Miércoles, septiembre 8, 2010 entrada categorizada en: editores

lectores hambrientos

Tras comentar la euforia con la que se vivieron en Londres primero la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y luego el triunfo de los laboristas en las primeras elecciones de la posguerra, en Stet [vale lo tachado] la editora británica Diana Athill hace un esbozo del aire que por esos días se respiraba en Inglaterra en lo que atañe al consumo de libros. Al respecto dice Athill:

‘El público lector estaba después de la guerra famélico, hambriento de libros, y eran tan escasas las formas alternativas de ocio que a un editor prácticamente se le podría presentar cualquier cosa (en nuestro caso, casi nada) sin que uno pareciese un tonto de remate’.

Unas páginas más adelante Athill se refiere a “la hambruna lectora de la primera posguerra, que trajo consigo la reedición de clásicos cuya ausencia era necesario paliar. Por ejemplo, Villon y Heine” y poco después describe en los siguientes términos tanto los libros que hacía la editorial Allan Wingate a finales de los años cuarenta como las condiciones en las que entonces se trabajaba en ella:

‘Nuestros libros pronto empezaron a ser más interesantes y empezamos a producir bien, incluso con elegancia, dentro de las limitaciones impuestas por las restricciones de papel vigentes entonces. (El papel era de mala calidad y además había regulaciones por las que se controlaba el uso del espacio en blanco en la página, por lo que la tipografía de calidad siguió siendo todo un reto después del fin de la guerra’.

***

¿De qué tipos de libros están hambrientos los lectores ahora que las opciones de ocio y entretenimiento crecen sin parar debido a la explosión de la oferta de contenidos que ha traído consigo el desarrollo de los medios digitales y que el acceso gratuito se fortalece como alternativa entre ciertos segmentos de consumidores, para quienes la gratuidad es casi un imperativo y que sobre todo en tiempos de crisis sólo están dispuestos a pagar por experiencias con un claro valor agregado?

¿Quiénes son y dónde están esos lectores hambrientos?

Quizás uno de los grandes retos que tienen que enfrentar los editores de hoy en día consista en identificarlos, en salir a su encuentro y en establecer con ellos una relación fluida y duradera.

Más adelante comentaré otros fragmentos que me han llamado la atención de Stet [vale lo tachado], publicado a principios de este año por Trama editorial en su colección Tipos móviles.

6 comentarios para “lectores hambrientos”

  1. Elena dice:

    Excelente este libro de Diana Athill. Espero que se animen a editar también el resto de sus memorias, que han tenido un gran éxito en el Reino Unido.
    Uno se pregunta si los lectores actuales están hambrientos de algo. A juzgar por la sobreabundancia que inunda las librerías (almacenes de libros, en muchos casos), más bien deben estar ahítos.

  2. Miria dice:

    En la librería en la que trabajo sólo percibimos dos tipos de compradores realmente apasionados, a los que les notas el ansia por salir y empezar a hojear: lectoras jóvenes, que acaban de dejar la adolescencia o están en la universidad, seguidoras fieles de la literaura romántica (en sus variantes actuales de romances oscuros, con vampiros y zombies), y niños y preadolescentes, menores de 14 años, que siguen alguna saga y vienen a comprar los volúmenes que les quedan. Y en esos casos, siento un poco de pena, porque recuerdo ese entusiasmo, pero ya no lo siento, como no lo sienten el resto de nuestros clientes. ¿Se pierde esa pasión en la edad adulta? Si el entusiasmo o las ganas de leer no merman con el tiempo, ¿no las percibiríamos como antes? Me temo que con frecuencia los lectores se hastían porque entre tanta oferta les cuesta encontrar títulos que les satisfagan, son pequeños chispazos en un panorama oscuro.

  3. martín gómez dice:

    Elena, te tengo una noticia que estoy seguro de que te encantará: en abril de 2011 Duomo ediciones publicará las memorias de Diana Athill.

    No me cabe la menor duda de que la sobreabundancia puede llegar a intoxicar a los lectores hambrientos, que espero que sean muchos.

    Espero seguir viéndote por aquí.
    Un saludo.
    Martín.

  4. martín gómez dice:

    Miria, me gusta la tipología de los “compradores realmente apasionados” que tu experiencia como librera te ha permitido construir.

    Realmente es una lástima que esa pasión que describes se diluya.

    Es cierto que la sobreproducción también es un problema para el lector porque introduce mucho ruido en su ecosistema y se me ocurre que quizás si la oferta fuera más diversa su efecto negativo podría atenuarse un poco al menos en el caso de los lectores de nicho.

    ¿Como librera y lectora crees que esta idea tiene sentido?

    Gracias por tu comentario.
    Seguimos…

  5. Miria dice:

    Creo que los lectores de nicho son los que menos se ven afectados de forma negativa por la sobreproducción, porque generalmente cuentan con herramientas que les permiten elegir de forma autosuficiente: siguen a determinados autores, conocen los sellos editoriales, tienen críticos de referencia, etc. El lector más afectado es de tipo medio, que lee algo pero no demasiado, que busca entretenerse con la lectura y por sus prejuicios pone barreras ante libros que piense que pueden ser tristes o demasiado complicados. Tiende a minusvalorar su capacidad y por eso es muy permeable a la crítica oficial de periódicos o radio y también a la publicidad, de ahí que poco a poco entre en una espiral de libros concebidos como best-seller de la que les cuesta mucho salir. Queda atrapado en una red de novedades llamativas pero caducas, copada por las grandes editoriales, y no ve apenas los libros de editoriales medianas o pequeñas que tiene a su alcance. Ahí sí sería efectiva, no sólo la diversidad, sino también cierta contención por parte de las editoriales, que en su sobreproducción reciben devoluciones que con demasiada frecuencia rondan entre el 80 y el 100% de la implantación.

  6. martín gómez dice:

    Estoy de acuerdo contigo, Miria. Más allá de la congestión y la contaminación visual, la sobreproducción no perjudica de manera significativa a los lectores de nicho porque éstos tienen unos intereses más o menos claramente definidos y seguramente tienen identificados las editoriales, los sellos, las colecciones y los autores que les interesan o que podrían hacerlo.
    Muy completo el perfil que haces de ese lector más de tipo medio, que como dices sí que se ve afectado por la sobreproducción debido tanto a sus hábitos de lectura como a las instancias de prescripción a partir de las cuales se orienta.
    Aportas mucho con tus comentarios, así que mil gracias por compartirlos con nosotros.
    ¡Sigamos, sigamos!

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