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Martes, enero 31, 2012 categorizado bajo destacados, edición, tendencias, tendencias del mercado editorial

5 años

‘La cultura es una conversación. Pero escribir, leer, editar, imprimir, distribuir catalogar, reseñar, pueden ser leña al fuego de esa conversación, formas de animarla. Hasta se pudiera decir que publicar un libro es ponerlo en medio de una conversación, que organizar una editorial, una librería, una biblioteca, es organizar una conversación’.

Gabriel Zaid, en Los demasiados libros.

 

***

 

Todo empezó cuando a principios de 2007 me di cuenta de que desde hacía meses venía sintiendo la necesidad de tener un proyecto personal al cual dedicarle una parte de mi tiempo libre. Entonces trabajaba en Bestiario y en una de mis visitas rutinarias a La Central de Mallorca que tuvo lugar en los primeros días del año me encontré con que Seix Barral acababa de sacar una reedición de Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro. Yo llevaba varios años buscando Prosas apátridas, así que enseguida me compré un ejemplar y ese mismo día empecé a leerlo. En ese momento la lectura de Prosas apátridas no sólo me dio ánimo para emprender ese proyecto personal por el que necesitaba apostar, sino que también me ayudó a darle forma.

 

Cuanto a los pocos días tuve claro que quería hacer un blog relacionado con el mundo de la edición saqué de la biblioteca de la Universitat de Barcelona dos libros de memorias que hablaban acerca de la movida editorial barcelonesa de las últimas décadas y del boom latinoamericano, dos temas que por esos días me despertaban una curiosidad particular. Una buena parte de mis ratos de ocio de ese mes de enero los pasé leyendo Historia personal del boom, de José Donoso, y Confesiones de una editora poco mentirosa, de Esther Tusquets.

 

Aunque las ganas y la necesidad ya estaban ahí desde hacía unos meses, la lectura de estos tres libros me dio el impulso necesario para empezar [ el ojo fisgón ]. A partir de ese momento pasaría menos tiempo durmiendo o conversando con mis amigos y empezaría a dedicar un par de horas diarias a bloguear.

 

 

 

 

La recompensa de este trabajo ha sido enorme sobre todo en términos de aprendizaje acerca del sector del libro. Al abordar las tendencias del mercado editorial me han interesado una amplia variedad de temas: la concentración de la propiedad de la industria editorial; la evolución de la edición independiente; el proceso de construcción de un catálogo y los criterios que intervienen en él; la producción de cifras acerca del desempeño del sector editorial y la manera como éstas se manejan; el comercio del libro entre España y América Latina; el rol tanto de las organizaciones gremiales como de las asociaciones y redes en el sector del libro; la diversidad de la oferta editorial y la homogeneización de ésta en el canal mainstream; la doble dimensión del libro como bien cultural y de consumo; la prescripción y las instancias desde las que ésta se ejerce; las tendencias literarias, la literatura de género y los best sellers como fenómeno comercial, económico y cultural; el sistema de los premios literarios y su dinámica de funcionamiento; la circulación del libro; la traducción; el diseño editorial y la tipografía; la emergencia de lo digital, su irrupción en la cadena de valor del libro y el replanteamiento tanto de la estructura como de la dinámica de ésta; la aplicación de ciertas tecnologías a los oficios de la edición; la preservación de los contenidos digitales; la construcción de públicos, el fomento a la lectura y la formación de lectores; la conversación en entornos de generación Web 2.0 y el potencial de éstos como canal para el desarrollo de acciones de marketing; las prácticas lectoras y los cambios que éstas están sufriendo debido a la dimensión social de algunas tecnologías; el rol de las bibliotecas y de las librerías como prescriptoras y dinamizadoras culturales; la formación en los oficios de la edición; la reconversión hacia lo digital del sector del libro y los retos a los que en estos tiempos de cambio deben enfrentarse los diferentes actores que forman parte de él.

 

En estos cinco años he aprendido montones de cosas acerca de todos estos temas cruzando mis lecturas, las conversaciones que he tenido con profesionales del sector y la observación sobre el terreno. Esto se debe en gran parte a que afortunadamente mis intereses, las perspectivas desde las cuales los abordo y mis posiciones han ido cambiando con el transcurso del tiempo.

 

Gracias a [ el ojo fisgón ] durante estos cinco años he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas con las que he podido conversar sobre temas de interés común, trabajar, emprender proyectos conjuntamente y en algunos casos entablar una amistad. Se trata de personas a las que admiro, a las que estimo, de las que he aprendido muchísimo y a las que aprovecho para darles las gracias por todo lo que me han aportado.

 

 

 

 

Muchas cosas han pasado en estos cinco años —aparte de las que se me han venido a la cabeza de primerazo en relación con el ámbito español, mencionaré algunas que han sucedido en otros países por la relevancia que tienen debido a sus repercusiones a nivel global—: han aparecido en España decenas de pequeñas editoriales independientes nuevas —muchas de ellas de nicho— y varias de las que se habían creado antes de 2007 se han consolidado; ha empezado a desarrollarse el mercado de los contenidos digitales, que todavía se encuentra en estado embrionario y en el que aún hay mucho por explorar, por ensayar y por definir —quizás el hito que marca el inicio de este proceso sea el lanzamiento del Kindle y de la Amazon Kindle Store en noviembre de 2007—; Trama editorial lanzó la colección Tipos móviles, en la que publica títulos acerca del sector del libro que van en una línea afín a la del contenido de la revista Texturas; en diferentes momentos actores provenientes del sector de las telecomunicaciones y de la gran distribución han puesto en marcha tímidas y erráticas iniciativas de comercialización de e-books que no han tenido mayor éxito; el desempeño económico del sector se ha visto afectado por la crisis, que desde que empezó se ha agudizado año tras año —disminución de las ventas, aceleración de la rotación de los libros en el punto de venta, aumento de las devoluciones, recortes de personal y a menudo deterioro de las condiciones en las que se trabaja, cierre de editoriales y de librerías, etc.—; cerró la cadena de librerías Crisol; Planeta compró el 50% de Círculo de Lectores y Casa del libro adquirió la cadena de librerías Bertrand; Planeta, Random House Mondadori y Santillana montaron la plataforma de comercialización de e-books Libranda, a la que con el paso del tiempo se han venido sumando otras editoriales de menor tamaño; al margen de los grandes actores del sector han empezado a aparecer otras plataformas de comercialización de e-books —edi.cat, leqtor, librosinlibro, etc.— así como pequeñas editoriales nativas digitales —ver las anotaciones que José Antonio Millán y María José de Acuña han hecho al respecto—; Giangiacomo Feltrinelli Editore empezó el proceso de compra de Anagrama y luego adquirió cerca de la mitad de la cadena de librerías La Central; sobre todo en España y en menor medida en Latinoamérica han aparecido diferentes blogs que se ocupan de analizar la evolución del sector del libro desde distintas perspectivas —ver en la franja de la derecha el primer apartado de enlaces—; en Estados Unidos varios de los grupos editoriales pertenecientes al Big Six instauraron el agency model, en el que es el editor y no el comercializador el que establece el precio de venta al público de los e-books; tras anunciar su quiebra la cadena de librerías Borders emprendió el cierre de todas sus tiendas en Estados Unidos; en medio de su proceso de expansión internacional las grandes plataformas de comercialización de e-books empezaron a desembarcar en España—algunas como Amazon o iBookstore ya lo hicieron y otras deberían estar haciéndolo pronto—; cada vez son más las editoriales españolas de todos los tamaños y enfoques que han empezado a digitalizar su catálogo y a crear una oferta de e-books con una parte de éste; y tras suprimir la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, el nuevo gobierno del Partido Popular (PP) creó las direcciones generales tanto de Política e Industrias Culturales y del Libro como de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas.

 

Antes de terminar quisiera dejar dos preguntas abiertas:

 

1. ¿Cuáles creen ustedes que son tanto los acontecimientos que más han marcado la evolución del sector del libro como las transformaciones más importantes que éste ha sufrido durante estos cinco años?

 

2. ¿Cuáles son los retos a los que deberá enfrentarse el sector del libro durante los cinco años que vienen?

 

¿Qué dicen, se animan a compartir sus puntos de vista a partir de su perspectiva personal?

 

 

 

 

¡Dicho todo lo anterior, a seguir mientras duren el entusiasmo, la voluntad y la ilusión —que espero que sea por mucho tiempo—!

Jueves, diciembre 29, 2011 categorizado bajo destacados

2012

En nuestro entorno las cosas están complicadas y los pesimistas tienen evidencias para creer que podrían tender a seguir empeorando: no sólo no se están creando puestos de trabajo, sino que además se están destruyendo; el paro sigue creciendo y cada vez son más las familias en las que todos los miembros que forman parte de la población económicamente activa están sin empleo; se flexibiliza la legislación laboral para “incentivar la creación de empleo”, reducir los costes laborales y abaratar los despidos; abundan los contratos temporales, los trabajos sin contrato y el regateo por el centavo a la hora de acordar tarifas; cada dos por tres llegan anuncios con respecto a nuevos recortes en educación, sanidad, pensiones, salarios, cultura, obras públicas y desarrollo de infraestructuras; se congela la apertura de nuevas plazas de trabajo en el sector público; se presentan nuevos expedientes de regulación de empleo —ERE—; se recortan o se extienden las jornadas laborales de los trabajadores; las nóminas llegan tarde, se reduce el monto de las pagas extras o se dilata el pago de éstas; empresas cierran y se declaran en la quiebra o insolventes; las noticias informan acerca de expropiaciones de pisos y de la ejecución de desahucios por el impago de hipotecas; y como si todo esto fuera poco, los precios de los alimentos, de los servicios públicos o del transporte no dejan de subir.

 

Y en el sector del libro a la crisis económica hay que sumarle la generada por el cambio de paradigma que se deriva de la emergencia de lo digital.

 

 

 

 

Aunque el panorama no es nada alentador, yo sigo siendo optimista porque creo que hay mucho por hacer y tengo ganas de hacerlo. Que falte cualquier cosa menos la voluntad y el entusiasmo.

 

Tras referirse a las inquietudes que suscitaba el futuro incierto de Rusia y a las tensiones que se vivían allí tras la reciente caída de la Unión Soviética, Ryszard Kapuściński escribió lo siguiente en los párrafos finales de El Imperio (cuya primera edición fue publicada en Varsovia en 1993):

 

‘Y, sin embargo, el futuro no deja de ser prometedor. Las grandes sociedades tienen una enorme fortaleza interior. Entrañan inagotables dosis de toda clase de fuerzas y albergan en su seno energías suficientes para reponerse de las derrotas más dolorosas y salir de las crisis más graves.

 

China supo salir del agujero de la humillación y del hambre, y emprender un desarrollo independiente y fructífero. La India sigue su ejemplo. Brasil e Indonesia tampoco se quedan a la zaga. La densidad de estos pueblos, su cultura aglutinadora, su capacidad de persistir y su ambición de crear dan resultados sorprendentes, incluso en las condiciones más adversas. Seguro que esta ley universal del desarrollo de la humanidad también se aplicará a Rusia’.

 

 

 

 

En el mundo hay países donde el Estado de bienestar nunca ha existido, donde eso que se conoce como “lo público” ha sido saqueado de manera sistemática por quienes tienen acceso al poder tanto político como económico —políticos, empresarios y mafias de todo tipo— y donde todo se dejó a la suerte de la iniciativa privada desde mucho antes de la llegada en los años 1990 de las políticas liberalizadoras que los gobiernos de la época adoptaron bajo la asesoría de los Chicago Boys. Quienes venimos de estos países crecimos acostumbrados a vivir en tiempos de crisis. La secuencia “recesión-crisis-recuperación-bonanza” nos resulta absolutamente familiar porque llevamos años viviéndola en bucle. Y sabemos que lo primero que hay que hacer para salir de una crisis es ponerse a trabajar.

 

Decir que es lo primero presupone que no basta con ponerse a trabajar y que también hay que hacer muchas otras cosas. Es necesario ser creativo, recursivo, resolutivo, calculador y arriesgado. Hay que conocer con precisión los recursos con los que se cuenta, el potencial de éstos y las limitaciones que se tienen. Hace falta fijarse objetivos y tener la suficiente flexibilidad para replanteárselos sobre la marcha. También ayuda hacer alianzas con quienes se tienen intereses en común con el propósito de alcanzar objetivos compartidos. Y sobre todo hay que tener ganas de hacer cosas.

 

A quienes tienen ganas de hacer cosas les deseo un 2012 lleno de las ideas fascinantes, de la voluntad y de la buena puntería necesarias para sacar adelante proyectos de esos que entusiasman y que hacen que den ganas de ponerse a trabajar.

 

¡Y ahora, a hacer todo lo que haga falta para que 2012 nos traiga todo el trabajo que necesitamos (y mucho más)!

Miércoles, diciembre 21, 2011 categorizado bajo contenidos digitales, destacados, e-book, e-readers, entorno digital

la muerte de un lector digital

A mediados de enero de 2009 una de las editoriales para las que trabajo me dio un Sony Reader PRS-505 para facilitar el envío y la lectura de manuscritos. A finales de noviembre pasado el interruptor de encendido de mi e-reader dejó de funcionar repentinamente, lo cual a pesar de lo engorroso no era grave una vez comprobé que podía encender el dispositivo conectándolo por un momento a un ordenador. Dejando aparte esta leve molestia, todo iba bien hasta que dos semanas más tarde mi e-reader se quedó kaput.

 

 

 

 

Atrás quedaron los tiempos en los que las cosas duraban toda la vida: desde los muebles y la ropa hasta los electrodomésticos, pasando por los matrimonios. ¿Quién puede decir hoy en día que todavía conserva y usa unos zapatos, una licuadora o una silla que compró hace dos, cinco, trece o veintiocho años? En mi generación seguramente poquísima gente puede hacerlo mientras que en la de mis papás lo normal es —o quizás hasta hace unos años era— que las cosas duren mucho tiempo.

 

Con la producción en serie a gran escala, la deslocalización de las plantas de manufactura y la expansión tanto del consumismo como del estilo de vida low cost que hacen que todo sea fácilmente accesible y reemplazable, el ciclo de vida de muchos de los bienes que solemos consumir se ha reducido a su mínima expresión. Se trata de bienes de consumo casi desechables y de existencia efímera en los que la relación entre el valor y el precio tiende a ser bastante confusa. A propósito de todo esto vale la pena volver a echarle un vistazo al documental “Comprar, tirar, comprar”, que aborda este tema y en el que la obsolescencia programada ocupa un lugar central. A quienes todavía no lo hayan visto les recomiendo hacerlo ahora mismo.

 

 

 

 

El caso de mi e-reader pone en evidencia no sólo lo vulnerable y frágil que en ocasiones puede llegar a ser la tecnología, sino también que cuando estamos hablando de consumo de contenidos los dispositivos juegan un papel secundario —aunque no irrelevante— porque lo que realmente importa son los libros, la música o los vídeos que leemos, escuchamos o vemos a través suyo. Si somos capaces de asegurar la conservación y la perdurabilidad de los contenidos, de ahí en adelante todas nuestras preocupaciones serán menores.

 

Como suelo tener tres copias de todos mis documentos —en mi ordenador, en un pendrive y en un disco duro externo—, con la muerte de mi e-reader sólo hay que lamentar la pérdida de un aparato que se estropeó. La magnitud del problema es muy distinta en el caso del libro en papel, en el que el soporte y el contenido conforman una unidad indisociable. Y si lo digo es porque nuestros libros en papel también se deterioran con el paso del tiempo, sobre todo si se encuentran bajo ciertas condiciones ambientales o si en su producción se han utilizado materiales de mala calidad con el propósito de ahorrar costes. Y bueno, ni hablar de la rapidez a la que caducan muchos de los libros que se publican hoy en día porque sus contenidos se vuelven obsoletos en cuanto salen de la imprenta —e incluso antes—.

Lunes, diciembre 19, 2011 categorizado bajo destacados, mis libros favoritos

mis libros favoritos de 2011

A veces tengo la impresión de que el tiempo para las lecturas de esparcimiento tiende a reducirse cada año que pasa. Ante esa sensación de que ya no tengo todo el tiempo del mundo para leer todo lo que quisiera, cada vez me resulta menos problemático escoger mis lecturas —no sólo porque mi lista de cosas que quiero leer es extensa y no deja de crecer, sino también porque para bien y para mal en este momento tengo unos intereses más o menos claramente definidos como lector—.

 

 

 

 

Como en 2010, este año las lecturas fueron escasas pero sustanciosas. Aquí les dejo el listado de mis libros favoritos de 2011 —Middlesex, de Jeffrey Eugenides, se merece una mención especial como la lectura más rica y placentera del año—.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Middlesex, de Jeffrey Eugenides

Picador

Nueva York, 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Correr, de Jean Echenoz

Anagrama

Barcelona, 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Signatura 400, de Sophie Divry

Blackie Books

Barcelona, 2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ruleta rusa y otros cuentos, de Pere Calders

Anagrama

Barcelona, 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vuitanta-sis contes, de Quim Monzó

Quaderns Crema

Barcelona, 1999

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El paradigma digital y sostenible del libro, de Manuel Gil y Joaquín Rodríguez

Trama editorial

Madrid, 2011

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Homage to Catalonia, de George Orwell

Penguin

Londres, 2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El increíble niño comelibros, de Oliver Jeffers

Fondo de Cultura Económica (FCE)

México D.F., 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Asterios Polyp, de David Mazzucchelli

sins entido

Madrid, 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eloísa y los bichos, de Jairo Buitrago y Rafael Yocketeng

Babel libros

Bogotá, 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El invierno del dibujante, de Paco Roca

Astiberri

Bilbao, 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Wilson, de Daniel Clowes

Jonathan Cape

Londres, 2010

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V de Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd

Planeta DeAgostini

Barcelona, 2008

 

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Espero que hayan tenido unas buenas lecturas en 2011 y les deseo un 2012 rico y provechoso.

el mercado latinoamericano y la industria editorial española

En un momento en el que el deterioro progresivo de la economía de España parece estar lejos de llegar a su fin, el mercado latinoamericano —e incluso el hispanohablante de Estados Unidos— puede ser una carta de salvación para la industria editorial española. El negro panorama de la economía española a futuro contrasta radicalmente con las alentadoras perspectivas de crecimiento económico de algunos países latinoamericanos.

 

La degradación de la economía española ha tenido un impacto visible en las ventas de libros, que desde 2008 vienen disminuyendo sensiblemente. Mientras que en 2008 las ventas de libros en el mercado interior alcanzaron los 3.185,50 millones de euros, en 2010 descendieron hasta los 2.890,80 millones de euros (ver el informe de Comercio Interior del Libro 2010).

 

 

 

De hecho, el informe de Comercio Exterior del Libro 2010 demuestra que Latinoamérica ocupa un lugar bastante importante en las exportaciones de la industria editorial española y que desde el inicio de la crisis económica en España las exportaciones a los países de esa región en términos generales han registrado un comportamiento más bien estable —han fluctuado aunque no de una manera tan drástica—. El siguiente gráfico extraído del informe de Comercio Exterior del Libro 2010 muestra la evolución de las exportaciones de la industria editorial española hacia los principales mercados del continente americano entre 1997 y 2010 —ojo a Brasil y a Estados Unidos, donde la creciente importancia de la lengua española se ve reflejada en un volumen de ventas que a pesar de las fluctuaciones de los últimos años no es nada despreciable—:

 

 

 

Y en la siguiente tabla del mismo informe de Comercio Exterior del Libro 2010 puede verse la evolución entre 1999 y 2010 de las exportaciones de la industria editorial española hacia los países que le resultan más importantes comercialmente —todos ellos tanto de Europa como de América—:

 

 

 

Si las ventas de los libros españoles en España continúan con su tendencia a la baja y en Latinoamérica siguen manteniéndose estables, la industria editorial española podría atenuar al menos parcialmente el impacto de la crisis económica fortaleciendo su presencia en el mercado latinoamericano. Y cuando hablo de la industria editorial española me refiero no sólo a los grandes grupos, sino también a las editoriales pequeñas y medianas.

 

Considero necesario aclarar que cuando digo que para la industria editorial española el fortalecimiento de su presencia en el mercado latinoamericano puede ser una carta de salvación no estoy sugiriendo que deba poner en marcha una ofensiva de colonialismo cultural y económico, ni asumir la actitud del conquistador que pretende arrasar con todo e imponer su ley, ni saturar el mercado hasta reventarlo ni mucho menos inundarlo con toneladas de libros que no ha podido vender en España para sacarles algún rendimiento saldándolos y no tener que seguir asumiendo los costes que implica gestionar una mercancía cuyo valor para el mercado interno es casi nulo.

 

 

 

Me refiero más bien a que la industria editorial española replantee su relación con Latinoamérica contribuyendo tanto a la dinamización y al crecimiento del mercado como a la ampliación, al enriquecimiento y a la diversificación de la oferta de títulos existente en éste. Imaginemos que además de los libros de Random House MondadoriSantillanaPlaneta, Anaya y el Grupo Zeta pudiéramos encontrar en cualquier librería de cualquier ciudad latinoamericana una buena selección de títulos del catálogo de algunas de las mejores pequeñas y medianas editoriales literarias y de pensamiento de España —no sólo las que debido a su trayectoria, tamaño y prestigio ya pueden tener una cierta presencia como Acantilado, Anagrama, Pre-Textos, RBA, Roca, Salamandra, Siruela o Tusquets, sino también las más jóvenes y pequeñas como AlfabiaAlpha Decay, Ático de los libros, Blackie Books, DemipageErrata Naturae, Fórcola, GadirGallo Nero, Impedimenta, Libros del silencio, Melusina, minúscula, Nevsky ProspectsPáginas de espuma, Periférica, Sajalín, Veintisiete letras y un largo etcétera—; imaginemos también que en la librería a la que fuéramos pudiéramos encargar los libros que no estuvieran disponibles allí en ese momento para recibirlos al cabo de un par de días de espera; y, para terminar, imaginemos que pudiéramos comprar estos libros a un precio razonable que se ajustara al poder adquisitivo de la población del país latinoamericano donde nos encontráramos.

 

Es verdad que quizás en ciudades como Buenos Aires, México D.F., Santiago, Bogotá o Lima sea posible acceder a una oferta más o menos amplia de libros importados de España —publicados mayoritariamente por los grandes grupos pero también por editoriales medianas y pequeñas, aunque en menor medida—. Pero también es cierto que a medida que nos acercamos a las periferias de las grandes urbes, a las ciudades secundarias o a los países más pequeños esto tiende a ser cada vez menos cierto. Y luego hay que ver cuánto cuestan los libros importados en los países latinoamericanos.

 

La situación económica de España, las perspectivas de crecimiento a futuro de la economía de ciertos países de Latinoamérica y el espacio que hay para ampliar la diversidad de la oferta en el mercado latinoamericano explican por qué ahora más que nunca éste tiene un carácter estratégico para la industria editorial española.

 

Dicho lo anterior vale la pena plantearse varias preguntas en la dirección opuesta porque hablar de intercambio comercial y cultural implica la circulación de flujos en ambos sentidos: ¿qué interés despierta la producción editorial latinoamericana en el mercado español? ¿A la cadena de valor de la industria editorial española también le interesa comprarle libros a Latinoamérica o sólo vendérselos? ¿En qué sentido y de qué manera le interesa Latinoamérica a la industria editorial española?

 

Aquí se trata no sólo de que la industria editorial española busque la manera de vender libros en los países latinoamericanos, sino también de que se comprometa con la formación de lectores y con la construcción de públicos allí —curiosamente, justo mientras estoy a punto de terminar de escribir esta entrada leo una entrevista a Juan Casamayor publicada el viernes 18 de noviembre en El País en la que el editor de Páginas de espuma dice que “América será ahora la salvación del editor español”—.

 

 

 

Y luego también hay que pensar en algunos problemas operativos que puede suponer para la industria editorial española intentar fortalecer su presencia en Latinoamérica: en primer lugar, la gestión de los derechos de los títulos para comercializarlos en territorio latinoamericano; en segundo lugar, la adaptación a las condiciones del mercado local del precio del libro editado en España —que además de unos costes de producción más elevados, debe tener asociados unos gastos adicionales por concepto de transporte y aranceles—; y, en tercer lugar, la fragmentación del territorio, los obstáculos para mover mercancías de un lugar a otro y la debilidad del sistema de distribución que limita su capacidad de asegurar que los libros lleguen a una parte importante de los puntos de venta.

 

Tras señalar estas dificultades también vale la pena considerar algunas posibles medidas para sortearlas: en primer lugar, la venta de e-books a través de las distintas plataformas de comercialización que existan y que vayan surgiendo —contribuyendo de paso a darle un impulso a este mercado y a estimular su crecimiento—; en segundo lugar, el recurso para el libro impreso a la impresión bajo demanda en los mercados locales con el propósito de ajustar el precio evitando los costes asociados al transporte, a los aranceles y al almacenamiento; y, en tercer lugar, la búsqueda de aliados locales tanto para poner en marcha proyectos de coedición como para asegurar una buena distribución en los distintos países.

 

Además de las dificultades estructurales mencionadas anteriormente, vale la pena tener en cuenta otras de carácter coyuntural como los obstáculos para la importación de libros que existen actualmente en Venezuela y las medidas proteccionistas que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner adoptó recientemente en Argentina en defensa de la industria gráfica nacional —un caso que no afecta sólo a los editores españoles y que va mucho más allá de la detención de cerca de un millón de ejemplares de libros en las aduanas de ese país—. Con respecto a lo que está sucediendo en Argentina recomiendo leer la entrada Esperpento en la aduana: ¿crónica de un secuestro editorial? del blog verba volant, scripta manent, en la que Bernat Ruiz Domènech documenta el caso, señala lo que está en juego tanto para la industria gráfica argentina como para los editores españoles y analiza la situación desde una perspectiva bastante crítica.

 

 

Creo que la proximidad de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) es una buena ocasión para poner sobre la mesa temas como éste e invitar a la reflexión alrededor suyo.

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