archivo del Mayo, 2013

Martes, Mayo 28, 2013 categorizado bajo literatura británica

no es necesario, no importa

Virginia Woolf comenta en el tercer capítulo de Una habitación propia las diferentes dificultades a las que tienen que enfrentarse los escritores para producir su obra. Tras referirse a la manera como ciertos conflictos internos de los escritores relacionados con el reconocimiento por parte de su medio y con la autoestima pueden estar detrás de la aparición de las confesiones y autobiografías como género, Woolf anota que ‘así se da uno cuenta, gracias a esta abundantísima literatura moderna de confesión y autoanálisis, que escribir una obra genial es casi una proeza de una prodigiosa dificultad. Todo está en contra de la probabilidad de que salga entera e intacta de la mente del escritor. Las circunstancias materiales suelen estar en contra. Los perros ladran; la gente interrumpe; hay que ganar dinero; la salud falla. La notoria indiferencia del mundo acentúa además estas dificultades y las hace más pesadas aún de soportar’*.

 

 

 

 

 

 

Y a renglón seguido Woolf hace la siguiente observación con respecto a la importancia que el entorno social le da a la creación literaria:

 

‘El mundo no le pide a la gente que escriba poemas, novelas, ni libros de Historia; no los necesita. No le importa nada que Flaubert encuentre o no la palabra exacta ni que Carlyle verifique escrupulosamente tal o cual hecho. Naturalmente, no pagará por lo que no quiere. Y así el escritor —Keats, Flaubert, Carlyle— sufre, sobre todo durante los años creadores de la juventud, toda clase de perturbaciones y desalientos’.

 

Lo que dice Woolf en este fragmento con respecto a los escritores hoy en día podría hacerse extensivo a un largo listado de oficios y profesiones a los que según parece nuestro medio social les otorga un valor y un reconocimiento bajísimos: desde los creadores de cualquier disciplina artística hasta los profesores e investigadores de las más variadas áreas de estudio, pasando por los trabajadores de la salud.

 

¿Como sociedad consideramos que el trabajo de quienes desempeñan tal o cual oficio es vital, indispensable, fundamental, primordial, importante, pertinente, relevante, accesorio, secundario, innecesario, prescindible, banal, insustancial, etc.?

 

En la respuesta a esta pregunta podemos encontrar pistas para determinar el valor y el reconocimiento que se le atribuye socialmente a cualquier oficio o actividad. La respuesta nos dice muchas cosas con respecto a nuestra sociedad: ¿cómo se concibe a sí misma? ¿qué espera de sus miembros? ¿hacia dónde quiere ir? ¿de qué medios se valdrá y qué camino tomará para llegar allí?

 

A veces tengo la sensación de que con la crisis cada vez son más los quehaceres que han perdido parcial o totalmente el valor y el reconocimiento que llegaron a tener en tiempos de bonanza. Me pregunto si la crisis está haciendo que el nuestro se convierta en un medio cada vez más excluyente en el que cientos de miles de personas no están encontrando su lugar —y el contador sigue marcando—.

 

 

 

En el discurso que se está construyendo en torno a la crisis se habla sobre todo del componente económico de ésta porque es el más inmediato y plausible debido a que se manifiesta en hechos de amplia y profunda repercusión en el sector público, en la empresa privada y en la vida de las personas: destrucción de empleo, pérdida de poder adquisitivo, crecimiento de la pobreza, recortes, etc. Pero en este discurso se habla poco del componente cultural —y moral, añadirían algunos como Hernán Casciari de Orsai— de la crisis, que está asociado tanto a un sistema de valores como a la mentalidad y a las prácticas que se derivan de él.

 

Quizás como señala Woolf el mundo no necesite ‘gente que escriba poemas, novelas, ni libros de Historia’ pero seguramente el trabajo de quienes se dedican a esta actividad y a muchas otras nos servirán no sólo como individuos sino también como sociedad para conocernos mejor, para enriquecer nuestra visión de las cosas y para ampliar nuestras perspectivas.

 

* nota: tomado de Una habitación propia, de Virginia Woolf. Seix Barral, 2008 (traducción de Laura Pujol).

Jueves, Mayo 23, 2013 categorizado bajo contenidos digitales, e-book, precio, ventas de libros

¿crecerán las ventas de e-books si se aplica un modelo low cost?

El pasado jueves 16 de mayo en lainformacion.com apareció el interesante artículo “Amazon lanza un pulso a los editores: bajad a 8 euros los `e-books´ para que el mercado sea rentable” cuyo autor es David González, de aviondepapel.tv.

 

Acerca de la posición de Amazon con respecto tanto a los precios de los e-books como a la presión que la compañía ejerce sobre los editores para que manejen esta variable de acuerdo con sus lineamientos dice David en su artículo:

 

‘Cada vez que entra en un país, su mantra, en contra del repetido por los editores españoles, es siempre el mismo: bajad, bajad y bajad los precios.

 

En los últimos tres años, la plataforma de comercio electrónico lo ha conseguido presionando a las editoriales españolas. No en vano, si revisamos los históricos, hoy un e-book puede costar casi el 30% menos que cuando desembarcó en nuestro país Amazon.

 

Sin embargo, aún no es suficiente. Amazon quiere que los editores, los agentes literarios y los autores apuesten por taladrar el suelo de los 10 euros’.

 

Y, claro, quien hoy dice que el precio máximo de los e-books debería ser 8 euros más adelante podría decir que más bien habría de ser 6, 3 o 1.

 

 

 

 

El reclamo de Amazon puede tener sentido aunque sólo hasta cierto punto porque una reducción excesiva del precio puede llevar a una degradación del valor percibido de los e-books y, por lo tanto, a la devaluación de éstos. Si para incentivar el crecimiento de un mercado una industria vende determinados bienes y servicios a unos precios muy bajos, ¿cómo hará para convencer al consumidor de que pague por éstos más de lo establecido inicialmente cuando la demanda alcance la suficiente masa crítica? Ofrecer e-books gratuitamente o venderlos a un precio inferior a 1,99 euros es razonable en el caso tanto de obras autopublicadas como de ciertos títulos publicados por editoriales establecidas —en el segundo caso las razones para optar por este límite pueden ser muy diversas y dependen básicamente de los objetivos que se tengan en materia de promoción, posicionamiento, ventas y recuperación de la inversión—.

 

¿Aparte de Amazon qué empresa puede darse el lujo de vender a pérdida durante años para incentivar el crecimiento de un mercado, convertirse en su líder y alcanzar una posición dominante en él? Es indudable que Amazon ha jugado un papel fundamental en el desarrollo del mercado de los e-books y en el aumento tanto de la demanda como de la penetración de éstos pero también es verdad que la manera como esta compañía ha jugado sus cartas para conseguir este objetivo en cierta medida puede terminar resultando perjudicial para el sector en su conjunto.

 

En fin, comparto con Manuel Gil la premisa de que “sin precios bajos no hay consumo” —sobre todo en momentos de crisis económica como éste—. Sin embargo, no creo que la solución para el crecimiento del mercado de los e-books consista en aplicar modelos de precio como el 1X1 de McDonald’s, la Euromanía de 100 Montaditos o la venta de San Miguel a 1 euro que abunda en ciertas zonas de Barcelona.

 

 

 

 

El precio de venta al público de los e-books debe permitir cubrir los costes de producción y dejarle al menos un pequeño margen a cada uno de los actores involucrados en el proceso de su puesta a disposición en el mercado. De ahí la importancia que tiene en este momento para la industria editorial reinventar sus modelos de producción y de negocio así como optimizar al máximo el uso de los recursos que tiene a su disposición. Si para que cada actor de la cadena de valor pueda llevarse su margen por pequeño que sea es necesario que los e-books se vendan a precios astronómicos, hay algo que la indutria no está haciendo bien. Los precios de venta al público de los e-books deben ajustarse tanto al poder adquisitivo como a las expectativas del consumidor y permitir no sólo que los costes de producción se cubran, sino también que quienes hacen posible que el producto sea accesible cobren lo que les corresponde por su intervención en este proceso.

 

La puesta a disposición de un e-book en óptimas condiciones técnicas supone unos costes que si el producto se vende a un precio muy bajo sólo pueden cubrirse vendiendo decenas de miles de descargas de archivos. Basándose en las carácterísticas de su modelo de acceso a los contenidos 24symbols se apuntó un gran acierto al contruir su marca argumentando ser “el Spotify de los libros”. ¿Alguna editorial o plataforma de venta de e-books se atrevería a darle una vuelta de tuerca al branding para construir su marca vendiéndose como “el Ryanair de los libros” a partir de una estrategia que consistiera en ofrecerle al consumidor un catálogo low cost de calidad cuestionable como los productos y/o servicios que ofrece la aerolínea irlandesa?

 

 

 

 

 

En España cada vez son más los editores que desde hace un tiempo están haciendo experimentos con el precio de venta al público de los e-books. Según me han dicho algunos editores con los que he tenido la oportunidad de comentar los resultados de sus experiencias con la variación del precio de los e-books a lo largo del tiempo —una práctica conocida como la aplicación de precios dinámicos— y/o con la realización de promociones agresivas en momentos puntuales, actualmente no tienen del todo claro qué estrategias funcionan pero por lo menos han podido identificar algunas que no funcionan. Está claro que una cosa es bajar en un momento dado los precios de determinados productos con motivo de una promoción y que otra muy distinta es tirarlos por los suelos de manera permanente.

 

Justo mientras escribía esta entrada David publicó en lainformacion.com otro artículo relacionado con este tema cuyo título es “Si juegas con el precio de tu `e-book´, llegarás a la lista de los 10 títulos más vendidos”. Este artículo cuyo título puede resultar engañoso sugiere varias ideas interesantes, por lo que recomiendo su lectura.

 

Para comprender la cuestión del precio de los e-books en sus distintas dimensiones y estar al tanto de su evolución recomiendo leer los aportes que con respecto al tema hacen Mike Shatzkin, Joe WikertManuel Gil y Anatomía de la edición así como los informes analíticos que cada martes publica Digital Book World sobre los títulos más vendidos en formato digital en Estados Unidos.

 

Con respecto a los diferentes temas que abordo aquí también recomiendo la lectura de las siguientes entradas:

 

“La mercadonarización del libro” y “Sin precios bajos no hay consumo”, de Manuel Gil

“¿Debemos macdonalizar la edición?”, de Bernat Ruiz Domènech

 

 

 

 

Antes de terminar considero necesario destacar que en 2008 ya Manuel Gil y Javier Jiménez estaban analizando la aparición de la tendencia low cost en la edición como puede constatarse en El nuevo paradigma del sector del libro —el título con el que Trama editorial inauguró en octubre de ese año su estupenda colección Tipos móviles—.

descenso a los infiernos de los saldos de libros

El pabellón de descuentos de la Panamericana siempre me ha parecido uno de los espacios más interesantes y singulares de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo). Se trata de un espacio de al menos mil metros cuadrados dedicado básicamente al saldo de libros.

 

 

 

 

Una de las particularidades del pabellón de descuentos de la Panamericana es que allí se saldan distintos tipos de libros que ya han cumplido su ciclo en el circuito comercial del canal librerías. Debido a lo anterior este pabellón de la FILBo —a diferencia de casi todos los demás— cuenta con una oferta significativamente distinta de la existente en las librerías de la ciudad y en la que las novedades ocupan un lugar mínimo. En síntesis, quien vaya al pabellón de descuentos de la Panamericana se encontrará con pilas de ejemplares de libros que ya no forman parte del catálogo de títulos vivos del mercado, que ya están fuera de circulación o que hoy en día circulan muy poco.

 

 

 

 

El colombiano es un mercado bastante sensible al precio y en él los libros tienden a ser caros. Es por esto que en un punto de venta como el pabellón de descuentos de la Panamericana el precio bajo actúa como un factor diferencial que incita y favorece la compra por impulso. De los libros que se venden en el pabellón de descuentos de la Panamericana, ¿cuántos son necesarios, relevantes, pertinentes o imprescindibles para quien los compra? ¿En qué medida el reclamo del precio bajo lleva al cliente a comprar irreflexivamente? ¿Hasta dónde el precio bajo distorsiona el valor del libro e introduce un sesgo en el criterio del comprador, llevándolo a tomar sus decisiones de compra de una manera más bien irracional?

 

 

 

 

Como se ve en las imágenes que ilustran esta entrada, la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana es amplia y variada —ojo, no se trata solamente de libros cuyo valor es escaso o nulo—: en ella hay libros cuya publicación hace unos años despertó una gran expectativa, que en su momento vendieron miles de ejemplares, que fueron bien recibidos por la crítica y/o por el público, que ganaron premios literarios de las más diversas naturalezas, cuyos autores son figuras reconocidas o llegaron a ser considerados futuras promesas, que ocupan un lugar central en la tradición literaria o en el campo del conocimiento a los que pertenecen, que marcaron un hito en la evolución de éstos o que tuvieron sus quince minutos de gloria.

 

Y luego hay un montón de libros que en este momento no tienen mayor valor o carecen de interés bien sea porque su contenido caducó al poco tiempo de salir al mercado o bien porque nunca tuvieron ni lo uno ni lo otro.

 

 

 

 

Quizás el grueso de la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana no tenga mayor interés para una parte importante del público. Sin embargo, es altamente probable que muchos lectores cuyos intereses específicos están muy bien definidos ocasionalmente encuentren a un precio irrisorio algún libro que consideren una joya. En este sentido el pabellón de descuentos de la Panamericana es un lugar al que de vez en cuando vale la pena ir de caza —debo advertir de antemano que si no se tiene algo de paciencia, es necesario armarse previamente de una buena dosis de ella—.

 

 

 

 

Hay varios aspectos sobre los que quisiera llamar la atención con respecto a los saldos de libros que desde hace años se realizan tanto en el pabellón de descuentos de la Panamericana como en algunos locales que esta cadena de librerías y papelerías tiene en distintos puntos de la ciudad:

 

– ponen en evidencia la sobreproducción de títulos que durante los últimos años ha caracterizado la evolución de la industria editorial española.

– demuestran la incapacidad del mercado de absorber la oferta tanto de títulos como de ejemplares producidos por la industria editorial.

– les permiten a las editoriales deshacerse de stocks cuyo mantenimiento genera unos costes enormes por concepto de gestión de inventarios, de almacenamiento y de transporte —por lo que si no saldan los libros les resulta más conveniente destruírlos que conservarlos para seguir intentando venderlos (con respecto a este tema recomiendo leer la entrada “¿Por qué las editoriales destruyen libros?”, de Mariana Eguaras)—.

– dan cuenta de la creciente velocidad a la que las novedades editoriales rotan y pierden valor tanto comercial como simbólico, sobre todo si se tiene en cuenta que cada vez los títulos que se saldan llevan menos tiempo en el mercado —aquí no me refiero sólo a libros de actualidad o a manuales prácticos cuyos contenidos caducan rápidamente—.

– confirman que una gran parte de la producción de la industria editorial española que no se vende en España termina saldándose en el mercado latinoamericano —que en estos tiempos de crisis parece empezar a cobrar una importancia estratégica para los editores ibéricos—.

– al darles una segunda vida a aquellos libros que pueden tenerla terminan permitiendo y/o propiciando el encuentro entre éstos y sus lectores.

 

 

 

 

 

Hay un aspecto que desde un punto de vista práctico puede carecer de interés pero que personalmente me resulta apasionante, por lo que merece una mención aparte: la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana tiene un gran valor desde un punto de vista arqueológico e historiográfico.

 

En las mesas y en las estanterías de este “salón de promociones” hay un testimonio valiosísimo de la historia reciente de la producción de la industria editorial hispanohablante. Los miles de libros que se apilan allí están contando la evolución tanto de las líneas editoriales como de la imagen de marca de un montón de sellos y colecciones —mientras que algunos de ellos han sufrido los procesos de fusiones y adquisiciones a través de los cuales se han conformado los grandes grupos tal y como los conocemos hoy en día, otros directamente han desaparecido—. La selección de estos libros también puede ser un indicador que insinúa el valor que la industria, las instancias prescriptoras, el mercado y los lectores les dan a un conjunto de autores y obras, a ciertas ediciones de éstas y a una parte del catálogo de algunas editoriales.

 

 

 

 

Al parecer la Panamericana no sólo tiene la capacidad de asumir los costes que generan la gestión de inventarios, el almacenamiento y el transporte de estos libros de saldo, sino que además lleva años haciendo un negocio bastante rentable al venderlos a unos precios bajísimos. En el pabellón de descuentos de la Panamericana de la última FILBo yo compré tres libros:

 

Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza (Seix Barral). Precio de compra: $ 6.000 / 2,5 euros; precio en la Librería Lerner: $ 45.000 / 18,8 euros.

¡Ánimo, Wilt!, de Tom Sharpe (Anagrama). Precio de compra: $ 8.000 / 3,3 euros (no está en librerías).

El seminarista, de Rubem Fonseca (Norma). Precio de compra: $ 12.000 / 5 euros; precio en la Librería Lerner: $ 39.000 / 16,3 euros.

 

 

 

 

La oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana de la FILBo pone en evidencia que para el conjunto de la industria editorial, para las ferias del libro y para los lectores hoy en día hay vida más allá de las novedades y de los canales de venta convencionales.

 

Me pregunto si con el crecimiento de lo digital a futuro el mercado de los saldos tenderá a decrecer paulatinamente y a volverse marginal o residual.

el bookcamp III de kosmopolis 2013: algunas impresiones

En el marco del festival Kosmopolis 2013 que fue organizado por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) los pasados viernes 15 y 16 de marzo se celebró el BookCamp III, en el que participé en distintas mesas redondas de presentación de casos en relación con los nichos en la edición, la literatura infantil, las posibilidades de lo digital y la situación actual de las librerías. Esta experiencia en el BookCamp III fue riquísima porque en las conversaciones que tuvieron lugar en las mesas redondas tuve la oportunidad no sólo de descubrir distintos proyectos emergentes en el campo de la edición, sino también de conocer tanto la evolución de iniciativas que tienen una trayectoria más larga como las posiciones de sus responsables con respecto a los temas que se abordaron allí.

 

 

 

Bookcamp Kosmopolis’13 (C) CCCB. Foto: Carlos Cazurro, 2013

 

Entre las cosas que pude observar en las mesas redondas de presentación de casos del BookCamp III, las que más me llamaron la atención son las siguientes:

 

– la gran cantidad de iniciativas de emprendimiento que desde hace un tiempo vienen surgiendo en el campo de la gestión de contenidos dentro del sector editorial, alrededor suyo y/o relacionadas con él.

– la participación en la puesta en marcha de estas iniciativas de profesionales que aportan diferentes conocimientos y competencias que se derivan de su experiencia en diversos sectores.

– el surgimiento de iniciativas en el interior de estructuras pequeñas que tienen unos costes fijos mínimos y que no necesariamente encuentran en la escasez de recursos o en la falta de un modelo de negocio claro una fuente de limitaciones para su desarrollo.

– la enorme variedad de iniciativas nativas digitales o híbridas en las que lo análogico es un factor bien sea secundario o bien marginal.

– la importancia que los gestores de estas iniciativas le dan a la colaboración para desarrollar herramientas, acciones o campañas de manera conjunta mediante la agregación de los recursos, de los conocimientos y del know-how que cada uno tiene a su disposición.

– la percepción de que a pesar de las dificultades existentes actualmente no todo está perdido para las librerías tradicionales que al tener un cierto nivel de especialización, al prestar diferentes servicios con un alto valor agregado y al jugar un rol de dinamización cultural en su entorno han conseguido no sólo convertirse en una referencia en sus respectivos segmentos y ámbitos de acción sino también fidelizar al menos a una parte de su clientela.

 

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Vale la pena hacerle seguimiento tanto a la emergencia de nuevas iniciativas en el ámbito de la edición, del libro y de los contenidos en general como a la evolución de las ya existentes que tienen una trayectoria más larga. Y al ser un punto de encuentro y de intercambio de experiencias el BookCamp es un escenario propicio para que los gestores de estas iniciativas las den a conocer y entren en contacto tanto con otros actores del sector como con sus públicos reales y potenciales.