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talento editorial: un punto de encuentro para el sector del libro

En enero pasado estuve siguiendo a través de mi timeline de Twitter el I Encuentro Talento Editorial, que se realizó en el marco de la novena edición del Hay Festival Cartagena. En este I Encuentro Talento Editorial participaron diversas figuras relevantes del mundo del libro —fundamentalmente editores y libreros— provenientes de unos cuantos países del ámbito hispanohablante: Jessica Aliaga Lavrijsen, Ana María Aragón, Valeria Bergalli, Diego Bianki, Ana Cañellas, Juan Casamayor, Juan David Correa, Daniel Divinsky, Felipe González, Paco Goyanes, Déborah Holtz, Daniel Jiménez, Alejandro Katz, Claudio López de Lamadrid, Nubia Macías, Nicolás Morales, María Osorio, Andrea Palet, David Roa, Pablo Rojas, Jacobo Siruela, Fernando Tarancón y Margarita Valencia. En el I Encuentro Talento Editorial también participaron algunos profesionales de Holanda y del Reino Unido.

 

El II Encuentro Talento Editorial se realizará durante la cuarta edición del Hay Festival Xalapa, que se celebrará del 2 al 5 de octubre próximos.

 

 

 

TALENTO_EDITORIAL

 

 

 

Desde hace un tiempo está en línea el portal Talento Editorial, que ‘recopila toda la documentación de los Encuentros Talento Editorial así como entrevistas, reseñas, y noticias de actualidad del sector’. Así se presentan los Encuentros Talento Editorial y su portal:

 

Talento Editorial es un proyecto del Hay Festival coorganizado con Librería Cálamo (Zaragoza, España). Son encuentros profesionales abiertos al público general que pretenden dar a conocer experiencias novedosas y exitosas en la industria editorial. El portal Talento Editorial reúne documentación de todos los eventos así como noticias de interés sobre el sector editorial’.

 

En este texto de presentación están las dos piezas clave que permiten entender el valor, el potencial y la proyección de los Encuentros Talento Editorial y de su portal: el Hay Festival y la librería Cálamo.

 

El Hay Festival y la librería Cálamo se han consolidado como dos referentes fundamentales de la dinamización cultural en el sector del libro en el ámbito hispanohablante. Tanto el Hay Festival como la librería Cálamo llevan ya unos buenos años no sólo abriendo diversos espacios que les sirven como punto de encuentro a los actores del mundo de las letras en lengua española, sino también tendiendo puentes entre las dos orillas del Atlántico. Mientras que en el ámbito hispanohablante el Hay Festival se celebra en CartagenaSegovia y Xalapa, la librería Cálamo entrega desde 2001 los Premios Cálamo y en los últimos años ha organizado con la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) dos ediciones del Encuentro de Librerías y Editoriales Independientes Iberoamericanas “Otra Mirada”.

 

 

 

 

HAY&CÁLAMO

 

 

 

Hace más de un año y medio me referí a la importancia y al valor estratégico que en mi opinión tienen estos eventos que ‘constituyen puntos de encuentro para personas y organizaciones que se encuentran dispersas y que coinciden en las redes’. A quien le interese el tema le recomiendo echarle un ojo a la entrada “centros, periferias, redes y hubs. Eventos como los Encuentros Talento Editorial son muy enriquecedores para quienes trabajan en el mundo de la edición debido a que por su naturaleza les permiten darse a conocer y proyectarse más ampliamente, establecer nuevos contactos y fortalecer los que ya tienen, presentar y compartir sus testimonios, intercambiar experiencias, recibir feedback, aprender de aquello que los demás han hecho, encontrar ideas inspiradoras y sentar las bases para la puesta en marcha de alianzas.

 

No dejen de visitar el portal Talento Editorial, que está lleno de contenidos interesantes y muy bien producidos.

la crisis, el libro y la industria editorial

En 2011 Manuel Gil y Joaquín Rodríguez hicieron los siguientes planteamientos en la introducción de El paradigma digital y sostenible del libro:

 

‘Quizá las únicas aseveraciones de las que estamos absolutamente seguros son, en primer lugar, la de considerar que no hay una sola empresa del sector del libro que tenga claro cómo va a sobrevivir a Internet; en segundo lugar, que Internet se llevará por delante dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos, básicamente por la imposibilidad generacional de comprender el nuevo “metamedio” y por la dificultad intrínseca de ganar dinero con la generación de contenidos. Esta afirmación debería venir acompañada, eso sí, por su aparente contraria: surgirán muchas otras editoriales, pequeñas y especializadas, cercanas a un grupo de lectores no necesariamente masivo, unidos por afinidades temáticas, convicciones sociopolíticas o estéticas, que hagan viable un nuevo modelo de editorial en red con presencia e inventarios virtuales’.

 

 

 

EL_PARADIGMA_DIGITAL_Y_SOSTENIBLE_DEL_LIBRO

 

 

 

Cuando leí por primera vez El paradigma digital y sostenible del libro justo después de su publicación pensé que Manuel y Joaquín exageraban en las estimaciones que hacen en su segunda aseveración, que me parecieron excesivamente pesimistas a pesar de la necesaria afirmación contraria que formulan a continuación en el párrafo citado. Sin embargo, con el paso del tiempo he empezado a creer que un escenario en el que ‘dos terceras partes de las editoriales que hoy conocemos’ podrían desaparecer no es descabellado debido a la coincidencia entre la crisis económica y el cambio de paradigma que supone la emergencia de lo digital. Teniendo en cuenta la manera como han evolucionado las cosas en España sobre todo durante los tres últimos años, yo iría más lejos e incluiría en el planteamiento de este escenario a otras empresas del sector o relacionadas con él: agencias literarias, distribuidoras, librerías, proveedoras de servicios editoriales y tecnológicos, desarrolladoras de tecnología, estudios de diseño, consultoras, centros de formación, etc.

 

Las siguientes son algunas de las razones por las que este escenario catastrófico que hace tres años encontraba exagerado empieza a parecerme cada vez más posible:

 

– la contracción del consumo como consecuencia de la crisis económica.

– los recortes en los presupuestos destinados a las subvenciones y a las adquisiciones públicas.

– los cambios en los hábitos de consumo de contenidos.

– la degradación del valor del libro.

 

Con respecto a los dos primeros puntos no hay mayor cosa que decir pero en relación con los dos últimos vale la pena hacer algunas observaciones —que ya planteé o al menos esbocé hace unos meses en la entrada “lectura y candy crush”—: por un lado, gracias en gran parte a la omnipresencia tanto de los dispositivos móviles como de la conexión a Internet hoy en día estamos expuestos a una amplia variedad de tipos de contenidos fácilmente accesibles que compiten por captar y acaparar nuestra atención; y, por otro lado, el libro como fuente de acceso al conocimiento, de entretenimiento y de ocio se ha devaluado debido al atractivo, a la rapidez, a la ligereza o a la gratificación inmediata y efímera que otras opciones de bajo coste o gratuitas como los videojuegos, la música, los vídeos o las redes sociales pueden ofrecernos más fácilmente.

 

Para poner esta reflexión en contexto veamos algunos datos del informe “Hábitos de lectura y compra de libros 2012”, que fue publicado en enero de 2013:

 

 

1_PORCENTAJE_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

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2_PERFIL_DE_LECTORES_ESPAÑA

 

 

 

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3_FRECUENCIA_LECTURA_ESPAÑA

 

 

 

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4_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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5_LECTURA_DE_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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6_FRECUENCIA_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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7_RAZONES_DE_LECTURA_DE_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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8_ACCESO_A_LIBROS_ESPAÑA

 

 

 

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9_ACCESO_A_LIBROS_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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1O_ACCESO_A_LIBROS_EVOLUCIÓN_ESPAÑA

 

 

 

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11_LECTURA_POR_SOPORTES_ESPAÑA

 

 

 

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12_LECTURA_POR_SOPORTES_DETALLE_ESPAÑA

 

 

 

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Estas diapositivas del informe en cuestión nos ofrecen una amplia variedad de información con respecto tanto al tamaño como al perfil de la población lectora, a los soportes en los que lee, a sus lecturas y a la forma como accede a ellas. Hay aspectos de este informe que son particularmente interesantes: los tipos de publicaciones que se leen; las preferencias en los tipos de publicaciones por edades; la frecuencia con la que se lee cada tipo de publicación; la segmentación por franjas de edad de los índices de lectura tanto por trabajo y estudios como en el tiempo libre; las motivaciones para leer libros; la forma como se accede a los libros y la evolución de la lectura en soporte digital de los distintos tipos de publicaciones. Con respecto al modo de acceso a los libros el informe indica un comprensible descenso de la compra que viene acompañado por un aumento tanto del préstamo en bibliotecas como de las descargas de Internet —no se especifica si éstas son de pago o gratuitas—.

 

Hay quienes dicen que contrario a lo que se cree, hoy en día se lee más que nunca. Quizás en estos tiempos de hiperconexión se lean menos libros que antes y la lectura inmersiva sea una práctica cada vez menos frecuente que puede incluso tender a caer en desuso. Es probable que el libro esté en proceso de perder al menos parcialmente esa condición de vehículo privilegiado de acceso al conocimiento y a la cultura escrita que ha ostentado durante tantos años. Esta tendencia ya está más que consolidada en ciertos tipos de contenidos técnicos, especializados y de referencia para los que está claro que el libro como contenedor se ha vuelto insuficiente —manuales, diccionarios, enciclopedias y guías de viaje, por ejemplo—. En el caso de algunos tipos de contenidos la convivencia entre el formato libro y lo digital ya está en vías de consolidación mientras que en otros está emergiendo y empieza a extenderse cada vez más.

 

Lo anterior supone un desafío para la industria editorial en su conjunto, cuya facturación viene disminuyendo significativamente como consecuencia de la caída de las ventas de libros. Esta situación es particularmente crítica en ciertos segmentos específicos de la edición. El avance del informe de “Comercio interior del libro 2013” que se presentó en junio de 2014 da cuenta de la caída de la facturación del sector durante los últimos cinco años. Mientras que en 2013 la facturación del sector cayó un 11,7% con respecto al año anterior, su caída desde 2009 asciende a un 29,8%.

 

 

 

FACTURACIÓN_INDUSTRIA_EDITORIAL_ESPAÑOLA_2009_2013

 

 

 

En el “Análisis del Mercado Editorial en España” publicado en julio de 2014 por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) se afirma que ‘el libro sigue siendo la primera industria cultural, pese a la crisis’. Si en el mercado interno las ventas de la primera industria cultural española continúan disminuyendo y en 2013 registraron una caída del 9,7% con respecto al año anterior, es altamente probable que las demás industrias culturales se encuentren en un estado mucho más crítico. Se trata de un panorama poco alentador para la que según el informe “El sector del libro en España 2012-2014” del Observatorio de la Lectura y el Libro es ‘una de las principales potencias editoriales del mundo’ —en la edición de hace dos años de este documento se afirmaba que era la cuarta—. El avance del informe de “Comercio exterior del libro 2013” indica que durante los últimos años también han venido cayendo las exportaciones hacia América, que para la industria editorial española es un mercado natural y una posible carta de salvación.

 

Esta situación pone en aprietos no sólo a la pequeña edición que cuenta con una capacidad de inversión muy limitada y que puede ser más vulnerable frente a los efectos de ciertas complicaciones económicas, sino también a los grandes grupos que tienen un músculo financiero, unas estructuras operativas, unos costes fijos y unas deudas cuya envergadura es significativamente mayor. Si sus ventas y su facturación están cayendo sin parar debido tanto a la crisis económica como a los cambios en los hábitos de consumo de contenidos por parte de las personas, ¿qué puede hacer la industria editorial para desacelerar, detener o revertir esta tendencia?

 

Entre las posibles líneas de acción que la industria editorial podría adoptar para evitar que sus ventas y su facturación sigan cayendo, destaco las siguientes —aclaro que casi todas ya han sido expuestas por otras personas en diferentes ocasiones—:

 

– achicar y aligerar su estructura —particularmente en el caso de los grandes grupos e incluso de ciertas editoriales medianas—.

– mejorar el conocimiento de sus públicos tanto reales como potenciales y entablar una relación directa, fluida y estrecha con éstos.

– fortalecer su apuesta por lo digital y acelerar su reconversión.

– diseñar, explorar y poner a prueba nuevos modelos de negocio.

– optimizar sus procesos de producción.

– reducir su volumen de producción para ajustarlo más y mejor a la demanda.

– bajar el precio de los libros.

– buscar fuentes de ingresos alternativas a la venta de libros.

 

 

Los hábitos de consumo de contenidos de las nuevas generaciones y los cambios que estamos adoptando en este campo los mayores de treinta años le plantean a la industria editorial grandes retos con respecto a las posibilidades de supervivencia de su negocio. Si no invierte recursos en áreas como el fomento de la lectura, la construcción de públicos y la puesta en valor de lo que aportan sus productos y servicios, es difícil que en el futuro la industria editorial consiga seguir contando con una clientela que esté dispuesta a pagar por acceder a éstos —sobre todo si tenemos en cuenta que la idea de que el acceso a los contenidos debería ser gratuito o muy barato cada vez está más expandida—. Más que de hacer que los libros vuelvan a ser cool como afirma la popular frase de John Waters, se trata de resaltar tanto el trabajo que hay detrás suyo como su valor intrínseco, social, cultural y económico.

 

 

 

WE_NEED_TO_MAKE_BOOKS_COOL_AGAIN_LECTURA_Y_CANDY_CRUSH

 

 

Hay quienes dicen que cuando los e-books representen la mayor parte de la facturación de la industria editorial el libro en papel tendrá un alto valor gracias a su status de rareza o de ícono vintage. Sin embargo, mientras los e-books no constituyan el grueso del negocio de la industria editorial esta idea seguirá siendo solamente una remota ilusión futurista.

 

Para terminar les recomiendo echarle un ojo al artículo “Paying for Digital Content Still Not the Norm in the UK”, que fue publicado recientemente en eMarketer y cuya lectura podría ayudar a desmontar el mito de que no querer pagar por el acceso a los contenidos es una costumbre típicamente española o que la crisis de la industria editorial en España se debe a que éste es un país líder en piratería.

 

 

DIGITAL_CONTENTS_FREE_VS_PAYING_UK

 

 

Sé lo que están pensando y tienen razón: mal de muchos, consuelo de tontos. Pero aquí no se trata de consolarse señalando que los otros también tienen graves problemas ni de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el ojo propio. El quid de la cuestión está en buscar pistas que permitan entender una serie de fenómenos para encontrarles soluciones a los problemas que se derivan de éstos.

el boom visto por xavi ayén

Durante las últimas semanas he dedicado una parte importante de mi tiempo libre a la lectura de Aquellos años del boom, de Xavi Ayén (RBA, 2014). Aquellos años del boom ofrece a partir de diversos documentos y testimonios una visión de un fenómeno extraordinario de la literatura latinoamericana que se gestó en los años 1960. Este libro que ganó el Premio Gaziel de Biografías y Memorias 2013 es el resultado del riguroso trabajo de investigación de Ayén, que desde una perspectiva que según las necesidades de cada momento se mueve con fluidez entre la panorámica global y el detalle minucioso demuestra un conocimiento extenso y profundo del boom como fenómeno literario, cultural y político. Cuando veo en mi mesa de noche mi ejemplar de Aquellos años del boom imagino con una fascinación tremenda el conocimiento, el mapa mental, la red de relaciones tanto personales como de datos y hechos, el modo de trabajo y las notas de Ayén —lo que inicialmente fue una intuición lo he confirmado en medio de algunas conversaciones que durante el último año he tenido con Marcel Ventura, nuestro amigo en común que conoce de cerca el making-of de este libro—. Recomiendo leer el artículo “El método Ayén” que Llàtzer Moix escribió hace unas semanas para el especial “Cuando Barcelona hizo boom” del suplemento cultura/s, del diario La Vanguardia.

 

Como autor, la mayor parte del tiempo Ayén parece una figura invisible que de repente se implica personalmente y se expone en su relato cuando éste lo exige. Con respecto al boom dice Ayén en el último párrafo de la introducción de su libro:

 

‘A mí me gusta verlo, sencillamente, como una bonita historia que sucedió en mi ciudad y que acabó, aquel 12 de febrero de 1976, de un modo tan novelesco: con un filete ensangrentado en el ojo de Gabo’.

 

También vemos a Ayén implicado personalmente en su relato cuando dice que ‘el día que el boom llegó a mi ciudad yo todavía no había nacido’, que ‘cuando vine al mundo y, sobre todo, un poco después, la ciudad se convirtió en un parque temático del boom‘ o que ‘a lo mejor me crucé con alguno de aquellos escritores cuando mis padres me llevaban al pediatra, que tenía consulta en el barrio donde todos ellos vivían’. Si quieren conocer el origen de la relación de Ayén con Carmen Balcells o la manera como la agente literaria urdió su encuentro con García Márquez a finales de diciembre de 2005 en México, tendrán que leer Aquellos años del boom.

 

 

 

 

AQUELLOS_AÑOS_DEL_BOOM

 

 

 

Ayén destaca desde el principio la importancia que el libro ha tenido históricamente en Barcelona. Y en los anteriores fragmentos de las primeras páginas de su libro es evidente que para Ayén la ciudad juega un rol protagónico en el desarrollo del boom. A continuación veremos algunos ejemplos en los que se abordan estos dos temas que están estrechamente relacionados.

 

– Sobre la relación entre Barcelona y los libros:

 

‘Junto a la arquitectura de Gaudí y los triunfos deportivos del Barça, hay algo relacionado con el libro que forma parte del complejo ADN de los barceloneses. Los primeros impresores de la ciudad se remontan al siglo XV, poco después de que el invento de Gutenberg fuera introducido en la península Ibérica. La industria editorial es uno de los pilares que permiten a la segunda urbe española disputar la supremacía a Madrid. Barcelona, mediana población mediterránea, es, también, el origen del Día Mundial del Libro, fiesta que se ha expandido por diversos países y que la Unesco universalizó en 1995’.

 

– Sobre la manera como Barcelona atrajo a escritores latinoamericanos anteriores al boom como Domingo Faustino Sarmiento, Rubén Darío, Rómulo Gallegos y José María Vargas Villa:

 

‘Los autores del boom no fueron los primeros latinoamericanos en llegar a la ciudad’.

 

– Sobre el rol de Barcelona como capital cultural latinoamericana:

 

‘Algo sucedió para que en poco más de diez años la ciudad pareciera otra, para que entrados los setenta se convirtiera en la capital de la cultura latinoamericana.

Vargas Llosa recuerda que “autores de toda América Latina llegaban a Barcelona con el sueño de triunfar. Aquí estaban las editoriales que permitían llegar a públicos más amplios que los pequeños sellos que existían en nuestros países de origen. El clima era muy exultante, se vivía la literatura por todos lados, yo mismo fui jurado de diversos premios. Barcelona se convirtió en la nueva capital cultural de América Latina, como lo había sido París para mi generación. Llegaban jóvenes escritores de todos los países, Argentina, Colombia, Perú, Nicaragua… atraídos por el prestigio y la mitología de la ciudad, con fama de abierta, internacional y capaz de lanzar a un escritor al mundo”. El peruano no tiene duda: “El boom nació en Barcelona” porque “solo hubiera podido nacer en una ciudad donde el libro era el rey y en una circunstancia donde la literatura era la reina”‘.

 

– Sobre Barcelona como punto de encuentro para las figuras relacionadas con el boom:

 

‘Sucedieron cosas muy importantes en Buenos Aires, La Habana y México D. F., pero, en la etapa decisiva que va de finales de los años sesenta a finales de los setenta, Barcelona es, en palabras de Carlos Fuentes, “el meollo del asunto”, el lugar de cita de aquella constelación. Además de los escritores, aquí vivían dos elementos clave para que cuajara el boom: Carlos Barral y Carmen Balcells. “Todos lo sabíamos: había que pasar por Barcelona”, a decir de Fuentes’.

 

– Sobre la expansión y el crecimiento de la cuota de mercado de la edición barcelonesa en Latinoamérica:

 

‘El mundo semiclandestino de las editoriales en lengua catalana, por ejemplo, sale entonces a la luz: no solo Edicions 62, también la nueva Proa en 1964, Curial en 1972, Llibres del Mall en 1973 o Quaderns Crema en 1979. Su fuerza coincide con la de sellos en castellano que van a liderar la edición de todo el mundo hispanohablante. Desde aquí se editarán para toda Sudamérica diccionarios, enciclopedias, novelas, y los libros de Seix Barral, de la colección Biblioteca Básica RTVE (Salvat) o los de Bruguera, entre muchos otros, que llegarán a 300 millones de latinoamericanos. En 1967, la más importante editorial argentina se queja de que la competencia editorial que tradicionalmente han mantenido México, Argentina y España se está desequilibrando en favor de los españoles, que producen 13.000 títulos al año, frente a los 5.000 de Argentina y los 4.000 de México’.

 

– Sobre la influencia de Barcelona en los países latinoamericanos:

 

‘La brasileña Piñón asiente y cree que “quizás los propios catalanes no se dan cuenta de la importancia que Barcelona tiene en Latinoamérica’.

 

Es indudable que hoy en día Barcelona sigue siendo un importante centro de toma de decisiones en el mundo del libro en español debido a la presencia en la ciudad de un buen número de agencias literarias, editoriales y librerías que tienen mucho peso en el sector. Y las recientes fusiones y adquisiciones que dan cuenta del proceso de consolidación de la industria editorial que está en marcha actualmente —con protagonistas como Anagrama, Círculo de Lectores, Feltrinelli, Planeta, Penguin Random House, Prisa ediciones, Tusquets, la cadena de librerías La Central o las agencias literarias Carmen Balcells y Wylie— fortalecen la condición de hub de Barcelona en la edición en el ámbito hispanohablante.

 

Si al peso simbólico de la tradición que es fuente de una gran cantidad de mitos le añadimos su condición de punto de encuentro, es fácil entender la capacidad que tiene Barcelona de atraer a personas vinculadas al mundo del libro y a los distintos oficios de la edición. A menudo estas personas trabajan bien sea de manera sucesiva o bien simultáneamente como escritores, lectores, correctores, redactores, traductores, editores, encargados de prensa o periodistas —es bien sabido que en la edición abundan la rotación en los puestos y las colaboraciones externas—. Quizás durante los últimos cinco años Barcelona haya perdido una parte de su capacidad de atraer y retener a estos profesionales tanto locales como extranjeros, muchos de los cuales han optado por irse a buscar oportunidades laborales en otros países como consecuencia de la crisis económica española.

 

Ya veremos si de aquí a unos años Barcelona sigue conservando su posición dominante en la edición en español o si con el tiempo ésta se desplaza hacia otro centro más potente que tenga una influencia a nivel global no sólo en diferentes mercados, sino también en distintos ámbitos lingüísticos. Me pregunto si es posible que en algún momento la influencia histórica y actual de Barcelona se distribuya entre distintos centros de poder ubicados tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica.

 

 

 

 

BCN&BOOM

 

 

 

Como puede verse a continuación, Ayén también aborda en Aquellos años del boom cuestiones como el estado de la industria editorial latinoamericana, la relación de fuerzas entre ésta y la española y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en países diferentes del suyo —sería interesante ponerse a la tarea de comparar qué ha cambiado desde entonces en relación con estos tres aspectos—. Estos temas son abordados bien sea mediante observaciones de Ayén o bien a través de diversos testimonios que éste recoge al respecto.

 

– Sobre el boom como un fenómeno global de la literatura escrita en español:

 

‘Que un colombiano residente en México [García Márquez] publicara en Argentina era un indicio premonitorio del nuevo mercado global en español que iba a abrir el boom. Porrúa ya lo veía así, unos meses antes de publicar la novela [Cien años de soledad]:

“Será el primer caso de un narrador que ha comenzado su carrera literaria fuera del país y que va a convertirse en un escritor extranjero editado en la Argentina. Eso yo creo que sucede porque su temática es latinoamericana”‘.

 

– Sobre el estado de la industria editorial argentina a mediados del siglo XX —años antes de que la española se lanzara a la conquista de Latinoamérica mediante ese proceso de expansión al que hace referencia uno de los fragmentos citados anteriormente—:

 

‘”Nos creíamos, sin duda, la capital del boom —certifica Gloria López, nieta del fundador [de Sudamericana]—, nuestra industria editorial era entonces fuerte, la española no tanto, y toda América Latina leía nuestras traducciones, las argentinas, realizadas por nombres como Borges, Cortázar, Aurora Bernárdez, Bianco, Pessoni…”. Se habla del boom editorial argentino no solo porque los grandes autores internacionales se traducen allí sino por su capacidad de influencia en otros países y porque hay un incremento de ventas notable, que Porrúa asocia a “un crecimiento de la clase media a raíz del proceso de industrialización del país, nacen nuevos lectores, sobre todo jóvenes, universitarios”‘.

 

– Sobre la falta de editoriales en ciertas zonas de la región y las dificultades existentes para la circulación de la obra de los autores latinoamericanos en los diferentes países del ámbito hispanohablante:

 

‘Hay también motivos prácticos para que alguien que quiere emprender la carrera de escritor emigre. La América Latina de la época contaba con editoriales en Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile y México. Y existían enormes trabas para que los libros circularan de unos países a otros, como denunció el mismo Nicanor Parra. El resto era un páramo. Como apuntaba el poeta venezolano Juan Liscano en 1966:

“En la zona que va desde Panamá a Bolivia prácticamente no hay casas editoras, de tal manera que los escritores de esta zona […] hallan enormes dificultades para salir a la superficie porque tienen que encontrar la manera de ser tomados por casas ya sea mexicanas, ya sea del sur del continente”‘.

 

 

 

FIGURAS_DEL_BOOM

 

 

 

Como muchos libros periodísticos y de no ficción en general, Aquellos años del boom puede leerse básicamente de tres formas diferentes —ojo, no estoy haciendo un planteamiento como el hecho por Cortázar en Rayuela ni mucho menos—: linealmente de principio a fin, de manera salteada tras abrir cualquier página al azar y siguiéndoles el rastro a personajes específicos a través del índice onomástico. Durante las dos últimas semanas yo he pasado largas horas leyendo Aquellos años del boom de estas tres maneras y podría pasar muchas más haciéndolo.

 

Ayén construye en Aquellos años del boom un relato ameno, sólidamente articulado y rigurosamente documentado que debería convertirse en una lectura de referencia en cualquier lugar donde se enseñe periodismo cultural e historia de la literatura latinoamericana. Aquellos años del boom es un libro que todo aquel que esté interesado en el periodismo cultural y en la literatura latinoamericana debería leer.

 

Espero que Aquellos años del boom llegue muy pronto a las librerías latinoamericanas para que los lectores de los distintos países de Latinoamérica puedan acceder a él porque se trata de un libro que explora a profundidad y desde perspectivas múltiples un capítulo clave de los últimos cincuenta años de nuestra historia. Para mí que a mediados de los años 1990 me inicié como lector con el boom este libro de Ayén será de ahora en adelante una referencia fundamental. Recomiendo leer Aquellos años del boom lápiz en mano —si alguien está buscando una lectura amena para estas vacaciones, ésta es una buena apuesta—. A quienes compren Aquellos años del boom les aseguro que difícilmente encontrarán una mejor manera de gastarse los 26 euros que cuesta el libro.

 

Quienes quieran leer un fragmento de Aquellos años del boom pueden acceder a través de este enlace a sus primeras páginas gracias a la edición en línea del suplemento Babelia, del diario El País.

la circulación de la obra de los autores hispanohablantes: los derechos y los libros

Cada cierto tiempo vuelvo sobre un tema que no deja de parecerme preocupante: la dificultad para encontrar en un país del ámbito hispanohablante libros escritos por autores provenientes de otros países donde también se habla español. Por ejemplo, en las librerías uruguayas, guatemaltecas, peruanas, hondureñas o colombianas no es fácil encontrar libros de autores nicaragüenses, chilenos, salvadoreños, venezolanos o mexicanos al menos que se trate de ciertas figuras que garanticen un volumen de ventas enorme o al menos considerable.

 

Esta dificultad es evidente salvo en el caso de unas cuantas figuras pertenecientes al circuito del best seller y de algunas firmas que aunque venden mucho menos gozan de un cierto prestigio a nivel internacional. Si nos ocupamos solamente de autores literarios vivos, en el grupo de los autores cuyos libros se venden masivamente entrarían figuras como Isabel Allende, Javier Cercas, Ildefonso Falcones, Gabriel García Márquez, Javier Marías, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Juan José Millás, Antonio Muñoz Molina, Arturo Pérez-Reverte, Carlos Ruiz Zafón, Javier Sierra y Mario Vargas Llosa; y el grupo de los autores prestigiosos cuyos libros tienen ventas considerables sin llegar a ser best sellers incluiría firmas como a Martín Caparrós, Rodrigo Fresán, Yuri Herrera, Alberto Manguel, Guadalupe Nettel, Andrés Neuman, Edmundo Paz Soldán, Ricardo Piglia, Álvaro Pombo, Elena Poniatowska, Santiago Roncagliolo, Marcela Serrano, Juan Gabriel Vásquez, Enrique Vila-Matas, Juan Villoro o Jorge Volpi.

 

 

 

 

 

Cuando los libros de estos tipos de autores traspasan las fronteras de sus países de origen y llegan a otros territorios del ámbito hispanohablante normalmente lo hacen a través de las filiales locales de los grandes grupos —no sólo PlanetaPenguin Random House y Prisa ediciones*, sino también Ediciones B y el Fondo de Cultura Económica— y de algunas editoriales medianas españolas como Anagrama, RBARoca y Siruela. Y algunas veces los libros de los autores en cuestión también llegan a diferentes países del mundo hispanohablante mediante editoriales más pequeñas como AlmadíaAlpha DecayDuomoEterna CadenciaLa Bestia EquiláteraPáginas de espumaPeriféricaPre-textos o Sexto piso.

 

Hace unas semanas comenté el caso de algunas editoriales argentinas cuyos libros se están distribuyendo en España, lo cual me suscita dos preguntas: ¿hay otros países hispanohablantes a los que hoy en día estén llegando de una manera más o menos continua los libros de estas editoriales argentinas? ¿Cuáles editoriales de países hispanohablantes están exportando actualmente sus libros a otros territorio de nuestro mismo ámbito lingüístico?

 

El problema de circulación que supone la dificultad para encontrar en un país hispanohablante las obras escritas por el grueso de los autores de otros países donde se habla español es típico de un mundo analógico en el que las librerías físicas venden libros en papel. Esta situación podría estar empezando a cambiar con la emergencia de lo digital debido a que a la dinámica tradicional hay que sumarle la venta tanto de libros en papel como de e-books a través de plataformas de comercio electrónico —con respecto a este tema recomiendo leer la entrada “El escenario digital Iberoamericano”, publicada recientemente por Manuel Gil en Antinomias libro—. Si la escasez es lo que define el mundo de las mercancías y las tiendas físicas, en el universo de lo digital lo que prima es la abundancia.

 

La manera como está configurado el mercado editorial hispanohablante así como su fragmentación y su vastedad desde el punto de vista geográfico son algunos de los factores que dificultan la circulación del libro en español. En el caso hipotético de que las condiciones jurídicas y económicas que dificultan la circulación del libro se superaran, habría que preguntarse hasta qué punto la producción editorial de un país es susceptible de despertar el interés de los lectores de otros países. Buscar posibles respuestas a esta pregunta ayudaría a comprender la relación entre la oferta y la demanda en el mercado de cada país así como en todo el ámbito hispanohablante.

 

 

 

 

 

 

Hasta ahora casi siempre he abordado esta dificultad en clave de editoriales y libros. Es decir, que la mayoría de las veces que he reflexionado sobre este problema me he centrado en la exportación de libros por parte de las editoriales. He estado pensando fundamentalmente en el caso de editoriales que exportan o que están interesadas en exportar los libros que publican para que éstos lleguen a países distintos del suyo.

 

¿Y si al abordar este problema me enfoco en las agencias literarias y en los derechos en lugar de centrarme en las editoriales y en los libros? Al fin y al cabo como actor de la cadena de valor las agencias literarias son intermediarios fundamentales que tienen a su cargo la función de facilitar la llegada del trabajo de sus representados a tantos mercados como sea posible —aunque hay que decir que en el ámbito hispanohablante muchos autores siguen sin recurrir a ellas—. En este caso el negocio de la internacionalización de la obra de los autores está directamente en manos de las agencias literarias que los representan, que les venden los derechos a las editoriales para que comercialicen los libros que publican en los territorios geográficos cubiertos por los contratos. Es decir, que el negocio de las editoriales se circunscribe a los límites de territorios específicos —normalmente sus países de origen y algunos otros donde operan o distribuyen su producción—.

 

 

 

 

 

 

Estamos frente a dos negocios distintos pero complementarios entre sí: por un lado, la exportación de libros por parte de las editoriales; y, por el otro, la venta de derechos por parte de las agencias literarias. En ambos negocios se está buscando conseguir que las obras de los autores de un país determinado lleguen a países diferentes del suyo y alcancen a un mayor número de lectores, lo cual beneficia tanto a las agencias literarias como a sus representados —aunque no siempre a las editoriales—. No sobra decir que al final los lectores terminan siendo los grandes beneficiados del acceso a una oferta amplia y diversa de obras de autores provenientes de diferentes países.

 

Al partir los derechos geográficamente se reparte su explotación entre varias editoriales que operan en territorios diferentes, de manera que el ámbito de actuación de éstas se limita acotando la cobertura de los contratos. La partición geográfica de los derechos no sólo fortalece el negocio de las agencias literarias que son intermediarios necesarios en cualquier iniciativa de comercialización de las obras de los autores que representan, sino que además podría tener el efecto colateral de contribuir a contener las intenciones expansionistas de algunas editoriales. Me pregunto qué es más conveniente para los autores: que sus derechos estén en manos de un sólo editor cuya distribución tenga una cobertura geográfica amplia o que se repartan por países entre varios editores distintos. Supongo que las opiniones frente a este tema están bastante divididas.

 

Debido a los costes y a los plazos que suponen el transporte y el almacenamiento de mercancías físicas, a algunas dificultades de carácter jurídico y a las fluctuaciones de las tasas de cambio de divisas, creo que en muchos casos la exportación de libros puede llegar a ser una operación terriblemente ineficiente que termina convirtiéndose en un lastre. En el caso de los grandes grupos está claro que su estructura, su dimensión y los recursos que tienen a su disposición les permiten gestionar las exportaciones con un riesgo controlado y una mayor eficiencia. Yo me inclino más hacia el modelo de partición geográfica de los derechos y hacia la puesta en marcha de iniciativas de coedición entre distintos editores de países diferentes.

 

Hay que tener en cuenta que la emergencia de lo digital les facilita a los lectores de todo el mundo el acceso a los libros en español sin importar dónde se encuentren o cuál sea su lengua materna, lo cual puede suponer una oportunidad particularmente interesante tanto en los países donde hay minorías hispanohablantes como en aquellos en los que existe un interés creciente por nuestra lengua. Por tratarse de un mercado más bien disperso, está claro que en este escenario el comercio electrónico y los e-books juegan un papel clave —ver los datos con respecto al número de hablantes de español por país—.

 

 

 

 

 

 

 

Lo digital también les permite a los autores tener un escaparate propio para exhibir su producción: ideas sueltas, reflexiones, colaboraciones en medios, works in progress y obras terminadas —permitiendo el acceso bien sea a fragmentos de éstas o bien a su totalidad—. Al tener un escaparate propio vía páginas Web personales, blogs y perfiles en redes sociales los autores pueden construir audiencias y generar una relación fluida y dinámica con los miembros de éstas. Lo que no está claro es que la capacidad que hoy en día tienen los autores de exhibirse, de construir una marca, de posicionarse y de dar a conocer su trabajo se traduzca en ventas.

 

De las personas que le dedican pequeños fragmentos de su atención a leer gratuitamente cada cosa que publica un autor en la Web o que dicen ser sus fans, ¿cuántas compran sus libros o por lo menos están dispuestas a comprarlos? Si planteo esta pregunta es porque considero que con frecuencia se sobredimensionan algunas de las implicaciones que le atribuimos al hecho de vivir en un mundo global e hiperconectado en el que nos relacionamos de manera espontánea y con muy pocos de intermediarios de por medio.

 

Habría que examinar en detalle qué pasa con los autores que al decidir autopublicarse acceden al mercado sin pasar por las agencias literarias ni por las editoriales. Al parecer los autores que se dedican a escribir literatura de género o ciertos tipos específicos de no ficción —básicamente sobre actualidad, management, autoayuda o temas prácticos— no sólo son más proclives a entrar en estas dinámica que que quienes escriben ficción literaria, sino que además tienen mejor suerte que éstos en términos de ventas. Muchos autores que se autopublican tienen el objetivo de entrar al circuito de la edición tradicional, por lo que la probabilidad de éxito y el alcance de su carrera pueden depender en gran parte de la mediación de una agencia literaria en su relación con las editoriales.

 

* nota: el pasado 19 de marzo Penguin Random House anunció la compra de la división de ediciones generales de Santillana. Ver los detalles de la operación en las notas de prensa emitidas por Penguin Random House y Santillana.

jueves, febrero 27, 2014 categorizado bajo editores independientes, industria editorial española

la atomización de la edición independiente

Mi cortísima carrera como politólogo consistió en trabajar entre 2001 y 2004 como investigador en Congreso Visible, un proyecto del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes que entonces dirigía Elisabeth Ungar —quien fue una figura fundamental en mi formación universitaria—. En muchas de las investigaciones que se hacían en ese momento en el área de partidos políticos y elecciones aparecían recurrentemente tres temas que están íntimamente relacionados entre sí: la fragmentación de los sistemas de partidos, la atomización de los partidos políticos y la dispersión del voto.

 

Si mal no recuerdo —en caso de que mi explicación sea equivocada, ya me corregirá algún politólogo—, la cosa es más o menos así: la existencia de muchas organizaciones partidistas produce una fragmentación excesiva del espectro político; cuando los partidos políticos se fragmentan hasta alcanzar altos niveles de atomización se convierten en microempresas electorales; y en unas elecciones la existencia de un gran número de alternativas entre las cuales escoger provoca una dispersión del voto. Todo lo anterior dificulta tanto la construcción de consensos como la conformación de mayorías y puede terminar favoreciendo a las agrupaciones que por contar con un gran caudal electoral son más fuertes y perjudicando a las que son más débiles debido a que el tamaño de su base de votantes es menor.

 

 

 

 

 

 

Las indagaciones, las reflexiones y los análisis que hacen los politólogos con respecto a los sistemas de partidos, a los partidos políticos y al comportamiento del voto podrían trasladarse perfectamente al ámbito de la edición. Me explico: dos de las grandes debilidades de la edición independiente son su atomización y su dispersión. El de la pequeña edición independiente es un segmento ampliamente diverso debido a que está conformado por una gran cantidad de editoriales con naturalezas, perfiles, enfoques, objetivos y catálogos muy diferentes. Por ser el ámbito que mejor conozco, en esta entrada me referiré solamente al ámbito de las pequeñas editoriales independientes de carácter literario —aunque supongo que algunas de las cosas que diga puedan hacerse extensivas a otros ámbitos—.

 

Empiezo esta reflexión planteando algunas preguntas: ¿supone la independencia una declaración de principios o es simplemente una condición como cualquier otra? ¿Es posible afirmar que la independencia es un factor de identificación entre los editores independientes? ¿La independencia prima como factor de identificación entre los editores independientes por encima de otras afinidades de carácter estético o ideológico? En fin, ¿los denominados editores independientes se identifican entre sí por su forma de concebir su oficio, su misión y su función o a partir de otros criterios que nada tiene que ver con ninguna de estas cosas?*

 

En principio creo que la existencia de un abanico amplio de propuestas editoriales es bueno para los lectores porque a la hora de seleccionar sus lecturas éstos tienen la posibilidad de escoger entre un gran número de alternativas. Sin embargo, al ver que hay tantas propuestas similares que están explotando los mismos filones me pregunto si en el mercado hay sitio para tantas editoriales que en algunos casos se diferencian muy poco unas de otras y si su existencia es eficiente para el sector en su conjunto.

 

La existencia de muchas propuestas editoriales similares entre las que no es posible identificar claramente el factor de diferenciación puede no sólo generar redundancias y una cierta saturación en el mercado, sino también impedir que el lector reconozca el sello al que pertenecen un título o una colección. Hay lectores para los que el sello actúa como señal de identificación, como fuente de respaldo o como ambas cosas a la vez. Si una editorial y sus competidoras están presentando propuestas que se diferencian muy poco entre sí, ambas están desperdiciando una oportunidad y siendo escasamente competitivas. En síntesis, confunde y perderás.

 

 

 

SATURACIÓN_ESTELAR

 

 

 

Debido a lo anterior considero que para la edición independiente la colaboración puede llegar a ser tan importante como la competencia. Si se toma como punto de partida una estrategia bien articulada, cuando distintas partes suman y consolidan los esfuerzos y recursos que tienen a su disposición pueden usarlos de una manera más óptima y eficiente. Hace unas semanas Aharon Quincoces se refirió justamente a este tema en la entrada “Algunas ideas sobre la consorciación de pequeñas editoriales” que publicó en su blog.

 

Quizás si hubiera vínculos de colaboración y de comunicación más estrechos entre editoriales similares o afines podrían evitarse episodios como el protagonizado por Errata Naturae y Gallo Nero, según reportó el pasado 16 de febrero el artículo “Dos Passos en falso con el tirón de la Gran Guerra”. Está claro que hay cierta información sensible que en algunos momentos es necesario proteger pero también es verdad que en ocasiones el coste de la incomunicación y del secretismo puede ser más alto que el de compartir la idea de llevar a cabo un plan determinado e incluso que el de una filtración.

 

Estoy convencido de que el fortalecimiento de la edición independiente necesariamente pasa por la acción colectiva. Entre las iniciativas que creo que podrían poner en marcha los editores independientes para contrarrestar sus debilidades y fortalecerse no sólo como actores individuales sino también como segmento se me ocurren las siguientes:

 

– apostar por el asociacionismo mediante la creación de agrupaciones de editores que tienen afinidades entre sí con el propósito de promover acciones conjuntas en distintos campos: Contexto, Edinar, Editores de ChileLlegir en Català, la Red de editoriales independientes colombianas (Reic) o La Ruta de la Independencia.

– crear bien sea dentro de las instancias gremiales o bien por fuera de ellas grupos de trabajo en torno a problemas y necesidades particulares con el objetivo de defender los intereses de los editores independientes de cara a otros actores del sector del libro, a las instancias públicas o a los nuevos players —una necesidad sobre la que Manuel Gil viene llamando la atención insistentemente desde hace tiempo—.

– considerar la posibilidad de hacer fusiones entre editoriales afines que al explotar filones diferentes y al dirigirse a nichos distintos pueden complementarse mutuamente con el propósito de gestionar ciertos procesos de una manera más eficiente y de desarrollar proyectos de mayor alcance que fortalezcan tanto su estructura como su posición en el mercado —por ejemplo, en el ámbito de la edición en catalán el 26 de junio de 2012 se anunció la fusión entre Angle y Cossetània que dio origen a 9 Grup Editorial—.

 

 

 

 

 

 

Una última consideración en relación con lo anterior: la puesta en marcha de nuevos proyectos editoriales no necesariamente pasa por la creación de nuevas estructuras. Montar una editorial no es la única vía —y a menudo no es la más eficiente— para desarrollar un proyecto de edición nuevo. Al fin y al cabo si se tiene en mente un nuevo proyecto en el campo de la edición siempre es posible explorar la posibilidad de que alguna editorial con la que se tenga algún tipo de afinidad apueste por él y lo acoja, aportando la experiencia, la experticia y los recursos que tiene a su disposición para hacer posible su desarrollo. Quizás el carácter marcadamente personalista de la edición independiente sea una dificultad para actuar en esta línea. En el ámbito de la edición independiente a menudo quien dice editorial X o Y dice el editor Fulano o Zutano —lo cual según como se mire puede ser una fortaleza y una debilidad a la vez—.

 

Cada vez que me entero de la creación de una nueva editorial independiente en España me hago dos preguntas: en primer lugar, ¿es necesaria esa nueva editorial?; y, luego, ¿es la creación de esta nueva editorial la opción más eficiente para poner en marcha un nuevo proyecto en el campo de la edición? Obviamente la respuesta a estas dos preguntas sólo puede obtenerse al cabo de un tiempo, una vez la propuesta de la editorial haya empezado a materializarse y cuando pueda hacerse un balance de la respuesta de los libreros, de los comentaristas y de los lectores frente a ésta. Afortunadamente mis respuestas a estas dos preguntas son bastante variadas según el caso de cada editorial que he visto aparecer durante los últimos años.

 

Antes de terminar quisiera llamar la atención sobre un detalle: quien examine con cuidado el apartado “h. editoriales (es)” de la sección de enlaces de [ el ojo fisgón ] que se encuentra en el extremo lateral derecho podrá constatar que algunas de las editoriales independientes que surgieron en España durante la última década o han desaparecido o llevan un buen tiempo sin publicar novedades —me pregunto si cerraron o si se encuentran temporalmente en cese de actividades—. Supongo que bajo las condiciones actuales el cierre de algunas editoriales independientes o las dificultades a las que se enfrentan muchas de las que sobreviven pueden tener que ver con la conjunción de varios factores: la contracción del consumo como consecuencia de la crisis económica, el aumento de las devoluciones, su descapitalización y la de muchas librerías, la quiebra de algunas distribuidoras, los recortes tanto de las subvenciones a la edición como de las compras de las bibliotecas públicas, la incipiente emergencia de lo digital, los cambios en los hábitos de consumo de contenidos, etc.

 

nota: desde hace un tiempo tengo la impresión de que por más que la proclamen como condición esencial de su existencia, convicción, compromiso o militancia, para ciertos editores a menudo la independencia no es más que una etiqueta o un eslogan claramente efectista. Es muy sugestivo el hecho de que en algunos de los discursos sobre la independencia que resultan más seductores y eficaces con frecuencia se haga un mayor énfasis en el status asociado a la etiqueta que en su contenido mismo. Dicho esto recomiendo leer los testimonios recogidos en el artículo “Esta burbuja no es tan grave; que hablamos de libros, no de hipotecas”, en el que Karina Sainz Borgo da cuenta de lo que se dijo en la primera sesión de las jornadas Protagonistas de la Cultura que organiza el espacio Ámbito Cultural de El Corte Inglés.