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xxii editores: conversaciones con editores independientes en revista de letras

Interesantísima la serie XXII Editores, el especial de conversaciones con editores independientes que la semana pasada se empezó a publicar en Revista de Letras. Hasta el momento se han publicado las conversaciones con varios de los editores independientes españoles que más me llaman la atención:

- Juan Casamayor, de Páginas de espuma

- Enrique Redel, de Impedimenta

- Julián Rodríguez, de Periférica

- Marian y James Womack, de Nevsky Prospects

En las conversaciones del especial XXII Editores están tocándose diversos temas relacionados no sólo con el origen de la vocación del editor, las particularidades de su oficio, la manera como se vive el día a día en las distintas editoriales o el libro electrónico, sino también con la naturaleza, el espíritu, las motivaciones, el objetivo, el balance de la experiencia y los proyectos a futuro de cada proyecto.

Creo que XXII Editores puede ser un punto de partida sólido para sacar una radiografía del estado actual de la edición independiente en España, que es un tema que me interesa enormemente y que desde un principio ha sido una motivación y a la vez un hilo conductor en [ el ojo fisgón ].

Recomiendo echarle un ojo XXII Editores y quedo a la espera de las próximas entregas de estas conversaciones con editores independientes españoles.

fugas de autores

En una entrada titulada “Azúa: de Anagrama a Mondadori” que publicó ayer en Papeles perdidos —un blog de reciente aparición hecho por el equipo del suplemento Babelia del diario El País al que recomiendo echarle un ojo—, el periodista Carles Geli informa de que el escritor Félix de Azúa ha dejado Anagrama para irse a Mondadori. No es poco frecuente que un autor deje a su editor de toda la vida para empezar a publicar con otro. Basta con evocar los dos casos más sonados últimamente: como bien recuerda Geli, hace poco menos de un año Javier Cercas se fue de TusquetsMondadori y Enrique Vila-Matas pasó de Anagrama a Seix Barral.

Curiosamente en todos estos casos —al igual que en algunos otros como el del escritor Javier Marías— los autores se han ido de editoriales independientes medianas que son emblemáticas de la edición española de los últimos cuarenta años para los sellos más literarios de los grandes grupos, que por fortuna están casi todos en manos de editores que además de criterio y buen gusto tienen un amplio margen de maniobra para construir catálogos de buena calidad que —en unos casos más que en otros— conserven su identidad gracias al seguimiento de una línea editorial clara.

AUTORES_FUGADOS

Más allá de los rumores y las especulaciones que circulan con respecto a la rupturas entre esas parejas que durante años conformaron estos y otros reputados y exitosos autores con sus respectivos editores, vale la pena preguntarse cuáles son las posibles razones que hacen que una relación de éstas llegue a su fin. Así de primerazo se me ocurren varias:

- la existencia de diferencias irreconciliables entre el autor y el editor, que los llevan a pelearse.

- algún tipo de insatisfacción y/o descontento por parte de una de las partes con respecto al trabajo de la otra.

- la obtención por parte del autor de un premio ofrecido por una editorial distinta de aquella con la que suele publicar.

- el ofrecimiento al autor de un mayor anticipo y/o de un trato con unas condiciones más favorables por parte de otro editor.

- la búsqueda de una mayor visibilidad por parte del autor —en términos, por ejemplo, de una mejor y mayor presencia en puntos de venta, en medios tradicionales y en entornos de generación 2.0—.

- la ambición del autor de alcanzar una mayor proyección internacional —entendida en términos de la búsqueda no sólo de la traducción de su obra a otros idiomas, sino también del fortalecimiento de su presencia en otros mercados de su mismo ámbito lingüístico—.

Como en ocasiones las circunstancias no son tan extremas como para llevar a una ruptura, es necesario tener en cuenta que hay autores que publican con distintas editoriales según el género al que pertenezca uno u otro libro suyo o el tema y el registro de éste. Al fin y al cabo no todo tiene —o, mejor dicho, no debería tener— cabida dentro de un mismo sello.

Antes de terminar vale la pena plantear dos preguntas:

- ¿qué es lo que hace que la relación entre un autor y su editor perdure en el tiempo?

- cuando se trata de autores consagrados, ¿hasta qué punto pesa de cara tanto al mercado como al lector la editorial con la que publique sus libros?

Sin lugar a dudas en ciertos casos los relatos que se hacen de las relaciones autor-editor son fundamentales para comprender mejor la historia de una editorial, de un autor, de una obra e incluso de una coyuntura en la vida cultural y política de su entorno. Y conforme pasa el tiempo van saliendo las distintas versiones de una misma historia, lo cual permitirá tener una mejor comprensión de lo sucedido.

Lunes, marzo 8, 2010 categorizado bajo 1, edición, edición digital, industria editorial

comentarios a los planteamientos de jason epstein sobre el futuro digital [ 2 ]

El control sobre el uso y la conservación de los contenidos digitales, su vulnerabilidad y el modelo de acceso a éstos son tres aspectos que también vale la pena comentar en relación con los planteamientos que hace Jason Epstein en su artículo“Publishing: The Revolutionary Future”.

A partir de la referencia a lo sucedido el verano de 2009 cuando a petición del editor de 1984 Amazon borró esta novela de los Kindle de aquellos usuarios que la habían comprado, Epstein señala dos de las inquietudes que tienen muchos usuarios con respecto a la propiedad y a la seguridad de los contenidos digitales: en primer lugar, quién puede decidir qué puede hacerse y qué no con una obra en formato digital comprada en una tienda en línea para ser leída en un dispositivo electrónico; y, en segundo lugar, el riesgo de que los contenidos dejen de ser accesibles de un momento a otro.

1984_AMAZON_KINDLE

En el primer caso es el proveedor de los contenidos quien con su política de gestión digital de derechos —es decir, Digital Rights Management (DRM)— define los usos que el usuario puede hacer de éstos: los dispositivos en los cuales pueden utilizarlos, la autorización para copiarlos parcial o totalmente, la posibilidad de convertirlos a otros formatos y soportes e incluso el número de veces que puede acceder a ellos o la duración del período de acceso. Sin embargo, lo que en un principio parece absolutamente correcto y transparente puede terminar dando pie para que se vulneren los derechos del usuario cuando el proveedor de los contenidos aprovecha su capacidad de ejercer un control sobre éstos para hacerle pagar por un error suyo o cometer algún otro tipo de abuso. Por ejemplo, en casos como el retiro de 1984 de los Kindle por parte de Amazon el proveedor está ejerciendo controles indebidos que se salen de los límites de su política de gestión digital de derechos para resolver el problema causado por el hecho de que anteriormente él mismo parece no haber respetado alguna cláusula de su contrato con el editor de la novela que está comercializando. Amazon sabe por experiencia propia que en Internet la capacidad del consumidor para defender sus intereses es cada vez mayor porque a través del efecto de red que se produce en la Web es posible organizar movilizaciones en las que participen la cantidad suficiente de personas necesarias para hacer respetar su posición como colectivo.

El segundo caso contempla no sólo una eventual intrusión indebida en la propiedad del usuario por parte del proveedor de los contenidos o de un tercero, sino también el riesgo de que el archivo, el espacio donde éste está almacenado o el dispositivo a través del cual se accede a él se estropeen. Aquí se pone en evidencia la vulnerabilidad de lo digital que muchos temen.

BIBILOTECA_DIGITAL

En cuanto al modelo de acceso la idea del alquiler renovable me parece interesante, sobre todo para las obras de referencia, científicas, profesionales y técnicas así como en el caso de organizaciones como bibliotecas y centros de documentación. Epstein pone el ejemplo del Oxford English Dictionary y a mí se me vienen a la cabeza algunos otros tipos de contenidos como los journals de las distintas disciplinas científicas, las ediciones anotadas de obras literarias que han sido hechas para uso académico o los tratados jurídicos —es decir, obras cuyo uso es ante todo instrumental—. Por otro lado, en el caso de títulos cuyo ciclo de vida es corto porque sus contenidos caducan rápidamente está claro que no vale la pena conservarlos en papel al menos que se tenga un interés específicamente arqueológico para dar cuenta de la evolución de una disciplina o de un tema particulares.

Y es justamente cuando surge el interés arqueológico que el modelo de acceso por alquiler podría volverse problemático para bibliotecas y centros de documentación porque, como bien lo plantea el profesor Roger Chartier, una de las funciones de éstos consiste en conservar y hacer accesibles los textos en sus formatos anteriores cuando un nuevo soporte se impone. En este sentido el modelo de acceso por alquiler sólo sería una solución parcial para bibliotecas y centros de documentación porque en tanto que repositorios de contenidos este tipo de organizaciones también son los depositarios de una buena parte del componente documental de nuestro patrimonio cultural, cuya disponibilidad no debería estar supeditada a los vaivenes de un contrato de alquiler establecido con un tercero.

Miércoles, marzo 3, 2010 categorizado bajo 1, edición, edición digital, industria editorial

comentarios a los planteamientos de jason epstein sobre el futuro digital [ 1 ]

Hoy quisiera hacer una primera ronda de comentarios con respecto a los planteamientos hechos por Jason Epstein en su artículo “Publishing: The Revolutionary Future”, al cual me referí en mi entrada de ayer.

Para empezar quisiera destacar que la actitud de Epstein frente a lo digital me parece positiva y esperanzadora para el sector editorial. Creo que tomando como punto de partida su conocimiento de primera mano sobre la manera como lo digital ha evolucionado hasta ahora así como una postura optimista y entusiasta con respecto a su futuro, Epstein prevé un escenario realista en oposición tanto a la utopía que algunos venden como al apocalipsis que muchos otros ven venir. Pese a su confianza en el carácter positivo del futuro digital, Epstein es consciente de que aquellos actores que no se preparen para adaptar tanto sus modelos de producción y de negocio como sus estructuras operativas a las condiciones que resulten de las transformaciones que el sector está sufriendo seguramente la pasarán mal.

Un aspecto importante de la reflexión planteada por Epstein es el rol que ocupa en ella el fondo editorial. Con la digitalización de los fondos la circulación de los títulos que los conforman se amplía desde una perspectiva tanto temporal como geográfica: además de que los fondos pueden mantenerse vivos durante más tiempo porque el problema del costoso almacenamiento de mercancías desaparece, a través de plataformas en línea pueden comercializarse en un mercado descentralizado de alcance mundial. En este sentido lo importante es que si un lector mexicano que vive en Alemania necesita un título publicado hace cuatro años por una editorial peruana pueda acceder a él rápidamente y a un precio razonable sin tener que sortear mayores obstáculos. Es decir, que a quien manifieste una necesidad el mercado tenga con qué responder para satisfacerla. Y claro, para que esto sea posible es fundamental, por un lado, que existan los sistemas de información necesarios para que aquel que esté interesado en un tema pueda acceder al listado de títulos disponibles con respecto a éste; y, por el otro lado, que la oferta sea accesible a través de distintas plataformas.

HOME_AMAZON

Sin lugar a dudas quienes mejor podrán disfrutar de la magnitud de ese mercado descentralizado de alcance mundial serán aquellos que además de dominar una o varias lenguas mayoritarias tengan solucionado el acceso a todas las tecnologías asociadas a la Web que se requieren para participar de dicho mercado. Hay que insistir en que lo importante está en el terreno de los contenidos y en que en este contexto en particular la tecnología en realidad es una herramienta y un canal al servicio del proceso de producción y de puesta en circulación de éstos.

Ahora que como dice Epstein ‘cualquiera puede reivindicar ser un editor y cualquiera puede llamarse autor’ porque la barrera de entrada a la actividad editorial es cada vez más baja, los filtros y las instancias de prescripción son más necesarios que nunca. Es por esto que hoy en día la capacidad tanto de identificar las fuentes de información pertinentes y relevantes en los campos que nos interesan como de eliminar el ruido es un factor crítico. Por lo tanto, lo clave es ser capaz de establecer los criterios necesarios para navegar en medio de la avalancha de información a la que estamos sometidos con el propósito de dar con ese bien escaso que al parecer siempre han sido los contenidos de buena calidad.

Martes, marzo 2, 2010 categorizado bajo edición, edición digital, industria editorial

el futuro digital, según jason epstein


En su presente edición The New York Review of Books publicó un artículo de Jason Epstein titulado “Publishing: The Revolutionary Future” en el que su autor plantea una serie de interesantes reflexiones en relación con la manera como la emergencia de lo digital —entornos, contenidos, formatos, soportes, etc.— está repercutiendo y seguirá haciéndolo en la edición, la circulación y la lectura de lo que se publica. Los planteamientos de Epstein me parecen optimistas y entusiastas sin ser ingenuos —aunque quizás estén condicionados por los intereses relacionados con su posición de presidente de On Demand Books, la compañía que desarrolló la Espresso Book Machine—.

A continuación voy a citar algunos de los planteamientos del artículo, así que veamos ahora qué dice Epstein*. De momento los enuncio y los iré comentando durante los próximos días, de manera que se vayan sentando las bases para sostener una discusión que puede llegar a ser muy rica.

- Sobre la situación actual del sector editorial:

‘Mientras tanto, y por razones muy diferentes, el modelo de negocio editorial al que me uní hace más de medio siglo ya está próximo a su fin, sufriendo una inquebrantable adicción al riesgo de los éxitos de temporada, muchos de los cuales no recuperan sus costes, y el deterioro simultáneo del fondo editorial, el recurso vital sobre el que los editores han sustentado su estabilidad, tanto en las buenas como en las malas épocas’.

JASON_EPSTEIN_2

- Sobre la actitud del sector editorial frente a lo digital:

‘Con la tierra temblando bajo sus pies, no es de extrañar que los editores, con un pie en un pasado que se desmorona y con el otro buscando tierra firme en un futuro incierto, duden en aprovechar la oportunidad que les ofrece la digitalización para restaurar, ampliar y promover sus fondos editoriales en un mercado mundial y descentralizado. Las nuevas tecnologías, sin embargo, no esperan el permiso de nadie. Son, para usar el término de Schumpeter, disruptivas, no negociables, como los terremotos’.

‘La resistencia actual de los editores al futuro digital que se avecina no surge del temor a una alfabetización disruptiva, sino del comprensible temor a su propia obsolescencia y a la complejidad de la transformación digital que les espera, en la que gran parte de su infraestructura tradicional —y tal vez ellos mismos— será superflua’.

- Sobre los filtros en un mundo en el que cualquiera puede ser reconocido como editor y autor:

‘La digitalización hace posible un mundo en el que cualquiera puede decir que es un editor y cualquiera puede llamarse a sí mismo autor. En este mundo, los filtros tradicionales se habrán desvanecido en el aire y sólo el filtro final —la incapacidad humana para leer lo que es ilegible— permitirá discernir lo que vale la pena tener en un mercado virtual donde la poesía de Keats compartirá espacio electrónico con los haikus de la tía María’.

- Sobre las instancias de publicación y prescripción en un mundo en el que lo digital se ha expandido:

‘En medio del caos literario del futuro digital, los lectores se guiarán por las huellas de los editores de renombre, distinguibles dentro de un directorio mundial y plurilingüe —una función que Google parece dispuesta a dominar—.

‘Los títulos también se colocarán en las webs de autores y editores y en webs de intereses específicos en las que las biografías de Napoleón y los manuales para entrenamiento de perros serán evaluados por críticos competentes, y descargados directamente desde el autor o el editor al usuario final mientras el software distribuye de forma adecuada el precio de la compra, trascendiendo las fórmulas tradicionales. Eliminados los gastos de inventario, envíos y devoluciones, los lectores pagarán menos, los autores ganarán más, y los editores, libres ya de sus estructuras obsoletas, podrán sobrevivir y prosperar’.

JASON_EPSTEIN

- Sobre la calidad tanto de lo que se ha escrito como de lo que se escribirá:

‘La buena crítica sobre temas generales será tan excepcional y necesaria como siempre y sobrevivirá, como siempre ha ocurrido, en versión impresa y en línea según la preferencia de los lectores’.

- Sobre las transformaciones que sufre la estructura de las empresas editoriales en un mundo en el que lo digital se ha expandido:

‘El coste del acceso para los futuros editores será mínimo, requiriendo solamente el mantenimiento del equipo editorial y sus servicios de apoyo inmediato pero sin el gasto de las instalaciones tradicionales de distribución y de las distintas jerarquías de gestión’.

- Sobre la vulnerabilidad de los contenidos digitales y el uso de un modelo de acceso a éstos por suscripción a término fijo:

‘El contenido digital es frágil. Por lo tanto mantener a salvo los libros de depredadores y entrometidos electrónicos, así como de los azares del almacenamiento electrónico es esencial. La reciente eliminación por parte de Amazon de 1984 de Orwell —a petición de su editor— de los Kindle de aquellos usuarios que habían descargado la novela, sugiere la facilidad con la que los archivos pueden borrarse sin advertencia o permiso, un azar inestable de la distribución electrónica. En Dinamarca la música descargada por suscripción se autodestruye cuando la suscripción expira. Lo mismo ocurre con mi suscripción anual al Oxford English Dictionary, a menos que yo la renueve. Muchos otros materiales de referencia que suelen ser sensibles al tiempo y por esa razón nunca se han impreso y encuadernado se están vendiendo por suscripción renovable. Si yo fuera editor hoy, consideraría un modelo de alquiler renovable para todas las descargas de e-books —la “biblioteca de préstamo” de la época de la Depresión— que refleja más coherentemente la relación condicional, reforzada por los derechos digitales de gestión, existente entre el proveedor de los contenidos y el usuario final’.

Sobre el rol del patrimonio escrito en la preservación de nuestra cultura:

‘Me gustaría añadir algunas palabras con respecto a la evolución de mi propio interés por la digitalización. Desde el principio de mi carrera he estado obsesionado con la preservación y la distribución del fondo editorial —libros publicados anteriormente y aún en circulación que son un componente indispensable para la estabilidad de un editor. En este sentido, es justo decir que la edición de libros es más que un negocio. Sin los contenidos de nuestras bibliotecas —nuestro fondo editorial colectivo, nuestra memoria cultural— nuestra civilización se colapsaría’.

Sobre la manera como ha cambiado el negocio del libro (debido en gran parte a la transformación demográfica que han sufrido las ciudades durante las últimas décadas):

‘Este cambio demográfico provocó un vuelco en el negocio del libro ya que los distribuidores minoristas, incapaces de almacenar grandes fondos editoriales, exigieron una alta rotación, con frecuencia de títulos efímeros. Los autores más vendidos cuya lealtad a sus editores había sido la norma, eran ahora fichas en un casino de alto riesgo: una gran ayuda para autores y agentes con sus irrecuperables anticipos y una pesadilla para los editores que soportan todo el riesgo y tienen suerte si salen sin ganar ni perder. Mientras tanto los fondos editoriales continuaron disminuyendo. Las casas más pequeñas, incapaces de tomar riesgos, se fusionaron con otras más grandes y éstas eventualmente cayeron en brazos de los grandes grupos de hoy’.

Interesante, ¿no?

Creo que el tema da para montar una buena discusión.

* nota: a quien encuentre gazapos en esta “traducción libre”, le agradeceré si me hace el favor de señalármelos.

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