archivo del Febrero, 2014

Jueves, Febrero 27, 2014 categorizado bajo editores independientes, industria editorial española

la atomización de la edición independiente

Mi cortísima carrera como politólogo consistió en trabajar entre 2001 y 2004 como investigador en Congreso Visible, un proyecto del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes que entonces dirigía Elisabeth Ungar —quien fue una figura fundamental en mi formación universitaria—. En muchas de las investigaciones que se hacían en ese momento en el área de partidos políticos y elecciones aparecían recurrentemente tres temas que están íntimamente relacionados entre sí: la fragmentación de los sistemas de partidos, la atomización de los partidos políticos y la dispersión del voto.

 

Si mal no recuerdo —en caso de que mi explicación sea equivocada, ya me corregirá algún politólogo—, la cosa es más o menos así: la existencia de muchas organizaciones partidistas produce una fragmentación excesiva del espectro político; cuando los partidos políticos se fragmentan hasta alcanzar altos niveles de atomización se convierten en microempresas electorales; y en unas elecciones la existencia de un gran número de alternativas entre las cuales escoger provoca una dispersión del voto. Todo lo anterior dificulta tanto la construcción de consensos como la conformación de mayorías y puede terminar favoreciendo a las agrupaciones que por contar con un gran caudal electoral son más fuertes y perjudicando a las que son más débiles debido a que el tamaño de su base de votantes es menor.

 

 

 

 

 

 

Las indagaciones, las reflexiones y los análisis que hacen los politólogos con respecto a los sistemas de partidos, a los partidos políticos y al comportamiento del voto podrían trasladarse perfectamente al ámbito de la edición. Me explico: dos de las grandes debilidades de la edición independiente son su atomización y su dispersión. El de la pequeña edición independiente es un segmento ampliamente diverso debido a que está conformado por una gran cantidad de editoriales con naturalezas, perfiles, enfoques, objetivos y catálogos muy diferentes. Por ser el ámbito que mejor conozco, en esta entrada me referiré solamente al ámbito de las pequeñas editoriales independientes de carácter literario —aunque supongo que algunas de las cosas que diga puedan hacerse extensivas a otros ámbitos—.

 

Empiezo esta reflexión planteando algunas preguntas: ¿supone la independencia una declaración de principios o es simplemente una condición como cualquier otra? ¿Es posible afirmar que la independencia es un factor de identificación entre los editores independientes? ¿La independencia prima como factor de identificación entre los editores independientes por encima de otras afinidades de carácter estético o ideológico? En fin, ¿los denominados editores independientes se identifican entre sí por su forma de concebir su oficio, su misión y su función o a partir de otros criterios que nada tiene que ver con ninguna de estas cosas?*

 

En principio creo que la existencia de un abanico amplio de propuestas editoriales es bueno para los lectores porque a la hora de seleccionar sus lecturas éstos tienen la posibilidad de escoger entre un gran número de alternativas. Sin embargo, al ver que hay tantas propuestas similares que están explotando los mismos filones me pregunto si en el mercado hay sitio para tantas editoriales que en algunos casos se diferencian muy poco unas de otras y si su existencia es eficiente para el sector en su conjunto.

 

La existencia de muchas propuestas editoriales similares entre las que no es posible identificar claramente el factor de diferenciación puede no sólo generar redundancias y una cierta saturación en el mercado, sino también impedir que el lector reconozca el sello al que pertenecen un título o una colección. Hay lectores para los que el sello actúa como señal de identificación, como fuente de respaldo o como ambas cosas a la vez. Si una editorial y sus competidoras están presentando propuestas que se diferencian muy poco entre sí, ambas están desperdiciando una oportunidad y siendo escasamente competitivas. En síntesis, confunde y perderás.

 

 

 

SATURACIÓN_ESTELAR

 

 

 

Debido a lo anterior considero que para la edición independiente la colaboración puede llegar a ser tan importante como la competencia. Si se toma como punto de partida una estrategia bien articulada, cuando distintas partes suman y consolidan los esfuerzos y recursos que tienen a su disposición pueden usarlos de una manera más óptima y eficiente. Hace unas semanas Aharon Quincoces se refirió justamente a este tema en la entrada “Algunas ideas sobre la consorciación de pequeñas editoriales” que publicó en su blog.

 

Quizás si hubiera vínculos de colaboración y de comunicación más estrechos entre editoriales similares o afines podrían evitarse episodios como el protagonizado por Errata Naturae y Gallo Nero, según reportó el pasado 16 de febrero el artículo “Dos Passos en falso con el tirón de la Gran Guerra”. Está claro que hay cierta información sensible que en algunos momentos es necesario proteger pero también es verdad que en ocasiones el coste de la incomunicación y del secretismo puede ser más alto que el de compartir la idea de llevar a cabo un plan determinado e incluso que el de una filtración.

 

Estoy convencido de que el fortalecimiento de la edición independiente necesariamente pasa por la acción colectiva. Entre las iniciativas que creo que podrían poner en marcha los editores independientes para contrarrestar sus debilidades y fortalecerse no sólo como actores individuales sino también como segmento se me ocurren las siguientes:

 

– apostar por el asociacionismo mediante la creación de agrupaciones de editores que tienen afinidades entre sí con el propósito de promover acciones conjuntas en distintos campos: Contexto, Edinar, Editores de ChileLlegir en Català, la Red de editoriales independientes colombianas (Reic) o La Ruta de la Independencia.

– crear bien sea dentro de las instancias gremiales o bien por fuera de ellas grupos de trabajo en torno a problemas y necesidades particulares con el objetivo de defender los intereses de los editores independientes de cara a otros actores del sector del libro, a las instancias públicas o a los nuevos players —una necesidad sobre la que Manuel Gil viene llamando la atención insistentemente desde hace tiempo—.

– considerar la posibilidad de hacer fusiones entre editoriales afines que al explotar filones diferentes y al dirigirse a nichos distintos pueden complementarse mutuamente con el propósito de gestionar ciertos procesos de una manera más eficiente y de desarrollar proyectos de mayor alcance que fortalezcan tanto su estructura como su posición en el mercado —por ejemplo, en el ámbito de la edición en catalán el 26 de junio de 2012 se anunció la fusión entre Angle y Cossetània que dio origen a 9 Grup Editorial—.

 

 

 

 

 

 

Una última consideración en relación con lo anterior: la puesta en marcha de nuevos proyectos editoriales no necesariamente pasa por la creación de nuevas estructuras. Montar una editorial no es la única vía —y a menudo no es la más eficiente— para desarrollar un proyecto de edición nuevo. Al fin y al cabo si se tiene en mente un nuevo proyecto en el campo de la edición siempre es posible explorar la posibilidad de que alguna editorial con la que se tenga algún tipo de afinidad apueste por él y lo acoja, aportando la experiencia, la experticia y los recursos que tiene a su disposición para hacer posible su desarrollo. Quizás el carácter marcadamente personalista de la edición independiente sea una dificultad para actuar en esta línea. En el ámbito de la edición independiente a menudo quien dice editorial X o Y dice el editor Fulano o Zutano —lo cual según como se mire puede ser una fortaleza y una debilidad a la vez—.

 

Cada vez que me entero de la creación de una nueva editorial independiente en España me hago dos preguntas: en primer lugar, ¿es necesaria esa nueva editorial?; y, luego, ¿es la creación de esta nueva editorial la opción más eficiente para poner en marcha un nuevo proyecto en el campo de la edición? Obviamente la respuesta a estas dos preguntas sólo puede obtenerse al cabo de un tiempo, una vez la propuesta de la editorial haya empezado a materializarse y cuando pueda hacerse un balance de la respuesta de los libreros, de los comentaristas y de los lectores frente a ésta. Afortunadamente mis respuestas a estas dos preguntas son bastante variadas según el caso de cada editorial que he visto aparecer durante los últimos años.

 

Antes de terminar quisiera llamar la atención sobre un detalle: quien examine con cuidado el apartado “h. editoriales (es)” de la sección de enlaces de [ el ojo fisgón ] que se encuentra en el extremo lateral derecho podrá constatar que algunas de las editoriales independientes que surgieron en España durante la última década o han desaparecido o llevan un buen tiempo sin publicar novedades —me pregunto si cerraron o si se encuentran temporalmente en cese de actividades—. Supongo que bajo las condiciones actuales el cierre de algunas editoriales independientes o las dificultades a las que se enfrentan muchas de las que sobreviven pueden tener que ver con la conjunción de varios factores: la contracción del consumo como consecuencia de la crisis económica, el aumento de las devoluciones, su descapitalización y la de muchas librerías, la quiebra de algunas distribuidoras, los recortes tanto de las subvenciones a la edición como de las compras de las bibliotecas públicas, la incipiente emergencia de lo digital, los cambios en los hábitos de consumo de contenidos, etc.

 

nota: desde hace un tiempo tengo la impresión de que por más que la proclamen como condición esencial de su existencia, convicción, compromiso o militancia, para ciertos editores a menudo la independencia no es más que una etiqueta o un eslogan claramente efectista. Es muy sugestivo el hecho de que en algunos de los discursos sobre la independencia que resultan más seductores y eficaces con frecuencia se haga un mayor énfasis en el status asociado a la etiqueta que en su contenido mismo. Dicho esto recomiendo leer los testimonios recogidos en el artículo “Esta burbuja no es tan grave; que hablamos de libros, no de hipotecas”, en el que Karina Sainz Borgo da cuenta de lo que se dijo en la primera sesión de las jornadas Protagonistas de la Cultura que organiza el espacio Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

Miércoles, Febrero 12, 2014 categorizado bajo contenidos digitales, gamificación, industria editorial, videojuegos

lectura y candy crush

La irrupción en nuestras vidas cotidianas de los teléfonos inteligentes y de las tabletas tiene unas repercusiones tremendas en la gestión de la economía de la atención. Basta con echarle un vistazo a lo que pasa actualmente en un autobús, en un bar, en una sala de espera, en un aula de clases o en el salón de una casa donde viven varias personas. Utilizamos nuestros dispositivos móviles para comunicamos, trabajar, comprar, consultar información, producir y consumir contenidos o jugar.

 

Desde que tengo memoria he visto algunas transformaciones importantes en los tipos de contenidos a los que tenemos acceso y en las formas de acceder a ellos gracias a la llegada de los reproductores caseros de vídeo, de Internet —a través primero de ordenadores y luego de dispositivos móviles— y del streaming en lo audiovisual. Éstos son sólo algunos de los hitos que en los últimos años han marcado fuertes cambios en el mix de contenidos que consumimos. Hoy en día los distintos tipos de contenidos que consumimos compiten por captar nuestra atención. Y también hay una fuerte competencia entre las diferentes formas de acceder a esos contenidos. Lo curioso es que debido a nuestra capacidad de hacer varias cosas a la vez —conocida como multitasking o multitarea—, a menudo consumimos diversos tipos de contenidos de manera simultánea.

 

 

 

 

 

 

Dicho lo anterior, me pregunto qué capacidad tiene actualmente la lectura inmersiva de competir con las otras formas de consumo de contenidos —muchas de las cuales pueden disfrutarse tanto socialmente como en solitario a través de dispositivos multitarea—. Con frecuencia se tiende a creer que experiencias como ver una serie de televisión o jugar un videojuego para dispositivos móviles resultan menos exigentes, son más efímeras y ofrecen una gratificación más inmediata que la lectura. Supongo que los argumentos para validar o rechazar esta creencia tendrían que tener en cuenta aspectos como las características de los contenidos y los procesos cognitivos de los que es necesario echar mano para consumirlos.

 

A partir de lo que veo en mi entorno, sospecho que en este momento la lectura inmersiva podría estar perdiendo la batalla frente al consumo de otros tipos de contenidos —lo cual no significa que tenga absolutamente perdida la guerra—. Hay un número creciente de actividades asociadas al consumo de contenidos que vienen quitándole a la lectura inmersiva el lugar que alguna vez ocupó y que quizás difícilmente podrá volver a ocupar. A través de la televisión, las consolas de videojuegos, los ordenadores y los dispositivos móviles estamos accediendo a diferentes tipos de contenidos que podríamos decir que nos alejan de la lectura inmersiva. Sin embargo, dicen que debido a la gran cantidad de contenidos escritos que se están produciendo en la era de Internet nunca se había leído tanto como en los últimos años.

 

 

 

 

 

 

Es probable que para la industria editorial todo esto signifique menos libros leídos e incluso vendidos. Ya estábamos acostumbrados a repartir nuestro mix de consumo de contenidos entre las publicaciones impresas, la radio y los equipos de sonido, la televisión, las consolas de videojuegos y los ordenadores —casi siempre conectados a Internet desde hace unos años—. Gracias a los dispositivos móviles hoy en día podemos estar conectados de manera permanente y consumir contenidos en todo momento y lugar.

 

Examinemos, por ejemplo, el caso de los videojuegos para dispositivos móviles, que al igual que las redes sociales y algunas herramientas de comunicación acaparan una parte cada vez mayor de la atención y del tiempo que hasta hace poco algunas personas dedicaban de cuando en cuando a la lectura —el momento del café, los ratos de espera, los viajes en el transporte público, alguna franja del fin de semana o la víspera de irse a dormir—: podemos asumir que cada minuto que se dedica a jugar Candy Crush, Angry Birds, FarmVille, Apalabrados, Mezcladitos o cualquier otro juego podría haberse dedicado a la lectura. Pero también es verdad que a menudo estos videojuegos se insertan más fácilmente en nuestra cotidianidad que cierto tipo de lectura. Y es en parte por eso que me parece difícil que la lectura inmersiva recupere el terreno perdido frente al consumo de otros tipos de contenidos.

 

Debido a lo anterior creo que todos los actores relacionados con la producción y la comercialización de libros y otros productos editoriales deberían comprometerse seriamente no sólo con la promoción de la lectura y con la reivindicación del valor aportado por sus contenidos, sino también con la creación de empleo y con la inserción laboral de los jóvenes. No veo otro camino más sólido que al conducir a la recuperación de la atención y de la valoración social por parte de la lectura favorezca la viabilidad y la sostenibilidad de la industria editorial. Al fin y al cabo la supervivencia de ésta y otras industrias depende en gran parte de que cuenten con una base amplia y robusta de clientes tanto potenciales como reales que no sólo puedan pagar por acceder a sus productos o servicios, sino que además estén dispuestos a hacerlo —y aunque según como se mire esto último podría tener mucho que ver con la piratería, la perspectiva que más me interesa no es ésa—.

 

 

 

 

 

 

Aunque por mi experiencia personal estoy convencido de las virtudes de la lectura, tengo mis reservas con respecto a los discursos que las exaltan o a las campañas que usan eslóganes efectistas para su promoción. No creo que haya obras que todo el mundo debería leer ni mucho menos que la lectura deba asumirse como una obligación. Simplemente considero que la lectura es una de las mejores actividades en las que puedo ocupar mi tiempo libre, calculo que paso al menos la mitad de mis horas de trabajo leyendo y creo que leer amplía y enriquece significativamente mis horizontes. Concibo la lectura como una fuente de entretenimiento, de diversión y de acceso al conocimiento.

 

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Vale la pena explorar los diferentes motivos que llevan a los habitantes de distintos países iberoamericanos a leer y el peso de cada uno de ellos en cada país —ver el estudio “El espacio iberoamericano del libro 2012”, del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC)—:

 

 

 

 

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Termino planteando algunas preguntas: ¿puede la industria editorial aprender algo de la experiencia de los desarrolladores de juegos para dispositivos móviles —recordemos que la aplicación más descargada la semana pasada en las tiendas tanto de Android como de Apple fue Flappy Bird, cuyo creador la retiró el domingo 9 de febrero supuestamente porque su éxito inesperado le resultaba insoportable—? ¿Hay oportunidades para la gamificación en el ámbito de los contenidos editoriales? En caso de que las haya, ¿cuáles son y quiénes están dispuestos a explorarlas y a aprovecharlas?

Miércoles, Febrero 5, 2014 categorizado bajo crónica, literatura argentina, literatura latinoamericana, periodismo literario

una idea sencilla de leila guerriero: la historia y el estilo

El pasado 18 de octubre fui a La Central de Mallorca para ver a Leila Guerriero, que presentaba Una historia sencilla. Ya he dicho en ocasiones anteriores que como lector los autores no me interesan. Me interesa lo que escriben y punto —otra cosa es que desde el punto de vista profesional los autores me resulten interesantes o que en el plano personal puedan llegar a interesarme tanto como cualquier otro individuo con quien tenga algún tipo de afinidad—. De hecho, en mi mundo ideal los autores no se pronuncian públicamente sobre nada y dejan que sus libros hablen por ellos. Diría incluso que en una versión extrema de ese mundo ideal los autores no existen porque los libros son escritos por máquinas inteligentes. Así es más o menos el mundo en el que me gustaría vivir como lector.

 

Y aunque normalmente no voy a presentaciones de libros porque me parecen aburridísimas, en esta ocasión quería oír a Leila Guerriero porque me interesan mucho sus reflexiones con respecto al oficio del cronista. Leila Guerriero estuvo genial y encantadora durante la presentación de Una historia sencilla. Y tengo que confesar que mientras oía hablar a Leila Guerriero con Rodrigo Fresán la autora empezó a resultarme tan admirable como su trabajo.

 

 

 

 

 

 

 

De todo lo que dijo Leila Guerriero durante la presentación de Una historia sencilla me quedo con la siguiente idea relacionada con la importancia que se les debe dar tanto al contenido como a la forma en la construcción de una crónica —y de muchos otros tipos de textos literarios, creo yo—:

 

‘A mí me parece primero que nada que si no hay historia, no hay crónica. A mí me parece que esto básicamente es periodismo. Y la historia tiene que estar contada y todas las cosas básicas del periodismo —qué, cómo, cuándo, dónde, etc.— tienen que estar contadas. O sea, el libro podría estar divinamente escrito y no contar absolutamente nada. Qué sé yo: no contar la historia del malambo o no decir de dónde viene. Todo eso sería una falla, me parece. O sea, no es nada más como periodismo con adornos. Pero yo sí creo que si no hay estilo, no hay nada. A mí sí me interesa la búsqueda de una voz. Los autores que más me interesan son los autores que tienen un estilo como claro, como definido’.

 

Al igual que los de Truman Capote, Tom Wolfe y Gay Talese, los textos de Leila Guerriero tienen la capacidad de despertar mi interés por historias que abordan temas que a priori no me interesan, de mantenerme enganchado hasta el final y de dejarme una sensación de vacío cuando termino de leerlas.

 

Quizás por deformación profesional un detalle que me llama la atención de los cuatro libros que Leila Guerriero ha publicado como autora es que cada uno de ellos ha sido editado por un sello diferente: Los suicidas del fin del mundo por Tusquets; Frutos extraños por Aguilar (Colombia)/Alfaguara (España); Plano americano por Ediciones Universidad Diego Portales (UDP); y Una historia sencilla por Anagrama. En este sentido los libros de Leila Guerriero se encuentran tan dispersos como los textos reunidos en Frutos extraños y en Plano americano, que han ido apareciendo en diferentes publicaciones periódicas de distintos países.

 

A continuación pueden ver el vídeo de la presentación de Una historia sencilla en La Central, que fue realizado por bracket cultura —véanlo completo, les aseguro que no se arrepentirán—:

 

 

 

 

 

 

Antes de terminar recomiendo leer la entrevista de Ramón Lobo a Leila Guerriero, que fue publicada en la revista Jot Down“El periodismo objetivo es la gran mentira del universo, todo es subjetivo”.

 

Y no dejen de leer a Leila Guerriero, por favor. Lean todo lo que publica, que vale mucho la pena.