la autoedición y la industria editorial: entre amenazas y oportunidades

La autoedición es un tema que viene despertando cada vez más interés —o preocupación— en el sector del libro. De hecho, el auge de la autoedición fue una de las constantes en una buena parte de las predicciones que se publicaron a finales del año pasado con respecto a las tendencias que marcarían el desarrollo de la industria editorial en 2012. Aunque la autoedición no es un fenómeno nuevo, la emergencia de lo digital no sólo ha favorecido sino que también ha potenciado su desarrollo y ha abierto toda una serie de nuevas posibilidades para la publicación, la promoción, la divulgación y la comercialización de todo tipo de libros.

 

Desde hace muchos años es una práctica usual que alguien que tenga la disposición, el tiempo y la disciplina para sentarse a escribir recurra a un sello perteneciente al circuito del vanity publishing para publicar su libro, lo cual presupone una inversión económica nada despreciable. En principio un vanity press está dispuesto a publicar aquellos manuscritos que la industria editorial haya rechazado previamente o que no hayan sido puestos a la consideración de ésta siempre y cuando su autor pueda pagar por su publicación. En este sentido el circuito del vanity publishing tradicionalmente ha acogido a aquellos autores a los que la industria editorial no les ha abierto sus puertas. Hasta aquí nada nuevo.

 

Lo que realmente ha cambiado con la emergencia de lo digital es la estructura y la dinámica de funcionamiento del circuito del vanity publishing: han aparecido diversas plataformas de autoedición en línea, que constituyen un nuevo actor que presta los mismos servicios que un vanity press y algunos otros más que son propios del entorno digital; ha crecido la importancia de un nuevo soporte para el producto autoeditado, que gracias a su desmaterialización ahora es nativo digital —de manera que en muchos casos sólo se imprime bajo demanda o en tiradas muy cortas—; el acceso gratuito a algunas plataformas de autoedición en línea y la desmaterialización del producto autoeditado han provocado una disminución significativa de los recursos que un autor debe invertir para autoeditar su obra; han surgido nuevas formas de difusión y promoción; y, por último, se han ampliado tanto las posibilidades de circulación de las obras publicadas como el alcance potencial de éstas.

 

En síntesis, gracias a las plataformas de autoedición en línea hoy en día es más cierto que nunca que la publicación de una obra está al alcance de cualquiera porque muchas de las barreras de entrada para publicar han desaparecido. Pero esto no tiene nada que ver ni con la calidad del contenido de la obra ni con su valor como producto comercial, que al ser cuestiones totalmente ajenas a la posibilidad de publicar deben ser evaluadas aparte —lo cual a menudo también es parcial o totalmente cierto en el caso de la industria editorial tradicional—.

 

 

 

 

Con respecto al estado actual de la autoedición y a las posibilidades de ésta recomiendo leer el artículo “La evolución de las especies (editoriales)”, de Arantxa Mellado —publicado en el número 17 de la revista Texturas—. Como en su artículo Arantxa analiza detallada y acertadamente los puntos fundamentales con respecto a la cuestión de la autoedición —ojo tanto a las tipologías de autores que propone como a su planteamiento sobre las posibles relaciones que las editoriales pueden entablar con éstos—, no voy a profundizar en el tema y sólo voy a llamar la atención sobre unos pocos aspectos relacionados con éste que me parecen esenciales.

 

– a medida que la autoedición siga ganando importancia, para la industria editorial tradicional cada vez será más crítico aprender a convivir con ella y a establecer relaciones con los actores que pertenecen a su entorno o que tienen vínculos con éste.

 

– de momento para muchos autores el prestigio sigue estando vinculado a la publicación en papel bajo la marca de un sello editorial —que a su vez es una fuente de autoridad y de legitimidad para los lectores—, de manera que a menudo la obra en digital es vista como un producto complementario cuya importancia es secundaria.

 

– la venta a precios bajos o la oferta gratuita de las obras autoeditadas sugiere una revaluación del valor percibido del libro como producto, lo cual sin lugar a dudas repercute sobre la producción de la industria editorial tradicional. Los precios bajos y la oferta gratuita pueden llevar a una distorsión o a una degradación del valor percibido de los contenidos independientemente de cuáles sean su origen, su soporte y su formato.

 

– la proliferación de contenidos autoeditados presupone un reto para la gestión de la economía de la atención, por lo cual para los lectores cuya disponibilidad tanto de tiempo como de dinero es limitada puede ser importante minimizar el riesgo apostando por valores seguros.

 

– la autoedición es un caldo de cultivo riquísimo que los editores pueden explorar en busca de nuevos valores. Gracias a esta exploración los editores pueden comprar los derechos de publicación de aquellas obras autoeditadas por sus autores que tengan una mayor calidad, que sean más atractivas y que mejor hayan estado vendiéndose —como ha sucedido con figuras como Amanda Hocking y John Locke—. Mediante esta estrategia de pescar en río revuelto los editores pueden reducir el riesgo que presupone apostar por publicar y dar a conocer a un autor principiante o poco conocido en la medida en que pueden ahorrar tanto en el pago por derechos de obras cuya rentabilidad es nula o mínima como en gastos de promoción.

 

– las plataformas de autoedición podrían estar en capacidad de sustituir al menos parcialmente a distintos actores de la cadena de valor al asumir algunas de las funciones que éstos han ejercido tradicionalmente y en las que se fundamentan tanto su negocio como su razón de ser.

 

 

 

 

 

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Durante una mesa redonda sobre gestión de derechos digitales que tuvo lugar en el Salón Internacional del Libro Africano (SILA) que se celebró en Tenerife en septiembre de 2010, mientras se discutía acerca de la adopción de e-readers y de la venta de e-books un escritor español cerró cualquier posibilidad de continuar alimentando la reflexión y el debate pronunciando las siguientes palabras: ¡’a mí que ahora no vengan a hablarme de Japón’!

 

Aunque el escritor en cuestión tenía algo de razón en la medida en que la realidad española y la japonesa difieren en muchos sentidos en lo relacionado tanto con la adopción de tecnologías como con el consumo de contenidos, su respuesta crispada me pareció una salida en falso. En el blog Sin tinta el periodista Fernando García está recogiendo testimonios de distintos autores que dan cuenta de su experiencia con la autoedición en España. A quien no quiera que le hablen ni de Estados Unidos ni de Japón en materia de autoedición pero esté interesado en conocer el estado de la cuestión en nuestro entorno, le recomiendo echarle un ojo al interesante trabajo que Fernando está haciendo sobre este tema.

 

Quienes vean la autoedición como una amenaza quizás encuentren un cierto alivio momentáneo en las palabras que Ursula Mackenzie —editora de Little, Brown Book Group y presidenta del Trade Publishers Council (TPC) de The Publishers Association— escribió en su artículo “The Digital Era Has Not Made Publishers Defunct”, publicado en agosto de 2010 en The Guardian:

 

‘A muchos lectores les gusta saber que el libro que van a leer durante su valioso tiempo ha sido filtrado a través de un proceso de selección hecho por personas cuyo trabajo consiste en guiar al lector hacia lo que quiere y en asegurarse de que éste invertirá su tiempo —y su dinero— sabiamente’.

 

 

 

 

Vale la pena prestarle atención a la autoedición porque su evolución seguirá dando de qué hablar en la medida en que su crecimiento continúe y en que el aumento de su popularidad le permita consolidarse como un circuito alternativo —y complementario— al de la industria editorial tradicional.

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