los libros
Tengo la fortuna de vivir de los libros, entre libros y, en gran parte, por y para los libros. Me gusta buscarlos, hojearlos, comprarlos, leerlos, agarrarlos, tocarlos, subrayarlos, anotarlos, ayudar a hacerlos, comentarlos, recomendarlos, prestarlos, regalarlos y releerlos.
Me interesan los libros como bien de consumo, como mercancía y también como producto cultural.
Me gusta investigar y tratar de entender y de explicar cómo se han escrito, editado, puesto en circulación —las diferentes formas de comercialización, el préstamo y hasta el robo—, leído, valorado, conservado e incluso perseguido y destruido los libros en distintas épocas. En otras palabras, me interesa la vida social de los libros —y no sólo lo que dicen en sus páginas—.
Hoy en día trato de conservar en mi biblioteca sólo dos tipos de libros: por un lado, aquellos que he leído y que siguen significando algo para mí; y, por otro lado, aquellos que todavía no he leído pero que tengo la intención de leer algún día. De todos los demás me voy deshaciendo cada vez que puedo, procurando en la medida de lo posible que caigan en manos de personas a las que les interesen y que sepan valorarlos. Es decir, intentando ayudarles a encontrar a sus lectores y a llegar a ellos.
No me considero ni coleccionista, ni bibliófilo ni bibliómano. No me interesan ni la acumulación bulímica de libros ni la erudición.
Simplemente me produce satisfacción y me hace feliz ir construyendo mi biblioteca personal y estar rodeado de aquellos libros que tienen un significado especial para mí, contribuir con mi trabajo en la medida en que me sea posible a propiciar el encuentro entre los libros y sus lectores y, finalmente, tratar de entender el lugar que ocupan los libros en nuestro mundo.


@martingomez78
Comparto, comparto. Muy bueno tu texto. Y sumo la alegría constante que da poder dedicarse cada día a esto que nos apasiona.
Construir la biblioteca personal de cada uno es tarea de toda una vida, pero qué hermosa vida la de trastear con libros, compartir libros y lecturas, compartir vida lectora. Gracias, maese Martín, por dejarnos un hueco en tu biblioteca. Un abrazo fuerte
Compañero Martín,
Conmovedora entrada. Me puso a reflexionar. A veces caigo en una avaricia librera que me lleva a querer acumular libros con el único proposito de regocijarme vcontando mis libros, cual ávaro que cuenta sus morrocotas de oro. Terminó dándole el mismo valor a las memorias del III Encuentro de Criminalidad Urbana que a las Memorias de un Europeo de Stefan Zweig.
Querido Juan, para mí la acumulación por la acumulación trae como consecuencia una pérdida del valor y un desdibujamiento de las particularidades de los elementos frente al conjunto porque éste termina convirtiéndose en una masa sin una forma y un sentido claros.
Además, en el caso de los libros la acumulación complica muchísimo las mudanzas. Pero bueno, ésa es la tiranía de los números y de la insaciable sed de consumir.
En ciertos momentos, para darme un poco de seguridad me basta con asomarme a mi biblioteca y constatar que dos o tres libros que tienen un valor sentimental enorme para mí siguen ahí.
Javi, la construcción de la biblioteca personal es un proyecto que termina dándole sentido a la vida de muchos. Y los libros que están en ella son una parte imprescindible de nuestras vidas. Por eso es tan importante cargar con ellos. Y por eso es importante que esa biblioteca personal tenga sólo lo imprescindible…
Gracias a ti de nuevo por el libro de Alfonso Reyes.
Abrazos.
Martín.
¡Me alegra que compartas el sentimiento y la ilusión, Natalia!
De acuerdo contigo: somos unos afortunados por poder dedicar lo días de nuestra vida a hacer eso que nos apasiona.
Un saludo y espero seguir viéndote por acá…
Gracias por tan hermosa entrada, Martín. No sólo por la profesionalidad y el rigor que destila, fruto de ese trabajo que mencionas a lo largo y ancho de los libros: también por su naturalidad, por su honestidad -que denotan ambas un amor sincero hacia ellos- y muy especialmente, en estos tiempos donde todo tiende a los extremos, gracias por desdramatizar la relación con un objeto que se ha hecho y debe ser, sobre todo, para el goce y el disfrute, al margen de otras consideraciones necesarias e inevitables. Un abrazo.
[...] los libros | [ el ojo fisgón ]. [...]
Amelia, gracias a ti por tu comentario. Me alegra que además de la vocación compartamos el entusiasmo y el optimismo.
Abrazos para ti también.
Martín.
Pues en mi caso es, desgraciadamente, justo lo contrario. Mi biblioteca está formada por los peores libros que he leído. Cuando un libro me entusiasma surge en mí la necesidad imperiosa de prestárselo a alguien, parece que me duela que todas esas palabras sean solo para mí. En cuanto me pongo a hablar de él a alguien siempre acabo diciendo: –si quieres te lo presto– y hasta aquí no sería un gran problema si no fuera tan despistado y acabara olvidando por completo a quien se lo he prestado.
Lo más grave del caso es que lo que más me jode de no tener alguno de los libros que amo es que no los puedo volver a prestar. Así que estoy condenado a tener una biblioteca de mierda que no me significa en nada… que le vamos a hacer.
Vicens, la tuya es la manera más noble de tener lo que tú llamas “una biblioteca de mierda”.
Como lector son pocas las cosas que me producen más placer y satisfacción que recomendar lecturas y regalar los libros que me gustan a personas que sepan valorarlos. De hecho, hay libros que he tenido que comprar muchas veces después de haberlos regalado una y otra vez.
Estoy seguro de que hay unas cuantas personas que te estiman más que antes gracias a las lecturas que les has compartido.
Espero seguir viéndote por acá.
Martín.