Martes, febrero 12, 2013 entrada categorizada en: grandes superficies, librerías, librerías independientes, libreros

¿quién quiere un mundo sin librerías?

Yo no. Las librerías son un elemento fundamental del mundo en el que me muevo y en el que quiero seguir moviéndome. Creo que las librerías enriquecen en muchos sentidos la vida de las ciudades y de las personas que viven en ellas. De hecho, cada vez que voy a una ciudad procuro visitar sus librerías —tanto las que me han recomendado previamente como las que voy encontrándome por el camino—. Sin embargo, hay quienes ven las cosas de otra manera. Y la evolución de las ventas de libros podría estar dándoles la razón a quienes ven las librerías como un elemento anacrónico, casi inútil y absolutamente prescindible en el mundo de hoy.

 

Los argumentos en defensa de las librerías que apelan a su rol cultural y a su valor simbólico —algunos de los cuales yo mismo comparto— son válidos en los planos emotivo, histórico y sociológico pero si se miran desde un punto de vista pragmático basado en la racionalidad económica no se sostienen. Ninguna ley natural, divina o de vida estipula que las librerías deban seguir estando presentes en este mundo porque su existencia es el resultado de una creación humana en un momento histórico específico. Los tiempos cambian y con ellos los elementos que conforman nuestro entorno, así que no hay razón para creer que alguno de ellos tenga garantizada su existencia hasta el fin de los días o para basar la defensa de su supervivencia argumentando que ‘es imprescindible porque ha estado ahí desde siempre’.

 

 

 

Portada de la edición de junio 9 y 16 de 2008 de la revista The New Yorker.

(Ilustración de Adrian Tomine)

 

 

En estos tiempos de cambios en los que las ventas de libros a través de grandes plataformas de comercio electrónico son cada vez mayores las librerías de bricks-and-mortar tienen el reto de demostrarles tanto a los demás actores de la cadena de valor del libro como a sus clientes potenciales que siguen teniendo algo valioso que aportarles. Y para hacerlo es necesario que pasen por un proceso de reinvención y de reconversión —un tema que fue abordado en el especial “Jaque o gambito: librerías y entorno digital” del número 14 de de la revista Texturas—. Mientras las librerías continúen canalizando una parte importante de las ventas de libros seguirán siendo fundamentales para los editores, que por lo menos de momento todavía necesitan mesas y estanterías en las que exhibir sus títulos para que muchos consumidores puedan acceder a ellos.

 

Entre las medidas cuya adopción puede ayudar al fortalecimiento del sector librero vale la pena tomar como punto de partida las siguientes, que son tan elementales que pueden sonar a obviedad —en la medida de lo posible trataré de apoyarme en ejemplos de mi entorno cercano que conozco más o menos bien para ilustrar cada planteamiento—:

 

- la especialización en áreas temáticas, disciplinas o géneros para construir una clientela de públicos de nicho: crear una oferta amplia, sólida y diversa alrededor de un número limitado de temas para llegar a nichos de lectores con necesidades e intereses específicos. Pienso en librerías como Abracadabra llibres, Le NuvoleNegra y Criminal o Xoroi.

- el mejoramiento de su capacidad de responder rápidamente a la demanda de los consumidores: como está claro que debido a diversas limitaciones una librería sólo puede tener en sus estanterías una pequeña parte de la oferta editorial existente en el mercado, es importante que pueda hacerle llegar en el menor tiempo posible a su clientela aquellos títulos que no tenga disponibles en sus locales y almacenes cuando ésta los solicite —justamente una de las ventajas competitivas de las grandes tiendas de comercio electrónico consiste en su capacidad de responder inmediatamente a la demanda de los consumidores, que desde un punto de vista operativo es donde radica una de las mayores fortalezas de Amazon—. ¿Es posible pensar en una alianza entre distribuidores y libreros para que las librerías puedan hacerle llegar a su clientela en un par de días los libros que solicite y que éstas no tengan en stock?

- el ejercicio de un rol de dinamización cultural en su entorno: la propuesta de una oferta de actividades culturales que estén en sintonía con los intereses de su público objetivo por cuestiones tanto temáticas como de proximidad geográfica. Abracadabra llibresLa CentralLaieLe NuvoleNegra y Criminal y Pequod llibres constituyen buenos ejemplos.

- el desarrollo de una buena presencia en línea: por un lado, montar una página Web que cuente con una base de datos en la que pueda consultarse el fondo que conforma la oferta de la librería y que permita gestionar ventas a través de una plataforma de comercio electrónico; y, por el otro lado, poner en marcha una estrategia de comunicación y marketing en entornos de generación Web 2.0.

- la diversificación de la oferta de productos: vender otros artículos asociados bien sea al mundo del libro o bien a los campos temáticos relacionados con las áreas de especialidad de la librería. LaieLa Central vienen explotando muy bien este aspecto en sus locales, sobre todo en sus librerías boutique de museos y centros culturales.

 - last but not least, el fortalecimiento de su rol prescriptor: además de un catálogo compuesto por una buena selección de títulos, el conocimiento por parte de los libreros de los intereses y hábitos lectores de su clientela es fundamental para la prescripción. Todas las librerías mencionadas anteriormente son bastante fuertes en este aspecto.

 

En síntesis, es fundamental que las librerías demuestren cada día que tienen un valor que aportar y que éste sea percibido por los consumidores —con respecto a este tema recomiendo leer el artículo “Novel Ideas For Indie Bookstores” que Josep M. Vinyes comentó recientemente en la entrada “El modelo de negocio de las librerías está cambiando”, del blog Actualidad editorial—.

 

 

 

Portada de la edición de diciembre 5 de 2011 de la revista The New Yorker.

(Ilustración de Daniel Clowes)

 

 

No tengo mayor cosa que decir con respecto a todo lo relacionado con la gestión económica, financiera y comercial de las librerías, que es un tema sobre el que algunos de sus mayores conocedores en nuestro medio como Manuel Gil y Txetxu Barandiarán suelen ofrecernos reflexiones, análisis y propuestas de una riqueza enorme.

 

En un momento en el que incluso el futuro de Barnes & Noble parece ser incierto —por no hablar de otras grandes cadenas de venta de libros, música, películas y artículos de electrónica de consumo como HMV, la filial francesa de Virgin Megastore y Fnac— vale la pena preguntarse no sólo cuáles son las posibilidades de supervivencia de las librerías teniendo en cuenta aspectos como su tamaño, su enfoque y su ubicación, sino también por dónde deben pasar éstas.

 

Con respecto a la situación actual de Barnes & Noble y a su posible evolución a futuro vale la pena leer los siguientes artículos:

 

“B&N results are disappointing, and one wonders if prior success with NOOK might deserve part of the blame”“More thoughts about the future of bookstores, triggered by Barnes & Noble’s own predictions for itself”, de Mike Shatzkin.

“Barnes & Noble’s Big Problem —and What to Do About It”, de Jeremy Greenfield.

 

Recomiendo prestarles mucha atención a las palabras de Laura Hazard Owen de paidContent en este vídeo de BiblioStarTV que fue realizado durante la conferencia Digital Book World 2013 —ojo al comentario según el cual a menudo la única librería que muchos estadounidenses tienen cerca es una tienda de Barnes & Noble y a la alerta sobre el riesgo de que a esta cadena de aquí a un par de años le pase lo mismo que a Borders—:

 

 

 

 

El material promocional del Día de las Librerías de 2011 incluía las siguientes diez razones para comprar los libros en las librerías:

 

Comprando aquí tus libros…

1/ Apoyas la economía local

2/ Ayudas al medio ambiente

3/ Creas empleo en tu comunidad

4/ Fomentas un bien cultural

5/ Compartes nuestra experiencia

6/ Alimentas la red social

7/ Apoyas a los emprendedores

8/ Dinamizas el tejido cultural y social de tu barrio

9/ Favoreces la libertad de elección y la diversidad

10/ Haces de tu librería un destino único’

 

 

 

 

Algunos de estos planteamientos me parecen parcial o totalmente razonables y válidos pero otros, por el contrario, no sólo me resultan poco o nada convincentes sino que además me suenan a retórica vacía. ¿Qué opinan ustedes al respecto?

9 comentarios para “¿quién quiere un mundo sin librerías?”

  1. Bernat Ruiz dice:

    Estoy fundamentalmente de acuerdo con todo lo expuesto. Nada me gustaría más que la perpetuación de la librería tradicional, en la que me gusta perderme durante un buen rato, a la búsqueda de un encuentro feliz con un libro inesperado. Pero, como muy bien dices, eso forma parte del romanticismo de la librería, no de su modelo de negocio. Algo debemos hacer con las librerías para alargar su vida útil, para que sigan siendo útiles, para seguir perdiéndonos en ellas.

    Uno de los mayores problemas es que el librero es el finalista de una larga y compleja cadena. Si los que le preceden no se lo ponen un poco fácil, (editor, distribuidor…) poco podrá hacer por sí solo. También debemos tener una visión global: no podemos hacer un drama de cada cierre; al contrario, lo mejor sería que el gremio actuara con previsión y “ayudara” al bien morir de más de un precario establecimiento con el ojo puesto en una nueva estructura comercial. Una librería degradada no aporta nada positivo al ecosistema al que pertenece.

    Hasta pronto!

    Bernat

  2. Txetxu dice:

    Hola Martín.
    Creo que es difícil y complicado que las librerías hagan algo por sí solas sobre todo desde el punto de vista de la rentabilidad y modelo de negocio.
    Se funciona en un mercado cautivo con reglas de juego muy particulares y creo que en este momento las mismas son más freno que acicate para un mejor funcionamiento de las mismas.
    Por otro lado siento que es en general muy complicado hacer un planteamiento global de cambio. Todos tenemos en la cabeza alguna experiencia que funciona y otras que ni siquiera sabemos por qué se llaman librerías.
    Plantearé un tema muy pragmático y poco romántico. Si la facturación via canal librerías es aproximadamente de 2.000 millones de euros y en grandes números el mantenimiento de un empleo supone facturar 150.0000 euros sólo habría posibilidad de que existieran unos 13.000 puestos de trabajo. Habría que ver si el tejido librero está sobredimensionado o no para después ir planteando estrategias distintas y con sentido.
    Abrazos

  3. Bernat, yo quisiera ser optimista a pesar de que todas las evidencias que la evolución del mercado nos está dando apuntan hacia la dirección contraria. Y creo que tu post “Las librerías deben asociarse a bibliotecas y museos, y cerrar” es bastante realista y que las propuestas que haces en él son bastante razonables e interesantes.
    Estoy 100% de acuerdo: en nuestro ecosistema sólo deben existir aquellos elementos que aporten algo valioso. Los que no lo hagan tienen valor meramente histórico/arqueológico y corren el riesgo de convertirse en parásitos del ecosistema.
    Ya veremos si el gremio librero en general o algunas librerías en particular encuentran posibles salidas a esta encrucijada…
    Como siempre, gracias por visitar y comentar.
    Martín.

  4. Txetxu, es verdad que unos pocos casos de éxito no necesariamente son extrapolables al resto del sector y que las soluciones no deben tomar a un actor del ecosistema aislado del resto de su entorno.
    Yo también soy más partidario de los planteamientos pragmáticos que de los románticos. Y creo que preguntarse si el tejido librero está sobredimensionado como tú lo haces en tu comentario es un buen punto de partida para encaminar una reflexión que permita definir estrategias para solucionar los problemas existentes.
    Abrazos y gracias por compartir tus planteamientos, que siempre nos dan buenas pistas para abordar estas problemáticas tan peliagudas.
    Martín.

  5. Hola Martín. Muy acertados tus planteamientos y pienso que las “obvias” soluciones que aportas son la piedra de toque para la perduración de las librerías a través del cambio, sobretodo a través de la especialización y la diversificación con productos relativos y la organización de enventos culturales o de ocio. Este modelo ya lo estamos viendo en las tiendas de cómics especializadas. Las librerías papelerías están condenadas a reducirse a la mínima expresión porque, al contrario que en la librería especializada, estas librerías no sirven de punto de reunión de personas con intereses comunes.

    En España, la conversión de las librerías va a tener mucho que ver con la desigual balanza de oferta y demanda existente. Hay una burbuja editorial, que sostiene con alambres el libro de texto, que está resquebrajándose y concluirá con el cierre de las librerías prescindibles pues aquí la gente no lee.

    En Inglaterra, las librerías particulares son de segunda mano o muy especializadas (estas las que menos y en una gran urbe como Londres). Pero, aunque la senguda mano ya empieza a hacerse popular en España, no existe una cultura que realmente haga viable este modelo con lo cual estamos “condenados” a la especialización y a la aportación a la comunidad.

  6. También estoy de acuerdo con las ideas planteadas por todos, el asunto que queda pendiente es que los libreros y los editores, fundamentalmente, estén de acuerdo con estos planteamientos y puedan aplicarlos. Más allá de que la realidad de cada mercado pueda tener sus particularidades -Uruguay, por ejemplo, tiene tan solo tres millones y medio de habitantes-, no queda la menor duda de que las editoriales deben preocuparse porque las librerías físicas sigan existiendo; el dejarse llevar por el tropo de la “sustitución”, como dice Geoffrey Nunberg (El futuro del libro. ¿Esto matará eso? ) no ayudará en nada. Respecto a lo que forma parte del negocio y a lo que no, me resultan interesantes las observaciones de Brett Sandusky, quien considera que parte del problema para conocer a nuevos autores y nuevos títulos tiene que ver con una enorme oferta editorial y que aumentar la cantidad de información respecto a esta solo contribuirá a disminuir el potencial de descubrimiento de las novedades, así que la mejor estrategia es mantener una relación personal con los lectores, la cual es imposible de ser emulada por un algoritmo.

  7. Hola a tod@s. Yo tampoco quiero un mundo sin librerías¡¡¡ Dicho esto, quisiera apuntar algunas ideas a partir de experiencias propias vividas desde dentro y desde fuera del negocio de las librerías.
    Por un lado, es completamente cierto que o se reinventan las librerías en la línea apuntada, o su futuro es dudoso. Lamentablemente los buenos ejemplos mencionados son aún escasos, y predominan los casos de inmovilismo, como queriendo negar un futuro que está cerca (la digitalización por lo menos parcial o complementaria). Las “librerías de verdad” son esas con olor a libro, regentadas por amantes de los libros y de sus clientes, y que saben sus gustos y les pueden recomendar y prescribir…¿pero cuantas podemos encontrar de estas?. Lamentablemente cada vez menos, porque el trabajo de estar al frente de una librería y pretender que sea un negocio, es un reto muy exigente. Y conseguir crear un equipo humano que permita transmitir esos valores hacia los libros y los clientes, y dejar tiempo para conocer la ingente cantidad de novedades que se publican, y tener espacio y dinero para poder darles cabida en las estanterías, es aún más difícil. Me gustaría tener una solución mágica, pero aparte de la especialización y oferta de servicios y actividades a los clientes, ya dicho, no se me ocurren muchas más…
    Pero quiero añadir un factor más en esta coctelera: no hemos hecho referencia aún a la importancia que transmitimos a nuestros hijos por la lectura. Si no somos capaces de crear pequeños lectores, de hacer que puedan comparar lo que es leer (en papel o soporte digital) con el resto de grandes competidores (consolas, videojuegos,…), y como padres no asumimos nuestras responsabilidades (y dejamos que los peques hagan lo que es más cómodo para ellos y para nosotros, o sea que jueguen con cualquier maquinita), las librerías dejarán de tener sentido…
    Es cierto, la competencia en forma de otras actividades es feroz, y más cómoda, pero debemos pensar en el futuro, y si no ayudamos a nuestros peques a interesarse por leer (debe haber tiempo para todo…incluso para crear vínculos con nuestros hijos¡¡¡), no les estaremos ayudando a desarrollar sus capacidades cognitivas, no les ayudaremos a que puedan tener un futuro mejor….y a que sigan pudiendo visitar librerías muchos años (allí podrán comprar libros, ebooks, cuentos personalizados, encontrar actividades,….).
    Disculpas por el tocho….pero es que cuando nos ponemos…
    Buenas lecturas a tod@s.

  8. [...] buena voluntad que de posibilidad real. Me refiero en concreto a Manuel Gil, Joaquín Rodríguez o Martín Gómez. ¡Cuidado! No digo que no comparta muchos de los planteamientos que se hacen, sino que me da la [...]

  9. [...] voluntad que de posibilidad real. Me refiero en concreto a Manuel Gil, Joaquín Rodríguez o Martín Gómez. ¡Cuidado! No digo que no comparta muchos de los planteamientos que se hacen, sino que me da la [...]

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