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fil 2011 [ 2 ] / “libraria le ofrece herramientas prácticas a la industria editorial”: la labor de editor de tomás granados salinas antes del fondo de cultura económica (fce)

Durante nuestra visita a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) de 2009, Margarita Valencia, Leroy Gutiérrez, Pablo Odell y yo tuvimos la oportunidad de sostener una rica conversación con Tomás Granados Salinas en el stand de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE). En ese momento Tomás llevaba unos meses trabajando como coordinador editorial del Fondo de Cultura Económica de México (FCE) pero su historia como editor se remonta a la fundación y dirección de la editorial independiente Libraria, cuyas principales líneas de trabajo son las siguientes:

 

- la colección Libros sobre libros, ‘que ofrece a los profesionales del libro, bajo un solo sello y de manera sistemática, herramientas prácticas para la diaria ejecución de sus labores y reflexiones sobre los alcances y limitaciones de su quehacer’ —coeditada con el FCE—.

 

- la colección Gestión cultural, en la que se publican textos que abordan la relación entre la economía y la cultura —coeditada con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta)—.

 

- el suplemento de crítica bibliográfica Hoja por hoja —que dejó de circular a principios de 2009, tras doce años de existencia—.

 

- el Directorio de la Industria Editorial Mexicana (DIEM).

 

- actividades de formación como el Seminario Internacional para Editores y Libreros.

 

De acuerdo con Tomás, lo que desde un principio definió la vocación de Libraria es la intención de ofrecerle herramientas prácticas a la industria editorial mexicana a través tanto de sus publicaciones como de la organización de actividades de formación para profesionales. Hoja por hoja y la colección Libros sobre libros fueron una respuesta al que Tomás considera que es uno de los grandes problemas de la industria editorial mexicana: la ausencia de publicaciones que susciten el debate y el intercambio de ideas en el interior del gremio.

 

Tomás fundó Libraria para publicar aquello que le habría gustado leer pero que no encontraba en la oferta editorial existente. La motivación que condujo a la creación de Hoja por hoja fue el hecho de que aunque ‘en México hay suplementos culturales, no había ninguno que sólo hablara de libros. Siempre el libro era como un apéndice y nuestra línea siempre fue claramente hablar de los libros y no del autor para contrarrestar la frivolización de los medios de comunicación’. El suplemento subsistió durante doce años pero al igual que muchas otras publicaciones tuvo que cerrar como consecuencia de la crisis económica.

 

La colección Libros sobre libros, por su parte, surgió después de que Tomás hizo una maestría en Edición que se abrió hace más de quince años en Guadalajara y que sólo tuvo dos generaciones. Esta experiencia puso en evidencia ’la falta de información y de textos reflexivos en español sobre edición. A partir de ahí maduró la idea de proponer contenidos con un carácter integral, acotado y técnico’. Tomás percibe en la industria editorial hispanohablante una fuerte reticencia frente a los contenidos prácticos y de reflexión sobre el sector, así como frente a la formación porque ‘se aprecia mucho la experiencia del viejo librero o distribuidor que ya sabe hacer su trabajo, que no siente la necesidad de sistematizar y que no cree que alguien pueda enseñarle algo. Hay una idea de que la experiencia es la que te enseña y de que no te queda otro camino que empezar desde abajo para que al cabo de muchísimos años puedas tener un conocimiento sólido de tu oficio. Hay una suerte de desdén hacia la formación “académica”‘.

 

 

 

En el catálogo de Libros sobre libros hay un interés particular por los libreros, que surge como una consecuencia de la fragilidad del tejido de la red de las librerías en México —y en muchos otros países—. Tomás anota que ‘si no hay librerías, los editores que subsisten la tienen muy difícil. Habría que poner más énfasis en que hubiera más librerías’.

 

Quisiera llamar la atención sobre dos aspectos de esta charla que tuvo lugar hace dos años pero cuyos planteamientos siguen vigentes: en primer lugar, la propuesta de que los editores iberoamericanos recurran a las coediciones y a la impresión bajo demanda para incentivar la publicación de sus autores en otros países de la región y, de esta manera, estimular el intercambio y ampliar el ámbito de circulación de lo que se publica en el mundo hispanohablante; y, en segundo lugar, la importancia que Tomás le ha dado en su trabajo como editor a la formación y al debate a través de las colecciones Libros sobre libros y Gestión cultural, de Hoja por hoja y de los eventos profesionales organizados por Libraria.

 

 

Afortunadamente el vacío de textos reflexivos sobre el sector editorial que Tomás detectó mientras hacía su maestría en Edición ahora lo llenan no sólo Libros sobre libros sino también la colección Tipos móviles y la revista Texturas, de Trama editorial.

el mercado latinoamericano y la industria editorial española

En un momento en el que el deterioro progresivo de la economía de España parece estar lejos de llegar a su fin, el mercado latinoamericano —e incluso el hispanohablante de Estados Unidos— puede ser una carta de salvación para la industria editorial española. El negro panorama de la economía española a futuro contrasta radicalmente con las alentadoras perspectivas de crecimiento económico de algunos países latinoamericanos.

 

La degradación de la economía española ha tenido un impacto visible en las ventas de libros, que desde 2008 vienen disminuyendo sensiblemente. Mientras que en 2008 las ventas de libros en el mercado interior alcanzaron los 3.185,50 millones de euros, en 2010 descendieron hasta los 2.890,80 millones de euros (ver el informe de Comercio Interior del Libro 2010).

 

 

 

De hecho, el informe de Comercio Exterior del Libro 2010 demuestra que Latinoamérica ocupa un lugar bastante importante en las exportaciones de la industria editorial española y que desde el inicio de la crisis económica en España las exportaciones a los países de esa región en términos generales han registrado un comportamiento más bien estable —han fluctuado aunque no de una manera tan drástica—. El siguiente gráfico extraído del informe de Comercio Exterior del Libro 2010 muestra la evolución de las exportaciones de la industria editorial española hacia los principales mercados del continente americano entre 1997 y 2010 —ojo a Brasil y a Estados Unidos, donde la creciente importancia de la lengua española se ve reflejada en un volumen de ventas que a pesar de las fluctuaciones de los últimos años no es nada despreciable—:

 

 

 

Y en la siguiente tabla del mismo informe de Comercio Exterior del Libro 2010 puede verse la evolución entre 1999 y 2010 de las exportaciones de la industria editorial española hacia los países que le resultan más importantes comercialmente —todos ellos tanto de Europa como de América—:

 

 

 

Si las ventas de los libros españoles en España continúan con su tendencia a la baja y en Latinoamérica siguen manteniéndose estables, la industria editorial española podría atenuar al menos parcialmente el impacto de la crisis económica fortaleciendo su presencia en el mercado latinoamericano. Y cuando hablo de la industria editorial española me refiero no sólo a los grandes grupos, sino también a las editoriales pequeñas y medianas.

 

Considero necesario aclarar que cuando digo que para la industria editorial española el fortalecimiento de su presencia en el mercado latinoamericano puede ser una carta de salvación no estoy sugiriendo que deba poner en marcha una ofensiva de colonialismo cultural y económico, ni asumir la actitud del conquistador que pretende arrasar con todo e imponer su ley, ni saturar el mercado hasta reventarlo ni mucho menos inundarlo con toneladas de libros que no ha podido vender en España para sacarles algún rendimiento saldándolos y no tener que seguir asumiendo los costes que implica gestionar una mercancía cuyo valor para el mercado interno es casi nulo.

 

 

 

Me refiero más bien a que la industria editorial española replantee su relación con Latinoamérica contribuyendo tanto a la dinamización y al crecimiento del mercado como a la ampliación, al enriquecimiento y a la diversificación de la oferta de títulos existente en éste. Imaginemos que además de los libros de Random House MondadoriSantillanaPlaneta, Anaya y el Grupo Zeta pudiéramos encontrar en cualquier librería de cualquier ciudad latinoamericana una buena selección de títulos del catálogo de algunas de las mejores pequeñas y medianas editoriales literarias y de pensamiento de España —no sólo las que debido a su trayectoria, tamaño y prestigio ya pueden tener una cierta presencia como Acantilado, Anagrama, Pre-Textos, RBA, Roca, Salamandra, Siruela o Tusquets, sino también las más jóvenes y pequeñas como AlfabiaAlpha Decay, Ático de los libros, Blackie Books, DemipageErrata Naturae, Fórcola, GadirGallo Nero, Impedimenta, Libros del silencio, Melusina, minúscula, Nevsky ProspectsPáginas de espuma, Periférica, Sajalín, Veintisiete letras y un largo etcétera—; imaginemos también que en la librería a la que fuéramos pudiéramos encargar los libros que no estuvieran disponibles allí en ese momento para recibirlos al cabo de un par de días de espera; y, para terminar, imaginemos que pudiéramos comprar estos libros a un precio razonable que se ajustara al poder adquisitivo de la población del país latinoamericano donde nos encontráramos.

 

Es verdad que quizás en ciudades como Buenos Aires, México D.F., Santiago, Bogotá o Lima sea posible acceder a una oferta más o menos amplia de libros importados de España —publicados mayoritariamente por los grandes grupos pero también por editoriales medianas y pequeñas, aunque en menor medida—. Pero también es cierto que a medida que nos acercamos a las periferias de las grandes urbes, a las ciudades secundarias o a los países más pequeños esto tiende a ser cada vez menos cierto. Y luego hay que ver cuánto cuestan los libros importados en los países latinoamericanos.

 

La situación económica de España, las perspectivas de crecimiento a futuro de la economía de ciertos países de Latinoamérica y el espacio que hay para ampliar la diversidad de la oferta en el mercado latinoamericano explican por qué ahora más que nunca éste tiene un carácter estratégico para la industria editorial española.

 

Dicho lo anterior vale la pena plantearse varias preguntas en la dirección opuesta porque hablar de intercambio comercial y cultural implica la circulación de flujos en ambos sentidos: ¿qué interés despierta la producción editorial latinoamericana en el mercado español? ¿A la cadena de valor de la industria editorial española también le interesa comprarle libros a Latinoamérica o sólo vendérselos? ¿En qué sentido y de qué manera le interesa Latinoamérica a la industria editorial española?

 

Aquí se trata no sólo de que la industria editorial española busque la manera de vender libros en los países latinoamericanos, sino también de que se comprometa con la formación de lectores y con la construcción de públicos allí —curiosamente, justo mientras estoy a punto de terminar de escribir esta entrada leo una entrevista a Juan Casamayor publicada el viernes 18 de noviembre en El País en la que el editor de Páginas de espuma dice que “América será ahora la salvación del editor español”—.

 

 

 

Y luego también hay que pensar en algunos problemas operativos que puede suponer para la industria editorial española intentar fortalecer su presencia en Latinoamérica: en primer lugar, la gestión de los derechos de los títulos para comercializarlos en territorio latinoamericano; en segundo lugar, la adaptación a las condiciones del mercado local del precio del libro editado en España —que además de unos costes de producción más elevados, debe tener asociados unos gastos adicionales por concepto de transporte y aranceles—; y, en tercer lugar, la fragmentación del territorio, los obstáculos para mover mercancías de un lugar a otro y la debilidad del sistema de distribución que limita su capacidad de asegurar que los libros lleguen a una parte importante de los puntos de venta.

 

Tras señalar estas dificultades también vale la pena considerar algunas posibles medidas para sortearlas: en primer lugar, la venta de e-books a través de las distintas plataformas de comercialización que existan y que vayan surgiendo —contribuyendo de paso a darle un impulso a este mercado y a estimular su crecimiento—; en segundo lugar, el recurso para el libro impreso a la impresión bajo demanda en los mercados locales con el propósito de ajustar el precio evitando los costes asociados al transporte, a los aranceles y al almacenamiento; y, en tercer lugar, la búsqueda de aliados locales tanto para poner en marcha proyectos de coedición como para asegurar una buena distribución en los distintos países.

 

Además de las dificultades estructurales mencionadas anteriormente, vale la pena tener en cuenta otras de carácter coyuntural como los obstáculos para la importación de libros que existen actualmente en Venezuela y las medidas proteccionistas que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner adoptó recientemente en Argentina en defensa de la industria gráfica nacional —un caso que no afecta sólo a los editores españoles y que va mucho más allá de la detención de cerca de un millón de ejemplares de libros en las aduanas de ese país—. Con respecto a lo que está sucediendo en Argentina recomiendo leer la entrada Esperpento en la aduana: ¿crónica de un secuestro editorial? del blog verba volant, scripta manent, en la que Bernat Ruiz Domènech documenta el caso, señala lo que está en juego tanto para la industria gráfica argentina como para los editores españoles y analiza la situación desde una perspectiva bastante crítica.

 

 

Creo que la proximidad de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) es una buena ocasión para poner sobre la mesa temas como éste e invitar a la reflexión alrededor suyo.

presentación de fet a amèrica: ¿cómo atravesar las fronteras?

Ayer lunes 18 de octubre tuvo lugar en Casa Amèrica Catalunya la presentación de Fet a Amèrica, en la cual intervinieron algunos de los autores invitados a participar en el festival: Inés Bortagaray (Uruguay), Luis Humberto Crosthwaite (México), Israel Centeno (Venezuela), Marta Aponte Alsina (Puerto Rico), Javier Vásconez (Ecuador) y Tomás González (Colombia). En la presentación presidida por Lolita Bosch y Fernanda Álvarez del Colectivo Fu también intervinieron Marta Nin y Cristina Osorno de Casa Amèrica Catalunya, la editora Carola Moreno de Barataria y Paz Balmaceda —quien moderó las conversaciones compiladas en el libro 18 escritores. La novela latinoamericana contemporánea—.

Una vez se abrió el espacio para los comentarios y las preguntas de los asistentes a la presentación, les planteé a los autores que asistieron al acto una pregunta que desde hace un tiempo me inquieta y que ya he abordado en ocasiones anteriores*: ¿cómo ha sido la circulación y la recepción de su obra fuera de sus países de origen?

Recojo las respuestas que dieron a esta pregunta los autores, la mayor parte de los cuales publican con las filiales que tienen en sus países los grandes grupos editoriales españoles y en algunos casos también lo hacen con editoriales independientes españolas:

Tomás González: recientemente su obra ha empezado a publicarse y a comercializarse fuera de Colombia, lo cual indica que poco a poco ha ido logrando traspasar la frontera de su país de origen.

La traducción de su obra al alemán y la buena acogida que ha tenido ésta entre la crítica de Alemania ha sido el motor que ha impulsado la circulación de la obra de Tomás González por fuera de su país.

Javier Vásconez: para los escritores latinoamericanos la edición y la distribución de su obra representa un doble problema porque para que sus libros lleguen a otros países de la región diferentes del suyo antes deben haber entrado al circuito editorial español. Incluso después de haber sido publicados por una gran editorial española, es difícil colocar los libros de un escritor ecuatoriano, guatemalteco o chileno en una librería peruana, mexicana o uruguaya.

Las herramientas de comunicación en línea amplían significativamente las posibilidades de circulación de la obra al tiempo que la curiosidad que presupone la traducción a lenguas como el alemán o el francés contribuye a despertar el interés por ésta.

Israel Centeno: el origen del problema está en la relación entre el autor y el lector, por lo cual la pregunta fundamental es: ¿cómo llega el autor a sus lectores?

En ese sentido es necesario establecer un intercambio fluido entre los distintos países hispanohablantes a través del cual pueda ponerse a circular la diversidad que hay en ellos.

Al final como fuente de legitimación el respaldo del lector pesa más que la concesión de un premio o la publicación en una editorial determinada porque ‘encontrarse con el lector es más importante que estar en un sello’.

Luis Humberto Crosthwaite: como autor inicialmente le interesa que su obra circule en el ámbito mexicano. Llevando este planteamiento al extremo, afirmaría incluso que es un autor que escribe para su familia.

En su condición de autor la entrada a Facebook le ha abierto las puertas al contacto con los lectores de su obra.

Según Carola Moreno, para un editor español llevar libros a América Latina es casi imposible debido a las dificultades que imponen algunas cuestiones de carácter arancelario, territorial y político. Carola destacó que al exportar libros a América Latina se gastan en impuestos, transporte y trámites grandes cantidades de dinero que deberían invertirse en acciones de comunicación y promoción. Por otro lado, Carola señaló que debido a lo anterior paradójicamente resulta más fácil vender libros españoles en países pertenecientes a otros ámbitos lingüísticos como Francia o Alemania que en América Latina.

Carola llamó la atención sobre el hecho de que en América Latina el precio de los libros españoles es prohibitivo, por lo cual éstos son vistos como bienes suntuarios y no como objetos cuya finalidad consiste en ser leídos.

Desde su condición de autor latinoamericano Javier Vásconez retomó el planteamiento de Carola a la inversa, preguntando por qué España casi no importa libros latinoamericanos.

En un momento en el que los contenidos son más relevantes que los soportes y en el que el transporte de mercancías no siempre es la solución más óptima para la gestión de bienes culturales que pueden bien sea materializarse directamente allí donde van a comercializarse o bien desmaterializarse, un modelo en el que la presencia en otros mercados siga basándose en la exportación de libros quizás sea cada vez más obsoleto. ¿No sería mejor echar mano de recursos como la edición de contenidos en formato digital y la impresión bajo demanda o pensar en otros modelos como la coedición, por el que justamente han apostado el Colectivo Fu y Barataria para llevar a América Latina el libro 18 escritores. La novela latinoamericana contemporánea?

Paz Balmaceda, por su parte, puso sobre la mesa el tema de la manera como se gestionan los derechos en los contratos que algunas editoriales —sobre todo las filiales locales de los grandes grupos españoles— les proponen a los autores. Según Paz, las cláusulas de derechos universales para todos los territorios en lengua española son un obstáculo para que las obras de los autores latinoamericanos circulen en países distintos del suyo. ¿Qué opinarán los distintos agentes literarios, editores y autores con respecto a la propuesta de acabar con lo contratos de derechos universales y de instaurar un sistema basado únicamente en acuerdos de explotación circunscritos a territorios específicos?

Todas estas intervenciones no hacen más que confirmar que existen diversos obstáculos que en los ámbitos literario y editorial dificultan el establecimiento de un intercambio fluido entre los distintos países latinoamericanos, así como entre éstos y España. Vale la pena preguntarse si el origen de estos obstáculos está solamente en cuestiones de carácter legal, arancelario y económico o si su existencia se debe además a una falta de interés no sólo del sector editorial y de los medios de comunicación, sino también de los lectores.

* a propósito de este tema, ver las siguientes entradas:

“venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?”

“¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?”

“una cuestión de derechos”

“¿por qué los escritores que escriben en español se leen poco en países hispanohablantes distintos del suyo?: ideas de maría moreno y javier moreno”

“sobre el comercio de libros entre españa y américa latina”

liber vs. la huelga general

Primero fue la pasada Feria del libro de Boloña, que  se vio seriamente afectada por la huelga de British Airways; luego fue el turno de la Feria del libro de Londres y de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en el ámbito global así como de la Feria del Libro de Sevilla a nivel nacional, que tuvieron problemas como consecuencia de la erupción del volcán Eyjafjallajokull; y ahora es Liber la feria que sufrirá el impacto de la huelga general que tendrá lugar en España el próximo miércoles 29 de septiembre.

Se trata de situaciones críticas que no siempre se pueden prever a tiempo, que en ocasiones son irreversibles, que según el caso resultan más o menos incontrolables y que este año han afectado la agenda de trabajo del sector editorial.

La Fira de Barcelona ha emitido un comunicado en el que además de anunciar que el miércoles 29 su personal prestará servicios mínimos para asegurar que el evento funcione con la mayor normalidad posible, les da algunas recomendaciones a los asistentes a la feria para evitar mayores traumatismos. Dice el comunicado de la Fira de Barcelona:

‘Con ocasión de la Huelga General prevista para el 29 de septiembre, primer día de celebración del Liber, desde Fira de Barcelona se han pactado los servicios mínimos tanto a nivel de personal interno como externo, para garantizar que los servicios de celebración del Salón se celebren con la máxima regularidad que la situación permita. Los diferentes actos y jornadas previstos en el Programa oficial de Actividades del Liber también está previsto que se celebren con total normalidad ese día.

Recomendamos a nuestros visitantes que tengan en cuenta las consecuencias que la huelga puede tener (sobre todo debido a restricciones en los horarios del transporte público) que podrían afectar el acceso al recinto de Gran Vía:

• prevea con tiempo ese día su desplazamiento al recinto de Gran Via y el horario de sus entrevistas

• si todavía no tiene cerrada su reserva de alojamiento, hágalo en hoteles cercanos al recinto de Gran Vía (consulte los servicios de Travelfira)

• si ya está alojado en hoteles en el centro de Barcelona, prevea el alquiler de un coche para su desplazamiento al Liber (parking directo en la entrada del recinto)

Les informaremos acerca de los servicios mínimos en transporte público tan pronto se nos notifique oficialmente.

Muchas gracias y esperamos su visita’.

La movilidad seguramente será un problema para quienes vienen de otros países o de otras ciudades de España y deben tomar sus trenes o aviones el próximo miércoles 29 de septiembre. Justamente previendo el impacto que pueda tener la huelga sobre el desarrollo de Liber, para ese día mucha gente está evitando concertar citas y reuniones de trabajo durante la feria.

¿Cuál será el coste que tendrá la huelga general del 29 de septiembre para el sector editorial si al impacto global de la parálisis laboral de la jornada se le suma el que sufrirá el desarrollo de Liber desde el punto de vista tanto de su programación como de la agenda de trabajo de quienes asisten a la feria? ¿En qué parte del trabajo que probablemente no se podrá hacer el miércoles 29 en Liber se puede avanzar previamente mediante teleconferencias, intercambios de mensajes de correo electrónico y la puesta en marcha de dinámicas de trabajo colaborativo que pueden desarrollarse en plataformas alojadas “en la nube”? ¿Está preparado el sector en su conjunto para reaccionar frente a situaciones críticas más o menos imprevistas e irreversibles, amortiguando su impacto a través bien sea del replanteamiento de su agenda o bien del diseño y la puesta en marcha de planes de contención?

Esperemos que el próximo miércoles 29 de septiembre Liber se desarrolle lo más normalmente posible para que pueda cumplir a cabalidad su rol de punto de encuentro de la industria editorial iberoamericana.

¡Allí nos vemos!

¿hay brecha salarial en el sector editorial?

El pasado 7 de septiembre el Ministerio de Igualdad de España presentó el estudio “La brecha salarial: realidades y desafíos”, según el cual actualmente la diferencia entre hombres y mujeres en la ganancia media por hora trabajada es del 16% mientras que en términos anuales llega al 22%. Casualmente justo unos días antes mientras leía Stet [vale lo tachado] me había llamado la atención un comentario en el que Diana Athill se refiere a la diferencia salarial que existía entre hombres y mujeres en el mundo editorial británico a mediados del siglo XX, luego explica las raíces culturales tanto de la situación general como de la posición que en su momento ella adoptó al respecto y finalmente aprovecha la mirada hacia atrás para plantear una reflexión crítica con respecto a su propia actitud.

Dice Athill al respecto tras referirse a la diferencia que existía entre su colega Nick Bentley y ella en términos tanto del trabajo que cada uno aportaba a la editorial André Deutsch como de la remuneración económica que en uno y otro caso cobraban por éste:

‘(…) No creo que me adorne con plumas ajenas si afirmo que estoy convencida de que entonces estaba yo más ocupada y era más útil que él [Nick] (…) Desde luego, reparé en los privilegios de que disfrutaba Nick a resultas de su género, tal como había reparado en que su salario era bastante más elevado que el mío, aunque lo que esto me produjo no fue resentimiento sino más bien una especie de resignación jocosa. Todo el sector editorial lo sacaban adelante muchas mujeres mal pagadas y unos cuantos hombres bastante mejor pagados que ellas: un desequilibro del que las mujeres sin duda éramos conscientes, aunque ellos en el fondo lo daban por sentado.

Me han preguntado mujeres más jóvenes que yo cómo llegué a dar por buena esta situación y, además, con tanta tranquilidad, y supongo que parte de la respuesta hay que buscarla en los condicionantes: en gran medida me configuró el trasfondo social del que provenía, enseñándome a complacer a los hombres; muchas mujeres de mi edad recordarán seguramente que, a resultas de esto, una se veía a sí misma —o al menos se veía en parte— como la veían los hombres, con lo cual sabía qué iba a suceder en el caso de ponerse reivindicativa y comportarse de una manera que a los hombres les resultaba tediosa y ridícula. De manera grotesca, una empezaría a parecer tediosa y ridícula incluso ante el propio espejo. Incluso ahora prefiero de largo darme la vuelta y aguantar la nauseabunda humillación de restar peso a mi ira más que justificada ante mi propia ineptitud de perfecta idiota.

Pero siempre es posible pensar en largarse así sin más. Eso podría haberlo hecho con toda facilidad y nunca pensé en hacerlo; por eso dudo mucho que fuera sólo por una mezcla de vanidad y de falta de confianza, una mezcla propia de la mujer a la que han lavado el cerebro, la que me llevó a aguantar y a aceptar algo que sabía que era injusto y que otras mujeres, a las cuales admiraba, comenzaban a poner activamente en tela de juicio’.

Los comentarios que ha suscitado el estudio del Ministerio de Igualdad y el testimonio de Athill me hicieron preguntarme en qué medida el panorama que esbozan ambos documentos corresponde a la realidad actual de la industria editorial tanto española como latinoamericana, en la que haciendo un barrido rápido uno se encuentra con una cantidad importante de sobresalientes autoras, agentes literarias, editoras, libreras, traductoras o encargadas de prensa, comunicación y marketing  —por mencionar sólo los oficios de los que más se habla y que, por lo tanto, tienen una mayor visibilidad—. En la mayor parte de las empresas del sector editorial para las que he tenido la oportunidad de trabajar de una u otra manera lo he hecho bajo la dirección de mujeres, todas ellas altamente competentes y con una capacidad de trabajo, un compromiso con éste y un sentido de la responsabilidad enormes.

Dicho lo anterior, queda en el aire la siguiente pregunta: ¿el sector editorial trata por igual a hombres y mujeres a la hora de asignar responsabilidades, de remunerar el trabajo y de reconocer socialmente el valor de éste?

¿Hay alguien que pueda aportar algunas pistas al respecto?

A quien le interese el asunto de la visibilidad le recomiendo seguir el trabajo de Neus Arqués, que como escritora de ficción explora en sus novelas la visibilidad de las mujeres —entre muchos otros temas— y que como  especialista en marketing —empresaria, investigadora, profesora y conferencista— se ocupa de todo lo relacionado con la gestión de la visibilidad y la reputación.

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