que puede albergar una biblioteca personal y en la descripción de la tuya voy viendo el rastro de las personas que has sido y que eres.
Desde ya sé que la lectura de tu Marchamalo me tiene reservadas bonitas sorpresas.
Abrazos.
Martín.
Alejo, siga añadiendo a su biblioteca todos los libros que se le antoje y cuando vea los libros que todavía le hace falta leer no piense en una deuda sino en todas las posibilidades que tienen por delante el matemático, el filósofo, el editor, el cinéfilo, el crítico y el leibniziano que se reúnen en usted. No hay que olvidar que una biblioteca personal es un proyecto de vida y que su construcción depende en gran parte de la voluntad que tenga uno de cultivar la curiosidad.
Pero bueno, Gabriel Zaid plantea esto mismo de manera más precisa y acertada en “Los demasiados libros”:
‘La gente que quisiera ser culta, va con temor a las librerías, se marea ante la inmensidad de todo lo que no ha leído, compra algo que le han dicho que es bueno, hace el intento de leerlo, sin éxito, y cuando tiene ya media docena de libros sin leer, se siente tan mal que no se atreve a comprar otros.
En cambio, la gente verdaderamenteculta es capaz de tener en su casa miles de libros que no ha leído, sin perder el aplomo ni dejar de seguir comprando más.
«Toda biblioteca personal es un proyecto de lectura», dice un aforismo de José Gaos’.
Y ya está.