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Lunes, octubre 17, 2011 categorizado bajo destacados, e-book, edición, edición digital, industria editorial

la no ficción y los microformatos digitales

La actual abundancia de contenidos en distintos formatos, la competencia entre todos ellos por acaparar la limitada atención de los consumidores, la contracción del consumo provocada por la recesión económica y el fuerte arraigo que tiene en ciertos circuitos la cultura del acceso gratuito seguramente están incidiendo en la transformación del valor percibido de los libros, la música o las películas. Debido a lo anterior vale la pena plantearse las siguientes preguntas: ¿cuál es el valor que les atribuimos hoy en día a los contenidos? ¿Por cuáles de ellos estamos dispuestos a pagar? ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por ellos?

 

Sobre todo en el campo de la no ficción, los microformatos podrían ser una alternativa interesante a explorar para contrarrestar las dificultades que presuponen las circunstancias enumeradas en el párrafo anterior. Cuando hablo de microformatos en el campo de la no ficción me refiero a textos que no son ni lo suficientemente cortos para ser un artículo ni lo suficientemente largos para ser un libro convencional pero que en cualquier caso pueden ofrecer elementos valiosos para comprender ciertas cuestiones de interés. Estos textos cuya extensión intermedia puede resultar un poco incómoda desde el punto de vista de la creación de un producto comercial funcionan como unidades de contenido autónomas que al ser empaquetadas como libros se definen fundamentalmente a partir de dos rasgos particulares: son de lectura rápida y su precio es accesible —aunque no necesariamente bajo si se establece teniendo en cuenta criterios como los costes asociados a su producción y su valor intrínseco—.

 

Estos microformatos pueden funcionar particularmente bien en el caso de los libros de actualidad cuyos contenidos caducan rápidamente porque se ocupan de coyunturas específicas que en muy poco tiempo pueden evolucionar de manera radical e incluso dejar de suscitar interés. Al eliminar los tiempos y costes asociados a la impresión, al almacenamiento, al transporte y a la distribución, la publicación de estos libros de actualidad directamente en formato digital puede ser una buena forma de ganar tiempo frente a la rápida evolución de las coyunturas que abordan y de reducir al menos en parte el riesgo económico. Aquellas editoriales que tengan una alta capacidad de reacción frente a la actualidad para producir contenidos relacionados con coyunturas susceptibles de despertar interés pueden encontrar un filón riquísimo en este tipo de libros, satisfaciendo con ellos la demanda que se genera cuando el público quiere saber más sobre los temas que están dando de qué hablar en un cierto momento.

 

Entre los casos interesantes de colecciones de libros digitales de no ficción en microformatos se destacan tres proyectos muy diferentes entre sí que fueron lanzados bajo una alianza con Amazon a través de los Kindle SinglesThe Domino Project, TED BooksGuardian Shorts, del diario The Guardian.

 

 

 

En junio pasado Random House Mondadori lanzó ENDEBATE, una colección digital del sello Debate que se ocupa de temas de actualidad y que en su página Web el grupo presenta en los siguientes términos:

 

‘En las inundaciones lo primero que falta es agua potable. Igualmente, en la sobreabundancia acelerada de noticias que hay en la actualidad, se echa de menos la información inteligible; un término medio entre la superficialidad de las redes sociales y la profundidad de los reportajes monográficos que cada vez tenemos menos tiempo de leer.

 

Para llenar ese hueco y plantar cara al desafío digital, Random House Mondadori inaugura ENDEBATE, con la voluntad de que autores reconocidos y prestigiosos expertos traten en aproximadamente 10.000 palabras un tema con el detalle necesario para aclarar la realidad detrás de los titulares y los tópicos, y con la inmediatez y la brevedad que requieren las nuevas tecnologías. La potencia de dichos textos viene dada por la rapidez con que se pueden generar, por no ser muy extensos y por el respaldo del sello Debate y de sus autores’.

 

 

Otras iniciativas interesantes que están recurriendo a los microformatos en el ámbito digital son el sello 40kBooks y la colección Quick Reads, que Apple creó recientemente en su iBookstore.

 

 

En su artículo “In E-Books, Publishers Have Rivals: News Sites” publicado en The New York Times el pasado 18 de septiembre Julie Bosman y Jeremy W. Peters se refieren a la potencial fuente de ingresos que representa para los medios tradicionales la publicación de libros breves en los que se haga un trabajo no tanto de agregación como de ampliación, profundización y enriquecimiento de contenidos que ya han sido desarrollados previamente. En últimas se trata de aprovechar los recursos disponibles —plantilla periodística y técnica, fuentes, infraestructura, bases de datos de clientes, departamento de promoción y marketing, red de distribución y capital económico— y de rentabilizar una materia prima de la que ya se ha hecho uso y cuya producción probablemente todavía no haya acabado de amortizarse del todo. Además de The Guardian, medios como The New Yorker, Vanity Fair y The Huffington Post ya están trabajando en esta línea.

 

Los microformatos son una alternativa interesante para todos en un momento en el que la amplitud de la oferta de contenidos es inversamente proporcional a la disponibilidad de tiempo, de atención y de dinero que muchos consumidores tienen hoy en día. Por lo menos en el campo de la no ficción hay montones de temas por explorar, de necesidades por satisfacer y de oportunidades por aprovechar en estos tiempos convulsos en los que están sucediendo tantas cosas que necesitamos que nos expliquen, en los que la segmentación de los mercados en nichos tiende a ser cada vez mayor y en los que la hiperespecialización del conocimiento nos impide abarcar todos los temas que nos interesan y que en ocasiones nos gustaría explorar para saciar nuestra curiosidad.

 

Dicho esto, las preguntas vuelven a ser las mismas de siempre: ¿cuáles son los tipos tanto de contenidos como de temas que mejor se adaptan a estos microformatos —no sólo en digital sino también en papel—? ¿Cuáles son los elementos alrededor de los cuales debería estructurarse un modelo de negocio que garantice la viabilidad y la sostenibilidad de una iniciativa de producción de libros en microformatos? ¿Cómo establecer el valor y el precio de venta al público de estos libros en microformatos?

Jueves, septiembre 15, 2011 categorizado bajo editores franceses, industria editorial, literatura francesa

encuentros que marcan para siempre: afinidades, intuiciones e incertidumbres

Imaginen a un joven perteneciente a la alta burguesía parisina que a principios del siglo XX trabaja como asistente primero de un parlamentario y luego de un dramaturgo y crítico de teatro. Un día mientras el joven veranea en la casa de campo de unos amigos conoce a un hombre de aire distraído, indiferente, elegante y delicado que ha venido de visita. El hombre viene a invitar a los dueños de casa a una cena que ofrece esa noche y por cortesía le hace extensiva su invitación al joven, que queda profundamente impresionado con él.

 

Los protagonistas de este encuentro que tuvo lugar hace poco más de un siglo durante una tarde de verano son el joven Gaston Gallimard y Marcel Proust.

 

Entonces Gallimard no era el editor en el que se convertiría con los años y ‘Proust todavía no era Proust; no era otra cosa que él mismo’, según comenta Pierre Assouline.

 

 

 

 

La otra parte de la historia ya es bastante conocida: Proust puso a consideración de Gallimard la publicación de À la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido) en las ediciones de La Nouvelle Revue française (NRF) y le envió el manuscrito, que André Gide rechazó después de leerlo porque ‘está lleno de presunciones, no es para nosotros… Y, además, está dedicado a Calmette, el director de Le Figaro…’ Tras dar origen al que quizás sea el rechazo editorial más tristemente célebre de todos los tiempos, Gide le escribió a Proust diciéndole que ‘el rechazo de su libro permanecerá como el más grave error cometido por la NRF y (puesto que me avergüenzo de ser muy responsable de ello) uno de los pesares, de los arrepentimientos más agudos de mi vida’.

 

Supongo que una cosa es leer un manuscrito inédito y juzgarlo a partir de una serie de criterios, preferencias e inclinaciones personales que condicionan las decisiones que se toman como editor y que otra muy distinta es hacerlo cuando la obra ya ha tenido una buena acogida entre la crítica que la avala y reconoce su grandeza, como sucedió con Du côté de chez Swann (Por el camino de Swann) —primera parte de À la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido)— después de que Proust financiara su publicación en Grasset. Y claro, otra cosa es leer y juzgar esa misma obra cuando ya se ha convertido en un clásico. Al respecto anota Assouline: ‘¿Cómo prejuzgar el porvenir de un libro? Con olfato, por supuesto, ¿pero qué más? Con perspectiva es fácil hacer juicios’.

 

Esta anécdota llama la atención sobre todo porque da cuenta del encuentro entre dos figuras que marcarían la historia de la edición y de la literatura cuando sus protagonistas estaban sentando las bases de aquello que llegaron a ser años después. En cuanto a Gallimard, en sus inicios como gerente de la NRF ya empieza a verse su talante de editor —y de empresario espabilado, por supuesto— que se la juega por partida doble no sólo acercando obras y autores de tiempos y territorios lejanos a los lectores de su entorno, sino también descubriendo nuevos valores para proponerles a éstos.

 

nota: las citas de la biografía de Gaston Gallimard escrita por Pierre Assouline han sido tomadas de la traducción de Ana Montero, publicada en 2003 por Península.

Jueves, agosto 4, 2011 categorizado bajo entorno digital, industria editorial española

cerrado por escuela de verano

Mientras en España todo el mundo se va de vacaciones, yo pasaré este mes de agosto como los malos estudiantes —vuelvo a sentirme como el alumno poco aplicado que fui en el colegio—: haciendo los deberes y estudiando para los exámenes de algunas asignaturas que me quedaron pendientes durante la primera mitad del año.

 

Sospecho que el próximo mes de septiembre será movidísimo y dará mucho de qué hablar no tanto por la conmemoración del décimo aniversario de los atentados del 11-S en Estados Unidos, sino más bien porque para el sector del libro español quizás signifique el principio de eso que R.E.M. llama ‘the end of the world as we know it’. Es de esperarse que el desembarco en el mercado español de actores extranjeros provenientes del mundo tecnológico como Amazon, Google ebooksKobo marque un antes y un después para el sector del libro, que ahora sí deberá asumir en serio y acelerar su reconversión hacia lo digital.

 

Pensando tanto en el estado crítico en el que se encuentra actualmente la economía española como en los cambios que se avecinan en el sector, aquí les dejo un texto citado por Mario Muchnik en Oficio editor —al parecer es de autor desconocido—:

 

‘Cada mañana, en África, una gacela se despierta. Sabe que deberá correr más rápido que el león, o éste la matará.

Cada mañana, en África, un león se despierta. Sabe que deberá correr más rápido que la gacela, o morirá de hambre.

Cuando sale el sol, no importa si eres león o gacela, mejor será que te pongas a correr’.

 

 

Felices vacaciones para los que se van y buena continuación para los que se quedan. Este mes de agosto habrá que hacer un buen acopio de fuerza y energía porque parece que el segundo semestre dará mucho de sí y exigirá nuestra máxima atención.

 

¡Nos vemos en septiembre!

entrevista a la agente literaria antonia kerrigan / “mi único logro ha sido ver a la mayoría de mis autores publicados en el máximo número posible de países”

Antonia Kerrigan empezó su carrera como agente literaria a principios de los años ochenta junto a Carmen Balcells, a quien según dice le debe todo lo que ha hecho hasta ahora y que le hizo ver que lo que realmente quería era tener su propia agencia. Y dicho y hecho: justo después de salirse de esa escuela que fue Carmen Balcells para ella, Kerrigan abrió su agencia literaria hace casi ya treinta años.

 

En esta entrevista Antonia Kerrigan habla acerca de las sorpresas que en ocasiones se ha llevado tras leer manuscritos de algunos autores desconocidos, de la racionalidad que hay detrás de las apuestas de su agencia, de la manera como Carlos Ruiz Zafón y Javier Sierra han contribuido a que el mercado anglosajón le abra sus puertas a la obra de autores hispanohablantes, del cambio de actitud de la industria editorial estadounidense frente a la literatura escrita en español, del interés que hoy en día suscita la literatura latinoamericana en España y, por supuesto, de su posición actual frente a la gestión de los derechos digitales —un tema con respecto al cual por lo menos de momento se muestra prudente y sobre el que parece tener sus reservas debido a la existencia de algunos interrogantes que en principio deberían resolverse próximamente—.

 

Con respecto a la reciente decisión de varios agentes literarios anglosajones de actuar como editores de ciertas obras de algunos de sus autores, Kerrigan comenta que le parece una línea de trabajo interesante si se trata de títulos que actualmente se encuentran descatalogados para que el público pueda volver a acceder a ellos fácilmente. Sin embargo, Kerrigan también dice que no está segura de que por cuestiones de compatibilidad sea posible ser agente y editor al mismo tiempo.

 

 

Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted la función de una agencia literaria?

 

Antonia Kerrigan: Una agencia literaria se ocupa de los autores y de todos los asuntos relacionados con su producción creativa y con sus libros: desde leer el texto y dar una opinión hasta buscar un editor para comercializar su obra. Una vez el libro se ha publicado en su lengua original —la mayor parte de mis autores son españoles—, el siguiente paso consiste en buscar editores extranjeros que se interesen por la obra y que quieran traducirla a otros idiomas para conseguir que ésta se difunda lo máximo posible. No olvidemos que todo escritor escribe para que su obra la lea la mayor cantidad de personas posible. Por lo tanto ése es el objetivo final.

 

Por otro lado, una agencia literaria se ocupa de todos los papeles y de la parte económica: de las facturas, del dinero que ganen los autores, de pasar liquidaciones anualmente o de ver cuántos libros han vendido. En los servicios de una agencia literaria ahora también se incorpora la posibilidad de que la obra entre en libro electrónico y de que se distribuya en este formato tanto como se pueda a través de las nuevas plataformas de comercialización.

 

Una agencia literaria también puede prestar servicios de representación a agencias extranjeras, haciendo las veces de coagente o de subagente. Como yo desconozco el mercado asiático, tengo una persona allí que me sirve de coagente, que busca a los editores, que habla con ellos y que a cambio de un porcentaje vende los libros de mis autores en ese mercado. Yo hago lo mismo aquí para un agente y para una editorial que están en Estados Unidos y que necesitan a alguien que conozca el terreno que pisa.

 

M.G.: ¿Cuáles son los rasgos, los conocimientos y las competencias que a su juicio debe tener un agente literario?

 

A.K.: La verdad es que como es una profesión que no se aprende en ningún lugar ni tampoco hay ninguna universidad a la que puedas asistir, la mejor escuela a la que puedes ir es otra agencia literaria. Allí es donde hemos aprendido todos. Yo me formé en Carmen Balcells y desde que abrí mi agencia hacia 1983 o 1984 otros han aprendido conmigo y han montado las suyas propias.

 

Yo creo que hablar varios idiomas es una cosa absolutamente imprescindible. Pero aparte de eso, el único requisito es ser un buen vendedor y un buen lector. De resto no creo que haya ninguna otra cosa imprescindible más allá de tener ciertos conocimientos de humanidades y una cierta cultura, como en casi todos los trabajos.

 

M.G.: ¿Cuándo y bajo qué circunstancias empezó usted a trabajar como agente literaria?

 

A.K.: A principios de los años ochenta trabajé con Carmen Balcells, a quien le debo todo lo que he hecho hasta ahora y lo que soy porque con ella tuve la oportunidad de aprender un oficio y una profesión. Ella me hizo ver que lo que yo quería era tener una agencia literaria.

 

M.G.: ¿En qué momento y por qué motivo decidió usted abrir la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Cuando dejé la agencia de Carmen Balcells me puse manos a la obra y empecé absolutamente de cero. Si hubiera llegado a saber que iba a ser tan duro, seguramente no lo habría hecho. Pero como era mucho más joven y bastante inconsciente lo hice, perseveré y afortunadamente he tenido suerte.

 

M.G.: ¿Cómo es el proceso a través del cual la agencia literaria Antonia Kerrigan recluta a los autores que representa?

 

A.K.: Es un proceso es muy azaroso. Primero vienen autores a los que conoces, hablas con ellos, intentas colocar algún libro suyo y se recomiendan los unos a los otros. Un día un autor te llama o te manda un correo y te dice que después de haber escrito tres novelas juveniles tiene una para adultos y que cree que debería estar en una agencia. Por ejemplo, así fue como llegó Carlos Ruiz Zafón desde el otro lado del Atlántico. Y en su momento Matilde Asensi también llegó de esa misma manera cuando nadie la conocía porque cuando leyó su manuscrito una de las personas que trabaja conmigo dijo ‘este libro puede vender mucho’. Y así fue.

 

Eso es azar o suerte. Le dices al autor ‘mándame el libro’, te lo lees y dices ‘hombre qué bien, qué libro más estupendo. A ver si tiene éxito’. Y claro, cuando al autor le llega el éxito hay más gente que quiere estar en tu agencia. Hay otros factores que juegan un papel importante como la perseverancia o el hecho de tener un magnífico coagente en Estados Unidos que lee en español y que aprecia los libros que le mando porque eso me ha ayudado mucho a abrirme al mercado anglosajón.

 

Entre tanto sigo haciendo lo mismo: me ocupo de los autores que tengo pero sigo buscando y leyendo cosas nuevas. Cada vez tengo menos tiempo y tardo más en leer los libros pero de cuando en cuando encuentro alguna joya. Al final si un colaborador me dice ‘este libro es muy pero muy bueno’ siempre quiero leerlo para saber de qué va pero también hay muchos textos que se rechazan porque si alguien de la agencia dice que es imposible yo me fio plenamente de su palabra.

 

 

M.G.: ¿Cuáles son los servicios que les ofrece la agencia literaria Antonia Kerrigan a los autores que representa?

 

A.K.: Depende. Hay libros que simplemente lees, opinas y das tu parecer. En otros casos le dices al autor ‘estaría muy bien que te hicieran un editing’. Yo no hago un editing completo, así que a los autores les recomiendo a personas a las que pueden recurrir. A veces el editing lo hace la editorial pero si antes de mandarle el manuscrito a un editor creo que el autor ganaría mucho teniendo ayuda externa, sé a quién remitirlo.

 

M.G.: ¿Cómo es el proceso de búsqueda de un editor para los libros de los autores que representa la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Depende de la intuición de cada uno. Cuando estoy leyendo un manuscrito ya me estoy imaginando el tipo de editor que quiero y ya estoy viendo a la persona a la que le voy a hablar de ese libro. Es algo que viene cuando estás leyendo el manuscrito según el tipo de libro y el perfil de la editorial.

 

M.G.: ¿Cuáles son los factores que en un momento dado pueden llevar a la agencia literaria Antonia Kerrigan a apostar por un autor desconocido?

 

A.K.: Cuando nos gusta mucho un libro apostamos por él. A veces tenemos éxito y el editor se hace cómplice nuestro. Pero en muchas ocasiones nos ha pasado que hay libros a los que no hemos podido conseguirles un editor de ninguna de manera a pesar de que nos han gustado a todos. Por ejemplo, en el caso de Matilde Asensi tardamos tres años en encontrar un editor. El hecho de que apuestes por un libro no quiere decir que vayas a venderlo a la semana siguiente. Primero hay que convencer.

 

M.G.: A partir de la experiencia de la agencia literaria Antonia Kerrigan, ¿cómo percibe usted la evolución de la venta de derechos de autores hispanohablantes a otros mercados?

 

A.K.: Se ha abierto mucho. El éxito de Carlos Ruiz Zafón ha ayudado mucho más que muchísimo particularmente a que se abrieran los mercados anglosajones. Mercados como el italiano y el francés ya estaban al tanto de la literatura española pero el anglosajón era reacio a nuestros autores y de pronto con el éxito de Carlos se abrió muchísimo. Desde hace varios años se ha generado un interés por la literatura escrita en español. Ahora la mayoría de las editoriales tienen lectores en español y editores bilingües, que es algo que hasta hace diez años no existía. Antes tenían que buscar a un editor externo, mandarle el libro y fiarse de un informe de lectura pero ahora tienen editores que leen en español.

 

M.G.: ¿Cómo ve usted el posicionamiento actual de los autores hispanohablantes y de la literatura en lengua española en otros mercados?

 

A.K.: Hoy en día los autores hispanohablantes están bien posicionados, mucho mejor que hace unos años. Podrían estar estupendamente pero no todos consiguen traducirse. Sin embargo, están mucho mejor de lo que estaban antes y eso es un avance importante.

 

M.G.: ¿Cuáles son los factores que favorecen y dificultan la introducción de los autores hispanohablantes y de la literatura en lengua española en otros mercados?

 

A.K.: La temática no importa mucho. El tiempo entre costuras, de Maria Dueñas, es una novela sobre el protectorado español en Marruecos. Se trata de un tema que incluso muchos españoles desconocen y uno diría que un libro de este tipo no se va a vender nunca en Estados Unidos pero no es así porque se publicará y los americanos están muy entusiasmados con la novela.

 

Por ejemplo, Javier Sierra ayudó muchísimo a la entrada de los autores españoles al mercado estadounidense. Incluso entró a la lista de los más vendidos de The New York Times, lo cual influyó muchísimo para que los editores de Estados Unidos empezaran a plantearse la compra de obras de autores hispanohablantes.

 

 

M.G.: ¿Cómo percibe usted el estado actual y el potencial del mercado del libro latinoamericano así como su posición frente al mercado español?

 

A.K.: En España está volviendo a haber un cierto interés por lo que se está escribiendo en Latinoamérica. Hubo mucho interés con el boom, después un cierto desinterés y luego un nuevo interés durante la época del crack. Y ahora el mercado español está volviendo a interesarse por el trabajo de los escritores latinoamericanos.

 

M.G.: ¿Usted es partidaria del modelo de gestión de derechos universales en lengua española o de uno basado en la partición geográfica que presuponga su explotación en territorios limitados del ámbito hispanohablante?

 

A.K.: Ésta es una pregunta difícil de contestar. Si hay un libro que es muy pero muy mexicano, tú sabes que se trata de un libro sólo para México. Los grandes grupos suelen querer comprar derechos mundiales en lengua española porque son los que tienen filiales tanto en España como en todos los países de Latinoamérica. Como la práctica nos enseña que un libro que un gran grupo publica en un país latinoamericano —pongamos el ejemplo de Colombia— normalmente no llega a España y viceversa, yo he llegado a un acuerdo con estos grandes grupos: yo les cedo los derechos mundiales durante un período de 12 o 18 meses y si al cabo de ese tiempo el libro no está en todos los países de habla hispana, los derechos que ellos no están usando regresan al autor.

 

M.G.: ¿Qué piensa usted acerca de la reciente decisión de varios agentes literarios anglosajones como Andrew Wylie, Ed Victor, Curtis Brown y Blake Friedman de actuar como editores de ciertas obras de algunos de sus autores?

 

A.K.: Me parece interesante. Creo que hay que pensárselo mucho porque es un hecho muy reciente y hacer eso también requeriría mucha infraestructura. Y no sé si es compatible ser agente y al mismo tiempo editor. Aún no me posiciono sobre el tema pero me parece que es interesante, especialmente si los agentes van a ser editores de libros que actualmente están descatalogados. El hecho de poder darle una segunda vida a libros que se encuentran descatalogados me atrae muchísimo pero ahora mismo no tengo una opinión fija o formada sobre esto. Creo que me arriesgaría a digitalizar y a poner en libro electrónico todos los títulos que se encuentren descatalogados para que estén a disposición del público. Eso sí que me parecería muy interesante.

 

M.G.: ¿Cuál es actualmente la política de la agencia literaria Antonia Kerrigan con respecto a la gestión de los derechos digitales de las obras de sus autores?

 

A.K.: No tengo una política al respecto y explicaré por qué. Yo tengo algunas ideas que requieren muchas discusiones con editores tanto españoles como de otros países. Creo que los derechos digitales deben ser sin exclusivas, que nadie debe tenerlos todos y que los libros tienen que estar en todas las plataformas digitales que haya. Con esto me refiero a que deben estar en Amazon, en Barnes & Noble, en Libranda y en donde sea. Los editores tienden más a querer quedarse con todos los derechos digitales y creo que también debe haber una gran y profunda discusión acerca tanto de los precios que van a poner como de los porcentajes que van a darle al autor. Por tanto, en estos momentos yo estoy en una nube de interrogantes que espero que vayan resolviéndose a lo largo de los próximos meses para poder definir en un momento la política de esta agencia con respecto a la gestión de los derechos digitales. De momento nuestra política consiste en escuchar, comentar y discutir todo lo relacionado con los derechos digitales para llegar a una conclusión con respecto a qué es lo más beneficioso para el autor y a cómo hacer que las editoriales queden contentas con sus resultados. En este sentido estoy muy sintonizada con otras agencias como las que forman parte de la Asociación de Agencias Literarias de España (ADAL).

 

M.G.: ¿Cuál cree usted que es en el mediano y en el largo plazo el potencial desarrollo del mercado de los contenidos en formato y soporte digital en el ámbito hispanohablante?

 

A.K.: Yo creo que todo tenderá a ir a más. Si tenemos que seguir el ejemplo norteamericano, yo diría que todo irá a más. Ahora, predecir me parece difícil.

 

 

M.G.: ¿Cuáles han sido hasta el momento los principales logros de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: El único logro es cumplir la meta de cualquier agente, que es conseguir que todos sus autores o la mayor parte de ellos se publiquen en el máximo número posible de países. Creo que cada vez he conseguido que mis autores tengan una mayor presencia en los países europeos, asiáticos, americanos y anglosajones. Esta tendencia ha ido en aumento, lo cual es un gran logro para mí.

 

M.G.: ¿Cuáles han sido las principales dificultades con las que se ha encontrado durante su trabajo al frente de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: En una época los editores no se arriesgaban con autores que no tenían un nombre o con figuras jóvenes. Esos años fueron difíciles porque podías hacer poco si no representabas a grandes nombres. Después las cosas han ido cambiando porque he conseguido algún éxito y cuando esto pasa todos empiezan a hacerte más caso.

 

M.G.: ¿Cuál es su balance con respecto a la experiencia de la agencia literaria Antonia Kerrigan?

 

A.K.: Mi balance es que la experiencia ha valido la pena.

 

Transcripción: Margarita María Pérez Barón

“la gente estará dispuesta a pagar si puede acceder a los contenidos en cualquier momento, dispositivo y formato”: adelanto de una entrevista a enrique dans

Hace unas semanas tuve la oportunidad de hacerle una entrevista a Enrique Dans acerca de la reconversión del sector editorial. Dans es un observador atento y un analista agudo tanto de la evolución y del estado actual de la economía digital como de las transformaciones que hoy en día está sufriendo la industria de los contenidos. El trabajo de Dans se centra en gran parte en dar cuenta de lo que está sucediendo en el ámbito de los medios de comunicación tradicionales, de las industrias cinematográfica, discográfica o editorial y de las empresas nativas digitales de servicios en línea.

 

Dans tiene unas posiciones muy claramente definidas y las expresa de una manera bastante categórica y sintética. Independientemente de que se esté a favor o en contra parcial o totalmente de sus posturas, Dans contribuye a través de sus intervenciones públicas a comprender la evolución, el estado actual, las tendencias y los posibles rumbos que podrían tomar en el futuro la economía digital y la industria de los contenidos.

 

Esta entrevista a Enrique Dans será publicada en el número 16 de la revista Texturas, que saldrá este otoño.

 

 

Durante esta entrevista le planteé a Dans una serie de preguntas acerca de distintos temas relacionados con la emergencia de lo digital y con la reconversión del sector editorial: la manera como Internet está contribuyendo a la transformación de nuestros hábitos de consumo de contenidos; la actitud actual de la industria editorial española frente a la emergencia de los contenidos digitales; las estrategias a las que debería recurrir la industria editorial para construir una oferta legal de contenidos digitales amplia, diversa y atractiva que motive a los consumidores a pagar por éstos; el tamaño de la oferta de contenidos digitales que el sector editorial está poniendo a disposición de los consumidores y su repercusión tanto en la penetración de éstos como en el crecimiento del mercado; la necesidad de que la industria editorial busque nuevas fuentes de ingresos en productos y servicios diferentes del libro pero afines y complementarios a éste; los componentes que debería tener un modelo de negocio para que la industria editorial encuentre su lugar en un entorno en el que los contenidos digitales ocupan un lugar central; el impacto que los sistemas de control como el Digital Rights Management —DRM—, los entornos cerrados y las restricciones geográficas pueden tener sobre el desarrollo y el crecimiento del mercado de los contenidos digitales; la evolución, los posibles nuevos desarrollos, el potencial de penetración en el mercado, el posicionamiento en éste y la acogida entre los consumidores de los distintos tipos de dispositivos de acceso a los contenidos digitales —ordenadores de sobremesa y/o portátiles, netbooks, smartphones, tablets, e-readers, etc.—; la manera como la eventual entrada de Amazon a España —que aparentemente tendrá lugar de aquí a unos meses— podría contribuir a dinamizar el mercado de los contenidos digitales en el sector del libro; los elementos que debería incorporar la industria editorial española en su estrategia de reconversión hacia lo digital para garantizar su supervivencia al largo plazo; la repercusión que tiene la entrada en el juego de la comercialización de contenidos de actores ajenos al sector editorial como operadoras de telecomunicaciones, proveedores de servicios en Internet o empresas de e-commerce; y, por último, el balance de la experiencia de algunas plataformas de comercialización de contenidos digitales como OrbytLibranda que han sido desarrolladas y puestas en marcha por grandes actores de la industria mediática y editorial española.

 

 

A continuación reproduzco algunos fragmentos de esta entrevista a Enrique Dans en la que se tocan un par de aspectos sobre los que me parece que vale la pena llamar la atención en la coyuntura actual*.

 

- Sobre algunos de los elementos que debería tener una estrategia de reconversión del sector editorial:

 

‘La estrategia a la que debe recurrir la industria editorial para construir una oferta legal de contenidos digitales amplia, diversa y atractiva que motive a los consumidores a pagar por éstos consiste en aportar valor. La gente paga por aquello que le aporta valor. ¿Qué se puede hacer con un libro en Internet? Se pueden hacer un montón de cosas: una edición social de la obra, un libro que esté abierto a que la gente comente lo que va leyendo o permitirle al lector poner sus marcadores, sus ideas y sus vínculos. Lo que quieras. Se puede hacer que la experiencia de lectura mejore porque ya no estás limitado al formato habitual del libro. La cuestión es que tenemos que aprender que cuando el cliente tiene la posibilidad de conseguir algo va a conseguirlo y que, por lo tanto, el hecho de que intentemos prohibírselo no va a contribuir a nada. Tenemos que adaptarnos. Y adaptarse quiere decir proporcionar una oferta que tenga un precio disuasorio como para que a alguien no le compense dedicarse a buscar por debajo de las piedras una edición que va a ser peor y que no va tener los formatos o las mejoras que nosotros le podemos poner (…)’.

‘(…) En el diseño de esta estrategia se tendría que pensar en el producto digital como el primer producto y eso es muy difícil para quien ha defendido toda su vida el libro físico y que aún cree que el libro digital es cosa de freaks o de minorías. La industria tiene que plantearse que su producto es digital porque se expresa, se vende, se usa y se consume en la red y que en caso de que alguien lo quiera puede imprimírselo pero teniendo en cuenta que el libro en papel es un subproducto. El libro impreso pasa a ser un subproducto y el libro digital es el producto principal que se consume en la red. Es posible que al principio el consumo en la red sea minoritario y que haya mucha gente que por cuestiones de carácter generacional siga prefiriendo leer libros en papel. Pero la industria ya tiene que haber avanzado su estrategia para cuando eso cambie porque ya sabe que va a cambiar. La industria editorial no puede pensar que la gente va a seguir leyendo en papel dentro de dos generaciones porque no es así. Tiene que plantearse un cambio de este tipo y a lo mejor muchas de sus estructuras ya no son válidas. A lo mejor toda la inversión que tiene en distribución pasa a tener una importancia estratégica muchísimo menor’.

 

- Sobre la manera como la entrada de Amazon a España podría contribuir a dinamizar el mercado de los contenidos digitales en el sector del libro:

 

‘Es indudable que el hecho de que entre un competidor potente que se sabe la lección como Amazon va a hacer que mucho otros actores que hasta ahora no tienen dinamismo se dinamicen. Es importante que haya una cierta actividad de gente y de empresas que quieren cambiar las cosas y que tienen tanto potencia como pulmón financiero para poder hacerlo. El hecho de que el mercado del libro digital se dinamice hoy en día depende de este tipo de actores potentes.

Amazon tiene un porcentaje importante del mercado y hay personas que actualmente nos dedicamos a pedir libros a Amazon UK o Amazon.com. Es por esto que en cuanto Amazon entre a España y haya una oferta razonable y buena de títulos en español yo estoy seguro de que va a ocupar un porcentaje muy interesante del mercado’.

 

En otoño podrán leer esta entrevista completa en el número 16 de la revista Texturas.

 

¿Veremos algún cambio importante en el panorama de aquí a entonces?

 

* Transcripción: Margarita María Pérez Barón

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