descenso a los infiernos de los saldos de libros

El pabellón de descuentos de la Panamericana siempre me ha parecido uno de los espacios más interesantes y singulares de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo). Se trata de un espacio de al menos mil metros cuadrados dedicado básicamente al saldo de libros.

 

 

 

 

Una de las particularidades del pabellón de descuentos de la Panamericana es que allí se saldan distintos tipos de libros que ya han cumplido su ciclo en el circuito comercial del canal librerías. Debido a lo anterior este pabellón de la FILBo —a diferencia de casi todos los demás— cuenta con una oferta significativamente distinta de la existente en las librerías de la ciudad y en la que las novedades ocupan un lugar mínimo. En síntesis, quien vaya al pabellón de descuentos de la Panamericana se encontrará con pilas de ejemplares de libros que ya no forman parte del catálogo de títulos vivos del mercado, que ya están fuera de circulación o que hoy en día circulan muy poco.

 

 

 

 

El colombiano es un mercado bastante sensible al precio y en él los libros tienden a ser caros. Es por esto que en un punto de venta como el pabellón de descuentos de la Panamericana el precio bajo actúa como un factor diferencial que incita y favorece la compra por impulso. De los libros que se venden en el pabellón de descuentos de la Panamericana, ¿cuántos son necesarios, relevantes, pertinentes o imprescindibles para quien los compra? ¿En qué medida el reclamo del precio bajo lleva al cliente a comprar irreflexivamente? ¿Hasta dónde el precio bajo distorsiona el valor del libro e introduce un sesgo en el criterio del comprador, llevándolo a tomar sus decisiones de compra de una manera más bien irracional?

 

 

 

 

Como se ve en las imágenes que ilustran esta entrada, la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana es amplia y variada —ojo, no se trata solamente de libros cuyo valor es escaso o nulo—: en ella hay libros cuya publicación hace unos años despertó una gran expectativa, que en su momento vendieron miles de ejemplares, que fueron bien recibidos por la crítica y/o por el público, que ganaron premios literarios de las más diversas naturalezas, cuyos autores son figuras reconocidas o llegaron a ser considerados futuras promesas, que ocupan un lugar central en la tradición literaria o en el campo del conocimiento a los que pertenecen, que marcaron un hito en la evolución de éstos o que tuvieron sus quince minutos de gloria.

 

Y luego hay un montón de libros que en este momento no tienen mayor valor o carecen de interés bien sea porque su contenido caducó al poco tiempo de salir al mercado o bien porque nunca tuvieron ni lo uno ni lo otro.

 

 

 

 

Quizás el grueso de la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana no tenga mayor interés para una parte importante del público. Sin embargo, es altamente probable que muchos lectores cuyos intereses específicos están muy bien definidos ocasionalmente encuentren a un precio irrisorio algún libro que consideren una joya. En este sentido el pabellón de descuentos de la Panamericana es un lugar al que de vez en cuando vale la pena ir de caza —debo advertir de antemano que si no se tiene algo de paciencia, es necesario armarse previamente de una buena dosis de ella—.

 

 

 

 

Hay varios aspectos sobre los que quisiera llamar la atención con respecto a los saldos de libros que desde hace años se realizan tanto en el pabellón de descuentos de la Panamericana como en algunos locales que esta cadena de librerías y papelerías tiene en distintos puntos de la ciudad:

 

– ponen en evidencia la sobreproducción de títulos que durante los últimos años ha caracterizado la evolución de la industria editorial española.

– demuestran la incapacidad del mercado de absorber la oferta tanto de títulos como de ejemplares producidos por la industria editorial.

– les permiten a las editoriales deshacerse de stocks cuyo mantenimiento genera unos costes enormes por concepto de gestión de inventarios, de almacenamiento y de transporte —por lo que si no saldan los libros les resulta más conveniente destruírlos que conservarlos para seguir intentando venderlos (con respecto a este tema recomiendo leer la entrada “¿Por qué las editoriales destruyen libros?”, de Mariana Eguaras)—.

– dan cuenta de la creciente velocidad a la que las novedades editoriales rotan y pierden valor tanto comercial como simbólico, sobre todo si se tiene en cuenta que cada vez los títulos que se saldan llevan menos tiempo en el mercado —aquí no me refiero sólo a libros de actualidad o a manuales prácticos cuyos contenidos caducan rápidamente—.

– confirman que una gran parte de la producción de la industria editorial española que no se vende en España termina saldándose en el mercado latinoamericano —que en estos tiempos de crisis parece empezar a cobrar una importancia estratégica para los editores ibéricos—.

– al darles una segunda vida a aquellos libros que pueden tenerla terminan permitiendo y/o propiciando el encuentro entre éstos y sus lectores.

 

 

 

 

 

Hay un aspecto que desde un punto de vista práctico puede carecer de interés pero que personalmente me resulta apasionante, por lo que merece una mención aparte: la oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana tiene un gran valor desde un punto de vista arqueológico e historiográfico.

 

En las mesas y en las estanterías de este “salón de promociones” hay un testimonio valiosísimo de la historia reciente de la producción de la industria editorial hispanohablante. Los miles de libros que se apilan allí están contando la evolución tanto de las líneas editoriales como de la imagen de marca de un montón de sellos y colecciones —mientras que algunos de ellos han sufrido los procesos de fusiones y adquisiciones a través de los cuales se han conformado los grandes grupos tal y como los conocemos hoy en día, otros directamente han desaparecido—. La selección de estos libros también puede ser un indicador que insinúa el valor que la industria, las instancias prescriptoras, el mercado y los lectores les dan a un conjunto de autores y obras, a ciertas ediciones de éstas y a una parte del catálogo de algunas editoriales.

 

 

 

 

Al parecer la Panamericana no sólo tiene la capacidad de asumir los costes que generan la gestión de inventarios, el almacenamiento y el transporte de estos libros de saldo, sino que además lleva años haciendo un negocio bastante rentable al venderlos a unos precios bajísimos. En el pabellón de descuentos de la Panamericana de la última FILBo yo compré tres libros:

 

Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza (Seix Barral). Precio de compra: $ 6.000 / 2,5 euros; precio en la Librería Lerner: $ 45.000 / 18,8 euros.

¡Ánimo, Wilt!, de Tom Sharpe (Anagrama). Precio de compra: $ 8.000 / 3,3 euros (no está en librerías).

El seminarista, de Rubem Fonseca (Norma). Precio de compra: $ 12.000 / 5 euros; precio en la Librería Lerner: $ 39.000 / 16,3 euros.

 

 

 

 

La oferta del pabellón de descuentos de la Panamericana de la FILBo pone en evidencia que para el conjunto de la industria editorial, para las ferias del libro y para los lectores hoy en día hay vida más allá de las novedades y de los canales de venta convencionales.

 

Me pregunto si con el crecimiento de lo digital a futuro el mercado de los saldos tenderá a decrecer paulatinamente y a volverse marginal o residual.

9 comentarios para “descenso a los infiernos de los saldos de libros”

  1. Bernat Ruiz dice:

    Felicidades Martín! Sabroso y nutritivo artículo. Se me ha encendido alguna que otra bombilla.

  2. ¡Gracias, Bernat, me alegra conocer tu opinión!

    Ya me comentarás qué bombillas se te han encendido…

  3. Manuel Gil dice:

    Querido Martin,
    Completamente de acuerdo con lo que dices en tu post, y añado una cuestión que no si se te ha olvidado o la dejas para un post posterior: en el pabellon de edición internacional hay stands de distribuidores específicos de saldo de sus editoriales en distribucion, al margen del stand de novedades. El problema general: la desmesura de una maquinaria editorial con serios problemas estructurales y funcionales.

  4. ¡Manuel, tienes toda la razón, gracias por la observación!

    Recuerdo haber visto que en stands paralelos al oficial (en el que presentaban las novedades) Penta y algún otro distribuidor estaban saldando libros de algunos de los sellos que distribuyen a precios irrisorios y que incluso tenían packs de libros armados con ofertas tipo”pague 3 y lleve 4″ o “lleve uno por $ 8.000 y 3 por $ 20.000”.

    Realidades como ésta dan cuenta de la magnitud del problema del sistema de producción de este sector, que por el bien de todos espero que esté tomando medidas correctivas en lugar de continuar con la huída hacia adelante.

    Abrazos.
    Martín.

  5. Andrés Delgado Darnalt dice:

    Creo que habrá un momento en que muchos de aquellos libros exhibidos en el stand de Panamericana terminarán siendo destruidos. Eventualmente, ante tantas opciones, el lector sagaz, instruido y que ve más allá de lo evidente preferirá ir a los stands de la editoriales con novedades. El libro no es sólo lectura pasiva, es conexión con quienes nos rodean, y el simple hecho de conectar con el otro a través de una novela común, reciente, de importancia o renombre o validez actual, primará sobre lo viejo, lo “outdated”, lo que ya nadie, afortunada o desafortunadamente, lee.

  6. Hacia algún lado tienen que ir a parar tantos libros producidos y con la rotación de títulos algunos tienen una vida corta. Este tipo de pabellones o librerías, como lector, si te tomas tu tiempo, puedes encontrar libros interesantísimos. En la Av. Corrientes de Buenos Aires las librerías de saldo son un clásico y puedes tirarte horas rebuscando libros.
    En la Feria del Libro de Frankfurt hay stands/empresas dedicados exclusivamente a la compra-venta de libros a bajo precio o de saldo, y no son pocos, lo que demuestra el importante negocio que generan los “libros off”. Por cierto, son unos stands de muchos metros cuadrados y algunos de ellos curradísimos, otro indicador más del negocio que hay detrás.
    Gracias por la mención a mi post Martín. Un abrazo

  7. Andrés, estoy de acuerdo en que el libro “es conexión con quienes nos rodean” pero no estoy tan seguro de que las novedades sean lo único que permita conectar con el otro.
    Es probable que muchos de los libros que hay en el pabellón de Panamericana terminen siendo destruidos. Pero si Panamericana no los destruye seguramente es porque hace negocio con ellos aunque hace mucho tiempo hayan dejado de ser novedad.
    Si Panamericana sigue teniendo ese gran pabellón de saldos es porque de alguna manera es rentable y genera ganancias, ¿no crees?
    Seguimos…

  8. 100% de acuerdo contigo, Mariana: si todos esos libros no se venden en su momento en las librerías convencionales (sobre todo si tienen una vida corta), su destino ideal terminan siendo los puntos de venta de saldos en los que siempre te encontrarás alguna joya con un poco de buen ojo, de paciencia y de suerte.
    Algún día tendré que ir a Buenos Aires y a Frankfurt para ver en persona las librerías de saldos de Corrientes y los stands de compra-venta de libros a bajo precio o de remate.
    Tu post sobre la destrucción de libros es una lectura riquísima y fundamental para entender esta industria y su negocio.
    Abrazos de vuelta.
    Martín.

  9. Andrés Delgado Darnalt dice:

    De acuerdo Martín, tu posición es valida (y lo confiesfo, he encontrado joyas allá). En mi posición defiendo al empresario que está dando a conocer sus productos y que está tomando el riesgo de publicar nuevos nombres, nuevas propuestas. Ante un libro de 40.000 de un autor nuevo y uno de 6.000 en Panamericana, quizás el que no tenga dinero preferirá el de 6.000, cosa aceptable. Pero para Panamericana el negocio es simplemente comprar containers y vender a precios baratos que permitan recuperar la inversión. Ahora, el lector sagaz puede comprar de ambas cosas (el de 40.000 y el de 6.000, como tú probablemente lo eres). En el fondo estamos hablando de dos tipos de público (o quizás de varios) en la FILBO: los que miran y meten la mano al bolsillo, los que hacen esto de manera viceversa, y los que hacen ambas cosas. En mi post, si lo lees claramente, no digo que no esté de acuerdo con lo que hace Panamericana: sí eso le da ganancias y les permite publicar, pagar sueldos y darnos más joyas, bienvenido.

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