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llamémosla random house, de bennett cerf: un viaje a la prehistoria de una empresa y de una industria

Durante mis vacaciones de verano estuve leyendo Llamémosla Random House, de Bennett Cerf —que hasta hace poco era la última novedad de la colección Tipos móviles de Trama editorial—. Además de contar de una manera muy agradable montones de anécdotas sobre autores, editores y libros de todos los géneros, Cerf aborda en sus memorias una amplia variedad de temas: sus principios como editor, el origen de su empresa, la evolución de la gran industria editorial estadounidense, la distribución y la comercialización, el boom del libro de bolsillo, su rol como figura pública y el crecimiento empresarial de Random House mediante la compra de otras editoriales.

 

 

 

 

 

Hay varios fragmentos de Llamémosla Random House que por distintas razones me llamaron particularmente la atención. A continuación reproduzco algunos de esos fragmentos, que espero que inciten a más de uno a leer estas estupendas memorias de Cerf:

 

- sobre la formación profesional de Cerf y las principales lecciones que éste aprendió durante su paso por la universidad:

 

‘Mi educación en Columbia no se limitó a acumular conocimientos de literatura e historia; también, gracias sobre todo a mi experiencia con el Spectator y el Jester, aprendí en la Escuela de Periodismo cómo escribir una historia con rapidez y usando las menos palabras posibles. Y algo más que considero impagable: aprendí a no llenarme la cabeza con información inútil, pues un hombre inteligente no debe llevar todo eso en la mollera, limitándose a saber dónde encontrar lo que necesita cuando lo necesita. Aprendí a saber buscar las cosas que necesitaba y cómo sacarles partido‘.

 

- sobre el papel que algunos jóvenes judíos jugaron en el desarrollo de la industria editorial estadounidense:

 

‘Liveright estaba profundamente resentido con los editores establecidos. Ellos lo odiaban como odiaban a Alfred Knopf y a B. W. Huesbsch, que habían comenzado casi al mismo tiempo. Nunca antes había habido judíos en la edición americana, que era una sociedad cerrada a los jóvenes de nuestro grupo. De repente habían aparecido en la escena algunos judíos jóvenes y brillantes, que estaban alterando todos los principios antiguos de la edición… y haciendo ruido, si pensamos en Liveright.

Liveright, Ben Huesbsch, Alfred Knopf, y más tarde Simon & Schuster y Harold Guinzburg, cambiaron el curso de la edición. Lo suyo eran empresas jóvenes, y aunque fueron metidos en el mismo saco por los viejos, lo cierto es no eran iguales. Knopf ya era un joven editor con gusto literario y mucha dignidad, cuando llegó Horace Liveright, al que Alfred juzgaba como zafio y extravagante’.

 

- sobre el funcionamiento del sistema de distribución y comercialización de libros en los años 1920 en Estados Unidos:

 

‘Liveright acababa de publicar la Historia de la Biblia de Henrik van Loon. Dado que la anterior Historia de la Humanidad había sido un bombazo, Dick había llenado el coche con ejemplares de Historia de la Biblia. Pero este libro no funcionó. La gente religiosa estaba furiosa porque van Loon se hubiera creído capaz de escribir una especia de Biblia de diario. Hoy los libros se dejan en depósito y por tanto pueden ser devueltos sin problemas, pero en aquellos días había que pedir un permiso especial para realizar cualquier devolución. De modo que allá donde fuéramos siempre escuchábamos lo mismo:

—¿Qué vamos a hacer con este desastre?

Esa fue mi primera lección sobre edición: qué hacer con un título que resulta un fracaso. Con frecuencia los libreros tenían la sartén por el mango, porque si no aceptábamos sus devoluciones se negaban a pagarnos. Nos decían: “Queremos devolver eso. Nos lo habéis endilgado y no lo queremos”. El caso es que en aquellos días un comercial trataba de colocar todos los ejemplares que le era posible, pues el truco estaba en vender de más. Eso era lo que hacía un buen comercial: si un librero quería quedarse diez ejemplares y le colocaba veinticinco, era todo un héroe. Hoy todo esto sería ridículo, pues los ejemplares nos llegarían devueltos en cualquier caso’.

 

- sobre el origen del nombre Random House:

 

‘Rockwell Kent se había convertido en un gran amigo tras hacer las guardas para la Modern Library. Era en ese momento el principal artista comercial de los Estados Unidos. Un día vino a nuestra oficina. Estaba sentado en mi escritorio, frente a Donald, y estábamos halando de hacer un par de libros, cuando de repente tuve una inspiración y dije:

—Ya tengo el nombre la editorial. Acabamos de de decir que vamos a publicar algunos libros at random, al azar, de forma aleatoria. Llamémosla Random House.

A Donald le gustó mucho, y Rockwell Kent dijo:

—Es un gran nombre. Voy a encargarme del logo.

Así que, sentado en mi escritorio, sacó una hoja de papel y en cinco minutos dibujó Random House, que ha sido nuestro logotipo desde entonces’.

 

 

 

 

- sobre la relativa estabilidad del negocio editorial:

 

‘Aunque el mercado de libros de arte se vino abajo cuando se produjo el crash, tuvimos suerte con la Modern Library, ya que su catálogo consistía en libros baratos, por lo que incluso durante la Gran Depresión pudimos seguir adelante. De hecho, cada año mejoramos un poco, y nunca hubo un gran retroceso en las ventas. Dos veces al año añadíamos cinco o seis nuevos títulos. El negocio editorial siempre había sido bastante estable. No se dispara cuando las cosas se están volviendo locas y la gente gana mucho dinero y lo gasta en viajes, clubes nocturnos y teatros caros. De todos modos, los amantes de los libros no suelen caer en excesos especulativos. De la misma manera, cuando todo se va al infierno, los libros se convierten en una de las formas más baratas de adquirir placer. Así que la Modern Library pasó por la Gran Depresión magníficamente’.

 

- sobre el negocio de las conferencias y la forma como operan las agencias que lo gestionan:

 

‘Una vez más una cosa llevó a otra, y un día recibí una llamada telefónica de Colston Leigh, un agente del circuito de conferencias. Me dijo que me había escuchado en un par de programas de radio y me preguntó si alguna vez había pensado en dar conferencias; le respondí que no, y me dijo:

—Creo que lo harías de maravilla, y se puede ganar un montón de dinero.

Aquello me interesaba. Me deleita la mera idea de hablar, incluso a cambio de nada, ¡y cobrar por ello hace que todo sea mejor!

—Sin duda me encantaría probarlo —admití.

(…) El circuito de conferencias es un negocio peculiar. Como comisión habitual un agente recibe una tercera parte y no un diez por ciento, como el teatro o la literatura. Los agentes sacan el 33,3 por ciento, y además uno tiene que pagar sus propios gastos. Es una buena tajada, pero dan un buen servicio. No solo te contratan, sino que cuando sales te dan un dossier de cada lugar que visitas, a qué hora tienes que tomar el avión, todos los billetes y reservas de hotel’.

 

- sobre la disminución de la lectura de revistas por culpa de la televisión —podemos ver que la satanización de los nuevos medios es una vieja práctica que hoy en día sigue teniendo mucha vigencia—:

 

Las revistas se han visto afectadas por los libros de bolsillo, pero no tanto como por la televisión. Muchas personas solían comprar una revista solo para pasar la noche. Por ejemplo, un viajante de comercio, solo en una ciudad extraña, podía comprar dos o tres para llevárselas a la habitación cuando estaba en una ciudad donde no conocía a nadie. Hoy en día, cada habitación de hotel dispone de un televisor, o, si no, hay uno en el vestíbulo. Las personas que leían solo por desesperación, ahora pueden ver toda la basura que quieran en la tele. ¿Para qué iban a leer? Cuando se observa a un grupo alrededor de un aparato de televisión en un pueblo pequeño, uno cae en la cuenta de que está en presencia de un espectáculo bastante desalentador. Allí, todos sentados, pegados a la pantalla. Ellos ni siquiera saben lo que están viendo. Se sientan allí, atontados, toda a noche. Esto ha perjudicado a la revistas, a las ilustradas en particular. Además, las tendencias están cambiando, y la revista que no cambia con las tendencias sucumbe como todo lo demás. Hace un tiempo, un profesor del MIT afirmó: “Si funciona, es obsoleto”. Todo cambia rápido, y hay que ponerse las pilas’.

 

- sobre lo que es un buen editor:

 

‘Un buen editor, creo, al igual que un buen autor, tiene que poseer talentos de nacimiento, como una buena memoria y algo de imaginación. Pero también tiene que poseer un abanico bastante amplio de intereses, un dominio práctico del idioma y un buen conocimiento de información general (cuanto más, mejor) para poder entender lo que el autor está tratando de hacer y ser de ayuda. Un editor tiene que haber leído lo suficiente como para ser capaz de apreciar la buena escritura cuando la ve, y además debe tener una idea de qué tipo de libros compra el público, ya que como es natural ninguna editorial puede sobrevivir si no hay demanda de sus libros, no importa lo bien escritos que estén.

Una de las funciones más importantes de un editor es tratar de mantener un equilibrio entre los intereses de los autores con los que trabaja y los intereses de la casa para la que trabaja. Estos son a menudo idénticos, pero no siempre, y, cuando no lo son, el editor, atrapado entre la espada y la pared, tiene que emplear una diplomacia considerable hacia ambos lados, así como demostrar cierta paciencia, otra cualidad indispensable.

Un editor tiene que ser capaz de llevarse bien con los autores, lo que no siempre es fácil. Cuando la relación es buena, el editor puede ser muy útil al servir como una especie de caja de resonancia para las ideas e intenciones de un autor, y hacer sugerencias encaminadas a afilar y aclarar lo que el autor quiere decir. Además, el editor puede ser de valor a la hora de señalar aquellas partes de un manuscrito que deben ser cortadas, ya que resultan repetitivas, o no aportan nada y resultan innecesarias’.

 

- sobre la preparación de la sucesión en Random House por parte de Cerf con miras a su retiro:

 

‘Justo antes de vender la empresa a RCA había decidido que era el momento de renunciar a la presidencia. Me estaba haciendo mayor, tenía 67 años y Donald 63. Mis hijos no estarían listos aún: Chris tenía solo 23 y Jon 18 años. Nuestra editorial era muy grande, y teníamos que hacer algo acerca de la sucesión. Opino que uno debe escoger su sucesión cuando está todavía activo. Muchas empresas se van al garete porque los dueños piensan que van a durar para siempre, y cuando desaparecen de la escena no hay nadie dispuesto a tomar el relevo. Y hasta que formas a alguien o te topas con la persona adecuada tienes un problema.

Siempre he comparado una empresa con un equipo de béisbol, con los Yankees de Nueva York, por ejemplo. La razón por la que el equipo quedó campeón año tras año era que había gente muy inteligente preocupada por aportar la continuidad necesaria. Mientras el equipo jugaba en el campo, los sustitutos de los jugadores estrellas ya estaban contratados, a la espera de dar un paso adelante y tomar el relevo.

Teníamos a alguien, el hombre adecuado, Robert Bernstein, que se había venido con nosotros de Simon & Schuster unos años antes como gerente de ventas, y había demostrado que tenía todo lo necesario para llevar todas nuestras operaciones. Así que nombramos a Bob presidente y yo seguí como presidente de la Junta. Luego, en 1970, dejé el cargo de presidente y Donald se hizo cargo del puesto, y tanto Phyllis como mi hijo Christopher renunciaron como editores de Random House: Christopher aceptó un puesto en la televisión con Barrio Sésamo y Phyllis se puso a trabajar en proyectos editoriales de manera independiente’.

 

El apartado dedicado al surgimiento y al desarrollo del mercado del libro del bolsillo que se desarrolla entre las páginas 184 y 194 merece una mención aparte —prefiero no citar ningún fragmento porque recomiendo su lectura completa—.

 

 

 

 

 

 

Llamémosla Random House es un libro bastante ameno que si tenemos en cuenta la evolución de RH y del sector del libro desde su publicación inicial en 1977 hasta nuestros días, podríamos decir que habla sobre la prehistoria de una empresa y de una industria que en las últimas décadas han sufrido profundas transformaciones —entre las cuales quizás una de las más destacadas recientemente sea la creación del gigante Penguin Random House como resultado de la fusión entre los grupos editoriales Random House y Penguin, pertenecientes respectivamente a los conglomerados Bertelsmann y Pearson—. A pesar de estas grandes y aceleradas transformaciones, muchos de los planteamientos que Cerf hace en Llamémosla Random House —dejando de lado los razonables sesgos derivados de su vanidad y de su autocomplacencia, que son más que evidentes— siguen gozando de plena vigencia a 35 años de la publicación de sus memorias y varias décadas después de sucedidos muchos de los acontecimientos que en ellas se cuentan y se analizan.

 

nota: todas las negrillas son mías.

“el e-book y la posibilidad de un mercado único del libro en español”: making-of

El pasado miércoles 5 de septiembre apareció en el Cuaderno Digital de Libranda mi artículo “El e-book y la posibilidad de un mercado único del libro en español”, en el cual estuve trabajando durante la segunda mitad de julio y todo agosto. Cuando recibí el encargo del artículo por parte del equipo de Libranda la elección tanto del tema como de la perspectiva desde la cual abordarlo quedó totalmente en mis manos, lo cual se agradece a pesar de que también supuso un cierto grado de dificultad.

 

 

 

 

Debido tanto a mis intereses como a mis condiciones personales desde un principio me incliné a poner sobre la mesa la cuestión del estado actual y la evolución a futuro del mercado del e-book en el ámbito hispanohablante, en el que se juntan tres territorios no sólo bastante diversos y heterogéneos sino también diferentes entre sí: España, Latinoamérica y Estados Unidos. Mi intención inicial era intentar dar cuenta del estado actual del mercado del e-book en los territorios de habla hispana pero a mitad de camino me di cuenta de que abordar el artículo desde esta perspectiva era imposible debido a la falta de datos. Aunque desde el minuto uno intuí que era ingenuo abordar el tema desde una perspectiva basada en datos y proyecciones, decidí intentarlo con la esperanza remota de conseguir mi objetivo. Quienes ya leyeron el artículo ya conocen el resultado de mi indagación y quienes no lo han leído todavía quizás sospechen cuál fue.

 

Además de consultar estudios y artículos especializados que fueron publicados por consultoras y organizaciones gremiales, les escribí a insiders del sector en España, Latinoamérica y Estados Unidos preguntándoles si tenían datos sobre el tamaño de la oferta y el volumen de las ventas de e-books en el ámbito hispanohablante. Mis solicitudes de cifras y proyecciones recibieron fundamentalmente dos respuestas —siempre cordialísimas—: en primer lugar, ‘no tengo datos pero quizás si le escribes a X o Y él o ella pueda pasarte algo’; y, en segundo lugar, ‘tengo datos pero como comprenderás son confidenciales y no puedo hacerlos públicos’.

 

La comunicación con algunos de estos insiders fue riquísima en términos cualitativos. A lo largo de varias rondas de intercambio de mensajes con algunos de ellos recibí información, apreciaciones, observaciones y reflexiones de diversa índole con respecto al estado actual y al posible desarrollo a futuro del mercado del e-book en el ámbito hispanohablante que tras unos días de pánico me permitieron replantear el artículo y desarrollarlo hasta llegar al resultado final —me reproché una y otra vez el hecho de haber aceptado el encargo de Libranda e incluso en medio de los calores de la segunda mitad de agosto estuve decidido a echarme para atrás a pocos días de la fecha para la cual estaba programada la publicación pero al final no fui capaz de hacerlo—.

 

Al principio la perspectiva desde la cual terminé abordando el artículo me pareció bastante tibia y sólo al final empecé a creer que en el resultado final podía haber un planteamiento y un desarrollo que fueran más o menos razonables y que hicieran algún aporte medianamente valioso.

 

Durante mis días de angustia me pregunté una y otra vez si era necesario pasar por un suplicio como éste y una y otra vez me respondí que yo sabía desde un principio cómo eran las cosas. Nuestro mercado es opaco y eso es lo que hay —ver lo que pienso al respecto en la entrada “la transparencia y la opacidad en los mercados”—. Con esta entrada que ustedes están leyendo en este momento me ahorro una nota tipo ‘durante la investigación previa a la escritura de este texto se estuvieron buscando cifras y proyecciones sobre el mercado del e-book en el ámbito hispanohablante pero fue imposible acceder a ellos’ que pensé incluir en mi artículo a manera de pataleta de ahogado. Hay que decir que en el ámbito digital esta opacidad no es exclusiva de nuestro medio y que muchos coincidimos no sólo en que Amazon es el actor más opaco del mercado, sino también en que algunos de sus competidores han empezado a adoptar un comportamiento similar al suyo.

 

 

 

 

Dicho esto, aprovecho para darles las gracias tanto al equipo de Libranda por invitarme a colaborar en el Cuaderno Digital como a las personas que al compartir generosamente conmigo sus apreciaciones, observaciones y reflexiones me orientaron y me ayudaron a resolver algunos de los problemas con los que me encontré durante la escritura de mi artículo.

 

Termino esta entrada recomendando la lectura de dos artículos publicados por Julieta Lionetti en la sección Spanish World Book News de Publishing Perspectives:

 

- “E-Books in Spanish Latin America: The New El Dorado or a Mirage?”

 

- “Mexico’s Librerías Gandhi’s Ambitious, Aggressive Int’l E-book Expansion”

liber 2012 y la incertidumbre: ¿inmovilismo o acción?

La 30ª edición de Liber se celebrará del 3 al 5 de octubre en el recinto Gran Vía de la Fira de Barcelona. Además de las Jornadas Liber: hacia una nueva indústria editorial, este año se celebrará Liber Digital por segunda vez consecutiva.

 

 

 

 

Debido tanto a la crisis económica como al cambio de paradigma —que han puesto en evidencia el agotamiento de su modelo de funcionamiento—, actualmente el sector editorial está bastante golpeado y su situación hace que al intentar mirar hacia adelante no se vea otra cosa que incertidumbre. La reconversión hacia lo digital sigue siendo una fuente de crispación —sobre todo para algunos actores y en ciertos momentos críticos— y con respecto a ella el sector está bastante dividido: generalizando burdamente y reconociendo de antemano la existencia de una amplia gama de matices, podríamos decir que hay quienes ven lo digital como una amenaza demoníaca, como el futuro o como una vía más entre muchas otras.

 

Sin embargo, las diferencias de intereses y de opiniones así como las pugnas que éstas generan no se limitan a la cuestión de lo digital. Y quizás como feria profesional Liber podría ganar mucha vida si se aprovecha la presencia de los actores que coinciden en ella para poner sobre la mesa todas las posiciones existentes en relación con la agenda del sector con el propósito no sólo de buscar puntos de acuerdo a nivel tanto sectorial como interprofesional, sino también de intentar construir consensos en torno a aquellos aspectos con respecto a los cuales actualmente existen tensiones —a continuación menciono sólo algunos que se me vienen a la cabeza—: la gestión del ISBN, el precio fijo, las subvenciones públicas, el porcentaje de los descuentos de los editores a los puntos de venta, la política de asistencia a ferias en el extranjero, el precio y el IVA de los e-books, la necesidad de adoptar acciones para evitar que el control de la venta de contenidos en línea quede bajo el control absoluto de los new players, la puesta en marcha de un plan de apoyo a la red de librerías, el volumen de novedades que se publican anualmente, la metodología de recolección de cifras sobre el comercio tanto interior como exterior y la tardanza en la publicación de los informes correspondientes o el impacto de los cambios realizados en el reglamento de la Feria del Libro de Madrid.

 

Supongo que sobre todo en un momento de crisis como el actual en el que la supervivencia de muchas empresas de los distintos eslabones de la cadena de valor es incierta, es más necesario que nunca aprovechar oportunidades como ésta.

 

***

 

El miércoles 3 de octubre estaré participando en la mesa redonda “Cómo pasar del papel al e-book sin morir en el intento” de las Jornadas Liber: hacia una nueva indústria editorial junto con Roger Domingo de Ediciones Deusto, Ismael Nafría de ebooks de Vanguardia, Luis Solano de Libros del Asteroide y Blanca Rosa Roca de Roca Editorial. Si les interesa el tema, allí los esperamos.

andré schiffrin habla sobre the new press en la revista el librero / “el funcionamiento de la industria editorial se basa en la censura del mercado”

En el número 19 de la revista El Librero que empezará a circular la próxima semana en Colombia coincidiendo con la 25ª Feria Internacional del Libro de Bogotá aparece la entrevista que durante la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) le hice a André Schiffrin, el editor de The New Press. En esta entrevista cuyo título es “El funcionamiento de la industria editorial se basa en la censura del mercado” Schiffrin habla acerca del origen, de la naturaleza, del modelo de funcionamiento y de la evolución de The New Press, que en 2012 está cumpliendo veinte años. Uno de los temas que más me ha interesado desde que abrí [ el ojo fisgón ] es la edición independiente, un ámbito del cual Schiffrin y The New Press son dos iconos emblemáticos.

 

Entre los temas a los que Schiffrin se refiere en las respuestas a las preguntas planteadas en esta entrevista me gustaría llamar la atención sobre los siguientes:

 

- el impulso que los aportes de algunas fundaciones le dieron en sus inicios a The New Press y la búsqueda permanente de fondos por parte de la editorial para financiar el desarrollo de proyectos concretos.

 

- el hueco que The New Press se abrió en un ámbito de la edición del que en principio deberían ocuparse las editoriales universitarias.

 

- el rol que juegan los consejos de expertos a la hora de definir la perspectiva desde la cual se abordan temas altamente especializados en relación con problemas críticos que están siendo total o parcialmente desatendidos y con respecto a los que todavía hay algo que decir.

 

- la manera como algunos títulos que The New Press ha publicado alrededor de algunos temas críticos no sólo han contribuido a darles visibilidad a éstos, sino que también se han convertido en los libros de referencia en sus respectivas áreas temáticas.

 

- la repercusión que ha tenido sobre la sociedad estadounidense el creciente aislamiento cultural de Estados Unidos frente al resto del mundo.

 

 

 

 

Aprovecho esta entrada para darles las gracias a varias personas que jugaron un papel clave en la realización y en la publicación de esta entrevista: en primer lugar, a Juan Pablo Mojica del Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) por facilitar y coordinar el encuentro con André Schiffrin; en segundo lugar, a Margarita Valencia por su contribución al desarrollo y al enriquecimiento de la conversación; en tercer lugar, a Silvia Chaves O’Flynn por la transcripción de la conversación; y, last but not least, a Marcel Ventura de El Librero tanto por manifestar su interés por este trabajo como por sus comentarios y sugerencias durante el proceso de edición del texto.

 

 

 

 

Quien quiera leer la entrevista puede descargarla apretando aquí.

el best translated book award (btba) 2012 y las dificultades para traducir en estados unidos

Hace dos días se dio a conocer la longlist del Best Translated Book Award (BTBA) 2012, que organiza el proyecto Three Percent —al cual me referí hace exactamente un año—. En la lista hay libros escritos inicialmente en diversas lenguas: alemán, español, francés, hebreo, húngaro, italiano, noruego, polaco, portugués, serbio y sueco. Llama la atención la gran cantidad de obras traducidas del francés (8) y en menor medida del español (4) y del alemán (3) que hay en la lista.

 

 

 

 

En la conversación que sostuvimos en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) el editor estadounidense André Schiffrin señaló algunas de las dificultades a las que editoriales como The New Press tienen que enfrentarse para publicar traducciones en Estados Unidos. Entre las dificultades señaladas por Schiffrin se encuentran las siguientes:

 

- el creciente aislamiento cultural de Estados Unidos, que se ve en la falta de interés que existe allí con respecto a lo que sucede más allá de sus fronteras.

 

- la poca cantidad de traductores que hay incluso en el caso de lenguas tan populares como el francés y la falta de fondos para pagar traducciones —un panorama que en su opinión contrasta radicalmente con el europeo—.

 

- los plazos que se manejan en la realización de las traducciones debido al volumen de trabajo que tienen los pocos traductores que hay —que al verse desbordados a menudo no están disponibles para atender los encargos que les hacen los editores—.

 

- el hecho de que muchos de los traductores al inglés se encuentren sobre todo en el Reino Unido.

 

- la supresión por parte de las universidades del aprendizaje de una lengua extranjera como requisito para sus estudiantes, que repercute tanto en el interés de los lectores por otras tradiciones culturales como en las competencias lingüísticas de éstos.

 

Durante nuestra conversación Schiffrin llamó la atención sobre el trabajo de Dalkey Archive Press, que según él es la principal editorial independiente de ficción extranjera en Estados Unidos.

 

 

 

 

Me imagino que el trabajo de Open Letter BooksDalkey Archive Press, Europa Editions y otras editoriales que se centran en la publicación de libros traducidos está contribuyendo a que entre los habitantes de ese país de inmigrantes que es Estados Unidos crezca el interés por lo que se escribe en otros lugares del mundo y en otras lenguas. O al menos espero que así sea.

 

Sam Jordison publicó ayer en el Books blog de The Guardian la entrada “Are we finally getting the hang of foreign fiction?”, en la que pone sobre la mesa una reflexión con respecto al grado de apertura tanto del mercado editorial como de los lectores británicos frente a los libros traducidos de otras lenguas.

 

 

 

 

Una última cosa antes de terminar: en la entrada “three percent y su base de datos de traducciones en estados unidos” hice referencia al artículo “The Translation Gap: Why More Foreign Writers Aren’t Published in America”, de Emily Williams. En el número 16 de la revista Texturas apareció la traducción al español de este artículo que inicialmente fue publicado en Publishing Perspectives, así que quienes quieran leerlo ya saben dónde encontrarlo.

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