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Jueves, febrero 24, 2011 categorizado bajo destacados, industria editorial estadounidense, three percent, traducción

three percent y su base de datos de traducciones en estados unidos

Ya suena a lugar común decir que en Estados Unidos se suelen publicar anualmente poquísimos títulos traducidos de otras lenguas. En síntesis, la premisa repetida una y otra vez de todas las maneras posibles es la siguiente: hay una relación enormemente asimétrica entre la cantidad de títulos escritos en otras lenguas que se traducen y publican en Estados Unidos y el volumen de títulos escritos en inglés por autores estadounidenses que son traducidos y publicados en otros países —para ahondar en este tema recomiendo echarle un ojo al artículo de Emily Williams titulado “The Translation Gap: Why More Foreign Writers Aren’t Published in America”, que Publishing Perspectives publicó hace un año y al que hice referencia en la entrada “antonia kerrigan y la gestión de los derechos de traducción”—.

 

André Schiffrin ilustra esta situación y establece un contraste en L’argent et les motsEl dinero y las palabras— cuando comenta que en Francia el Centre National du Livre (CNL) contribuyó con 1.615.000 euros a la traducción al francés de 330 títulos mientras que ese mismo año en Estados Unidos el National Endowement for the Arts solamente destinó 200.000 dólares para traducir 13 libros al inglés.

 

Hasta aquí no hay nada nuevo.

 

 

 

 

Hace poco conocí Three Percent, un proyecto sobre literatura internacional desarrollado por el programa de estudios de traducción literaria y la editorial de la University of Rochester. El nombre del proyecto se deriva de la ‘estadística citada frecuentemente (establecida inicialmente por Bowker), según la cual sólo el 3% de los libros publicados en Estados Unidos son traducciones’.

 

Entre las iniciativas relacionadas con Three Percent se encuentran su blog, la editorial universitaria Open Letter Books —que publica literatura traducida—, el Best Translated Book Award, el programa de Literary Translation Studies y una base de datos de traducciones que lleva un registro de los libros traducidos en Estados Unidos desde 2008. Three Percent presenta su base de datos de traducciones en los siguientes términos:

 

‘Sospechábamos que el 3% [la parte que representan los libros traducidos en el total de títulos que se publican en Estados Unidos] era una cantidad un poco elevada pero no teníamos cómo confirmar nuestras sospechas —no había un registro del número de traducciones publicadas año tras año—.

 

Por eso decidimos hacer un seguimiento nosotros mismos. Mediante la recolección de tantos catálogos como pudimos y preguntándoles directamente a los editores, hemos logrado construir un registro bastante preciso de los libros publicados en traducción desde el 1 de enero de 2008. Por el bien de nuestra salud mental limitamos nuestra recolección de datos a traducciones originales de ficción y poesía publicadas o distribuidas en Estados Unidos. Por “originales” nos referimos a títulos que nunca antes se habían publicado en inglés (al menos en Estados Unidos). Por lo tanto, ni las nuevas traducciones de títulos clásicos ni las reimpresiones de libros publicados anteriormente están incluidas en nuestra base de datos. Nuestra atención se centra en identificar cuántos nuevos libros y cuántas nuevas voces se están poniendo a la disposición de los lectores angloparlantes’.

 

¿No resulta bastante diciente el hecho de que para un departamento de Literary Translation Studies de una universidad —que como suele suceder en el área de las Humanidades y las Ciencias Sociales no debe ser ni el más grande ni el que cuenta con más recursos— sea posible construir una base de datos en la que se lleva un registro de los libros que se traducen en un mercado tan grande como el estadounidense?

 

 

 

La información que contiene la base de datos de traducciones con respecto a los libros traducidos que están registrados en ella es la siguiente:

 

- ISBN

- Título en inglés

- Nombre y apellido del autor del libro

- Nombre y apellido del traductor del libro

- Editorial

- Género

- Precio

- Mes y año de publicación

- Lengua de origen

- País de origen

 

En la página Web de Three Percent pueden descargarse las versiones de 2008, de 2009, de 2010 y de 2011 (en construcción) de la base de datos de traducciones. Sería bueno que un día no muy lejano tuviéramos la posibilidad de consultar la base de datos de traducciones a través de una aplicación online en lugar de tener que descargar los archivos necesariamennte.

 

Este conjunto de iniciativas desarrolladas por el programa de Literary Translation Studies y la editorial Open Letter Books de la University of Rochester pone en evidencia la diversidad de intereses que hay en las universidades estadounidenses y la gran cantidad de recursos de todo tipo que éstas destinan a la construcción de fondos documentales, de colecciones de patrimonio cultural y de bases de datos sobre la más amplia variedad de temas. Por ejemplo, en varias ocasiones he oído decir que una buena parte de los programas y de las bibliotecas más importantes de literatura latinoamericana de todo el mundo se encuentran en universidades de Estados Unidos —lo cual es todo menos extraño—.

 

 

Esta base de datos de traducciones debería ser una fuente de información fundamental para quienes están interesados en el mercado editorial estadounidense, en la presencia que tienen en éste los libros traducidos y en la traducción en general. Aunque es cierto que los datos puros y duros no permiten hacer más que un trabajo meramente descriptivo, también es verdad que puestos en contexto y cruzados con información cualitativa éstos pueden ser el punto de partida para la realización de análisis mucho más complejos, detallados, ricos y jugosos.

 

La utilidad de esta base de datos de traducciones demuestra la importancia estratégica que tiene el hecho de contar con un buen volumen de información amplia y sólida sobre distintos aspectos relacionados con los mercados —un tema que abordé hace unas semanas cuando hablaba acerca de la transparencia y la opacidad y al cual también se refirió Manuel Gil en la entrada “Las cifras de la edición 2010: de la epopeya a la elegía (o sobrealimentado de datos e infranutrido de información)” del blog Antinomias libro—.

 

***

 

A manera de bonus track les dejo el vídeo de la presentación “Why Sell eBooks in Spanish in the U.S. and How to Make it Happen in 8 Months” —”Por qué vender e-books en español en Estados Unidos y cómo lograrlo en ocho meses”— hecha por Patricia Arancibia, de Barnes & Noble.com, en la conferencia Tools of Change for Publishing (TOC) 2011 que tuvo lugar en Nueva York entre el 14 y el 16 de febrero pasados.

 

 

la edición independiente hoy vista por andré schiffrin: un florecimiento no exento de problemas

André Schiffrin abre la introducción de su libro L’argent et les motsEl dinero y las palabras— comentando la evolución que ha tenido el panorama editorial francés desde la publicación de La edición sin editores en Francia, que tuvo lugar hace ya una década. Dice Schiffrin con respecto a la reacción que en su momento suscitó este libro en Francia:

‘La situación que yo describía en el mundo anglosajón en efecto era crítica y lamentable pero tal evolución era imposible en el país de la excepción francesa, donde la diversidad cultural forma parte integrante del sistema. A decir verdad la reacción en España, donde el libro apareció un tiempo después, fue sensiblemente la misma. Hoy aquellos que leyeron el libro me reprochan haber sido demasiado optimista. La situación actual es aún peor que la que yo describía e incluso peor que lo que yo esperaba. Porque yo también pensaba que en la situación francesa el peso de los dos grandes grupos, Hachette y Vivendi, podría permanecer felizmente equilibrado por el tercer grupo, el de los independientes, que es lo suficientemente poderoso e influyente para mantenerse en pie frente a la presión de los conglomerados y a la tendencia hacia la globalización’.

Si en Francia los editores independientes conforman un bloque ‘lo suficientemente poderoso e influyente para mantenerse en pie frente a la presión de los conglomerados’, ¿qué podemos decir al respecto en el caso español?

Schiffrin explica la repercusión que el modelo de gestión de los grandes grupos está teniendo sobre su actividad editorial, lo cual está representando una oportunidad para el número creciente de pequeñas editoriales independientes que desde hace unos años vienen enriqueciendo el panorama de la edición tanto en Europa como en los Estados Unidos. Además de describir la situación en la que se encuentran actualmente los buenos editores que aún quedan en los grandes grupos, Schiffrin destaca el fenómeno del florecimiento de la edición independiente al mismo tiempo que llama la atención sobre las dificultades a las que deben enfrentarse las pequeñas editoriales pertenecientes a este segmento para dar a conocer y distribuir los títulos que editan. Al respecto anota Schiffrin:

‘En este mismo orden de ideas, en los grandes grupos estadounidenses y europeos se da una tendencia centralizadora: editoriales hasta el momento independientes se han fundido en conjuntos más vastos, lo que permite despedir todavía a más gente (…)

Todo esto no quiere decir que los grandes grupos vayan a desaparecer de la circulación, como algunos han sugerido. Lo más probable es que continúen publicando best sellers año tras año y beneficiándose de las ventas de su fondo, construido en tiempos más propicios. Su flujo de novedades va a reducirse a su mínima expresión y a limitarse a los títulos susceptibles de generar beneficios. Es una época difícil para los buenos editores todavía numerosos en estos grupos, que intentan mantener la práctica del oficio que han venido ejerciendo hasta el momento y que consagran lo esencial de su capacidad a mitigar la presión incesante de sus propietarios.

Sin duda ellos estarían de acuerdo en afirmar que los libros que solían publicar y que querrían continuar publicando tienden a ser publicados cada vez más a menudo por las pequeñas editoriales independientes que se han multiplicado en los últimos años en Europa y en los Estados Unidos. (En Italia han aparecido literalmente cientos de nuevas editoriales en los últimos diez años).

Este florecimiento es un signo alentador, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas de estas editoriales han sido creadas por jóvenes. Pero ellas se enfrentan a grandes dificultades tanto para lograr un equilibrio financiero como para asegurar su difusión y su distribución. Para aceptar a un editor los grandes distribuidores exigen un volumen de negocio anual importante, lo cual excluye a la mayor parte de las pequeñas editoriales que por esto deben arreglárselas para hacer su propia difusión y distribución’*.

Tras haber enunciado los principales problemas a los que debe enfrentarse hoy en día la pequeña edición independiente, más adelante Schiffrin plantea que las ayudas públicas son el eje alrededor del cual debería articularse una estrategia orientada a su fortalecimiento. Según Schiffrin estas ayudas deberían materializarse en fondos para financiar la edición de proyectos puntuales o la traducción de textos escritos en otras lenguas cuya viabilidad comercial es baja, para pagar el salario de los empleados o el alquiler de las oficinas y para que las bibliotecas públicas incluyan en sus adquisiciones títulos de estas editoriales.

Aunque soy consciente de que ciertas ayudas públicas son críticas para que el desarrollo de algunas iniciativas editoriales sea posible, tengo mis reservas con respecto a una cultura tan altamente subvencionada como la que propone Schiffrin. Además de que no creo que la viabilidad y la sostenibilidad de ningún proyecto privado deban depender de manera significativa de los fondos públicos, cada vez que se convocan y se asignan ayudas oficiales se lleva uno más de una ingrata sorpresa al ver a dónde van a parar esos recursos y lo que se hace con ellos.

Me pregunto qué pensará Schiffrin acerca de las posibilidades y las oportunidades que la emergencia de lo digital les abre a los pequeños editores para encarar no sólo el proceso de edición de sus libros y la construcción de su oferta, sino también aspectos operativos vitales como la comunicación, la promoción y la comercialización —un tema al que estamos dándole vueltas en el grupo “Las estrategias de la edición independiente” de Ediciona, al que todos están invitados a unirse—. Creo que hoy en día la omisión de este tema en un libro que intente dar cuenta de la evolución del sector editorial, de su estado actual y de las dificultades a las que deben enfrentarse algunos de sus segmentos sólo es justificable si, como dicen a menudo los informes de investigación académica, abordarlo ‘rebasa los límites de este trabajo’ —Words & Money, la edición original de L’argent et les mots, salió en noviembre de 2010 (casi al tiempo que la traducción francesa)—.

Más adelante comentaré otros de los temas que Schiffrin aborda en L’argent et les mots con la agudeza y el sentido crítico que lo caracterizan.

***

A propósito del estado actual de la edición independiente recomiendo estar atentos a lo que suceda en “Otra mirada, el 1er Encuentro de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas” que organiza la librería Cálamo de Zaragoza y que tendrá lugar los próximos días  24, 25 y 26 de febrero (ver el programa). Y para terminar recomiendo leer el comentario sobre “Otra mirada” que Manuel Gil publicó hoy en Antinomias libro, cuyo título es “Paco Goyanes, kamikaze o visionario”.

* nota: gracias a Gabriela Torregrosa por su colaboración en la traducción de este fragmento de L’argent et les mots.

Jueves, febrero 10, 2011 categorizado bajo destacados, fomento a la lectura

la lectura como opción

De tanto ver durante años cómo algunas campañas de fomento a la lectura y el discurso demagógico de sus organizadores manoseaban cada vez que podían el decálogo de los derechos imprescriptibles del lector, sin haber leído ni una sola línea de Como una novela terminé cogiéndole manía a este libro de Daniel Pennac. Hace unos meses cuando se me atravesó accidentalmente un ejemplar de Como una novela mientras le echaba un ojo a la sección de ensayo de Abacus hice el esfuerzo de intentar quitarme de encima mis prejuicios con respecto a este libro, decidí comprarlo y me propuse leerlo. Gracias a este afortunado encuentro con Como una novela he tenido la oportunidad de descubrir la riqueza de los planteamientos que hace Pennac en los distintos textos breves alrededor de la lectura que reúne este libro.

Aunque en sí mismas las premisas de los derechos imprescriptibles del lector son bastante sugestivas, provocadoras e incluso efectistas desde un punto retórico, el enunciado en sí mismo sólo es la punta del iceberg porque el grueso de la sustancia del apartado de Como una novela dedicado a este decálogo está precisamente en la reflexión que hace Pennac alrededor de cada una de estas máximas. Esta situación me ha hecho pensar que además de ocultar la riqueza que encierra el conjunto de textos reunidos en Como una novela, el manoseo reiterativo del decálogo de los derechos imprescriptibles del lector pone en evidencia que la educación, la cultura y otros ámbitos relacionados con el bienestar social son esferas altamente proclives al populismo y a la demagogia.

Durante un viaje a Tenerife a finales del verano pasado me devoré Como una novela y ahora estoy releyéndolo lápiz en mano. Se trata de un libro en el que hay muchas cosas que subrayar y comentar.

Pennac abre Como una novela con un epígrafe contundente que ya nos sugiere a qué tipo de libro estamos a punto de enfrentarnos:

‘Se ruega (yo les suplico) no utilizar estas páginas como instrumento de tortura pedagógica’*.

Y luego, en la frase inicial del primer apartado del libro titulado “Nacimiento del alquimista”, su autor hace lo que considero una declaración de principios con respecto a la lectura:

‘El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…’.

Con respecto a esa experiencia de iniciación a la lectura que suele estimularse mediante el ejercicio de contarles o leerles historias a los niños en la cama antes de irse a dormir, anota Pennac:

‘La intimidad perdida…

Visto ahora en este comienzo del insomnio, aquel ritual de la lectura, cada noche, al pie de su cama, cuando él era pequeño —hora fija y gestos inmutables—, se parecía un poco a la oración. Aquel armisticio que seguía al estruendo del día, aquel reencuentro al margen de cualquier contingencia, aquel momento de silencio recogido antes de las primeras palabras del relato, nuestra voz al fin semejante a sí misma, la liturgia de los episodios… Sí, la historia leída cada noche cumplía la más bella función de la oración, la más desinteresada, la menos especulativa, y que sólo afecta a los hombres: el perdón de las ofensas. Allí no se confesaba ningún pecado, ni se buscaba conseguir un pedazo de eternidad, era un momento de comunión, entre nosotros, la absolución del texto, un regreso al único paraíso que vale la pena: la intimidad. Sin saberlo, descubríamos una de las funciones esenciales del cuento, y, más ampliamente, del arte en general, que consiste en imponer una tregua al combate de los hombres.

El amor adquiría allí una piel nueva.

Era gratuito’.

Y, más adelante, Pennac describe en los siguientes términos el estado virginal en el que se encuentra el lector recién iniciado al tiempo que lanza una voz de alerta frente a los peligros a los que éste está expuesto debido a la influencia nociva que su entorno puede ejercer sobre él:

‘”Es un público despiadado y excelente“.

Es, en un principio, el buen lector que seguiría siendo si los adultos que lo rodean alimentaran su entusiasmo en lugar de poner a prueba su competencia, si estimularan su deseo de aprender en lugar de imponerle el deber de recitar, si le acompañaran en su esfuerzo sin contentarse con esperarle a la vuelta de la esquina, si consintieran en perder tardes en lugar de intentar ganar tiempo, si hicieran vibrar el presente sin blandir la amenaza del futuro, si se negaran a convertir en dura tarea lo que era un placer, si alimentaran este placer hasta que se transmutara en deber, si sustentaran este deber en la gratuidad de cualquier aprendizaje cultural, y recuperaran ellos mismos el placer de esa gratuidad’.

¿Qué mejor imagen para dar cuenta de lo que sugiere Pennac que la de Jerom Odell leyendo plácidamente en un sofá, tal y como lo vemos en el cabezote del blog Lecturas para Jerom que su padre Pablo está escribiéndole y que éste define como un espacio que espera que ‘me ayudará a encontrar y a contarte todas esas cosas de las que me gustaría conversar contigo’?

Como una novela es una invitación a la lectura que refuerza dos de mis convicciones como lector:

1. cada libro tiene su momento y sus lectores: es decir, que las necesidades, los intereses, las inquietudes, las expectativas y la disposición de cada persona en un momento dado determinan el tipo de libro apropiado para leer en cada ocasión. En síntesis, no hay ningún libro cuya lectura sea obligatoria, necesaria o indispensable para todo el mundo en todo momento y lugar.

No soporto que me digan que “hay que” leer la Ilíada, La Divina comedia, El paraíso perdidoFarenheit 451, El señor de los anillosLa trilogía de Nueva York o Nocilla Dream. Ya llegaré a ellos por azar, por serendipia o por necesidad. O no. Lo importante es tener siempre la opción de elegir.

2. la lectura es una actividad polifacética a través de la cual se pueden satisfacer distintas necesidades y alcanzar diferentes objetivos: entre otras cosas la lectura es una fuente de entretenimiento, de diversión, de placer, de introspección, de fuga, de formación, etc. De ahí la satisfacción íntima e inalienable que la lectura puede llegar a producir cuando se practica sin esperar recibir a cambio ninguna recompensa externa.

Los caminos hacia la lectura son diversos, inesperados y sorprendentes. Yo, por ejemplo, soy un lector accidental: vengo de una casa en la que el único lector era mi hermano mayor. Y aunque cada vez que me pillaba viendo televisión, alistándome para salir con mis amigos o sin hacer nada mi papá me decía que leyera porque la lectura sí era una actividad realmente productiva, nunca le hice mucho caso. En realidad empecé a leer a falta de algo mejor que hacer durante mi último año de colegio, cuando mi novia de la época se fue a vivir a otro país y en un momento en el que mis amigos más cercanos estaban en medio de una dinámica de grupo en la que yo sentía que no encajaba del todo.

Y luego también hay que decir que la lectura como experiencia está sometida a todo tipo de vaivenes y que, por lo tanto, puede ser bastante irregular y accidentada porque, como dice Pennac más adelante, ‘conoce sus aceleraciones y sus bruscas regresiones, sus períodos de bulimia y sus largas siestas digestivas, su sed de progresar y su miedo a decepcionar…’

Para continuar con esta reflexión en torno a la lectura recomiendo leer cuidadosamente Si quieres…lee, de Juan Domingo Argüelles —publicado por la editorial Fórcola a finales de 2009—, así como las consideraciones que José Antonio Vázquez plantea en torno a este libro en el artículo aparecido esta semana en el portal dosdoce.com.

* nota: este epígrafe que se encuentra en la edición francesa de la colección blanca de Gallimard no está incluido en la de Anagrama.

Martes, febrero 1, 2011 categorizado bajo best sellers, destacados, industria editorial española, tendencias, ventas de libros

la transparencia y la opacidad en los mercados

Mientras que los medios especializados anglosajones difunden periódicamente reportes relacionados con el desempeño del mercado editorial y con la cuenta de resultados de algunos de sus actores más importantes durante cada trimestre, la publicación de este tipo de información en nuestro entorno es casi impensable. Aparte de los informes de comercio interior y exterior, de los estudios de hábitos de lectura y compra de libros o de los listados de los títulos más vendidos, por estos lados no se publica mayor información estadística con sus respectivos análisis acerca del rendimiento del sector editorial.

¿Cómo podemos formarnos una idea más o menos realista y acertada con respecto a la evolución y al estado actual del mercado si no tenemos a nuestra disposición series de datos confiables que nos permitan hacer un ejercicio de observación y análisis? Sin estos datos sobre el desempeño del sector y de sus actores, ¿qué tan sólido es el punto de partida y cuál es la probabilidad de acierto de cualquier iniciativa orientada a predecir y anticipar tendencias o a prever escenarios con respecto al desarrollo del mercado de aquí a tres, a cinco o a diez años? ¿Por qué el secretismo y la reticencia a hacer públicos y a poner a circular los datos sobre la facturación, los beneficios o las pérdidas así como a abrir el acceso a éstos?

Es verdad que la información da un cierto poder a aquellos que pueden acceder a ella —sobre todo a quienes lo hacen de manera privilegiada— y también lo es que hay información sensible que por momentos debe manejarse con la más estricta confidencialidad. Pero una cosa es ser cauto y discreto con respecto a los planes o proyectos futuros y otra muy distinta es poner un velo sobre información y datos relacionados con aspectos como las ventas y la facturación en períodos pasados. Dicho esto, vale la pena preguntarse a quién beneficia la opacidad en un mercado y cuál es el coste de ésta para los actores que participan en él.

Si los datos con respecto al desempeño tanto del mercado editorial como de los actores que forman parte de él se hicieran públicos y estuvieran al alcance de cualquiera, podríamos responder con un mínimo de certeza —y no de una manera meramente intuitiva o especulativa— a diversas preguntas acerca de la realidad del sector del libro. Para ilustrar este planteamiento se me ocurren algunos ejemplos de preguntas tanto genéricas como relacionadas con la trayectoria de editoriales, títulos y autores más o menos populares:

- ¿Cuántos ejemplares de un título “x” se han vendido?

- ¿Cuándo y dónde han tenido lugar las ventas del título “x”?

- ¿Cuál es la repercusión que tienen sobre las ventas de un título la aparición de una reseña, un acto de lanzamiento, la visita promocional de su autor o la exposición mediática de éste?

- ¿Contribuye la publicación de una novedad a darle un nuevo impulso a las ventas de los títulos anteriores de su autor?

- ¿Cuántos ejemplares ha vendido Anagrama de un título como Sunset Park, teniendo en cuenta que Paul Auster es un autor de culto?

- ¿El hecho de que Todo va a cambiar, el libro de Enrique Dans, pueda descargarse gratuita y legalmente en la red ha repercutido sobre sus ventas tanto en papel como en formato electrónico?

- ¿Qué porcentaje representan dentro de la facturación de Salamandra los títulos de la saga de Harry Potter?

- ¿Cuántos ejemplares de best sellers recientes como La caída de los gigantes o los títulos de la saga Crepúsculo y de la trilogía Millenium se han vendido en formato digital?

- ¿En qué medida ha incidido la entrega del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa en la venta de sus distintos títulos y en la facturación del Grupo Santillana a través de algunos de sus sellos como Alfaguara y Punto de lectura?

- ¿Cuál es el aporte que hacen a los ingresos de una editorial sus novedades y su backlist?

Aunque organizaciones como la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL) y el Observatorio de la Lectura y el Libro publican con una cierta frecuencia algunas cifras consolidadas con respecto al estado del sector y a su evolución, al ser demasiado generales éstas no pueden decir mayor cosa con respecto a detalles puntuales mucho más específicos. Supongo que el Nielsen BookScan está en capacidad de decirnos cuántos ejemplares de un título se han vendido o cuándo y dónde han tenido lugar estas ventas, por lo cual una metodología como la suya podría ser una alternativa interesante para producir información detallada con respecto a lo que se está vendiendo. Hoy en día los sistemas de gestión de librerías y las plataformas de e-commerce permiten recopilar y procesar los datos en tiempo real y de una manera económica, así que lo único que hace falta para que una buena parte de esta información se publique, circule abiertamente y sea accesible universalmente es que los distintos actores del sector manifiesten y hagan efectiva la voluntad de movilizar los recursos necesarios para hacerlo —lo cual no es poca cosa—.

Quizás nuestra visión de la realidad del sector sería más completa, sólida y certera si los valiosos informes que las organizaciones gremiales realizan periódicamente pudieran complementarse y cruzarse con información detallada con respecto al desempeño de los distintos actores. De esta manera, hablando en un sentido puramente estadístico podríamos construir un quién es quién del sector editorial basado en “quién eres a partir de lo que dicen los hechos sobre tu desempeño” y no en “quién nos quieres hacer creer que eres” o en “por quién pretendes hacerte pasar”. Muchas veces basta con hablar cinco minutos con un librero, con un distribuidor, con un editor o con un representante de alguna organización gremial para encontrar diferencias significativas entre los discursos oficiales que los distintos actores del sector ponen a circular a través de sus apariciones en público y lo que realmente está pasando.

La información es un importante recurso al servicio de los procesos de toma de decisiones y es útil no sólo para aquellos actores que ya están implantados en el mercado, para los emprendedores o para los inversionistas, sino también para quienes observamos el sector del libro con el propósito de intentar entenderlo y de dar cuenta de lo que está pasando en él.

***

Una última cosa: el pasado 18 de enero la Association of American Publishers (AAP) y el Book Industry Study Group (BISG) anunciaron en un comunicado de prensa conjunto una alianza con la firma Bowker para desarrollar en Estados Unidos un nuevo modelo de datos sobre la industria del libro. El comunicado empieza diciendo que:

‘La AAP y el BISG se han embarcado en una ambiciosa empresa, desarrollando conjuntamente un nuevo modelo de estadísticas para hacer un mejor seguimiento de las transformaciones en la manera como el contenido de los libros se produce y se vende en la era de lo digital’.

Y más adelante el comunicado hace una declaración con respecto a la importancia que tiene el compromiso del conjunto de la industria con esta iniciativa:

‘Nuestros esfuerzos para mejorar la precisión y la calidad de la recopilación de los datos se basan principalmente en el compromiso y la participación de toda la industria. Los envíos de datos de los editores de libros son críticos para el éxito del producto final’.

Si alguien quiere echarle un ojo al diseño de este nuevo modelo de recolección de datos sobre la industria del libro desarrollado por la AAP y el BISG, puede descargar el documento “AAP/BISG Data Model Annual Reporting”.

Interesante, ¿no?

Miércoles, diciembre 22, 2010 categorizado bajo destacados, libros

¡felices fiestas!

‘[Padres desconocidos: una infancia en Ucrania, de Morris Stock, y Los sinvergüenzas, de Daphne Anderson] Me hicieron entender con toda claridad la razón capital por la que para mí han sido y son los libros tan importantes. No es porque me produzca placer el arte de escribir, aunque esto también ha tenido mucho que ver. Es porque me han llevado mucho más allá de los angostos límites de mi propia experiencia y porque han ampliado en gran medida mi percepción de la complejidad de la vida: de sus tinieblas que todo lo consumen y, gracias a Dios, de la luz que sigue empeñándose con bien en brillar en medio’.

Diana Athill, en Stet [vale lo tachado]

Que tengan todos unas felices fiestas, que reciban mucho cariño y que 2011 venga lleno de cosas bonitas.

Nos vemos de vuelta en enero de 2011.

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