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la independencia en la edición colombiana: ¿una fuente de valor añadido o un simple eslogan?

Hace cerca de dos años Margarita Valencia estaba coordinando un número monográfico del Boletín cultural y bibliográfico del Banco de la República dedicado a la edición en Colombia, en el cual me invitó a participar. Para este monográfico Margarita me propuso que escribiera un artículo sobre la edición independiente en Colombia. El resultado de mi participación en el número 86 del Boletín cultural y bibliográfico es el artículo “La independencia en la edición colombiana: ¿una fuente de valor añadido o un simple eslogan?”.

 

 

 

BOLETÍN_CULTURAL_Y_BIBLIOGRÁFICO_86

 

 

 

El artículo empieza con un análisis de las consecuencias que podría haber tenido el desmantelamiento de una parte importante de las operaciones del Grupo Editorial Norma tras el replanteamiento del enfoque del negocio editorial de Carvajal y en él abordo los siguientes temas con respecto a la edición independiente en Colombia: los criterios a partir de los cuales considero que podría definirse la pequeña edición independiente; la convivencia entre la tendencia hacia la creciente concentración de la propiedad en el ámbito de los grandes grupos y el robustecimiento del segmento de la edición independiente, en el que hay un número cada vez mayor de editoriales; las distintas generaciones de editoriales independientes y las diferencias existentes entre ellas; el bajo número de títulos escritos en lengua extranjera que las editoriales colombianas están traduciendo y publicando actualmente; el asociacionismo en la edición independiente; los nuevos filones que la edición independiente está explorando y explotando hoy en día; y las perspectivas a corto, mediano y largo plazo tanto del conjunto de la edición independiente como de las editoriales que lo componen.

 

 

 

LA_INDEPENDENCIA_EN_LA_EDICIÓN_COLOMBIANA

 

 

Aunque sigo siendo tan entusiasta de la edición independiente como lo era hace unos años, con el paso del tiempo he conseguido tomar distancia y construir una visión más crítica con respecto a ésta gracias a una serie de lecturas, experiencias y conversaciones que me han permitido adquirir un conocimiento más amplio y profundo del sector, descubrir una amplia variedad de matices que antes no percibía y deshacerme de algunos prejuicios que quizás me llevaban no sólo a simplificar diversas cuestiones clave sino también a abordarlas desde una perspectiva ingenua y sesgada.

 

Con respecto al uso del término “independencia” como etiqueta o eslogan cito la siguiente observación que hice en la entrada “la atomización de la edición independiente”, que publiqué a finales de febrero de este año:

 

‘Desde hace un tiempo tengo la impresión de que por más que la proclamen como condición esencial de su existencia, convicción, compromiso o militancia, para ciertos editores a menudo la independencia no es más que una etiqueta o un eslogan claramente efectista. Es muy sugestivo el hecho de que en algunos de los discursos sobre la independencia que resultan más seductores y eficaces con frecuencia se haga un mayor énfasis en el status asociado a la etiqueta que en su contenido mismo’.

 

Antes de terminar me gustaría llamar la atención sobre el hecho de que en algunos países latinoamericanos como Chile y Colombia esté desarrollándose y fortaleciéndose una industria editorial nacional cuyos actores no sólo atienden y satisfacen las necesidades del mercado interno, sino que además empiezan a proyectarse internacionalmente. Es verdad que la aparición durante los últimos años de una cantidad importante de nuevas editoriales independientes que se dirigen a distintos segmentos del mercado sugiere que el espectro de la edición en Colombia está ampliándose y enriqueciéndose. Me pregunto en qué medida este fenómeno está contribuyendo a favorecer el aumento de la diversidad de la oferta editorial.

 

Entre las editoriales independientes colombianas, las que más encuentro interesantes son Babel, Jardín, Laguna, La Silueta, La valija de fuegoRey + Naranjo, Robot y Tragaluz. Les recomiendo que le echen un ojo al catálogo de estas editoriales y que estén pendientes de sus novedades.

 

Quienes quieran leer el artículo pueden descargarlo apretando aquí.

impresiones de la filbo: una cita imprescindible

Un poco más de dos semanas después de haber regresado de la 27ª Feria Internacional del Libro de Bogotá (FilBo) aprovecho para comentar algunas de mis impresiones con respecto no sólo a ésta, sino también al ecosistema del libro en Colombia. Como podrán ver en esta entrada, tengo la impresión de que desde hace varios años la FilBo y el ecosistema del libro en Colombia vienen sufriendo una evolución bastante positiva y ganando potencia.

 

En relación con la FilBo hay varias cosas que considero que vale la pena destacar:

 

la oferta de libros: durante la FilBo se concentra en un solo lugar una parte importante de la oferta editorial del mercado colombiano. Además de los títulos vivos del catálogo de las editoriales tanto nacionales como extranjeras que comercializan su producción en Colombia, en la FilBo hay un gran mercado de saldos que atrae a quienes buscan libros baratos y/o descatalogados.

la programación cultural: las actividades culturales que hay en la FilBo no sólo son muchas y muy variadas, sino que además cuentan con una gran asistencia de público. Como invitado de honor, Perú montó un pabellón y una programación cultural verdaderamente impresionantes.

la programación para profesionales: la FilBo cada vez ofrece más actividades para profesionales como la rueda de negocios —organizada conjuntamente por Proexport, la Cámara Colombiana del Libro y Corferias, los Foros del libro y el seminario Derecho de autor: los nuevos modelos de negocio de la industria editorial. La realización de estas actividades es importantísima para el sector del libro y según los comentarios que he oído el balance de quienes asistieron a ellas es muy positivo.

el tráfico de público: los habitantes de Bogotá asisten masivamente a la FilBo, que según la Cámara Colombiana del Libro este año contó con 452.000 visitantes. La afluencia de público a la FilBo se ve en los diferentes espacios de Corferias como los pabellones en los que se encuentran los stands, los auditorios donde se desarrollan las actividades que conforman su programación cultural, la Plaza de Banderas o la plazoleta de comidas. La FilBo viene consolidándose como un punto de encuentro fundamental no sólo para los habitantes de Bogotá en su condición de ciudadanos, consumidores y lectores, sino también para los actores del sector.

 

 

 

 

 

 

Es evidente que durante los últimos años la FilBo ha sufrido una transformación positiva. En mi condición tanto de observador externo como de participante he notado un cambio tanto cualitativo como cuantitativo entre la FilBo de 2009 y la de 2014 —en 2013 no percibí mayores transformaciones quizás porque sólo asistí como visitante—. Tengo entendido que esta transformación es en gran parte el resultado del trabajo del equipo que Diana Rey lidera desde hace varios años. Salta a la vista que el trabajo de este equipo es un proceso cada vez más consolidado. Por lo que a mí me corresponde así como por lo que pude ver, esta clara la importancia del papel que en esta edición de la FilBo jugó Adriana Martínez-Villalba —quien reemplazó a Juan David Correa en la coordinación de la programación cultural—.

 

Me parece importante llamar la atención sobre el rol que vienen jugando en la construcción y en el fortalecimiento del ecosistema del libro en Colombia ciertos actores de distintas naturalezas que desde sus respectivos ámbitos de actuación están interviniendo en el desarrollo del sector editorial: por un lado, entidades públicas nacionales y locales como el Ministerio de Cultura, la división cultural del Banco de la República, el Instituto Distrital de las Artes (IDARTES), la Biblioteca Nacional, el Instituto Caro y Cuervo, la Dirección Nacional de Derecho de Autor (DNDA) o el Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) —que es un organismo intergubernamental perteneciente a la UNESCO—; y, por otro lado, organizaciones gremiales como la Cámara Colombiana del Libro, la Asociación Colombiana de Libreros Independientes (ACLI), la Red de Editoriales Independientes Colombianas (Reic) o La Ruta de la Independencia. En algunos escenarios concretos existe una dinámica de colaboración fundamental entre algunos de estos actores, que no sólo se ocupan de cumplir sus propios objetivos sino que además están trabajando coordinadamente en el diseño y el desarrollo de programas y acciones puntuales que buscan contribuir al fortalecimiento del ecosistema del libro en Colombia.

 

Me llama particularmente la atención la efervescencia que hay en el ámbito de la edición independiente. En este segmento hay un buen número de editoriales consolidadas —Babel, Común Presencia, El Áncora, La Carreta y Tragaluz—, en vías de alcanzar la madurez —Diente de león, Icono, La iguana ciega, La silueta, Pluma de Mompox o Taller de edición Rocca— y emergentes —Destiempo, El Peregrino, Go Up Cómics, Jardín, Laguna, La valija de fuego, Luna, Rey + Naranjo y Robot—. Personalmente considero que LagunaRey + Naranjo y Robot son algunas de las editoriales emergentes del ámbito de la edición independiente en Colombia que hoy en día están haciendo las propuestas más interesantes a través de sus catálogos.

 

La situación de las librerías en Colombia no deja de ser preocupante porque el tejido librero sigue siendo escaso y débil. La mayor parte de las librerías colombianas están concentradas más que en Bogotá, en unas pocas zonas de la ciudad. Y para mucha gente los puntos de venta de libros más cercanos son los locales de la Librería Nacional y las grandes superficies tipo Éxito y Jumbo que solamente se encuentran en las principales ciudades del país. En principio la escasez y la concentración geográfica de las librerías en Colombia debería favorecer e incentivar el crecimiento de las ventas vía comercio electrónico y representar una oportunidad para las grandes plataformas que comercializan tanto libros en papel como e-books. La Cámara Colombiana de Comercio Electrónico (CCCE) estima que en 2013 el comercio electrónico generó en Colombia ingresos por 2.500 millones de dólares. Las tasas de bancarización de la población, la seguridad en las transacciones y la confianza de los consumidores son algunos de los aspectos en los que es necesario trabajar para darle un impulso al comercio electrónico en Colombia de manera que —por hablar sólo del tema que nos ocupa— las personas puedan comprar libros siempre que se les antoje sin importar si tienen una librería cerca o no.

 

 

 

 

 

 

Finalmente, quiero destacar que la presencia en la FilBo de una gran cantidad de representantes de la edición española —muchos de ellos latinoamericanos, por cierto— confirma que hoy en día el mercado colombiano le ofrece a ésta grandes oportunidades de negocio. Está claro que mientras la recuperación económica no sea una realidad en España el mercado latinoamericano seguirá siendo no sólo lo que Manuel Gil llama “un caladero natural”, sino también una posible carta de salvación para toda la industria editorial española —es decir, no sólo para los grandes grupos que desde hace tiempo tienen filiales en muchos países de la región—.

 

Yo espero poder seguir yendo cada año a la FilBo y a quienes tengan la oportunidad de ir les recomiendo que no dejen de hacerlo. Si quieren conocer un punto de vista diferente del mío, les aconsejo la lectura de la primera y la segunda entrega de las crónicas de la FilBo de Manuel Gil.