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Miércoles, noviembre 24, 2010 categorizado bajo auto edición, destacados, e-book, edición digital

rebelión en la red: the people vs. amazon?

Hace un par de semanas Amazon volvió a protagonizar una polémica debido a la aparición en su Kindle Store de The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure, un e-book autopublicado por Phillip R Greaves 2nd. Al parecer todo empezó con una entrada publicada el 10 de noviembre en TechCrunch en la que se alertaba sobre la presencia en el catálogo de la Kindle Store de un libro sobre pedofilia que se vendía por 4.79 dólares.

Según reportó TechCrunch en una actualización de la entrada en la que lanzó la alerta, la respuesta que Amazon dio en su momento a las manifestaciones de los usuarios en contra de la presencia de The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure en su Kindle Store fue la siguiente:

Amazon cree que es censura no vender ciertos libros solamente porque nosotros u otros crean que su mensaje es objetable. Amazon no apoya ni promueve actos criminales o de odio pero sí apoya el derecho de cada individuo a tomar sus propias decisiones de compra’.

Ante esta situación la reacción de un grupo de usuarios de Internet no se hizo esperar: el libro recibió una una cascada de votos negativos en la Kindle Store, se creó un grupo en Facebook llamado “Boycott AMAZONnow for Carrying The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure y en Twitter miles de personas hicieron eco de la noticia y sentaron su posición al respecto —una parte importante de ellas en contra de Amazon—. Y, claro, adicionalmente las ventas del libro se dispararon.

Supongo que debido no sólo a las presiones de los usuarios sino también a la manera como los comentarios aparecidos en la prensa —sobre todo en las publicaciones que se ocupan de la actualidad del sector editorial— podrían perjudicar su imagen, finalmente el 11 de noviembre Amazon decidió ceder y retirar el libro de la Kindle Store. Desde entonces el resultado que arroja la búsqueda del libro en Amazon es el siguiente:

Esta situación me lleva a plantearme dos preguntas: ¿cuál es el precio que deben pagar los miembros de la cadena de valor del sector editorial por publicar o comercializar contenidos que fomenten, promuevan o exalten posturas, prácticas y actitudes que van en contra de los valores establecidos, de lo comúnmente aceptado o de la legalidad? ¿Cuál es en este caso la responsabilidad de Amazon en su condición de proveedor de una plataforma tanto de autopublicación como de comercialización de contenidos?

Ni éste es el primer escándalo protagonizado por Amazon ni ésta es la primera vez que los usuarios montan un boicot en contra suya debido a sus salidas en falso. Entre otros boicots de algunos grupos de usuarios que han tenido lugar en Amazon se destacan los siguientes:

- la campaña contra las editoriales que suscriben el agency model en el Reino Unido —Hachette, Penguin y HarperCollins— en señal de protesta contra su política de precios. Esta campaña consistió en invitar a los usuarios a no comprar e-books de estas editoriales y a darles votos negativos a los títulos de sus grandes autores (ver el artículo “Customer anger at agency ‘price fixing’ in Kindle forum”, de The Bookseller).

- la iniciativa contra los e-books que costaban más de 9.99 dólares (ver la entrada “Readers Boycotting Kindle Titles Priced Above $9.99″, de O’Reilly radar).

También vale la pena recordar otras acciones polémicas de Amazon que no sólo han provocado enfrentamientos tanto con diferentes actores del sector como con los usuarios que han visto vulnerados sus intereses, sino que también han dado mucho de qué hablar:

- el retiro por parte de Amazon del botón de compra de su oferta de e-books de la filial estadounidense de Macmillan al no llegar a un acuerdo con ésta en torno al precio de venta de sus títulos (ver los artículos “Macmillan US chief: Amazon deal ‘near to hand’” y “Macmillan US and Amazon.com settle e-books dispute”, de The Bookseller).

- el retiro tanto de 1984 como de Animal Farm, de George Orwell, de la biblioteca digital de los usuarios que habían comprado en la Kindle Store estos dos títulos que Amazon estaba vendiendo sin la autorización de su editor (ver los artículos “Amazon Erases Orwell Books From Kindle”, de The New York Times, y “Amazon likened to Big Brother after deleting 1984 from Kindles”, de The Bookseller).

- el intento de incorporar en el Kindle 2 una funcionalidad a través de la cual se pretendía que una voz generada por ordenador leyera en voz alta los textos de los e-books (ver el artículo “New Kindle Audio Feature Causes a Stir”, de The Wall Street Journal).

En la mayoría de estos casos Amazon ha terminado por llegar a acuerdos con los actores del sector que han ejercido una presión en su contra tras ver sus intereses vulnerados por algunas de sus políticas y prácticas, por modificar algunos de sus planteamientos con respecto a éstas o por pedir disculpas a los perjudicados por sus acciones.

Gracias a la capacidad de diseminación y de movilización que tiene Internet, noticias como la publicación de The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure y las reacciones suscitadas por ésta tienen en la Web un eco y una repercusión impensables en el mundo offline. Esto quiere decir que no escuchar las demandas del usuario, desconocer sus derechos y pasar por encima suyo hoy en día puede tener un coste altísimo cuyos efectos pueden ser particularmente perjudiciales para empresas nativas digitales que tienen un posicionamiento, un reconocimiento y una reputación que no se derivan de una presencia previa en el mundo analógico. En síntesis, “el que la hace, la paga” —como dice el slogan de la campaña de Transports Metropolitans de Barcelona para evitar que la gente se cuele en el transporte público—.

Aunque no cabe duda de que todas estas situaciones han perjudicado la imagen de Amazon, también es verdad que las políticas globales y las acciones puntuales siempre se pueden rectificar —aunque está claro que el importe de la cuenta de cobro depende no sólo de la naturaleza y de las razones del enfrentamiento, sino también de cómo y cuándo se reaccione—. Al respecto hay que decir dos cosas: en primer lugar, que tanto la velocidad a la que se desarrollan los acontecimientos como la avalancha de flujos de información a la que estamos sometidos hacen que hoy en día la actualidad sea bastante efímera y que lo que es noticia en un momento dado sea olvidado rápidamente; y, en segundo lugar, que si se quiere recuperar la memoria de una situación particular que haya tenido una cierta publicidad actualmente es posible desenterrarla del olvido y reconstruirla gracias a ese gran repositorio de contenidos que es la Web.

¿quién no necesita un editor?

Hace unas semanas en la revista Newsweek apareció un artículo titulado “Who Needs a Publisher?” (“¿Quién necesita un editor?”), que en el fondo sugiere que las editoriales se han vuelto prescindibles porque al publicar sus obras en las plataformas de autopublicación existentes hoy en día los autores pueden no sólo darlas a conocer sino también convertirlas en éxitos comerciales y ganar mucho dinero con ellas. El artículo empieza contando la historia de Boyd Morrison, quien mientras hacía un doctorado en Ingeniería empezó a escribir novelas. Cuenta el artículo que tras sufrir durante años el rechazo de varios agentes y editores, en marzo de 2009 Morrison publicó sus obras en la Kindle Store de Amazon y al cabo de unos meses estaba vendiendo 4000 libros mensuales. Pero el éxito de Morrison va mucho más allá: en mayo pasado la editorial Simon & Schuster publicó en tapa dura una de sus novelas autopublicadas.

A continuación el artículo cita a Bob Young, director ejecutivo de Lulu.com, quien dice que ‘la publicación y la distribución de libros en línea no será la vieja industria del libro trasladada a una nueva plataforma. Será una nueva industria dependiente no de best sellers sino de publicaciones de nicho’.

Luego el artículo menciona la diferencia entre el porcentaje de regalías que los editores tradicionales y las plataformas de autopublicación le dan al autor por la venta de sus libros: mientras que por la publicación de un libro de bolsillo un editor tradicional les da entre el 8% y el 9%, ‘en la mayoría de los acuerdos de autopublicación los autores reciben entre el 70% y el 80% de las regalías’.

Según el artículo, una de las claves del éxito de la autopublicación está en el precio de los libros: si un e-book autopublicado cuesta 2.99 dólares, el precio de un libro en tapa dura publicado por un editor ronda los 25 dólares.

De este artículo que a partir de un par de casos de éxito dibuja un panorama casi idílico me llama más la atención lo que omite que lo que dice. Por ningún lado hay información con respecto a las plataformas de autopublicación —cuántos autores son usuarios de ellas, cuánto dinero mueven éstas, el porcentaje de autores que logran ganar algo de dinero publicando sus libros allí, los diferentes rangos de cifras de ventas y el porcentaje de títulos y autores que abarca cada uno de ellos, etc.—, a las estrategias a las que han recurrido los autores que han conseguido un cierto éxito en ventas para dar a conocer y vender sus libros publicados en estas plataformas, a los recursos que han debido invertir para ponerlas en marcha, a la acogida que han tenido sus obras entre sus lectores o al punto de vista de algún sector de lo que podríamos llamar “la industria editorial tradicional”.

Presentados fuera de contexto, estos casos de éxito y estas cifras confunden y engañan más de lo que informan y aclaran. Este artículo de Newsweek pone en evidencia la falta de rigor de algunos medios generalistas tradicionales a la hora de abordar ciertos temas desde una perspectiva en la que se conjuguen un mínimo de contextualización, profundización y análisis.

Gracias a las transformaciones que se están produciendo debido a la emergencia de lo digital estamos frente a un escenario híbrido en el que el modelo de edición tradicional convivirá durante años con el de los contenidos digitales y en el que la supervivencia de las editoriales que vienen del mundo del papel seguramente dependerá de su capacidad no sólo de adaptarse a las nuevas condiciones de su entorno sino también de incidir en su configuración.

En 2001 Jason Epstein ya comentaba en La industria del libro que gracias a las tecnologías digitales muy pronto los autores podrían publicar, promocionar y vender sus libros sin la mediación de agentes literarios y editores.

Un argumento a favor de los planteamientos de Epstein y del artículo de Newsweek es la decisión de Seth Godin, quien el pasado 23 de agosto anunció en una entrada de su blog titulada “Moving on” que ‘Linchpin será mi último libro publicado de la manera tradicional’.

Así explica Godin su decisión en su entrada:

‘Mientras que el medio cambia los editores están a la defensiva …. Honestamente no puedo pensar en un solo editor de libros tradicional que en la última década haya liderado el desarrollo de una innovación de mercado o de marketing exitosa. La pregunta que siempre se hacen las empresas parece ser: “¿cómo va este cambio en el mercado a perjudicar nuestro negocio?” Para ser breve: no estoy seguro de que yo le sirva a mi público (es decir, a usted) preocupándome por cómo un nuevo enfoque va a ayudar o a perjudicar a Barnes & Noble (…)

He dado un gran rodeo para decir que mientras los métodos de difusión de las ideas y de relacionarse con las personas cambian sin cesar, yo no puedo pensar en una buena razón para estar a la defensiva. Han pasado años desde que me desperté en la mañana diciendo: “Necesito escribir un libro, me pregunto sobre qué debería ser”. En cambio, mi misión es averiguar quiénes componen su audiencia y llevarlos a donde quieran ir en el formato que funcione incluso si no se trata de un libro publicado de la manera tradicional’.

Yo no comparto del todo el entusiasmo de Epstein con respecto a la capacidad de los autores de hacerlo todo por sí mismos y matizaría sus afirmaciones porque la explosión de contenidos a la que estamos expuestos actualmente hace más necesaria que nunca la mediación prescriptora de editores, libreros y comentaristas de libros —sobre todo teniendo en cuenta que no cualquiera que escriba tiene ni el conocimiento tanto del marketing como del mundo digital ni mucho menos la capacidad de generación de opinión de Seth Godin—. Aunque en este momento sólo se me vienen a la cabeza un par de casos de éxito cercanos en el campo de la autopublicación, cada vez conozco más autores que apuestan por jugar un rol activo en la promoción de sus libros publicados por editores tradicionales.

En una entrevista publicada recientemente en Sobre edición la editora argentina Julieta Lionetti se refiere justamente a la importancia creciente que tiene para los autores disponer de una red y de una plataforma de visibilidad propias. Al respecto dice Lionetti:

‘Ahora los editores tradicionales les exigen con mayor frecuencia a sus autores que aporten una plataforma mediática. Si un autor no tiene plataforma, es muy probable que nunca sea publicado por un editor respetable’.

Visto el impacto de los cambios que estamos viviendo actualmente gracias a la emergencia de lo digital, no descarto que en algún momento el escenario sin la mediación de agentes y editores al que se viene refiriendo Epstein desde 2001 deje de ser algo probable y se convierta en una realidad incontrovertible.

Sin embargo, creo que para conseguir que sus libros se vean, se vendan y se lean hoy en día los autores siguen necesitando en una medida importante una serie de recursos que los editores ponen a su disposición: su know how con respecto a su oficio, su conocimiento del mercado, el aparato de su estructura organizacional, el apoyo de su red y el respaldo de su marca —lo cual no es poca cosa—.

Viernes, febrero 22, 2008 categorizado bajo auto edición, edición, industria editorial

dos artículos sobre la autopublicación

La autopublicación es un tema que nunca me había interesado mucho pero que a raíz de dos artículos que me encontré esta semana empieza a suscitarme algunas preguntas a las que me referiré en los próximos días. Los artículos en cuestión son los siguientes:

- “borders self-publishing and the idea of vanity”, en el blog if:book

- “self-publish boom challenging old order”, en The Guardian


Sobre la idea de vanidad, la entrada de if:book dice los siguiente:


‘In the realm of print, there is (or traditionally has been) something vain, pretentious, even delusional, in the laying out of cash to simulate a kind of publication that is normally granted, by the forces of economics and cultural arbitration, to a talented or lucky few. Of course, so-called vanity publishing can also come from a pure impulse to get something out into the world that no one is willing to pay for, but generally speaking, it is something we’ve looked down on. Blogs, MySpace, personal web pages and the like arise out of a different set of socio-economic conditions. The barriers to publication are incredibly low (digital divide notwithstanding), and so authorship online is perceived differently than in print, even if it still arises out of the same basic need to communicate. It feels more like simply taking part in a conversation, participating in a commons. One is not immediately suspicious of the author’s credibility in quite the same way as when the self-financed publication is in print’.


Acerca de iniciativas de autopublicación como la de Lulu y Borders, la de Booksurge —comprada hace poco por Amazon—, la de iUniverse, la de Blurb o la de ColdTreePress, el artículo de The Guardian se refiere a los esfuerzos que están haciendo estas empresas para que incluso quienes menos saben de informática puedan gestionar fácilmente desde su ordenador personal la publicación de sus libros y, de esta manera, ampliar su mercado al máximo. Dice el artículo:


‘While self-publish companies stress the ease-of-use of their tools there is no doubt that authors – particularly those older and less computer-savvy – may be intimidated by going it totally alone. This has led to a subset of the self-publishing trend … the rise in “assisted self-publishing” or “subsidy publishing” from companies such as Ecademy Press and AuthorHouse.


According to self-publish consultant, Mindy Gibbins-Klein, who operates The Book Midwife in St. Albans, Herts, that option could also be a better bet particularly for business people who want to write a book to demonstrate their insider knowledge on a particular subject.


“Using a cooperative publisher also ensures a greater level of quality control. If people are publishing to declare their expertise and raise their credibility in business, they need to make sure their books reflect that,” she says.


It is not only business people who want to self-publish. Lulu’s Pate says an ageing population, with more money, more life experience and more time on their hands to write will combine with the new and improving technologies to help drive the self-publish business.


“The ubiquitous use of Microsoft Word together with desktop publishing software, digital printing technologies and workflow solutions linked to the internet and “bang, you have got a whole new market that could not exist without each of those pieces together”’.