archivo del Septiembre, 2011

Viernes, Septiembre 23, 2011 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados, series

donde pongo el ojo… [ 129 ]

 

Mi recomendado de la semana

 

Joe Wikert’s Publishing 2020 Blog (Joe Wikert)

Fishers

 

Mis libros favoritos

 

La cuestión de Bruno, de Aleksandar Hemon

Anagrama

Barcelona, 2000

 

Me llama la atención

 

El arte de pagar sus deudas sin gastar un céntimo, de Honoré de Balzac

Editorial Renacimiento

Valencina de la Concepción, 2011

Miércoles, Septiembre 21, 2011 categorizado bajo formación, formación de editores

entrevista a ana maría aragón, coordinadora del campo editorial (carrera de comunicación social, universidad javeriana) / “formamos profesionales con un perfil amplio que les abre perspectivas laborales a futuro”

El Campo Editorial que coordina Ana María Aragón es una de las áreas de concentración de la carrera de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. En esta entrevista Ana llama la atención sobre la importancia que tienen la construcción de un criterio, la adquisición de unos ciertos conocimientos relacionados tanto con las artes como con las humanidades y el desarrollo de algunas competencias prácticas durante el proceso de formación de los estudiantes. Ana expresa sus reservas con respecto al entusiasmo que en ocasiones despierta el uso de las tecnologías digitales en el sector del libro e insiste en que lo más importante son los contenidos y los criterios en los que se basa el proceso de toma de decisiones a la hora de gestionarlos.

 

Además de destacar tanto las ventajas como las limitaciones que tiene la formación de profesionales polivalentes y con un perfil amplio, Ana se refiere a la manera como algunos rasgos de la industria editorial colombiana están dificultando la inserción laboral de los egresados del Campo y su desarrollo profesional.

 

Con esta entrevista a Ana María Aragón retomamos el especial sobre formación de editores en el que venimos trabajando conjuntamente con Leroy Gutiérrez desde mediados de 2010.

 

Leroy Gutiérrez & Martín Gómez: ¿Cuál es el objetivo del Campo Editorial de la carrera de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana?

 

Ana María Aragón: El objetivo del Campo consiste en formar a los estudiantes como editores. Hacemos una formación en lo profesional que comprende tanto el uso de herramientas como todo lo que tiene que ver con la parte operativa del oficio editorial. También queremos hacer énfasis en la formación de un editor que reflexiona y que es crítico frente a los temas de la sociedad. Eso nos parece importantísimo.

 

En la formación no nos gusta hacer distinciones entre diferentes soportes porque creemos que lo editorial es independiente del soporte en el que se trabaje. El énfasis está en los contenidos aunque teniendo en cuenta el soporte. Ahora muchas universidades le dan un lugar especial a lo digital en sus maestrías y especializaciones, que es algo que no tiene sentido porque no podemos decir “editor-papel” o “editor-digital”.

 

L.G. & M.G.: ¿Qué tipos de conocimientos y herramientas adquieren los estudiantes en los cursos del Campo Editorial?

 

A.M.A.: Es muy importante hacer que el estudiante construya criterios y defina algunos aspectos fundamentales: por qué publicar algo o por qué no, a quién va a estar dirigido lo que publica y cómo va a comercializarlo. Es lo más importante y lo más difícil porque, ¿cómo logras que los estudiantes o las personas en general construyan un criterio? Se trata entonces de un trabajo a largo plazo que parte de la intención de lograr que los estudiantes lleguen a tener un criterio que les permita evaluar un contenido.

 

Ya en lo operativo, los estudiantes aprender a hacer corrección de estilo y aspectos básicos de la diagramación —equilibrio en la página, tipografía, teoría del color, etc—. Los estudiantes también alcanzan a aprender algo sobre impresión y gestión —cómo hacer un presupuesto y cómo funciona la comercialización—. Además, estudian lo relacionado con los derechos de autor y con la propiedad de las obras y aprenden a manejar las herramientas de edición tanto para papel como para pantalla.

 

Tratamos de dar un contexto en lo estético porque es necesario que los estudiantes vean que aunque el gusto importa, también hay que seguir algunos criterios. Hay clases en las que el estudiante aprende a ver lo que transmite una imagen y a construir una riqueza estética observando el arte, la literatura y el cine y viendo qué ha pasado con los nuevos medios. En esta pequeña formación les damos a los estudiantes un poco de todo lo que debe aprender y saber un editor.

 

También hay especialidades dependiendo de lo que el estudiante prefiera: hacer un libro de arte, editar un texto escolar, programación de juegos o animación digital. De acuerdo con sus capacidades los estudiantes pueden entrar a cualquiera de estos laboratorios, que son más especializados. Les presentamos el panorama, los roles y las partes del oficio. Pero para formar a un editor pasan años…

 

Ésta es una especie de introducción al quehacer editorial pero es cierto que nuestros estudiantes salen con unas competencias que los de otras carreras no tienen. Y esas competencias son herramientas importantes. Pero los contenidos y la calidad de éstos son aún más importantes.

 

 

L.G. & M.G.: ¿De qué manera los cursos del Campo Editorial contribuyen a reforzar aquellos aspectos de los oficios relacionados con la actividad editorial que los profesionales sólo pueden aprender mediante la práctica?

 

A.M.A.: Mediante algunas clases que son de laboratorio, cuya metodología consiste en reproducir lo que sucede en una editorial. Por ejemplo, hay un comité editorial y los estudiantes deciden por qué van a publicar algo, hacen la armada —aunque no sean diagramadores— y montan la pieza. La evaluación casi siempre se hace mediante un proyecto editorial que los estudiantes deben presentar y sustentar ante sus compañeros y profesores. Hay clases en las que en un primer momento se presentan dos proyectos para que los estudiantes decidan cuál de ellos van a desarrollar a lo largo del curso. Luego hacen una entrega final con jurados, que por lo general son externos. Lo importante es que los estudiantes aprendan a presentar un proyecto y a defenderlo con argumentos.

 

L.G. & M.G.: ¿Cómo definiría usted el perfil del profesional que necesita actualmente el sector editorial?

 

A.M.A.: Este profesional debe ser una persona muy curiosa, sensible, observadora y centrada en la realidad. Que al decidir hacer un proyecto sepa cómo va a hacerlo. Cuando alguien dice ‘voy a hacer una revista’ hay que preguntarle cómo va a hacerla y de qué manera va a financiarla. Por otro lado, es necesario que este profesional sepa mucho, que tenga una cultura amplia y que le gusten disciplinas relacionadas con el ámbito de la cultura como el cine, la literatura, la música, la fotografía, etc. También es importantísimo que conozca muy bien todo lo que tiene que ver con lo gráfico y con la imagen.

 

Debe ser un buen gestor y una persona que no sólo sepa trabajar con los demás y armar equipos de trabajo, sino que también tenga mucho olfato para saber lo que quiere y de quién va a rodearse.

 

L.G. & M.G.: ¿Cree usted que los cursos del Campo Editorial y las actividades paralelas que se proponen en él de manera complementaria están ofreciéndoles a los estudiantes los conocimientos necesarios para comprender las transformaciones que está sufriendo el sector editorial y enfrentarse profesionalmente al panorama que se está configurando gracias a éstas?

 

A.M.A.: Los estudiantes están al día con respecto a lo que está pasando en el campo de la tecnología. A mí me asusta un poco que se haga tanto énfasis en la tecnología porque ésta per se no produce los cambios ni hace las cosas. Estamos hablando en gran parte de dispositivos en los que va a haber contenidos. Hay que saber manejar los dispositivos y los programas de éstos, eso es importante. Pero lo más importante es saber qué contenidos hay que hacer para los diferentes dispositivos. Para la industria editorial la tecnología se convierte en un elemento de vértigo que genera unas grandes expectativas con respecto a todas las maravillas que podemos hacer, cuando en realidad entre el libro en papel y el libro digital no ha habido mayores cambios. Sólo ha cambiado el formato. El formato digital como tal para hacer un libro aún se encuentra en una fase de exploración. Y no se llamará libro, se llamará de otra manera. Me preocupa un poco que los estudiantes se queden pensando sólo en las maravillas que podemos hacer con la tecnología o en copiar todas las cosas que se están haciendo afuera, que es lo que casi siempre pasa.

 

En el Campo se hacen charlas sobre el oficio del editor a las que invitamos a gente que no necesariamente está tan metida de lleno en lo editorial. Invitamos, por ejemplo, a un fotógrafo que hace documentales porque su trabajo puede servir para el desarrollo de un proyecto. En la charla de mayo invitamos a un editor de música que ha impulsado el movimiento de la cumbia en Colombia. Tratamos de que nuestros estudiantes aprendan muchas cosas de manera que tengan un panorama muy amplio que no se limite sólo al trabajo de hacer libros en papel o en formato digital en una editorial. Queremos que el estudiante tenga un perfil muy amplio porque esto abre sus perspectivas laborales a futuro y le permitirá incluso pensar en abrir su propia empresa.

 

 

L.G. & M.G.: ¿Qué porcentaje de los estudiantes de la carrera de Comunicación Social entra al Campo?

 

A.M.A.: En este momento en la carrera hay 1.500 estudiantes, de los cuales el 10% entra al Campo. Uno se da cuenta también de que hay muchos estudiantes que terminan en el Campo pero que no tienen el perfil necesario para ser editores.

 

L.G. & M.G.: ¿Cree que los cursos del Campo Editorial y las actividades paralelas que se proponen en él de manera complementaria están ofreciéndoles a los estudiantes los conocimientos necesarios para desempeñar los nuevos oficios que están apareciendo gracias a la emergencia de lo digital?

 

A.M.A.: Definitivamente es importante estar al tanto de lo digital pero, como te dije antes, eso no lo es todo. Por ejemplo, ahora hay una clase en el Campo que se llama “Informática para la actividad editorial”. Este curso ha evolucionado mucho porque inicialmente la daba un egresado de la carrera de Comunicación Social que les explicaba a los estudiantes qué era un computador, cómo estaba hecho y de dónde había salido. Luego en otra clase abrían un computador, veían las piezas y los estudiantes aprendían más o menos a manejar Dreamweaver. Después pasamos a desarrollar proyectos que tenían que ver con lo digital y en los que los estudiantes terminaban armando páginas Web tras recibir la formación necesaria para ver la importancia de la arquitectura de la información, de la usabilidad del sitio, de la parte informática, de las bases de datos y del lenguaje digital.

 

Ahora la nueva profesora del curso va a ser una egresada del Campo que trabaja en la revista SoHo y que planea enseñarles a los estudiantes a editar video, a hacer animación y a redactar porque a ella en su trabajo le toca hacer todas estas cosas. Mientras más herramientas conozcan los estudiantes y más lenguajes manejen, mejor. Tienen que meterse en edición de sonido y de video, en fotografía, en programación y en temas como las redes sociales, la cantidad de tráfico que tiene una página Web, la analítica de las estadísticas de visitas, etc.

 

Actualmente las editoriales nacionales son pocas y no saben muy bien qué tienen qué hacer con todo lo relacionado con la tecnología, de manera que algunas veces los estudiantes vienen con muchas ideas novedosas pero la organización ya está hecha de determinada forma y es poco flexible. Los estudiantes terminan encasillándose en una rutina de trabajo y es difícil que les dejen proponer cosas nuevas o promover cambios. Entonces algunas personas muchas veces dicen que la universidad no está formando profesionales para las necesidades de estos tiempos cambiantes pero también hay que ver que la empresa tampoco está preparada para incorporar y asimilar los cambios, de manera que en lo digital se improvisa mucho y finalmente no se consigue suficiente visibilidad.

 

L.G. & M.G.: ¿Está el sector del libro en capacidad de absorber a los profesionales que se están formando en el Campo Editorial?

 

A.M.A.: Actualmente no hay suficiente oferta de trabajo. Pero como los estudiantes salen con tantos conocimientos, no necesariamente salen a trabajar en editoriales. Entran a trabajar en empresas de todo tipo donde hay publicaciones o en las que se necesita manejar la comunicación interna o externa porque al fin y al cabo siguen siendo comunicadores sociales.

 

L.G. & M.G.: ¿Se hace un seguimiento a la trayectoria profesional de los egresados de la carrera de Comunicación Social que han cursado el Campo Editorial?

 

A.M.A.: Como los egresados de la carrera que han pasado por el Campo no son muchos —hay alrededor de 230—, estoy más o menos al tanto de lo que están haciendo actualmente. En la página de Facebook del Campo está la mayoría de los estudiantes y de los egresados. Yo creería que un 70% de los egresados está trabajando en el sector de lo editorial. Hay pocos que tienen su propia empresa y la mayoría son empleados.

 

Estamos haciendo una base de datos de egresados en parte para ver qué tan pertinente es armar la maestría y si hay posibles interesados en continuar con ésta.

 

L.G. & M.G.: ¿Cuáles son las condiciones que favorecen y dificultan la inserción laboral de los egresados de la carrera de Comunicación Social que han cursado el Campo Editorial?

 

A.M.A.: Una condición que favorece la inserción laboral es el hecho de que los egresados tengan muchos conocimientos en diversas áreas —aunque algunas veces los ponen a hacer muchos trabajos por unos salarios muy bajos y, por lo tanto, hay un poco de explotación laboral—. Algo que no es bueno es que en ocasiones los egresados tienen muchos conocimientos pero muy superficiales. En sus trabajos los ponen a diseñar pero no son diseñadores y los hacen programar sin ser programadores. Y ahora con los programas de edición y de montaje de páginas Web todos se creen editores, diseñadores y gestores de contenido. Hace falta mucha más profesionalización y que lo editorial se haga con más cuidado y con menos improvisación.

 

En ocasiones los editores terminan siendo coordinadores editoriales que están supervisando una serie de procesos pero su intervención para mejorar el contenido no existe. Ciertos editores no contribuyen a mejorar el contenido para que éste llegue más fácilmente al receptor. A veces parece que los editores fueran los enemigos del libro. Y luego también hay que tener en cuenta que la gente cada vez lee menos.

 

L.G. & M.G.: ¿Existe la posibilidad de que en un futuro el Campo Editorial deje de formar parte de la carrera de Comunicación Social y se convierta en un posgrado?

 

A.M.A.: El Campo Editorial va a seguir formando parte del pregrado porque es financiado bien sea por otros campos de la carrera a los que entran más estudiantes o bien por estudiantes que toman materias nuestras pero que no van a salir como editores. Quisiéramos convertir la formación del Campo en una maestría porque creemos que una formación especializada en edición debe llevarse a cabo en cursos de posgrado.

 

Transcripción: Margarita María Pérez Barón

Jueves, Septiembre 15, 2011 categorizado bajo editores franceses, industria editorial, literatura francesa

encuentros que marcan para siempre: afinidades, intuiciones e incertidumbres

Imaginen a un joven perteneciente a la alta burguesía parisina que a principios del siglo XX trabaja como asistente primero de un parlamentario y luego de un dramaturgo y crítico de teatro. Un día mientras el joven veranea en la casa de campo de unos amigos conoce a un hombre de aire distraído, indiferente, elegante y delicado que ha venido de visita. El hombre viene a invitar a los dueños de casa a una cena que ofrece esa noche y por cortesía le hace extensiva su invitación al joven, que queda profundamente impresionado con él.

 

Los protagonistas de este encuentro que tuvo lugar hace poco más de un siglo durante una tarde de verano son el joven Gaston Gallimard y Marcel Proust.

 

Entonces Gallimard no era el editor en el que se convertiría con los años y ‘Proust todavía no era Proust; no era otra cosa que él mismo’, según comenta Pierre Assouline.

 

 

 

 

La otra parte de la historia ya es bastante conocida: Proust puso a consideración de Gallimard la publicación de À la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido) en las ediciones de La Nouvelle Revue française (NRF) y le envió el manuscrito, que André Gide rechazó después de leerlo porque ‘está lleno de presunciones, no es para nosotros… Y, además, está dedicado a Calmette, el director de Le Figaro…’ Tras dar origen al que quizás sea el rechazo editorial más tristemente célebre de todos los tiempos, Gide le escribió a Proust diciéndole que ‘el rechazo de su libro permanecerá como el más grave error cometido por la NRF y (puesto que me avergüenzo de ser muy responsable de ello) uno de los pesares, de los arrepentimientos más agudos de mi vida’.

 

Supongo que una cosa es leer un manuscrito inédito y juzgarlo a partir de una serie de criterios, preferencias e inclinaciones personales que condicionan las decisiones que se toman como editor y que otra muy distinta es hacerlo cuando la obra ya ha tenido una buena acogida entre la crítica que la avala y reconoce su grandeza, como sucedió con Du côté de chez Swann (Por el camino de Swann) —primera parte de À la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido)— después de que Proust financiara su publicación en Grasset. Y claro, otra cosa es leer y juzgar esa misma obra cuando ya se ha convertido en un clásico. Al respecto anota Assouline: ‘¿Cómo prejuzgar el porvenir de un libro? Con olfato, por supuesto, ¿pero qué más? Con perspectiva es fácil hacer juicios’.

 

Esta anécdota llama la atención sobre todo porque da cuenta del encuentro entre dos figuras que marcarían la historia de la edición y de la literatura cuando sus protagonistas estaban sentando las bases de aquello que llegaron a ser años después. En cuanto a Gallimard, en sus inicios como gerente de la NRF ya empieza a verse su talante de editor —y de empresario espabilado, por supuesto— que se la juega por partida doble no sólo acercando obras y autores de tiempos y territorios lejanos a los lectores de su entorno, sino también descubriendo nuevos valores para proponerles a éstos.

 

nota: las citas de la biografía de Gaston Gallimard escrita por Pierre Assouline han sido tomadas de la traducción de Ana Montero, publicada en 2003 por Península.

Martes, Septiembre 13, 2011 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados

donde pongo el ojo… [ 128 ]

 

 

Lecturas en curso

 

Middlesex, de Jeffrey Eugenides

Picador

Nueva York, 2007

 

Mi recomendado de la semana

 

La bofetada, de Christos Tsiolkas

RBA

Barcelona, 2011

 

Mis libros favoritos

 

La Izquierda Exquisita & Mau-mauando al parachoques, de Tom Wolfe

Anagrama

Barcelona, 2011

 

Me llama la atención

 

Go the F**k to Sleep, de Adam Mansbach (ilustraciones de Ricardo Cortés)

Akashic Books

Nueva York, 2011

 

http://www.youtube.com/watch?v=OW0A6L9kx4c

Jueves, Septiembre 8, 2011 categorizado bajo destacados

un verano leve y lleno de sorpresas gratas

El pasado mes de agosto mientras una buena parte de España veraneaba y todo estaba semiparalizado, unos pocos nos quedamos trabajando. Si por aquí sólo unos cuantos dieron señales de vida durante esos largos días del mes, en América Latina todo siguió transcurriendo con total normalidad. Justamente a través de algunos amigos y conocidos de América Latina me llegaron un montón de contenidos recomendados, entre los cuales quisiera destacar tres que me emocionaron particularmente y que hicieron que mis cursos de verano fueran leves e indoloros.

 

1. El doblete de artículos “Salir con chicas que no leen / Salir con chicas que leen”, publicado en el número 119 de la revista El malpensante)

 

A continuación reproduzco el principio de los textos “Sal con una chica que no lee”, de Charles Warnke, y “Sal con una chica que lee”, de Rosemary Urquico.

 

 

– “Sal con una chica que no lee” (Por Charles Warnke)

‘Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela’.

(Seguir leyendo)

 

– “Sal con una chica que lee” (Por Rosemary Urquico)

‘Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas’.

(Seguir leyendo)

 

2. book lovers never go to bed alone, un blog de fotos sobre el lugar que ocupan los libros en nuestro entorno

 

 

3. El reto de los 30 libros

 

Mauricio Montenegro me cuenta que como desde hace un tiempo se vienen organizando en Twitter los retos de treinta cosas (30 canciones, 30 películas, etc.), un contacto suyo en esta red le propuso hacer el reto de los 30 libros. Tras definir las categorías, Mauricio montó el blog y junto con su contacto empezaron a invitar a participar a ciertos líderes de opinión sobre literatura en Twitter. Según Mauricio, ‘el reto gustó y se expandió rápidamente en Twitter: el primer día hubo casi mil entradas al blog (hoy van 16.000), y empezó a regarse por Latinoamérica: hay muchos participantes mexicanos, venezolanos, argentinos… No sé cómo medir la cantidad de usuarios que han usado el hashtag #30libros, pero sin duda debe ser un número similar al del blog. El asunto es que cada día se recomienda un libro bajo un parámetro distinto. Como era de esperarse, sólo quienes empezamos el reto el primer día vamos a terminarlo precisamente hoy (miércoles 7 de septiembre de 2011); muchos otros usuarios van en días diferentes, y algunos hasta ahora están empezando. Otros decidieron recomendar los 30 libros de una sola vez, en un solo día. Seguramente sí se han creado nuevos contactos entre lectores gracias al reto, yo mismo he conocido lectores interesantes que he empezado a seguir en Twitter y muchos han empezado a seguirme a mí; de vez en cuando hacemos pequeños comentarios sobre una u otra elección. En el blog también hay comentaristas asiduos, que se responden y debaten entre ellos’.

 

Las categorías del reto de los 30 libros son las siguientes:

 

1. Uno que leyó de una sentada.

2. Uno que se haya demorado mucho en leer.

3. Uno que sea un placer culposo.

4. Uno que le gusta a todos menos a usted.

5. Uno de viajes.

6. Uno de un nobel.

7. Uno muy divertido.

8. Uno para leer por fragmentos.

9. Uno con una excelente versión cinematográfica.

10. Uno con una pésima versión cinematográfica.

11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar.

12. Una biografía.

13. El primer libro que leyó en su vida.

14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira.

15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega.

16. Uno ruso que sí haya leído.

17. Uno de este año.

18. El que más veces ha leído.

19. Uno que lo haya sorprendido por bueno.

20. Uno que lo haya sorprendido por malo.

21. Uno de cuentos (no valen antologías).

22. Uno de poemas (no valen antologías).

23. Uno que le gustaría volver a leer en su vejez.

24. Uno que no le prestaría a nadie.

25. Uno para aprender a perder.

26. Uno que asocie con la música que le gusta.

27. Un libro que le regalaron y no le gustó.

28. Uno que lo haya asustado.

29. Uno que se haya robado.

30. Uno que pueda salvar vidas.

 

 

***

 

Tengo que decir que durante este mes de agosto de trabajo en solitario no sólo no me aburrí, sino que además me entretuve y me divertí muchísimo en gran parte gracias a estas pequeñas gratas sorpresas. ¿Y a ustedes cómo les fue este verano?