archivo del enero, 2013

centros, periferias, redes y hubs

Una de las cosas que más me gustaron de Barcelona cuando llegué en marzo de 2005 fue tener la sensación de estar en una ciudad que ocupaba un lugar central en el mundo del libro, que a mí me interesaba desde hacía tiempo. Si a primera vista la gran calidad de la oferta de algunas librerías de la ciudad —las primeras que conocí fueron La CentralLoring art, Medios y Áncora y Delfín, que cerró en enero de 2012— y la intensa actividad cultural que había en ésta me transmitían esa sensación, la presencia de un buen número de editoriales, agencias literarias, autores y profesionales de la edición no hacía otra cosa que reforzarla. Al principio de vez en cuando me sorprendía ver en la calle a algún escritor que admiraba —recuerdo la emoción de unos amigos franceses que estaban de visita cuando vieron a Enrique Vila-Matas entrando al final de la tarde de un lunes de invierno al café de La Central del Raval—. Y durante mis primeros meses en Barcelona conocí a través de mi reducido círculo de amigos a varios jóvenes editores, traductores, diseñadores, fotógrafos e ilustradores, muchos de los cuales trabajaban como freelances o habían montado con algunos colegas sus pequeños estudios independientes. El entusiasmo y la ebullición que se respiraban en el ambiente durante mis primeros años en Barcelona contrastan radicalmente con el aumento progresivo del malestar, de la preocupación, de la incertidumbre y del pesimismo que viene provocando la crisis —cuyos últimos episodios en la escena local son el anuncio del próximo cierre de las librerías Catalonia y Proa Espais—.

 

Después de vivir toda la vida en una ciudad como Bogotá que en mi órbita de intereses se encontraba en una posición más bien periférica, había llegado a una que estaba en pleno centro. Recién llegué a Barcelona vivía a tres calles de la sede de Planeta y trabajaba al lado de la de Random House Mondadori, dos de los grandes grupos de los que sale un alto porcentaje de la producción editorial del mundo hispanohablante, que están presentes en casi todos los países de éste y algunos de cuyos sellos publican a varios de mis autores favoritos —es decir, que de repente estaba muy cerca de un centro de toma de decisiones estratégico en un ámbito con el que yo aún no tenía vínculos y que me resultaba bastante atractivo—. Esta sensación de estar en el centro se derivaba no sólo de la amplitud y de la diversidad de la oferta que había en las librerías barcelonesas, sino también del hecho de saber que la sede de muchas de mis editoriales favoritas estaba en Barcelona: Acantilado, Anagrama, Gedisa, Gustavo GiliLumen, Mondadori, Paidós, Seix Barral o Tusquets —en ese momento todavía no conocía algunas jóvenes editoriales independientes que me gustan mucho como BaratariaGlobal Rhythm PressLibros del Asteroide, Melusina o minúscula, aún no habían aparecido muchas otras de las que existen actualmente y yo no había descubierto el mundo de la edición en catalán—.

 

En síntesis, había llegado a una ciudad donde se hacen, de donde vienen y donde se encuentran los libros. Si me hubieran interesado las comunidades indígenas del Amazonas, los mercados financieros, el derecho internacional, los estudios poscoloniales o la política comparada, obviamente la sensación habría sido otra y es bastante probable que en Barcelona me hubiera sentido en un lugar periférico.

 

 

Quizás la dualidad centro-periferia no ofrezca muchos elementos para explicar la realidad del mundo hiperconectado en el que vivimos hoy en día —de hecho, me hace pensar directamente en la teoría de la dependencia que hacia 1998 todavía enseñaban con entusiasmo algunos de mis profesores de Ciencia Política—. Gracias a las herramientas de comunicación que actualmente tenemos a nuestra disposición y a las redes sociales ahora podemos no sólo establecer conexiones bien sea directamente o bien sin mayores mediaciones externas, sino también acceder a una amplia gama de contenidos a un coste relativamente bajo —incluso si se trata de oferta gratuita en algún momento terminamos pagando por los dispositivos, por el acceso a los medios de comunicación (radio, televisión, Internet, etc.) y por el consumo energético—.

 

Tiendo a pensar que actualmente nuestro lugar de residencia sólo tiene una importancia relativa debido a que estamos en capacidad de enterarnos muchas veces en tiempo real o al cabo de unos cuantos minutos de lo que está pasando en prácticamente cualquier lugar del mundo, de ser testigos de lo que sucede en un montón de eventos sin estar presentes o de asistir a ellos virtualmente y de acceder a través de una plataforma de comercio electrónico a muchos productos que no están disponibles en las tiendas físicas de nuestro entorno próximo —como mínimo en dos o tres días si son bienes materiales y de manera inmediata si son digitales—.

 

Aunque es cierto que en muchos casos las herramientas y las plataformas de comunicación que usamos cotidianamente —correo electrónico, mensajería instantánea, redes sociales, telefonía móvil o sobre IP (VoIP), etc.— no son un sustituto lo suficientemente óptimo ni de la presencia física ni de la interacción o del contacto en persona, también es verdad que a menudo contribuyen a favorecer el establecimiento y el mantenimiento de relaciones, a reducir las brechas y a permitir el acceso a aquello que no está al alcance de la mano en el mundo analógico. Ciertas relaciones que se establecen debido a la existencia de afinidades o de inclinaciones, aficiones e intereses compartidos pero que no necesariamente suponen la creación de un vínculo emocional o de amistad en el plano personal hoy en día son posibles gracias a la desintermediación, a la virtualización y a la descentralización que permiten y propician algunas herramientas y plataformas de comunicación cuyo uso cada vez es más extendido.

 

 

 

 

 

En este contexto puede ser más pertinente pensar en términos de redes y hubs que de centros y periferias. Se puede estar en las redes como observador pasivo pero para conseguir ocupar un lugar sobresaliente y jugar un rol destacado en ellas es necesario contribuir con ideas, preguntas, observaciones, opiniones o propuestas que les aporten algún valor a sus otros miembros, cuyo reconocimiento más o menos consensuado es la fuente de la que se deriva la autoridad. Si hoy en día un autor, agente, editor, librero, líder de opinión, lector, redactor, corrector, traductor, diseñador, maquetador, ilustrador, fotógrafo o cualquier otro actor que intervenga en la cadena de valor del libro quiere formar parte de una red y apoyarse en la dinámica de ésta para darse a conocer o para promocionar su marca, sus productos y sus servicios debería plantearse algunas preguntas fundamentales*:

 

– ¿A cuál(es) red(es) pertenezco?

– ¿En qué escenarios analógicos y plataformas virtuales se desarrolla de manera tanto permanente como esporádica la dinámica de funcionamiento de esta(s) red(es)?

– ¿Cuáles son los rasgos que caracterizan la dinámica de funcionamiento de esta(s) red(es) y las normas que la rigen?

– ¿Cuáles son los factores que definen mi pertenencia a esta(s) red(es)?

– ¿Qué sentido tiene para mí pertenecer a esta(s) red(es)?

– ¿Qué beneficios me reporta la pertenencia a esta(s) red(es)?

– ¿Cómo debo gestionar mi presencia en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

– ¿Qué recursos y en qué volumen debo asignar a la gestión de mi presencia en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

– ¿Qué aporto yo en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

– ¿Cuál es el valor que los miembros de la(s) red(es) a la(s) que pertenezco les asignan a mis aportes?

– ¿Qué autoridad tengo en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco según el valor que sus otros miembros les asignan a mis aportes?

– ¿Cuál es el valor de mis conexiones tanto para mí como para los otros miembros de la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

– ¿De qué maneras puedo rentabilizar mi pertenencia a la(s) red(es) y los aportes que hago en ella(s)?

– ¿Cuánto debo esperar para que las acciones que hago en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco me generen un retorno?

– ¿De qué formas y a través de qué vías puede llegar ese retorno?

– ¿Cómo puedo medir el retorno de las acciones que hago en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

 

Toda persona u organización que ya tenga un cierto reconocimiento y un buen posicionamiento en su mercado ya tendrá un terreno ganado cuando quiera empezar a formar parte de una red y a participar en su dinámica. Además de la asociaciones profesionales y las organizaciones gremiales, las ferias del libro, los festivales literarios y otro tipo de eventos de carácter cultural son escenarios en los que la dinámica de red se pone en funcionamiento. Y luego están los entornos de generación Web 2.0, por supuesto. De ahí la importancia estratégica de eventos como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), el Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (FILBA), el Festival Eñe, los Hay FestivalKosmopolis, la Semana Negra de GijónBCNegra o LéaLA y de plataformas de generación Web 2.0 como Facebook, Twitter, LinkedIn, Google+, YouTube, Vimeo, Flickr o Pinterest, que constituyen puntos de encuentro para personas y organizaciones que se encuentran dispersas y que coinciden en las redes.

 

 

 

 

 

“Drawing the Global Map of Publishing Markets 2012”

International Publishers Association (IPA)

 

En un mundo hiperconectado en el que el comercio internacional y la circulación de personas de un país a otro no dejan de intensificarse, en el que hay una tendencia hacia la desintermediación, en el que lo digital está creciendo y echando raíces, en el que las barreras de entrada para convertirse en agente editor cada vez son más bajas y en el que cualquier autor que eche mano inteligentemente de ciertas herramientas de difusión y promoción puede hacer que su producción llegue a un público amplio es indudable que las redes están llenas de oportunidades y que vivir al margen de ellas supone no sólo condenarse a un cierto aislamiento, sino también aniquilar de antemano la viabilidad de muchas iniciativas interesantes y atractivas.

 

* nota: este planteamiento aplica para todo tipo de personas u organizaciones independientemente del sector al que pertenezcan.

un libro 100% americano: anotaciones sobre sam no es mi tío

En algún momento del verano de 2012 me enteré vía Twitter de la publicación de Sam no es mi tío por parte de la filial estadounidense de Alfaguara, cuya sede se encuentra en Miami. Sam no es mi tío me llamó la atención desde el principio debido a mi interés por la crónica periodística, a su planteamiento temático, a su enfoque y a la naturaleza y ubicación de la editorial que lo publicó. Por otro lado, tanto el título como la portada del libro me parecieron bastante sugestivos porque ponen en evidencia la relación de amor y odio que muchas de las personas del resto de países americanos tenemos con Estados Unidos.

 

 

 

 

Sam no es mi tío —cuyos editores son Diego Fonseca y Aileen El-Kadi— es un volumen compuesto por 24 crónicas de igual número de autores de distintos países americanos. En la selección de los autores parece no haber ningún interés por cumplir cuotas de género o de países de origen: se trata de 5 mujeres y 19 hombres nacidos en 9 de los 35 países del continente —Argentina (4), Bolivia (1), Brasil (3), Colombia (2), Chile (3), Estados Unidos (2), Guatemala (1), México (6) y Perú (2)—. Al parecer los editores no aplicaron medidas de discriminación positiva para obtener un buen resultado en el índice de paridad de género (IPG) o para evitar polémicas en torno a nacionalidades hegemónicas y subordinadas dentro del continente americano.

 

Revisando las biografías de los autores queda claro que en el caso de varios de ellos las variables “lugar de nacimiento” y “nacionalidad” pueden llegar a ser bastante irrelevantes debido a su condición de inmigrantes —está claro que algunos están siguiendo los pasos de sus padres y abuelos—. De hecho, en su crónica Hernán Iglesias Illa (Buenos Aires, 1974) hace un relato y una serie de observaciones sobre la ceremonia de juramento a la Constitución de Estados Unidos en la que obtuvo la nacionalidad estadounidense —’el texto dice en un momento que los aquí presentes “renunciamos y abjuramos” de nuestras nacionalidades anteriores y nosotros lo repetimos, sabiendo que no lo vamos a hacer’—.

 

Aunque supongo que estos 24 autores no hablan en representación de ningún colectivo —social, político, religioso, nacional, etc.— y la mayoría de las crónicas parte de historias personales, seguramente para muchos lectores de cualquier país americano será fácil identificarse con algunos de ellos —pienso sobre todo en quienes han tenido acceso a las universidades estadounidenses o han aspirado a hacerlo—, con las historias que cuentan o con los protagonistas de éstas.

 

Es interesante que un libro como Sam no es mi tío que recoge crónicas en las que autores provenientes de distintos lugares de América se enfrentan al fantasma de Estados Unidos salga de la filial estadounidense de un gran grupo editorial español que tiene una presencia fuerte en una buena parte de los países del continente. Como explica más adelante Diego FonsecaAlfaguara USA les suministra a las filiales de los distintos países latinoamericanos los ejemplares de Sam no es mi tío que éstas soliciten para satisfacer la demanda local de sus respectivos mercados —salvo en el caso de la argentina, que recientemente hizo una edición propia—.

 

Sospecho que Sam no es mi tío puede conectar fácilmente con un cierto tipo de lector latinoamericano debido no sólo a la tradición de cronistas y al auge de la crónica periodística que hay en la región, sino también a que en América Latina la relación con Estados Unidos en muchos sentidos ha sido, es y seguirá siendo un problema irresuelto. Aunque Sam no es mi tío aborda un tema que en principio poco o nada tiene que ver con su realidad, el lector español contemporáneo también podría interesarse por este libro debido tanto a la creciente popularidad de la crónica periodística en España como al fenómeno migratorio que desde hace un par de años viene provocando la crisis económica. Según la página Web de Alfaguara, en este momento Sam no es mi tío sólo está disponible en España en formato digital.

 

A continuación reproduzco las respuestas de Diego Fonseca a unas preguntas que le hice con respecto a Sam no es mi tío:

 

Martín Gómez: ¿En qué momento, por iniciativa de quién y con qué motivación surge el concepto del libro Sam no es mi tío?

 

Diego Fonseca: En 2008, la revista que me empleaba en Miami se presentó en quiebra. Me habían llevado desde México, donde vivía, con un plan ambicioso de posicionamiento en América Latina. Habló George W. Bush ante el Congreso, la crisis apretó, Wall Street perdió todos los ladrillos y la publicidad para América Latina se congeló. Lo que siguió fue una llamada de los directores de la revista para avisarme que no podían seguir. Fue a las diez de la mañana de un domingo, en mi primer día de luna de miel en el desierto de Arizona. Tenía que contar esa historia pero no di con medios que publicaran largo formato en español en Estados Unidos. El grueso de los cronistas y escritores latinos que vivíamos entonces allá, de hecho, colaborábamos con medios latinoamericanos. Por ende, había una inteligencia viva sin muchos canales en el país: se me ocurrió que ese canal podría ser un libro. Dos años después, en 2010, lo conversamos con Aileen y comenzamos a producirlo. La idea fue retratar la relación de los latinos e hispanos con Estados Unidos sin corsés: múltiples agendas, múltiples miradas. Que la crónica permitiese mostrar la relación entre la nación hegemónica y su antiguo patio trasero. Qué vemos ahora, cómo nos relacionamos ahora, cómo es vivir dentro de Estados Unidos, cómo un individuo afirma su presencia, negocia su conflicto con una cultura receptora.

 

M.G.: ¿Qué criterios se utilizaron para escoger a los cronistas incluidos en Sam no es mi tío y para definir los temas que éstos abordarían en sus crónicas?

 

D.F.: Variados. Queríamos salirnos de la agenda de la migración indocumentada per se, pero no escaparle. No nos interesaba retratar, por ejemplo, agendas más tradicionales, como la de Cuba-Estados Unidos, que ya tiene bastante literatura producida. Miramos al migrante y su relación con el país, con otros migrantes; su propio yo en negociación con la vida diaria. Cómo es hacerse ciudadano sin ser perseguido, cómo se desmitifica la idea de que hay malos de un lado y buenos sólo del otro. De qué manera exhibíamos la dureza de ser un migrante con poca capacidad para capear los abusos y la listura del que es capaz de valerse de los huecos del sistema. Si algo hay en el libro es la exhibición de Estados Unidos como un caleidoscopio. Lo es, en buena medida. Estados vecinos pueden asumir posiciones en extremo antagónica sobre diversos temas —aborto, parejas del mismo sexo, ayudas federales, educación primaria, inmigración y dale que va— pero todos, en el fondo, reconocen su pertenencia a una nación con unas ficciones orientadoras que la mayoría acepta y promueve.

 

M.G.¿El hecho de que Sam no es mi tío haya sido publicado por la filial estadounidense de Alfaguara tiene que ver con la temática y el enfoque del libro?

 

D.F.Alfaguara USA debiera responder esto, pero creo que sí. Igual, Argentina acaba de hacer una edición propia. El resto de América Latina, desde México al Caribe, de Centroamérica a Sudamérica, importó el libro desde Miami.

 

M.G.¿Cómo ha sido hasta el momento la acogida de Sam no es mi tío?

 

D.F.: Muy buena, hasta donde sé. Yo hice presentaciones y medios en diversos países —México, Colombia, Guatemala, Perú, Ecuador— y Aileen estuvo en el norte de Argentina y la recepción es buena. En Estados Unidos, lanzamos Sam no es mi tío en las dos ferias de libros en español, LeALA en los Angeles y la Miami Book Fair de la Florida. Va bien en Amazon, y las críticas son más que buenas. El libro llegó en un buen momento. Las elecciones mostraron, otra vez, la importancia demográfica y política de los latinos. La migración latina es central para diversas economías del sur y es eficiente en materia de costos para diversos sectores, como el agropecuario y varias prestaciones de servicios. Culturalmente hay una creciente significación de lo hispano —allí el vaso está un cuarto lleno. Hay una progresiva salida del anonimato de los latinos, aunque los medios en inglés todavía no terminan de entender el proceso ni han sabido acercarse a las formas culturales de consumo de los latinos con efectividad.

 

M.G.¿En qué países circula actualmente Sam no es mi tío y en cuáles de ellos ha funcionado mejor en términos de visibilidad, comentarios y reseñas en prensa, distribución, implantación en puntos de venta, ventas, etc.?

 

D.F.: Estados Unidos, México, Guatemala, República Dominicana y Puerto Rico; Colombia, Perú y Ecuador, Bolivia y Argentina. Estamos esperando novedades para Chile y Uruguay. La recepción de prensa ha sido significativa en Colombia, Ecuador y Perú, por ejemplo. En todos los países ha habido reseñas en los medios centrales. Las principales cadenas de librerías los exhiben en las principales ciudades de la región.

 

***

 

De Sam no es mi tío recomiendo muy especialmente las siguientes crónicas:

 

– “El sueño americano”, de Jon Lee Anderson

 

– “Y entonces Dios”, de Diego Fonseca

 

– “Dicho hacia el sur”, de Eduardo Halfon

 

“El país de nunca jamás”, de Camilo Jiménez

 

 

Antes de terminar, aprovecho para darles las gracias a Camilo por regalarme un ejemplar de Sam no es mi tío durante mi último viaje a Bogotá y a Diego por responder a mis preguntas.

martes, enero 15, 2013 categorizado bajo donde pongo el ojo, mis libros favoritos, mis recomendados, series

donde pongo el ojo… [ 140 ]

 

 

Lecturas en curso

 

The Year of Magical Thinking, de Joan Didion

Vintage

Nueva York, 2007


Mi recomendado de la semana

 

Los ejércitos, de Evelio Rosero

Tusquets

Barcelona, 2007

 

Mis libros favoritos

 

El reino de este mundo, de Alejo Carpentier

Alianza

Madrid, 2012

 

Me llama la atención

 

Punto y aparte, de Italo Calvino

Siruela

Madrid, 2012

los anglosajones y las predicciones: ¿qué pasará en la industria editorial en 2013?

Durante el mes de diciembre en las publicaciones anglosajonas suelen aparecer predicciones sobre aquello que los expertos prevén que podría pasar durante el año siguiente en los ámbitos de los que se ocupan. Este ejercicio especulativo se basa en gran parte en el conocimiento y en la información privilegiada que poseen dichos expertos con respecto a sus respectivos ámbitos de trabajo. Aquel que conozca la manera como ha evolucionado previamente un tema, que tenga influencia y que cuente con acceso a información privilegiada está en capacidad de hacer un análisis prospectivo sólido identificando tendencias, visualizando escenarios y concibiendo futuribles. Más que de acertar en todo aquello que se dice, se trata de intentar construir un escenario más o menos coherente a partir de los antecedentes existentes y de las señales que se han identificado en el entorno.

 

Es cierto que de repente el curso de las cosas puede cambiar sorpresivamente o que pueden ocurrir eventos inesperados y también es verdad que frente a lo imprevisible no hay experticia que valga. Sin embargo, esto no debería ser un motivo de peso para dejar de realizar este ejercicio especulativo. Además de hacer predicciones para el año que viene, cada diciembre los anglosajones hacen un balance de los aciertos y desaciertos de sus predicciones con respecto al año que está a punto de terminar.

 

 

 

 

En diciembre aparecieron en diferentes publicaciones especializadas varios artículos en los que algunos de los expertos anglosajones más importantes en temas relacionados con el sector del libro presentaron sus predicciones para 2013 con respecto a la industria editorial —en ellas abordaron temas como la continuación de la consolidación de ésta, el posicionamiento de los actores en el mercado a nivel tanto local como global y la evolución de la competencia entre éstos, el sistema de precios, la lectura social, el préstamo de e-books en bibliotecas, la autoedición, el marketing, la descubribilidad, el potencial de desarrollo de los mercados emergentes, el Digital rights management (DRM), los libros enriquecidos, la gamificación o las posibilidades que ofrecen tanto las aplicaciones como el HTML5—. A quien le interese comprender lo que está pasando actualmente en la industria editorial y hacerse una idea con respecto a los posibles rumbos que podría tomar ésta en 2013 le recomiendo leer las siguientes entradas:

 

Ten Bold Predictions for Ebooks and Digital Publishing in 2013, publicada en Digital Book World

 

What to watch for in 2013, publicada en The Shatzkin Files

 

– What we’ll see in 2013 in digital media, publicada en GIGAOM

 

– Trendspotting 2013: Don Linn, publicada en Publishing Trends

 

– Trendspotting 2013: Larry Norton, publicada en Publishing Trends

 

– Trendspotting 2013: Brendan Cahill, publicada en Publishing Trends

 

– TeleRead’s E-Book Market Predictions for 2013, publicada en TeleRead

 

– Our e-publishing predictions for 2013, publicada en The Guardian

 

Me pregunto si en nuestro medio la práctica de hacer predicciones es poco común debido a que tenemos un mercado editorial que es bastante opaco, menos dinámico y más conservador por estar mucho más regulado, a que somos menos pragmáticos a la hora de reflexionar y analizar o a que no contamos con argumentos sólidos para entrar en la dinámica del diálogo especulativo bien fundamentado. Y supongo que en el mundo hispanohablante tenemos una capacidad mínima o nula de hacer predicciones con respecto a la evolución del ámbito de lo digital debido en gran parte a nuestra condición periférica y subordinada —además de que como sector no contamos con actores locales que tengan una incidencia a escala global, invertimos pocos recursos en investigación, desarrollado e innovación porque siempre es más fácil “que inventen ellos”—.