¿hay brecha salarial en el sector editorial?

El pasado 7 de septiembre el Ministerio de Igualdad de España presentó el estudio “La brecha salarial: realidades y desafíos”, según el cual actualmente la diferencia entre hombres y mujeres en la ganancia media por hora trabajada es del 16% mientras que en términos anuales llega al 22%. Casualmente justo unos días antes mientras leía Stet [vale lo tachado] me había llamado la atención un comentario en el que Diana Athill se refiere a la diferencia salarial que existía entre hombres y mujeres en el mundo editorial británico a mediados del siglo XX, luego explica las raíces culturales tanto de la situación general como de la posición que en su momento ella adoptó al respecto y finalmente aprovecha la mirada hacia atrás para plantear una reflexión crítica con respecto a su propia actitud.

Dice Athill al respecto tras referirse a la diferencia que existía entre su colega Nick Bentley y ella en términos tanto del trabajo que cada uno aportaba a la editorial André Deutsch como de la remuneración económica que en uno y otro caso cobraban por éste:

‘(…) No creo que me adorne con plumas ajenas si afirmo que estoy convencida de que entonces estaba yo más ocupada y era más útil que él [Nick] (…) Desde luego, reparé en los privilegios de que disfrutaba Nick a resultas de su género, tal como había reparado en que su salario era bastante más elevado que el mío, aunque lo que esto me produjo no fue resentimiento sino más bien una especie de resignación jocosa. Todo el sector editorial lo sacaban adelante muchas mujeres mal pagadas y unos cuantos hombres bastante mejor pagados que ellas: un desequilibro del que las mujeres sin duda éramos conscientes, aunque ellos en el fondo lo daban por sentado.

Me han preguntado mujeres más jóvenes que yo cómo llegué a dar por buena esta situación y, además, con tanta tranquilidad, y supongo que parte de la respuesta hay que buscarla en los condicionantes: en gran medida me configuró el trasfondo social del que provenía, enseñándome a complacer a los hombres; muchas mujeres de mi edad recordarán seguramente que, a resultas de esto, una se veía a sí misma —o al menos se veía en parte— como la veían los hombres, con lo cual sabía qué iba a suceder en el caso de ponerse reivindicativa y comportarse de una manera que a los hombres les resultaba tediosa y ridícula. De manera grotesca, una empezaría a parecer tediosa y ridícula incluso ante el propio espejo. Incluso ahora prefiero de largo darme la vuelta y aguantar la nauseabunda humillación de restar peso a mi ira más que justificada ante mi propia ineptitud de perfecta idiota.

Pero siempre es posible pensar en largarse así sin más. Eso podría haberlo hecho con toda facilidad y nunca pensé en hacerlo; por eso dudo mucho que fuera sólo por una mezcla de vanidad y de falta de confianza, una mezcla propia de la mujer a la que han lavado el cerebro, la que me llevó a aguantar y a aceptar algo que sabía que era injusto y que otras mujeres, a las cuales admiraba, comenzaban a poner activamente en tela de juicio’.

Los comentarios que ha suscitado el estudio del Ministerio de Igualdad y el testimonio de Athill me hicieron preguntarme en qué medida el panorama que esbozan ambos documentos corresponde a la realidad actual de la industria editorial tanto española como latinoamericana, en la que haciendo un barrido rápido uno se encuentra con una cantidad importante de sobresalientes autoras, agentes literarias, editoras, libreras, traductoras o encargadas de prensa, comunicación y marketing  —por mencionar sólo los oficios de los que más se habla y que, por lo tanto, tienen una mayor visibilidad—. En la mayor parte de las empresas del sector editorial para las que he tenido la oportunidad de trabajar de una u otra manera lo he hecho bajo la dirección de mujeres, todas ellas altamente competentes y con una capacidad de trabajo, un compromiso con éste y un sentido de la responsabilidad enormes.

Dicho lo anterior, queda en el aire la siguiente pregunta: ¿el sector editorial trata por igual a hombres y mujeres a la hora de asignar responsabilidades, de remunerar el trabajo y de reconocer socialmente el valor de éste?

¿Hay alguien que pueda aportar algunas pistas al respecto?

A quien le interese el asunto de la visibilidad le recomiendo seguir el trabajo de Neus Arqués, que como escritora de ficción explora en sus novelas la visibilidad de las mujeres —entre muchos otros temas— y que como  especialista en marketing —empresaria, investigadora, profesora y conferencista— se ocupa de todo lo relacionado con la gestión de la visibilidad y la reputación.

4 comentarios para “¿hay brecha salarial en el sector editorial?”

  1. Neus dice:

    Martín,
    A mí también me interesaría saber más sobre diferencias salariales en el sector. Ojalá otros lectores de tu blog tengan pistas y quieran compartirlas. Como autora, creo que la diferencia en anticipos no entiende de géneros, sino de ventas y potencial comercial. No distingue entre hombres y mujeres sino entre best-sellers (muy pocos) y el resto (¿dónde queda la mid-list?).
    Gracias por referenciar.

  2. martín gómez dice:

    Neus, yo también quisiera que los lectores se manifestaran y nos dieran pistas aunque me temo que puede haber un cierto pudor no sólo porque hablar de salarios en nuestro medio es un tabú sino también porque en el ámbito hispanohablante hay una gran opacidad en torno al sector editorial porque éste es bastante reacio a hacer pública la información con respecto a su desempeño. En fin, éstas son las ambigüedades típicas de sociedades pacatas y en las que el riesgo de ser crucificado por no decir lo políticamente correcto es cada vez mayor.

    Me parece sensato lo que dices en relación con los anticipos, así que me imagino que tienes razón. Supongo que si tienes un potencial de venta y unos antecedentes buenos poco importa si eres hombre o mujer.

    Esperemos que los lectores se manifiesten. O también podemos sondear el tema en los corrillos ahora que se vienen tantos eventos del sector…

    La entrada habría quedado incompleta sin la referencia a tu trabajo.

    Abrazos.
    Martín.

  3. Juanma dice:

    Soy colaborador externo de editoriales y empresas de servicios editoriales, y he trabajado durante unos cuantos años en plantilla de varias editoriales.

    Tal como lo veo, la brecha (creciente) se da entre directivos y… el resto. Donde antes trabajaban tres editores, un maquetador y correctores varios, ahora trabajan un editor júnior y/o un becario, y el resto se externaliza a empresas de servicios editoriales, que a su vez subcontratan a autónomos como yo las labores de traducción, corrección y maquetación. Como es lógico, cuanto más se externalicen los servicios, menos se cobra porque hay más intermediarios, y cuanto más se rebaje el nivel de los trabajadores en plantilla, más se rebajarán sus salarios. También se está intensificando el proceso de bajar tarifas a los colaboradores externos: donde antes cobrabas 1 euro / 1.000 caracteres en una corrección de estilo, ahora te pagan 70 céntimos, o, directamente, dejan de darte segundas correcciones, “porque, total, las primeras no habían quedado demasiado mal”. Mediante este sistema se ahorran costes y, como es evidente, se rebajan los ingresos de los colaboradores externos.

    Eso sí, los sueldos de los directivos no se tocan y, en algunos casos, aumentan, ya que se trata de “fichajes estrella”. Todo lo que digo es aplicable al sector de las telecomunicaciones.

    A pesar de lo que he dicho, ¿hay una brecha salarial real entre hombres y mujeres? Sí, en un doble sentido. En primer lugar, porque los directivos suelen ser hombres (aunque la situación está cambiando) y, en segundo lugar, porque el personal de plantilla, cuyos salarios se han depauperado hasta límites irrisorios (la última es que algunas editoriales exigen a los editores que estén dados de alta en autónomos), es mayoritariamente femenino.

    En cuanto a los externos, no hay brecha salarial por un motivo muy simple: las tarifas son fijas. Los ingresos se están reduciendo por el motivo que he comentado más arriba (o bien se han bajado tarifas, o bien se están suprimiendo algunos pasos del proceso editorial, para ahorrar costes).

    En realidad, el auténtico problema del sector editorial es el que comento: la devaluación de las condiciones de trabajo (y, en paralelo, de los sueldos y tarifas) está redundando en la calidad del servicio, que evidentemente es cada vez peor (plazos de entrega inverosímiles, criterios editoriales cada vez más alejados de la realidad y chorraditas varias que no vienen al caso), lo cual alimentará la espiral de sinsentidos que se están viendo: los editores júnior que ahora hacen el trabajo que antaño realizaban un editor sénior y varios editores júnior serán sustituidos por autónomos o por becarios por sueldos de risa, que incluso se irán reduciendo (el becario de una editorial en la que trabajé en prácticas cobra ahora la mitad y trabaja el doble que cuando estuve allí).

    El silogismo es fácil:
    1. Los jefes cobran más que antes, los mandos intermedios están desapareciendo y los curritos cobran menos que nunca, y
    2. Los jefes suelen ser varones, los mandos intermedios ahora mismo son lo de menos, y los curritos suelen ser mujeres. Por lo tanto,
    3. La brecha salarial entre jefes y curritos es también una brecha salarial entre hombres y mujeres.

    Pero ya digo, el problema no es ése, sino el aumento de la brecha salarial, a secas, y un modelo de negocio cada vez más racional e inviable.

  4. Juanma dice:

    Quería decir “cada vez más *irracional* e inviable”, se entiende.

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