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entrevista a luis sábat, editor de elipsis ediciones / “buscamos textos que además de un rigor literario tengan una dimensión comercial”


Al montar Elipsis ediciones aprovechando las omisiones hechas por otras editoriales que desechaban textos que él consideraba que debían ser publicados, Luis Sábat le ha apostado no sólo a construir un catálogo con una perspectiva amplia y coherente a la vez sino también a ponerse al frente del posicionamiento de su marca promocionando él mismo los títulos que publica allí donde cree que estos pueden suscitar el mayor interés. Para Sábat esta estrategia marca una diferencia fundamental entre Elipsis ediciones y las grandes editoriales independientes en cuyo terreno aspira a jugar porque a su juicio éstas publican a un ritmo en el que la intensidad obedece más a la necesidad de cubrir una serie de obligaciones con su distribuidor que a la creación de un proyecto literario coherente.

Pascal Quignard, Frank Kermode, Delmore Schwartz, Christoph Hein, James Merrill y Laura Fernández son algunas de las cartas que tiene Luis Sábat en su juego.

M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Elipsis ediciones?

L.S.: Fue una iniciativa personal orientada por mis apetencias como lector y por las omisiones de otras editoriales. Quise empezar a publicar aquellos títulos que todavía no habían sido editados en español. Quería ver traducidos al español libros escritos en otros idiomas que me gustaban y he venido publicando un título tras otro, generando así un proyecto editorial.

La idea surgió cuando empecé a ver títulos muy destacados de la narrativa actual que eran desechados por ciertas editoriales. Fue como una resistencia personal.

M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de la editorial?

L.S.: Desde el punto de vista profesional en ese momento contribuyó mucho el hecho de que tras recibir una oferta de una editorial muy importante, algunas editoriales hubieran rechazado un título como Travesía nocturna porque no sabían quién era Clément Rosset. Se trataba de editoriales grandes, por lo cual a partir de allí dije ‘no puede ser, tengo que buscar la fórmula para poder publicarlo’. Eso fue como un detonante. Di un salto con base en las omisiones de los demás, en lo no publicado.

M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de Elipsis ediciones?

L.S.: La colección más importante —que supone aproximadamente el 80 % de nuestro catálogo— es la de narrativa de ficción contemporánea. Ahí encuentras una amalgama de textos caracterizados por la calidad y el rigor literarios, sin distinciones de nacionalidades, movimientos o generaciones. Nos centramos en una narración de calidad donde quiera que esté: en Oriente Medio, en México o en Alemania.

Luego hay una colección de ensayo llamada Duque de Lancaster, en la que hemos publicado a Clément Rosset y en la que también aparecerá La imagen romántica, de Frank Kermode. Esta colección se enfoca básicamente en títulos en los que la temática representa una rareza dentro de la trayectoria del autor o que son textos de carácter canónico en el tema que abordan. La imagen romántica, por ejemplo, es un libro del que necesariamente debes hablar al referirte al romanticismo inglés del siglo XIX.

Por último está la colección 2721, que es de poesía. Empezamos en septiembre con Anne Carson, seguimos con Jeff Clark y luego con James Merrill, que es un autor sorprendentemente no publicado anteriormente en español. De Merrill publicaremos La luz cambiante en Sandover, una obra monumental de alrededor de 500 páginas que en mi opinión es un compendio de la generación poética de la segunda fase del siglo XX americano.


M.G.: ¿Bajo cuáles criterios editoriales se eligen los libros que publica Elipsis ediciones?

L.S.: Los criterios cambian según la colección. En lo que es narrativa, cuando leo un texto me gusta muchísimo que transmita algo nuevo, que tenga una voz propia y que el autor cree un mundo diferenciado con respecto a lo que se ha publicado y a lo que se está escribiendo. A partir de ese criterio a mí ya empiezan a llamarme la atención ciertos textos. Me gustan las estructuras novedosas. Las historias lineales en principio no me gustan. Prefiero a los autores que experimentan. Aunque cuidado: me gustan las voces novedosas sin que ello signifique perder calidad. Por ejemplo, Pascal Quignard es un autor que tiene una voz narrativa propia y que se distingue clarísimamente sin que por ello pierda calidad o consistencia. Y ese es el enfoque que hemos querido darle a esta colección. Para historias lineales con finales felices ya hay otro tipo de sellos editoriales.

Una vez asumido este criterio de generar una voz narrativa, seguimos con la calidad y con unos criterios editoriales más o menos básicos como el tratamiento de personajes, la unicidad del texto, la forma como se trata el tema que se aborda y en menor medida la temática —un aspecto con el cual no hemos querido obsesionarnos. Es decir, que no vamos a caer en el juego de publicar cualquier manuscrito ambientado en la época Nazi que recibamos—. También cuentan esos famosos socavones narrativos como el hecho de pasar de la página cincuenta, que son aspectos fundamentales a la hora de elegir lo que se publica porque indican que el autor sabe mantener un tono narrativo potente que a mí como lector me enganche, me sugiera y me haga pensar que me gustaría publicarlo.

M.G.: ¿Cree usted que Elipsis ediciones está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?

L.S.: Pienso que nuestro hueco no se enfoca tanto a ser una editorial exquisita aunque muchas veces lo grandes grupos y sobre todo las grandes editoriales independientes te inciten a serlo, empujándote a una especialización excesiva y a llevar un ritmo de publicación acelerado. Nuestra idea es jugar en el mismo terreno de las editoriales independientes grandes buscando un texto que además de un rigor literario tenga una dimensión comercial. No porque no seamos Anagrama vamos a ser Nórdica. Pensamos que ahí hay un terreno y un perfil de cliente bastante desengañado de las editoriales independientes grandes que puede recabar en nosotros. Por lo tanto, ése es nuestro juego.

Salvando las distancias abismales, nos gusta enfocarnos en el mismo terreno de editoriales como Anagrama y Mondadori. No tengo problema en decir nombres porque he trabajado para ellos. Me identifico más con lo que publicaban antaño estas editoriales que con las editoriales exquisitas que aunque como lector me pueden gustar mucho, como editor diría que no hay un factor empresarial importante en el que también tenemos que enfocarnos. Y es ahí donde vemos nuestro target.

M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Elipsis para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?

L.S.: En primer lugar, un factor fundamental es la distribución. Es necesario contar con un distribuidor que comparta tu proyecto, que se ilusione con él y que, por lo tanto, lo implante al máximo. Cuando trabajas con tirajes cortos como nosotros el secreto consiste en implantarse al máximo. No nos sirve un distribuidor que deje la mitad del tiraje en sus almacenes. Necesitamos un distribuidor que nos implante el 80 % del tiraje.

En segundo lugar, es importante seleccionar un tipo de títulos en el que aparte de la calidad tengamos un perfil de lector que aunque no siempre se ajuste sea una guía en el momento de pasar a un tercer elemento que sería la promoción y la comunicación. Es clave contactar con creadores de opinión, con gente cuya opinión con respecto a un libro puede incidir en muchos otros lectores. No creemos en la promoción masiva. Hay veinte o treinta personas que pueden estar influenciando el gusto del 80 % de los lectores. Eso es así sobre todo si no eres un gran grupo porque si lo eres te vuelves indiscriminado en tu política de promoción: llamas tanto a la revista de la cadena de peluquerías como a Clarín o a Letras libres. Te da exactamente igual.

Nuestro criterio es muy diferente: buscamos la personalización del título de manera que cada persona a la que se lo enviemos esté informada directamente por mí. Como nuestra estructura es pequeña, no tenemos un equipo dedicado exclusivamente a llamar a medios de comunicación. Yo los llamo personalmente y les digo por qué me gusta el libro y por qué creo que a ellos les puede gustar. Luego ellos estarán o no de acuerdo pero es ese factor personal lo que nos distingue a las pequeñas editoriales de los grandes grupos o de las grandes editoriales independientes. En el juego con ese factor personal tenemos mucho terreno porque quieras que no también la prensa y los grupos de comunicación llegan a cansarse por la saturación de información. Ha de hartarles el hecho de que si una editorial publica veinte títulos al mes, los veinte sean buenísimos. Eso no es así. Si publico diez o quince títulos puedo no acertar en tres o cuatro. Muchas veces la crítica es una cuestión de preferencias. Yo sabré en cada momento si tal libro va a gustarle o no a un determinado crítico y puedo enfocar la comunicación en uno o en otro según las preferencias de cada cual. En el caso de Pascal Quignard, claramente le gustará a un crítico como Rafael Conte pero no les gustará a algunos otros. Éste es el juego por el que apuesto en mi estrategia de comunicación.

También hay un factor aleatorio por el que los editores tenemos algo de ludópatas. Soy como un mal jugador de poker o de ruleta. Cada vez que saco un título digo ‘es que éste me va a funcionar demasiado’ y luego funciona o no. Me pasó con Gonzalo Torné de la Guardia, que al final no funcionó tan bien. El que menos esperas que funcione termina funcionando y dices ‘¡ostras, es que no me lo puedo creer!’. El boca – oreja es un factor que no puedes controlar a pesar de que muchos departamentos de marketing se coman la cabeza intentando descifrar cómo funciona.

M.G.: ¿Qué distingue a Elipsis ediciones de otras editoriales independientes españolas?

L.S.: Me gustaría distinguir entre dos tipos de editoriales independientes: por un lado, aquellas que tienen una necesidad de publicación para cubrir unos costes y unas entregas para el distribuidor; y, por el otro lado, aquellas que como nosotros publican lo que realmente les gusta y les apetece. Si a Luis Solano le gusta Robertson Davies, pues a mí me gustará otro autor. Esto quiere decir que las preferencias de cada cual no les impiden a los demás desarrollar su plan de publicaciones ni les hacen daño aunque al final las diferencias no sean tantas.

Sí que empieza a haber una diferencia con las editoriales que pueden publicar del orden de más de cinco o seis títulos al mes, que caen en una especie de descontrol sobre el producto porque detrás de ese esquema hay una motivación económica relacionada con la necesidad de cubrir unos costes con el distribuidor. Lo digo porque lo he vivido desde adentro. No hay ninguna editorial que sacando cinco títulos al mes consiga que todos sean exquisitos. Y no me refiero únicamente a los grandes grupos, pienso también en editoriales independientes como RBA, Anagrama, Tusquets o Siruela.

A partir de ahí lo que nos puede distinguir es precisamente tanto la personalización y el cuidado con el título que se publica, como la coherencia con el proyecto literario. El hecho de que te puedas encontrar en la mesa de novedades ciertas editoriales con cinco títulos hace que digas ‘ostras, ¿pero estos dos qué tienen que ver uno con otro, qué coherencia tienen con el proyecto editorial que hay de fondo?’. Por otro lado, también nos distingue la posibilidad de mantener hasta el final una imagen de marca y una calidad a pesar de los vaivenes de los malos momentos de manera que el mercado no te obligue a modificar tu servicio de novedades. En síntesis, se trata de no convertirte en un oportunista editorial. Primero, no tenemos esa capacidad. Y, segundo, también marca una diferencia importante el hecho de que si tuviéramos esa capacidad no la ejerceríamos.

En el caso hipotético de que publicáramos libros de un autor estadounidense ‘x’ que ha ganado el Premio Príncipe de Asturias y que tiene novelas muy buenas, no publicaríamos todo lo que escribiera por el simple hecho de publicarlo. Me explico: si tengo un autor que ha publicado dos grandes libros pero el tercero es malísimo, no me interesa publicar ese tercer libro. No voy a entrar en ese juego por la simple rentabilidad que me da el autor.

M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?

L.S.: El balance es muy bueno. En el primer año hemos hecho un trabajo muy fuerte de implantación de marca. Hay muchísimas editoriales y muchas novedades diarias, de manera que siempre acabamos en un prescriptor definitivo que es el librero. Como el librero es quien criba, frente a él tienes que generarte una imagen que no es fácil de construir. No es una cuestión de dos meses y a veces ni con tres años lo consigues. Tienes que ir haciendo este trabajo poco a poco para que el librero detecte la coherencia y la continuidad de los títulos. Para mí el éxito de la editorial como marca consistiría en crear una expectación tal que el librero llegara a preguntarse ‘a ver, ¿qué va a publicar Elipsis?’.

Seguimos en ese proceso en el que Elipsis empieza a configurarse como una marca distintiva. Tampoco me disgusta que no se sepa dónde ubicarla en la mesa de novedades. Está claro que el tipo de títulos que publicamos nos define bastante. Lo que yo pretendía con la creación de esta marca era crear una inercia en el lector de otras editoriales. Me explico: que el lector de editoriales como Anagrama o Acantilado —y ahí tiene mucho que ver el naranja como color corporativo— tenga la tendencia a irse hacia nosotros. Y ese lector se sorprende. No es una opinión mía sino de los libreros. Dicen ‘ostras, parece que estás dándole una evolución natural a lo que ya había. Estás modernizando un poco este tipo de editoriales’.

Me refiero no tanto a Acantilado, que es una editorial que tiene un proyecto sólido y que como lector me encanta, sino a otro tipo de editoriales que tal vez se han estancado un poco y frente a las cuales hemos jugado un papel evolutivo arriesgando con textos y autores o jugando con formatos que ellos en principio no contemplarían. Inicialmente el lector se preguntaba, ‘bueno, ¿y esta gente a qué está jugando, dónde quiere posicionarse?’. Pues nos queremos posicionar en ese segundo, tercer o cuarto lugar que hay entre la editorial independiente fuerte y la editorial exquisita con pocos títulos y temáticas específicas. Sobre todo al principio nos costaba que nos ubicaran aunque ahora se empieza a hacer cada vez más esta asociación.

Admiro muchísimo editoriales como Gadir, minúscula, Libros del Asteroide, Nórdica, 451 o Funambulista porque tienen mucho mérito. Nunca me cansaré de elogiar el hecho de especializar tanto su contenido y de enfocarlo hacia cierta tipología de autores aunque yo no habría arriesgado tanto. No habría sido capaz. Cuando exploras una época literaria llega un momento en el que la mina empieza a agotarse y entonces se te abre un dilema: o sigues publicando cosas que sabes que no son tan buenas como lo que publicabas al principio o amplías tu visión cronológica. Yo no sabría qué hacer. En todo caso el trabajo de estas editoriales tiene mucho mérito. Puedo estar o no de acuerdo con sus decisiones porque no soy partidario de relegar ciertas épocas o ciertos países. Me parece que es algo que no te abre la mente para buscar literaturas en todo el mundo.

Ahora bien, sí que es verdad que si se cuida el texto porque éste es interesante y aporta valores literarios como lector seré el primero en comprarlo.

M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que está preparando en este momento Elipsis ediciones?

L.S.: Para empezar, te doy la primicia de un título que es una rareza: aprovechando la fiesta del Día de Sant Jordi, vamos a publicar por primera vez en español las cartas completas de Jack el Destripador. Se titulará Cartas desde el infierno y será una edición bilingüe de las cartas enviadas por el propio Jack. No existía una traducción de estas cartas. Es una rareza con contenido que incluirá un prólogo y un epílogo disertando acerca de las distintas teorías sobre la identidad del personaje.

Antes tendremos a un autor español. Se trata de Javier Terrisse, con el título Miss que es una historia de ciencia ficción que va de masoquismo. Es un libro ilustrado de alto contenido literario. Las ilustraciones corren por cuenta de Sergio Sandoval, que se encargó de varios personajes de El laberinto del fauno. En mayo publicaremos En los sueños empiezan las responsabilidades, del norteamericano Delmore Schwartz. Luego saldrá un libro del alemán Christoph Hein y más adelante sacaremos Bienvenidos a Welcome, de la española Laura Fernández. Se trata de una escritora con una voz propia que bebe de Irvin Welsh y de John Fante. Lees el manuscrito y dices ‘¡ostras, parece mentira que esto lo haya escrito una mujer!’ porque el tono de lo que se lee y el tratamiento de los personajes son más característicos de la escritura de los hombres. Me llamó muchísimo la atención la forma tan dura, tan realista y tan seca como la autora aborda el tema de su libro.

En septiembre u octubre publicaremos a Georgi Gospodinov y una novela del norteamericano James Merrill.

Miércoles, febrero 13, 2008 categorizado bajo edición, editores, industria editorial

la tools of change for publishing conference

Hoy es el último día de la Tools of Change for Publishing Conference, que organiza O’Reilly Media en Nueva York.

Como estamos en un momento de grandes cambios, supongo que en esta conferencia se deben estar presentando distintas pistas bastante interesantes con respecto la repercusión que está teniendo y tendrá la evolución de las nuevas tecnologías sobre la actividad editorial y sobre el modelo de negocio de esta industria —un tema que una vez más ha estado sobre la mesa durante los últimos días debido tanto a la presentación de una plataforma de venta de obras por capítulo y al anuncio de HarperCollins sobre la posibilidad de leer gratuitamente en línea algunos de los títulos de su catálogo—.

Mientras identifico fuentes que comenten los planteamientos, proyectos, tendencias y pronósticos que han sido presentados en la Tools of Change for Publishing Conference, recomiendo echarle un ojo al seguimiento de ésta en este link.

Martes, febrero 5, 2008 categorizado bajo edición, editores, editores independientes, web 2.0

los editores bloguean

Además de su página Web, algunas pequeñas editoriales han decidido montar un blog. Supongo que ante la falta de espacio y el exceso de información de los medios convencionales, por lo menos en principio este esfuerzo tiene como objetivo adecuar a los tiempos de hoy las estrategias para promocionar y dar visibillidad a los títulos y autores que publican.


Sin embargo, tal vez lo más importante es que los blogs les permiten a las editoriales establecer un contacto directo con sus lectores para entablar un diálogo con ellos, para recibir su feedback y, sobre todo, para estimular el establecimiento de un diálogo entre ellos.


En síntesis, para una editorial un blog puede ser mucho más que una sala de prensa virtual o un espacio de promoción: puede ser ante todo un escenario para suscitar conversaciones y estimular el desarrollo de éstas con los lectores y entre ellos. Al fin y al cabo, como dice Gabriel Zaid ‘el verdadero arte editorial consiste en poner un texto en medio de una conversación’.


Los siguientes son los blogs de editoriales con los que me he encontrado hasta el momento:


- Blog de Artemisa ediciones


- Espai Icaria


- El blog de Impedimenta



- Editorial Laertes sala de prensa 2.0



- Nórdica libros


- Editorial Periférica


- Plataforma editorial – blog


- Roca editorial


En el caso de la publicidad, el estudio “HD Marketing 2010: Sharpening the Conversation” —realizado por la consultora Booz | Allen | Hamilton— aborda desde un punto de vista pragmático el potencial que las nuevas tecnologías les ofrecen a las marcas para establecer vínculos más estrechos con sus targets. El estudio dice lo siguiente:

‘When consumers use digital media to search, shop, blog, socialize, or seek entertainment, they create opportunities for marketers to gain immediate insights. Now, marketers can have real-time conversation with consumers. They can identify and draft high consumer-influencers as brand advocates, gather ideas to improve their products or services, and change their marketing messages and media mix instantaneously, depending on what is working now (…) When you focus from the very beginning on creating a conversation about your brand between consumers, not just brand to consumers, your approach is much more effective’.


A propósito de este tema hace unos meses citaba algunos de los aspectos que aborda “Tendencias Web 2.0 en el sector editorial”, el estudio que realizó Javier Celaya en dosdoce.com y que llegó a las siguientes conclusiones:


- Espectacular crecimiento de las salas de prensa virtuales

- Un 8% ofrece Sindicación de Contenidos – RSS

- Notable incremento en la publicación de reseñas en la Red

- Escasos enlaces con los medios de comunicación

- Un 44% de las editoriales cuenta con algún canal de conversación con sus lectores

- “De boca en boca” digital

- El 30% de las editoriales publica el primer capítulo en la Web

- Más enlaces con autores, revistas digitales, Webs o blogs especializados en cultura, librerías, etc.

- Participación en Redes Sociales

edición 2.0. los futuros del libro [ 3 ] / ¿por qué tendremos libro en papel durante un buen tiempo más?

¿Por qué hasta el momento todos los modelos de libro electrónico que se han lanzado al mercado han fracasado?

Joaquín Rodríguez ofrece una respuesta interesante en la entrada de su blog titulada “Breve historia del libro electrónico (I):

‘Entre los años 1999 y 2006 hemos vivido, seguramente, la fulgurante y brevísima historia de la primera fase del libro electrónico. Multitud de dispositivos nacieron, se lanzaron, se intentaron vender, fracasaron y desaparecieron, todo en el cortísimo plazo de cinco o seis años. Las leyes elementales de la promoción dicen que cualquiera sea la cosa que se lance e intente vender, debe hacerse pasar por insustituible e imprescindible y, si cabe, debe suplantar su identidad para hacerse pasar por lo que no es (cuánto sabemos de esto los lectores que nos enfrentamos a los centenares de novedades comerciales lanzadas por las editoriales que se quieren hacer pasar por suceso editorial de primer orden). Es cierto que en la brevísima historia del libro electrónico hubo demasiado de promoción y poco de reflexión sobre las necesidades estructurales verdaderas de los posibles receptores, que la inercia de la tecnología y sus descubrimientos ignoró esa regla básica que dice que no ha habido invento en la historia que se haya asumido plenamente sin que haya habido necesidad de hacerlo (las oficinas de patentes son testigos mudos de la multitud de inventos innecesarios que concibe el hombre), que las guerras de las incompatibilidades y las tecnologías propietarias llevaron a un callejón sin salida a la mayoría de los dispositivos, que además, sólo servían para un propósito —de ahí la horrible denominación de dispositivos dedicados—, el de leer textos en el formato propietario del mismo fabricante que había construido el dispositivo, que la oferta de títulos que podían descargarse de la red —en sitios, la mayor parte de las veces, propiedad de los mismos fabricantes— era escasa y poco atractiva.’.

Edición 2.0. Los futuros del libro, pp. 138 – 139

Melusina

Barcelona, 2007

En síntesis, seguimos a la espera de un libro electrónico que se ajuste a las necesidades del usuario en términos de portabilidad, comodidad para la lectura, accesibilidad a contenidos, usabilidad, interoperabilidad y precio. Kindle parece significar un avance en algunos de estos aspectos y el tiempo dirá en qué medida soluciona cada uno de estos problemas.

En una entrevista a Lawrence Lessig que Rodríguez reproduce, el creador de la licencia Creative Commons se refiere a la convivencia entre antiguos y nuevos soportes, que explicaría por qué si en algún momento el libro electrónico consigue convertirse en un dispositivo de uso popular por lo menos durante un tiempo no sustituirá al libro en papel. Dice Lessig que ‘las nuevas tecnologías no siempre sustituyen a las antiguas. La radio, es un ejemplo, sobrevivió a la introducción de la televisión’.

edición 2.0. los futuros del libro [ 2 ] / digitalización de contenidos y librerías en línea: reinventarse o morir

Leyendo Edición 2.0. Los futuros del libro me doy cuenta de que uno de los temas que Joaquín Rodríguez ha abordado recurrentemente en su blog es el impacto que tienen la aparición y la consolidación de las grandes librerías en línea sobre el futuro de las librerías independientes. Al contrario de quienes asumen una posición apocalíptica frente a las implicaciones que tiene el desarrollo de las nuevas tecnologías en la cadena de producción y distribución del libro, Rodríguez plantea dos puntos de manera insistente: primero, que la digitalización y la expansión del canal de venta en línea no son el origen de los problemas de los pequeños editores y libreros; y, segundo, que quien quiera sobrevivir en el panorama que se está configurando actualmente debe replantear su modelo de negocio —es decir, reinventarse—.

Dice Rodríguez en su entrada “El (decepcionante) debate sobre el futuro del libro (I)” que ‘los canales tradicionales tendrán que cambiar, eso es cierto, pero no sólo por el empuje de Google, sino porque su modelo de negocio es obsoleto —una masa inasumible de novedades, clientes escasos, etc.—‘.


En su entrada “Los libreros en la tormenta o por qué se equivocan de enemigo” Rodríguez dice lo siguiente:


‘El pequeño librero independiente se enfrenta a multitud de problemas y su figura y su misión no serán nunca lo suficientemente reconocidas, pero se equivocan de enemigos y yerran en sus denuncias e imputaciones. La superproducción editorial, los márgenes de descuento, el trato desigual que les dispensan las grandes editoriales, el incremento del precio de los alquileres en los centros urbanos, la falta de lectores, la tecnificación cada vez más necesaria para gestionar el negocio son aspectos que deberán resolverse al margen de un fenómeno positivo e imparable, el de la digitalización y difusión públicas de los contenidos’.


Edición 2.0. Los futuros del libro, pág. 73

Melusina

Barcelona, 2007

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