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experiencia de compra y elección racional: hacia un consumo reflexivo

Entre todos los puntos de venta o tipos de establecimientos comerciales que se dedican a vender libros, ¿en cuáles preferimos los lectores comprar y dejar nuestro dinero?

 

Ya que soy yo quien plantea la pregunta, a continuación comparto con ustedes mi respuesta —que obviamente está condicionada por mis intereses, inclinaciones, necesidades y posturas como lector y/o consumidor—:

 

– en librerías no especializadas que además de contar con una oferta amplia y diversa me ofrezcan una alta probabilidad de encontrar aquellos libros que esté buscando independientemente del género al que pertenezcan o de la temática de la que se ocupen.

– en librerías especializadas en aquellos géneros, temáticas, tradiciones, áreas geográficas o idiomas específicos que forman parte de mi órbita de intereses y donde casi con toda seguridad encontraré los libros que busco en relación con ésta.

– en librerías que cuenten con libreros que además de estar en capacidad de orientar y hacer recomendaciones conozcan las inclinaciones, las preferencias y los gustos de su clientela.

– en librerías que me permitan acceder lo antes posible a aquellos títulos que no tengan en stock cuando yo vaya a buscarlos, respondiendo rápidamente a necesidades urgentes.

– en librerías cuya oferta cuente con ediciones en lengua original de libros escritos en otros idiomas.

– en librerías que ofrezcan títulos descatalogados, bien sea nuevos o bien de segunda mano.

– en librerías que al tener una buena programación de actividades jueguen un rol de dinamización cultural en su entorno.

– en librerías que les den un trato justo a los editores y que estén dispuestas tanto a trabajar de manera coordinada con éstos como a ofrecerles su apoyo en aspectos como la comunicación, la promoción y el marketing.

 

 

 

 

 

Como no suele ser fácil encontrar una librería en la que todas estas condiciones se cumplan a la vez, cuando voy a comprar un libro el peso de cada una de ellas en mi decisión de ir a una o a otra varía según los rasgos de éste y mis necesidades puntuales del momento. Debido a lo anterior normalmente escojo la librería a la que iré dependiendo del tipo de libro que tenga en mente comprar. En función de mis intereses, inclinaciones y necesidades, algunas de las librerías de Barcelona en las que suelo hacer mis compras son Abracadabra, AltaïrCasa Anita, Documenta, JaimesLa Central, LaieLe Nuvole y Negra y Criminal. Aunque con frecuencia mis compras tienen algo de azaroso porque casi siempre que de manera inesperada me llama la atención algún libro que no había previsto adquirir termino llevándomelo conmigo, la mayor parte de las veces decido racional y premeditadamente qué comprar y dónde hacerlo teniendo en cuenta no sólo el tipo de título que busco sino también la capacidad de la librería de ofrecerme servicios que en cada caso obedezcan a mis necesidades y expectativas.

 

Ahora que el sector del libro está en una encrucijada por la coincidencia de la crisis económica y del cambio de paradigma —recomiendo leer las reflexiones, las observaciones y los comentarios que Manuel Gil viene publicando sobre este tema en Antinomias libro— la sumatoria de las decisiones de compra de cada consumidor y/o lector puede hacer una diferencia significativa sobre todo para aquellas librerías que están pasando por una situación financiera complicada. Es por eso que en cierto sentido esta entrada es una invitación al consumo reflexivo basado en la elección racional a partir de un balance de la experiencia que les ofrecen las librerías a sus clientes reales o potenciales.

 

Las visitas a las librerías juegan un rol central en mi vida tanto personal como profesional por lo que significa para mí no sólo salir a pasear por la ciudad y echarle un ojo a lo que se está publicando, sino también asistir a un lugar que es un punto de encuentro y que propicia el contacto con otras personas, salir del aislamiento social en el que a menudo vivimos quienes trabajamos como freelance, sacar la cabeza del hoyo negro en el que por momentos llega a convertirse el mundo de los entornos de generación 2.0 y contrarrestar la tendencia al sedentarismo que es cada vez más común en nuestros días. Debido a lo anterior prefiero seguir comprando los libros en papel en mis librerías de ladrillo y cemento favoritas al menos que la imposibilidad de encontrar allí en un tiempo prudencial y a un precio razonable lo que esté buscando me lleve a recurrir a una tienda en línea. Mi posición a favor de un espacio cuya supervivencia a futuro está seriamente amenazada es sostenible hoy en día gracias en parte a la existencia de libreros como Paco Camarasa, Jesús Casals, Josep Cots, Damià Gallardo o Ricardo Rendón, que hacen que la visita a las librerías y la experiencia de compra sean gratas para quienes vamos allí.

 

 

 

 

 

 

Varios agentes vinculados al mundo barcelonés de la cultura y del libro vienen trabajando en El Mapa de Librerías de Barcelona, un proyecto colaborativo que está construyéndose en Google Maps. Los aportes de quienes participan en la construcción de este mapa que se actualiza de manera abierta y continua pueden dar cuenta de la constante evolución del tejido de librerías de Barcelona, que desde hace un tiempo viene sufriendo modificaciones significativas —durante el último año han cerrado algunos establecimientos mientras que otros han abierto sus puertas recientemente—.

la edición ágil

Hace exactamente un año que estuve leyendo algunos textos relacionados con el desarrollo ágil de software me preguntaba si en la edición de ciertos tipos de contenidos sería posible utilizar al menos parcialmente los principios, las metodologías, las prácticas y la dinámica de funcionamiento propias de este modelo —ver el “Manifiesto por el Desarrollo Ágil de Software” y los “Principios del Manifiesto Ágil”—. Como era de esperarse, ya alguien se había hecho esta pregunta y así lo ponía en evidencia la existencia de una serie tanto de reflexiones sobre la edición ágil como de proyectos que aspiraban a poner en práctica este modelo de trabajo.

 

 

MANIFESTO_FOR_AGILE_SOFTWARE_DEVELOPMENT

 

 

¿A qué tipos de contenidos me refiero cuando hablo de utilizar los principios, las metodologías, las prácticas y la dinámica de funcionamiento del desarrollo ágil de software en la edición? Pienso sobre todo en contenidos breves, de no ficción y en formato digital que se ocupen de áreas del conocimiento, disciplinas o temáticas que evolucionan rápidamente y en las que continuamente están produciéndose nuevos desarrollos: documentos de referencia, técnicos, formativos, legales u oficiales, informes, artículos de investigación aplicada, reportajes y análisis sobre la actualidad, guías de viaje, etc. Yendo un poco más allá podría pensar incluso en la edición no sólo de revistas académicas, sino también de literatura tanto digital como experimental.

 

Según tengo entendido, la implantación de un modelo de edición ágil supone un cambio no sólo en la manera como se desarrolla y se gestiona el producto sino también en la naturaleza misma de éste. La puesta en marcha de una iniciativa de edición ágil debe de requerir un replanteamiento de los flujos de trabajo, de los tiempos en los que se realizan las distintas tareas a ejecutar, de la velocidad del proceso de producción, de las dinámicas tanto de promoción como de comercialización de los contenidos, del precio de éstos, de la relación con el público y de la gestión del feedback que se reciba.

 

 

 

AGILE_SOFTWARE_DEVELOPMENT

 

 

 

Supongo que en el caso de los temas de actualidad o jurídicos trabajar bajo un modelo de edición ágil les exige tanto a los autores como a los editores una rápida capacidad de reacción que les permita ofrecer de manera continua contenidos vigentes con respecto a coyunturas susceptibles de evolucionar rápidamente. Pienso en contenidos que den cuenta de cambios en legislaciones y normativas o de la evolución de coyunturas específicas —se me ocurren algunos ejemplos: la crisis política de algunos países del Medio Oriente como Siria, Turquía o Egipto; los casos Gürtel, Nóos o Método 3; y las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje por parte de la inteligencia estadounidense y su búsqueda de asilo político como consecuencia de la persecución que el gobierno de su país ha emprendido en su contra—.

 

 

AGILE_PUBLISHING_MODEL_SOURCEBOOKS

 

 

 

En un momento en el que consumimos grandes cantidades de contenidos de todo tipo, en el que por cuestiones tanto de tiempo como de atención a menudo privilegiamos la brevedad y en el que tenemos una necesidad cada vez mayor de entender lo antes posible lo que está pasando en nuestro mundo convulsionado puede haber grandes oportunidades sobre todo para las piezas de no ficción que además de producirse bajo un modelo de edición ágil puedan comercializarse de manera fragmentada gracias a su estructura modular y/o empaquetarse en microformatos digitales.

miércoles, diciembre 5, 2012 categorizado bajo destacados, mis libros favoritos

mis libros favoritos de 2012

Aunque desafortunadamente en 2012 dispuse de poco tiempo para dedicarme a mis lecturas de ocio y esparcimiento, reconozco que en términos generales tuve bastante suerte con mis elecciones —supongo que en parte porque algunas circunstancias han venido convirtiéndome en un lector conservador que salvo en contadas excepciones tiende a apostar por valores seguros y a asumir pocos riesgos—.

 

Mis libros favoritos de 2012 son los siguientes:

 

 

 

MIS_LIBROS_FAVORITOS_2012_1

 

 

 

A Room of One’s Own, de Virginia Woolf

Penguin

Londres, 2012

 

La herencia colonial y otras maldiciones, de Jon Lee Anderson

Sexto Piso

Barcelona, 2012

 

 

 

 

 

Noche de los enamorados, de Félix Romeo

Mondadori

Barcelona, 2012

 

Si viviéramos en un lugar normal, de Juan Pablo Villalobos

Anagrama

Barcelona, 2012

 

C. M. no récord, de Juan Álvarez

Alfaguara

Bogotá, 2011

 

 

 

 

Cómo atrapar una estrella, Perdido y encontrado y De vuelta a casa, de Oliver Jeffers

Fondo de Cultura Económica

México D.F., 2006 y 2009

 

 

 

 

Correspondencia, de Thomas Bernhard y Siegfried Unseld

Cómplices editorial

Barcelona, 2012

 

2666, de Roberto Bolaño

Anagrama

Barcelona, 2004

 

La cara oculta de la edición, de Martine Prosper

Trama editorial

Madrid, 2012

 

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Espero que hayan tenido unas buenas lecturas en 2012 y que 2013 sea rico y provechoso.

miércoles, noviembre 7, 2012 categorizado bajo destacados, oficios

enséñame lo que haces y así podré saber quién eres

El currículo es una de esas herramientas que debería caer en desuso en la industria de los contenidos —de hecho, salvo bajo ciertas circunstancias especiales en este momento me parece bastante inútil—. Por lo menos en los oficios relacionados con la gestión de contenidos, deberían contar más los resultados concretos del trabajo de las personas sobre todo porque mostrar lo que se ha hecho es la manera más honesta y eficaz de darse a conocer.

 

Es verdad que el currículo es el espacio apropiado para dar cuenta de la trayectoria que se ha seguido profesionalmente mediante un inventario de los estudios realizados, de la experiencia laboral que se tiene y de los conocimientos, las competencias y las destrezas que se han desarrollado gracias a ambos. Con respecto a los estudios y a la experiencia laboral tengo poco que decir porque se trata de hechos más o menos fácilmente comprobables. Sin embargo, la cosa es muy distinta cuando entramos en el terreno de los conocimientos, las competencias y las destrezas.

 

 

 

 

Me explico: es justamente en el terreno de los conocimientos, las competencias y las destrezas donde un currículo puede adquirir tintes de ficción bien sea porque algunos elementos se inflan o bien porque se ennoblecen con eufemismos —cuando no se trata directamente de invenciones de la imaginación—. Es por esto que a menudo los currículos están llenos de promesas no cumplidas y que a menudo dan mejor cuenta de lo que se pretende ser o de la imagen que se busca proyectar que de lo que realmente se es. Y es que cuando los currículos están llenos de bluffs puede empezar a haber sorpresas y problemas.

 

Debido a lo anterior creo que el mayor acierto del planteamiento de Ediciona consistió en ofrecerles a los usuarios la posibilidad de exhibir muestras de su trabajo, que es un aspecto del portal al que Arantxa Mellado siempre le dio un papel central.

 

(Eslogan de la agencia de publicidad BBDO)

 

 

Quizás para quienes trabajamos en el ámbito de la gestión de contenidos un portafolio que reúna las muestras más significativas de nuestro trabajo sea más importante que el currículo. Es en el portafolio y no en el currículo donde podemos dar cuenta de nuestras aptitudes, capacidades y limitaciones. En el caso de quienes hacen oficios relacionados con lo gráfico el book es esencial como lo es el reel para los que trabajan en el sector audiovisual. Sin embargo, tengo la impresión de que en el campo del trabajo de texto el uso del portafolio o de una herramienta similar es más bien poco frecuente —en caso de que esté parcial o totalmente equivocado, por favor corríjanme—. En fin, creo que en todos los oficios asociados a la gestión de contenidos se le debería dar menos importancia al currículo y más peso al portafolio. Y en el caso de la industria editorial esto debería aplicar no sólo para diseñadores, maquetadores, ilustradores o fotógrafos, sino también para lectores, redactores, correctores, traductores, editores, encargados de comunicación y prensa, etc.

 

La presencia en redes sociales especializadas y profesionales es otro aspecto importante a tener en cuenta para los profesionales de la industria de los contenidos —ojo, creo que es conveniente aunque no indispensable—. Si lo nuestro es gestionar contenidos, qué mejor manera de darse a conocer y de posicionarse que generando y/o diseminando contenidos. Con respecto a este tema recomiendo seguir de cerca el trabajo de Neus Arqués y leer la entrada “Si no te ven, no te compran”, publicada en su blog el pasado lunes 29 de octubre. Dice Neus en esta entrada:

 

‘La visibilidad es un activo profesional estratégico. En el actual contexto socioeconómico, el principal acerbo de los profesionales es, precisamente, ser visibles. Hoy el recurso escaso no es el tiempo ni es el petróleo. Es la capacidad de atención. Si no nos ven, no nos dedican atención. No podemos ofertar, ni contratar, ni promocionar. Como digo siempre: Sin visibilidad no hay venta (…).

 

Por suerte, la tecnología ha democratizado la visibilidad. Internet nos permite dar a conocer nuestra propuesta de valor a aquellos a quienes la dirigimos. Podemos optimizar nuestra visibilidad construyendo una buena marca personal y gestionando nuestra reputación, de forma que seamos visibles en el seno de la organización en la que queremos promocionar o a los ojos de los clientes con quienes queremos trabajar. Hoy todos podemos ser visibles a los ojos de nuestro mercado objetivo.

 

El proceso pasa, a mi entender, por construir una marca personal sólida, asociándola a una estrategia de visibilidad correcta. No queremos ser visibles al tun-tún, sino ser relevantes. Para ello, trazamos un plan que explicite cuál es nuestra misión y qué objetivos nos proponemos. Que nos permita conocer cuál es nuestra reputación de partida y crear un plan de posicionamiento que muestre nuestra propuesta profesional a quienes queremos que la contraten o compren’.

 

Tanto a quienes estén empezando su carrera y quieran entrar a trabajar en la industria de los contenidos como a los profesionales de ésta que quieran o necesiten reconvertirse para encontrar un nuevo lugar en el mercado laboral y seguir siendo competitivos, les recomiendo que apuesten más tanto por mostrar su trabajo como por generar o compartir contenidos relacionados con su campo de acción en entornos sociales que por intentar llamar la atención de sus potenciales empleadores o clientes mediante un currículo.

la autoedición y la industria editorial: entre amenazas y oportunidades

La autoedición es un tema que viene despertando cada vez más interés —o preocupación— en el sector del libro. De hecho, el auge de la autoedición fue una de las constantes en una buena parte de las predicciones que se publicaron a finales del año pasado con respecto a las tendencias que marcarían el desarrollo de la industria editorial en 2012. Aunque la autoedición no es un fenómeno nuevo, la emergencia de lo digital no sólo ha favorecido sino que también ha potenciado su desarrollo y ha abierto toda una serie de nuevas posibilidades para la publicación, la promoción, la divulgación y la comercialización de todo tipo de libros.

 

Desde hace muchos años es una práctica usual que alguien que tenga la disposición, el tiempo y la disciplina para sentarse a escribir recurra a un sello perteneciente al circuito del vanity publishing para publicar su libro, lo cual presupone una inversión económica nada despreciable. En principio un vanity press está dispuesto a publicar aquellos manuscritos que la industria editorial haya rechazado previamente o que no hayan sido puestos a la consideración de ésta siempre y cuando su autor pueda pagar por su publicación. En este sentido el circuito del vanity publishing tradicionalmente ha acogido a aquellos autores a los que la industria editorial no les ha abierto sus puertas. Hasta aquí nada nuevo.

 

Lo que realmente ha cambiado con la emergencia de lo digital es la estructura y la dinámica de funcionamiento del circuito del vanity publishing: han aparecido diversas plataformas de autoedición en línea, que constituyen un nuevo actor que presta los mismos servicios que un vanity press y algunos otros más que son propios del entorno digital; ha crecido la importancia de un nuevo soporte para el producto autoeditado, que gracias a su desmaterialización ahora es nativo digital —de manera que en muchos casos sólo se imprime bajo demanda o en tiradas muy cortas—; el acceso gratuito a algunas plataformas de autoedición en línea y la desmaterialización del producto autoeditado han provocado una disminución significativa de los recursos que un autor debe invertir para autoeditar su obra; han surgido nuevas formas de difusión y promoción; y, por último, se han ampliado tanto las posibilidades de circulación de las obras publicadas como el alcance potencial de éstas.

 

En síntesis, gracias a las plataformas de autoedición en línea hoy en día es más cierto que nunca que la publicación de una obra está al alcance de cualquiera porque muchas de las barreras de entrada para publicar han desaparecido. Pero esto no tiene nada que ver ni con la calidad del contenido de la obra ni con su valor como producto comercial, que al ser cuestiones totalmente ajenas a la posibilidad de publicar deben ser evaluadas aparte —lo cual a menudo también es parcial o totalmente cierto en el caso de la industria editorial tradicional—.

 

 

 

 

Con respecto al estado actual de la autoedición y a las posibilidades de ésta recomiendo leer el artículo “La evolución de las especies (editoriales)”, de Arantxa Mellado —publicado en el número 17 de la revista Texturas—. Como en su artículo Arantxa analiza detallada y acertadamente los puntos fundamentales con respecto a la cuestión de la autoedición —ojo tanto a las tipologías de autores que propone como a su planteamiento sobre las posibles relaciones que las editoriales pueden entablar con éstos—, no voy a profundizar en el tema y sólo voy a llamar la atención sobre unos pocos aspectos relacionados con éste que me parecen esenciales.

 

– a medida que la autoedición siga ganando importancia, para la industria editorial tradicional cada vez será más crítico aprender a convivir con ella y a establecer relaciones con los actores que pertenecen a su entorno o que tienen vínculos con éste.

 

– de momento para muchos autores el prestigio sigue estando vinculado a la publicación en papel bajo la marca de un sello editorial —que a su vez es una fuente de autoridad y de legitimidad para los lectores—, de manera que a menudo la obra en digital es vista como un producto complementario cuya importancia es secundaria.

 

– la venta a precios bajos o la oferta gratuita de las obras autoeditadas sugiere una revaluación del valor percibido del libro como producto, lo cual sin lugar a dudas repercute sobre la producción de la industria editorial tradicional. Los precios bajos y la oferta gratuita pueden llevar a una distorsión o a una degradación del valor percibido de los contenidos independientemente de cuáles sean su origen, su soporte y su formato.

 

– la proliferación de contenidos autoeditados presupone un reto para la gestión de la economía de la atención, por lo cual para los lectores cuya disponibilidad tanto de tiempo como de dinero es limitada puede ser importante minimizar el riesgo apostando por valores seguros.

 

– la autoedición es un caldo de cultivo riquísimo que los editores pueden explorar en busca de nuevos valores. Gracias a esta exploración los editores pueden comprar los derechos de publicación de aquellas obras autoeditadas por sus autores que tengan una mayor calidad, que sean más atractivas y que mejor hayan estado vendiéndose —como ha sucedido con figuras como Amanda Hocking y John Locke—. Mediante esta estrategia de pescar en río revuelto los editores pueden reducir el riesgo que presupone apostar por publicar y dar a conocer a un autor principiante o poco conocido en la medida en que pueden ahorrar tanto en el pago por derechos de obras cuya rentabilidad es nula o mínima como en gastos de promoción.

 

– las plataformas de autoedición podrían estar en capacidad de sustituir al menos parcialmente a distintos actores de la cadena de valor al asumir algunas de las funciones que éstos han ejercido tradicionalmente y en las que se fundamentan tanto su negocio como su razón de ser.

 

 

 

 

 

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Durante una mesa redonda sobre gestión de derechos digitales que tuvo lugar en el Salón Internacional del Libro Africano (SILA) que se celebró en Tenerife en septiembre de 2010, mientras se discutía acerca de la adopción de e-readers y de la venta de e-books un escritor español cerró cualquier posibilidad de continuar alimentando la reflexión y el debate pronunciando las siguientes palabras: ¡’a mí que ahora no vengan a hablarme de Japón’!

 

Aunque el escritor en cuestión tenía algo de razón en la medida en que la realidad española y la japonesa difieren en muchos sentidos en lo relacionado tanto con la adopción de tecnologías como con el consumo de contenidos, su respuesta crispada me pareció una salida en falso. En el blog Sin tinta el periodista Fernando García está recogiendo testimonios de distintos autores que dan cuenta de su experiencia con la autoedición en España. A quien no quiera que le hablen ni de Estados Unidos ni de Japón en materia de autoedición pero esté interesado en conocer el estado de la cuestión en nuestro entorno, le recomiendo echarle un ojo al interesante trabajo que Fernando está haciendo sobre este tema.

 

Quienes vean la autoedición como una amenaza quizás encuentren un cierto alivio momentáneo en las palabras que Ursula Mackenzie —editora de Little, Brown Book Group y presidenta del Trade Publishers Council (TPC) de The Publishers Association— escribió en su artículo “The Digital Era Has Not Made Publishers Defunct”, publicado en agosto de 2010 en The Guardian:

 

‘A muchos lectores les gusta saber que el libro que van a leer durante su valioso tiempo ha sido filtrado a través de un proceso de selección hecho por personas cuyo trabajo consiste en guiar al lector hacia lo que quiere y en asegurarse de que éste invertirá su tiempo —y su dinero— sabiamente’.

 

 

 

 

Vale la pena prestarle atención a la autoedición porque su evolución seguirá dando de qué hablar en la medida en que su crecimiento continúe y en que el aumento de su popularidad le permita consolidarse como un circuito alternativo —y complementario— al de la industria editorial tradicional.