rebelión en la red: the people vs. amazon?
Hace un par de semanas Amazon volvió a protagonizar una polémica debido a la aparición en su Kindle Store de The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure, un e-book autopublicado por Phillip R Greaves 2nd. Al parecer todo empezó con una entrada publicada el 10 de noviembre en TechCrunch en la que se alertaba sobre la presencia en el catálogo de la Kindle Store de un libro sobre pedofilia que se vendía por 4.79 dólares.
Según reportó TechCrunch en una actualización de la entrada en la que lanzó la alerta, la respuesta que Amazon dio en su momento a las manifestaciones de los usuarios en contra de la presencia de The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure en su Kindle Store fue la siguiente:
‘Amazon cree que es censura no vender ciertos libros solamente porque nosotros u otros crean que su mensaje es objetable. Amazon no apoya ni promueve actos criminales o de odio pero sí apoya el derecho de cada individuo a tomar sus propias decisiones de compra’.
Ante esta situación la reacción de un grupo de usuarios de Internet no se hizo esperar: el libro recibió una una cascada de votos negativos en la Kindle Store, se creó un grupo en Facebook llamado “Boycott AMAZONnow for Carrying The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure“ y en Twitter miles de personas hicieron eco de la noticia y sentaron su posición al respecto —una parte importante de ellas en contra de Amazon—. Y, claro, adicionalmente las ventas del libro se dispararon.
Supongo que debido no sólo a las presiones de los usuarios sino también a la manera como los comentarios aparecidos en la prensa —sobre todo en las publicaciones que se ocupan de la actualidad del sector editorial— podrían perjudicar su imagen, finalmente el 11 de noviembre Amazon decidió ceder y retirar el libro de la Kindle Store. Desde entonces el resultado que arroja la búsqueda del libro en Amazon es el siguiente:
Esta situación me lleva a plantearme dos preguntas: ¿cuál es el precio que deben pagar los miembros de la cadena de valor del sector editorial por publicar o comercializar contenidos que fomenten, promuevan o exalten posturas, prácticas y actitudes que van en contra de los valores establecidos, de lo comúnmente aceptado o de la legalidad? ¿Cuál es en este caso la responsabilidad de Amazon en su condición de proveedor de una plataforma tanto de autopublicación como de comercialización de contenidos?
Ni éste es el primer escándalo protagonizado por Amazon ni ésta es la primera vez que los usuarios montan un boicot en contra suya debido a sus salidas en falso. Entre otros boicots de algunos grupos de usuarios que han tenido lugar en Amazon se destacan los siguientes:
- la campaña contra las editoriales que suscriben el agency model en el Reino Unido —Hachette, Penguin y HarperCollins— en señal de protesta contra su política de precios. Esta campaña consistió en invitar a los usuarios a no comprar e-books de estas editoriales y a darles votos negativos a los títulos de sus grandes autores (ver el artículo “Customer anger at agency ‘price fixing’ in Kindle forum”, de The Bookseller).
- la iniciativa contra los e-books que costaban más de 9.99 dólares (ver la entrada “Readers Boycotting Kindle Titles Priced Above $9.99″, de O’Reilly radar).
También vale la pena recordar otras acciones polémicas de Amazon que no sólo han provocado enfrentamientos tanto con diferentes actores del sector como con los usuarios que han visto vulnerados sus intereses, sino que también han dado mucho de qué hablar:
- el retiro por parte de Amazon del botón de compra de su oferta de e-books de la filial estadounidense de Macmillan al no llegar a un acuerdo con ésta en torno al precio de venta de sus títulos (ver los artículos “Macmillan US chief: Amazon deal ‘near to hand’” y “Macmillan US and Amazon.com settle e-books dispute”, de The Bookseller).
- el retiro tanto de 1984 como de Animal Farm, de George Orwell, de la biblioteca digital de los usuarios que habían comprado en la Kindle Store estos dos títulos que Amazon estaba vendiendo sin la autorización de su editor (ver los artículos “Amazon Erases Orwell Books From Kindle”, de The New York Times, y “Amazon likened to Big Brother after deleting 1984 from Kindles”, de The Bookseller).
- el intento de incorporar en el Kindle 2 una funcionalidad a través de la cual se pretendía que una voz generada por ordenador leyera en voz alta los textos de los e-books (ver el artículo “New Kindle Audio Feature Causes a Stir”, de The Wall Street Journal).
En la mayoría de estos casos Amazon ha terminado por llegar a acuerdos con los actores del sector que han ejercido una presión en su contra tras ver sus intereses vulnerados por algunas de sus políticas y prácticas, por modificar algunos de sus planteamientos con respecto a éstas o por pedir disculpas a los perjudicados por sus acciones.
Gracias a la capacidad de diseminación y de movilización que tiene Internet, noticias como la publicación de The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure y las reacciones suscitadas por ésta tienen en la Web un eco y una repercusión impensables en el mundo offline. Esto quiere decir que no escuchar las demandas del usuario, desconocer sus derechos y pasar por encima suyo hoy en día puede tener un coste altísimo cuyos efectos pueden ser particularmente perjudiciales para empresas nativas digitales que tienen un posicionamiento, un reconocimiento y una reputación que no se derivan de una presencia previa en el mundo analógico. En síntesis, “el que la hace, la paga” —como dice el slogan de la campaña de Transports Metropolitans de Barcelona para evitar que la gente se cuele en el transporte público—.
Aunque no cabe duda de que todas estas situaciones han perjudicado la imagen de Amazon, también es verdad que las políticas globales y las acciones puntuales siempre se pueden rectificar —aunque está claro que el importe de la cuenta de cobro depende no sólo de la naturaleza y de las razones del enfrentamiento, sino también de cómo y cuándo se reaccione—. Al respecto hay que decir dos cosas: en primer lugar, que tanto la velocidad a la que se desarrollan los acontecimientos como la avalancha de flujos de información a la que estamos sometidos hacen que hoy en día la actualidad sea bastante efímera y que lo que es noticia en un momento dado sea olvidado rápidamente; y, en segundo lugar, que si se quiere recuperar la memoria de una situación particular que haya tenido una cierta publicidad actualmente es posible desenterrarla del olvido y reconstruirla gracias a ese gran repositorio de contenidos que es la Web.







@martingomez78