El pasado miércoles 5 de septiembre apareció en el Cuaderno Digital de Libranda mi artículo“El e-book y la posibilidad de un mercado único del libro en español”, en el cual estuve trabajando durante la segunda mitad de julio y todo agosto. Cuando recibí el encargo del artículo por parte del equipo de Libranda la elección tanto del tema como de la perspectiva desde la cual abordarlo quedó totalmente en mis manos, lo cual se agradece a pesar de que también supuso un cierto grado de dificultad.
Debido tanto a mis intereses como a mis condiciones personales desde un principio me incliné a poner sobre la mesa la cuestión del estado actual y la evolución a futuro del mercado del e-book en el ámbito hispanohablante, en el que se juntan tres territorios no sólo bastante diversos y heterogéneos sino también diferentes entre sí: España, Latinoamérica y Estados Unidos. Mi intención inicial era intentar dar cuenta del estado actual del mercado del e-book en los territorios de habla hispana pero a mitad de camino me di cuenta de que abordar el artículo desde esta perspectiva era imposible debido a la falta de datos. Aunque desde el minuto uno intuí que era ingenuo abordar el tema desde una perspectiva basada en datos y proyecciones, decidí intentarlo con la esperanza remota de conseguir mi objetivo. Quienes ya leyeron el artículo ya conocen el resultado de mi indagación y quienes no lo han leído todavía quizás sospechen cuál fue.
Además de consultar estudios y artículos especializados que fueron publicados por consultoras y organizaciones gremiales, les escribí a insiders del sector en España, Latinoamérica y Estados Unidos preguntándoles si tenían datos sobre el tamaño de la oferta y el volumen de las ventas de e-books en el ámbito hispanohablante. Mis solicitudes de cifras y proyecciones recibieron fundamentalmente dos respuestas —siempre cordialísimas—: en primer lugar, ‘no tengo datos pero quizás si le escribes a X o Y él o ella pueda pasarte algo’; y, en segundo lugar, ‘tengo datos pero como comprenderás son confidenciales y no puedo hacerlos públicos’.
La comunicación con algunos de estos insiders fue riquísima en términos cualitativos. A lo largo de varias rondas de intercambio de mensajes con algunos de ellos recibí información, apreciaciones, observaciones y reflexiones de diversa índole con respecto al estado actual y al posible desarrollo a futuro del mercado del e-book en el ámbito hispanohablante que tras unos días de pánico me permitieron replantear el artículo y desarrollarlo hasta llegar al resultado final —me reproché una y otra vez el hecho de haber aceptado el encargo de Libranda e incluso en medio de los calores de la segunda mitad de agosto estuve decidido a echarme para atrás a pocos días de la fecha para la cual estaba programada la publicación pero al final no fui capaz de hacerlo—.
Al principio la perspectiva desde la cual terminé abordando el artículo me pareció bastante tibia y sólo al final empecé a creer que en el resultado final podía haber un planteamiento y un desarrollo que fueran más o menos razonables y que hicieran algún aporte medianamente valioso.
Durante mis días de angustia me pregunté una y otra vez si era necesario pasar por un suplicio como éste y una y otra vez me respondí que yo sabía desde un principio cómo eran las cosas. Nuestro mercado es opaco y eso es lo que hay —ver lo que pienso al respecto en la entrada “la transparencia y la opacidad en los mercados”—. Con esta entrada que ustedes están leyendo en este momento me ahorro una nota tipo ‘durante la investigación previa a la escritura de este texto se estuvieron buscando cifras y proyecciones sobre el mercado del e-book en el ámbito hispanohablante pero fue imposible acceder a ellos’ que pensé incluir en mi artículo a manera de pataleta de ahogado. Hay que decir que en el ámbito digital esta opacidad no es exclusiva de nuestro medio y que muchos coincidimos no sólo en que Amazon es el actor más opaco del mercado, sino también en que algunos de sus competidores han empezado a adoptar un comportamiento similar al suyo.
Dicho esto, aprovecho para darles las gracias tanto al equipo de Libranda por invitarme a colaborar en el Cuaderno Digital como a las personas que al compartir generosamente conmigo sus apreciaciones, observaciones y reflexiones me orientaron y me ayudaron a resolver algunos de los problemas con los que me encontré durante la escritura de mi artículo.
Debido tanto a la crisis económica como al cambio de paradigma —que han puesto en evidencia el agotamiento de su modelo de funcionamiento—, actualmente el sector editorial está bastante golpeado y su situación hace que al intentar mirar hacia adelante no se vea otra cosa que incertidumbre. La reconversión hacia lo digital sigue siendo una fuente de crispación —sobre todo para algunos actores y en ciertos momentos críticos— y con respecto a ella el sector está bastante dividido: generalizando burdamente y reconociendo de antemano la existencia de una amplia gama de matices, podríamos decir que hay quienes ven lo digital como una amenaza demoníaca, como el futuro o como una vía más entre muchas otras.
Sin embargo, las diferencias de intereses y de opiniones así como las pugnas que éstas generan no se limitan a la cuestión de lo digital. Y quizás como feria profesional Liber podría ganar mucha vida si se aprovecha la presencia de los actores que coinciden en ella para poner sobre la mesa todas las posiciones existentes en relación con la agenda del sector con el propósito no sólo de buscar puntos de acuerdo a nivel tanto sectorial como interprofesional, sino también de intentar construir consensos en torno a aquellos aspectos con respecto a los cuales actualmente existen tensiones —a continuación menciono sólo algunos que se me vienen a la cabeza—: la gestión del ISBN, el precio fijo, las subvenciones públicas, el porcentaje de los descuentos de los editores a los puntos de venta, la política de asistencia a ferias en el extranjero, el precio y el IVA de los e-books, la necesidad de adoptar acciones para evitar que el control de la venta de contenidos en línea quede bajo el control absoluto de los new players, la puesta en marcha de un plan de apoyo a la red de librerías, el volumen de novedades que se publican anualmente, la metodología de recolección de cifras sobre el comercio tanto interior como exterior y la tardanza en la publicación de los informes correspondientes o el impacto de los cambios realizados en el reglamento de la Feria del Libro de Madrid.
Supongo que sobre todo en un momento de crisis como el actual en el que la supervivencia de muchas empresas de los distintos eslabones de la cadena de valor es incierta, es más necesario que nunca aprovechar oportunidades como ésta.
Entre los temas a los que Schiffrin se refiere en las respuestas a las preguntas planteadas en esta entrevista me gustaría llamar la atención sobre los siguientes:
- el impulso que los aportes de algunas fundaciones le dieron en sus inicios a The New Press y la búsqueda permanente de fondos por parte de la editorial para financiar el desarrollo de proyectos concretos.
- el hueco que The New Press se abrió en un ámbito de la edición del que en principio deberían ocuparse las editoriales universitarias.
- el rol que juegan los consejos de expertos a la hora de definir la perspectiva desde la cual se abordan temas altamente especializados en relación con problemas críticos que están siendo total o parcialmente desatendidos y con respecto a los que todavía hay algo que decir.
- la manera como algunos títulos que The New Press ha publicado alrededor de algunos temas críticos no sólo han contribuido a darles visibilidad a éstos, sino que también se han convertido en los libros de referencia en sus respectivas áreas temáticas.
- la repercusión que ha tenido sobre la sociedad estadounidense el creciente aislamiento cultural de Estados Unidos frente al resto del mundo.
Aprovecho esta entrada para darles las gracias a varias personas que jugaron un papel clave en la realización y en la publicación de esta entrevista: en primer lugar, a Juan Pablo Mojica del Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) por facilitar y coordinar el encuentro con André Schiffrin; en segundo lugar, a Margarita Valencia por su contribución al desarrollo y al enriquecimiento de la conversación; en tercer lugar, a Silvia Chaves O’Flynn por la transcripción de la conversación; y, last but not least, a Marcel Ventura de El Librero tanto por manifestar su interés por este trabajo como por sus comentarios y sugerencias durante el proceso de edición del texto.
Quien quiera leer la entrevista puede descargarla apretando aquí.
Hace dos días se dio a conocer la longlist del Best Translated Book Award (BTBA) 2012, que organiza el proyecto Three Percent —al cual me referí hace exactamente un año—. En la lista hay libros escritos inicialmente en diversas lenguas: alemán, español, francés, hebreo, húngaro, italiano, noruego, polaco, portugués, serbio y sueco. Llama la atención la gran cantidad de obras traducidas del francés (8) y en menor medida del español (4) y del alemán (3) que hay en la lista.
En la conversación que sostuvimos en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) el editor estadounidense André Schiffrin señaló algunas de las dificultades a las que editoriales como The New Press tienen que enfrentarse para publicar traducciones en Estados Unidos. Entre las dificultades señaladas por Schiffrin se encuentran las siguientes:
- el creciente aislamiento cultural de Estados Unidos, que se ve en la falta de interés que existe allí con respecto a lo que sucede más allá de sus fronteras.
- la poca cantidad de traductores que hay incluso en el caso de lenguas tan populares como el francés y la falta de fondos para pagar traducciones —un panorama que en su opinión contrasta radicalmente con el europeo—.
- los plazos que se manejan en la realización de las traducciones debido al volumen de trabajo que tienen los pocos traductores que hay —que al verse desbordados a menudo no están disponibles para atender los encargos que les hacen los editores—.
- el hecho de que muchos de los traductores al inglés se encuentren sobre todo en el Reino Unido.
- la supresión por parte de las universidades del aprendizaje de una lengua extranjera como requisito para sus estudiantes, que repercute tanto en el interés de los lectores por otras tradiciones culturales como en las competencias lingüísticas de éstos.
Durante nuestra conversación Schiffrin llamó la atención sobre el trabajo de Dalkey Archive Press, que según él es la principal editorial independiente de ficción extranjera en Estados Unidos.
Me imagino que el trabajo de Open Letter Books, Dalkey Archive Press, Europa Editions y otras editoriales que se centran en la publicación de libros traducidos está contribuyendo a que entre los habitantes de ese país de inmigrantes que es Estados Unidos crezca el interés por lo que se escribe en otros lugares del mundo y en otras lenguas. O al menos espero que así sea.
Sam Jordison publicó ayer en el Books blog de The Guardian la entrada “Are we finally getting the hang of foreign fiction?”, en la que pone sobre la mesa una reflexión con respecto al grado de apertura tanto del mercado editorial como de los lectores británicos frente a los libros traducidos de otras lenguas.
En el número 16 de la revista Texturas apareció una entrevista a Patricia Arancibia, quien actualmente es la Directora de contenidos digitales internacionales de Barnes & Noble. En esta entrevista realizada por Joana Costa y Adrián Puentes se ponen sobre la mesa distintos temas importantísimos: las particularidades del segmento latino del mercado editorial estadounidense; los intereses de los lectores latinos en Estados Unidos; los tipos de libros en español que mejor se venden en el mercado estadounidense —tanto en papel como en digital—; las dificultades para que el libro en español circule más allá de las fronteras de su país de origen; la presencia del libro tanto latinoamericano como español en el mercado estadounidense; las posibilidades que abre lo digital para el mejoramiento de la circulación del libro en español, para la diversificación de la oferta y para la creación de un mercado global al cual puedan acceder incluso los pequeños editores; la importancia de la promoción en el ámbito online y la manera como una buena gestión de los metadatos le permite al usuario encontrar fácilmente los libros en las plataformas de e-commerce.
A continuación reproduzco algunos de los fragmentos de la entrevista que más me llamaron la atención, en los cuales Patricia toca una amplia variedad de temas críticos con respecto al mercado del libro en español.
- Sobre la presencia del libro en español en el mercado estadounidense, los factores que han dificultado su llegada allí y las posibilidades que abre lo digital para facilitar su penetración:
‘Sí, fui por todas partes. Sigo yendo. Por todo el mundo. El español era obviamente una prioridad porque este es un mercado bilingüe, prácticamente. Además vos seguías trayendo libros en español impresos. Traías muy pocos en relación a lo que quisieras, porque los editores se ponen en un riesgo: la importación suma costos. Si la moneda, como en el caso del euro, es más cara, no sólo el libro viene ya de por sí a un precio que es caro para este mercado, sino que además suma costos con la aduana y el transporte. Un cargamento de libros se puede quedar en la aduana seis meses. Llegaban siempre tarde, llegaban pocos, entonces los editores tenían que decidir: no podías traer todo tu catálogo, solo una parte reducida que estabas seguro que iba a vender en este mercado. Y si se te acababa el stock tenías que traer otro. O sea, siempre fue bastante complicado. Este es un mercado gigante pero hay libros que pueden vender super bien afuera y acá no funcionar. Hay libros que podrían funcionar en el long tail pero quizás no te conviene traerlos, porque no tienes lugar y tendrías que sacar otro título. Lo que trae el digital es la posibilidad de ampliar el número de títulos; el stock es infinito. El número de títulos que podés tener en español en los Estados Unidos es por lo menos cuatro veces más de lo que nunca tuviste en papel. En este formato nunca hubo disponibles para ordenar en los Estados Unidos más de ocho mil o nueve mil títulos en español. En España o América Latina, un país medio tiene cien mil títulos vivos. En cambio, en digital ahora nosotros tenemos más de cuarenta mil en español que vienen de todos lados. Más de lo que existe en español en cualquier otra parte. Creo que toda España tiene tres mil o cuatro mil libros (de verdad, no pdf). En Argentina hay como cinco tiendas de ebooks, en Chile hay tres, en México otras cinco. Una de las cosas que yo hice fue abogar para que las editoriales se consiguieran los derechos digitales. Hay que ir rápido y negociar con tus autores, pero eso lleva tiempo. Y ya no hay tiempo. A su vez, empezar ese proceso e invertir todo el dinero y el tiempo si no vas a ver ningún rédito por cinco años es durísimo’.
- Sobre la manera como lo digital facilita el intercambio y puede contribuir a hacer posible la creación de un mercado global en español:
‘También hay que pensar que ahora se publica en español acá, y que la distribución del libro en español en el mundo es rara: es muy difícil encontrar un libro latinoamericano en España, a no ser que lo publique un editor español. Y es muy difícil encontrar un libro español en América Latina. Y si lo encontrás, es impagable. En todo caso, tampoco es verdad que todo va a ser internacional con los libros digitales. Hubo un momento en que en España se vendían biografías de Aznar a morir, pero acá no las compraba nadie. En Argentina se publican libros de política que no se pueden pagar, pero acá los libros de política argentina no le interesan ni al académico que estudia historia de Argentina. Entonces tú puedes decir: mirá que interesante, a mí me interesa esto y esta gente está del otro lado de la cordillera haciendo lo mismo, está en el Caribe haciendo lo mismo. Me parece que en eso sí hay una oportunidad de intercambio: el no estar tan limitados por la distribución, por ser tantos países, por ser veinticinco países, por tener océanos, riachos o montañas en medio. El digital te resuelve muchos problemas. Ahora se puede ser un editor pequeño y pensar global’.
‘(…) Hoy hay quinientos millones de personas en el mundo que hablan español, es el tercer idioma del mundo y es el segundo del mundo occidental. Eso es una masa crítica bastante fuerte. Vos me preguntás si creo que podemos llegar a ser un idioma importante, pero si le preguntas a cualquier persona que no hable español te va a decir que ya lo es. Hace mucho que estamos todos conectados a Internet. Hay gente en Ushuaia leyendo El País en este momento.
El digital te trae eso: la inmediatez, la posibilidad de publicar libros globalmente. Todavía no lo está haciendo casi nadie, aunque se están preparando. Eso sí me parece que es super importante. Es una oportunidad genial. Es una oportunidad que puede ayudar incluso con la internacionalización del libro físico. Me parece que hay una oportunidad de fomentar más el comercio de títulos entre distintos países, y que no sea que el único escritor chileno que conocemos es Bolaño después de Neruda. Que haya un intercambio real, que un escritor no tenga que ganarse un Nobel o morirse para que en otros países sepan que existe’.
- Sobre los distintos circuitos que conforman el mercado del libro en español en Estados Unidos:
‘Lo que sí es muy importante aquí es ver las diferencias entre tres mercados: bibliotecas, retail y académico. Las bibliotecas tienen una población particular, con necesidades particulares. Siempre se habla de lo que la gente quiere, y los bibliotecarios saben muy bien lo que la gente quiere en sus comunidades. En cambio, en el mercado comercial estás hablando de gente que entra a una librería o a un website a comprar libros; es completamente distinto. Después está el mercado académico, y dentro de éste hay para niños, para secundarios y universidades, y esos tres son muy poderosos pero muy distintos entre sí.
El mercado comercial, que es el que a mí me ocupa, es muy diferente a los otros. Como lo es en inglés, pero yo te diría que quizás todavía más. Lo que más vendemos en español es la ficción, lejos’.
- Sobre los tipos de libros en español que mejor funcionan en el mercado estadounidense:
‘De todo. La ficción latinoamericana mucho más que la española. O sea, los autores latinoamericanos, los más grandes, son tan fuertes acá como en sus países. Yo me acuerdo que en un momento se decía que no había que traer La sombra del viento porque era muy literario. Yo dije: de ninguna manera, vamos a traer ese libro. También decían que no había que traer el diccionario de la RAE porque «los latinos de Estados Unidos no saben lo que es la Real Academia». Yo dije: de ninguna manera. Hay que traer ese diccionario. Y estuvo durante muchos años entre nuestros libros más vendidos, entre otras cosas porque las bibliotecas lo querían y no estaba en ningún lado’.
‘(…) Bueno, lo que veo, por ejemplo, es que el romance vende a morir. Y como he dicho antes, lo que vende mucho es el misterio y el thriller. Ahora es una barbaridad lo que vende La reina del sur de Arturo Pérez-Reverte. Es un tema latinoamericano, y la política latinoamericana vende bien. Un periodista latinoamericano escribe algo sobre su país y es muy difícil que venda. Pero cualquier cosa sobre narcotráfico va a vender, no importa lo que sea. Ya sea en Colombia o en México. Porque la gente también está preocupada acá, porque hay violencia, porque su familia es de allá. Todo esto está en los medios todo el tiempo y vende’.
- Sobre la importancia y el alcance del marketing en el ámbito online:
‘Random House Mondadori, por ejemplo, hace mucha promoción fuera de España y también hace mucha promoción online. Si vos abrís El País desde acá, la parte comercial del periódico sabe que estás en los Estados Unidos; hay estrategias de marketing que se podrían usar perfectamente con libros (…)
(…) Las editoriales que están acá, como Santillana, Random y Penguin, se han movido bien para trabajar la prensa en español. Pero no toda la gente tiene llegada a la prensa en español. Segundo, la prensa en español en Estados Unidos es regional, es casi por ciudad. Vos ponés algo en el New York Times y le llega a todo el mundo; pones algo en La Opinión y llega a Los Ángeles. A mí me da la impresión de que Random House Mondadori maneja muy bien el marketing online; es algo bien sabido en la industria. Porque, aunque lo hacen desde España, lo hacen para toda América Latina. Lo deberían estar haciendo más editores’.
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Dado que hoy en día en Estados Unidos ‘hay más gente que habla español que en España’, creo que todo editor hispanohablante independientemente de dónde se encuentre, de su tamaño y de la orientación de su catálogo debería leer con cuidado esta entrevista y tomar nota de lo que se dice en ella con el propósito bien sea de entrar al mercado estadounidense o bien de fortalecer su presencia en él —ver en el informe de Comercio Exterior del Libro 2010 la evolución de las exportaciones de la industria editorial española hacia ese país—. Las respuestas de Patricia a las acertadas preguntas que le plantean Joana Costa y Adrián Puentes en esta entrevista ponen en evidencia la manera como su experiencia sobre el terreno le ha permitido desarrollar un amplio y profundo conocimiento tanto de la estructura como de la dinámica de funcionamiento del mercado editorial estadounidense, latinoamericano y español.
Quienes no tengan acceso al número 16 de Texturas y quieran leer la entrevista completa, pueden descargarla apretando aquí gracias a la generosidad tanto del equipo de Trama editorial como de Joana Costa y Adrián Puentes.