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la edición aislada: sobre el viaje literario a la habana de juan pablo villalobos

En noviembre de 2012 cuando Juan Pablo Villalobos vino a Barcelona para presentar su novela Si viviéramos en un lugar normal me habló de un viaje que había hecho recientemente a La Habana con el propósito de escribir un reportaje para la revista Gatopardo. A mediados de diciembre de 2012 Juan Pablo me escribió contándome que en el número 137 de Gatopardo acababa de aparecer su reportaje “La isla en texto. Un viaje literario a La Habana”.

 

 

 

 

 

El sumario del reportaje es bastante sugestivo porque se refiere a la cuestión de la propiedad de las editoriales cubanas, a la lógica bajo la cual se publica en Cuba y a las repercusiones que ésta tiene sobre la carrera de los autores. Dice el sumario:

 

‘En Cuba, las editoriales pertenecen al Estado y publican con una lógica incluyente, no de mercado, lo que para muchos autores significa un debut y una despedida. ¿Bajo qué condiciones y con qué expectativas trabajan los escritores contemporáneos de la isla caribeña?’

 

Tras dar cuenta del interrogatorio de rutina que un policía le hizo en el aeropuerto de La Habana ’después de realizar el trámite de inmigración y antes de recoger las maletas’, Juan Pablo hace una observación que según podrá comprobar el lector en diversas ocasiones resultará fundamental para la lectura de su reportaje:

 

‘En Cuba cuando hablas de literatura en realidad no sólo estás hablando de literatura, también estás hablando de «literatura»’.

 

Debido a su sistema político unipartidista y a su modelo económico estatalista Cuba constituye una excepción en el mundo occidental, en el que a pesar de las diferencias de grado entre los distintos países tiende a prevalecer la apertura tanto política como económica. En Occidente lo que no sea democracia y capitalismo es visto como premoderno e incluso bárbaro. Aunque hasta hace relativamente poco tiempo muchos países del ámbito hispanohablante —y unos cuantos europeos aparte de España— eran gobernados por figuras dictatoriales y/o juntas militares que en ocasiones se mantuvieron en el poder o se sucedieron unas a otras durante años e incluso décadas, desde el momento actual todo eso nos parece lejano —o nos lo puede parecer quizás por la enorme cantidad de cosas importantes que han pasado en la historia reciente de la humanidad—. Y es por eso que hoy en día tengo la sensación de que hay razones que van mucho más allá de lo estrictamente geográfico para afirmar que Cuba es una isla en medio del mundo occidental.

 

 

 

 

Juan Pablo cuenta hacia la mitad de su reportaje cómo en medio de una conversación con los escritores Jorge Enrique Lage, Ahmel Echevarría y Orlando Luis Pardo Lazo llegaron al tema de la censura:

 

‘Quién sabe por qué caminos, después de un rato de presentaciones y resúmenes curriculares, acabamos hablando de censura, de lo que se puede y no se puede escribir, o para ser precisos: de lo que te van o no te van a publicar las editoriales cubanas.

—Hoy los editores son más cínicos —dice Orlando—. Los editores ya son posrevolucionarios, postsocialistas.

Me dicen que las cosas ya no son blanco y negro, que hay un cierto margen dentro del cual los editores se mueven (a veces confiando en que nadie va a leer con atención un determinado libro), aunque sigue siendo verdad que hay algunos textos que de ninguna manera van a publicarse en Cuba.

En todas las editoriales trabaja un funcionario del Ministerio del Interior, responsable de echarle un ojo a las publicaciones. Es un individuo al que algunos pueden ver como a un espía, como a un policía, aunque la mayor parte del tiempo sea un tipo amable e intrascendente que de vez en cuando se acerca a los escritores para decirles cosas como: hola, soy el funcionario del Ministerio del Interior, cualquier cosa que se te ofrezca aquí estoy para ayudarte. Eso, mientras todo se mantenga en los cauces de la «normalidad».

—Todo empieza cuando un funcionario se inquieta —afirma Orlando.

—De pronto aparece una lectura llegada de los años setenta —completa Lage, quien ha vuelto de la calle.

—Como el viejo que ayer no les dejó tomar las fotos en la calle —hace el paralelismo Orlando.

—Alguien dice que es «una novela que le hace daño a la Revolución» —sentencia Ahmel (las comillas son suyas).

—La línea está muy clara —remata Orlando—, se escribe con F (bajando la voz) —y al mismo tiempo con el dedo índice de la mano derecha traza en el aire la «F» de «Fidel»’.

 

 

 

(Detalle de una foto de José Luis Cuevas)

 

Más adelante Juan Pablo aborda el funcionamiento del sistema editorial y literario cubano, que como se verá en el siguiente fragmento del reportaje tiene sus propias particularidades debido básicamente a que al parecer las decisiones del Estado como editor no se rigen por la lógica del mercado:

 

‘Dado que Rafael y Leopoldo están al frente de dos publicaciones literarias, llegué a esta reunión con la expectativa de entender —o al menos intentarlo— el sistema editorial y literario cubano. Me imaginaba una conversación sobre lo que la teoría denomina sociología de la literatura. Y no habría de salir defraudado, para empezar porque ambos afirman que si existe hoy en día un debate literario en la isla, este debate es «sobre lo que está alrededor del libro». Y lo que está alrededor del libro es, cuando menos, diferente.

En Cuba las editoriales pertenecen al Estado, a un Estado, para ser precisos, que no practica la lógica del mercado. Esto quiere decir que las editoriales eligen los títulos que publicarán con un criterio inclusivo, o sea, bajo el buen propósito de que sean publicados la mayor cantidad de autores posible. Así, por ejemplo, la editorial Unión, que pertenece a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), tiene como misión publicar a todos sus escritores asociados. El concepto de catálogo no existe. El que un autor sea publicado por una editorial no quiere decir que esa editorial seguirá editando sus libros. Peor aún: sus oportunidades de publicar en esa editorial se reducen, porque ya le han editado un libro y hay que publicar a otros. Visto lo cual vale la pena preguntarse, como lo hace Ricardo Viñalet: «¿Hasta dónde se corresponden los intereses en lectura con los libros editados?».

Tampoco hay lógica de mercado en los tirajes. Las editoriales imprimen la misma cantidad de ejemplares de un libro de un autor reconocido que de un escritor debutante. Y normalmente, aunque se agote la edición, nunca se reimprime o se hace años más tarde. La misión de las editoriales no es vender libros o hacer negocio, sino publicar libros, y punto. Ese punto, de acuerdo con el testimonio de varios de los escritores que entrevisté, es una especie de punto final, ya que tienen la sensación de que «el libro se publica y no pasa nada más». Leopoldo Luis lo sintetizó de la siguiente manera en su artículo “Literatura cubana: un canon vivo”, publicado en El Caimán Barbudo en la edición de septiembre-octubre de 2011: «Un abrumador porcentaje de los autores cubanos que se editan, asisten a la presentación de su obra durante la Feria Internacional del Libro de La Habana y asumen luego su tránsito al olvido como un hecho natural e inevitable».

A pesar de la ideología del Estado cubano, en algunas ocasiones el mercado irrumpe y deja ver las contradicciones del sistema. Ocurrió en 2011, por citar un caso, cuando la editorial Unión obtuvo la autorización de la editorial española Tusquets para publicar en Cuba El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura. La novela se lanzó en la Feria del Libro de La Habana y fue agotada instantáneamente por un tumulto de lectores. Se cuenta que había colas para reservar un ejemplar, colas en las que te daban un papelito para comprarlo cuando estuviera a la venta. Se cuenta que hubo falsificación de papelitos, o que había más papelitos que ejemplares, que hubo empujones e insultos… para comprar un libro.

El otro elemento fundamental para intentar entender el sistema son los premios, que, como en cualquier lugar del mundo, cumplen una doble función importantísima para los escritores: garantizan la publicación de la obra premiada y pagan un dinero con el que el autor podrá sobrevivir por un tiempo, dedicado a la escritura. Eso pasa en todo el mundo, y también en Cuba, pero en Cuba es diferente. Eso me repiten Rafael y Leopoldo una y otra vez: «A Cuba siempre hay que verlo diferente, incluso cuando haya coincidencias».

La influencia de los premios en la isla es tal que explica —según la hipótesis de Leopoldo— el auge del cuento y la novela corta y el languidecimiento de la novela. ¿Por qué? Porque abundan los premios de cuento y la mayoría de los concursos tienen un tope de ochenta cuartillas. En una paradoja verdaderamente absurda, la economía de sobrevivencia —escribir para publicar, escribir para ganar dinero— acaba decidiendo el curso de la literatura de la isla’.

 

***

 

A quienes les interese conocer estas y otras particularidades del sistema editorial cubano —que en diversos aspectos no se parece mucho al del resto de un mundo occidental que a pesar de sus múltiples imperfecciones se dice libre política y económicamente— así como familiarizarse con algunas de las figuras que forman parte del panorama de la literatura contemporánea de Cuba les recomiendo leer “La isla en texto. Un viaje literario a La Habana”, un reportaje que es bastante interesante y ameno.

¿dónde se piensan la edición y el sector del libro en español?

Desde hace años me llama la atención la gran cantidad de contenidos que se producen sobre la edición, el libro, la industria editorial y la lectura. Se trata de un sector que produce contenidos sobre los más diversos temas incluyendo la naturaleza de su oficio, su historia, los diversos aspectos de su trabajo, su rol, su modelo de negocio, su evolución, su situación actual, etc. Me pregunto si hay otros sectores que reflexionen y hablen tanto sobre sí mismos y por diferentes motivos he podido constatar que el de la tecnología, el de la publicidad y el marketing, el de la ciencia o el del periodismo sí que lo hacen. No sé si esto tenga que ver con los mitos que hay alrededor de estos sectores, con la fascinación que a menudo producen al ser vistos desde afuera, con la pasión que muchas veces sienten por sus oficios quienes los ejercen y con la imagen que éstos tienen o quieren proyectar de sí mismos.

 

 

Los editores, los libreros, los autores, los agentes literarios, los periodistas y los grupos de interés así como los expertos, los académicos y los generadores de opinión que se ocupan de los más diversos temas en el ámbito hispanohablante a menudo reflexionan y hablan acerca de la edición y del sector del libro. Se publican artículos, reportajes y entrevistas en libros, revistas, periódicos, suplementos culturales y blogs, se hacen programas de radio o televisión y se realizan congresos, foros y seminarios. Sobre el tema reflexionan y expresan sus opiniones los actores del sector, expertos vinculados con él e incluso personas provenientes de otros sectores relacionados con el mundo de los contenidos. Quizás el hecho de que el libro lleve tanto tiempo jugando un papel central en nuestra cultura, siendo uno de los vehículos privilegiados para la transmisión tanto de muchos aspectos de ésta como del conocimiento y sirviendo como fuente de educación, ocio y entretenimiento haga que muchos nos sintamos estrechamente vinculados con él y nos incite a reflexionar con respecto a su naturaleza, a su entorno y a su evolución.

 

Cuando me pregunto dónde se piensan la edición y el sector del libro en español busco una respuesta que trascienda los límites tanto de las fuentes referenciadas en el apartado “a. sobre el sector del libro (es)” de la franja de enlaces de [ el ojo fisgón ] como de las organizaciones gremiales. Me refiero a universidades y centros de formación, a organizaciones del sector cultural, a ferias del libro, a publicaciones periódicas o a consultoras pero también al papel que estos actores juegan en la construcción de una agenda alrededor de la evolución del sector y de sus oficios, a los aportes que hacen al debate público con respecto a estos temas y a la manera como contribuyen a comprenderlos.

 

 

 

 

 

Pienso en algunas actividades específicas de eventos como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), el Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (FILBA, la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBO) o Kosmopolis así como en la revista Texturas, en el Encuentro sobre la Edición de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en el Simposio Internacional del Libro Electrónico en Español (SILE), en el Encuentro Otra Mirada y en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez —que tiene proyectos interesantísimos como Casa del Lector y Lectura Lab—. Al funcionar como hubs para profesionales y organizaciones del sector estos actores —que normalmente están trabajando de manera permanente pero que a menudo sólo hacen visibles los resultados de su trabajo en momentos puntuales del año— propician y provocan encuentros que desencandenan nuevas dinámicas de red o que contribuyen a la consolidación de las ya existentes, dando pie para la puesta en marcha de procesos de colaboración, de intercambio de experiencias y de transferencias de conocimiento.

 

Mientras que hay personas y organizaciones que cotidianamente están muy presentes en la conversación sobre la evolución y la actualidad del sector, hay otras que sólo aparecen en público intermitentemente o en momentos puntuales y algunas que trabajan de manera silenciosa y que dan a conocer los resultados de su trabajo en ámbitos pequeños, altamente especializados y de acceso restringido. Quizás el grado de visibilidad pública de estas personas y organizaciones dependa en gran parte de la velocidad a la que funcionan los circuitos en los que se mueven, del plazo al que proyectan su trabajo y de la frecuencia con la que presentan los resultados de éste.

 

En el sector del libro hispanohablante en general hay más información sobre lo que sucede en España que con respecto a las cosas que ocurren en Hispanoamérica. Supongo que esto se debe al menos parcialmente al rol hegemónico que la industria editorial española ejerce en Hispanoamérica, a que por razones que desconozco la producción de la blogosfera editorial en español se concentra mayoritariamente en la península ibérica y a que en España hay más información disponible sobre el sector del libro que en cualquier país hispanoamericano —aunque ésta siga siendo insuficiente y esté lejos de dejar de serlo—. Por otro lado, si tomamos las dos orillas del Atlántico como referente para abordar desde una perspectiva geográfica el mundo hispanohablante está claro que España es una unidad territorial más fácilmente abordable debido a la mayor fragmentación política, jurídica, económica, social y cultural que existe en Hispanoamérica.

 

Dicho todo lo anterior, vuelvo a la pregunta que planteo en el título de esta entrada con la esperanza de encontrar respuestas en las contribuciones de quienes hayan tenido la paciencia de llegar hasta este punto: ¿dónde se piensan la edición y el sector del libro en español?

 

Ya conocemos una parte de la respuesta y es altamente probable que esa otra que en este momento nos resulta desconocida porque no hemos tenido la oportunidad ni de descubrirla ni de entrar en contacto con ella esté llena de cosas interesantes que pueden resultar provechosas para quienes estamos interesados en la edición, en el sector del libro y en todo lo que gira alrededor suyo.

centros, periferias, redes y hubs

Una de las cosas que más me gustaron de Barcelona cuando llegué en marzo de 2005 fue tener la sensación de estar en una ciudad que ocupaba un lugar central en el mundo del libro, que a mí me interesaba desde hacía tiempo. Si a primera vista la gran calidad de la oferta de algunas librerías de la ciudad —las primeras que conocí fueron La CentralLoring art, Medios y Áncora y Delfín, que cerró en enero de 2012— y la intensa actividad cultural que había en ésta me transmitían esa sensación, la presencia de un buen número de editoriales, agencias literarias, autores y profesionales de la edición no hacía otra cosa que reforzarla. Al principio de vez en cuando me sorprendía ver en la calle a algún escritor que admiraba —recuerdo la emoción de unos amigos franceses que estaban de visita cuando vieron a Enrique Vila-Matas entrando al final de la tarde de un lunes de invierno al café de La Central del Raval—. Y durante mis primeros meses en Barcelona conocí a través de mi reducido círculo de amigos a varios jóvenes editores, traductores, diseñadores, fotógrafos e ilustradores, muchos de los cuales trabajaban como freelances o habían montado con algunos colegas sus pequeños estudios independientes. El entusiasmo y la ebullición que se respiraban en el ambiente durante mis primeros años en Barcelona contrastan radicalmente con el aumento progresivo del malestar, de la preocupación, de la incertidumbre y del pesimismo que viene provocando la crisis —cuyos últimos episodios en la escena local son el anuncio del próximo cierre de las librerías Catalonia y Proa Espais—.

 

Después de vivir toda la vida en una ciudad como Bogotá que en mi órbita de intereses se encontraba en una posición más bien periférica, había llegado a una que estaba en pleno centro. Recién llegué a Barcelona vivía a tres calles de la sede de Planeta y trabajaba al lado de la de Random House Mondadori, dos de los grandes grupos de los que sale un alto porcentaje de la producción editorial del mundo hispanohablante, que están presentes en casi todos los países de éste y algunos de cuyos sellos publican a varios de mis autores favoritos —es decir, que de repente estaba muy cerca de un centro de toma de decisiones estratégico en un ámbito con el que yo aún no tenía vínculos y que me resultaba bastante atractivo—. Esta sensación de estar en el centro se derivaba no sólo de la amplitud y de la diversidad de la oferta que había en las librerías barcelonesas, sino también del hecho de saber que la sede de muchas de mis editoriales favoritas estaba en Barcelona: Acantilado, Anagrama, Gedisa, Gustavo GiliLumen, Mondadori, Paidós, Seix Barral o Tusquets —en ese momento todavía no conocía algunas jóvenes editoriales independientes que me gustan mucho como BaratariaGlobal Rhythm PressLibros del Asteroide, Melusina o minúscula, aún no habían aparecido muchas otras de las que existen actualmente y yo no había descubierto el mundo de la edición en catalán—.

 

En síntesis, había llegado a una ciudad donde se hacen, de donde vienen y donde se encuentran los libros. Si me hubieran interesado las comunidades indígenas del Amazonas, los mercados financieros, el derecho internacional, los estudios poscoloniales o la política comparada, obviamente la sensación habría sido otra y es bastante probable que en Barcelona me hubiera sentido en un lugar periférico.

 

 

Quizás la dualidad centro-periferia no ofrezca muchos elementos para explicar la realidad del mundo hiperconectado en el que vivimos hoy en día —de hecho, me hace pensar directamente en la teoría de la dependencia que hacia 1998 todavía enseñaban con entusiasmo algunos de mis profesores de Ciencia Política—. Gracias a las herramientas de comunicación que actualmente tenemos a nuestra disposición y a las redes sociales ahora podemos no sólo establecer conexiones bien sea directamente o bien sin mayores mediaciones externas, sino también acceder a una amplia gama de contenidos a un coste relativamente bajo —incluso si se trata de oferta gratuita en algún momento terminamos pagando por los dispositivos, por el acceso a los medios de comunicación (radio, televisión, Internet, etc.) y por el consumo energético—.

 

Tiendo a pensar que actualmente nuestro lugar de residencia sólo tiene una importancia relativa debido a que estamos en capacidad de enterarnos muchas veces en tiempo real o al cabo de unos cuantos minutos de lo que está pasando en prácticamente cualquier lugar del mundo, de ser testigos de lo que sucede en un montón de eventos sin estar presentes o de asistir a ellos virtualmente y de acceder a través de una plataforma de comercio electrónico a muchos productos que no están disponibles en las tiendas físicas de nuestro entorno próximo —como mínimo en dos o tres días si son bienes materiales y de manera inmediata si son digitales—.

 

Aunque es cierto que en muchos casos las herramientas y las plataformas de comunicación que usamos cotidianamente —correo electrónico, mensajería instantánea, redes sociales, telefonía móvil o sobre IP (VoIP), etc.— no son un sustituto lo suficientemente óptimo ni de la presencia física ni de la interacción o del contacto en persona, también es verdad que a menudo contribuyen a favorecer el establecimiento y el mantenimiento de relaciones, a reducir las brechas y a permitir el acceso a aquello que no está al alcance de la mano en el mundo analógico. Ciertas relaciones que se establecen debido a la existencia de afinidades o de inclinaciones, aficiones e intereses compartidos pero que no necesariamente suponen la creación de un vínculo emocional o de amistad en el plano personal hoy en día son posibles gracias a la desintermediación, a la virtualización y a la descentralización que permiten y propician algunas herramientas y plataformas de comunicación cuyo uso cada vez es más extendido.

 

 

 

 

 

En este contexto puede ser más pertinente pensar en términos de redes y hubs que de centros y periferias. Se puede estar en las redes como observador pasivo pero para conseguir ocupar un lugar sobresaliente y jugar un rol destacado en ellas es necesario contribuir con ideas, preguntas, observaciones, opiniones o propuestas que les aporten algún valor a sus otros miembros, cuyo reconocimiento más o menos consensuado es la fuente de la que se deriva la autoridad. Si hoy en día un autor, agente, editor, librero, líder de opinión, lector, redactor, corrector, traductor, diseñador, maquetador, ilustrador, fotógrafo o cualquier otro actor que intervenga en la cadena de valor del libro quiere formar parte de una red y apoyarse en la dinámica de ésta para darse a conocer o para promocionar su marca, sus productos y sus servicios debería plantearse algunas preguntas fundamentales*:

 

- ¿A cuál(es) red(es) pertenezco?

- ¿En qué escenarios analógicos y plataformas virtuales se desarrolla de manera tanto permanente como esporádica la dinámica de funcionamiento de esta(s) red(es)?

- ¿Cuáles son los rasgos que caracterizan la dinámica de funcionamiento de esta(s) red(es) y las normas que la rigen?

- ¿Cuáles son los factores que definen mi pertenencia a esta(s) red(es)?

- ¿Qué sentido tiene para mí pertenecer a esta(s) red(es)?

- ¿Qué beneficios me reporta la pertenencia a esta(s) red(es)?

- ¿Cómo debo gestionar mi presencia en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

- ¿Qué recursos y en qué volumen debo asignar a la gestión de mi presencia en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

- ¿Qué aporto yo en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

- ¿Cuál es el valor que los miembros de la(s) red(es) a la(s) que pertenezco les asignan a mis aportes?

- ¿Qué autoridad tengo en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco según el valor que sus otros miembros les asignan a mis aportes?

- ¿Cuál es el valor de mis conexiones tanto para mí como para los otros miembros de la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

- ¿De qué maneras puedo rentabilizar mi pertenencia a la(s) red(es) y los aportes que hago en ella(s)?

- ¿Cuánto debo esperar para que las acciones que hago en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco me generen un retorno?

- ¿De qué formas y a través de qué vías puede llegar ese retorno?

- ¿Cómo puedo medir el retorno de las acciones que hago en la(s) red(es) a la(s) que pertenezco?

 

Toda persona u organización que ya tenga un cierto reconocimiento y un buen posicionamiento en su mercado ya tendrá un terreno ganado cuando quiera empezar a formar parte de una red y a participar en su dinámica. Además de la asociaciones profesionales y las organizaciones gremiales, las ferias del libro, los festivales literarios y otro tipo de eventos de carácter cultural son escenarios en los que la dinámica de red se pone en funcionamiento. Y luego están los entornos de generación Web 2.0, por supuesto. De ahí la importancia estratégica de eventos como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), el Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (FILBA), el Festival Eñe, los Hay FestivalKosmopolis, la Semana Negra de GijónBCNegra o LéaLA y de plataformas de generación Web 2.0 como Facebook, Twitter, LinkedIn, Google+, YouTube, Vimeo, Flickr o Pinterest, que constituyen puntos de encuentro para personas y organizaciones que se encuentran dispersas y que coinciden en las redes.

 

 

 

 

 

“Drawing the Global Map of Publishing Markets 2012″

International Publishers Association (IPA)

 

En un mundo hiperconectado en el que el comercio internacional y la circulación de personas de un país a otro no dejan de intensificarse, en el que hay una tendencia hacia la desintermediación, en el que lo digital está creciendo y echando raíces, en el que las barreras de entrada para convertirse en agente editor cada vez son más bajas y en el que cualquier autor que eche mano inteligentemente de ciertas herramientas de difusión y promoción puede hacer que su producción llegue a un público amplio es indudable que las redes están llenas de oportunidades y que vivir al margen de ellas supone no sólo condenarse a un cierto aislamiento, sino también aniquilar de antemano la viabilidad de muchas iniciativas interesantes y atractivas.

 

* nota: este planteamiento aplica para todo tipo de personas u organizaciones independientemente del sector al que pertenezcan.

liber 2012 y la incertidumbre: ¿inmovilismo o acción?

La 30ª edición de Liber se celebrará del 3 al 5 de octubre en el recinto Gran Vía de la Fira de Barcelona. Además de las Jornadas Liber: hacia una nueva indústria editorial, este año se celebrará Liber Digital por segunda vez consecutiva.

 

 

 

 

Debido tanto a la crisis económica como al cambio de paradigma —que han puesto en evidencia el agotamiento de su modelo de funcionamiento—, actualmente el sector editorial está bastante golpeado y su situación hace que al intentar mirar hacia adelante no se vea otra cosa que incertidumbre. La reconversión hacia lo digital sigue siendo una fuente de crispación —sobre todo para algunos actores y en ciertos momentos críticos— y con respecto a ella el sector está bastante dividido: generalizando burdamente y reconociendo de antemano la existencia de una amplia gama de matices, podríamos decir que hay quienes ven lo digital como una amenaza demoníaca, como el futuro o como una vía más entre muchas otras.

 

Sin embargo, las diferencias de intereses y de opiniones así como las pugnas que éstas generan no se limitan a la cuestión de lo digital. Y quizás como feria profesional Liber podría ganar mucha vida si se aprovecha la presencia de los actores que coinciden en ella para poner sobre la mesa todas las posiciones existentes en relación con la agenda del sector con el propósito no sólo de buscar puntos de acuerdo a nivel tanto sectorial como interprofesional, sino también de intentar construir consensos en torno a aquellos aspectos con respecto a los cuales actualmente existen tensiones —a continuación menciono sólo algunos que se me vienen a la cabeza—: la gestión del ISBN, el precio fijo, las subvenciones públicas, el porcentaje de los descuentos de los editores a los puntos de venta, la política de asistencia a ferias en el extranjero, el precio y el IVA de los e-books, la necesidad de adoptar acciones para evitar que el control de la venta de contenidos en línea quede bajo el control absoluto de los new players, la puesta en marcha de un plan de apoyo a la red de librerías, el volumen de novedades que se publican anualmente, la metodología de recolección de cifras sobre el comercio tanto interior como exterior y la tardanza en la publicación de los informes correspondientes o el impacto de los cambios realizados en el reglamento de la Feria del Libro de Madrid.

 

Supongo que sobre todo en un momento de crisis como el actual en el que la supervivencia de muchas empresas de los distintos eslabones de la cadena de valor es incierta, es más necesario que nunca aprovechar oportunidades como ésta.

 

***

 

El miércoles 3 de octubre estaré participando en la mesa redonda “Cómo pasar del papel al e-book sin morir en el intento” de las Jornadas Liber: hacia una nueva indústria editorial junto con Roger Domingo de Ediciones Deusto, Ismael Nafría de ebooks de Vanguardia, Luis Solano de Libros del Asteroide y Blanca Rosa Roca de Roca Editorial. Si les interesa el tema, allí los esperamos.

paralelismos e intercambios de experiencias a propósito del “coloquio edición independiente en chile y francia: espacio público, repertorios de acción y modelos organizativos”

Los días 4 y 5 de abril de 2012 se celebró en Santiago de Chile la primera parte del “Coloquio Chile-Francia: Edición independiente. Espacio público, repertorios de acción y modelos organizativos” y el próximo 5 de octubre se tendrá lugar su continuación en el Instituto Cervantes de París.

 

 

 

 

La programación del evento cuyo título en francés es ”L’édition indépendante en France et au Chili : espace public, répertoires d’action et modèles organisationnels” aún está por terminar de definirse pero en ella se prevé abordar temas como la construcción de un espacio hispanohablante en el ámbito editorial mundial, la independencia y las políticas públicas, los instrumentos para medir la relación entre la independencia y la diversidad o los repertorios de acción de la independencia.

 

Estos intercambios de puntos de vista y de experiencias como el que plantea el Coloquio Chile-Francia siempre son enriquecedores para las partes implicadas, sobre todo si provienen de realidades tan diferentes la una de la otra.

 

En una coyuntura altamente convulsionada por razones tan diversas como la actual y en la que interpretar o comprender lo que está sucediendo tiende a complicarse cada vez más debido tanto al ruido como al amplio número de variables que entran en juego, vale la pena echarle un ojo a lo que está sucediendo en otros lugares para buscar posibles respuestas en experiencias ajenas sin perder de vista las diferencias y similitudes existentes cuando se establece un paralelo entre los distintos casos.

 

Es curioso que en Chile se esté promoviendo la campaña Libros sin IVA justo mientras en España se desata una polémica por la subida de este impuesto, que en nuestro ámbito ha empezado a ir más allá de la aplicación del tipo superreducido para el libro en papel y del tipo general para el e-book —que según algunos expertos se justificaría si lo vemos como un servicio, que como tal no debería estar cobijado por la ley del precio fijo— porque se ha puesto sobre la mesa la diferencia entre el trato que en términos de carga impositiva están recibiendo los diferentes ámbitos de la cultura.

 

La pregunta que sirve como punto de partida es por qué el sector del libro goza de un tipo más bajo que el de otros sectores del ámbito cultural. Y a continuación surgen propuestas como la creación de un IVA cultural.

 

Con respecto a la campaña Libros sin IVA que actualmente se está promoviendo en Chile recomiendo seguir las entradas que Marco Antonio Coloma está publicando sobre el tema en el blog Material ligero —ver el manifiesto en cuya redacción también participaron Ana Rodríguez, Daniel Álvarez, Diana Bravo y José Ignacio Silva—.

 

En relación con el IVA, el libro, el e-book y el sector cultural en España recomiendo leer las siguientes entradas:

 

La basura al 4% y la cultura, o al menos parte, al 21%La subida del IVA para los inteligentes, de Txetxu Barandiarán

 

El IVA, el arte, la cultura y la digitalización, de Bernat Ruiz Domènech

 

El IVA y el sistema de precios en libros impresos y digitales: una comparativa internacional, de Arantxa Mellado

 

El precio fijo, el IVA y el vacío legal de los ebooks, de Julieta Lionetti

 

Todo parece indicar que estamos ante el comienzo de un rico debate en el que está todo por decirse.

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