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fil 2011 [ 7 ] / andré schiffrin

El Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) ha traído a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) a André Schiffrin, editor de The New Press y autor de La edición sin editores, El control de la palabra, Una educación política y El dinero y las palabras. Ayer jueves 30 de noviembre Schiffrin dio en la FIL una charla organizada por el CERLALC.

 

 

 

(Schiffrin esperando el comienzo de su charla en la FIL de Guadalajara)

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En su charla Schiffrin habló acerca de los planteamientos que hace en sus libros, particularmente de la manera como han evolucionado la concentración de la propiedad en el sector editorial, del fracaso de las políticas de los grandes conglomerados que les exigen a los editores índices de rentabilidad similares a los de otras industrias que por la naturaleza de su actividad producen mayores beneficios, de la emergencia tanto de proyectos privados como de iniciativas de origen público que buscan preservar la diversidad cultural y que representan una alternativa frente a la homogeneización del mercado masivo que se deriva de la globalización o del cobro de impuestos a los proveedores de acceso a Internet, a los motores de búsqueda y a las empresas de e-commerce para proteger a las industrias culturales.

 

 

 

(Schiffrin y Fernando Zapata, director del CERLALC)

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Una de las conclusiones que Schiffrin expuso en su charla de ayer en la FIL es que los cambios que el sector editorial está viviendo desde hace unas décadas empezaron cuando la edición dejó de ser una profesión y un oficio para convertirse en una industria.

 

 

 

 

En la tarde de ayer Margarita Valencia, Juan Pablo Mojica y yo tuvimos la oportunidad de sostener una conversación con Schiffrin acerca de estos y algunos otros temas.

 

 

 

(Schiffrin, Margarita Valencia y Juan Pablo Mojica del CERLALC)

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Próximamente publicaré en [ el ojo fisgón ] esta entrevista que le hicimos a André Schiffrin gracias a la colaboración del CERLALC.

fil 2011 [ 2 ] / “libraria le ofrece herramientas prácticas a la industria editorial”: la labor de editor de tomás granados salinas antes del fondo de cultura económica (fce)

Durante nuestra visita a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) de 2009, Margarita Valencia, Leroy Gutiérrez, Pablo Odell y yo tuvimos la oportunidad de sostener una rica conversación con Tomás Granados Salinas en el stand de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE). En ese momento Tomás llevaba unos meses trabajando como coordinador editorial del Fondo de Cultura Económica de México (FCE) pero su historia como editor se remonta a la fundación y dirección de la editorial independiente Libraria, cuyas principales líneas de trabajo son las siguientes:

 

- la colección Libros sobre libros, ‘que ofrece a los profesionales del libro, bajo un solo sello y de manera sistemática, herramientas prácticas para la diaria ejecución de sus labores y reflexiones sobre los alcances y limitaciones de su quehacer’ —coeditada con el FCE—.

 

- la colección Gestión cultural, en la que se publican textos que abordan la relación entre la economía y la cultura —coeditada con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta)—.

 

- el suplemento de crítica bibliográfica Hoja por hoja —que dejó de circular a principios de 2009, tras doce años de existencia—.

 

- el Directorio de la Industria Editorial Mexicana (DIEM).

 

- actividades de formación como el Seminario Internacional para Editores y Libreros.

 

De acuerdo con Tomás, lo que desde un principio definió la vocación de Libraria es la intención de ofrecerle herramientas prácticas a la industria editorial mexicana a través tanto de sus publicaciones como de la organización de actividades de formación para profesionales. Hoja por hoja y la colección Libros sobre libros fueron una respuesta al que Tomás considera que es uno de los grandes problemas de la industria editorial mexicana: la ausencia de publicaciones que susciten el debate y el intercambio de ideas en el interior del gremio.

 

Tomás fundó Libraria para publicar aquello que le habría gustado leer pero que no encontraba en la oferta editorial existente. La motivación que condujo a la creación de Hoja por hoja fue el hecho de que aunque ‘en México hay suplementos culturales, no había ninguno que sólo hablara de libros. Siempre el libro era como un apéndice y nuestra línea siempre fue claramente hablar de los libros y no del autor para contrarrestar la frivolización de los medios de comunicación’. El suplemento subsistió durante doce años pero al igual que muchas otras publicaciones tuvo que cerrar como consecuencia de la crisis económica.

 

La colección Libros sobre libros, por su parte, surgió después de que Tomás hizo una maestría en Edición que se abrió hace más de quince años en Guadalajara y que sólo tuvo dos generaciones. Esta experiencia puso en evidencia ’la falta de información y de textos reflexivos en español sobre edición. A partir de ahí maduró la idea de proponer contenidos con un carácter integral, acotado y técnico’. Tomás percibe en la industria editorial hispanohablante una fuerte reticencia frente a los contenidos prácticos y de reflexión sobre el sector, así como frente a la formación porque ‘se aprecia mucho la experiencia del viejo librero o distribuidor que ya sabe hacer su trabajo, que no siente la necesidad de sistematizar y que no cree que alguien pueda enseñarle algo. Hay una idea de que la experiencia es la que te enseña y de que no te queda otro camino que empezar desde abajo para que al cabo de muchísimos años puedas tener un conocimiento sólido de tu oficio. Hay una suerte de desdén hacia la formación “académica”‘.

 

 

 

En el catálogo de Libros sobre libros hay un interés particular por los libreros, que surge como una consecuencia de la fragilidad del tejido de la red de las librerías en México —y en muchos otros países—. Tomás anota que ‘si no hay librerías, los editores que subsisten la tienen muy difícil. Habría que poner más énfasis en que hubiera más librerías’.

 

Quisiera llamar la atención sobre dos aspectos de esta charla que tuvo lugar hace dos años pero cuyos planteamientos siguen vigentes: en primer lugar, la propuesta de que los editores iberoamericanos recurran a las coediciones y a la impresión bajo demanda para incentivar la publicación de sus autores en otros países de la región y, de esta manera, estimular el intercambio y ampliar el ámbito de circulación de lo que se publica en el mundo hispanohablante; y, en segundo lugar, la importancia que Tomás le ha dado en su trabajo como editor a la formación y al debate a través de las colecciones Libros sobre libros y Gestión cultural, de Hoja por hoja y de los eventos profesionales organizados por Libraria.

 

 

Afortunadamente el vacío de textos reflexivos sobre el sector editorial que Tomás detectó mientras hacía su maestría en Edición ahora lo llenan no sólo Libros sobre libros sino también la colección Tipos móviles y la revista Texturas, de Trama editorial.

el mercado latinoamericano y la industria editorial española

En un momento en el que el deterioro progresivo de la economía de España parece estar lejos de llegar a su fin, el mercado latinoamericano —e incluso el hispanohablante de Estados Unidos— puede ser una carta de salvación para la industria editorial española. El negro panorama de la economía española a futuro contrasta radicalmente con las alentadoras perspectivas de crecimiento económico de algunos países latinoamericanos.

 

La degradación de la economía española ha tenido un impacto visible en las ventas de libros, que desde 2008 vienen disminuyendo sensiblemente. Mientras que en 2008 las ventas de libros en el mercado interior alcanzaron los 3.185,50 millones de euros, en 2010 descendieron hasta los 2.890,80 millones de euros (ver el informe de Comercio Interior del Libro 2010).

 

 

 

De hecho, el informe de Comercio Exterior del Libro 2010 demuestra que Latinoamérica ocupa un lugar bastante importante en las exportaciones de la industria editorial española y que desde el inicio de la crisis económica en España las exportaciones a los países de esa región en términos generales han registrado un comportamiento más bien estable —han fluctuado aunque no de una manera tan drástica—. El siguiente gráfico extraído del informe de Comercio Exterior del Libro 2010 muestra la evolución de las exportaciones de la industria editorial española hacia los principales mercados del continente americano entre 1997 y 2010 —ojo a Brasil y a Estados Unidos, donde la creciente importancia de la lengua española se ve reflejada en un volumen de ventas que a pesar de las fluctuaciones de los últimos años no es nada despreciable—:

 

 

 

Y en la siguiente tabla del mismo informe de Comercio Exterior del Libro 2010 puede verse la evolución entre 1999 y 2010 de las exportaciones de la industria editorial española hacia los países que le resultan más importantes comercialmente —todos ellos tanto de Europa como de América—:

 

 

 

Si las ventas de los libros españoles en España continúan con su tendencia a la baja y en Latinoamérica siguen manteniéndose estables, la industria editorial española podría atenuar al menos parcialmente el impacto de la crisis económica fortaleciendo su presencia en el mercado latinoamericano. Y cuando hablo de la industria editorial española me refiero no sólo a los grandes grupos, sino también a las editoriales pequeñas y medianas.

 

Considero necesario aclarar que cuando digo que para la industria editorial española el fortalecimiento de su presencia en el mercado latinoamericano puede ser una carta de salvación no estoy sugiriendo que deba poner en marcha una ofensiva de colonialismo cultural y económico, ni asumir la actitud del conquistador que pretende arrasar con todo e imponer su ley, ni saturar el mercado hasta reventarlo ni mucho menos inundarlo con toneladas de libros que no ha podido vender en España para sacarles algún rendimiento saldándolos y no tener que seguir asumiendo los costes que implica gestionar una mercancía cuyo valor para el mercado interno es casi nulo.

 

 

 

Me refiero más bien a que la industria editorial española replantee su relación con Latinoamérica contribuyendo tanto a la dinamización y al crecimiento del mercado como a la ampliación, al enriquecimiento y a la diversificación de la oferta de títulos existente en éste. Imaginemos que además de los libros de Random House MondadoriSantillanaPlaneta, Anaya y el Grupo Zeta pudiéramos encontrar en cualquier librería de cualquier ciudad latinoamericana una buena selección de títulos del catálogo de algunas de las mejores pequeñas y medianas editoriales literarias y de pensamiento de España —no sólo las que debido a su trayectoria, tamaño y prestigio ya pueden tener una cierta presencia como Acantilado, Anagrama, Pre-Textos, RBA, Roca, Salamandra, Siruela o Tusquets, sino también las más jóvenes y pequeñas como AlfabiaAlpha Decay, Ático de los libros, Blackie Books, DemipageErrata Naturae, Fórcola, GadirGallo Nero, Impedimenta, Libros del silencio, Melusina, minúscula, Nevsky ProspectsPáginas de espuma, Periférica, Sajalín, Veintisiete letras y un largo etcétera—; imaginemos también que en la librería a la que fuéramos pudiéramos encargar los libros que no estuvieran disponibles allí en ese momento para recibirlos al cabo de un par de días de espera; y, para terminar, imaginemos que pudiéramos comprar estos libros a un precio razonable que se ajustara al poder adquisitivo de la población del país latinoamericano donde nos encontráramos.

 

Es verdad que quizás en ciudades como Buenos Aires, México D.F., Santiago, Bogotá o Lima sea posible acceder a una oferta más o menos amplia de libros importados de España —publicados mayoritariamente por los grandes grupos pero también por editoriales medianas y pequeñas, aunque en menor medida—. Pero también es cierto que a medida que nos acercamos a las periferias de las grandes urbes, a las ciudades secundarias o a los países más pequeños esto tiende a ser cada vez menos cierto. Y luego hay que ver cuánto cuestan los libros importados en los países latinoamericanos.

 

La situación económica de España, las perspectivas de crecimiento a futuro de la economía de ciertos países de Latinoamérica y el espacio que hay para ampliar la diversidad de la oferta en el mercado latinoamericano explican por qué ahora más que nunca éste tiene un carácter estratégico para la industria editorial española.

 

Dicho lo anterior vale la pena plantearse varias preguntas en la dirección opuesta porque hablar de intercambio comercial y cultural implica la circulación de flujos en ambos sentidos: ¿qué interés despierta la producción editorial latinoamericana en el mercado español? ¿A la cadena de valor de la industria editorial española también le interesa comprarle libros a Latinoamérica o sólo vendérselos? ¿En qué sentido y de qué manera le interesa Latinoamérica a la industria editorial española?

 

Aquí se trata no sólo de que la industria editorial española busque la manera de vender libros en los países latinoamericanos, sino también de que se comprometa con la formación de lectores y con la construcción de públicos allí —curiosamente, justo mientras estoy a punto de terminar de escribir esta entrada leo una entrevista a Juan Casamayor publicada el viernes 18 de noviembre en El País en la que el editor de Páginas de espuma dice que “América será ahora la salvación del editor español”—.

 

 

 

Y luego también hay que pensar en algunos problemas operativos que puede suponer para la industria editorial española intentar fortalecer su presencia en Latinoamérica: en primer lugar, la gestión de los derechos de los títulos para comercializarlos en territorio latinoamericano; en segundo lugar, la adaptación a las condiciones del mercado local del precio del libro editado en España —que además de unos costes de producción más elevados, debe tener asociados unos gastos adicionales por concepto de transporte y aranceles—; y, en tercer lugar, la fragmentación del territorio, los obstáculos para mover mercancías de un lugar a otro y la debilidad del sistema de distribución que limita su capacidad de asegurar que los libros lleguen a una parte importante de los puntos de venta.

 

Tras señalar estas dificultades también vale la pena considerar algunas posibles medidas para sortearlas: en primer lugar, la venta de e-books a través de las distintas plataformas de comercialización que existan y que vayan surgiendo —contribuyendo de paso a darle un impulso a este mercado y a estimular su crecimiento—; en segundo lugar, el recurso para el libro impreso a la impresión bajo demanda en los mercados locales con el propósito de ajustar el precio evitando los costes asociados al transporte, a los aranceles y al almacenamiento; y, en tercer lugar, la búsqueda de aliados locales tanto para poner en marcha proyectos de coedición como para asegurar una buena distribución en los distintos países.

 

Además de las dificultades estructurales mencionadas anteriormente, vale la pena tener en cuenta otras de carácter coyuntural como los obstáculos para la importación de libros que existen actualmente en Venezuela y las medidas proteccionistas que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner adoptó recientemente en Argentina en defensa de la industria gráfica nacional —un caso que no afecta sólo a los editores españoles y que va mucho más allá de la detención de cerca de un millón de ejemplares de libros en las aduanas de ese país—. Con respecto a lo que está sucediendo en Argentina recomiendo leer la entrada Esperpento en la aduana: ¿crónica de un secuestro editorial? del blog verba volant, scripta manent, en la que Bernat Ruiz Domènech documenta el caso, señala lo que está en juego tanto para la industria gráfica argentina como para los editores españoles y analiza la situación desde una perspectiva bastante crítica.

 

 

Creo que la proximidad de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) es una buena ocasión para poner sobre la mesa temas como éste e invitar a la reflexión alrededor suyo.

desdigitalizar la agenda

A lo largo de los últimos meses me he propuesto varias veces escribir menos sobre e-books, dispositivos de lectura en pantalla o plataformas de comercialización de contenidos digitales en [ el ojo fisgón ]. Sin embargo, casi siempre mis intentos de ocuparme de otros temas han sido fallidos porque al final en la mayoría de mis últimas entradas he terminado comentando aspectos relacionados con todas estas cosas. Es como si me resultara imposible abstraerme y contagiarme del alboroto y de la euforia que ha producido el anuncio de la llegada a España de AmazonKoboGoogle ebookstoreiBookstore y las demás plataformas de comercialización que vengan más adelante.

 

Es verdad que lo digital ya no forma parte del futuro del sector editorial sino de su presente, que darle la espalda a este fenómeno significa negarse a aceptar una realidad inminente, que en nuestro medio tanto la oferta como las ventas de e-books han crecido en el último año, que casi cada día estamos siendo testigos de la aparición de proyectos interesantes en el campo de la gestión de contenidos digitales, que en este terreno todavía hay mucho por explorar y descubrir, que en él todo está por hacerse y que aún nos queda un largo camino por recorrer. Vale, estoy de acuerdo.

 

 

 

Tengo la sensación de que al centrar una buena parte de nuestra atención en lo digital estamos tendiendo a desatender diversos temas relacionados con la realidad y el quehacer de los distintos actores del sector editorial de los que veníamos ocupándonos cuando la llegada de los e-books, de los e-readers, de las tablets y de las plataformas de comercialización de contenidos digitales a nuestro medio se veía como un escenario lejano, improbable e inviable. Me refiero a temas como la coexistencia de la concentración entre la propiedad de la industria editorial y el boom de la edición independiente, el rol de los distintos actores de la cadena de valor y las relaciones entre éstos, las tendencias literarias y del mercado, el papel de las librerías como dinamizadoras culturales y de los libreros como instancia de prescripción, los tipos de libros que mejor se están vendiendo, los géneros literarios y temas que gozan de una mayor popularidad, las condiciones que favorecen y dificultan la circulación del libro, las cifras de ventas de libros, el lugar que ocupan la crítica y los espacios dedicados a los comentarios sobre libros en los medios tanto generalistas como especializados, las motivaciones de los lectores y los hábitos de lectura de éstos, la importancia de las bibliotecas y la formación de los profesionales de los oficios de la edición.

 

¿Será que la “novedad” de lo digital nos está llevando a olvidarnos de muchos otros aspectos que son críticos para el sector editorial o que por lo menos está impidiéndonos ver su importancia estratégica?

 

 

Quizás para poner las cosas en el lugar que les corresponde y juzgarlas en su justa medida en ocasiones valdría la pena no sólo dejar que el paso del tiempo nos permitiera tomar una cierta distancia frente a los acontecimientos que están ocurriendo, sino también abstenernos de especular tanto con respecto a eventos futuros en lugar de precipitarnos a lanzar juicios categóricos y definitivos —sean éstos entusiastas o apocalípticos— sobre procesos que no han terminado de desarrollarse o proyectos que se encuentran en estado embrionario y cuyos resultados en ambos casos aún son inciertos. En fin, creo que podríamos decir más acerca de lo digital hablando mucho menos al respecto —es decir, haciéndolo sólo cuando tengamos algo valioso y nuevo que aportar—.

 

Prefiero de lejos los análisis complejos, sesudos, densos y reposados de Mike Shatzkin, Julieta Lionetti, Joaquín RodríguezManuel Gil o las curiosas observaciones y anotaciones de José Antonio Millán y Txetxu Barandiarán que los contenidos tipo publirreportaje de Publishing Perspectives, las noticias producidas por otras fuentes que algunas publicaciones de actualidad sobre el sector del libro fusilan o reproducen textualmente y los artículos mal documentados de la prensa generalista que contribuyen sobre todo a alimentar la desinformación.

Miércoles, noviembre 2, 2011 categorizado bajo destacados, editores, industria editorial, ventas de libros

la cadena de valor del libro: actores de siempre vs. new players

Uno de los puntos en los que se viene insistiendo reiterativamente cada vez que se habla de la emergencia de lo digital en el sector del libro es que este fenómeno disruptivo les plantea a los diferentes actores de la cadena de valor el reto de reinventarse. La incursión en el sector del libro de actores ajenos a él —como empresas nativas digitales del ámbito de los contenidos, compañías de desarrollo de hardware y software, operadores de telecomunicaciones, proveedores de servicios en línea, etc.— que pueden tener la intención de desplazar a los actores tradicionales de la cadena de valor para ocupar el lugar que les corresponde a éstos pone en evidencia la urgencia, la conveniencia y el carácter estratégico de esta reinvención. Este proceso debe pasar por la reformulación de los modelos tanto de producción como de negocio, por el replanteamiento de algunos roles, por la creación de nuevas ofertas de contenidos y por la búsqueda de diferentes fuentes de valor agregado en los productos y servicios que los distintos actores les ofrecen tanto a sus clientes dentro del sector como al consumidor final —es decir, al lector—.

 

 

 

 

Ahora que es evidente que Amazon está apostando por convertirse en editor —según un artículo aparecido el pasado 17 de octubre en The New York Times, este otoño prevé publicar 122 títulos en sus distintos sellos— y que Kobo ha anunciado que está trabajando en el montaje de una división editorial, está claro que estas compañías ahora empiezan a competir también con los editores y ya no sólo con los libreros. Al desarrollar proyectos editoriales propios éstas y otras compañías —al igual que algunas agencias literarias anglosajonas— están no sólo montándoles la competencia a los editores tradicionales, sino también ejerciendo una presión sobre ciertos actores que puede acelerar el proceso de reinvención del sector del libro. A raíz de la inminente emergencia de lo digital y de la irrupción de nuevos actores ajenos al sector, desde hace un tiempo muchos editores deben estar preguntándose cómo reaccionar frente a la dinámica de transformación acelerada de su entorno y qué hacer tanto para adaptarse a las nuevas condiciones de éste como para asumir un papel que les permita incidir en su configuración.

 

 

 

Según informaba The Bookseller a finales de 2010Amazon anunció que a través del Nielsen BookScan les ofrecería a los autores que usan su servicio Author Central información acerca del desempeño de las ventas de sus libros en todo el territorio estadounidense. De la misma manera, en Estados Unidos los grupos Simon & Schuster, Random House y Hachette Book Group anunciaron recientemente que sus autores también podrán acceder a informes con datos sobre las ventas de sus libros —ver el artículo “Authors to Get Sales Data Online From 3 Big Publishers”, publicado el 19 de octubre en The New York Times—. Con la oferta de este servicio a sus autores tres de los grupos pertenecientes al Big Six le están pagando a Amazon con su misma moneda, utilizando estrategias similares a la suya que les permiten mejorar su ventaja competitiva con el propósito de proteger su posición en el mercado e incluso de ampliar su participación en él. Casos como éste ilustran cómo la presión de los new players podría estar llevando a los actores del sector editorial a dar pasos hacia su reinvención y a acelerar este proceso.

 

 

 

 

¿Qué otras estrategias podrían poner en marcha los editores para seguir mejorando su ventaja competitiva con respecto no sólo a los new players sino también a sus competidores de siempre?

 

Se me ocurre que en la reformulación de ciertas prácticas de siempre se podrían encontrar algunas pistas:

 

- centrarse en la selección de contenidos y en la gestión de éstos para hacerle al lector una oferta de buena calidad que satisfaga sus necesidades, intereses, expectativas y exigencias, haciendo lo que en principio saben hacer mejor que nadie y reforzándose justo allí donde ya son fuertes.

 

- construir alianzas tanto con editoriales como con otros actores del sector con los que tengan afinidades y similitudes de diferentes tipos.

 

- crear nuevas ofertas de contenidos transmedia que tomen el libro como punto de partida y que se articulen alrededor de éste pero que integren muchos otros elementos.

 

- ofrecerles mejores anticipos a los autores —sin llegar a las cifras exorbitantes que en ocasiones se pagaban hasta hace unos años—.

 

- negociar un modelo de royalties dinámicos en el cual el porcentaje de los ingresos generados por las ventas que reciben los autores se incremente proporcionalmente al crecimiento del volumen de ejemplares vendidos.

 

- aprovechar la relación que han construido con los distribuidores y los libreros para garantizar una implantación óptima de los títulos en los puntos de venta.

 

- optimizar la gestión de la promoción, el marketing y la comunicación en torno tanto a los títulos como a los autores.

 

En este momento de cambios profundos y acelerados la reinvención del sector no debe limitarse solamente a asimilar lo digital, en cuya emergencia entran en juego no sólo la producción y la venta de e-books sino también muchos otros aspectos relacionados con la gestión de la comunicación, la promoción y el marketing, con el canal de ventas, con las instancias de prescripción, con el soporte en el que se comercializan y se leen los contenidos y con la naturaleza misma del acto de la lectura.

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