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la independencia en la edición colombiana: ¿una fuente de valor añadido o un simple eslogan?

Hace cerca de dos años Margarita Valencia estaba coordinando un número monográfico del Boletín cultural y bibliográfico del Banco de la República dedicado a la edición en Colombia, en el cual me invitó a participar. Para este monográfico Margarita me propuso que escribiera un artículo sobre la edición independiente en Colombia. El resultado de mi participación en el número 86 del Boletín cultural y bibliográfico es el artículo “La independencia en la edición colombiana: ¿una fuente de valor añadido o un simple eslogan?”.

 

 

 

BOLETÍN_CULTURAL_Y_BIBLIOGRÁFICO_86

 

 

 

El artículo empieza con un análisis de las consecuencias que podría haber tenido el desmantelamiento de una parte importante de las operaciones del Grupo Editorial Norma tras el replanteamiento del enfoque del negocio editorial de Carvajal y en él abordo los siguientes temas con respecto a la edición independiente en Colombia: los criterios a partir de los cuales considero que podría definirse la pequeña edición independiente; la convivencia entre la tendencia hacia la creciente concentración de la propiedad en el ámbito de los grandes grupos y el robustecimiento del segmento de la edición independiente, en el que hay un número cada vez mayor de editoriales; las distintas generaciones de editoriales independientes y las diferencias existentes entre ellas; el bajo número de títulos escritos en lengua extranjera que las editoriales colombianas están traduciendo y publicando actualmente; el asociacionismo en la edición independiente; los nuevos filones que la edición independiente está explorando y explotando hoy en día; y las perspectivas a corto, mediano y largo plazo tanto del conjunto de la edición independiente como de las editoriales que lo componen.

 

 

 

LA_INDEPENDENCIA_EN_LA_EDICIÓN_COLOMBIANA

 

 

Aunque sigo siendo tan entusiasta de la edición independiente como lo era hace unos años, con el paso del tiempo he conseguido tomar distancia y construir una visión más crítica con respecto a ésta gracias a una serie de lecturas, experiencias y conversaciones que me han permitido adquirir un conocimiento más amplio y profundo del sector, descubrir una amplia variedad de matices que antes no percibía y deshacerme de algunos prejuicios que quizás me llevaban no sólo a simplificar diversas cuestiones clave sino también a abordarlas desde una perspectiva ingenua y sesgada.

 

Con respecto al uso del término “independencia” como etiqueta o eslogan cito la siguiente observación que hice en la entrada “la atomización de la edición independiente”, que publiqué a finales de febrero de este año:

 

‘Desde hace un tiempo tengo la impresión de que por más que la proclamen como condición esencial de su existencia, convicción, compromiso o militancia, para ciertos editores a menudo la independencia no es más que una etiqueta o un eslogan claramente efectista. Es muy sugestivo el hecho de que en algunos de los discursos sobre la independencia que resultan más seductores y eficaces con frecuencia se haga un mayor énfasis en el status asociado a la etiqueta que en su contenido mismo’.

 

Antes de terminar me gustaría llamar la atención sobre el hecho de que en algunos países latinoamericanos como Chile y Colombia esté desarrollándose y fortaleciéndose una industria editorial nacional cuyos actores no sólo atienden y satisfacen las necesidades del mercado interno, sino que además empiezan a proyectarse internacionalmente. Es verdad que la aparición durante los últimos años de una cantidad importante de nuevas editoriales independientes que se dirigen a distintos segmentos del mercado sugiere que el espectro de la edición en Colombia está ampliándose y enriqueciéndose. Me pregunto en qué medida este fenómeno está contribuyendo a favorecer el aumento de la diversidad de la oferta editorial.

 

Entre las editoriales independientes colombianas, las que más encuentro interesantes son Babel, Jardín, Laguna, La Silueta, La valija de fuegoRey + Naranjo, Robot y Tragaluz. Les recomiendo que le echen un ojo al catálogo de estas editoriales y que estén pendientes de sus novedades.

 

Quienes quieran leer el artículo pueden descargarlo apretando aquí.

jueves, octubre 23, 2014 categorizado bajo concentración, edición, editores independientes, industria editorial, tendencias

de la importancia del tamaño (en la edición)

Dos artículos publicados recientemente han hecho que vuelva a plantearme algunas preguntas con respecto al problema de la concentración de la propiedad en la industria editorial y al impacto que el proceso de consolidación que ésta viene experimentando puede tener sobre la evolución de la convivencia entre editoriales grandes, medianas y pequeñas. Los artículos a los que me refiero son los siguientes:

 

– “El negocio del libro ¿una equivocación de los grandes grupos de comunicación?”, del agente literario Guillermo Schavelzon.

“El mundo editorial se encoge”, del periodista Carles Geli.

 

Ambos artículos abordan desde perspectivas bastante distintas el problema de la concentración de la propiedad en la industria editorial: mientras que Schavelzon lo explora desde una perspectiva histórica que se remonta al papel que hacia mediados del siglo XX jugaron los exiliados españoles en el desarrollo de la edición en países como Argentina y México, Geli lo hace a partir de algunas operaciones recientes como la creación de Penguin Random House, la compra de la división de ediciones generales de Santillana por parte de este grupo y el anuncio de la próxima aparición de los primeros títulos de HarperCollins en España.

 

Es verdad que ante la contracción del mercado que se refleja en la caída de las ventas y en el aumento de las devoluciones, desde 2012 la industria editorial española ha reaccionado reduciendo levemente el número de títulos que publica cada año así como el volumen de ejemplares editados y el tamaño de las tiradas —ver el informe de “Comercio interior del libro 2013″—. Sin embargo, parece que en España sigue produciéndose mucho más de lo que el mercado del libro está en capacidad de absorber en este momento.

 

 

 

TÍTULOS_EDITADOS_2009_2013

 

 

De acuerdo con su tamaño, los diferentes tipos de editoriales tienen distintas fortaleza y debilidades a la hora de hacerle frente a la actual crisis de la industria y del mercado que ha sido provocada por cuestiones tan diversas como las condiciones económicas, los cambios que supone la transición hacia lo digital y las transformaciones de nuestros hábitos de consumo de contenidos.

 

Las principales fortalezas de los grandes grupos están en su músculo financiero, sus recursos, su estructura, su capacidad operativa, su poder de negociación y la diversificación de sus líneas de negocio. Y quizás su mayor debilidad tenga que ver con la magnitud de su costes fijos y en muchos casos de su nivel de endeudamiento así como con el peso y la rigidez de su estructura.

 

Su enfoque en unas pocas áreas bien acotadas, su estructura mínima, tanto la ligereza como la flexibilidad de ésta y su capacidad de reaccionar rápidamente pueden constituir la gran fortaleza de las pequeñas editoriales independientes, que sobre todo en ciertas condiciones críticas son altamente vulnerables.

 

Ante este contexto de crisis de la industria y del mercado me pregunto cuáles son las fortaleza y debilidades de las editoriales medianas que no tienen ni los recursos y la capacidad de negociación de los grandes grupos ni la ligereza y la flexibilidad de la pequeña edición independiente. Hoy en día las editoriales de tamaño mediano podrían encontrarse en una posición particularmente incómoda y desfavorable porque la situación actual del mercado no sólo no les permite crecer, sino que además hace que les resulte difícil tanto sostener su estructura como mantener su posicionamiento. En el catálogo de algunas editoriales de tamaño mediano salta a la vista un cierto nivel de diversificación en las líneas de trabajo que puede verse como una muestra de dispersión de la que podría desprenderse la puesta en evidencia de la falta de una identidad claramente definida.

 

 

 

 

EDITORIALES_GRANDES_MEDIANAS_Y_PEQUEÑAS

 

 

 

Ya sabemos que esas dos insignias de la mediana edición independiente española que hasta hace pocos años fueron Anagrama y Tusquets terminaron siendo compradas por grandes grupos editoriales —tal y como había sucedido anteriormente con LumenSeix Barral y otros sellos que durante sus inicios formaban parte de su misma órbita debido a la existencia de diversas afinidades y similitudes—. Y no sería raro que otras editoriales independientes medianas que hoy en día se consideran emblemáticas como Acantilado y Siruela terminaran siendo vendidas a algún gran grupo. No sobra recordar que para los grandes grupos la adquisición de editoriales de todos los tamaños que estén bien posicionadas y que cuenten con un catálogo interesante —sobre todo si están teniendo dificultades para sobrevivir— es fundamental porque les permite aumentar su cuota de mercado y mejorar su ventaja competitiva frente a sus rivales.

 

¿Será el segmento de la edición de tamaño mediano el mayor perjudicado de este proceso de contracción del mercado en el que los grandes grupos y las pequeñas editoriales independientes pueden seguir encontrando con mayor o menor dificultad la manera de sacarles provecho a las ventajas que se derivan de su tamaño y sobrellevar sus debilidades?

jueves, febrero 27, 2014 categorizado bajo editores independientes, industria editorial española

la atomización de la edición independiente

Mi cortísima carrera como politólogo consistió en trabajar entre 2001 y 2004 como investigador en Congreso Visible, un proyecto del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes que entonces dirigía Elisabeth Ungar —quien fue una figura fundamental en mi formación universitaria—. En muchas de las investigaciones que se hacían en ese momento en el área de partidos políticos y elecciones aparecían recurrentemente tres temas que están íntimamente relacionados entre sí: la fragmentación de los sistemas de partidos, la atomización de los partidos políticos y la dispersión del voto.

 

Si mal no recuerdo —en caso de que mi explicación sea equivocada, ya me corregirá algún politólogo—, la cosa es más o menos así: la existencia de muchas organizaciones partidistas produce una fragmentación excesiva del espectro político; cuando los partidos políticos se fragmentan hasta alcanzar altos niveles de atomización se convierten en microempresas electorales; y en unas elecciones la existencia de un gran número de alternativas entre las cuales escoger provoca una dispersión del voto. Todo lo anterior dificulta tanto la construcción de consensos como la conformación de mayorías y puede terminar favoreciendo a las agrupaciones que por contar con un gran caudal electoral son más fuertes y perjudicando a las que son más débiles debido a que el tamaño de su base de votantes es menor.

 

 

 

 

 

 

Las indagaciones, las reflexiones y los análisis que hacen los politólogos con respecto a los sistemas de partidos, a los partidos políticos y al comportamiento del voto podrían trasladarse perfectamente al ámbito de la edición. Me explico: dos de las grandes debilidades de la edición independiente son su atomización y su dispersión. El de la pequeña edición independiente es un segmento ampliamente diverso debido a que está conformado por una gran cantidad de editoriales con naturalezas, perfiles, enfoques, objetivos y catálogos muy diferentes. Por ser el ámbito que mejor conozco, en esta entrada me referiré solamente al ámbito de las pequeñas editoriales independientes de carácter literario —aunque supongo que algunas de las cosas que diga puedan hacerse extensivas a otros ámbitos—.

 

Empiezo esta reflexión planteando algunas preguntas: ¿supone la independencia una declaración de principios o es simplemente una condición como cualquier otra? ¿Es posible afirmar que la independencia es un factor de identificación entre los editores independientes? ¿La independencia prima como factor de identificación entre los editores independientes por encima de otras afinidades de carácter estético o ideológico? En fin, ¿los denominados editores independientes se identifican entre sí por su forma de concebir su oficio, su misión y su función o a partir de otros criterios que nada tiene que ver con ninguna de estas cosas?*

 

En principio creo que la existencia de un abanico amplio de propuestas editoriales es bueno para los lectores porque a la hora de seleccionar sus lecturas éstos tienen la posibilidad de escoger entre un gran número de alternativas. Sin embargo, al ver que hay tantas propuestas similares que están explotando los mismos filones me pregunto si en el mercado hay sitio para tantas editoriales que en algunos casos se diferencian muy poco unas de otras y si su existencia es eficiente para el sector en su conjunto.

 

La existencia de muchas propuestas editoriales similares entre las que no es posible identificar claramente el factor de diferenciación puede no sólo generar redundancias y una cierta saturación en el mercado, sino también impedir que el lector reconozca el sello al que pertenecen un título o una colección. Hay lectores para los que el sello actúa como señal de identificación, como fuente de respaldo o como ambas cosas a la vez. Si una editorial y sus competidoras están presentando propuestas que se diferencian muy poco entre sí, ambas están desperdiciando una oportunidad y siendo escasamente competitivas. En síntesis, confunde y perderás.

 

 

 

SATURACIÓN_ESTELAR

 

 

 

Debido a lo anterior considero que para la edición independiente la colaboración puede llegar a ser tan importante como la competencia. Si se toma como punto de partida una estrategia bien articulada, cuando distintas partes suman y consolidan los esfuerzos y recursos que tienen a su disposición pueden usarlos de una manera más óptima y eficiente. Hace unas semanas Aharon Quincoces se refirió justamente a este tema en la entrada “Algunas ideas sobre la consorciación de pequeñas editoriales” que publicó en su blog.

 

Quizás si hubiera vínculos de colaboración y de comunicación más estrechos entre editoriales similares o afines podrían evitarse episodios como el protagonizado por Errata Naturae y Gallo Nero, según reportó el pasado 16 de febrero el artículo “Dos Passos en falso con el tirón de la Gran Guerra”. Está claro que hay cierta información sensible que en algunos momentos es necesario proteger pero también es verdad que en ocasiones el coste de la incomunicación y del secretismo puede ser más alto que el de compartir la idea de llevar a cabo un plan determinado e incluso que el de una filtración.

 

Estoy convencido de que el fortalecimiento de la edición independiente necesariamente pasa por la acción colectiva. Entre las iniciativas que creo que podrían poner en marcha los editores independientes para contrarrestar sus debilidades y fortalecerse no sólo como actores individuales sino también como segmento se me ocurren las siguientes:

 

– apostar por el asociacionismo mediante la creación de agrupaciones de editores que tienen afinidades entre sí con el propósito de promover acciones conjuntas en distintos campos: Contexto, Edinar, Editores de ChileLlegir en Català, la Red de editoriales independientes colombianas (Reic) o La Ruta de la Independencia.

– crear bien sea dentro de las instancias gremiales o bien por fuera de ellas grupos de trabajo en torno a problemas y necesidades particulares con el objetivo de defender los intereses de los editores independientes de cara a otros actores del sector del libro, a las instancias públicas o a los nuevos players —una necesidad sobre la que Manuel Gil viene llamando la atención insistentemente desde hace tiempo—.

– considerar la posibilidad de hacer fusiones entre editoriales afines que al explotar filones diferentes y al dirigirse a nichos distintos pueden complementarse mutuamente con el propósito de gestionar ciertos procesos de una manera más eficiente y de desarrollar proyectos de mayor alcance que fortalezcan tanto su estructura como su posición en el mercado —por ejemplo, en el ámbito de la edición en catalán el 26 de junio de 2012 se anunció la fusión entre Angle y Cossetània que dio origen a 9 Grup Editorial—.

 

 

 

 

 

 

Una última consideración en relación con lo anterior: la puesta en marcha de nuevos proyectos editoriales no necesariamente pasa por la creación de nuevas estructuras. Montar una editorial no es la única vía —y a menudo no es la más eficiente— para desarrollar un proyecto de edición nuevo. Al fin y al cabo si se tiene en mente un nuevo proyecto en el campo de la edición siempre es posible explorar la posibilidad de que alguna editorial con la que se tenga algún tipo de afinidad apueste por él y lo acoja, aportando la experiencia, la experticia y los recursos que tiene a su disposición para hacer posible su desarrollo. Quizás el carácter marcadamente personalista de la edición independiente sea una dificultad para actuar en esta línea. En el ámbito de la edición independiente a menudo quien dice editorial X o Y dice el editor Fulano o Zutano —lo cual según como se mire puede ser una fortaleza y una debilidad a la vez—.

 

Cada vez que me entero de la creación de una nueva editorial independiente en España me hago dos preguntas: en primer lugar, ¿es necesaria esa nueva editorial?; y, luego, ¿es la creación de esta nueva editorial la opción más eficiente para poner en marcha un nuevo proyecto en el campo de la edición? Obviamente la respuesta a estas dos preguntas sólo puede obtenerse al cabo de un tiempo, una vez la propuesta de la editorial haya empezado a materializarse y cuando pueda hacerse un balance de la respuesta de los libreros, de los comentaristas y de los lectores frente a ésta. Afortunadamente mis respuestas a estas dos preguntas son bastante variadas según el caso de cada editorial que he visto aparecer durante los últimos años.

 

Antes de terminar quisiera llamar la atención sobre un detalle: quien examine con cuidado el apartado “h. editoriales (es)” de la sección de enlaces de [ el ojo fisgón ] que se encuentra en el extremo lateral derecho podrá constatar que algunas de las editoriales independientes que surgieron en España durante la última década o han desaparecido o llevan un buen tiempo sin publicar novedades —me pregunto si cerraron o si se encuentran temporalmente en cese de actividades—. Supongo que bajo las condiciones actuales el cierre de algunas editoriales independientes o las dificultades a las que se enfrentan muchas de las que sobreviven pueden tener que ver con la conjunción de varios factores: la contracción del consumo como consecuencia de la crisis económica, el aumento de las devoluciones, su descapitalización y la de muchas librerías, la quiebra de algunas distribuidoras, los recortes tanto de las subvenciones a la edición como de las compras de las bibliotecas públicas, la incipiente emergencia de lo digital, los cambios en los hábitos de consumo de contenidos, etc.

 

nota: desde hace un tiempo tengo la impresión de que por más que la proclamen como condición esencial de su existencia, convicción, compromiso o militancia, para ciertos editores a menudo la independencia no es más que una etiqueta o un eslogan claramente efectista. Es muy sugestivo el hecho de que en algunos de los discursos sobre la independencia que resultan más seductores y eficaces con frecuencia se haga un mayor énfasis en el status asociado a la etiqueta que en su contenido mismo. Dicho esto recomiendo leer los testimonios recogidos en el artículo “Esta burbuja no es tan grave; que hablamos de libros, no de hipotecas”, en el que Karina Sainz Borgo da cuenta de lo que se dijo en la primera sesión de las jornadas Protagonistas de la Cultura que organiza el espacio Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

editoriales argentinas en librerías españolas: el caso de la central

De los países hispanoamericanos quizás Argentina sea el que tiene el ecosistema editorial más rico e interesante. Además de un buen número de editoriales, Argentina tiene un robusto tejido de librerías y uno de los índices de lectura más elevados de la región. Me pregunto de qué manera las turbulencias políticas y económicas que cada cierto tiempo vive Argentina repercuten sobre el desarrollo de su ecosistema editorial. ¿En momentos de inestabilidad se publican, se venden y se leen menos libros en Argentina? ¿Las medidas de proteccionismo económico del gobierno argentino que vistas desde afuera son perjudiciales para las editoriales extranjeras realmente favorecen a la industria nacional?

 

En una visita reciente a la librería La Central de la calle Mallorca de Barcelona me encontré con una selecta oferta de títulos publicados por diversas editoriales independientes argentinas. Al poco tiempo volví a La Central con el propósito de identificar las editoriales argentinas que estaban presentes en sus estanterías y mesas de novedades. Durante esta segunda visita encontré algunos títulos de las siguientes editoriales independientes argentinas —es probable que se me hayan escapado unas cuantas—:

 

 

– Adriana Hidalgo

– Colihue

– Corregidor

– El cuenco de plata

– Eterna Cadencia

– Interzona

– Katz

– La Bestia Equilátera

– La Compañía

– Libros del zorzal

– Losada

– Mansalva

– Mardulce

– Paradiso

 

 

 

 

 

 

Según me explicó Marta Ramoneda de La Central, estas editoriales suelen llegar a la librería por tres caminos diferentes: en primer lugar, a través de distribuidoras españolas que sirven en España los títulos de algunas de ellas; en segundo lugar, mediante distribuidoras argentinas que exportan los títulos de algunas otras; y, por último, vía trato directo con las editoriales —con cuyos responsables se ha entrado en contacto de distintas maneras: gracias a la intermediación de conocidos en común, tras conocer el catálogo durante una visita de presentación o gracias a un encuentro imprevisto que conduce al establecimiento de una relación comercial—.

 

Considero que la inclusión de títulos de unas cuantas editoriales argentinas en el fondo de algunas librerías españolas —aunque solamente unas pocas estén interesadas en hacerlo y/o se lo puedan permitir— es un buen signo que supone un enriquecimiento de la oferta del mercado. La oferta en las librerías de títulos publicados por editoriales de otros países tanto hispanohablantes como pertenecientes a otros ámbitos lingüísticos enriquece nuestro entorno y amplía nuestros horizontes. Me encantaría que en las librerías españolas además hubiera más libros publicados por editoriales de otros países hispanoamericanos cuya industria editorial es menos potente que la argentina —es posible encontrar alguna cosa aquí y allí pero en general la oferta es bastante escasa y supongo que la demanda también lo es—. Sin embargo, soy consciente de que hay un gran número de obstáculos y limitaciones que hacen que importar y vender en España los títulos de este tipo de editoriales sea un esfuerzo bastante difícil de asumir y poco rentable.

 

Para dar cuenta de una manera muy global de la situación de la edición en Argentina y ponerla en contexto, a continuación reproduzco algunos gráficos que contienen cifras con respecto a la industria editorial iberoamericana así como a los hábitos de lectura y compra de libros de los habitantes de la región desde una perspectiva comparada por países:

 

 

 

 

 

 

 

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Los cinco primeros gráficos fueron extraídos del estudio “El espacio iberoamericano del libro 2012”, que fue realizado por Lenin Monak y publicado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC); la última tabla se extrajo del informe “Mercado editorial de Argentina y Ciudad de Buenos Aires” correspondiente a 2013, que fue realizado por el Observatorio de Industrias Creativas (OIC) del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Recomiendo leer ambos documentos así como echarle un ojo al blogroll del blog de Eterna Cadencia.

 

Gracias, en primer lugar, a Julieta Lionetti no sólo por aclararme algunas dudas con respecto al panorama actual tanto de la industria y del mercado editorial como de la lectura en Argentina, sino también por llamarme la atención sobre ciertos aspectos que yo no había tenido en cuenta; y, en segundo lugar, a Marta Ramoneda por su amable y detallada explicación con respecto a la manera como vienen llegando las editoriales argentinas a La Central.

la lista de la compra de flaubert

En la universidad me convertí en un fan absoluto de cierto tipo de narrativa británica del siglo XVIII y francesa del XIX. A principios de 2007 abrí [ el ojo fisgón ] y poco después me alegró empezar a encontrarme una y otra vez con que varias pequeñas editoriales independientes españolas de aparición más o menos reciente estaban publicando títulos no sólo de algunos de mis narradores franceses favoritos —Balzac, Flaubert, Maupassant, Stendhal o Zola—, sino también de algunos otros clásicos europeos. Me refiero a editoriales como Cabaret Voltaire, El olivo azul, FunambulistaImpedimenta, Marbot, minúscula, NevskyNórdica, Páginas de espumaPeriférica y Sexto piso.

 

En la primavera de 2008 le expresé mi entusiasmo a una joven editora que hacía poquísimo había abierto una pequeña editorial independiente, que entre muchas otras cosas estaba publicando obras de algunos de los autores franceses del siglo XIX que más me gustan. Le comenté a la editora que me emocionaba muchísimo que algunas de las jóvenes editoriales españolas estuvieran apostando por autores fundamentales de la tradición literaria occidental —más que todo franceses y británicos—. Con el sentido crítico que la caracteriza, la editora me recomendó moderar mi entusiasmo ante lo que en su opinión podía ser un juego tramposo porque para los editores esos autores a los que yo estaba haciendo referencia podían ser un filón relativamente fácil de explotar.

 

 

 

 

 

 

Los argumentos que me dio la editora para cuestionar las virtudes de la recuperación de textos clásicos de los siglos XVIII y XIX son los siguientes:

 

– por tratarse de obras de dominio público, los editores no tienen que pagar derechos para poder publicarlas.

– a menudo se trata de trabajos menores de poco valor literario que ocupan un lugar marginal tanto en la obra de sus autores como en la tradición literaria.

– como sus autores se consideran canónicos en el ámbito de la literatura occidental, la marca del autor es un valor seguro para muchos lectores y puede ser un argumento a favor no sólo de la inclusión de algunas obras en las compras de bibliotecas y en los programas de estudios tanto de colegios como de universidades sino también de la obtención de ayudas a la traducción.

 

En síntesis, la editora consideraba que debido a estas tres circunstancias la recuperación de textos clásicos de los siglos XVIII y XIX que en ese momento era tan popular en la edición independiente española podía llegar a ser una apuesta bastante fácil porque suponía unos costes y un riesgo más bien bajos para los editores. Dicho esto, reconozco que sus argumentos me parecieron más que razonables y legítimos.

 

Hacia mediados de 2011 me encontré con una veterana editora que definía la joven editorial para la que trabajaba como “independiente” a pesar de que pertenecía a un gran grupo extranjero. Esta editora que estaba apostando por traducir de lenguas como el alemán, el francés, el inglés o el italiano obras de autores contemporáneos consideraba que la mayoría de las veces la recuperación de textos clásicos no aportaba mayor cosa y no les auguraba un buen futuro a las editoriales que estaban trabajando tan enfáticamente en esa línea.

 

– ‘Algún día una de estas editoriales terminará publicando la lista de la compra de Flaubert’, dijo la editora subrayando con muy mala leche la irritación que el tema le producía.

 

A priori me parece importante que el lector contemporáneo tenga la oportunidad de acceder a obras de autores clásicos que no estén disponibles en el mercado bien sea porque hasta ahora no han sido traducidas o bien porque desde hace un tiempo se encuentran descatalogadas —sobre todo si se hacen ediciones tan cuidadas como las que vienen haciendo las editoriales que he mencionado en el primer párrafo de esta entrada—. Y también me parece necesario que cada cierto tiempo se hagan nuevas traducciones de los clásicos escritos en lengua extranjera que siguen formando parte del repertorio de lecturas de una sociedad determinada o que se incorporan a éste —lo cual, además, supone una oportunidad estupenda para quienes se dedican a la traducción—.

 

El hecho de que las valoraciones que se hacen tanto de los autores como de sus obras cambien de una época a otra me lleva a plantearme varias preguntas: ¿vale la pena publicar todo lo que escribieron los autores que hoy en día se consideran canónicos? ¿Por qué ciertas obras de autores clásicos nunca han estado disponibles en una lengua o llevan tanto tiempo sin estarlo? ¿Cuáles obras de estos autores merecen ser puestas a disposición del lector contemporáneo?

 

A través de las pequeñas editoriales independientes mencionadas no sólo he descubierto varios trabajos poco conocidos o menores de algunos autores clásicos europeos —a menudo bastante curiosos—, sino que además he accedido a nuevas versiones de algunos títulos emblemáticos de su obra. Un aspecto que me llama la atención es que hasta ahora que yo recuerde ninguna de estas pequeñas editoriales independientes ha publicado un título clásico europeo que además de tener un alto valor literario sea de gran envergadura —un territorio del que quizás debido tanto a la magnitud del trabajo como al coste económico que éste supone están ocupándose sobre todo editoriales pertenecientes a grandes grupos como Alba, Alianza, Cátedra o Mondadori—. Mención aparte merecen las ediciones de los cuentos completos de Chéjov, Maupassant y Poe que ha publicado Páginas de espuma.

 

En el caso de la pequeña edición independiente las líneas editoriales que en términos generales encuentro más interesantes son justamente las que exploran territorios distintos de la recuperación de clásicos europeos.