archivo del marzo, 2014

miércoles, marzo 19, 2014 categorizado bajo editores colombianos, libros, promoción, publicidad

libros y cerveza

‘“—No dejes que nadie, nunca, te haga avergonzarte de tus intereses”.

Traté de recordar ese consejo cada vez que mis compañeros de clase

se reían de mí porque antes de que la tecnología adquiriera popularidad

ya me gustaban los ordenadores’.

Kapitoil, de Teddy Wayne.

 

 

Hace unos días la marca colombiana de cerveza Poker puso a circular una serie de anuncios que formaban parte de su campaña para el día de los amigos, que según me enteré la semana pasada se celebraba en Colombia el sábado 15 de marzo. De repente en Twitter y en Facebook empezaron a aparecer montones de expresiones de molestia e indignación de algunas figuras del mundo del libro y de la cultura, a quienes al parecer no les gustó nada el mensaje transmitido por el siguiente anuncio de la campaña en cuestión de cerveza Poker:

 

 

 

 

 

 

Quienes expresaron su molestia eran escritores, editores, libreros, periodistas, comentaristas de actualidad, etc. —en fin, gente letrada que pertenece a la intelligentsia colombiana—. Se ve que para estas personas los libros tienen un valor y una importancia altísimos. Y se ve también que estas personas se toman muy en serio su relación con los libros y su idea con respecto al lugar que éstos deben ocupar tanto en la vida de las personas como en su entorno social. Quizás muchas de estas personas consideren que los libros son algo casi sagrado y que la lectura es una práctica que enaltece el espíritu, lo cual podría explicar al menos en parte su molestia y su enojo.

 

A mí el mensaje transmitido por el anuncio de Poker no me ofende ni me molesta. Y tampoco lo encuentro reprochable. Entiendo perfectamente que así como a mí me gustan los libros, a otras personas puedan parecerle aburridos. Así como a mí no me gusta ver la Fórmula 1, ni ir a cine ni jugar Candy Crush y eso no me genera ningún conflicto con nadie, no tengo ninguna razón para ver con malos ojos el hecho de que a otras personas no les gusten los libros. Por otro lado, creo que poner los libros a reñir con la cerveza no tiene ningún sentido. Es ridículo siquiera insinuar que a una persona no pueden gustarle los libros y la cerveza a la vez. De hecho, el maridaje entre los libros y la cerveza me parece maravilloso —y supongo que en esto más de uno de ustedes coincide conmigo—.

 

 

 

 

 

 

El meollo de la polémica en torno al anuncio que la marca terminó retirando es el pretendido giro humorístico que sugiere que un libro es todo lo contrario a una cerveza Poker: es decir, una cerveza Poker es el regalo ideal mientras que un libro es un regalo aburrido. Recibir un libro de regalo es una experiencia que resulta frustrante y decepcionante. En cambio que a uno le regalen una cerveza Poker equivale casi a tocar el cielo con las manos.

 

Pero ojo, no olvidemos que estamos frente un anuncio que forma parte de una campaña publicitaria y que la función de la publicidad no es educar. A través de la publicidad se promocionan productos y servicios para construir marca, generar notoriedad y vender. Como consumidores y ciudadanos no podemos exigirle a la publicidad que nos dé aquello que ni su razón de ser ni su función dicen que está obligada a ofrecernos —de hecho, quizás ni siquiera esté en capacidad de hacerlo—. La función de la publicidad no consiste en transmitir mensajes ejemplarizantes. No obstante, es verdad que con frecuencia las campañas publicitarias apelan a este tipo de mensajes para generar empatía.

 

En la medida en que la publicidad promueve, refuerza, perpetúa, sanciona, reprueba y/o condena valores, prácticas y estereotipos existentes podríamos decir que en cierta medida es un reflejo y a la vez una proyección de la sociedad o de ciertos segmentos de ésta: gente que pertenece a una misma clase social, iglesia o tribu urbana, personas de la misma región o ciudad, hinchas de un equipo deportivo, simpatizantes de un partido político, quienes trabajan en un mismo sector o se dedican a una misma actividad, etc.

 

Debido a lo anterior lo que me parece más llamativo del anuncio de Poker es la imagen tanto de individuo como de sociedad que propone y proyecta. El anuncio echa mano de unos estereotipos muy arraigados y al parecer pretende promocionar una serie de valores y prácticas en detrimento de otros. Una cosa es ridiculizar o banalizar algún tema socialmente sensible que todos o la mayoría podríamos condenar abiertamente —la violencia intrafamiliar, el desvío de fondos públicos para favorecer intereses individuales, la pedofilia, el totalitarismo, la conducción bajo los efectos del alcohol o el racismo, por ejemplo— y algo muy diferente es hacer una broma chabacana con respecto a un elemento cualquiera de la vida social.

 

No estoy de acuerdo con otorgarle al libro un status de símbolo intocable ni con sacralizarlo. Por otro lado, el libro es un objeto genérico y está claro que desde el punto de vista del contenido existen diferencias sustanciales entre las tragedias de Sófocles, un romancero, un tratado de medicina, una novela policíaca, un manual de cálculo integral o de autoayuda, una guía de turismo rural y una recopilación de ensayos sobre el estado de la economía mundial.

 

 

 

 

 

 

En Colombia desde hace años algunas de la marcas de cerveza más populares se promocionan mediante reclamos que apelan a esa idea de lo masculino o de lo varonil que se asocia a la fuerza, a la rudeza y a la imagen del macho. En el lenguaje publicitario de las marcas colombianas de cerveza hay otros elementos particulares como las chicas Águila que a mí me parecen mucho más nefastos que la insinuación hecha en el anuncio de Poker de que los libros son aburridos.

 

Recomiendo la lectura de “Regalar libros”, la columna de Jorge Orlando Melo sobre la polémica generada por el anuncio de Poker. Estoy completamente de acuerdo con los planteamientos, el análisis y las reflexiones que Melo hace en su columna —lo cual no es difícil porque sus argumentos son muy sensatos y están expuestos de una manera clara y sencilla—.

 

Un directivo de Bavaria —la cervecera perteneciente a SABMiller que produce Poker— pidió disculpas por el anuncio y afirmó que la compañía viene ‘apoyando la cultura, el deporte y el arte de este país por muchos años’. El directivo dijo incluso que Bavaria apoya la lectura y añadió lo siguiente: ‘creemos que en Colombia no se lee lo suficiente. Y creemos que en todo este proceso que está viviendo el país el libro y la lectura cumplen un papel predominante en la cultura colombiana. Y la queremos apoyar. Y es por eso que también habíamos hablado con Alejandro Escobar, que es el director y productor de la Feria del Libro, para ver cómo apoyamos esta feria y para ver cómo estimulamos la lectura en Colombia’. Habrá que leer el informe anual de responsabilidad social corporativa tanto de SABMiller como de Bavaria para ver en qué consiste el compromiso del grupo y de su filial colombiana con la cultura.

 

Como ya he dicho en ocasiones anteriores, a menudo los libros me han ayudado a entablar nuevos vínculos con muchas personas y a fortalecer los que ya tengo con mis familiares, amigos y conocidos. Comprar, leer, comentar, recomendar, prestar y regalar libros son actividades fundamentales para mí.

 

A mí el mejor regalo que pueden hacerme es un libro, así que si alguien quiere regalarme algo le doy un consejo: regáleme un libro, que me hará muy feliz.

martes, marzo 4, 2014 categorizado bajo librerías

“especies en peligro de extinción”: reseña de librerías, de jorge carrión

En el número 101 de la revista Arcadia acaba de aparecer mi reseña de Librerías, de Jorge Carrión. El título de la reseña es “Especies en peligro de extinción” y en ella comento muy brevemente algunos de los detalles del libro de Carrión que me parecen más relevantes.

 

 

 

 

 

Se me ocurren muchas formas de definir Librerías. Entre ellas hay una que prefiero porque es la que mejor se ajusta a mi lectura: se trata de una guía de viajes especializada en librerías. En el viaje que le propone al lector, Carrión recorre varias decenas de ciudades y una mayor cantidad de librerías de distintos tipos. Pero mejor que sea Carrión mismo quien le presente al lector este libro que en 2013 fue finalista del Premio Anagrama de Ensayo:

 

‘Sobre los libros como objetos, como cosas, sobre las librerías como restos arqueológicos o traperías o archivos que se resisten a revelarnos el conocimiento que poseen, que se niegan por su propia naturaleza a ocupar el lugar que en la historia de la cultura les corresponde, sobre su condición a menudo contra-espacial, opuesta a una gestión política del espacio en términos nacionales o estatales, sobre la importancia de la herencia, sobre la erosión del pasado, sobre el patrimonio inmaterial y su concreción en materiales que tienden a descomponerse, sobre la Librería y la Biblioteca como Jano Bifronte o almas gemelas, sobre la censura siempre policial, sobre los espacios apátridas, sobre la librería como café y como hogar más allá de los puntos cardinales, el Este y el Oeste, Oriente y Occidente, sobre las vidas y las obras de los libreros, sedentarios o errantes, aislados o miembros de una misma tradición, sobre la tensión entre lo único y lo serial, sobre el poder del encuentro en un contexto libresco y su erotismo, sexo latente, sobre la lectura como obsesión y como locura pero también como pulsión inconsciente o como negocio, con sus correspondientes problemas de gestión y sus abusos laborales, sobre los tantos centros y las infinitas periferias, sobre el mundo como librería y la librería como mundo, sobre la ironía y la solemnidad, sobre la historia de todos los libros y sobre los libros concretos, con nombres y apellidos en sus solapas, de papel y de píxeles, sobre las librerías universales y mis librerías particulares: sobre todo eso versará este libro, que hasta hace poco estaba en una librería o una biblioteca o la estantería de un amigo y que ahora pertenece, aunque sea provisionalmente, lector, a tu propia biblioteca’.

 

Carrión es no sólo un escritor, un crítico literario y un profesor, sino también un viajero y un pensador. Tengo la impresión de que el discurso de Carrión en torno tanto a los libros como a las librerías es altamente pasional pero que al mismo tiempo está sólidamente estructurado y se ha construido con una gran habilidad retórica. Y desde mis perspectiva personal esta combinación es una de las grandes virtudes de Librerías.

 

Los libros y las librerías son dos elementos de nuestras vidas que como sociedad —y en ocasiones como individuos— hemos convertido en fetiche. Si me pregunto por qué en general no hemos establecido un vínculo similar —y aquí el matiz es muy importante porque podemos llegar a establecerlo, sobre todo en el caso de cierto tipo de elementos que socialmente sirven como fuente de diferenciación— con los electrodomésticos, las camisas, los martillos, los manteles, las farmacias, las ferreterías, las mercerías o los supermercados, la respuesta viene inmediatamente a mí: porque los libros y las librerías tienen un alto valor simbólico. Recordemos que durante siglos el libro ha sido —o no sé si más bien debería decir que hasta hace poco lo fue— el vehículo privilegiado para la transmisión del conocimiento así como de esa parte importante del patrimonio cultural que pasa por lo impreso. Y recordemos también que a menudo las librerías son mucho más que simples puntos de venta de libros.

 

 

 

 

 

 

A los amantes de los libros y de los lugares donde éstos se venden les recomiendo leer Librerías. Y si no tienen una librería cerca o si en su librería más cercana este libro no está disponible, a través de su experiencia personal podrán entender de una vez por todas una de las principales razones por las que hoy en día las librerías tienen serias dificultades y están en desventaja para competir con las grandes tiendas de comercio electrónico —es decir, por qué son especies en peligro de extinción—.

 

Quien quiera descargar el PDF de “Especies en peligro de extinción” puede hacerlo apretando aquí. Y quien prefiera leer la reseña directamente en la página Web de Arcadia sólo tiene que seguir este enlace.

 

Antes de terminar quiero darle las gracias a Marianne Ponsford por abrirme las puertas de Arcadia al aceptar mi propuesta de publicar esta reseña de Librerías en la revista.