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la contraseña de anagrama y la nueva edición independiente en españa

Anagrama jugó un papel fundamental en un momento importante de mi formación como lector. Tenía 23 años, estaba terminando la universidad y empezando a trabajar, a través de Anagrama estaba descubriendo a Capote, a Carver, a Marías, a Baricco, a Tabucchi, a Bolaño y a Auster y en ese momento sentía una gratitud profunda y enorme hacia esa especie de gurú de las letras contemporáneas que es Jorge Herralde.

Hace un par de días recibí el boletín de novedades de enero – febrero de 2009, en el que Herralde recuerda que ‘en abril de 2009 se cumplen 40 años de Anagrama, una editorial recalcitrantemente independiente’ y hace un anuncio:

‘Aparte de una leve remodelación de nuestras portadas, aggiornamiento ya efectuado en algunas ocasiones a lo largo de nuestro trayecto, con motivo de dicho aniversario ponemos en marcha un proyecto ambicioso y confiamos en que será bien recibido: una Biblioteca Anagrama de 100 títulos, de periodicidad semanal, que recogerá nuestros mejores títulos en narrativa, ensayo y reportajes, destinada a quioscos y canalizada por RBA, los mejores especialistas en dicho canal.

Y además de la selección de «clásicos» ya muy reconocidos en esta Biblioteca Anagrama, en mayo de este año emprenderemos una nueva colección, con ocho o diez títulos al año muy escogidos, «otra vuelta de tuerca» en nuestro catálogo, relanzando obras excelentes pero desaparecidas en librerías, o bien agrupando en un tomo varios títulos, con afinidades obvias, de un autor. Su característica común es que, en su día, nos parecieron de edición inevitable, y que ahora lo siguen siendo’.

Aunque Herralde es el editor español independiente por excelencia, quien hoy en día dice “edición literaria independiente en España” necesariamente alude también a editoriales fundamentales como las de los veteranos Beatriz de Moura, Manuel Borrás, Jaume Vallcorba y Jacobo Siruela o a las de la siguiente generación que ya cuentan con una cierta trayectoria y que están en proceso de consolidación: minúscula, Libros del Asteroide, Marbot, Artemisa, Impedimenta, Veintisiete Letras, Melusina, Global Rhythm Press, Ediciones del viento, Nórdica libros, Cabaret Voltaire, Barataria, Gadir, Sexto Piso, Bartleby o Periférica —por mencionar solamente algunas—.

Aprovecho para citar algunos apartes de “La marca editorial como contraseña”, un artículo en el que Herralde explica algunos de los principios en los que se fundamenta su concepción de su trabajo como editor:

‘Mi creencia, quizá ilusa, es que, incluso en una época tan acelerada como la actual, sigue siendo importante el largo aliento, la longue durée en la creación, eficacia e influencia de una marca. Para crear una marca editorial —y que se convierta en una contraseña— es imprescindible la persistencia y la coherencia, para fijarla en el imaginario colectivo.

Ahondar en un surco hondo y ancho, sin dispersiones ni despistes. Una imagen nítida, a la vez previsible y sorprendente. La creación de un “aura” que “proteja” a escritores desconocidos, que inspire credibilidad. En lengua española hay ejemplos legendarios de editoriales con aura. Así, para nosotros en las décadas de la posguerra española, con su estricta censura que intentó bloquear culturalmente al país (y en buena parte lo logró), lo fueron las argentinas Sudamericana y Losada, así como, desde mediados de los sesenta, la mexicana Siglo XXI. En España, durante la década de los sesenta, la Seix Barral capitaneada por Carlos Barral marcó un hito importantísimo en la edición española, recogiendo la antorcha del prematuramente desaparecido José Janés. Y por descontado, la estupenda Alianza, que revolucionó la edición de bolsillo.

Las editoriales más idóneas para lograr tal aura son precisamente las independientes, cuya trayectoria la marca el editor a lo largo de los años, en contraste con el consabido trasiego de directivos en los grandes grupos.

Las más idóneas, aunque no las únicas, claro está. Así, por ejemplo, en Italia, las dos editoriales más relevantes culturalmente son Feltrinelli, que es rigurosamente independiente, familiar, y la otra es Adelphi, que tiene como accionista importante (un cuarenta y tantos por ciento) a un gran grupo, pero que opera con gran libertad (…)

La marca editorial no puede fallar ni dejarse tentar por oportunismos facilones, aunque tenga temporadas más opacas, de menos estrellato; como dijo un editor francés, Olivier Cohen, “un editor no debe ser juzgado por los buenos libros no editados sino por los malos que publicó”. Su poder, siempre en precario, estriba en no publicar libros malos, al menos a sabiendas, sino intentar en lo posible editar aquellos “libros necesarios” a los que aludió Italo Calvino (…)

Podría decirse que, tras ese vertiginoso recorrido, en sólo diez años, por esa brutal mutación del paisaje, el editor deberá basarse en el conocimiento de su entorno, en su olfato y en su capacidad de reunir marcas armoniosamente, en convertirse en una marca de marcas. Pero quizá esto no represente nada esencialmente nuevo para nuestro oficio, sino sólo retos considerables a los que enfrentarnos, como siempre lo han sido los retos de un editor. Unos retos que se resumen en la capacidad de adaptación sin perder la brújula. Y en el caso de la editorial independiente vocacional por definición, la brújula indica que en el binomio cultura y negocio, que conforma la edición, el norte será siempre la cultura. Y deberá luchar para que su marca sea una contraseña tan visible en el mundo real como el virtual, y que su catálogo, su novela-río, sea frondoso y sorprendente, pero también estructurado y “legible”, por así decir, con un argumento en el que las tramas y las subtramas se enlacen en armonía o contrapunto.

Y así, enfrentándose a estos nuevos retos, conseguir que las “estrategias de la virtud” —las estrategias que persiguen publicar las nuevas voces más significativas de su tiempo, y dar cuenta de los más importantes debates culturales y políticos— sigan siendo eficaces para poder seguir perseverando en este oficio inigualable’.


Entre tanto, muchos seguimos preguntándonos cuál y cómo será el futuro de Anagrama una vez Herralde se retire —un tema sobre el que corre uno que otro rumor y que el editor elude insistentemente—.

sobre el estudio “digitalización del libro en españa”, realizado por dosdoce.com y ediciona

Durante esta semana algunos importantes blogs y medios de comunicación han comentado las conclusiones del estudio “Digitalización del libro en España”, realizado por Dosdoce.com y Ediciona durante Liber 2008. El estudio fue publicado a principios de esta semana y puede descargarse gratuitamente haciendo clic aquí.

Los resultados del estudio me hacen pensar que la percepción de los editores españoles con respecto a las nuevas tecnologías está empezando a cambiar, lo cual es un indicio de que poco a poco las visiones escépticas y apocalípticas frente a la inevitable evolución de la actividad y del negocio editorial podrían tender a volverse minoritarias.

Dice el estudio que ‘el 69% de los encuestados considera que la principal prioridad de las editoriales ante el reto de la digitalización del libro es la definición de su modelo de negocio’. El crecimiento del número editoriales que comercializan contenidos digitales o que piensan hacerlo en 2009, la importancia que se le da a la formación en nuevas tecnologías o el carácter prioritario de la negociación de los derechos digitales son algunas evidencias de que algunas cosas están empezando a cambiar en el sector editorial español.

Hay un aspecto específico del estudio que me ha llamado particularmente la atención:

Existe desacuerdo entre los profesionales españoles y los europeos acerca de la principal vía de ingresos dentro de 10 años

Según una encuesta a 1.000 profesionales del sector del libro de 30 países, realizada por la organización de la última edición de la Feria de Frankfurt, el 40% de los encuestados opina que los ingresos derivados de la venta de libros electrónicos superarán dentro de una década, en 2018, en volumen de negocio al papel.

Sin embargo, el 48% de los profesionales del sector del libro encuestados por Dosdoce y Ediciona durante la pasada edición de LIBER considera que la principal vía de ingresos de las editoriales españolas en el año 2020 seguirá siendo los libros en papel. Tan sólo un 16% piensa que los libros electrónicos se convertirán en la principal vía de ingresos.

Curiosamente, los resultados de la encuesta también demuestran que la mayoría de los editores españoles sigue analizando su futuro modelo de negocio sin tener en cuenta otras posibles vías de ingreso y de crecimiento que ofrece la economía digital. Según la encuesta realizada por la Feria de Frankfurt, el 22% de los encuestados consideraba muy importante llegar a acuerdos con la industria del cine, un 18% apostaba por establecer alianzas comerciales con la industria discográfica y un 13% con la industria del videojuego’.

¿A qué se debe esta diferencia? ¿Será una consecuencia del hecho de que España no sea un desarrollador potente de tecnología como Alemania, Francia o Inglaterra? ¿Tendrá alguna relación con el grado de madurez que ha alcanzado el mercado español en el campo de la tecnología? ¿Sería distinta la situación si en España hubiera más early adopters?


Aunque el estudio deja ver que ha habido un cambio de actitud por parte de los editores, esta diferencia con respecto a sus colegas del resto de Europa o el hecho de que ‘utilizar las nuevas tecnologías para promocionar sus productos en la Web y el rediseño de los sitios Web es lo que los profesionales consideran menos importante’ sugieren que la adopción de una nueva mentalidad con respecto a los contenidos digitales puede llegar a ser más lenta de lo deseable y que, por lo tanto, el sector estará menos preparado para asimilar el impacto de las transformaciones que están teniendo lugar en su entorno.

preguntas a propósito del artículo “lost in translation no more”, publicado en the economist

“Lost in translation no more”, el artículo de The Economist del que hablé el martes pasado, me suscita algunas preguntas que hoy quisiera plantear pero que de momento no estoy en capacidad de responder por falta de información. Supongo que estas preguntas y la imposibilidad momentánea de responderlas surgen del hecho de que The Economist no presente ni mencione ni las cifras ni las fuentes en las cuales se basa la descripción que hace el artículo.

Seguramente encontremos algunas respuestas —no sé si muy confiables— haciendo una revisión de las publicaciones que producen en cada país fuentes como los centros de estadística, los gremios de editores, las cámaras del libro y el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC).


Dice el artículo:


‘Since many of the world’s 400m Spanish-speakers live in developing countries, it has great potential: literacy rates are high and incomes are rising’.


Preguntas: ¿Es cierto que los índices de alfabetización en América Latina son altos? ¿En qué países y en qué sectores de la población concretamente están aumentando los ingresos?


Dice el artículo:


‘And although the number of titles published in Spain has declined slightly for the past few years, it is growing strongly in Latin America. Five Latin American countries now have higher rates of book readership than Spain’.


Preguntas: ¿Qué significa la existencia de esa leve caída durante los últimos años del número de títulos publicados en España? ¿Cómo han contribuido a ella tanto las editoriales independientes como los grandes grupos? ¿Cuáles son sus causas y sus consecuencias? ¿Cuáles son los cinco países latinoamericanos que tienen tasas de lectura de libros más altas que España?


Dice el artículo:


‘In the past five years big international publishers such as Planeta, Santillana and Random House Mondadori have bought local imprints throughout the Spanish-speaking world’.


Pregunta: ¿Qué repercusiones tienen estas compras de sellos locales por parte de los grandes grupos en términos del cambio del tamaño del mercado, de las posibilidades de supervivencia de un sector editorial independiente y de la diversidad de la oferta?


Nota: las negrillas son mías.

el mercado editorial hispanoparlante según the economist

A través de The Literary Saloon —blog recomendado el fin de semana por Sfer— llego a un artículo de The Economist titulado “Lost in translation no more” que describe algunos aspectos particulares del estado actual del mercado editorial hispanoparlante. Aunque es más bien descriptivo, el artículo tiene algunos datos que me parecen más que dicientes.


Hoy reproduzco una parte del artículo, que comentaré durante los próximos días:

Se cree que el mercado del libro en español es el segundo más grande del mundo. Es el más grande para libros traducidos, que representan cerca de la quinta parte de los 120.000 títulos publicados cada año en español. Con un aumento en ventas del 7.5% en 2005 —el crecimiento es más fuerte en Argentina, México y Colombia—, este mercado del libro se está expandiendo más rápido que muchos otros. Como muchos de los 400 millones de hispanoparlantes viven en países en vía de desarrollo, tiene un gran potencial: los índices de alfabetización son altos y los ingresos están aumentando (…)


Históricamente la industria ha hecho un trabajo pobre para hacer llegar los libros a los lectores. En el período de represión y crisis económica de los setenta en América Latina la publicación en lengua española se concentró en España, donde los editores fueron indiferentes frente a los mercados latinoamericanos. El resultado es que durante años los lectores españoles han tenido un acceso más amplio a obras latinoamericanas que los latinoamericanos —que tienen pocas oportunidades de comprar libros de autores extranjeros—.

Esto está cambiando actualmente. En los cinco últimos años los grandes grupos editoriales internacionales como Planeta, Santillana y Random House Mondadori han comprado sellos locales en todo el mundo hispanoparlante. Esto les permite comercializar libros a escala global vendiendo a precios locales y echar un vistazo en busca de escritores prometedores. Negocios que ofrecen derechos en distintas regiones son cada vez más comunes. Y aunque el número de títulos publicados en España ha caído levemente durante los últimos años, está creciendo fuertemente. Actualmente cinco países latinoamericanos tienen tasas de lectura de libros más altas que España’.



Además, un par de datos curiosos:


- Número de habitantes por librería en México: 82.000


- Número de habitantes por librería en Argentina: 48.000


- En Argentina los editores producen cerca de ocho veces más libros que en México (a pesar de que la población mexicana dobla a la argentina)



Para terminar, un gazapo monumental: ¿desde cuándo Planeta publica la traducción española de Harry Potter?

Nota: las negrillas son mías.

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